Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
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Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 22
EPOV
—¿Estás seguro que está bien esto? —pregunta Bella.
Teniendo espuma sobre todo mi cuerpo, me meto bajo la regadera y me tallo el cabello y la cara hasta que se esfuman todos los restos de jabón corporal. Luego abro los ojos y bajo la vista hacia mi muslo, donde ella envolvió con plástico para comida cada centímetro cercano a mi herida.
—Está bien. —Le sonrío, encontrándola más hermosa que nunca. Desnuda, mojada, ojos adormilados, sin maquillaje – sólo ella en su gloria matutina—. ¿Ya es mi turno de lavarte? —Después de todo, ella me había tallado hasta dejarme limpio con sus provocativas manos. La mujer incluso se puso de rodillas, dándole vida efectivamente a mi polla, pero no hizo nada al respecto.
—Supongo… —su sonrisa es tímida y toca mi pie con sus dedos—. Aunque probablemente no deberíamos estar tanto tiempo aquí. Mi papá podría despertarse pronto.
Sonrío y me echo un poco de jabón corporal en las manos.
—Parece que me importa una mierda. —Con la mano libre abro la puerta de cristal de la ducha—. ¿Te importaría tomar ese banco para mí?
No puedo ponerme de rodillas con mi muslo jodido, así que ella va a tener que ganar algo de altura, y por esa razón hace rato traje un banquito de madera de nuestra habitación.
Bella hace lo que le pido, se ríe y me agarra los hombros cuando se sube en él.
—Pues esto parece ser muy seguro —bromea.
Acomodando la regadera para que quede ligeramente lejos de ella, puedo mirarla sin que me caiga agua en el maldito ojo. Luego cierro de nuevo la pueta y me pongo a lavarla.
Lo hago con caricias largas, lentas y resbalosas. Mis manos se resbalan sobre su cuerpo perfecto, amoldándose a sus curvas. Mi boca sigue en cuanto el agua le lava la espuma en esa área, y gimo con lujuria, mordiendo la suave carne sobre su cadera.
Al mismo tiempo, masajeo sus muslos y me muevo hacia adentro. Mis pulgares dibujan círculos y se acercan a su suave coño.
La provoco igual que ella. Agarro la botella de Nivea que usualmente usa para lavarse; la loción de ducha es más aceitosa y huele increíble. Y la uso para untar su coño y hacerla gemir.
—C-creo que ya estoy limpia —dice sin aliento.
—No —murmuro. Dibujo círculos en su clítoris y luego deslizo dos dedos más al fondo y los meto—. Eres jodidamente sucia, pequeña.
Gimotea una maldición y aprieta su agarre en mis hombros.
Un sonido de queja se escapa de ella cuando subo mis manos para masajear sus tetas. Ruedo sus duros pezones entre mis dedos y los pellizco.
—Te necesito —jadea.
Entrecierro los ojos a nada en particular, pensando. Mi muslo no puede lidiar con la presión y apenas puedo doblar la rodilla. Eso nos deja sólo una posición. Todavía me dolerá, pero no le temo a un poco de dolor.
Así que la ayudo a bajarse del banco y lo pateo a un lado. Luego le ordeno que se dé la vuelta. Me acaricio de forma lenta, pero brusca, follando con la mirada su impecable cuerpo.
—Manos en la pared. —Me acerco más y justo cuando estoy a punto de empujar la polla dentro de ella donde pertenece, se escucha un golpe firme en la puerta.
Bella se tensa.
—¡Hay gente que quiere usar la maldita ducha! —Es Cullen—. Todas están ocupadas, así que apúrate con un carajo.
No sabe que somos nosotros.
Muevo una mano sin pensar para tapar la boca de Bella. Mi polla se tensa y ansío por follarla hasta el cansancio. Y es lo que pretendo hacer. Me hundo en ella con un gemido bajo. Su cuerpo se afloja con un estremecimiento violento. Me dice que no deberíamos hacerlo.
—No me importa —susurro con voz grave—. Ahora sé una buena chica y toma mi polla.
—No te pongas arrogante, Masen. —Su voz suena ahogada por mi mano, pero amenazadora de todas formas, y me excita como nada en este mundo—. Pídemelo de forma amable.
—¿Qué te tengo que pedir? —me río en voz baja, ronca. Ya todo el baño está empañado, y estoy seguro de que el agua caliente no tardará en terminarse—. Ya te estoy follando.
Bajo la vista entre nosotros, viendo mi polla salir brillando con sus jugos. La empujo de nuevo hacia adentro y me muerdo el labio para no gemir.
—Repíteme, ¿cuál es tu pierna mala? —pregunta, respirando pesadamente. Y un segundo después de que le digo, ella asiente y me pisa con fuerza – en la pierna buena.
—¡Ouch! —siseo. Enojo y lujuria corren a través de mí, y le doy la vuelta, empujándola contra la pared, y subiendo una de sus piernas sobre mi cadera. Una es suficiente y el dolor no es tan horrible. Luego embisto hasta el fondo de su coño y le aprieto el mentón—. Hazlo de nuevo, te reto.
Grita de placer.
—Crees-
—¿Bella? ¿Eres tú? —Mierda, Cullen está de regreso.
Los ojos de Bella se abren como platos, pero que me jodan si no se llenan con perverso pecado.
—¡Ya casi termino, papi!
—Dios mío, pequeña y sucia… —Ahogo mi propio gemido chupándole el cuello. La follo con más fuerza, más rápido, y aprieto los dientes ante la tensión en mi muslo.
—¿Crees que tengo miedo, Edward? —susurra—. ¿Eh? ¿Crees que tengo algún problema para vencerte?
Sacudo la cabeza para indicar que no, follándola como el peor de los adictos.
Cristo, carajo me encanta cuando peleamos por el control
Sus dedos bajan rastrillando por mi pecho, sus uñas enterrándose.
—No puedes detenerte, ¿cierto? —me besa el cuello, me rasguña, desliza sus manos hacia abajo para tomar mi culo y, carajo Dios, sus uñas comienzan a lastimar—. Tienes que follarme. —Asiento rápidamente, jadeando. Más fuerte, más rápido—. ¿Quieres ver tu corrida deslizándose por mis piernas? ¿Chorreando de mi coño?
—Oh carajo. —Aprieto con fuerza los ojos. Mis bolas se aprietan, mi mente nada y mi orgasmo comienza a construirse. Sabiendo que no duraré mucho tiempo más, froto su clítoris en firmes círculos mientras sigo entrando y saliendo de ella—. Por favor —jadeo.
Ni siquiera sé qué le estoy pidiendo, pero Bella parece entenderlo. Su toque se hace más brusco. Sus besos llegan con mordidas, las caricias vienen con rasguños y luego lo hace. Me da un golpe en la mejilla, su palma se queda ahí. Nos miramos el uno al otro. El eco del golpe se desvanece, el escozor se evapora lentamente, pero mi clímax avanza más rápido que nunca.
—Pervertido. Te gustó eso, ¿no?
Sólo puedo asentir.
—¿Estás cerca? —lloriquea.
Asiento de nuevo y puedo notar que ella también está cerca.
Me besa con ferocidad y admite que le encanta cuando soy un pervertido. Me hace reír a través de un gemido, pero toda diversión se detiene mientras corremos tras nuestros orgasmos.
Bella se corre primero.
Es casi imposible contenerme al sentir su coño perfecto apretarme con tanta fuerza. Totalmente mojada, adictiva y sus sonidos… carajo. Tiembla contra mí, luego se aferra a mí mientras termina. Es casi al mismo tiempo en que yo me doy por vencido. Me salgo y acaricio mi polla con fuerza, y apenas puedo mantener los ojos abiertos.
Manteniendo su pierna alzada sobre mi cadera, está perfectamente abierta para que me corra sobre su coño. Suelto un carajo entre dientes apretados y el primer chorro de corrida golpea su clítoris y se desliza bajando hacia su entrada. Presionándome en la base, gimo y el siguiente chorro cae en su pierna. Su hermoso pie. Santa mierda, el agua lo lava con demasiada rapidez.
Es demasiado, y me dejo caer contra ella mientras me masturbo con ella.
Que me jodan, estoy muerto.
Como si todos los sonidos hubieran desaparecido antes, de repente regresan de golpe. El chorro de la regadera, nuestras pesadas respiraciones, voces distantes de un rancho lleno de gente.
—Supongo… —que este es el peor momento en la historia para decirte que te amo. Me aclaro la garganta, jadeando, feliz de poder mantener esa declaración dentro de mí por ahora—. Supongo que deberíamos salir de aquí antes de que tu papá tire la puerta.
—Sí —se ríe sin aliento—. Saldré primero yo. Si está ahí, lo distraeré.
—De acuerdo.
xxx
Me tomo mi tiempo para vestirme, parado frente a mi armario como si me importara una mierda cuales jeans y sudadera usaré. Luego, cuando escucho la ducha abriéndose al otro lado del pasillo asumo que Cullen está ahí y determino que ya es seguro para mí unirme a los demás abajo.
Encuentro a Bella y Trey en la cocina con algunas de las esposas y no me gusta esa imagen. Ella no es como las otras señoras. No la quiero metida en la cocina o abriendo las piernas sólo para tener hijos.
Bella pertenece conmigo en mi moto. No como parte del CM, jodidamente obvio, se trata más bien de que los dos estamos al mismo nivel. Podemos cocinar juntos, tomar decisiones juntos.
—Masen y Cullen. —Agarro a Bella y Trey de la parte trasera de sus cuellos, les beso las mejillas y los llevo hacia la sala de estar y hacia el único sofá disponible—. Ustedes sienten sus culos.
Luego regreso a la cocina y lleno una bandeja de comida, café y jugo antes de regresar con Trey y Bella.
—Hagan espacio para poder sentar también mi culo. —Pongo la bandeja en la mesa y me aprieto entre ellos—. Así está mejor. —El primer trago de café hace que el mundo sea un lugar más hermoso.
—¿Nos estás dando órdenes, papá? —Trey se burla y agarra un panqueque, el cual siempre come solo.
Musito, notando que la esposa de Jake nos está viendo. O más bien está viendo a Bella. Juro que a veces el CM puede ser un jodido pozo de chismorreos, y supongo que todos sienten curiosidad del porqué mantengo a Bella tan cerca,
Porque es jodidamente mía, idiotas.
—¿A quién le toca este turno? —pregunta Riley—. Me refiero a afuera.
Honestamente no tengo ni idea, pero papá sí. Dice que Emmett y unos cuantos otros estarán vigilando hasta medio día. Luego otros más se harán cargo.
Eventualmente Cullen se une a nosotros ya vestido, aunque tiene una toalla colgando de sus hombros.
—¿Dónde está el café?
—Sería válido suponer que está en la cocina —bromea Bella.
—Es demasiado temprano para que seas una malcriada, bebita —dice Cullen entre un bostezo.
—De hecho, papi, ¿podemos hablar contigo?
¡Carajo!
—¿Antes de que se tome su café? —pregunto con incredulidad.
Cullen entrecierra los ojos.
La señora de Jake murmura algo que suena como "Lo sabía".
—Te recordaré con cariño, papá —dice Trey.
—¿Qué carajos está pasando? —Cullen me lanza una mirada de sospecha.
Gimo y alzo la vista al techo. Ayúdame.
No hay ayuda qué buscar. Supongo que lo haremos antes del café de la mañana.
Suspirando, señalo con una mano hacia el patio y sugiero que llevemos esto afuera.
Papá y Trey están muy encariñados con nuestra pantalla plana, y si se arruina mi récord, me desquitaré con Cullen.
Bella me sigue, y Trey intenta hacerlo, pero ambos le dedicamos una mirada que lo detiene de golpe. Probablemente pegara la cara a la ventana en vez de salir.
—Lo que sea que sea esto, no me está gustando —dice Cullen.
Miro a Bella e intercambiamos una mirada de "lo dices tú o lo digo yo". Pero luego decido que es mejor que yo hable. No quiero que Cullen desquite nada de su enojo en ella.
Preparándome, encaro a mi jefe.
—Lo que queremos decirte es que estamos juntos. Bella y yo.
La deslumbrante sonrisa que ella me dedica compensa lo que está a punto de suceder.
Cullen se ríe de forma sombría. Sus ojos se llenan de furia pura.
—Eso no es gracioso.
—No estoy jugando —le digo—. No puedo estar lejos de ella. No lo haré.
—Lo mismo para mí —dice Bella—. Me quedaré con Edward y Trey.
Cullen aprieta los dientes con tanta fuerza que es un milagro que no se los haya roto.
—Bella, ve adentro. Masen y yo tenemos que hablar de hombre a hombre.
Aquí vamos.
—Qué - ¡no! —Bella se enoja en un instante—. De ninguna forma. Lo lastimarás-
—¡Al carajo que sí, lo haré! —grita Cullen—. ¡Ahora ve adentro!
—¡Jódete! —le grita Bella. Luego comienza a despotricar sobre cómo él no tiene ningún derecho a decidir sobre su vida y aunque estoy de acuerdo con ella, así es cómo funcionan los papás.
Así que la animo a entrar donde papá ya está listo, ignorando sus protestas y su lucha.
—Puedo cuidarme solo, cariño —acuno sus mejillas—. Créeme. Saldrá bien.
—Te va a pegar —dice con enojo.
—Y yo le regresaré el golpe. Entra, nena. Estaremos contigo pronto.
Papá se hace cargo y luego se cierran las puertas del patio, dejándome a solas con Cullen.
Se truena los dedos.
—¿Desde hace cuánto ha estado pasando esto?
Me encojo de hombros y me paro frente a él a unos seis pies de distancia.
—¿Desde hace cuánto estoy en Fallbrook? —Eso debería darle un indicio. Nunca me mantuve lejos de Bella. Ni siquiera lo intenté. Era demasiado preciosa, demasiado ingeniosa, me atrajo como nada más en el mundo. Y ahora… el poder conocerla, Cristo, me asombra con su cerebro, corazón y belleza.
—Hijo de puta. —Sonríe de forma siniestra—. Te dije que estaba fuera de límites. Ella merece algo mejor que terminar con uno de nosotros.
Eso es jodidamente irónico viniendo de él.
—¿Eso significa que dejarás en paz a Esme? No querrías que ella terminara con uno de nosotros, ¿cierto?
—No te hagas el listo conmigo, chico —espeta con furia—. Es completamente diferente.
—¿Cómo? —espeto—. Eres un maldito hipócrita- —Eso es todo lo que puedo decir antes de que él se lance hacia enfrente y me golpee en la cara.
Alguien – Bella – golpea la ventana.
Gimo una maldición, un dolor cegador corre por todo mi cuerpo. El hijo de puta está usando sus malditos anillos de afiliación, o sea que básicamente está usando un par de puños de acero. Yo todavía no me he puesto los míos y eso me encabrona.
—Sólo tendrás un golpe gratis —escupo junto con un poco de sangre.
Se lanza hacia mí de nuevo, pero esta vez estoy listo. Golpeo la parte interna de su brazo, arruinando efectivamente su golpe, y luego conecto mi codo con su mentón.
—¡Carajo! —aprieta los ojos con fuerza y se toma la barbilla.
—La amo, cabrón —gruño—. No es una maldita aventura. La amo.
En lugar de calmarse al enterarse de que quiero algo serio con Bella, se pone completamente lívido. Me ataca de nuevo, y con la presión en mi muslo, no puedo mantenerme en pie. Me caigo con un doloroso golpe. Mi espalda me está matando, hago mi mejor esfuerzo por esquivar sus golpes, y cuando se aparta para golpearme de nuevo, logro rodar hacia un lado.
Él maldice, golpeando el suelo con su puño, y finalmente puedo quitármelo de encima.
—¡Qué carajos te pasa! —grito. La furia viaja por mi ser y no puedo contenerme. En el instante en que pongo los dos pies sobre el piso, actúo por instinto y lo pateo en el pecho, y es su turno de caer—. ¿Estás ciego, Cullen? Somos iguales. Somos jodidamente iguales. Ambos jodimos la relación con nuestros hijos en el pasado, pero igual que tú quieres segundas oportunidades con Bella y Esme, yo también tengo el derecho de hacerlo mejor esta vez.
Hace una mueca, metiendo aire en sus pulmones luego de mi golpe. Se queda en el suelo mientras yo me cierno sobre él.
—La lastimarás —tose.
—Nunca de forma intencional. —Escupo más sangre y me limpio la cara, donde siento algo caliente cayendo por mi ceja. Debió abrírmela—. Siempre haré mi mejor esfuerzo por hacerla feliz. Soy fiel, ella y mi chico son jodidamente todo para mí, y ya no voy a joder mi vida. He estado demostrando eso durante los últimos siete años y seguiré así hasta el día que muera.
Sacudo la cabeza. No puede justificar su forma de pensar. Cuando se trata de hijos permito hipocresía hasta cierto punto porque no somos criaturas racionales cuando queremos proteger a los que más amamos. ¿Pero esto? Carajo, no. Si él puede ir tras Esme, no puede echarme en cara esto.
—Debí decírtelo antes —admito, todavía enojado—. Escabullirme fue algo de mierda de mi parte, pero no me disculparé por enamorarme de ella.
Cullen no dice nada durante un largo rato. Está acostado en el patio, mirando al cielo mientras se frota la mandíbula, la nariz y los otros lugares donde lo golpeé.
—No me gusta. Ella se merece algo mejor, Masen.
—Estoy de acuerdo contigo. —Meto la mano en mis bolsillos y localizo mis cigarros—. Pero a diferencia de ti, no intentaré tomar la decisión por ella. Ella tiene una voluntad férrea, y solo un idiota pensaría que puede influenciarla. Tampoco pretenderé saber lo que es mejor para ella. —Enciendo uno y le doy una calada tranquilizadora—. Es un jodido insulto. La pobre mujer ya tiene que lidiar con dos padres que parecen creer que ella no puede pensar por sí misma.
Él gime y hace una mueca al intentar sentarse, y le ofrezco mi mano.
La mira, frunce el ceño, luego maldice y toma mi mano.
—Dame un maldito cigarro.
Le ofrezco uno.
Nos quedamos callados de nuevo. Enciende su cigarro y le da varias caladas, sus cejas están juntas en un ceño fruncido que dirige hacia el piso.
—Si fuera veinte años más joven, ya estarías en el hospital —musita.
Probablemente. Porque no era muy fuerte cuando tenía quince años.
—¿Esme sabe? —pregunta.
Asiento con un movimiento de barbilla.
—No está exactamente feliz.
—Apuesto que sí. —Se talla la cara con una mano y suspira con pesadez—. Carajo, te mataré si lastimas a Bella, Masen. Ella es mi única cosa buena.
Conozco muy bien el significado de eso. Trey ha sido mi única cosa buena desde el día que nació.
—Dios, detesto esto. —Alza la vista al cielo, y que me jodan si es que sus ojos no se cristalizan—. Desearía que ella todavía tuviera cinco años. Desearía poder hacerlo todo de nuevo.
Entiendo entonces que Cullen carga un chingo de culpa y remordimiento.
—Yo también lo deseaba, antes de conocer a Bella —le digo en voz baja—. Ella es un milagro.
—No… —sonríe con nostalgia y sacude la cabeza—. Sólo es una persona realmente buena, y ya no hay muchas como ella.
Cierto.
—Voy a necesitar tiempo para acostumbrarme a esto. —Exhala algo de humo y apaga el cigarro—. Tal vez iré a sacar mi enojo con el prospecto.
James. Sí, sería bueno hacerlo hablar. Cullen le da un apretón a mi hombro y se dirige hacia adentro. Bella no tarda muchos segundos en salir de golpe y comenzar a maldecir a su papá por ponerse violento, pero la silencio y la abrazo.
—Dale un respiro, nena. —Beso su cabeza y nos mezo ligeramente—. No es fácil para él.
Me hace un puchero.
—Pero, ¡mira tu linda cara!
—Así que por eso estás conmigo, ¿eh? —sonrío y pongo mis manos en sus caderas—. Por mi linda apariencia.
—Pues es la más linda de todas. —Sonríe, aunque desaparece cuando estira una mano para pasar un dedo sobre mi ceja—. Necesitas unos cuantos curitas lindos.
Eh, la historia de mi vida. Siempre necesito que me curen.
Pues ahí está la revelación que esperábamos, al menos no le fue tan mal a Edward. Era obvio que Carlisle no iba a reaccionar de buena manera.
Yo sé que ansían saber qué está pasado con el tema de las notas y quién es la persona del POV misterioso, pero calma, ya pronto llegaremos a eso.
Mil gracias como siempre por leer, no olviden decirme qué les pareció ;)
