EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Cuando las personas entendamos que toda opinión es una visión cargada de historia personal, comprenderemos que todo juicio es una confesión".
JUICIO
CAPITULO XXX
Un Louis Legan se encontraba en el estrado siendo observado por varios pares de ojos quienes esperaban juzgarlo por sus acciones, su semblante era serio y hasta cierto punto con miedo, nunca pensó que llegaría a estar sentado ahí frente a tanta gente esperando su cabeza. Neal se encontraba junto al abogado con el mismo miedo que tenía su padre incluso más, había hecho un trato con su padre y ninguno de los dos delatarían a su madre, no permitirían que ella pasara tanto tiempo en una prisión, sin embargo Louis no sabía que el moreno había hecho su propio trato con el abogado contrario, se sentía hasta cierto punto culpable, pero no quería permanecer tanto tiempo en la cárcel por un crimen que no había cometido, cuando todo aquello sucedió él tan solo era un mocoso de 12 años, cuando se convirtió en cómplice de sus padres fue hasta tres años después, cuando casualmente los escuchó hablando en la biblioteca.
El señor Leagan hablaba sobre lo ocurrido, mientras era interrogado por el abogado que representaba a Anthony. La sala permanecía en silencio, solo se escuchaba como aquel hombre intentaba defenderse con sus relatos, de pronto un silencio se hizo presente en la sala, todos los presentes dirigieron su mirada hacia la entrada principal de la sala al escuchar su nombre.
-Puede pasar por favor, joven Anthony Brower. – Dijo el abogado, abriéndose entre los presentes entró un joven rubio, alto de ojos azules, elegantemente vestido, iba de la mano de una rubia igual de elegante que él y ambos se detuvieron justo en el pasillo que lo llevaba hacia el estrado. Louis se sorprendió al ver a aquel joven que un día había pensado desaparecer por medio de aquel accidente y después por medio de aquel médico de dudosa reputación, lo veía diferente, no era el mismo chico de mirada amable y afectuosa que había visto por última vez hacía seis años atrás, aquel que un día había llamado tío con cariño, aquel que lo miraba con respeto simplemente por ser mayor que él, aquel que ayudaba a todos a su alrededor por el simple hecho de servir, aquel que él y su esposa habían condenado a muerte por un desprecio y por intereses financieros.
Sus ojos se encontraron fijamente y por primera vez en años sintió culpa, sintió remordimiento por lo que había hecho, no por las miradas que tenía encima de él desde que se postró en ese silla, sino por la mirada fija que tenía encima de él de aquel rubio que lo miraba, no era una mirada de odio, no era mira mirada de desprecio, sino era una mirada con compasión, una mirada cargada de pena y decepción por aquel que él un día había respetado.
-Siéntese por favor señor Brower. – Habló su abogado. Anthony se sentó en aquella silla en la cual había estado sentado minutos antes su verdugo. Candy se sentaba junto a los Conrwell, mientras Neal la observaba con sorpresa. Elisa estaba junto a Tom y mientras ella miraba al rubio con sorpresa, Tom lo miraba con una sonrisa, feliz de que estuviera mucho mejor.
El interrogatorio comenzó a ser relatado por el rubio, decía lo que recordaba de aquella fatídica tarde, la sala se llenó de completo silencio para que aquel joven relatara desde su punto de vista todo lo que había padecido después de aquel "accidente".
Tom ya había dado su versión, al igual que el señor James, todos y cada uno de los implicados y testigos habían pasado, parecía que habían dejado a lo último a los más afectados, sin embargo Anthony pidió que en consideración a su prometida el interrogatorio se hiciera a puerta cerrada y estando él presente para proteger a la rubia del escrutinio público, al igual que lo habían hecho con Sara y la tía abuela.
La sala quedó en silencio una vez que el rubio terminó de relatar sus años ocultos. Nadie decía nada, nadie emitía algún sonido, incluso Neal estaba serio en su lugar no por sentir culpa o remordimiento alguno, el insistía que no había hecho algo malo, habían sido sus padres y Jack los que habían atentado contra la vida de su primo.
Los jueces se retiraron lentamente hacia otra sala para emitir su veredicto, el estrado quedó vacío al salir el juez del lugar, al mismo tiempo que los abogados y los presentes.
-¿Cómo crees que habrá resultado todo? – Preguntó el rubio mayor a su abogado.
-No tienen escapatoria. – Dijo el abogado. – Además con la declaración de Neal todo fue más claro. – Los Andrew se miraron extrañados ninguno sabía lo que había hecho el moreno. – Él acusó directamente a su padre como el actor intelectual del intento de homicidio, así que él solo quedará acusado de encubrimiento.
-¿Y Sara? – Preguntó Albert sorprendido por lo que escuchaba, jamás pensó que el moreno se quisiera tanto que echaría por delante a su propio padre.
-Louis dijo que él había sido el culpable de todo. – Dijo el abogado. – Exonerando así por completo a la señora Leagan, además no hay ninguna prueba contundente que la relacione con todo esto, al que siempre se le vio y el que siempre dio la cara fue el señor Leagan. – Dijo el abogado, sin embargo ninguno de los Andrew estaba de acuerdo.
-¿No se puede hacer algo para que ella también pague? – Preguntó Archie quien consideraba que era injusto que la que estaban seguros que era la autora intelectual de aquello quedara absuelta y con las manos limpias.
-De hecho a pesar de que no ha sido acusada directamente, ella también queda como cómplice principal de su marido, y a pesar de haber sido defendida tanto por su esposo como por su hijo el delito que cometió se persigue de oficio, así que también pasará una larga temporada en arresto domiciliario.
-¿Arresto domiciliario? – Preguntó sorprendido el rubio, no estando muy conforme con lo que había dicho el abogado, inmediatamente volteó a ver a George quien bajó la mirada avergonzado, dando a entender que no había podido hacer nada por ello.
-La señora Elroy intercedió por la señora Sara ante el juez.- Dijo George sintiendo que había fallado al patriarca.
-Entiendo. – Dijo Albert sin culpar a George. – No tienes la culpa. – Sin embargo el coraje que tenía dentro de él no podía detenerlo, Anthony y los Cornwell estaban igual de indignados que Albert y ninguno se quedaría con aquellas dudas, tendrían que averiguar directamente con aquella dama de hierro porqué tenía tanta consideración con aquella mujer que según decían era solo su hijastra.
-¿Cuánto tiempo será ese arresto domiciliario? – Preguntó Anthony.
-Serán seis años de arresto domiciliario y será vigilada día y noche para que cumpla con la sentencia. – Dijo George. A lo lejos Elisa escuchaba la suerte de su madre al igual que Tom, ella no podía decir que le alegraba la situación de su madre, sin embargo sentía que era mucho mejor que la de su padre el cual podría pasar de diez a quince años en una cárcel por el delito que él mismo se había responsabilizado, mientras que Neal saldría en seis meses y pasaría un año en trabajo comunitario como condena por haber encubierto a su padre, todo por haber sido menor de edad cuando se desarrollaron los hechos.
-Anthony. – Dijo Elisa acercándose a su primo, se sentía nerviosa por todo lo acontecido, por volverlo a ver, por estar cerca de él a pesar de amar a Tom no podía evitar sentirse así, era un cúmulo de emociones que se concentraban en su pecho.
-Elisa. – Dijo Anthony precavido, sabía que estaba con Tom y no quería ocasionar un problema con aquella muchacha. - ¿Cómo estás? – Preguntó amable. Elisa posó su mirada en los azules de su primo y volteo a ver a Candy, en el momento se sintió incómoda, no podía seguir culpando a Candy por lo acontecido, de lo único que la podía culpar era de haber obtenido el amor de Anthony, sin embargo a esas alturas ya no importaba.
-Bien, mucho mejor ¿Y tú? – Preguntó de vuelta.
-Bien también, siento mucho lo que está pasando. – Dijo el rubio.
-No es tu culpa, al contrario soy yo la que debería de pedirte una disculpa. – Anthony sonrió, Elisa correspondió a su sonrisa y miró a Candy de reojo, sería tonto saludarla después de lo que la había hecho pasar y creer que serían amigas como si nada, sin embargo simplemente hizo un gesto con su cabeza y se abrazó a Tom, ambos chicos la comprendían sabían que nunca había soportado a Candy, pero ambos agradecían que no hubiera intentado humillarla u ofenderla, agradecían que se hubiera mantenido al margen, todos sabían que no serían grandes amigas, sin embargo el hecho de que tendrían que seguir conviviendo era inevitable.
Una vez que el jurado deliberó se les pidió a los implicados que pasaran para escuchar el veredicto final. Louis, Neal y Elisa estaban nerviosos. Elisa sabía que su padre tenía que pagar lo que había hecho, sin embargo no podía negar que todo aquello la lastimaba, por su hermano no sentía mucha pena ya que había preferido salvar su pellejo echando por la borda a sus progenitores. El juez habló ordenando que los acusados se pusieran de pie. Padre e hijo esperaban la sentencia mientras sus rostros sudaban.
-Señor Louis Leagan, en base a las pruebas y testimonios en su contra el jurado lo ha encontrado.
-¡Culpable! – Dijo el representante de aquel jurado quien no dejaba de verlo acusatoriamente. – Por el intento de homicidio en contra del joven Anthony Brower Andrew. – Dijo aquel hombre quien lo condenaba con su sentencia.
-Por lo tanto se le condena a diez años de prisión sin derecho a fianza en la cárcel de la ciudad de Chicago. – Louis al escuchar el veredicto se sintió agitado sentándose de pronto por la sentencia recibida, Elisa comenzó a llorar triste por el destino de su padre, se abrazó a Tom y él la recibió entre sus brazos consolándola con amor. Neal comenzó a respirar con mayor dificultad al escuchar su nombre.
-Neal Leagan Andrew. – Dijo el juez para que este se mantuviera de pie.
-El jurado lo ha encontrado culpable por encubrimiento del intento de homicidio del joven Anthony Brower Andrew. – Sentenció de nueva cuenta el jurado.
-Por lo que se le condena a seis meses de prisión en una cárcel de mínima seguridad y a un año de trabajo comunitario en la ciudad de Chicago. – Sentenció el juez, mientras Neal fruncía el ceño no muy de acuerdo con la sentencia, el moreno iba a objetar, sin embargo su abogado lo detuvo diciéndole que podría agravar las cosas y aumentar su sentencia. – Esto es debido a que era un menor de edad al conocer el delito que encubrió. –Volvió a decir el juez como disculpando de alguna forma al moreno. Louis volteó a ver a su hija y agachó la mirada con vergüenza.
-Además se les obliga a regresar la herencia íntegra al joven Anthony Brower Andrew en un plazo máximo de tres meses. – Dijo por último el juez, Neal casi se cae de espaldas al escuchar que tenía que regresar por completo aquella herencia que él casi se acaba con sus derroches.
Los presentes se retiraron todos juntos, Anthony y Candy iban de la mano, ella se sentía hambrienta por tantas horas que habían pasado en aquel juzgado y Anthony la comprendía porque él estaba igual, parecía que los achaques del embarazo los tenían sincronizados.
-¿Tienes hambre hermosa? – Preguntó a su prometida.
-Mucha. – Dijo con una sonrisa apenada. Albert escucho el reclamo de los rubios y les propuso irse a comer de ahí.
-Bien muchachos ¿Qué les parece si nos vamos a comer? –Preguntó Albert, sintiendo un poco de pena por Elisa quien era la única que no había hablado desde que escuchó la sentencia. – Disculpa Elisa, siento lo que ha pasado con tu familia. – Se excusó con la pelirroja no quería sonar como un insensible por lo que ella había pasado.
-No te preocupes tío, sé que ellos se lo buscaron aunque reconozco que si me afecta. – Dijo seria. – No se preocupen por mí. – Todos asintieron igual de apenados, sin embargo el hambre no esperaba y tenían que ir a comer, sobre todo Candy quien tenía que cuidarse más que nunca.
-Vamos tío, no quiero que Candy sufra una baja de presión. –Dijo Anthony adelantándose a la salida con la rubia de la mano, los demás se dirigieron tras ellos y se encaminaron a un restaurante que estaba justo enfrente del juzgado.
Mientras caminaban Albert seguía con aquella inspección que había mantenido en los rubios, sabía que Candy siempre había sido muy buena para comer, sin embargo en las veces que había estado en el racho había notado acciones extrañas y similitudes con Anthony en relación a la comida, y eso le hacía tener una sospecha de lo que realmente estaba pasando. Anthony no podía comer la zanahoria desde pequeño y seguía siendo así a pesar de los años, Candy siempre había comido la zanahoria y adoraba la crema de zanahoria que él le preparaba en el departamento, sin embargo había notado que últimamente la evitaba, notaba que comían muy similares y que las comidas con mucha grasa les provocaba ciertas náuseas, el cansancio los vencía más que de costumbre y ninguno de los dos podía evitar ciertos antojos que de pronto evidenciaban y que decir del apuro que tenían ambos por casarse. Una sospecha crecía en el pecho de Albert, sin embargo no decía nada solo se limitaba a sospechar de todas formas pronto sería la boda de ellos y no había de que preocuparse, él no provocaría que Candy se sintiera incómoda con aquella situación, ambos eran mayores de edad y estaban asumiendo su responsabilidad.
Una vez terminada la comida se decidieron retirarse a Lakewood, los Andrew no podían evitar sentir ese malestar en contra de la tía abuela y lo último que había hecho era proteger a Sara una vez más a costa de los intereses de su propia sangre.
Los cuatro guapos jóvenes entraban junto a Candy, Elisa y Tom, quienes iban junto a ellos, Tom no dejaría a Elisa sola de ahora en adelante y los demás tenían que adaptarse a eso.
-Los estaba esperando. – Dijo la vieja Elroy quien al ver a su sobrino se le formó un nudo en su garganta al ver que él la miraba no muy seguro de cómo reaccionar. Anthony sentía felicidad de ver a su tía abuela, la cual notaba que los años le habían caído encima, sin embargo no sabía que esperar de ella y a pesar de tener ganas de abrazarla se sentía una vez más traicionado por ella, y pensaba que el amor que ella le había demostrado en su niñez tal vez no era del todo sincero. – Anthony hijo ¿No me darás un abrazo? – Preguntó un poco indecisa, no quería que la rechazara por todo lo que ella misma había hecho en su contra. Anthony asintió y se acercó a ella con un poco de cautela, sin embargo al abrazarla sintió que aquel abrazo era sincero, que sus lágrimas eran honestas, sin embargo aquella culpa que ella guardaba en su alma iba más allá de todo lo que a su razón pudieran pensar.
-Me da gusto verte tía abuela. – Decía Anthony sincero. La vieja Elroy sonrió con sus palabras, ella estaba muy emocionada de volver a ver aquel niño que ella había criado y que amaba tanto o más que a Albert.
-Yo también me alegro de verte hijo. – Le dijo con sus lágrimas derramándose en sus arrugadas mejillas, sin embargo la mirada que le dirigía a Candy seguía siendo dura, implacable, pero para sorpresa de todos la misma mirada que le había dirigido a ella se la dirigió a Elisa y a Tom, al momento que los vio agarrados de la mano, no podía evitarlo ella era así. – Veo que ninguno de mis nietos ha sabido escoger pareja. – Dijo sin poder contenerse.
-Sabía que era demasiado bueno para ser verdad. – Dijo Anthony separándose de su tía abuela y regresando hacia los brazos de Candy, quien rápidamente tomó su mano y este en el acto la abrazó. – Siempre te dije que amaba a Candy, y siempre supiste mis intenciones para con ella, las cuales no han cambiado en nada, así que te pido respetes ahora si mi decisión, ya no soy aquel niño al que podías obligar a hacer tu voluntad, ahora soy un hombre independiente y siempre he sabido lo que quiero. Yo no vengo a pedirte explicaciones de tus actos, sin embargo tampoco vengo ni a pedirte permiso ni a explicar los míos. – Dijo de frente sosteniendo la mirada en su tía abuela, la cual se sintió un poco sorprendida, sin embargo debía esperar esa reacción el rubio siempre la había enfrentado siendo un niño, con mayor razón ahora que era un hombre y más que ahora ya no era el mismo chico dulce y tierno que se detenía por el amor y respeto que sintió por ella en el pasado.
- A pesar de lo que pienses tus acciones no me hacen más que sentir orgullosa, eres firme y decidido y eso siempre me gustó de ti. – Dijo con su tono frío y tranquilo.
-Yo por el contrario si vengo a pedirte explicaciones de tus acciones tía Elory. – Dijo Albert quien había permanecido al margen de la situación. – Me imagino que te habrás enterado de la sentencia en contra de los Leagan. – Dijo sin evitar que Elisa bajara la mirada.
-Sabía que me vendrías a preguntar sobre ello. – Dijo la señora Elroy.
-¿Y bien? ¿Qué excusa tienes para justificar lo que has hecho todos estos años? – Preguntó el patriarca una vez más. – Cómo patriarca y jefe del Clan de los Andrew tienes la obligación de responder a tus actos. – Dijo implacable. Anthony, Stear y Archie, esperaban que hablaran ya que ellos siempre habían sido de los más afectados al igual que Candy por la preferencia que siempre había mostrado por los Leagan, Elisa los miraba a todos sintiéndose mal por lo que decían, sin embargo sabía que tenían razón la tía abuela siempre había tenido una debilidad especial por su familia y más cuando se trataba de ella y de Neal.
-No tengo explicaciones que dar, William, solo te puedo decir que el amor es lo que me ha motivado a actuar como lo he hecho. – Dijo sin querer hablar más de la cuenta.
-¿El amor? ¿Llamas amor al actuar en contra de tu propia familia? ¿Llamas amor el proteger a una mujer se empeñó en hacer daño a tú sobrino y no conforme con eso logras exonerarla de su castigo? – Preguntaba Albert indignado. -¿Qué clase de amor es ese?
-¡Un amor que tú no entiendes! – Dijo la tía Elroy levantando una vez más su voz al sentirse atacada por su sobrino mayor.
-Nosotros estamos de acuerdo con el tío Albert, tía abuela. – Dijo Archie animándose a hablar. – Todo el tiempo nos obligaste a convivir con los Leagan a pesar de las maldades que se gastaban para salir bien librados de las situaciones. – Decía ofendido, Elisa bajaba la mirada y se escondía ante Tom, tenía que reconocer que era cierto.
-Es verdad tía abuela y más de una vez te pusiste de su lado por tal de que no salieran lastimados, sin importar que tú supieras que lo que hacían estaba mal y que nosotros resultáramos afectados. – La vieja Elroy los miraba con su vista fija en ellos, miraba a cada uno de ellos en como la enfrentaban, se sentía acorralada, sin embargo aún no daba su brazo a torcer, no hablaría de aquello que siempre había tratado de ocultar, sin embargo Anthony veía en sus ojos aquel miedo que reflejaba y que escondía con furia.
-¿Acaso es porque la tía Sara no es solo tu hijastra? – Preguntó Anthony, quien no era el único que había llegado a aquella conclusión, pero que era el único que se había animado a preguntarle directamente. - ¿Es esa tu excusa para disculpar tus acciones? ¿Por eso beneficiaste a los Leagan a pesar de su intento de asesinato en mi contra? ¿Por eso les obsequiaste todas mis pertenencias? – Preguntaba mientras todos veían como la anciana comenzaba a sudar y a respirar con dificultad, Elisa estaba sorprendida, pero tenía sentido pensar que aquella mujer no era su "abuela postiza" sino era realmente su abuela. -¿Es o no la tía Sara tu verdadera hija? – Preguntó por fin para dejarse de rodeos, Elroy bajo la mirada y se volteó haciéndose la ofendida.
-No tiene caso negarlo tía abuela. – Dijo Albert. -A pesar de que no lo digas sería tu única manera de justificar tu desamor hacia nosotros. – Dijo sintiéndose traicionado, no porque hubiera ocultado a una hija, sino por el hecho que siempre les inculcó las buenas costumbres, la decencia y los valores con mano dura, poniéndose más de una vez como ejemplo de ello, y a pesar de todo lo malo que había hecho su propia hija ella seguía hablando de moral y de la importancia de la familia para la sociedad, aun sabiendo que lo que hacían no era lo correcto.
-Cuando era joven. – Comenzó a relatar Elroy al verse descubierta por su familia, no tenía caso seguir ocultando algo que era obvio, había lastimado a los miembros más importantes del Clan por el hecho de proteger a su hija y a sus nietos de todo lo que los pudiera lastimar, aun sabiendo que estaba mal lo que hacía, a pesar de saber que cometía un error por tratar de cubrir sus errores y hasta delitos. – Nunca fui de las afortunadas en tener pretendientes o propuestas de matrimonio, poco a poco mi belleza se iba apagando y me tuve que conformar con no tener a mi lado a alguien que me amara y me acompañara a lo largo de mi vida. – Decía erguida, solemne, sin bajar un poco la mirada. – Hasta que conocí a un muchacho que se interesó en mi o eso creí yo. – Dijo con una mueca amarga. – De ese amor nació Sara, le dije a mi supuesto amor y se negó a reconocer su paternidad y me quedé sola y embarazada, la vergüenza de que la sociedad se enterara me obligó a ocultarla a los ojos de los demás, nadie sabía que era mi hija, todos pensaban que la había encontrado y que había decidido criarla como caridad y así pude registrarla como una Andrew, así fue hasta que cumplió siete años y por fin llegaba una propuesta de matrimonio, un viejo viudo sin hijos, aceptó a Sara como su hija y la registró a su nombre como si fuera de él, cuando se enteró que era mi verdadera hija no le importó la crió como si realmente fuera de él, sin embargo la culpa de haber sentido vergüenza por haber tenido una hija fuera del matrimonio me obligaba a ser más complaciente con Sara hasta que se convirtió en una mujer caprichosa y voluntariosa, de mal genio y malos sentimientos. – Decía Elroy, todos estaban atentos a su historia, y se daban cuenta que a pesar de estar consciente de los defectos de su hija aun así había cuidado siempre por su bienestar. Elisa no podía creer lo que escuchaba hasta que comenzó a recordar ciertos comportamientos de su madre para con la tía abuela.
-¿Cuándo se enteró mi madre que era tu hija? – Preguntó Elisa, todos se sorprendieron de que ella supiera que su madre estaba enterada. Elroy bajo la mirada hasta esa pregunta. -¿Ella lo sabe, verdad? –Elroy asintió.
-Sara se enteró cuando tenía siete años, escuchó la plática que tuve con Fulgencio y a partir de ahí comenzó mi calvario, el rencor que Sara sintió por mí fue aumentando con el paso del tiempo, sin embargo al haber quedado viuda con mucho dinero y después al portar el cargo de la matriarca del Clan e ir aumentando mi poder en la familia la hizo actuar diferente ante mí, me mostraba más respeto y consideraciones, sin embargo yo no puedo soportar que le pase nada malo. ¡Es mi hija! – Dijo Elroy levantando un poco la voz y todos la voltearon a ver, viendo por primera vez el lado humano de Elroy, si tenía un punto débil a pesar de todo, aquella mujer implacable, de buenas costumbres y defensora del buen nombre de los Andrew, tenía un punto débil, su hija.
-Entiendo hasta cierto punto que hayas defendido a tu hija. – Dijo Anthony. – Entiendo que hayas querido protegerla de todos y contra todos. – Decía sin despegar su mirada de sus ojos. – Pero lo que no entiendo es que aun conociendo que tú hija no tiene buenos sentimientos, que fue capaz de planear mi muerte solo por haber rechazado el compromiso con su hija y sabiendo todo eso le hayas otorgado todos mis bienes y dejar que saliera bien librada de todo esto! – Decía Anthony indignado, no por su dinero, no por sus pertenencias, sino porque la autora intelectual de todo quedaría libre de culpa.
-Ella estará en arresto domiciliario. – Dijo Elroy como defensa.
-¿Qué sucedería si ella planea venganza? ¿Qué pasaría si se escapa de su "prisión de alta seguridad" y atenta de nuevo contra mi familia? – Preguntaba Anthony levantando la voz. - ¿Qué harías para salvarla? ¿Seguirás aplaudiendo sus errores? ¿Disculpando sus delitos? ¿Por qué? ¿Por qué te avergüenza ser una madre soltera?
-Anthony tiene razón tía abuela. – Dijo Elisa. – Mi madre no se va a detener tan fácil. - Dijo apenada. – Ella misma me lo dijo en el hospital a Tom y a mí. – Tom asintió. – Ella no se va a cansar de vengarse de las personas que según ella la dañamos. – Dijo incluyéndose entre todos ya que ella misma le había dicho que la desconocía como hija por haber deshonrado a la familia. – Mi padre la protege por el gran amor que le tiene, y por eso aceptó pagar su culpa, pero no le hacen ningún bien, mi padre también es culpable y merece castigo, pero mi madre es la que planeó todo y seguramente no se detendrá. – Elroy no decía nada solo se limitó a guardar silencio, Albert y los demás la observaban decepcionados, no por haber tenido una hija fuera del matrimonio, sino por condenar todo aquello que ella misma había ocultado en su vida.
-¿No podemos hacer nada tío? – Preguntó Anthony a Albert. Albert se quedó pensativo, no queriendo externar lo que había decidido en contra de Sara, no quería que la tía abuela se enterara de los planes que habían surgido en su cabeza para poner fin a todo esto de una vez por todas. Simplemente se limitó a asentir para tranquilizar a su sobrino. Elroy se retiró sin más dejándolos a todos en aquel lugar que si bien un día había sido su hogar en esos momentos se sentía tan ajeno a todos.
Una vez sin la presencia de la tía abuela Albert habló con ellos de nuevo.
-Siento lo que voy a decir Elisa, pero por lo que escuché tú también has sido amenazada por la furia de tu madre. - Elisa sonrió con tristeza y asentía corroborando a Albert que así era, que ella también había sido amenazada si se casaba con Tom.
-Me dijo que no iba a permitir que Tom y yo fuéramos felices, que ella se iba a encargar de todo, y la verdad tengo miedo que lo cumpla. – Dijo Elisa abrazando con miedo a Tom, temía que algo le pasara a él por culpa de su madre.
-Bien, entonces debo actuar cuanto antes. – Dijo Albert.
-¿Qué tienes planeado tío? – Preguntó Anthony.
-Cómo el caso ya está cerrado y no se puede juzgar dos veces por el mismo delito, Sara ya no podrá ser juzgada por el intento de asesinato de Anthony, su sentencia fue dada y si apelamos al juez corremos el riesgo que se anule la sentencia y salga libre.
-¿Entonces? – Preguntó Stear preocupado.
-¿Qué se puede hacer? – Preguntó Archie.
-Desterrarla. – Dijo Albert decidido, volteando a ver a Elisa quien sería la más afectada en ese asunto. – Siento mucho esto Elisa, pero sería una manera de evitar que siga haciendo daño. – Dijo Albert. Elisa asintió sin embargo no pudo evitar derramar lágrimas por el destino de su madre.
-¿Desterrarla, a dónde? – Preguntó Anthony.
-En Escocia hay una villa que pertenece a la familia, está alejada de toda civilización, era utilizada para cuando la familia quería buscar un lugar apartado de los bullicios de la ciudad, tiene un difícil acceso y las personas que trabajan ahí son fieles a los Andrew, no le faltara nada, simplemente compañía. – Dijo Albert.
-¿Y se puede hacer eso de inmediato? – Dijo Archie quien al igual que todos estaba nervioso porque su tía se escapara de su arraigo domiciliario y les hiciera algún daño, sobre todo a los rubios. Miro como disculpándose con Elisa, sin embargo la muchacha sabía que era lo mejor.
-George está hablando con el juez para que acepte el traslado cuanto antes, y las autoridades escocesas enviaran un comunicado avisando que ellos estarán custodiando día y noche a la prisionera. – Albert tenía todo prevenido no quería arriesgarse a que aquella mujer actuara por sorpresa, debían ser más listos que ella.
Por la noche George llego a la mansión para hablar con Albert y Anthony, Elroy no había salido de su habitación desde aquella tarde, se la había pasado encerrada pidiendo que la atendieran ahí mismo.
-Buenas noches William. – Saludo George.
-Buenas noches George ¿Alguna novedad? – Preguntó Albert.
-Todo quedó listo, solo falta que llegue el telegrama de Escocia para que liberen la orden de traslado. – Dijo el buen hombre quien siempre se las arreglaba para ordenar todo lo más pronto posible.
-¿Cuándo crees que quede todo listo? – Preguntó Anthony.
-Ya me comuniqué con las autoridades de Aberdeen y mañana mismo tendremos su autorización. – Dijo George. – El traslado se puede hacer casi de inmediato. – Dijo de nuevo.
-Bien, entonces que los hombres sigan vigilando la casa de Sara, que nadie entre o salga por ningún motivo de ahí hasta que sea el momento del traslado. – Ordenó Albert.
-Como tú digas William. – Dijo George retirándose del lugar.
-¿Estás seguro de hacer esto tío? – pregunto Anthony.
-Totalmente, no arriesgaré a mi familia por una mujer llena de odio y mala entraña. – Dijo Albert seguro. – Le prometí a Rosemary cuidarte siempre, ya te fallé una vez y no volveré a hacerlo. – Le dijo mirándolo a los ojos en señal de una nueva promesa, volteando después hacia donde estaban los demás. – Tampoco a ellos. – Dijo en un suspiro. – Ustedes son la única familia cercana que me queda.
-Gracias tío, no sabes cuánto te agradezco lo que has hecho por mí. – Le dijo abrazándose a él, mientras Candy se acercaba a ellos y era alcanzada por los brazos de ambos rubios.
-Si ustedes están tranquilos, yo también lo estaré. – Dijo de nueva cuenta, observando a todos y cada uno de sus sobrinos suspirando porque por fin había terminado aquella pesadilla que comenzó en aquel despacho con una simple negación a un compromiso.
Candy y Anthony salían al jardín, desde que habían llegado habían tenido el impulso de ir a verlo, sin embargo no habían podido hacerlo hasta ese momento. Anthony suspiró melancólico al ver las rosas de su madre, sin embargo no veía ninguna Dulce Candy.
-¿Qué sucedió con las Dulce Candy? – Preguntó a su amada mientras caminaba abrazado de ella rumbo al portal.
-Los chicos dicen que después de que yo me fui y Elisa se llevara la mayoría comenzaron a secarse poco a poco, las pocas que se salvaron quedaron entre las demás. – Dijo Candy. Anthony suspiró.
-Me da pena ver el esfuerzo de mi madre tan decaído. – Dijo triste.
-Albert mando arreglar el jardín. – Dijo para alentarlo. – De seguro en poco tiempo volverá a ser el mismo de antes.
-No mi amor, este lugar nunca volverá a ser el mismo de antes. – Dijo con nostalgia. Siguió avanzando con ella abrazada, sin detenerse por ningún motivo, acercándose cada vez más rápido hacia la salida de la mansión.
-¿A dónde vamos? – Preguntó extrañada.
-Espera un momento. – Le dijo mientras seguían caminado. Llegaron al portal de las rosas por fin después de caminar por varios minutos y se colocó en el pilar en donde estaba sentado la primera vez que la vio. – Este lugar me trae muchos recuerdos. – Dijo poniéndola frente a él. – El mejor de todos es aquella mañana de inicio de primavera cuando te vi por primera vez. – Dijo sin despegar su mirada de los hermosos ojos verdes de su princesa. – Ese día, sin saber porque desee por primera vez besar a una chica. – Dijo acercándose a sus labios, rozándolos mientras le seguía hablando muy cerca de ellos, sintiendo cada uno su aliento hacer cosquillas en los labios de ambos. – Esa noche a pesar de que mis pensamientos de caballero no me permitían pensar más allá de un simple beso, soñé por primera vez que se sentiría besar tus labios… no besar a una chica cualquiera, sino besar exactamente tus labios. – Le decía acariciando sus mejillas y dejándose envolver por su mirada, poco a poco fueron cerrando la distancia y sus labios se unieron en un beso lleno de dulzura y ternura, en un beso lento húmedo que poco a poco se iba trasformando en un más audaz y apasionado, mientras sus manos acariciaban su cuerpo y sus respiraciones se aceleraban al igual que sus latidos, sintiéndose protegidos por las sombras de la noche, exploraron sus bocas con ansia, con deleite, disfrutando el calor que emanaban sus cuerpos por sobre aquellas prendas de ropa que les impedían fundirse en uno solo. Ahí justo frente de aquel portal que había sido testigo mudo del nacimiento de su amor ahí sellaban con un beso las ganas que tenían de amarse libremente.
Continuará…
Bueno hasta aquí llegamos con éste capítulo, espero que les haya gustado y que sigan leyendo la historia, gracias por sus comentarios y sobre todo por leer la historia, me da mucho gusto ver el recibimiento que ha tenido y eso me hace pensar que ¿Voy por buen camino? Jajajajaja espero que sí.
Muchas gracias a las personas que se tomaron la molestia de felicitarme del día de ayer, me imagino que al igual que yo estuvieron muy ocupadas, gracias por comprender y por no presionar para que publicara, les mando un fuerte abrazo y muchísimas felicidades para cada una de las mamás que leen mis historias, le mando mis mejores deseos y bendiciones.
Cuídense mucho por favor, ya saben protéjanse y bendiciones para todas.
Saludos y un fuerte abrazo para cada una de ustedes.
