Percy se despidió de Itachi al atardecer del día siguiente, sonaba tonto pero mientras ella le daba la espalda y se alejaba ya sentía como si lo estuviera extrañando.
Cuando llegó a Konoha, pasó primero a ver cómo estaba Naruto antes de ir a reportarse con la Hokage.
Se encontró con Yamato y Kakashi, Naruto (muchos de él) se encontraba tratando de cortar una cascada con sus manos.
La azabache miró a Kakashi recostado en una banca de madera, leyendo ICHA ICHA Tactics.
Jiraiya le había dejado una copia en su departamento mientras ella estaba afuera pero aún no había tenido la oportunidad de leerlo.
Se acercó hasta el peliplata y le quitó el libro de las manos mientras lo abría en la primera hoja e intentaba leer pero era inútil sin sus lentes.
—Agradecería no ser seguida la próxima vez que tenga mi descanso —le dijo Percy mientras pasaba la página del libro, aún sin entender nada de lo que ahí estaba escrito.
Kakashi se puso de pie e intentó quitarle su libro de las manos pero Percy era más rápida de lo que recordaba pues pudo esquivarlo sin problemas.
—Esa no es lectura para niñas pequeñas —le dijo Kakashi, tratando de quitarle el libro otra vez pero Percy se hizo para atrás en el momento exacto, pasó a la siguiente página del libro. Kakashi ahora entendió que habían sentido sus alumnos cuando lo enfrentaban y él se ponía a leer—. Únicamente me preocupé por ti, las cosas no son como antes y temí por tu seguridad.
Percy tomó la mano de Kakashi con su mano libre pues se dirigía a agarrar su libro otra vez. Con su mano izquierda inmovilizada por la mano también izquierda de Percy, fue a tomar el libro con su mano libre pero la azabache no se lo permitió, levantó su codo del brazo izquierdo como si fuera a darle un golpe y su mano derecha actuó por instinto, tomando el codo para detener el golpe pero pareció que fue justo lo que Percy quiso que hiciera pues ahora que tenía sus dos manos ocupadas, lo empujó hacía atrás hasta que su espalda pegó contra el tronco de un árbol, el árbol que le ofrecía sombra para leer a gusto.
Yamato estaba curioso por lo que fuera que estuviera pasando detrás del tronco de árbol pero sabía que no podía apartar su atención de Naruto, quién hasta ahora no se había enterado de nada.
Percy cerró el libro y por fin miró a Kakashi a la cara, o lo que podía verse de su cara.
—No soy una niña pequeña —le dijo Percy, bastante seria—, puedo cuidarme yo sola, no tienes porque preocuparte por mi, no lo hiciste en ningún momento en los últimos tres años.
A pesar de que el tono de Percy era amenazador, su cercanía causó un corto circuito en el cerebro de Kakashi pues no podía terminar de procesar lo que estaba pasando al ver sus ojos verdes tan de cerca, su cuerpo gritaba que la quería aún más cerca de él mientras que su mente gritaba que se alejara.
Siguió escaneando el cuerpo de Percy con su mirada y se detuvo en un punto cerca de su clavícula. Por todo el movimiento que la azabache había hecho, su capa se había abierto un poco y ahora podía ver lo que había debajo. Lo que le llamó la atención fue una marca por debajo de su clavícula. Kakashi comenzó a sonrojarse cuando entendió que era.
—Tienes algo —dijo él, mirando el hematoma claramente causado por un chupetón, era curioso incluso pues tenía la forma de un corazón—, hm, ahí.
Percy sabía exactamente a qué se refería, sintió el calor llegar a su rostro pero controló su reacción lo mejor posible.
Soltó a Kakashi y se alejó de él lentamente para después acomodar su capa, tapando otra vez su cuerpo.
La azabache le tendió su libro y se fue tan pronto como el peliplata lo tomó.
Kakashi siguió su andar con la mirada, con una cosa quedándole clara:
Percy definitivamente ya no era una niña.
Y con una duda en su mente:
¿Quién demonios le había hecho esa marca?
Percy se reunió con la Hokage, feliz de que su uniforme de ANBU cubriera cualquier prueba de lo que había hecho durante sus días libres.
—¿Qué tal tus días de descanso? —le preguntó la rubia, aunque parecía más bien por cortesía que por verdadero interés. Tenía el ceño fruncido y parecía pensar en otra cosa.
—Bastante bien, hasta que un tiburón me atacó, casi me arranca una pierna —le dijo ella.
—Me alegro —dijo Tsunade, causando que Percy soltara una risita.
La semidiosa caminó hasta estar frente al escritorio de la azabache y puso sus manos encima, llevando la atención de la Hokage a ella.
—¿Qué pasa? —preguntó Percy—. Pareces preocupada por algo.
Tsunade ya se había acostumbrado a que Percy la tuteara, después de todo incluso habían salido algunas veces a tomar algo por lo que ya tenían confianza.
—Akatsuki ha entrado a Hi —le dijo Tsunade—, acabo de mandar veinte escuadrones, no vamos a permitir que se vayan.
Percy abrió los ojos con sorpresa, Itachi ya le había avisado de eso pero no pensaba que sería tan rápido.
Después de que Tsunade le explicará con detalle que es lo que había pasado, Percy se notaba ansiosa.
—¿Puedo unirme a la búsqueda? —le preguntó ella.
—Tu escuadrón está en otra misión —le dijo Tsunade, apartando su mirada de ella.
—Puedo ir sola.
Tsunade abrió la boca con sorpresa y volvió a mirarla a la cara, Percy estaba usando sus ojos de foca bebé contra ella.
—Puedes unirte a otro escuadrón como apoyo —dijo al final Tsunade, aceptando—. El Equipo Asuma va al Templo del Fuego.
Percy sonrió, se puso su máscara y desapareció en un segundo.
Cuando salió de la aldea, ya era de madrugada.
La cosa era que Percy no tenía muchas ganas de unirse a otro escuadrón, pero de igual manera buscó por el equipo de Asuma.
Sabía muy poco sobre Hidan y Kakuzu, sabía que ambos eran difíciles de matar por ejemplo. En su libro que le habían dado los dioses había comenzando a anotar en griego lo que Itachi le había dicho sobre los miembros de Akatsuki. Tenía algunas descripciones físicas generales y también conocimiento base sobre sus poderes. Sabía que Kakuzu podía controlar las cinco naturalezas del chakra y sabía que Hidan era un religioso muy raro.
Cuando llegó al templo del Fuego, no vió ni rastro de Asuma o Shikamaru pero si se encontró con dos monjes.
—¡Hola! —saludó ella, con tono amigable pero sin quitarse su máscara pues estaba en una misión de cualquiera forma—. Estoy buscando a Asuma Sarutobi, me envían de Konoha, ¿ha pasado por aquí?
Uno de ellos, el más joven, asintió y se acercó a ella.
—Han dicho que irían a un punto de intercambio pues es probable que ahí estén los miembros de Akatsuki que atacaron el templo.
Puntos de intercambio, puntos de intercambio, pensó Percy mientras un mapa se formaba en su cabeza, había uno no muy lejos del lugar.
—Muchas gracias —dijo ella mientras se inclinaba un poco y desaparecía en un parpadeo.
Shikamaru vió con horror como la guadaña de triple hoja de Hidan se dirigía directamente hacia su sensei.
—¡Asuma! —le gritó él—. ¡Detrás de ti!
Asuma logró bajar justo a tiempo, haciendo entonces que la guadaña de enterrará en el cuerpo de Hidan.
Muy tarde notaron que el de cabello platino ya estaba parado otra vez en el diagrama.
Hidan levantó su lanza, listo para acabar con el trabajo hasta que no pudo, del suelo comenzó a filtrarse agua alrededor del lugar formando un charco enorme. Tanto los shinobis de Konoha como los dos miembros de Akatsuki se quedaron quietos, tratando de adivinar si aquello era a su favor o en su contra.
—¿Ahora qué? —preguntó Hidan al ver que niebla comenzaba a formarse en el lugar también, su tono era de fastidio pues otra vez estaban interrumpiendo su ritual.
Muchas cosas pasaron al mismo tiempo y Shikamaru apenas pudo seguir la línea de eventos.
Un ANBU apareció detrás de Kakuzu con una espada en mano, espada que él ya conocía pues en algún momento había tenido misiones con esa chica. La espada estaba cargada de electricidad y atravesó a Kakuzu por la espalda, a la altura de dónde su corazón se encontraba. Del otro lado, la punta de la espada se asomó desde su pecho.
Kakuzu hizo sonidos de ahogo y soltó su agarre sobre Kotetsu e Izumo al tiempo que su cuerpo caía hacia adelante.
Al mismo tiempo que eso pasaba, a lado de Hidan aparecía un Mizu Bunshin del ANBU quien empujó al de cabello platino afuera del diagrama.
—¡Izumo! ¡Kotetsu! —les gritó el clon del ANBU—. ¡Ayuden a Shikamaru y a Asuma!
Siguieron sus órdenes tan pronto como se recompusieron.
El clon de Percy desapareció mientras la original tomaba distancia de ambos miembros de Akatsuki, esperando el segundo ataque. Al ser de tipo sensor, podía saber que Kakuzu no estaba muerto, su chakra aún corría y no entendía porque. Había hecho misiones de asesinato antes y estaba segura que había atravesado el corazón. La niebla ya se había dispersado.
Hidan se puso de pie mientras se sobaba con una mano su nuca, el lugar donde se había pegado cuando Percy lo había empujado.
—¿Por qué no me dejan terminar? —se quejó él, separando su guadaña de su abdomen como si nada—. Vaya mierda —miró directamente a Percy quién también lo miraba desde el otro lado de su máscara con el ceño fruncido—. Tú serás la próxima.
Dicho eso, se lanzó hacia ella con su guadaña, y Percy se defendió con Anaklusmos en su mano hasta que sintió una presencia detrás de ella. Utilizó de apoyo el pecho de Hidan mientras apoyaba uno de sus pies y se impulsaba para saltar lejos del ataque de Kakuzu, que en cambio le dió a Hidan, mandandolo a volar contra una de las paredes del edificio que tenían a un lado.
Percy tronó la boca.
—¿Por la espalda?
Kakuzu entonces se quitó su capa, revelando su cuerpo pero lo que más le llamó la atención a Percy fue la espalda.
—No es nada diferente a lo que tú hiciste —respondió él, una vez que cuatro figuras salieron de su espalda, todas negras y con una máscara diferente, una de ellas estaba rota y Percy supo que era la máscara que había atravesado con Anaklusmos. Esa misma figura cayó al suelo y se deshizo.
—Pero yo soy una contra ustedes dos —razonó ella.
—¡Kakuzu! —le gritó Hidan, saliendo de entre los escombros, su cuello estaba en una posición muy rara, al igual que uno de sus brazos—. ¡No te metas, yo puedo con ella! Tú puedes ir detrás de la recompensa.
Hidan se acomodó su brazo y su cuello mientras se acercaba a ellos y se paraba a un lado de Kakuzu y aquellas figuras.
—Idiota —le dijo Kakuzu—. ¿No has visto lo que lleva en la espalda? —Hidan le prestó más atención a Samehada y sonrió cuando se dió cuenta—. Esa espada vale más que el cuerpo de Asuma Sarutobi.
Bueno, por lo menos dejarán de perseguir a los chicos, pensó Percy, podía sentirlos en algún punto del bosque, así como también sentía a otro equipo venir hacia ellos, aunque tardarían lo suyo.
Percy apretó los labios mientras pensaba en un plan pero Hidan y Kakuzu no le estaban dando esa oportunidad. El primero en atacar fue Hidan, otra vez con su guadaña.
El de cabello platino pareció incluso divertido con todo aquello y Percy supo porque cuando una de las máscaras de Kakuzu apareció detrás de él.
—Fūton: Atsugai! —dijo Kakuzu y la máscara soltó un masa de viento enorme, arrasando con Percy y Hidan por igual.
El rango de destrucción de esa cosa fue enorme y Percy hubiera muerto de no ser por su pequeño secreto.
Hidan apareció a un lado de Kakuzu.
—Genial, y ahora la mandaste a volar, tendremos que buscar por la espada por todo el maldito lugar —se quejó Hidan.
Pero Percy estaba justo ahí, utilizando el Meisaigakure no Jutsu. Hidan y Kakuzu escucharon el sonido de una moneda cayendo al suelo y cuando voltearon se encontraron con una moneda de bronce, en una de sus caras podía verse el rostro deforme de un hombre.
Percy no tenía las cinco naturalezas del chakra pero podía pedir algunos poderes prestados.
Aún con Anaklusmos en mano, saltó hasta estar encima de la máscara de águila, la que había deducido utilizaba el Fūton y deshizo el jutsu de camuflaje mientras hacía que su espada se prendiera en fuego y la enterraba en la máscara de águila.
Saltó hacia atrás cuando vió su trabajo hecho y Kakuzu estaba comenzando a impacientarse pues ya había perdido dos corazones.
Kakuzu, aquellas figuras con máscaras y Hidan dieron media vuelta para encontrarse con Percy sin un solo rasguño, lo único que había perdido había sido su máscara, revelando entonces su rostro y su ceño fruncido.
—Has destruido dos de mis corazones —dijo él, enojado—. Tomaré el tuyo y la espada ahora.
—¡Kakuzu! ¿Dónde están tus modales? ¿No ves que estamos frente a una chica tan bonita? —habló Hidan, comiéndose el cuerpo de Percy con los ojos—. Me encantaría sentir su muerte.
Kakuzu volvió a unirse a sus máscaras, no podía permitirse perder otro corazón.
—Cállate —le dijo Kakuzu a Hidan mientras dos máscaras emergían de su espalda—. Voy a acabar con esto rápidamente.
De una de ellas parecía prepararse un jutsu de Raiton y de la otra un jutsu de Katon.
Percy hizo cuatro sellos con sus manos.
—Ranton Ōgi: Rankiryū —dijo ella, al mismo tiempo que las dos máscaras lanzaban su ataque.
Una nube negra se formó desde ella y creció una vez que los dos jutsus impactaron, acaparando una zona más grande.
Hidan y Kakuzu ahora apenas y podían ver más allá de su nariz. En el centro de la nube se encontraba Percy, sentada y con un sello en sus manos. Tenía los ojos cerrados y se estaba concentrando.
Hizo dos sellos más mientras el agua volvía a drenarse del suelo y salir a la superficie, formando un charco más y más hondo, llegando hasta las rodillas de Hidan y Kakuzu quienes no veían la forma de salir de ese lugar rodeado de tinieblas. Mandaron chakra a sus pies para mantenerse por encima del nivel del agua pues no sabían que tenía planeado aquella chica.
Kakuzu había perdido la máscara de Fūton por lo que no podía hacer nada para dispersar aquellas nubes de tormenta.
Crear ese jutsu a tan bajo nivel le había costado lo suyo a Percy y sabía que después vendrían las repercusiones. Hidan corrió, buscando a Percy para conseguir algo de su sangre, Kakuzu escuchó las pisadas de su compañero alejándose y suspiró mientras el caminaba en sentido contrario, tratando de salir de ese lugar y entonces podría pensar mejor en qué hacer.
Percy hizo tres sellos más con sus manos y el agua se congeló, revelando entonces su otro Kekkei Genkai a los dos miembros de Akatsuki quienes casi pierden el equilibrio por el cambio súbito pero no tardaron en llevar el chakra necesario a sus pies para caminar como si nada.
Dos sellos más con sus manos.
—Hyōton —dijo ella, y Hidan marcó dirección en donde había escuchó su voz, levantando su guadaña listo para atacar en cuando la viera—: Yari.Lanzas de hielo crecieron desde el suelo, eran delgadas pero tenían una punta pequeña y filosa, crecieron por lo menos dos metros hacia arriba. Atravesaron a Hidan al mismo tiempo que él bajaba su guadaña sobre Percy. Kakuzu tuvo que desprender parte de su cuerpo uniendo únicamente los extremos por aquellos hilos para esquivar los ataques contra sus corazones y apenas y pudo hacerlo. Había quedado entre aquellas lanzas de hielo como si fuera un gusano.
Hidan sonrió cuando vió como la espada bajaba directamente a la chica y ella parecía no estar haciendo nada por esquivar su ataque. No le importaba tener por lo menos ocho lanzas atravesando su cuerpo.
Aunque su sonrisa se borró cuando vió que la lanza no atravesaba la piel de la chica, se había quedado estancado en su hombro.
Ella abrió los ojos para mirarlo a él a los suyos, su respiración era agitada y el sudor perlaba su rostro.
Apartó la guadaña de Hidan de un manotazo, incluso rasgando su blusa y su chaleco pero no su piel, nada parecía herir su piel.
Hizo otro sello con sus manos, y el aire comenzó a oler a ozono.
Las nubes se cargaron de electricidad y pronto tanto Hidan como Kakuzu se estaban retorciendo por la electricidad que pasaba por su cuerpo pero que no parecía afectarle a la chica de ojos verdes.
Hidan cerró los ojos un momento y cuando volvió a abrirlos ya no la encontró donde había estado sentada.
Percy se tambaleó fuera de la nube de tormenta, encontrándose con Aoba y Raidō afuera, esperándola.
—Los demás se fueron con el Equipo Asuma —le dijo Aoba, sosteniendola—. Se dirigen a la aldea para curar a Asuma-san.
Percy asintió mientras se volteaba hacía la nube de tormenta detrás de ella y la deshacía. Fue hasta entonces que Hidan y Kakuzu se dieron cuenta de que su chakra había bajado considerablemente, ¿ese era del propósito de aquella nube?
Frente a Aoba y Raidō apareció todo lo que Percy había hecho.
—Tenemos que hacer algo con ellos —dijo Percy pero apenas y podía mantener sus ojos abiertos.
Odiaba la maldición de Aquiles porque hacía que se cansara más rápido.
Aquello había regresado unos días antes de su cumpleaños número 16 y tenía por lo menos un mes más con esa maldición antes de que se fuera a mediados de junio.
Pero Percy entonces dejó caer más su peso en Aoba y los jutsus se le fueron de las manos. El hielo comenzó a descongelarse, liberando a los miembros de Akatsuki de sus prisiones.
Hidan sonrió cuando estuvo libre y quería volver a ir trás Percy pero Kakuzu lo detuvo y ambos parecieron tener una conversación con alguien más, alguien no estaba allí.
—¿No puedes esperar un poco más? —dijo Hidan—. En serio, esto se estaba poniendo bueno.
—¿Se están comunicando con alguien? —preguntó Raidō, extrañado.
Kakuzu y Hidan se miraron un momento, el de cabello platino era el que parecía más enojado por tener que irse.
—Volveremos —dijo Kakuzu, aunque su tono también se notaba bastante enojado—. Guardaré un lugar para tu corazón y te quitaré esa espada.
—¡Oye! ¡Su corazón va a ser mío, será atravesado al mismo tiempo que el mío! —comenzó a discutir Hidan y entonces miró directamente a Percy—. ¿Cuál es tu nombre, bonita?
—Vete al Tártaro —respondió Percy.
Iban a seguir discutiendo pero Kakuzu desapareció en una nube de humo, dejando a Hidan con la boca abierta para después hacer lo mismo.
—¿Estás bien? —le preguntó Raidō, acercándose a ella y ayudándole a Aoba a cargar su peso.
La azabache asintió con la cabeza, separándose de ellos dos y comenzando a caminar pero se tropezó y casi se cae de cara al suelo de no ser porque Aoba logró atraparla a tiempo.
—No te preocupes, ya te llevamos a la aldea —le dijo él mientras la cargaba estilo princesa en sus brazos y comenzaban a andar.
Percy terminó en el hospital, había utilizado mucho chakra al utilizar ese jutsu de Ranton a tan baja altura, eso y ls maldición de Aquiles que hacía que se cansara mucho más rápido de lo normal.
Cuando despertó se había enterado que Asuma Sarutobi había muerto antes de siquiera llegar a Konoha y por órdenes de la Hokage, no fue al funeral pues su cuerpo tenía que descansar.
Kakashi fue a visitarla al hospital tan pronto como se enteró de lo que había pasado, la primera vez que fue, se encontró al equipo de ANBU de Percy por lo que decidió que pasaría después. Eran dos chicos y una chica quienes parecían bastante cercanos a Percy, más que solo por ser compañeros, eran amigos.
La siguiente vez que fue, Sakura, Naruto y Sai estaban presentes por lo que decidió otra vez que volvería después.
A la hora, regresó únicamente para encontrarse con Shikamaru, agradeciéndole por llegar en el momento en el que lo hizo y con Percy disculpándose por no haber hecho más.
Después otra vez, se encontró con Aoba en la habitación, cosa que le hizo preguntarse desde cuándo Percy y él se conocían.
—Raidō y yo llegamos a tiempo para ver las nubes de tormenta aparecer —le dijo Aoba a Percy mientras Kakashi escuchaba al otro lado de la puerta—. Fue una suerte que ya hubiera visto ese jutsu antes, si no tal vez nos hubiéramos metido a ayudarte.
Percy soltó una risita.
—Al final me ayudaste al recibirme en tus brazos —le dijo Percy—, si no me hubiera caído de cara.
Kakashi se fue después de escuchar eso, pensando que regresaría después.
Y después, cuando regresó, Percy tenía más visitas.
Escuchó varias voces hablando en un idioma diferente, ya que no entendió nada decidió simplemente dar media vuelta e irse pero entonces alguien abrió la puerta de la habitación, congelandolo en su lugar.
—Percy dice que entres —le dijo un rubio de ojos azules, el cual Kakashi reconoció como Jason, uno de los primos que Percy le había presentado en sus primeros exámenes chūnin.
Kakashi dió media vuelta y entró a la habitación, dentro únicamente había tres personas y las reconoció a todas. Una era Jason, y los otros dos eran Grover y Annabeth, amigos de Percy.
—Has estado viniendo todo el día —le dijo Percy desde su lugar en la cama—. ¿Qué pasa?
—Vine a ver cómo estabas —respondió simplemente Kakashi. Y también a regañarte.
—Será mejor que nos vayamos —dijo Annabeth, mirando a sus amigos, quienes asintieron—. Sally me dijo que te dijera que no vuelvas a hacer nada estúpido —dicho eso la rubia sacó un contenedor azul y lo dejó en una de las mesas a lado de la cama de Percy—, y también me dijo que te diera esto como incentivo.
Percy le sonrió a su mejor amiga y asintió.
—Dile que ya debería saber que no actuo así porque quiero, simplemente soy idiota —le dijo la azabache—. Ya debería saberlo, soy su hija.
Kakashi enarcó un poco las cejas, era la primera vez que escuchaba de la madre de Percy de esa manera pues nunca la había conocido, ni a su padre.
—Thalia dice que la próxima vez quiere una pelea de electrocutarse entre ustedes —dijo Jason ahora, pasando el mensaje y Percy asintió como si nada.
—Quirón dice que espera resultados pronto, al igual que tu padre y los demás, ya sabes —dijo ahora Grover, jugando con una lata en su mano y Percy volvió a asentir, esta vez con un gesto serio, era la única que seguía de misión y aún no había oficializado la alianza con este mundo.
Sus amigos se despidieron y salieron por la puerta, dejándolos a Kakashi y a ella solos.
—¿Por qué no has entrado antes? —le preguntó Percy mientras le señalaba una silla a lado de su cama y Kakashi se sentó gustoso—. He estado sintiendo tu chakra todo el día pero no pasabas de la puerta.
A decir verdad, a Kakashi se le había olvidado que Percy podía sentir cada vez que él estaba cerca.
—Quería hablar contigo a solas —dijo Kakashi entonces haciendo qué Percy arqueara las cejas.
—Si me vas a regañar, voy a sacarte a patadas de mi habitación —le dijo Percy mientras se esperaba para tomar el contenedor que Annabeth le había dejado.
Kakashi suspiró.
—Fuiste muy imprudente, eran dos miembros de Akatsuki contra tu sola.
—Y aún así, me las arreglé para salir sin un rasguño —le dijo Percy, guiñándole un ojo para después abrir el contenedor y un aroma a galletas horneadas comenzó a llenar sus fosas nasales—. Son las galletas de mamá, ¿quieres una?
Le ofreció el contenedor, mostrándole a Kakashi las galletas azules dentro y el peliplata sonrió al recordar la obsesión de Percy con la comida azul.
—Ya hablé con Tsunade y con Shikamaru sobre las habilidades que aquellos dos demostraron tener —habló Percy otra vez después de un rato, cuando ya iban a mitad de camino de acabarse las galletas—. Shikamaru, Chōji e Ino piensan ir a vengar a Asuma y me pidieron que me uniera —Percy sonrió mientras miraba la galleta en sus manos y la mordía—. Supongo que tendré que escaparme del hospital.
Kakashi se inclinó hacia ella en su lugar.
—Ni se te ocurra —le dijo él—. Por lo que sé tus puntos de chakra estuvieron bajo mucha presión y tardarás en recomponerte, si vas no estarías en tu máximo rendimiento y saldrías herida.
No puedo salir herida de verdad, pensó Percy en responderle pero se quedó callada.
—Bueno, no puedo dejar que vayan solos —le respondió ella entonces, pegándole a Kakashi en su nariz con su dedo índice.
—Yo iré —dijo él, seguro de si—. Si tu prometes quedarte en cama y descansar.
Percy sonrió y se enderezó, acercándose más a Kakashi, dejando al peliplata sin palabras.
—Lo haré si tu prometes dejar de tratarme como una niña.
La mente de Kakashi se quedó en blanco. Si dejaba de ver a Percy cómo una niña, las cosas podrían terminar muy mal o muy bien.
