Capítulo XXX
El Colegio de magia y hechicería era todo lo que imaginó y más. Irene se sintió muy bien estando en ese lugar y notado como todos los estudiantes respetaban a su padre. Las clases no le parecieron tediosas y eran interesantes.
Irene supo que su apariencia levantaría algunos rumores. Sirius y Severus le dieron a elegir si decir que era adoptada o decir que había heredado el cabello de alguno de los Black como Narcissa Malfoy.
Irene no se avergonzaba de su adopción, sin embargo tampoco le agradaba compartir su vida con otras personas; así que cuando algunos alumnos se quisieron meter con ella, digamos que ser hija de Sirius Black no era en balde y los graciositos terminaron con salpullido en algunas partes de su cuerpo y las nulas ganas de decir que no se parecía nada sus padres. Por supuesto que fue castigada, más el asunto no pasó a mayores más que ayudarle con sus clases al profesor Lupin.
Todas esas travesuras y aventuras eran escritas por la niña y enviadas a su padre. Una que otra carta era igualmente para su mejor amiga.
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Los entrenamientos con las demás niñas no se detuvo y estas se pusieron de acuerdo en ocupar el lugar de Irene por turnos. Teresa no necesitaba aquello, sin embargo nunca se los dijo y es que al estar trabajando con ella; todas hacían su mejor esfuerzo y comportándose serias en su trabajo.
Esa noche; Fred llevó a Helen a la práctica en la casa Nott. Dudle se quedó con Molly para hornear algunos muffin.
Al escuchar la chimenea y estando Arthur; ya en a casa supieron que eran ese par llegando. Helen corrió hasta su abuela y la abrazó:
–¡Abuelita, pude ser hoy la compañera de Teresa!
–¡Qué bien cariño!
Molly no deseaba hacer sentir mal a su nieta ni a los padres de esta, no obstante le era algo muy triste que esas pequeñas tuvieran que practicar para combatir. Molly abrazó a su nieta –algo alta para su edad– y suspiró. Fred se acercó y besó el cabello ya con tintes blancos de su madre.
–Ella fue muy hábil y no desobedeció en ningún momento. Se podrá defender.
Molly alzó la vista y vio a su hijo.
–Tienes razón Fred.
Dudle se limpió una lágrima y llamó a su pequeña:
–¡Por eso hoy tu abuelita y yo te hicimos muffin de chocolate!
–¡Si!
Arthur entró y llamó a su hijo.
–Podrías ir por tu hermano. Luego no cena si no lo hace aquí.
Fred obedeció y salió. Todos obviaron la bandita que Helen tenía en una de sus mejillas, aunque cuando esta se le cayó por todo el movimiento que la niña hacía, notaron que ya no había rasguño siquiera.
Ginny llegó para la merienda y es que unas semanas antes ella decidió que se mudaría con Blaise sin casarse, puede que hubiera disgusto el principio, más los padres de ella, sabía que su hija vivía como mejor le parecía y era feliz con ello.
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Todas las mañanas su esposo e hija salín a hacer ejercicio. Theo optaba por remolonear otro rato y unirse a estos hasta la hora del desayuno: Él no era un mago de mañanas.
De hecho por eso concluyó sus estudios desde casa y se graduó en investigaciones de fenómenos mágicos. O lo que es lo mismo buscar algo para derrotar a los yōmas. Hermione lo visitaba algunos fines de semana y fue al primero que le comentó sus planes y eso porque no se decidía a llevarlos a cabo. Él le deseó mucha suerte y éxito.
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La casa se escuchaba en silencio y eso alertó a Hermione. Si su esposo e hija no estaban haciendo ruido era porque...
–¡Te hicimos el desayuno, mamá!
La castaña sonrió con algo de terror, más al ver la sonrisa de ambos Weasley, cedió a su amor y comenzó a comer... afortunadamente todo sabía algo quemado, pero no mal.
Ron se sentó y besó a su esposa en lo que Miria se acomodaba al otro lado de su mamá.
–Miria y yo deseábamos hacer algo especial hoy, para celebrar tu cambio de trabajo.
–¿No estás molesto?
–¡¿Por qué?!
–Entrare en un par de meses y dejé ya el trabajo en el Ministerio.
–Lo que me extrañó fue que eligieras ser abogada, digo sé que deseabas luchar por el derecho de quien no puede defenderse...
–Pero me di cuenta que es mejor educar desde jóvenes a los magos y brujas para que el crimen no aumente, además... quiero hacer la diferencia con... la poca juventud que nos están dejando los yōmas.
Ron abrazó a su esposa y la besó de nuevo.
–Serás una gran maestra mami. Y no te preocupes yo seré Ministra por ti.
Hermione muy orgullosa abrazó a su hija. Ron las atrajo a las dos.
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El Director gruñó y exhaló antes de llamar a un elfo. La criatura apareció y el pelinegro pidió.
–Que venga el profesor Lupin... de inmediato.
Severus se limpió la frente y regañó:
–Black tenías que ser, desesperado y haciendo tu voluntad como ellos.
Que aún no era tiempo y no había dejado todo arreglado, no es que le faltaran muchas cosas que anotar, sin embargo Severus era perfeccionista.
La puerta se abrió sin ser tocada y Remus entró veloz:
–¡¿Qué pas...?!
El licántropo no terminó la frase, pues notó el estado de Severus aferrándose a la orilla de su escritorio.
Lupin ayudó a Severus a sentarse y fue hasta la chimenea. Sirius surgió y el licántropo lo puso al tanto; el animago no tardó ni veinte segundos en llegar tropezando por la chimenea.
–¡Sev!
El pocionista lo detuvo.
–Nada de abrazos y ¡¿Las cosas que necesitaré?!
Sirius se vio las manos y muy rojo mencionó, antes de ir de nuevo a la chimenea:
–Ahorita vuelvo.
Remus consideró que dejar que el Black fuera solo a San Mungo llevando a Severus, no era buena idea; así que dejó a otro de los profesores a cargo y se unió a los dos morenos.
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Esas visitas le daban algo de pereza; no obstante, siendo Draco el experto en pociones, enseñado por Severus. A él le tocaba trabajar codo a codo con su suegro, a decir verdad el moreno nunca se imaginó que sería –como siempre mencionaba su suegro– un genio nato para los negocios, más Harry se dijo que era su ojos para distinguir las reacciones de la gente a su alrededor, como su entrenamiento cuando iba trás la cabeza de Voldemort... y hablando de este. Ese mago tenebroso quedó en el pasado, la fama que el deseó para sí, se la robaron sus creaciones y luego... Los Kakuseishas.
Lucius lo llamó y el de ojos verdes dejó sus pensamientos; al caminar hacía el rubio.
–¿Es mi imaginación o esto está cada vez más solo? –opinó Harry.
–Pues ahora que lo dices, ciertamente. Me temo que sí. –Lucius frunció el ceño, antes de susurrarle a su yerno– ¿Crees que los Inefables también estén cobrando en el mundo mágico la ayuda que dan?
–Eso sí que sería desvergonzado. Ni siquiera son propiamente ellos los que ayudan.
–Por supuesto. Tú nunca pediste ni un vaso de agua.
Harry se sonrojó un poco, pero asintió ante lo dicho por su suegro y el reconocimiento que iba plasmado en esas palabras.
Los duendes que siempre los atendían llegaron seguidos de una guerrera.
–Bienvenidos, señores Malfoy y Potter.
El dúo saludó y avanzaron para ir a las cámaras, más un par de personas que caminaban en dirección contraria les llamaron la atención. Harry vio al hombre mayor y es que a pesar de ir cubierto, era obvio que era un Inefable, a su lado llevaba una guerrera, pero ¡¿De la edad de sus hijas?!
Lucius arqueó una ceja y el mago se detuvo:
–Lucius Malfoy, Harry Potter. Buenas tardes.
Harry vio de reojo a su suegro y cuando el mago se bajó la capucha; el rubio saludó parcamente:
–Rimt Kieran. Hace mucho que no sabía de ti.
–Trabajo, ya te imaginaras.
Harry vio al mago y luego con toda intención a la niña a su lado. Rimt notó el gesto y se dijo que ni él ni los otros, se encontraban en posición de ponerse en evidencia, así que optó por despedirse y seguir su camino rumbo a la salida.
Harry y Lucius vieron a la pareja avanzar y el de ojos verdes gruñó:
–Mis hijas nacieron de ese modo; pero esa pequeña... ¡Qué hijo de banshee!
Lucius carraspeó –rió– ante lo dicho por su yerno, más aceptó.
–Sí, son unos malditos.
El par de magos estaban por retomar su camino, al instante que escucharon:
–¡Papá, abuelito! –oyeron en la entrada. Clare iba corriendo a su encuentro.
Harry recibió a su hija menor y buscó a... Draco y Teresa iban caminando algo veloces, pero más tranquilos que Clare.
Hubo un segundo en que el universo se detuvo y ese fue cuando Teresa, de la mano de su papá volteó a ver a Priscilla que iba con Rimt. Los ojos plateados se encontraron y, el tiempo se detuvo. La Potter se dio cuenta de que esa niña guerrera no era como las otras Claymore y Priscilla simplemente sintió ansiedad al evaluar esa mirada acerada sobre su ser.
Los adultos en el lugar no se dieron cuenta de nada. Clare por su parte al ver el intercambio de miradas entre su hermana mayor y la guerrera, sintió desconfianza, la primera vez en su vida y lo extraño es que fue por alguien que ni siquiera conocía.
Teresa se volteó sin dar más atención a la desconocida, sin embargo no por ello bajó la guardia, algo en la niña la ponía ansiosa.
–¡¿Y qué hacen aquí?! –preguntó Harry.
Draco respondió:
–Severus está en San Mungo; el nacimiento se adelantó.
El grupo dejó la visita para otro día y los adultos fueron al hospital. Las niñas a la casa de Molly y Arthur.
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Esa noche, nació un bebé varón con rasgos comunes entre los magos o se podría decir que la combinación de su padres. Cabello negro y ojos grises. Raki Black Snape. Su hermana mayor fue llevada por Remus para que conociera al recién nacido y estuvo un rato con su familia, después regresó a Hogwarts para presumir que ya era hermana mayor.
Cinco días después Raki fue presentado al grupo y todos quedaron prendados de él; sin embargo Clare lo adoró desde el primer momento en que los ojitos grises la vieron.
La hija menor de los Potter Malfoy se hizo adepta a visitar muy seguido Grimmauld Place. Los Black no vieron extraño esto, pues Raki era el único bebé del grupo.
Los primeros dientes, sus incipientes pasos, cada ocasión especial del varón Black los coreó Clare y fue en ese momento en que Severus le comentó a su esposo:
–¿Clare será una acosadora como todo los leones?
–No creo... ¡Oye! –se quejó Sirius.
Severus sonrió, solo bromeaba, más su hijo sería muy afortunado, si como él, era el amor de un león o... leona.
...
Muchísimas gracias Ana Luisa.
