VERITY
POBREZA
—¡Señor Weasley!, ¡Señor Weasley! —No, no repite el nombre porque esté nerviosa, tampoco ilusionada, que también. Es que, otra cosa no, pero la educación es algo que Verity porta orgullosa. Siempre se ha dirigido a los hermanos por su apellido; siempre por separado. Porque ella, ella más que nadie, sabe lo que es tener una hermana gemela y sabe lo que es que el mundo siempre las meta en el mismo saco—. Me alegro de verles de vuelta. La tienda está más llena que nunca, ¡todo el mundo ha escuchado su gesta!
—¡Verity, Verity, Verity! —grita George. Se acerca a ella, la toma por la cintura y la alza en el aire.
—¿Nos has echado de menos? —pregunta Fred, con las manos metidas en su traje de empresario y la mirada entornada sobre la chica.
—¡Muchísimo!
»Pero, vengan, vengan —pide, zafándose educadamente del agarre de George.
Lo que hace, efectivamente, es abrir la caja registradora.
—Su escapada a Azkaban nos va a sacar de la pobreza. ¡Que vamos a ser ricos!
Ella, como el resto del mundo, estuvo pegada a la radio todo el tiempo. Recuerda a la perfección su juicio. Recuerda a los hermanos explicando paso por paso lo que pasó en el callejón y catalogándolo como un experimento fallido. ¡Tenían permisos del Ministerio y el mejor abogado de todo el mundo mágico! Y, sobre todo, recuerda la votación del Wizengamot: Inocentes. Les habían declarado inocentes.
—Son ustedes… ¡increíbles!
Y los gemelos jamás han sido de rechazar los cumplidos.
