Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18


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Capítulo 25:

Tres nuevos corazones

Algo iba mal.

No, Dios mío.

—Esto no me lo esperaba —susurró la doctora, como si hablara consigo misma.

Edward seguía estando de piedra, completamente absorto ante lo que veía en la pantalla. El color se le había ido del rostro y había comenzado a sudar, muy petrificado.

—¿Qué está sucediendo? —inquirió Bella, sintiendo un nudo en la garganta.

La Dra. Vulturi carraspeó y acercó la imagen para que ella pudiera ver más cerca lo que había en su interior.

—Bella, esto es sorpresivo —afirmó, mirándola a los ojos.

—Va mal, ¿no? —La voz de Bella salía tan débil que casi parecía un sutil silbido.

Jane soltó el aire.

—En realidad… No sé cómo vas a tomártelo. —Carraspeó—. Quiero que veas esto.

A Bella le temblaba la barbilla.

—Mira. —Le indicó con el dedo una pequeña bolsita y un diminuto ser que parecía moverse con mucha sutileza—. Este es su bebé.

Ella comenzó a llorar con mucha fuerza.

—Y aquí. —Siguió mostrándole otra bolsita pequeña, con otro diminuto ser que se movía con más energía—. Está también tu otro bebé.

Bella se quedó ahogada.

Jane rio, impactada.

—Y aquí… —Una última bolsita se alojaba junto a las otras dos, con otro ser que llegaría a llenar de amor a toda la familia—. Está el tercer bebé.

Isabella se llevó una mano al pecho, ahogada en un llanto espeso de llana dicha y total impacto, todo a la vez. Sería madre de tres bebés, ¡tres bebés!

Dios santo.

—Sí, padres, tendrán trillizos —exclamó la profesional, sonriendo con total alegría.

Bella miró a Edward, sollozando ante el tumulto de sentimientos, pero tan pronto como puso su atención en él, acabó desmayándose en medio de la sala.

—¡Cariño! —gritó Ojitos Marrones.

La Dra. Vulturi se levantó de la silla y fue a auxiliarlo, dándole un poco de aire mientras Bella intentaba hacerlo reaccionar.

Su impacto era demasiado.

Cuando Edward volvió en sí, recordó de inmediato lo que había sucedido previamente. Iba a ser padre de tres más… ¡Tres más!

Vio a Bella preocupada en la camilla, tocándose la barriga con inquietud mientras le pasaba la mano por las mejillas. Se sintió tan imbécil que no tardó ni un segundo en acercarse más y tomarle la misma mano que lo tocaba.

—Son tres —dijo, un poco ahogado.

Bella veía el pánico y la felicidad a la vez.

—Tres —insistió, comenzando a sonreír.

—Dios mío, no sé cómo le haremos con cinco pequeños en casa, pero estoy irremediablemente feliz.

—Mi próximo regalo de cumpleaños será la vasectomía —bromeó, sacándole una carcajada a una Bella completamente bañada en lágrimas.

Se abrazaron y luego se besaron, saboreando la noticia con otra oleada de intensidad.

—Te amo —susurró él, besándole la frente esta vez.

—Y yo te amo a ti. Gracias por hacerme la mujer más feliz del mundo.

La Dra. Jane entró a la sala, dispuesta a proseguir con la evaluación del embarazo. Verlos más tranquilos luego de semejante noticia permitió que prosiguiera.

—Luego del pequeño accidente del Dr. Cullen —susurró, mirando al avergonzado padre—, creo que les gustaría escuchar el latido de sus corazones. ¿Qué dicen?

Ambos asintieron sin dudarlo.

La profesional apretó unos botones y luego de unos segundos, el primer bebé hizo su espectáculo: un sonido vivo y rápido como el de las alas de un pajarillo, hizo eco en toda la habitación. Fue una melodía tan armoniosa, que Bella no dudó ni un segundo en lo mucho que le amaba.

Tom-Tom —susurró ella, imitando el sonido de aquel sonido con mucha ternura.

Tom-Tom Primero parece estar muy sano, a que sí —le dijo Edward al oído.

Él también sentía un furioso amor por su bebé. Estaba tan enérgico.

—Ahora vamos con el segundo —dijo la Dra. Vulturi.

Y el sonido volvió a ser fuerte.

Tom-Tom Segundo está compitiendo con su hermano —añadió el Dr. Torpe, mirando el rostro de amor en su Ojitos Marrones.

Y el tercero parecía un loco pajarillo dispuesto a ganar la batalla entre sus hermanos.

Tom-Tom Tercero ha ganado —afirmó Bella, llorando con mucha libertad.

Edward le dio un recorrido de besos y caricias, cómplices el uno con el otro ante la dicha de saber que, sin duda, la alegría se había multiplicado como un regalo del cielo.

Sí, tendrían tres pequeños más en casa. ¿No era perfecto?

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Bella sentía que todo iba a mejorar… Aunque en realidad, ya creía que todo estaba mejor.

Miró el inmenso paisaje del bosque de Forks, con el sonido del mar de La Push a unos cuantos metros y la hermosura de los colores húmedos de un lugar que vería crecer a sus hijos desde aquí hacia adelante.

Cuando sintió la mano de Edward, cubriendo su vientre mientras ponía sus labios contra su cuello, su sonrisa se hizo tan amplia que le dolieron las mejillas.

—Nuestro hogar estará listo en un mes, ¿qué te parece?

Ella siguió contemplando la que sería su futura casa, inmensa, dulce y cálida. De solo imaginar a sus pequeños corriendo con Ava y Noah, actuando como los mayores en sus travesuras, su vientre se retorcía de amor.

—Creo que no merezco todo lo que haces por mí —afirmó, dándose la vuelta para mirarlo.

—Tú me das todo con tu respiro, Bells, solo quiero hacerte feliz hasta que nuestra vida nos lleve juntos —murmuró, cobijando sus mejillas.

—El cielo me tenía a un hombre maravilloso y dos pequeños que me hicieron más valiente de lo que ya era. Ahora, nuestros tres nuevos retoños conocerán a una mujer mucho más fuerte, vivaz… dichosa. Y tú también.

Él sonrió y la abrazó, acomodando su rostro en la curva entre su cuello y hombro.

—Ahora solo nos queda la boda, al menos, si es que el jefe Swan no me dispara por la triple goleada que he hecho con su hija —afirmó.

—Edward —lo regañó ella, ocultando la risa.

—Lo siento. Yo y mi maldita boca.

—Te amo enormemente.

—Y yo a ti, Ojitos Marrones.

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Aguantarse la noticia por quince días fue difícil. Bella seguía sintiéndose somnolienta y tan pronto como supo que estaba embarazada, los mareos y algunos vómitos matutinos no se hicieron esperar. Edward había reducido notablemente su jornada laboral para quedarse con ella todo el día, al menos dos o tres días a la semana, y si eso era imposible, trabajaba solo media jornada, priorizando cirugías programadas o de urgencia. Lo que más quería era estar con ella y disfrutar del embarazo, no escatimando en tiempo y menos en amor. Sabía que lo que más necesitaban los cuatro, su Ojitos Marrones y sus trillizos, era sentir el cariño y la calidez.

Edward había contactado al abogado desde el inicio y cuando este supo que Bella estaba embarazada, ocupó eso a su favor para destrozar a la cara guardería de Forks. La comunidad académica estaba mortificada por la demanda que ellos le habían interpuesto.

Bella contempló la hoja con la demanda, junto al abogado y a Edward. El monto que podría ganar por haberla corrido de su trabajo en su estado, pero sobre todo por la discriminación arbitraria que había sufrido, era tan grande que serviría para retomar la reestructuración de su tienda de disfraces, la cual había sufrido un terrible deterioro gracias a Kate.

Aún no la encontraban. Todos temían que se hubiera ido del país, aun cuando la familia afirmaba que no la veían desde entonces. Sus padres habían solicitado pagarle una buena suma de dinero con el fin de que quitara la demanda en contra de la mujer, pero ella no aceptó. Había cosas más importantes, como hacerle escarmentar.

A pesar de todo, Bella estaba tranquila. Edward, por su lado, había instado a que siguiera con la medicación, puesto que esta no era dañina en ningún sentido para los bebés y, además, ella necesitaba estar bien. Y claro que lo estaba porque, aunque el temor de que Kate estuviera dando vueltas por el mundo y los recuerdos de las injusticias ocasionadas en su pasado, se sentía muy dichosa de saber que tenía otros tres pequeños a los que cuidar.

En medio de aquel momento, Bella recibió una llamada de Rosalie.

—Hola —saludó con alegría.

—¡Bella! —exclamó la mujer, alterada y sofocada.

Ella se levantó del asiento al escucharla e inmediatamente miró a Edward, quien entendió que algo iba mal.

—¿Qué ocurre?

—Kelly —gimió—. Se ha caído en el parque desde altura y su cabeza no deja de sangrar. Estoy en la ambulancia y… Ayúdame. No responde…

—Tranquila, ¿sí? Edward está conmigo… ¡Iremos al hospital de inmediato!

Cuando cortó, se acercó a él con el corazón en la mano.

—Kelly, la hija de Rose, ha tenido un accidente.

—Dios… ¡Emmett está en urgencia en este momento!

—Por favor, dile que esté atento.

Edward asintió y sacó el móvil junto a las llaves del Volvo. Iban a ir de inmediato al hospital.

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Emmett estaba cortejando a Leah, pero por alguna razón, se sentía enormemente culpable, consigo mismo por engañarse, por Leah al estar alargando algo que ya no le parecía tener sentido y por Rose, en quien no dejaba de pensar.

—¿Nos veremos esta noche? —inquirió la mujer, dejando a un lado el café.

—Claro… Yo te llamo —le respondió, mirando su reloj—. Debo volver a la guardia. No quiero pensar que voy a encontrarme con un desastre en la urgencia.

Leah suspiró y se obligó a sonreír. Solo lo quería para ella.

—Y yo a pabellón, tengo cirugía a las seis.

—¿Muy pesada?

—No mucho. Estaré disponible para que vayas a por mí después de guardia, ¿qué dices?

Emmett sonrió, sin querer responder un sí, pero haciéndolo, al fin y al cabo. Hoy sentía que irremediablemente quería estar solo.

Cuando regresó a la guardia, fue rápidamente interceptado por la enfermera de guardia, quien le notificó que una pequeña de diez años llegaría al servicio por una caída de aproximadamente un metro y medio. Sospechaban de un TEC y de alguna otra fractura, pero lo más importante era que estaba inconsciente y con convulsiones.

Emmett inconscientemente pensó en Kelly, a quien llevaba extrañando por mucho tiempo. Era increíble cuan encariñado estaba de esa pequeña. Y luego pensó en la madre, a quien por más que quisiera, no podía olvidar. Era difícil hacerlo, ¿no?, si hacía muy poco había asumido en su soledad que estaba muy enamorado de ella. Sí, enamorado.

Suspiró y se concentró en su trabajo.

A eso de las seis, la ambulancia llegó al servicio. Transportaron la camilla con rapidez mientras la enfermera recababa la información y evaluaba las constantes, indicando a los paramédicos que prepararan la unidad de críticos. Emmett llegó a la sala sin imaginar que quien estaría en medio de esa camilla sería Kelly, la misma pequeña que se había robado su corazón. Fue tanta la impresión y el dolor que sintió, que acabó quedándose paralizado por varios segundos.

—Dr. Cullen —dijo la enfermera, molesta de verlo sin hacer su trabajo. El tiempo era oro en estos casos.

Emmett volvió en sí en unos pocos segundos, cuestionándose la realidad en la que se encontraba. Por un momento creyó que se estaba volviendo loco. Entonces, impulsado por las lágrimas acumuladas en sus ojos, fue a hacer su trabajo, olvidándose que era la pequeña que tanto quería.

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Rose corría por el hospital mientras Bella y Edward la seguían, muy preocupados. Cuando la rubia se quedó mirando un alrededor incierto, sabiendo que su hija se encontraba tras las paredes de aquel cuarto de críticos, su mundo se le vino abajo. Su amiga la abrazó con fuerza mientras Edward iba a preguntar si efectivamente su hermano seguía en la guardia o había cambiado de servicio.

—Todo va a estar bien —le susurró Bella.

Rose quería llorar pero no podía, algo se lo impedía y no sabía qué.

—Tengo tanto miedo.

—Lo sé.

Edward regresó a ellas, más seguro con la información que le habían dado.

—Emmett está de guardia y se encuentra en la sala de críticos —informó.

Rosalie sintió que el aire volvía a sus pulmones. Que Emmett estuviera con su hija le provocaba un poco de tranquilidad… si eso era posible. Confiaba en él, porque la quería, ¿no?

—Si algo le pasa a Kelly, ¿qué va a ser de mí? —se preguntó ella.

Bella suspiró y la abrazó, aguantándose el llanto. Había conocido a la pequeña desde que era apenas una idea, un pequeñito ser dentro de su madre. No se imaginaba algo peor que esto.

Rose se refugió en ella y se mantuvo llorando todo el tiempo que permanecieron sin respuestas, inquietos en su lugar, con Edward yendo y viniendo, queriendo respuestas. Para él también era difícil, ponerse en el lugar de Rose era algo sencillo, imaginar que uno de sus mellizos pasara por eso era realmente doloroso.

Finalmente, Emmett salió con el rostro ceniciento hacia la sala de espera. Cuando topó con Rose y los demás, todo para él fue mucho más difícil. Rose se levantó con fuerza de su asiento y corrió hasta su lado, esperando una respuesta.

—Yo… —Carraspeó—. Kelly quedará en observación en sala pediátrica. Queremos descartar cualquier trauma mayor a nivel cervical.

Rose pestañeó.

—¿Eso qué quiere decir?

—No lo sabemos. Puede haber daños, la cervical controla los movimientos que conectan con la columna y todas las otras regiones de esta.

Cuando ella escuchó aquello, su cuerpo tambaleó. ¿Qué iba a hacer si…?

—Tranquila —susurró Bella, tomándola de los hombros.

—¿Ya la llevaron? ¿Controlarán con imágenes?

Emmett asintió.

—La dejaré en manos de un muy buen pediatra de la sala. Yo… terminaré mi guardia ahora pero me quedaré… si es que me lo permites. —Miró a la rubia, quien enseguida sonrió y asintió.

—Perfecto. Bella y yo iremos a ver si falta algo para la pequeña —dijo Edward, dándole una mirada cómplice a su futura esposa.

Cuando los dos se fueron, Emmett se quitó la bata y se sentó a un lado de Rose, quien parecía muy quieta, con el maquillaje corrido y el cabello despeinado. Él no tardó en arquear las cejas y buscar su mano, mano que ella necesitaba más que nunca.

—Haré lo posible por ayudar a Kelly —susurró.

Rose no soportó y se acurrucó a su lado, dispuesta a suplicar por su abrazo. Emmett no lo dudó y la blindó del exterior, besándole los cabellos y protegiéndola del dolor.

—Todo va a estar bien —musitó.

—Gracias, Emmett.

—Quédate a mi lado, ¿sí? Siempre quédate a mi lado…

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Cuando Kelly fue revisada, las imágenes mostraron una pequeña laceración en algunas zonas de la columna, pero mayormente en su cabeza. Nada que necesitara cirugía. Emmett no había vuelto a casa en más de veinticuatro horas, estando día y noche junto a Rose, que tampoco había ido a descansar. Ya era de noche nuevamente y Kelly había recuperado el movimiento, preguntando enseguida por su mamá. Sin embargo, ella dormía plácidamente junto a Emmett, que la tenía abrazada a los pies de la cama de la pequeña, que se encontró con la hermosa sorpresa. Bella ya había llegado y cuando vio la escena, se rio junto a la nena.

—Me gusta ver a mi mami con Emmett —le susurró.

Bella suspiró.

—¿Qué crees? A mí también. Hacen una hermosa pareja, ¿no crees?

—Mami lo ama. ¿Por qué se esfuerza en decir que no?

Bella resopló.

—Dímelo a mí. Creo que está un poco loca, ¿no crees?

—Eso digo.

—Emmett es un buen hombre, ¿qué dices?

—¡Es super genial! —afirmó.

Eso reafirmó la opinión de Bella. Ellos merecían estar juntos sin miedo a nada. Así que, como buena amiga, carraspeó un poco para que despertaran. Cuando Rose abrió sus ojos y Emmett dio un salto, ambos se dieron cuenta de que tenían sus manos agarradas. Finalmente, notaron que Kelly estaba despierta y corrieron a su lado, abrazándola con cuidado.

—Oh Dios, ya estás bien. —Rose suspiraba de alegría, dándole muchos besos a la vez.

—Sí, mamá —respondió ella, como una preadolescente.

Emmett miraba con los ojos hundidos y la barba crecida, feliz de que todo estuviera bien para ambos. Pero luego comenzó a llorar, porque adoraba a Kelly con todo su corazón. La pequeña se emocionó y le pidió un abrazo, el que claramente él le regaló con todo su cariño. Rose miraba a ambos y su corazón gritaba de amor, un amor que nunca había sentido antes.

Edward justo había llegado en ese momento, por lo que tomó a Bella de la mano y le susurró lo que ya sabían: no tenían nada que hacer por ellos, ambos se estaban dando cuenta que las cosas no podían seguir estirándose, se amaban y debían estar juntos.

—Creo que deberíamos dejarlos a solas, ¿no crees? —inquirió él, besándole la mejilla a su amada Ojitos Marrones.

—Estoy de acuerdo —afirmó ella.

Se escaparon juntos, bastante más tranquilos de que estuvieran juntos y que las cosas estuvieran cerca de explotar para ambos, dándose cuenta realmente de los sentimientos del otro.

Mientras, Rose miraba a Emmett con los ojos perdidos en él mientras acariciaba de forma paternal la mano de su hija. Había llorado tanto mientras estaba esperando a que su hija despertara y él jamás se separó de su lado.

La pequeña Kelly notó la manera en la que los ojos de su madre brillaban, lo que siempre era igual cuando estaba tío Emmett junto a ella. A veces, creía que no se daba cuenta de cómo suspiraba al tenerlo cerca, pero era una chica muy vivaz y siempre había contemplado a su madre con un dejo de tristeza solitaria que se iba cuando estaba con él.

—Mami —la llamó.

Rose se acomodó a su lado, abrazándola, recordando cuando la tuvo por primera vez en sus brazos a sus cortos dieciséis.

—Me duele un poco la cabeza —añadió.

—Lo sé, cielo —respondió, dándole suaves besos en la mejilla.

—Ya pasará. Le pediré a mi colega que te dé algo mejor para el dolor, así puedo llevar a su madre a beber un café, ¿qué dices? —dijo Emmett, suplicando internamente que aceptara.

—Sí, mami, ¡ve! —exclamó Kelly.

Rosalie se mantenía dubitativa.

—Vamos, mamá —insistió la pequeña.

Tragó y asintió, mirando a Emmett con las mejillas sonrosadas.

Una vez que Kelly pudo descansar gracias a la sugerencia médica de Emmett, se fueron juntos a la cafetería del hospital, en silencio, algo tímidos y resguardados por el temor al rechazo del otro. Él le compró su pastel favorito, el de limón y luego le llevó su café ideal, el vienés. Cuando Rose se encontró con la sorpresa, simplemente quiso llorar.

—Espero que con esto te repongas luego de lo sucedido —dijo él con la voz dulce.

Odiaba verla así, cansada y triste luego de sufrir lo de su hija. Quería hacerle sentir bien, fuera como fuera, pero temía ser rechazado como tantas veces.

—Gracias, Emm —murmuró en respuesta.

Nunca lo llamaba con diminutivos. Se sintió un tonto por emocionarse tanto con tan pequeño gesto de avance, pero no pudo evitarlo.

—Solo quiero que estés bien luego de lo que sucedió.

Rosalie no quiso decirle que él también se veía abatido luego de quedarse a dormir con ella mientras pasaban la noche cuidando de Kelly.

—Te lo agradezco mucho, de verdad.

Mirarse el uno con el otro era lo que más hacían, así como dormir abrazados y necesitarse. Ambos se sentían muy tontos.

—Rose… —comenzaba a decir, desatado por sus sentimientos sin poder expresar.

—¡Emmett! —gritó Leah, entrando a la cafetería, muy contenta de verlo.

Él cerró sus ojos al verse interrumpido y se giró con una falsa sonrisa.

—¡No nos fuimos juntos anoche! ¿Qué ocurrió? —decía ella, corriendo hasta su lado.

Rosalie sonrió con tristeza y lo instó a ir con la mujer.

—Te veo allá arriba, con Kelly —musitó.

Sentía que había perdido a un gran hombre y debía aprender a aceptarlo, ¿no? Aunque doliera…

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Bella se sentía mejor de las náuseas, pero luego de escuchar llorar a su mejor amiga junto a Alice, que la escuchaban sin parar, estaba preocupada. Al menos, Kelly había sido dada de alta rápidamente.

—Kelly ya no siente náuseas por el golpe —le contó Bella a Edward, que comía mantequilla de maní y apio, echada en la cama con su doctor dándole masajes en los pies.

—¿Rose está mejor?

Bella asintió.

—¿Y Emmett?

—No deja de ir.

Los dos sonrieron, pero luego la de Bella se desvaneció.

—¿Qué ocurre, cariño? —preguntó Edward.

—¿Crees que dejen de ser tan tontos? Rose hace poco acabó llorando por él. No quiero que sufran.

Ambos suspiraron.

—Creo que debemos buscar una aliada más para nuestro plan.

—Kelly —dijo Bella.

—Así es.

Pasadas las horas, Edward se dedicó a planificar la cena que tendrían con ambas familias para anunciarles a todos que pronto tendrían un bebé y no solo uno, sino tres.

El doctor terminaba de alistar la decoración en una muy buena empresa de celebraciones mientras acariciaba el cabello de su Ojitos Marrones, que dormía profundamente sobre su pecho, en completa paz. A ratos la contemplaba, mucho más rosada, adorable y… llena de vida. A pesar de que aún Kate no aparecía y temían que las cosas empeoraran, así como la situación con los imbéciles de Jacob y James se mantenía en vilo, en conversaciones con el abogado y todos los recuerdos sin aparecer, ella… estaba feliz, aprendiendo a sostenerse, no gracias a él, sino gracias a su misma fuerza interior. Eso quería Edward, que fuera fuerte por sí misma, tal como siempre, situación que lo enamoraba más y más.

Maggie llegó temprano con los pequeños luego de recorrer el supermercado. Los mellizos venían listos para pasar con mamá, mucho más felices que nunca de tenerla siempre en casa. Sin embargo, cuando la vieron dormir, su desilusión no pasó desapercibida para su padre.

—Mamá está muy cansada —afirmó Edward, tomándolos a cada uno en un brazo.

¿Po qué? —inquirió Noah, acomodándose los pequeños anteojos.

—Porque… —Suspiró. Era momento de contarles que serían hermanos mayores, ¿no? —. Porque mamá ahora está pasando por algo que pronto les contaremos.

—¿Qué? —preguntó Ava esta vez.

—Luego…

—¿Po qué? —insistieron a la vez.

Maggie se acercó para salvarlo de tantas preguntas, aunque su curiosidad también había comenzado a aumentar. ¿A qué se refería el Sr. Cullen respecto a la señora?

—¿Qué le pasa a la señora? —inquirió la mujer.

Edward puso los ojos en blanco.

—Ven mañana a la celebración y lo sabrás.

La mujer dio brincos de alegría y le afirmó que ya había recibido la invitación tanto de la boda como de la cena.

—¡Nos vemos, Sr. Cullen!

Edward sonreía y finalmente la encaminó a la puerta. Cuando se quedó a solas con sus pequeños, los invitó a preparar una merienda para mamá, algo que ligero para calmar un poco los malestares de las náuseas.

Bella despertó veinte minutos después, recompuesta y al fin sin necesidad de eliminar lo comido antes de dormir. Aun así, tuvo unos cuantos mareos. Una vez que estos pasaron, escuchó las chillonas voces de sus mellizos, que le contaban a su papá respecto a un juego que habían inventado con Maggie. Se quedó un rato mirándolos en la sala, poniendo la mesa con esmero e intentando llegar a la altura con sus cortas piernas. Edward tenía puesto un delantal con flores que lo hacía ver muy tierno mientras dejaba caer un par de frutas a su avena con leche.

—Hola —saludó, incapaz de controlar las ganas de correr hacia ellos y llenarlos de besos.

—¡Hola! —gritaron los pequeños, corriendo a sus piernas.

Edward le guiñó un ojo y le depositó un beso en los cabellos.

—¿Estás bien?

—Demasiado.

Se dieron unas miradas cómplices y Bella comprendió que sus mellizos tenían demasiadas preguntas inocentes pero válidas. Era momento de contarles.

Isabella se puso los mechones de cabello detrás de sus orejas y se sentó en la silla, con Ava en sus piernas y Noah con Edward, frente a ellas.

—Hay algo que papá y yo queremos contarles —comenzó diciendo ella, acariciando los largos cabellos de su pequeña—. Es algo que a nosotros nos ha tomado por sorpresa, por lo que también será una completa sorpresa para ustedes. —Suspiró—. Mamá ha dormido mucho, ¿no es así? He estado muy cansada y papá también quiere cuidarme, lo que no quiere decir que dejaremos de cuidarlos y de amarlos como siempre.

—Los amaremos mucho más, solo que ahora nuestro corazón será mucho más grande —añadió Edward, apoyando su barbilla en la cabeza de Noah.

—¿Qué es? —inquirieron.

Los dos sonrieron dichosos.

—Sucede que mamá… está esperando un bebé —dijo finalmente—. En realidad… tres bebés.

Los dos pestañearon con los ojos muy abiertos.

—¿Bebés? —preguntaron a la vez.

—Aquí —señaló, tocándose el vientre.

Tanto Ava como Noah se bajaron y se acercaron para acariciarla.

—¡Bebés! —exclamaron.

—Son sus hermanitos —les recordó Edward.

Los mellizos dieron un brinco intenso y abrazaron a Bella, como si quisieran hacerlo con los trillizos que venían en camino. Ella cerró sus ojos para disfrutar de la muestra de amor, muy dichosa.

—¿Cuándo los vedemos? —Noah parecía muy ansioso.

—En un tiempo más. Ellos deben crecer y alistarse para conocer el mundo, así como ustedes lo hicieron su mami que está en el cielo. Eso no quiere decir que papá y yo los dejaremos de amar, al contrario, lo haremos con mucha más intensidad, a todos. —Les dio un beso a ambos—. ¿Y saben qué es lo mejor?

—Que serán hermanos mayores y podrán enseñarles muchas cosas. Deberán cuidarlos, protegerlos y amarlos. ¿Qué dicen? —inquirió Edward, emocionado por la manera en que Ava y Noah reaccionaban a la idea.

—Bebés —susurraba la nena, dándole besos al vientre de su mamá.

—¿Podemos jugad con ellos? —le preguntó Noah a su papá.

—Cuando sean un poco más grandes. Ahora, debemos cuidar a mamá y amarla. ¿Qué dicen?

Los dos siguieron acariciando y besando a su madre, sabiendo que ya no serían solo cinco y que pronto conocerían a sus nuevos hermanos, lo que les llenaba profundamente el corazón.

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Bella se miró al espejo, usando un vestido de suaves tonos azules y verdes. Era la primera vez que ocupaba el verde de esa manera. Era… un gran avance para ella. Edward apareció por detrás para besarle el cuello, sacándose sonrisas cómplices y enamoradas.

—Hoy es el día.

—Y estoy ocupando un color que me aterra.

—Estás mejorando.

—Lo sé.

—Ya llegaron casi todos. Están esperándote.

La emoción y ansiedad de vivir este momento fue suficiente para que sintiera las ganas inmensas de ir con él. Contarle a su familia era un momento glorioso que no quería olvidar, atesorarlo era lo más importante.

Al asomarse por el jardín, vio a toda su familia reunida, considerando a sus amigos como tal. La decoración era fabulosa y llena de una inmensa alegría. Cuando vio a sus padres, su emoción fue tal que ya quería llorar; estaban jugando con los mellizos como si siempre hubieran estado a su lado. Eran los mejores abuelos que existían junto con los Sres. Cullen.

—Papá, mamá —exclamó, mirándolos con los el llanto en la garganta.

Todos los demás también se habían girado para saludar, pero Bella estaba centrada en la emoción de sus padres, que iban a saber que pronto serían abuelos de tres pequeños más.


Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Y sorpresa, no hay ningún problema, tampoco son dos, ¡sino tres! La felicidad llegó a la familia y aún queda contarle a todos de la hermosa noticia. ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

¿Cuándo el siguiente? Muy pronto, como siempre digo, depende de ustedes

Agradezco los comentarios de EmilyChase, Pam Malfoy Black, Black Angel Lilith, barbya95, cavendano13, Liliana macias, AndreaSL, ale173, Ivette marmolejo, LuAnka, Lys92, Robaddict18, Bellscullen8, Krisr0405, saraipineda44, Eli mMasen, Coni, Jessi, Ilucena928, LicetSalvatore, Elejandra Solis, Marieisahale, CeCiegarcia, Markeniris, Lauritacullenswan, claryFlynn98, Veronica, kotoko haruno, Berenice Vargas, rjnavajas, Daniela G, Jade HSos, Belli swan dwyer, GabySS501, Jocelyn, Valentina delafuente, Jocelyn, freedom2604, Cecy Dilo, viridianaconticruz, Milacaceres11039, brenda naser, Viridiana hernandez 1656, duniis, Maribel hernandez Cullen, valevalverde57, Noritha, tereyasha mooz, celyjow, Rero96, Simone Ortiz 7393, Bellalphine black, Brenda Culenn, Joa Castillo, Lalyrobsten, Fernanda javiera, Andre22 twi, cris, Santa, Ilucena928, Adriu, breezecullenswan, Melany, SeguidoradeChile, Jenni317, Lore562, Fallen Dark Angel 07, Mss Brightside, debynoe12, ELLIana11, Yoliki, Elizabeth Marie Cullen, CCar, Bell Cullen Hall, Gaby Huesca Mdz, Liz Vidal, Sollpz 1305, twilight secret love, patymdn, Gladys lutz, astridCP, ELIZABETH, ZellidethSaga76, Claribel Cabrebra, crazzyRR, Kamile Pattz Cullen, Gladyz Nilda, JMMA, Pameva, Lectora18, NoeLia, Desiblack, Monze Urie, Vero Morales, Fernyyuki, Pancardo, Diana2GT, A Karina sg, Bealnum, Katyta94, alejandra1987, calia19, Alyssag19, Manu NyN, Sheep0294, DanitLuna, AnabellaCS, Diana, Sther Evans, Liz Maratzza, Flor Santana, Anna, beastyle, Angeles MC, ppiligm, Naara Selene, Esal, Noah, Elmi, KRISS95, Valentina paez, Alexa nash, mikathevampire, luisa Huiniguir, Jenni98isa, luisita, aliceforever85, fernanda21, konygreen, Eni Cullen Masen, Randa1, Angelus285, Stella Mino, tulgarita, Vanina Iliana, Manito Izquierda xd, Rosy canul 10, Dominic muoz Leiva, ceci machin, Angel twilighter, mela masen, alma Cullen masen, dannyvasquezp, tataXOXO, salve el atun, erika, mayraargo25, Tina Lightwood, PielKnela, chiqui covet, nancygov, LucyGomez, Masiel Oliva, Adianacarrera, Thiare oliva, Jackie rys, MariaL8, Srta Cullen brandon, Aidee bells, JoaBruno, Somas, Laliscg, NarMaVeg, YessyVL13, Cary, Alicecarolina11, Beth, morenita88, Sony Bells, beakis, Gis Cullen, Tereyasha Mooz, Terewee, Ale dani, NaNys SANZ, Smedina, beatrizalejandra becerraespinoza, kathlen Ayala, nydiac10, esme575, Twilightter, amaya Cullen, Gibel, Iza, m alecullen, miop, carlita16, Saydiss, Alejandra Va, pax399, Camilitha Cullen, Bella Nympha, ari Kimi, Diana Montoya, Roxy Morales, Isabella Cullen Swan, Jupy, bbluelillas, magiclove ice 123, martuu341, blanca idalia, florvillu, lu40, lunadimm, Karen pamela 231, mariana y Guest, espero volver a leerlas nuevamente cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, muchas gracias por su entusiasmo y su cariño, de verdad gracias

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