Holaaa de nuevo! Actualicé un poco antes, lo sé, normalmente lo estaba haciendo los jueves pero decidí que este capítulo era demasiado transicionario que no podía guardarmelo más, ya que el siguiente planeo actualizarlo antes de la semana. Así que sí, este capítulo no hace avanzar demasiado la trama pero sí que es necesario para llevar al personaje del punto A al punto B. Espero pueden entenderlo y aún así, no les resulte aburrido.
Como ya les había comentado antes sigo en cuarentena y probablemente esto se extenderá por un mes más :c Por favor díganme que México no es el único país que sigue en estas condiciones. Necesito volver a hacer mi vida :'c aunque estar aquí actualizando muy rápido también me hace feliz.
No se olviden de dejar reviews que estamos por llegar a los cien comentarios (yeeeiiiii). También quiero agradecer a SerenaMileto por siempre estar aquí, ya que no pude responder a su comentario del capítulo pasado.
A leer:
Capítulo 24.
Lily no podía creer el tiempo que había pasado antes de recibir una llamada de su padre, regañándolas por la fiesta del domingo en la noche, incluso después del cumpleaños de Petunia. La voz de Richard había resonado tan fuerte por el móvil en altavoz que las hermanas Evans se habían quedado simplemente en silencio. Ya no sentían tanto miedo como cuando eran más jóvenes, pero sí que infringía una gran carga de respeto, era el hombre que las mantenía, a quién le debían su educación. Les advirtió que no debía volver a pasar algo parecido, ya que no quería a un montón de vándalos entrando a su casa.
Increíblemente se habían librado de un castigo, Lily no sabía si era porque lo había olvidado, por estar tan ocupado gritando, o lo dejó pasar porque era por el cumpleaños de Petunia. Por el motivo que fuera habían bailado alrededor de la cama mientras escuchaban el sermón del hombre.
Algo que había sorprendido a Lily fue que su padre no sabía nada de la fotografía de James y ella que circulaba por el campus. Era extraño porque solía enterarse de cosas más absurdas que esa, pero en esta ocasión no lo había mencionado. Lily se sintió agradecida pues evitaría la pena de decir que lo suyo solo había durado unos cuantos días.
Por último, les informó que las visitaría pronto. Lo cual significaba que podría llegar en cualquier momento, tal vez al siguiente día o en dos semanas más. Era la ocasión de mantener todo en regla para evitar cualquier clase de problema con su padre. La limpieza era primordial, y no podrían salir a deshoras o algo parecido.
Lily debía tener especial cuidado, ya que había pasado la última semana revisando cada uno de los rincones del despacho de su padre. Había muchos archiveros y cada uno de ellos estaban llenos. No parecían tener ningún orden en especial lo que hacía la búsqueda más difícil, y además ni siquiera sabía con certeza qué era lo que le confirmaría o le negaría sus pesadillas. Pensaba encontrar algún recibo del hospital o algo parecido que le indicara la fecha exacta, con eso podría partir.
Petunia no se había enterado de esto, Lily solía hacerlo por las noches cuando ella ya estaba dormida. No era porque no le tuviera confianza ni mucho menos, simplemente creía que su hermana sabía más de lo que se atrevía decir. Tal vez era un tema que dolía demasiado y no quería hablar de ello, por lo que Lily había llegado a la conclusión de que debía actuar sola.
Le dedicaba algunas horas después de que Petunia dormía, y hasta entonces había podido revisar dos archiveros. Iba demasiado lento y no sabía si podría encontrar algo antes de que su padre se presentara. Dormía pocas horas, lo que la hacía sentir agotada.
Por la mañana iba a la universidad, por las tardes estudiaba o realizaba alguna actividad recreativa, y por las noches revisaba el despacho. Le costaba abrir los ojos por las mañanas, y por primera vez no se sentía con ningún ánimo de presentarse en la brigada.
Habían avanzado bastante en el proceso, lo que indicaba que terminarían a tiempo para el cierre del ciclo escolar. Se suponía que las últimas semanas eran las más pesadas y aunque Lily sí que estudiaba durante un par de horas al día, sabía que no era suficiente. Los exámenes vendrían pronto; si quería mejorar sus calificaciones debía dedicarle más tiempo. Pero no quería, en ese momento no le interesaba tanto como los secretos de su familia. Esto podría cambiar su vida por completo.
El sábado por la mañana le costó levantarse tanto como el resto de los días. Sentía el cuerpo agotado y los ojos resecos. Se había dado un baño por la noche pero necesitaba una ducha para despertarse.
Con el cabello húmedo salió de casa, se montó en el mini cooper de Petunia y salió rumbo al campus. Estaba un poco nerviosa de encontrarse con James. Lo había visto en algunas ocasiones en las clases que compartían, pero él solo había lanzado una mirada de lejos antes de concentrarse en sus asuntos. Le dijo que le daría tiempo para pensarlo mejor, pero ella no lo necesitaba. Había tomado una decisión, sin embargo los fuertes sentimientos por el chico le hacían dudar si podría mantener su palabra.
Antes de dormir dedicaba su tiempo a revisar las pocas conversaciones que habían tenido por mensaje de texto. Hacía zoom en la foto que le había enviado hace tiempo de él acostado en su cama; se regresaba a su galería donde veía esa fotografía recortada de la fiesta en el departamento de Sam, donde aparecían ellos en la parte de atrás; incluso, había gastado tiempo en encontrar la fotografía de ellos que circulaba por el campus. No podía apartarlo de su cabeza y eso la hacía débil. No quería ceder, y se asustaba de estar demasiado tiempo con él en la brigada, porque había pocas personas y ellos estaban en el mismo equipo.
A pesar de todo llegó a tiempo. Los chicos estaban sentados en el pasto como solían hacerlo conversando. Se acercó al pequeño grupo conformado por Annie, Sam y Amelia, que la recibieron con una sonrisa. Mantenían una conversación acerca del avance que habían logrado en las últimas semanas, ellos ya se encontraban pintando las paredes y Noah les había dicho que la próxima semana llegarían algunos muebles que colocar. Una vez que terminaran, ellos habrían concluido el trabajo, y eso a Lily la decepcionó un poco. Había sido transferida al peor equipo, el más lento y los que terminarían mucho después que los demás.
—Creo que nunca terminaremos —dijo mirando sus piernas estiradas sobre el pasto.
Hacía mucho calor. Ese día se había puesto unos pantalones cortos y todavía llevaba el cabello suelto y húmedo por la ducha, el suave viento lo movía de un lado a otro. Elevó los ojos verdes hacia el frente, Sam la estaba observando. Ni siquiera veía sus piernas desnudas, sino miraba su rostro con atención. Cuando lo descubrió pudo notar las mejillas sonrosadas, y hasta ese momento, no le había prestado mucha atención. Era un chico atractivo sin duda. Tenía la piel morena como un chocolate con leche, sonrisa amplia, labios gruesos y ojos avellana. Su personalidad también era agradable: un líder nato, amigable y preocupado por los demás. Había detectado una mirada, esa mirada que le dedicaban algunos de los chicos del campus.
Alejó el cabello de su rostro incómoda colocándolo detrás de las orejas. Los chicos seguían con la conversación, pero después de eso Lily fue consciente que Sam la miraba más de lo que se consideraría natural. Se lamentó a sí misma, él era un buen chico, ¿por qué no se había enamorado de alguien así? Líder, de buenas calificaciones, buena familia y con un gran grupo de amistades.
—Es hora de irnos —dijo Annie golpeando su rodilla. Se había quedado distraída y pensando más de lo que debería, como siempre.
Se puso de pie con dificultad, estuvo a punto de trastabillar pero un brazo amable la sostuvo.
—¿Estás bien? —preguntó Sam con esa sonrisa que lo caracterizaba.
—Sí. Mi tobillo sigue estando débil pero no me dolió.
El chico asintió y soltó su brazo. Guardó las manos en los bolsillos de sus pantalones deportivos mirando alrededor. Lily lo veía venir, sabía lo que vendría a continuación:
—¿Tienes algo que hacer por la tarde?
El corazón comenzó a palpitarle con rapidez. En su rango de visión apareció la todoterreno negra, y un James medio dormido bajó del auto con prisa. Se detuvo en seco cuando los vio a los dos debajo de un árbol. Lily regresó su atención a los ojos avellana que todavía esperaban una respuesta.
—No. ¿Tienes algo en mente?
¡Estaba aceptando! No sabía por qué lo hacía, tal vez era porque James había detenido su camino para observarlos. Él no estaba tan cerca como para escuchar su conversación, pero era inteligente y debía saber lo que estaba pasando.
Sam soltó un suspiro de alivió y mordió su labio inferior.
—Estaba casi seguro que me rechazarías, no me lo puedo creer.
—¿Qué?
Estaba distraída y lo sabía.
—Supe que rechazaste a Noah un par de ocasiones y hasta hace unos días pensaba que salías con Potter. La gente decía que se andaban besando por el campus, pero también supe que lo habías echado de una fiesta el domingo.
¿Así que el campus se enteraba de todo? No podían saber los motivos reales de su pelea, pero sí que era suficiente con que algunos la hubieran visto echándolo de su casa después de la fiesta para crear todo un rumor.
—Nunca estuvimos juntos en realidad —Solo atinó a decir.
Sam pareció relajarse considerablemente, y se apoyó en el tronco del árbol en una pose coqueta.
—Me gustaría llevarte a almorzar, ¿está bien?
Trató de sonreír también, pero solo era cada vez más consciente de que James daba grandes zancadas acercándose a la entrada del edificio.
—Me encantaría. Te paso mi dirección.
Sam parecía demasiado feliz, y Lily fingió no darse cuenta que lo había visto dar un pequeño salto con el puño en alto en señal de victoria. Era un buen chico, tal vez no tenía sentimientos por él pero estaba segura que sería respetada; no se pasaría de la raya como el resto de los trogloditas con los que había salido antes.
Lily tomó su posición en el segundo pis: todavía estaban llevando a cabo el trabajo de limpieza, les quedaban algunos salones por terminar, así que tomó una de las escobas para comenzar a tallar con agua y detergente. Había otra chica en el mismo lugar y entre ambas se dedicaban a darse ánimos.
Las horas fueron pasando sin ningún contratiempo. Noah no la había molestado en todo el día, al parecer después de enterarse que James era el hijo del rector, había decidido mantener su distancia. Lily fácilmente podría denunciarlo por acoso, y definitivamente eso no debía estar en los planes del delegado. Era un aspecto penado y podría perder su trabajo por acosar a una alumna, aún a pesar de que él solo era un pasante.
Por otro lado, la pelirroja solo se alegraba de no sentir esa presión. Noah la había tratado como a los demás y ni siquiera la había mirado tanto como normalmente hacía. Otra persona que tampoco le había prestado mucha atención era James. Solo lo había visto una vez, mientras él y otro chico trasladaban uno de los muebles destruidos por el pasillo. Ni siquiera había aparecido durante el descanso, lo cual era bastante extraño. Lily había estado recostada en el pasto con Annie, Amelia y Sam conversando a su lado.
El color verde de las hojas de los árboles le recordaba a la pintura que James había hecho de su voz, tenían diferentes tonalidades, y después se reprendió a sí misma. Casi cada cosa que pasaba por su cabeza de una u otra forma la llevaban a un mismo lugar: James. El único que había permanecido en su mente en las últimas semanas; el que le hacía dar vueltas en la cama sin poder dormir; el que le provocaba sensaciones en el estómago con el simple pensamiento de él, y huracanes cada vez que lo veía.
Su móvil vibró en el bolsillo del pantalón corto y lo tomó con una mano sin abandonar la posición. Un huracán fue provocado en ese momento al leer el nombre del aludido en la pantallita. Era un mensaje, lo abrió con ansiedad e hizo contraluz con su otra mano para poder distinguir las letras.
De: James
11:36 a.m.
Sé que saldrás con Sam hoy por la tarde. Solo ha pasado una semana y nadie puede olvidar tan pronto, ni siquiera tú.
No detendré tu cita, sé que será un desastre: porque cuando te asomes por la ventana me verás a mí, y no a él esperando por ti. Cuando tome tu mano, podrás sentir mi tacto. Cuando te aburra con sus conversaciones absurdas pensarás en lo mucho que te divertías conmigo, y lo que te interesaba cualquier cosa que yo tuviera por decir. Cuando se despida de ti con un beso, desearás que sean mis labios. Estoy dentro de tu piel, así como tú te metiste en la mía. Lo nuestro es especial y lo sabes tan bien como yo.
No pensé que lo de tu hermana te fuera a afectar tanto; me arrepiento de haberlo hecho. Esta vez estoy dispuesto a ceder. Te lo prometo. Es cierto y solo necesito que me des la oportunidad de hablar contigo, para que sepas que lo que te digo es solo la verdad.
Una lágrima se desprendió de su ojo sin poderlo evitar. Miró a su alrededor avergonzada, asegurándose de que nadie se diera cuenta. Así era, cada quién seguía en sus propios asuntos. Volvió a mirar la pantalla, James seguía en línea esperando su respuesta. Con el dedo pulgar tembloroso escribió una letra, pero no pudo continuar. No tenía nada que decirle. Probablemente era cierto y era muy pronto para salir con alguien, pero no podía echarlo a la basura, Sam era un chico que valía la pena.
Borró la letra y se dio cuenta que James había comenzado a escribir de nuevo.
De acuerdo. Si es así, para demostrarte que digo la verdad y estoy dispuesto a abrir mi armadura, te escribiré de manera aleatoria diciéndote algo de mí; cosas que te puedo asegurar nadie más sabe. Te darás cuenta que digo la verdad y espero consideres darme la oportunidad de hablar contigo.
Bloqueó el móvil y lo dejó en su pecho. Sentía un gran huracán en su estómago, las mariposas ya lo habían abandonado. Las sensaciones eran fuertes, se extendían por sus músculos y huesos. James estaba en cada parte, como lo había dicho: dentro de su piel.
—Se terminó el descanso, vuelvan todos adentro —anunció Noah en la escalinata del edificio.
Lily se encontraba sentada en la sala con el móvil en las manos. Sam le había enviado un mensaje diciéndole que ya estaba por llegar y ella esperaba. Se veía divina, incluso se había atrevido a usar tacones por primera vez después del esguince en el tobillo. Lo necesitaba sentirse segura. El vestido era rosado y el cabello estaba peinado en suaves ondas.
No podía alejar los ojos de la pantalla. James no había parado de enviarle mensajes durante todo el día revelando cosas de él:
El nombre de mis padres biológicos es Fleamont y Euphemia Potter.
Me llamo James en honor a mi abuelo materno.
No tengo un mejor amigo. Ni siquiera sé si he tenido un solo amigo sincero en mi vida.
Cuando murió mi padre estuve con tantas familias porque siempre me escapaba de las casas de acogida, si no lo hubiera hecho probablemente hubiera sido adoptado muy pronto.
De pequeño sufrí acoso escolar hasta que me atreví a golpear a mi agresor.
A los ocho años me transfirieron a una clase especial por ser superdotado en los números y dimensiones.
Mi color favorito es el azul.
Aprendí a cocinar para poder alimentar a mi padre.
Me involucré en el mundo del narcotráfico desde que mi padre falleció. Su único amigo me apadrinó y me enseñó todo lo que sabía para sobrevivir.
No soy buen nadador y me aterra estar en el agua.
Mi primer beso fue a los once años con una niña llamada Susie.
Aprendí a tocar instrumentos autodidacta, pero solo puedo replicar la música que escucho. No estoy listo para componer.
Siempre me gustó pintar, pero es solo un pasatiempo. Nunca me he informado acerca del arte y no tengo conocimientos al respecto. Mi proceso es empírico. No sé dibujar personas, ni paisajes, ni cosas. Solo pinto colores en lienzos en blanco.
La sinestesia me ha hecho más perceptivo con las emociones de los demás. Aún no sé qué hacer con esa información.
Había eso y mucho más. James había estado enviando por lo menos cinco mensajes por hora con detalles aleatorios acerca de él. Tenía que admitir que le parecía muy dulce, y aunque en un principio se enojó porque solo lo hacía por su cita con Sam, recordó que él le había pedido hablar mucho antes que eso. También le había dado su espacio, sin embargo, ahora estaba más insistente que nunca.
Escuchó un claxon y salió de la casa. Sus tacones se hundieron ligeramente en el pasto pero estaba tan acostumbrada, que ya dominaba el arte de caminar en puntillas. Sam se bajó del auto y soltó un "Woah".
Lily se sonrojó ligeramente.
—Te ves preciosa —exclamó, y plantó un beso en el torso de su mano.
También se veía guapo, usaba una camisa verde claro que hacía destacar aún más sus ojos avellana. Le abrió la puerta para que subiera al sedán color blanco, provocando que Lily se sintiera incómoda. Él estaba siendo muy caballeroso pero no estaba segura de que le gustaran los extremos. Sam subió del lado del piloto y le dirigió una sonrisa de lado. El chico era simpático. Probablemente era la cabecilla de la brigada, tenía buena conversación y olía bien.
En camino al restaurante su plática se enfocó en los planes que tenían para el futuro. Sam se graduaría el próximo año al igual que Petunia, estudiaba una carrera en Administración. Su familia tenía una gran empresa de electrodomésticos y pensaba dedicarse a ello. Lily lo escuchó con atención, aunque le costó seguir el hilo de la conversación cada vez que su móvil vibraba. Agradeció que Sam no había sido insistente en averiguar acerca de los planes de Lily en el futuro, ya que todavía no los tenía y estaba demasiado distraída para inventar algo.
El restaurante era elegante. Más de lo que a Lily le hubiera gustado. A pesar de haberse esmerado en su atuendo, no se sentía completamente cómoda con el vestido de su elección, ese era un lugar para otro tipo. Sam por otro lado, iba bien vestido y con la sonrisa resplandeciente. Había reservado una mesa en la terraza, y quiso que se la tragara la tierra cuando notó un gran ramo de flores rojas sobre la mesa.
Sam se giró hacia ella con una sonrisa y tomó el ramo extendiéndoselo. Se sentía muy incómoda. Demasiado. Se suponía que saldría con él, pasarían un buen rato y nada más. Nunca se imaginó en un plan romántico. Sam ni siquiera le gustaba, es decir, era un chico agradable pero no tenía ningún sentimiento por él y esa escena le parecía de lo más fuera del lugar.
Aceptó el ramo con una sonrisa tensa, pero se aseguró de colocarlo bajo la mesa para que el resto de la gente no pudiera verlo. Inmediatamente recordó el lugar juvenil donde James la había llevado la primera vez que salieron a cenar, un restaurante cerca del campus de hamburguesas gourmet, eso era todo lo opuesto. En cambio, este lugar tenían carta que te ofrecían la cena en tres tiempos, copa de vino y postre.
Por debajo de la mesa jugueteó con el dobladillo del mantel.
—Sigo sin creer que estés sentada frente a mí en este lugar. Nadie hubiera apostado por mí —dijo Sam con una sonrisa. Después levantó su móvil captando la imagen de Lily. Lo que le faltaba, hacerlo más incómodo—. Tomémonos una selfie.
Le dio la espalda para tomar la fotografía de los dos. Lily permaneció en su lugar, solo bajó un poco la cabeza y forzó una pequeña sonrisa.
El mesero dejó dos copas de vino blanco sobre la mesa, y la pelirroja se apresuró a darle un sorbo. Si quería sobrevivir la cena tendría que estar fuera de sus cabales. Sam se disculpó diciendo que iba al tocador, situación que aprovechó Lily para sacar el móvil de su bolsillo, y revisar los mensajes que James había enviado durante el trayecto en el auto.
El primer día que compartimos clases y me di cuenta que eras tú la que estaba sentada a mi lado, pensé que debía salir contigo por lo menos una vez. Debía besarte y abrazarte, pero solo quise algo: conocer el color de tu voz.
El labial rojo que usas es mi favorito, me dan ganas de besarte hasta el cansancio. Lamentablemente no lo usaste una sola vez en los días que estuvimos juntos.
Ojalá supieras la cantidad de veces que me masturbé con la imagen de tu cuerpo inclinado en el alfeizar de la ventana de tu habitación.
—¿Sucede algo? —La voz de Sam la volvió a la realidad.
Se había quedado absorta leyendo los últimos tres mensajes de James. Tenía las mejillas sonrosadas y el corazón golpeaba con fuerza su pecho.
—Nada. Solo un mensaje de mi hermana. Parece que tendré que volver más temprano, tiene un poco de fiebre y me gustaría asegurarme que se encuentra bien —mintió con rapidez.
No quería lastimarlo pero esa cita había sido una pésima idea. James tenía razón, era demasiado pronto.
Al llegar la cena tuvo que soportar que Sam no dejaba de hablar, siempre lo había notado parlanchín, pero hasta ahora no se había dado cuenta de lo molesto que podía resultar. No la dejaba emitir ni una sola palabra, hablaba solo de él y jamás preguntó por ella. Su ego estaba por las nubes, sin duda, solo un chico adinerado de buena familia podía permitirse una cena como esa, con una chica que ni siquiera estaba suficiente interesada.
Trató de comer rápido para acelerar la hora de irse, pero Sam tardaba tanto en comer mientras hablaba, que estuvo tentada a utilizar ella misma la cuchara y meterla en su boca. Le dolía el cuello de asentir y probablemente ya se había tomado tres copas de vino cuando llegó el postre. Era una tarta mousse de chocolate, se veía glorioso. La delgada capa solida gritaba en ser rota por la cuchara. Cuando se llevó el primer bocado, casi quiso chillar. Algo duro golpeó sus labios y se detuvo para sacar un precioso anillo con piedras incrustadas.
Agradeció que no era un maldito anillo de compromiso, porque entonces habría corrido el mantel para tirar todos los platos al suelo. Centró su atención en Sam que tenía una gran sonrisa.
—¿Te gusta?
Suspiró. Sentía un hueco en el estómago y no podía soportarlo más.
—Lo siento pero no.
—¿Es que no te gustan las piedras moradas? No hay problema, podemos cambiarlas por el color que quieras.
—No me refiero a eso —interrumpió Lily—. El anillo es precioso, en serio. Es solo que… es demasiado. El anillo, las flores, el lugar… yo… simplemente creo que tomé la decisión incorrecta de aceptar. De verdad lo siento. No quiero lastimarte.
Mientras decía esas palabras la expresión de Sam poco a poco fue cayendo. La hacía sentir culpable y lo era, por supuesto, pero nunca se imaginó que las cosas evolucionaran así.
—No entiendo. Esto le gusta a las chicas —musitó—, después de una cena en este lugar ellas humedecen sus bragas.
Aquello no le gustó.
—¿Tú planeabas acostarte conmigo? —preguntó incrédula, Sam no le había dado esa vibra.
—No. Yo… bueno… pensé que si se daba no me negaría. Simplemente quería impresionarte, es todo. Todo el mundo sabe que te gusta Potter, yo solo quería ocupar ese lugar. Me atrajiste desde el primer día de las brigadas —explicó—, eres hermosa.
Se sintió sonrojar por lo último. Estiró su mano con el anillo en alto.
—Lo siento —murmuró.
Sam lo recibió con los hombros bajos. Suspiró y lo contempló antes de guardarlo en el interior de su chaqueta.
—Por lo menos conserva las flores. Terminemos el postre y te llevaré a casa.
Agradeció que fuera tan comprensivo. Mucho más relajada pudo divertirse en los últimos momentos juntos. Habían empezado a hablar sobre sus compañeros de brigada, y Lily descubrió que Jen se la pasaba acosándolo para obtener algo de él. Sabía que después de la fiesta en su departamento había quedado impresionada, pero Sam no quería nada con alguien tan interesada. Además, se habían acostado ese día y no le apetecía repetir.
Aquello parecía ser muy privado, pero Sam hablaba con completa naturalidad. Lily quiso hacer lo mismo, sentirse cómoda con ese tipo de temas. No sabía por qué le provocaba tanto pudor hablar sobre el sexo, pensaba que se debía a haber sido criada por un padre ausente. Él había sido el que les prohibía relación con hombres, lo que a Lily nunca le permitió explorar su sexualidad de la misma forma en la que lo había hecho Petunia.
Al llegar a casa, Sam la acompañó hasta la puerta. Pensó que la besaría pero se limitó a pasar el peso de un pie al otro mirando el pórtico. Corría una brisa fresca, el cielo estaba nublado desde más temprano, y en ese momento más que nunca amenazaba con comenzar a llover.
—Bueno —suspiró Sam incómodo, hundió las manos en los bolsillos de su pantalón—, me preguntaba si…
—¿Podías besarme?
—Sí.
Lily ni siquiera lo pensó demasiado.
—Solo si aceptas que sea platónico.
El chico asintió con la cabeza. No tardó nada en sacar una de las manos de sus pantalones y posarla en la cintura de Lily. La atrajo con rapidez y le plantó un beso semicerrado en los labios. Solo duró un par de segundos, y se alejó con el ceño fruncido.
—¿Nada? —preguntó Lily. Solo porque quería confirmarlo.
—Nada —aceptó Sam. Dio unos pasos atrás alejándose y soltó un suspiro—. ¿Podemos hacer como si esto nunca hubiera pasado? ¿Qué te parece ser amigos?
Lily no pudo evitar reír. Sí, definitivamente Sam le agradaba, ahora sabía que como amigos todo sería mejor.
—Claro —aceptó tomando la mano que el chico le ofrecía.
Sam sonrió una vez más y volteó a ver su auto.
—Demonios, ya empezó a llover. Tengo que irme. Nos vemos pronto, Lily.
—Gracias por la cena —Alcanzó a decir cuando el chico ya atravesaba el pasto a trote. Se despidió sacudiendo la mano antes de ingresar en el vehículo.
Lily se quedó unos minutos más, observando la lluvia humedecer todo. Se sentó sobre la escalinata y se sacó las zapatillas para sentir la brisa sobre sus pies. El cielo ya estaba oscuro y las calles desiertas. A pesar de que la comida había sido un desastre pudo rescatar los últimos minutos con Sam, y solo le hizo reafirmar lo que ya sabía. Estaba completamente enamorada de James.
No salía de su cabeza, incluso cuando besaba a otro hombre. Él había aparecido en cada minuto, en cada conversación y en cada pensamiento. No había podido evitar hacer comparaciones entre los dos chicos. Eran tan diferentes, y solo entonces se dio cuenta que probablemente James y ella no eran tan opuestos como pensaba. Ambos tenían problemas familiares y les costaba hacer amigos. Sus gustos eran similares y disfrutaban de las mismas cosas, como aquellas simples que le habían disgustado tanto de Sam. Ahora apreciaba la habilidad de permanecer callado de James, aquello lo hacía infinitamente más interesante que alguien que escupía todo por doquier.
Extrañaba pasar el tiempo con él. Habían pasado solo unos días, pero estos habían sido lentos y aburridos. Ahora no sabía que pensar, ¿se arrepentía de haberlo echado de su vida? Tal vez Petunia tenía razón y era la responsable de lo que le había pasado. Su hermana estaba bien, pero la acción la había lastimado. No solo el venderle drogas a Petunia si no haberla rechazado cuando ella pretendía llevar su relación a otro nivel. James le dijo que no, dañó su orgullo femenino y le hizo darse cuenta de todas las veces que él se había cerrado como un caparazón, a pesar de que había dicho lo contrario antes. Además, ni siquiera se había disculpado…
Ahora solo quería besarlo. La textura de los labios de Sam no era agradable, no era James. No podía quedarse con esa sensación. Debía intentarlo, aunque fuera una vez más. Debía ser valiente. Ser valiente era entregarlo todo aunque eso significara regresar en parte. Y ahora se daba cuenta: está dispuesta a hacer un último intento.
