Capítulo Veintiocho

A veces le parecía irreal cómo todo funcionó. Después recordaba los informes a distancia, la poca comunicación que sostuvo con ella los días siguientes y todo avance mínimo se diluía entre sus manos. Ahora era fin de semana. Tenía pendientes gracias al tratado que no logró concertar en los días previos, todo gracias a que no lograba sacar de su cabeza al hombre que ahora no sólo salía con su chica, sino que también usaba su ropa.

Sabía que estaba mal auto invitarse, en especial cuando ni siquiera era tan cercano a la familia de Anna. Salvo con Ethan, con quien a veces intercambiaba opiniones deportivas de algunos partidos de la liga de soccer por mensajería. Con el resto tenía un trato educado, normal. Tampoco podía decir que era mucho el tiempo de convivencia como para establecer lazos más cercanos.

Estacionó el auto cerca de la entrada, sacando con él, un portafolio de documentos. No era tonto como para llegar improvisado. Tocó a la puerta principal, aunque de antemano sabía que siempre se entraba por el otro lado. Sin embargo, no quiso parecer confianzudo y esperó paciente que alguien abriera la puerta. En este caso, fue recibido por la madre de Anna.

—Señor Asakura, qué sorpresa—pronunció extrañada, permitiéndole entrar— Adelante.

—Gracias.

—Si buscas a Anna, ella no se encuentra—respondió secando sus manos con el delantal—Fueron a comprar unos helados al parque y a lavar ropa.

Típico de Anna, comer helados. Aun así, no tenía ni un gramo de más, aunque comiera veinte conos. Claro, con él hacía bastante ejercicio.

—En realidad, busco al señor Kyoyama.

Un pequeño brillo en su mirada la delato.

—¿Vienes a pedir su mano?

Un feroz sonrojo y una mueca de horror pasaron por su rostro.

—¿Qué? No, no, no—negó moviendo su cabeza—Vine a hablar de negocios.

—Entiendo—dijo con torpeza—No sé por qué tuve esa impresión. Sigue por la puerta del fondo, él está en el estudio, seguro le agradará verte.

Respiró un momento, acatando sus indicaciones. Era evidente que tenía una gran reputación, porque Kyoyama también le dejó sentir su agrado por verle de nuevo. Hasta ese momento, sintió que todo estaba bien.

—Anna me comentó sobre eso el otro día—dijo de buen humor el hombre—De modo que ya has seleccionado un lugar para el hotel.

Suspiró, estaba en las últimas negociaciones para la adquisición del lugar. Sería cuestión de días para concretar la compra.

—Será en Brihgton—le informó.

—Es un hermoso lugar, justo a una hora de Londres.

—Sí, también le facilitaría la cercanía para el abastecimiento de productos—dijo en modo más elocuente—Tengo un concepto de lo que quiero. Voy a remodelar, pero el restaurante, que es lo mejor, está casi listo para operar en lo que se concluyen las otras modificaciones. Supongo que en algo podemos concretar para ajustarnos a un negocio ganador.

El ganar-ganar como punto de referencia.

—Sólo espero que dentro de estas negociaciones no entre mi hija—se atrevió a bromear.

Era la segunda vez que le mencionaban esa idea.

—Sólo bromeo, señor Asakura, de antemano sé que usted viene a tratar negocios conmigo—dijo con un tono más formal—Sólo quiero asegurarme de que esto en verdad quede independiente de la relación que usted tiene con mi hija.

No entendía por qué le decían esa clase de insinuaciones.

—Señor Kyoyama, nuestra transacción operará con todos los lineamientos legales. Firmaremos un contrato y lo llevaremos a cabo de acuerdo a las cláusulas de cada parte, con apego a las leyes mercantiles. No busco sacar provecho de ningún modo y… sólo para enfatizar, mi relación con Anna también es laboral. Por lo que esto no afecta de ningún modo nuestro contrato.

Como dijo, tenía buena labia para vender y convencer. Esperaba que tuviera el mismo poder para convencerlos de que sus intenciones no iban dirigidas a una sortija con diamante. El rostro del hombre se dignificó de orgullo al verlo, tal vez el mismo orgullo que le hubiese gustado ver en su propio padre.

—Bien, señor Asakura, entonces sígame—dijo levantándose—Le mostraré algunos productos, aunque todavía no empezamos la producción como tal. Pero en unas semanas, lo volveré a invitar para que observe de primera mano la fabricación de nuestros insumos.

Lo mismo que Anna le había mencionado.

—Perfecto.

Ambos salieron del despacho, escuchando las risas. Sonaba a muchas personas entrando al lugar, lo cual no sería raro si estaba toda la familia reunida en la cocina.

—¡Oh, qué oportuno! —exclamó con una pequeña sonrisa—Llamaré a Anna para que le muestre la bodega, mientras acondiciono nuestro centro de operaciones. Un momento—le pidió caminando hacia el comedor.

Tardó sólo unos minutos hasta que vislumbró esa figura que tanto le gustaba. Llevaba el cabello en ligeras ondas, mientras usaba un pantalón de mezclilla entallado que hacía visible a la perfección la silueta de su cadera y su parte trasera. Tacones rojos, blusa blanca con mangas perfectamente fajada. Anna era sinónimo de delicioso, en cualquier contexto.

—Señor Asakura—pronunció con un tono firme.

—Señorita Kyoyama—respondió en el mismo tono.

—Creo que no anticipó su llegada—dijo viéndolo escéptica—Creí haberle sugerido que una visita posterior sería mas enriquecedora para usted.

—Por supuesto, pero los negocios no paran por convenientes tan poco prácticos, eso debería saberlo usted, que fue…más que mi mano derecha—describió acercándose—De hecho, juraría que hace mejores trabajos que mi propia mano derecha.

Esa connotación podría significar más que una cosa.

—Estoy segura que Jeanne hace un buen trabajo.

—No hablaba de Jeanne—dijo frente a ella.

Ella sonrió de lado, moviendo negativamente la cabeza.

—Sígueme, te mostraré el almacén al 95% de su capacidad—dijo dándose la vuelta.

Él rió, acompañándola detrás, mientras salían por una de las puertas laterales de un pórtico.

—Ya antes has estado ahí, más de una vez que estuviste de visita—completó ella buscando entre el llavero la indicada.

—Claro, pero no había carga—le recordó él—Fueron días en los que se guardaba el material de construcción y restauración para la casa.

—Cierto—abriendo todas las protecciones—Ahora hay muchas canastas de fruta.

No mentía, el lugar era grande también se sentía el sistema de ventilación. Su padre la había hablado de él cuando le dio una asesoría para su negocio. Sin embargo, pensaba que la producción era menor y no tan especializado. Aquello se veía muy sofisticado para ser un negocio casero.

—¿Quién cubre los gastos de ventilación? Porque estoy seguro que eso genera más pérdidas que ganancias, según los números de tu padre en el último informe que revisé.

Sonrió al ver que no se le escapaba ni el más mínimo detalle.

—Justin, él es su socio—respondió, guiándolo entre todas las cajas de madera —Hay una bodega más lejana, si lo recuerdas, ahí se almacena la producción de todo el año. Porque tiene distintos cronogramas, dependiendo los árboles. Pero sería hablar demasiados detalles, digámoslo así, cuando éramos niños, vendíamos en los mercados—le explicó abriendo la cabina donde operaba la maquinaria— Poco a poco fuimos produciendo otra clase de productos. Las plantaciones aumentaron. También lo hizo el número de cajas de manzana. Eso hizo que acondicionara este lugar, para tener fresco el producto antes de pasarlo a producción. Aún sigue siendo muy casero, pero para tener la máxima calidad, necesita cierta temperatura, dependiendo el tipo de manzana. ¿Qué te parece? —preguntó viéndolo.

—Que eres la mujer más sexy que he escuchado—dijo tomando su cintura—Si me excita tu cuerpo, no tienes idea de lo mucho que me excita tu mente.

Eso había sido muy sorpresivo, incluido la manera que la levantó y la subió sobre un par de cajas de metal. Como si el frío no le afectara. Porque no lo hacía, no cuando él comenzó a tocar sus piernas presuroso, mientras sus labios se encontraban de nuevo en una batalla que no se pudo resistir. Tuvo recuerdos de cuando lo hacían en el granero. También por el modo en que se colaban por detrás, a esa parte de su anatomía debajo de su espalda.

No pudo evitar el gemido, menos cuando se situó entre sus piernas y tomó su cabello para un mejor acceso a su cuello. Le importó muy poco que fuera visible a través del cristal a sus espaldas, él no tuvo ni un gramo de paciencia cuando comenzó a succionar su cuello de manera más salvaje, mientras sus manos buscaban su abdomen desnudo debajo de esa blusa.

Sintió cómo desabotonaba su pantalón y su pulso comenzó a acelerarse con el primer tacto de sus dedos en el encaje de su braga.

—Me deseas….lo puedo ver en tu mirada —dijo él, mordiendo su lóbulo izquierdo, acercándola a su entrepierna—Y yo te deseo igual.

Contempló su mirada, tratando de equilibrar su respiración sin mucho éxito. Él pensaba decir algo más, cuando escucharon la puerta metálica correrse.

—Papá ha llegado—susurró a su oído.

Se alejó, sonriéndole con descaro, pasando una mano por su cabello castaño.

—Pero la próxima vez, papá no salvará a su niña.

—No lo hubieras hecho—dijo con dureza—No eres tan descuidado.

Él rió, observándola acomodarse la ropa. En verdad se estaba resistiendo a atar esos labios de nuevo.

—Preciosa, soy como tú, no cometo el mismo error dos veces—confesó enseñándole una tira de tres condones de su bolsillo.

Eso sólo la irritó, más aún cuando lo miró abrir la puerta confiado.

—Por cierto, no te quites el parche.

¿Parche? ¿De qué hablaba? Cuando sintió algo en su espalda. Él ya no estaba, pero bien pudo sentirse avergonzada de esta situación. Lo arrancó y lo botó al cesto de basura. Iba tan molesta, que no dudaría en darle un pisotón por su cinismo. Pero eso no fue necesario. No cuando parecía que Yoh estaba haciendo su propio trabajo.

—Señor Asakura, le presento a mi ayudante temporal…

Continuará


Hola de nuevo, saludos. Esta vez traigo un capítulo más chiquito para que no haya problema con eso de los ojos. Hasta a mi luego me duelen los ojos de leer en el cel y más a media noche. Espero que sea de su agrado y bueno… sentía que Anna teniendo el apoyo de su familia ante la situación iba a poder hacer más cosas. Me pareció súper lindo que Yoh la escuchara y la aconsejara, siento que es algo que Hao puede hacer pero lo hace en un sentido más superficial. Además, no hay que olvidar que Yoh es un ladrón, lo cual no lo hace tan buen chico. Gracias por todos sus comentarios, valen mil millones! No miento cuando les digo que me alegran mi día. Son súper especiales para mí.