DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola a todas! Lamento el ligero retraso otra vez, ya saben: cuarentena, clases, hijos… bla, bla, bla. Aquí tienen el nuevo capítulo! Y como ya saben, nos quedan 4! Las leo pronto!

Nota Autora: Hola hermosas. Me he retrasado. Lo sé. Probablemente también me retrase la próxima semana porque me estoy mudando. Así que las cosas se saldrán un poco de la agenda durante las próximas semanas, pero continuaré escribiendo. No se preocupen. ¡Y gracias a todos los que se acercaron a preguntar!

MUCHAS GRACIAS por todo el apoyo y el amor que me han brindado. ¡Bienvenidos los nuevos lectores!

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La Forma Correcta de Actuar

Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8

Capítulo 32

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El corazón de Hermione se detuvo cuando Ginny le contó que el Hechizo Anticonceptivo debía ser lanzado al inicio.

Luego comenzó a llorar de alivio cuando Ginny le dijo que tenía una poción del día siguiente que podía tomarse.

Ginny se levantó de un salto y fue por la poción. Y mientras Hermione hipaba y bebía, Ginny la observó.

—Entonces... ese era mi último vial, —dijo Ginny—. Así que, tendremos que elaborar más o comprar un poco... —La voz de Ginny se elevó al final.

—Por supuesto. Te compraré un nuevo lote. —Hermione se secó los ojos.

—Bien. —Dijo Ginny, mirándola—. ¿Deberíamos comprar el doble?

Hermione la miró.

—¿O ésta será la única vez que necesites la poción por un largo rato?

Ginny estaba indagando, y Hermione se sentía demasiado cansada para darse cuenta.

—Quiero decir, —dijo Ginny—. La próxima vez…

Hermione parpadeó. —Creo que recordaré el Hechizo la próxima vez.

Ginny se abalanzó sobre ella, agarrándola por los hombros y temblando. —¡¿ENTONCES HABRÁ UNA PRÓXIMA VEZ?!

Mientras su cuerpo era sacudido y su torso montado y abrazado como el de una muñeca, Hermione finalmente se dio cuenta de lo que Ginny estaba preguntando.

Ginny se echó hacia atrás. —¿Qué llevas puesto? ¿Dónde está tu vestido?

—Él me lo arrancó.

Ginny se cayó de la cama.

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¿Habría una próxima vez?

Hermione se cubrió los chupetones, tanto los nuevos como los viejos, y observó su reflejo.

No lo habían discutido. ¿Cómo funcionaría? ¿O no iba a hacerlo? ¿Lo de anoche había sido lo único que tendría?

Y antes de que el Contrato de Amor pudiera siquiera pasar por su mente, un golpeteo en la ventana reveló la lechuza con el Profeta de hoy.

Maravilloso.

Tomó el periódico de la pata de la lechuza y lo llevó al comedor. Y lo desdobló.

Y allí estaba ella en la primera plana, bajando una gran escalera y deslizando su mano en la de Draco.

Se sentó y arrojó el periódico al otro lado de la habitación, colocando la cabeza entre sus manos. Treinta segundos más tarde lo recogió otra vez, lo alisó y leyó el amoroso homenaje de Rita al Baile del Día de San Valentín. Afortunadamente, Rita los describió a ambos como miembros de Malfoy Consulting Group, y no como la Heroína de Guerra Hermione Granger o el Ex-Mortífago Draco Malfoy. Al menos podría haber un poco de publicidad para M.C.G.

Se sentó, bebió un sorbo de café y se preguntó qué hacer con su mañana. Ginny ya se había ido, y Hermione no tenía que prepararse para Cornerstone hasta cerca del mediodía, por insistencia de Morty.

Se había duchado la noche anterior a petición de Ginny. Ella había comenzado a contarle todo tipo de... cosas interesantes, como que ahora estaban unidas por el conocimiento común del misterio de la vida. Cosas que Hermione había escuchado a lo largo de los años y que había archivado como "cosas de adultos"; pero ahora era una adulta, o eso suponía.

—¿Te sientes diferente? —le había preguntado Ginny, justo cuando Hermione estaba cerrando la puerta del baño.

—Me siento... adolorida.

Ginny asintió entusiasmada y continuó explicando cómo ella y Harry tuvieron que esperar unos días antes de poder volver a hacerlo, y cuando el ojo de Hermione se contrajo involuntariamente, Ginny se rió y la dejó cerrarle la puerta en la cara.

¿Se sentía diferente?

Su cerebro intentó descifrarlo mientras la ducha lavaba el aroma de Draco de su cuerpo.

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Finalmente se arrastró hasta Cornerstone a las once y media. El lugar estaba extrañamente abarrotado cuando llegó, y aunque Morty le dirigió una mirada decepcionada por haber decidido ir a trabajar, estuvo silenciosamente agradecido cuando ella inmediatamente saltó a ayudar a un caballero mayor con algunos libros de las estanterías superiores.

La tienda permaneció atestada durante todo el día, lo que no le dio mucho tiempo para dejar que su mente divagara sobre la forma en que Draco había enredado los dedos en su cabello cuando estuvo cerca, o cómo la había tomado por las caderas al cambiar de ángulo, o el grave sonido de su voz cuando susurró "Mírame".

No había tenido mucho tiempo. Aunque de todas formas consiguió encontrar un poco.

Cuando Morty bajó las escaleras justo antes de cerrar, se unió a ella en el mostrador mientras Hermione terminaba sus anotaciones en la libreta contable.

—Su vida se está volviendo demasiado interesante como para seguir trabajando aquí, Srta. Granger.

Hermione sonrió y cerró la libreta.

—¿El Sr. Malfoy logró ponerse en contacto contigo?

Hermione fallo por completo al intentar colocar la pluma nuevamente en el tintero.

—¿Disculpa?

Morty se limpió las gafas y la miró. —Él estuvo aquí. Unos quince minutos después de abrir.

El latido del corazón de Hermione trastabilló —¿Qué... qué quería?

Morty volvió a deslizarse las gafas sobre la nariz. —Bueno, ciertamente un libro no.

Los ojos de Hermione se abrieron cuando Morty levantó la ceja.

—Yo… Lo que…

—Le hice saber que no vendrías hoy, ya que supuse que te tomarías todo el día como te pedí que hicieras.

—Oh, —dijo Hermione—. Bueno, supongo que mañana lo veré en el trabajo.

Hermione le dio la espalda al propietario, intentando procesar la información.

¿Para qué habría venido? ¿Qué querría?

Un escalofrío la recorrió.

¿Querría dejar las cosas en claro? ¿Asegurarse de que ella supiera que nada de eso volvería a suceder? ¿O aclararle que no debían discutirlo de nuevo?

Pensó en cómo Draco se había ido a Nueva York después de haberla besado por primera vez. Y en cómo había regresado frío y distante.

Hermione cerró la tienda rápidamente y se dirigió a casa.

A la mañana siguiente, después de dormir apenas lo suficiente para afrontar el día, Hermione se despertó con el suave peso de Ginny acostada a su lado en la cama.

—¿Ginny? —Ella se frotó los ojos—. Son las cuatro de la mañana.

—Lo sé; pero es tu turno, Granger.

Hermione se acostó de lado y esperó a que Ginny hablara. Ginny miró al techo con los ojos muy abiertos. Ella no había dormido en lo absoluto.

—He hecho una cosa.

—¿Qué pasó? —Hermione se apartó el pelo de la cara.

Ginny la miró. Luego extendió la mano y colocó algo en la cadera de Hermione.

Una caja de terciopelo que Hermione había visto la semana anterior.

—Oh, Ginny. No. —Hermione se acarició el rostro con ambas manos.

—¿Entonces es cierto? —Los ojos de Ginny estaban muy abiertos y llorosos—. ¿Es éste?

—¿De dónde sacaste eso?

—¿Él te lo contó? ¿Esto es real?

Hermione se mordió el labio. —Sí, él me contó.

—¿Cuándo lo hará? ¿En la cena de ésta noche?

—Sí, —dijo Hermione—. ¿Por qué lo tienes tú?

—Harry ha estado actuando extraño. —Ginny volvió a mirar al techo—. Nervioso e irritable, y comenzamos a pelear y luego me puse nerviosa, así que hurgué entre sus cosas.

—¿Qué? Ginny...

—Oh, no me sueltes un discurso sobre moralidad —Ginny volteó a verla—. Tú fisgoneaste los recuerdos de tu novio.

Hermione se sonrojó ante el término empleado por su amiga, tomó la caja de su cadera y se la entregó. —Tienes que devolverlo. Devuélvelo antes de que él se dé cuenta.

Ginny acarició las sábanas de Hermione. —Estaba pensando, —dijo ella—, que podría conservarlo. Luego reunirme con él en la cena y mientras él está todo nervioso e irritable, podría sacar la caja y proponerle matrimonio yo. —Ginny sonrió maniáticamente.

Hermione parpadeó, observando una expresión en el rostro de su amiga que normalmente había visto en un par de gemelos. —Es la peor idea que he escuchado.

—No, pero sería divertido. O tal vez podría aparecerme usándolo y luego él-

—Ginny. Deja que tu novio te proponga matrimonio. Sólo puede hacerlo una vez.

Ginny tragó saliva y asintió hacia el techo. Una sonrisa se extendió lentamente por sus labios rosados.

—Me voy a casar con Harry Potter.

Ginny volteó a verla, con el rubor floreciendo en sus mejillas y recorriendo sus pecas, y soltó una risita.

Hermione se carcajeó. —No, ¡Sí no devuelves ese anillo, no lo harás! ¡Harry podría morir de un ataque de ansiedad si se entera que ha desaparecido!

Hermione le devolvió la caja y Ginny la abrazó, apretándola con fuerza.

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Se llevó el bolso al pecho con aprehensión. Hermione se detuvo frente a los ascensores de la oficina, un poco más tarde de lo que acostumbraba.

Respira. Lo peor que podría pasarle sería que alguien asumiera lo que había pasado basándose en su incapacidad para actuar casualmente. Éste es solamente un día normal.

Respira.

Las puertas se abrieron y fue asaltada por corazones flotantes y serpentinas rosas.

Mierda. Hoy era Día de San Valentín.

Melody le sonrió.

—¡Buenos días!

Hermione murmuró algo y rápidamente giró a la derecha para dirigirse a su oficina. Sintió que se le aflojaba el pecho y se dio cuenta de que Draco no estaba en recepción con su café, como había sido costumbre toda la semana pasada.

Sólo otro día normal.

Respiró hondo y se sentó en su escritorio. Antes de que pudiera decidir qué podría significar su ausencia, Draco se deslizó por su puerta, como un niño en calcetines sobre piso de madera.

—Granger. Sí, que bien.

Estaba congelada. Ese hombre había estado encima suyo hacía dos días. Él se apartó el cabello de la cara.

—Hum, el personal ejecutivo se reunirá a las nueve, y luego necesitamos reunirnos para hablar sobre las finanzas de la Ley de Hombres Lobo. ¿Está bien después del almuerzo?

Sus ojos estaban muy abiertos y sus pómulos moteados de rosa.

¿Estaba avergonzado? Porque ella se sentía mortificada.

—Sí. Genial, —dijo ella.

Él asintió y se apartó de la puerta. Ella cerró los ojos y se frotó las sienes.

Sólo otro día normal.

—Hum- —dijo él desde la puerta. Hermione levantó la vista y Draco volvió a entrar—. Quizás antes del almuerzo sería mejor. Si estás libre.

—Sí. Genial, —repitió ella.

Él asintió y se fue. Ésta vez en serio. Lo comprobó.

¿Quizás Walter debería unirse a ellos para la reunión? No podía imaginarse sentada sola con Draco en su oficina, intentando discutir distribuciones financieras.

Respiró hondo y buscó su calendario y pluma. Su mano se detuvo en el aire.

Un vaso humeante de café para llevar estaba junto al tintero.

Normal.

Normal. Normal.

Al cinco a las nueve, Hermione y su vaso de café se abrieron paso por la repugnantemente rosa oficina, pasando junto a tazones de bombones y caramelos. Entró en la sala de conferencias y encontró a algunas personas ya sentadas. Draco estaba ausente.

Había una pequeña pila de dulces frente a cada silla en la mesa y mientras Hermione se sentaba, Dorothea Bulstrode se volvió hacia ella.

—Feliz día de San Valentín. —La mujer empujó una pequeña tarjeta en forma de corazón hacia ella, sin sonreír, y luego se volteó hacia sus chocolates.

—Hum, gracias, Dorothea.

Hermione abrió la tarjeta, que decía "Que tengas un buen día".

¿Desde cuándo todo el mundo celebraba el Día de San Valentín restregándotelo en la cara?

Justo en ese momento, Blaise Zabini irrumpió en la habitación, lanzando puñados de corazones explosivos al aire. —¡Feliz Día de San Valentín a todos! —Serpentinas volaron, chocolate apareció por todas partes, y corazones mágicos revolotearon como mariposas, dando vueltas alrededor de la habitación.

—¿Espero que planees limpiar esto, Blaise? —Draco entró detrás de él, con cuidado de no pisar chocolates caídos.

—Sí, Sr. Malfoy; señor.

Draco se movió alrededor de la mesa, y Hermione se sintió acalorada mientras observaba su cuerpo de una forma que nunca antes había hecho. Usaba la versión mágica de un chaleco gris y corbata. El traje se ajustaba perfectamente a su figura y Hermione tuvo que sacudir de su cabeza el recuerdo de su esbelto torso mientras él tomaba asiento.

Ella volteó a ver sus chocolates y se aferró a su vaso de café para evitar que sus manos los alcanzaran.

Draco se sentó junto a ella en la cabecera de la mesa, y no fue capaz de decir si había volteado a verla, puesto que ella se había negado a mirarlo.

—¿Cómo estuvo su fin de semana? —Preguntó Draco mientras organizaba los documentos que había traído. Hermione se descubrió a si misma volteando a ver sus manos.

Hubo algunas respuestas por aquí y por allá, antes de que Blaise hablara.

—Yo había estado divirtiéndome en grande en la Mansión del Concejal antes de que Granger llegara y acaparara toda la atención.

Hermione volteó a verlo y él le devolvió la mirada con una sonrisa. Se llevó el café a los labios para distraerse.

—Así es. Blaise, Granger y yo asistimos al Baile de San Valentín el sábado, —dijo Draco—. Blaise pudo asegurar un par de cuentas. Granger también tuvo una velada exitosa.

Hermione se atragantó. Café caliente, corriendo por sus vías respiratorias.

Dorothea le dio unas palmadas en la espalda.

Hermione le agradeció con un asentimiento.

—El financiamiento para la Ley de Hombres Lobo ahora está completamente cubierto, y ella ahora estará trabajando en la publicidad para los Snidgets Dorados, —dijo Draco—. ¿Quieres agregar algo, Granger?

Ella lo miró e inmediatamente se sonrojó.

—No, —contestó—. Eso más o menos lo resume.

—Y la nota de Skeeter del Profeta de ayer fue muy buena —agregó Wentworth—. ¡Una gran publicidad para la Compañía y ustedes dos se veían espléndidos!

Gracias, Wentworth. Eso era suficiente.

—Disculpa, Charles, —intervino Blaise—. También aparecía una fotografía mía en la página tres.

La siguiente hora fue agónica. No tenía idea de cómo se las arreglaba Draco para dirigir una reunión, estando en la misma habitación que ella, sin parecer un completo idiota. Cuando Draco y Mockridge presentaron el presupuesto proyectado para marzo, detallando los proyectos que deberían postergar o priorizar, Hermione mantuvo sus ojos apartados de él.

Apartados de sus manos. Apartados de su cuello.

—Y por último, —dijo Draco. Apartados de sus labios—. Hemos logrado ocupar el Puesto de Relaciones con el Wizengamot; y justo a tiempo, ya que nuestra primera cita con el Wizengamot será en un par de semanas. Cornelia Waterstone comienza el próximo lunes.

Waterstone. Esa era la mujer por la que Hermione había apostado, la que tenía excelentes respuestas sobre la dinámica en la oficina y una maravillosa experiencia en derecho.

Blaise hizo un mohín. También era la menos atractiva de todas las mujeres entrevistadas.

—El Sr. Buckworth, nuestro nuevo inversionista de la Ley de Hombres Lobo, nos ha enviado una canasta de frutas por el Día de San Valentín. Melody la tiene, así que siéntanse libres de tomar lo que alcancen antes de que los Asociados se terminen todo. —Draco se puso de pie—. Granger y yo nos pondremos ahora a trabajar en las finanzas, pero estaré disponible después del almuerzo si requieren algo.

¿Ahora? ¿Ahora mismo? Había dicho que antes del almuerzo, pero eran las 10 de la mañana. Hermione parpadeó hacia la mesa.

El personal ejecutivo comenzó a levantarse y salir. Blaise corrió alrededor de todos, buscando la canasta de frutas. Hermione no lograba sostener adecuadamente todos sus documentos y su vaso de café debido a sus manos temblorosas. Así que arrojó su vaso vacío en la papelera.

Cuando finalmente salió de la sala de conferencias, Draco la estaba esperando. Le hizo un gesto para que ella avanzara primero hacia su oficina.

¿Dónde estaba Walter? Necesitaba a Walter. Cómo, en nombre de Merlín, se suponía que hablaría de finanzas con él estando solos en su oficina.

Miró hacia el escritorio de Melody y encontró a la mitad del personal rodeando la canasta de frutas, Walter incluido.

¿Tal vez debería sugerirle a Draco que fueran por él?

Llegaron a la puerta y Hermione entró, aferrándose a sus documentos. Se movió al centro de la habitación y volteó hacia él, a punto de preguntar por Walter, y lo observó mientras él cerraba la puerta tras ellos.

Volteó y se reclinó contra la madera, metiendo las manos en los bolsillos.

Oh por Dios.

Hermione subió sus notas hasta el pecho a modo de escudo, sintiendo los papeles arrugándose entre sus dedos.

Él la miró a los ojos, indescifrable pero intensamente.

—¿Crees que puedes guardar silencio, Granger?

Sintió las palabras como un cuchillo en sus entrañas. Eso era todo. Iban a ignorar lo que había pasado y seguir adelante.

No quería que ella le contara a nadie lo que había pasado. No quería que lo relacionaran con ella...

No la quería a ella.

—Sí. —Asintió, mirando hacia la alfombra, al espacio entre sus pies—. No; sí, lo entiendo. —Su estómago se sentía pesado.

Por Merlín, tal vez estaba preocupado por el Contrato de Amor. Hermione lo estaría, si estuviera en sus zapatos. Ella ahora tenía el poder para destruirlos a él y a su Compañía. ¿Pero honestamente creía que ella sería capaz de hacerlo?

Hermione continuó. —No tienes que preocuparte por mí; no voy a hablar de lo que pasó.

Volteó a verlo, odiando la forma en que su visión se había vuelto borrosa. Tragó saliva e intentó sonreír.

Él estaba quieto, examinándola. Sus ojos danzaban entre los suyos, y su boca estaba apretada. Había una tensión en sus rasgos que ella reconoció de Hogwarts.

Si él no continuara de pie frente a la puerta, Hermione ya habría asentido, sonreído y se hubiera disculpado para largarse a llorar a su oficina. ¿Quizás aún necesitaba decir algo más?

—Podré mantenerme callada. Me guardaré lo que pasó. Podemos fingir que nunca sucedió si eso es lo que quieres. —Ella lo miró pestañear—. No tienes que preocuparte por ninguna de las ramificaciones legales.

—Permíteme ser más claro —dijo Draco, apartándose de la puerta—. ¿Crees que puedes guardar silencio? —Repitió, acercándose a ella, con el rostro ligeramente relajado y la más pequeña de las sonrisas tirando de sus labios—, ¿o necesito silenciar la habitación?

Hermione parpadeó. Draco se detuvo frente a ella, con las manos todavía en los bolsillos y los labios temblando. Ella apretó sobre su pecho los papeles entre sus dedos.

Él estaba... Estaban a punto de...

Tragó saliva y se humedeció accidentalmente los labios. Los ojos de Draco se oscurecieron.

—Necesitarás silenciar la habitación.

Draco le sonrió, con los ojos brillantes. Mientras él murmuraba un Hechizo Silenciador y uno de Bloqueo, ella se lanzó el Hechizo Anticonceptivo. Aventó sus notas sobre el sofá y se arrojó sobre él.

Draco dio un paso hacia atrás debido al impulso, aferrándose a sus caderas con ambas manos mientras las de ella se enredaban en su cabello, él se inclinó para besarla.

Ella prodigó besos apresurados por su boca antes de que él finalmente levantara una de las manos para mantener su rostro quieto mientras profundizaba el beso, colándose entre sus labios para saborearla. Ambos suspiraron, exhalando el uno en el otro.

—Merlín, pensé que te había perdido, —suspiró contra su mandíbula mientras deslizaba los labios hacia su hombro. La mano en su rostro se enredó en su cabello.

Hermione se rió entre dientes. —¿Lo pensaste tú? —jadeó cuando él la mordisqueó en uno de sus chupetones antiguos. Debía amar ese lugar—. Tú eres el críptico…

—Mi intención era ser gracioso —le siseó al oído.

—Siempre estás haciéndote el gracioso-

Él deslizó la mano sobre su cadera para apretarla, acercándola a su cadera. Ella dejó que sus manos soltaran su rubio cabello y viajaran hacia los botones del chaleco. Tan pronto como abrió el primer botón, la mano de Draco tiró de su cabello, dejando aún más expuesto para él su cuello.

Los dedos de Hermione se ocuparon en desabrochar todos los botones, y una vez que dejó que el chaleco se deslizara por sus hombros, sin apartar nunca los labios de su cuello, él movió ambas manos hacia su trasero, aferrándola para levantarla. Ella chilló, y lo tomó por los hombros y hubo un momento en el que no entendió qué estaban haciendo. Abrió los ojos y estaban cara a cara, y él comenzó a avanzar con ella en ristre hacia el sofá a sus espaldas.

Pero en lugar de llegar al sofá, la presionó contra la pared lateral. Justo donde la habían colocado para una de las poses de su primera sesión fotográfica. Cuando él puso su espalda contra la pared, moviendo las manos hacia la parte posterior de sus muslos, enroscándolas alrededor de su cadera, ella sonrió al recordar que este era el sitio donde habían tomado la foto frente a la ventana. Cuando Draco había entrado colocándose el saco y la vio por primera vez aquel día.

Él la besó de nuevo. Y descubrió que la mejor manera de evitar caerse era aferrarse a él y dejar que su cuerpo la presionara contra la pared. Él gruñó contra su boca.

Una mano ascendió y comenzó a desabotonar su blusa mientras la otra acariciaba círculos suavemente sobre su muslo. Mientras la prenda caía, pensó en el atuendo de ese día –en lo contenta que había estado de que fuera un coordinado muy profesional de falda y blusa, y en lo mucho que había necesitado hoy ese profesionalismo.

—Hum —dijo Hermione, cuando Draco desabrochó el último botón de su blusa y la abrió por completo para contemplar su cuerpo—. ¿La documentación? ¿Te preocupa o quieres revisarla?

—¿Las finanzas de los Hombres Lobo? No, por supuesto que no. —Draco la acarició por encima del sostén.

Hermione apretó los labios y trató de mantener los ojos abiertos. —Me- me refiero al... contrato.

—¿Contrato? —La mano que acariciaba su muslo de alguna forma había encontrado el camino entre ellos, y ahora la acariciaba sobre sus pantaletas. La otra mano ahora recorría su espalda encaminándose hacia el broche del sostén.

Ella gimió. Luego se refrenó, —El Contrato de Amor.

Las dos manos de Draco se detuvieron, y la mano que rozaba sus pantaletas se paró en el punto más sensible de su cuerpo.

Oh por Dios. ¿Por qué tenía que haber hablado?

Hermione abrió sus ojos y los grises de él la observaban, con mejillas sonrojadas.

—¿Estás preocupada por eso? —preguntó él, con los ojos yendo y viniendo entre los suyos, y Hermione estuvo muy consciente de la mano presionando contra su centro, y deseó que él la retirara o comenzara a moverla de nuevo.

—Sólo en el sentido de que firmé un documento prometiendo justamente no hacer esto. —Ella apretó sus piernas alrededor de las caderas de Draco –accidentalmente, por supuesto- y de alguna forma logró que se acercaran más, haciendo que la mano de él presionara firmemente contra su centro. Ella jadeó, sus párpados revolotearon e intentó evitar hacerlo de nuevo.

Cuando sus ojos se enfocaron nuevamente en él, su sonrisa regresó, y los dedos que buscaban el broche del sostén continuaron su viaje. Él respondió, —Sólo en el sentido de que yo creé un documento justamente para evitar hacer esto.

Su sujetador se abrió de golpe, y los dedos de Draco se sumergieron debajo de sus pantaletas.

—Y para mantener a Blaise alejado de Melody, —agregó, besándola en el cuello.

—Bueno, pues no está funcionando. —se rió ella contra su sien. Las piernas le temblaban mientras él acariciaba con un dedo su centro, ascendiendo hasta llegar a su cúspide, y su cuerpo entero se estremeció. Él dibujó círculos por su piel, cambiando de dirección alternadamente, y su otro brazo la rodeó por la cintura para sostenerla. Su sostén había quedado colgando de sus hombros, momentáneamente olvidado.

—Supongo que podemos discutirlo más tarde, —murmuró ella entre jadeos—. Es un Contrato común para las Empresas, especialmente las que pertenecen a la Iniciativa Privada. Ya lo investigué.

—Shhh —musitó él en su oído—. Puedes darme clases más tarde.

Hermione sintió que Draco sonreía contra su oído, y respondió devolviéndole la sonrisa. Se preguntaba si sus manos deberían estar haciendo algo, en vista de que él estaba haciendo todo tipo de cosas, entonces sintió que dos dedos la acariciaron hasta llegar a su abertura y empujaron hacia su interior.

Ella boqueó. El escozor había vuelto, pero no de buena forma. Se sentía mucho más sensible que hacía dos días. Era como si hubiese hecho pesas, pero por dentro.

—¿Qué pasa?

Draco sacó los dedos. Ella tenía los ojos apretados y las manos hechas puño alrededor de su camisa. Recordó lo que Ginny le había dicho, sobre la necesidad de esperar un par de días antes de volver a hacerlo. Respiró hondo y abrió los ojos, avergonzada de que su visión estuviera humedecida.

—Estoy bien, —dijo, sonriendo forzadamente—. Sólo un poco adolorida. Continúa.

Él la miró con los ojos entrecerrados.

—Estoy bien, —repitió. Ella acarició su cabello y lo acercó para besarlo. Draco la besó, luego dio un paso hacia atrás, apartándolos de la pared, y se giró para depositarla en el brazo del sofá de cuero negro.

Las piernas temblorosas de Hermione se le agradecieron, pero aún se aferraba a él para mantenerlo cerca, temiendo que estuvieran deteniéndose.

—No te detengas. Estoy bien, —ella respiró contra su cuello—. Quiero hacerlo.

Él se estremeció y se apartó para mirarla. La tomó por las caderas, acercándola al borde, y deslizó una mano dentro de sus pantaletas. Él la tanteó un par de veces, mientras la veía atrapar su labio inferior entre los dientes, antes de retorcerse e insertar un largo dedo en su interior.

Sí, eso estaba bien. Hermione suspiró mientras él empujaba dentro y fuera de su cuerpo varias veces, girando y volviendo a presionar, sacudiéndose y arremolinándose. Ella se movió contra su mano, intentando igualar su ritmo.

—Draco, estoy lista. Estoy lista, por favor. —Ella lo miró. Él se sostenía del brazo del sofá con una mano, inclinándose para estar a su altura. Él la miró mientras sacaba su dedo, y después arremetió nuevamente en su interior, ésta vez con dos dedos.

Hermione se mordió el labio, lloriqueando, había cerrado los ojos. Era como si su cuerpo no quisiera hacerlo, pero al mismo tiempo si quisiera. Ella abrió los ojos y afirmó con la cabeza. —Está bien. Estoy lista. —asintió vigorosamente, apretando la mandíbula.

Él alzó una ceja, con sospecha, e intentó entrar nuevamente en ella. Hermione se aferró a sus brazos, sorprendida de que aún llevara puesta su camisa, e intentó controlar sus expresiones faciales.

Él frunció el ceño y retiró la mano, poniéndose de pie.

—No, no. Draco, estoy lista. —Se quitó el sujetador, aventándolo a alguna parte y estiró sus manos para comenzar a desabotonarle la camisa. Hermione observó sus ojos deslizarse hacia sus senos, orgullosa por la forma en que se relamió los labios. Se quitó la camisa por encima de los hombros una vez que ella terminó de desabotonarla.

Hermione titubeó un segundo, luego tomó su cinturón. Observó cómo se tensaron los músculos de su abdomen, y sus brazos temblaron, como si estuviera a punto de detenerla. Una vez que el cinturón estuvo abierto, Hermione volteó a verlo. Su pecho estaba agitado, y ella pudo recorrer su piel con la mirada.

Comenzó a desabotonarle los pantalones, intentando ignorar el bulto que se presionaba contra el frente. Las manos de Draco se apretaron en puños cuando ella desabrochó los botones inferiores, y supo que sus dedos estaban rozándose contra él.

Qué bien. Él le había hecho algo similar a ella el sábado por la noche, y Hermione sintió que la piel de su pecho expuesto se erizaba ante el recuerdo de Draco quitándose los pantalones contra su vientre. Por el rabillo del ojo vio que la punta de sus senos se endurecía.

Hermione dejó que sus dedos rozaran a propósito la tela de la protuberancia cuando desabrochó el último botón, y justo cuando pensó que tenía la ventaja, él se acercó y tomó uno de sus senos. Sus dedos aletearon para la jalarla por la cintura, haciéndola retorcerse, y acarició la parte inferior de su seno frotando la cúspide con el pulgar.

Le llevó treinta segundos recordar cómo desabrochar el último botón de los pantalones de Draco. Estaba jadeando. Estiró la mano hacia su cintura, lista para bajarle los pantalones, y él hizo un cambio de mano, rozando y aferrándose ahora a su otro seno. Él la pellizcó y ella gimió, dejando caer la cabeza sobre su abdomen, con las manos aún quietas sobre la cadera de Draco. Él continuó acariciándola con su pulgar en círculos alrededor de su piel, una y otra vez, sin agarrarlos y ella jadeó contra su cuerpo, mientras veía sus músculos temblar.

¿Podría esto ponerla al límite? Se dio cuenta de que estaba restregando las caderas contra el sofá, intentando encontrar fricción. Aún tenía puestas las pantaletas, así que abrió las piernas, intentando acercar la tela a su piel más sensible, sintiéndose un poco avergonzada por toda la humedad en ellas.

Eso ayudó un poco. Hermione gimió cuando él finalmente aprisionó sus senos. Podía sentir que estaba alcanzando el límite, y estaba a punto de llevarse sus propias manos a su centro cuando Draco soltó sus senos, se bajó los pantalones y se arrodilló frente a ella.

Sus ojos eran ardientes, mirándola, y su lengua recorrió sus dientes cuando extendió la mano y comenzó a retirarle las pantaletas.

—Oh, por Dios, sí.

Ella alzó las caderas y de pronto sólo llevaba puesta su falda. Estaba lista. Ella se correría ahí mismo si él continuara observándola de esa forma. Draco se inclinó al frente y presionó un beso contra su rodilla. Ella se mordió el labio.

Lo vio colocar otro beso contra su pierna, un poco más arriba. Luego otro. Draco iba a medio camino por su muslo cuando ella se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer.

—Oh- yo... hum... —Se sonrojó—. No tienes que... Eso es...

Él exhaló contra su piel y ella se contrajo, intentando instintivamente cerrar las piernas alrededor de algo, y se dio cuenta de que Draco la tenía inmovilizada, con una mano en el interior de cada rodilla.

—Granger, ¿por qué no me cuentas la historia del calamar gigante en el lago de Hogwarts? —Draco se lamió los labios y la besó más arriba en su muslo, mirándola con ojos ardientes.

Ella parpadeó, apretando las manos alrededor del sofá de piel.

—¿Qué? —jadeó.

—¿Lo dejaron ahí en 1306, no? —Él sopló otra vez contra su piel, y ella gimió.

—No, ha estado allí desde el principio. Los fundadores-

Y la besó justo en su centro. No era capaz de definir el sonido que arrancó de sus pulmones, pero hundió los dedos en la piel del sillón e intento volver a juntar las rodillas. Draco acarició sus muslos, manteniéndolos abiertos.

—¿Sí? ¿Qué decías de los fundadores? —Él levantó inocentemente una ceja y esperó.

—Los f-fundadores construyeron el C-castillo de Hogwarts en los... —Draco bajó la cabeza, aún mirándola a los ojos—. Los- los terrenos, al lado del lago negro. —Podía sentir su aliento sobre su piel—. Así que, el calamar gigante estuvo allí desde el principi- ¡oh! —Su lengua. Él estaba... Estaba empujando su lengua contra ella. Comenzando desde abajo y lamiendo hacia arriba.

Esto era... demasiado íntimo. Ella no podía...

Hermione se llevó las manos a la cara y cerró los ojos cuando él comenzó otra lenta acometida.

—Y el calamar, —murmuró contra su cuerpo—. Es de color verdoso, ¿cierto?

—No, es ro-rojo. —Ella curvó sus dedos sobre su cara—. Rojo oscuro. Casi morado. —Sus muslos ahora comenzaban a luchar contra él, temblando. O bien quería cerrarlos y empujarlo lejos, o retenerlo allí. Y no podía decidirlo.

—He oído que ha matado gente.

—No, no. —Ella gimió cuando él volvió a lamerla—. Es muy dócil. Incluso útil. Ha tenido va-varias peleas con la Gente del Agua pero- —Y los labios de Draco se cerraron alrededor de su cúspide. Y succionó.

Ella jadeó, y sus manos aprisionaron el cabello de Draco, intentando mantenerse en equilibrio.

—Oh por Dios, Draco. ¡Por favor!

—¿Qué me dices de la Gente del Agua?

Ella arañó su cuero cabelludo y cerró los ojos, temerosa de mirarlo.

—En 1497 la Gente del Agua se sublevó y- y- y- —La estaba lamiendo, probando diferentes ritmos, diferentes presiones—. Y ellos- trataron de-

Se dio cuenta de que estaba empujando sus caderas contra él, jalando el rostro de Draco más cerca de su cuerpo con cada movimiento de su lengua. Pero supuso que él la detendría si le llegaba a molestar. Hermione le retorció el cabello alrededor de sus dedos y lo sintió gemir contra su piel. Ella movió sus caderas hacia adelante ante la vibración.

—Ellos intentaron- la Gente del Agua intentó- intentó-

Parecía un disco rayado, no podía continuar. No se atrevió a abrir los ojos. Tenía miedo de verlo entre sus piernas, a sabiendas de que se grabaría en su memoria para siempre.

—Ugh, Draco, por favor.

Y sintió la presión de un dedo dentro de ella, su boca aún jugueteando alrededor. Comenzó a desmoronarse, llegando al límite, y podía escuchar su propia voz diciendo algo, y emitiendo pequeños gemidos ahogados al ritmo de la lengua de Draco, y podía sentirlo gruñir y respirar con fuerza contra su piel.

Hermione gritó mientras se corría. Presionó sus caderas contra su boca, manteniéndolo allí. Tenía las manos enredadas en su cabello, y sus piernas se cerraron alrededor de su cuello. Él continuó moviendo su lengua, mientras ella se contraía. Cuando terminó y no pudo soportar más, lo soltó.

Él sacó su dedo de su cuerpo, y ella casi se cayó de espaldas sobre los cojines del sofá, olvidando que no había nada detrás. Se agarró al respaldo del sofá para sostenerse, y lentamente abrió los ojos cuando lo escuchó moverse.

Un sonido rápido, al ritmo de su respiración. Y ella vio la parte superior de su cabeza desde donde estaba arrodillado, con el cabello revuelto y humedecido. Sus ojos eran oscuros y profundos mientras recorría su piel expuesta con la mirada, subiendo la vista hacia sus senos desnudos y más allá hasta su rostro. Draco se mordió el labio y gimió, y Hermione se dio cuenta de que estaba terminándose él solo.

Parpadeó y miró hacia otro lado, insegura de si se suponía que debía mirar. Por supuesto, él sí tenía que que hacerlo. Ella realmente no había hecho mucho por él.

Un grito sofocado, y ella supo que él se había corrido. Seguramente había manchado todo el costado del sofá. Él dejó caer la cabeza sobre sus muslos internos respirando con fuerza. El mechón de cabello rubio que siempre caía sobre su frente estaba portándose mal nuevamente, y Hermione se mordió el labio y decidió que podía permitirse empujarlo hacia atrás.

Cuando sus dedos rozaron la piel detrás de su oreja, los ojos de Draco se conectaron con los de ella. Él colocó un beso sobre su muslo y alzó la vista.

—Entonces, —susurró con voz ronca—. ¿Crees que tienes bajo control las Finanzas de la Ley de Hombres Lobo? —Él le sonrió de lado.

Ella no pudo evitar sonreír. —No lo sé, —dijo—. Tal vez necesitemos repasar otra vez ésta última parte.

Los ojos de Draco brillaron. —Programaré una reunión mañana a la hora del almuerzo.

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El martes a la hora del almuerzo, Draco le enseñó una valiosa lección sobre las maravillas del faje. Mientras yacía de espaldas en el sofá de piel, con Draco moviéndose deliciosamente sobre ella, pensó que ya era momento de quitarse la ropa interior y entrar en materia.

Pero Draco la hizo correrse antes y se vino encima suyo. De nuevo, otro desastre en el sofá.

Ella intuyó que Draco estaba siendo cauteloso respecto a volver a penetrarla. Hermione les hizo el favor a ambos al probar algunas cosas nuevas bajo la ducha el miércoles por la mañana, lo que hizo que se sintiera lista para intentar hacerlo de nuevo con él.

En la "reunión" del miércoles al medio día, intentó comunicárselo a Draco sin emplear muchas palabras, e incluso coló la mano bajo sus pantalones por primera vez. Él le permitió arremeter contra su virilidad y probar algunas cosas, mientra le decía qué le funcionaba y qué lo hacía sentir mejor. La tenía acorralada contra la puerta, apenas la había dejado entrar antes de tenerla contra ella, pero ahora la cabeza de Draco descansaba sobre su hombro mientras ella se la jalaba. Cuando él la aferró por las caderas, apretándola, Hermione supo que ya era hora.

Lo soltó y se quitó el vestido, y también se quitó la ropa interior. Él la observó mientras ella le quitaba los boxers y los arrojaba al piso, y lo atrajo hacia su cuerpo, mordiéndose el labio. Encontró una forma de recrear la posición que habían hecho el lunes, con las piernas alrededor de sus caderas y la pelvis de Draco a punto de fundirla con la puerta.

Ella no sabía mucho respecto a... posicionarse en él... Tampoco estaba en la mejor de las posturas para impulsarse a hacerlo; pero sabía que estaba lista, y él todavía la estaba mirando, frunciendo el ceño, pero rígido contra ella.

Hermione lo besó, intentando frotarse nuevamente contra él, agarrándole el cabello y mordiéndole los labios, y él se retrocedió con intención de decirle que no tenían por qué hacerlo.

Ella levantó una ceja, imitándolo. —No seas tan Hufflepuff al respecto, Draco.

La mandíbula de Draco se desplomó, con los ojos muy abiertos. Ella sonrió y él besó su sonrisa hasta desaparecerla. Cuando él la penetró, su cuerpo estaba otra vez apretado, pero nada comparado al dolor que había sentido el lunes. Una vez que ella intentó convencerlo por tercera vez de que fuera más rápido, la forma en que la pelvis de Draco la golpeaba contra la puerta hizo que el marco vibrara.

Se detuvieron, escuchando el eco, preguntándose si la gente afuera sería capaz de escucharlos a través de una habitación silenciada. Draco se carcajeó, apartándolos de la puerta y presionándola ahora contra la pared aledaña.

El jueves, tuvo que aguantar en su oficina durante una larga reunión con Draco y el Sr. Buckworth. Se sentó tras su escritorio, con Draco observándola mientras el Sr. Buckworth y ella debatían sobre la Ley de Hombres Lobo.

Al final, Draco se ofreció a acompañar al Sr. Buckworth a los ascensores. Cuando regresó, cerró la puerta y silenció la habitación.

Hermione tragó saliva.

Cinco minutos después, estaba sentada en el borde de su escritorio, enganchando sus piernas alrededor de la cadera de Draco, dejándolo desnudarla.

Él efectivamente barrió el escritorio con su brazo, tirando todo al suelo; y efectivamente, ambos se rieron al respecto.

El viernes estaban de vuelta en la oficina de Draco. Hermione comenzó a sentirse culpable por nunca hablar con él sobre trabajo, así que intentó discutir el progreso del proyecto de los Snidgets mientras él la desnudaba. Él la dejó hablar, mientras sorbía su cuello y la colocaba sobre el escritorio.

Cuando ella se recostó, notó que todo había sido despejado del escritorio previamente y decidió dejar que el mármol frío calara contra su trasero mientras él le desataba las alpargatas.

Una vez que los zapatos estuvieron fuera, él la besó en el talón, y luego en la pantorrilla, y continuó trazando besos húmedos mientras subía por sus piernas, se deslizaba por sus pantaletas y luego subiendo hacia su vientre. Él se inclinó a la derecha e intentó besar cada una de sus costilla.

El mármol se enterraba en sus dedos mientras ella se aferraba a los bordes del escritorio, y él iba a medio camino sobre sus senos cuando se retiró, mirándola.

Draco frunció el ceño.

—¿Qué?

Las manos de Draco recorrieron sus costillas, mirándola de forma extraña.

—¿Estás enferma?

Las cejas de Hermione se unieron sobre su frente. —¿Enferma?

—Estás delgada. —Draco presionó ligeramente un dedo entre dos de sus costillas.

Hermione parpadeó. —¿Gracias?

¿Le parecía ahora un buen momento para discutir eso?

—Más delgada.

Hermione se carcajeó. —Llevo cinco días sin comer. —Se rió entre dientes, acercándose a él.

Draco parpadeó.

Y así fue como Hermione terminó comiéndose una ensalada en la oficina de Draco.

Él se acomodó la ropa y asomó la cabeza para pedirle a su secretaria -Carrie. Carrie la secretaria. ¿Cómo no se había aprendido un nombre tan fácil?- que les ordenara el almuerzo en la cafetería de la esquina.

Regresó con Hermione, la hizo gemir y después, en lugar de vestirse, peinarse y encaminarse de vuelta a su oficina, se sentaron en el sofá de piel, y comieron juntos.

Era... incómodo. Casi como una cita. Cuando el silencio y los crujidos se prolongaban más de lo necesario, comenzaron a hablar sobre el trabajo. Ahora Draco estaba mucho más dispuesto a dialogar, y terminaron trazando un plan para la primera semana de mayo y la audiencia ante el Wizengamot.

—¿Irás a Cornerstone éste fin de semana? —le preguntó mientras arrugaba el envoltorio de su sándwich.

Hermione masticó, haciendo a un lado los pepinos de su ensalada y preguntándose cuál sería la respuesta correcta a esa pregunta.

—Sí. —Ella apretó los labios—. ¿Tú irás?

—Tal vez el domingo. —Draco quitó algunas migajas del sofá y las desapareció.

Ella reprimió una sonrisa. —¿Necesitas ir por un libro?

—Algo así.

Lo miró y él le estaba sonriendo. Hermione comenzó a organizar con el tenedor los restos de tomate.

Su sonrisa cayó al rememorar la forma en que había desaparecido para ir a Nueva York, o la hermética reunión que tuvo con Slughorn en el Baile del Concejal, o la respuesta de Noelle que aún continuaba esperando. Hermione todavía quería saber cosas sobre él, quería saber cómo pasaba su tiempo.

—¿Qué harás mañana? —No podía luchar contra el rubor que se alzaba en su cuello.

Draco hizo una pausa antes de responder, y ella lo miró. Él miraba la alfombra.

—Iré a visitar a mi padre.

Oh. No, olvídalo. Hay ciertas cosas que uno no quiere saber.

—¿Está... está todo bien? ¿O...?

—Es una de sus condiciones para la herencia. Que yo fuera a las visitas mensuales de enero y febrero. —Su voz sonaba entrecortada y tenía apretada la mandíbula.

No eran las únicas condiciones...

Y Hermione se preguntó en qué momento había visitado a Lucius durante enero.

Asintió, como si Draco acabara de decir algo con lo que estaba de acuerdo, y continuó jugueteando con las verduras de su plato.

Le arrebataron el recipiente de ensalada y ella levantó la vista para descubrir a Draco poniéndolo en el piso y acercándose para besarla.

Sonrió contra sus labios cuando él se inclinó sobre ella para juntar sus labios.

—Ugh, —dijo él, retrocediendo—. Sabes a bleu cheese. —Draco arrugó la nariz.

Hermione se carcajeó y lo tomó de los hombros. Después de espiarlo durante años en el Gran Comedor, sabía que él odiaba el bleu chesse. —Si me hubieras dicho que volveríamos a besarnos, no lo habría ordenado, —murmuró contra su boca.

—No, está bien. Es tu favorito.

Draco la beso. Y el pecho de Hermione se entibió.

Él también la había estado espiando en el Gran Comedor.

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Monsieur DuBois la hacía bostezar. Había estado haciendo un trabajo fantástico al ocultar su boca abierta cada vez que él sacaba obras de arte Renacentistas y mencionaba lo terriblemente mal que combinaban con las alfombras Venecianas.

Se reunían todos los sábados por la tarde en un café muggle que parecía ser el lugar favorito de Monsieur DuBois. Lo conocían de nombre allí. Hermione ordenó café espresso ese día, porque sus ojos no podían mantenerse abiertos. Estaba dejando que la brisa del patio exterior en el que se encontraban la calmara, y que el sol frente a ella la templara.

—Da Vinci, por supuesto, era un Squib-

Esto atrapó los oídos de Hermione. —Lo siento, ¿qué fue lo que dijo?

Monsieur DuBois levantó calculadoramente una ceja. —Dije que Leonardo da Vinci era un Squib. Su bisabuelo fue el Ministro de Magia italiano en 1414.

Hermione entrecerró los ojos. —Yo... nunca había oído hablar de eso. ¿Conoce algún libro sobre el tema que pueda investigar?

—Bueno, —Monsieur DuBois se removió en su silla, cruzó las piernas y se alejó un poco de ella—. Lo he visto en un árbol genealógico.

—Hmm —Hermione frunció los labios.

La mesera se acercó, coqueteó un poco con Monsieur DuBois y tomó su orden. Hermione realmente odiaba las ensaladas en esa cafetería. Ya había probado todas las ensaladas del menú y ninguna de ellas era abundante o apetitosa. Decidió pedir un plato de sopa.

Miró su reloj lo más discretamente que pudo, pero no fue lo suficientemente sutil.

—¿Tiene que ir a alguna parte, Srta. Granger?

Hermione lo miró. —No, no. Sólo... consultaba la hora, Monsieur.

Bebió un sorbo de su espresso.

Monsieur DuBois sacó un libro de decoración renacentista y comenzó a discutir sobre estilos y arquitectura. Comenzó a detallar el adecuado mantenimiento de una mansión Renacentista y lo que debía ser incluido en una remodelación adecuada.

El sol comenzaba a incidir en los ojos de Hermione cuando Monsieur DuBois explicó la verdaderamente desastrosa remodelación que el Ministro Francés había intentado. Comenzó a reírse de cosas que Hermione no podía entender. Ella sonrió lo más convincentemente que pudo.

La sombra de la mesera que se barrió sobre su rostro sacó a Hermione un poco de su trance. Esperó a que la chica pusiera su sopa frente a ella, agradecida por el escudo del sol.

Cuando Monsieur DuBois dejó de hablar y nadie le puso enfrente ninguna sopa, Hermione miró a la persona que la protegía del sol, y su sangre se heló al ver a Draco, con la mandíbula apretada, pero sonriéndole a Monsieur DuBois.

—¡Sr. Malfoy! —gorjeó Monsieur DuBois—. Cielos, te ves espléndido. ¿Te gustaría unirte a nosotros?

Hermione sintió que la cafeína en su estómago se revolvía y caía al ver a Draco sonreírle al hombre mayor y estrecharle la mano. Se concentró en obligar a sus pulmones a expandirse.

—Le pido disculpas, monsieur, pero en realidad no puedo, —dijo Draco. Ella observó su rostro tensarse y contraerse incluso mientras sonreía—. La Srta. Granger no podrá terminar hoy su lección.

Lección.

No había forma de evitarlo. Él lo sabía. Lucius se lo había dicho.

Hermione tragó saliva.

—Oh, —monsieur DuBois hizo un puchero, mirándolos alternadamente—. Espero que todo esté bien.

Ella vio a Malfoy parpadear hacia el profesor. Volteó los ojos hacia ella, ardientes y agresivos. —Me temo que no.