Eres tú, eres tú, es todo por ti

Todo lo que hago

Te lo digo todo el tiempo

El cielo es un lugar en la tierra contigo

Dime todas las cosas que quieres hacer

Escuché que te gustan los chicos malos, querido,

¿es eso verdad?

Es mejor de lo que siempre pensé

Dicen que el mundo fue construido para dos,

Solo vale la pena vivir si alguien está amándote

Y, cariño, ahora tú lo haces


Los labios de Otabek repasaron las clavículas de Yuri mientras este intentaba volver a abotonar su camisa entre risas y manoteos.

— Agh, de verdad odio la ropa formal. ¿Podrías armar el nudo de mi corbata?

— ¿Por qué te la vas a poner si ya no la necesitas? — preguntó, pero de todos modos se reincorporó para armar el nudo al cuello del rubio.

— El outfit se ve más completo.

Altin soltó una carcajada. Debió suponerlo. Aunque la ropa fuera terriblemente incómoda, Yuri jamás se desperfilaría dejando de lado un accesorio complementario, ¡jamás!.

Las manos del kazajo subieron apretando el nudo y le bajó el cuello de la camisa. Un rápido y prolijo trabajo.

— Ataría tu corbata, pero no lo sé hacer — confesó el rubio con una sonrisa apenada.

En contraste con el clima exterior, allí dentro de carro parecía un horno. Ambos habían sudado y los vidrios se habían empañado. El olor a sexo se había hecho pesado por lo que, arriesgándose a un resfrío, tuvieron que bajar las ventanillas para ventilar el interior.

El móvil de Yuri vibró a un lado de la palanca de cambio y su dueño le echó una mirada floja. Entre las incontables notificaciones sin abrir, una llamó su atención.

— Uhm... ¿Beka? ¿tú intentaste ingresar a mi cuenta bancaria?

El kazajo se reincorporó de inmediato.

— ¿Qué? — se asomó hacia el móvil para ver la notificación avisando de que alguien había intentado abrir su cuenta sin éxito.

— Solo tú tienes acceso a ella.

— Yo no he hecho nada, la última vez que entré a tu cuenta fue para verificar si te había transferido bien el pago del mes pasado.

Yuri quedó confundido.

— Llama al banco y diles... ah, mierda, a esta hora ya está todo cerrado — Otabek volvió a leer el correo, ceñudo — no me gusta esto... el lunes en la mañana vamos a ir juntos al banco, ¿sí? vamos a pedir los datos de ese movimiento y cambiarás tu contraseña. Es mejor prevenir.

— Sí. Por lo que veo no pudieron hacer mucho, se equivocaron tres veces en ingresar la contraseña, pero todo mi dinero sigue ahí. — le dio un suave beso — vayamos el lunes.

Una vez vestidos, Otabek se corrió a su asiento correspondiente, dejando a un exhausto y laxo Yuri a su lado.

— De pronto... me dio mucho sueño — comentó Yuri.

La mano de Otabek se posó sobre su pierna con cariño. Él también comenzaba a sentir cansancio.

— ¿Hoy podemos ir a mi piso? Creo que dejé helado en la nevera, se me hace agua la boca por llegar y comerlo.

— Bien.

Yuri levantó ligeramente la cabeza cuando Otabek se estiró para dejarle un beso en la frente. Se hallaba tremendamente complacido, terminar la jodida preparatoria y saberse amado por su persona especial era como una bomba atómica de felicidad.

— ¿Beka?

— ¿Mm?

Con sus ojos cerrados escuchó cómo el kazajo comenzaba a subir las ventanillas del carro.

— ¿De verdad me amas?

Otabek miró al chiquillo soñoliento y, aunque tras sus párpados cerrados no podía verlo, le asintió.

— ¿Por qué lo sigues dudando? Sabes que jamás te mentiría con algo así. En serio te amo.

Las joyas esmeraldas de Yuri volvieron a mirarle. Parecían dos brillos felinos en la penumbra.

Fue un asalto a su corazón.

Otabek se sintió temblar.

Era una vista hermosa y enigmática. Casi poética.

— Yo también te amo.

— Yura...

— Beka, hay algo serio que he querido decirte desde hace un tiempo. No pude hacerlo antes porque tenía mie...

Sin embargo, justo cuando su corazón se había revestido de decisión, una repentina luz iluminando la penumbra llamó sus atenciones. Ambos se miraron, pero fue Yuri el que se inclinó hacia sus propios pies y de ahí sacó el móvil de Otabek que quién demonios sabía en qué momento se había caído. Lo miró y se lo pasó.

— Es del viejo calvo.

— ¿Viktor?

— Síp.

Altin tomó el móvil, pero no contestó, le hizo una seña de que no importaba.

— Da igual, ¿qué me querías decir?

— Uhm... no, contesta, puedo contarte tras la llamada, me va a distraer si tu móvil sigue recibiendo llamadas.

Los ojos castaños parecieron disculparse y Yuri solo apretó los labios en una sonrisa forzada. Apenas terminara esa llamada, le diría toda la verdad.

— Adelante, coge.

— Lo siento — deslizó el dedo por la pantalla — Hola ¿qué pasa?

Yuri se mordió el labio y aprovechó de ponerse su abrigo por sobre el suéter. Ya comenzaba a sentir el frío.

Otabek, ¿dónde estás?

En el oído de Otabek, la voz de su amigo sonó como una súplica desesperada.

— Estoy algo ocupado, qué es lo que pas...

Por favor, devuélvete a la agencia, es una emergencia.

— Pero hoy Leo se hace cargo, Giacometti irá más tarde a echarle una mano, ¿no puedes preguntarle a ellos?

¡Maldición, Chris no vendrá, Otabek! La policía está fuera de la agencia, tienen orden de registrar el local.

— ¿Q-Qué?

Leo alcanzó a sacar a todos del edificio antes de que llegaran, un viejo nos dio el aviso de que venían ¡y ni tú ni Yuri cogían el maldito celular! Leo me tuvo que llamar a mí, estamos intentando esconder todo.

Otabek sintió como si lo estuvieran hundiendo en un espeso y pesado barro. Sus latidos comenzaron a ser pesados.

— El libro de cuentas — dijo a velocidad luz — escondan el dinero y los libros de cuentas, el cuarto de los chicos, ¡M-Mierda! Escondan todo lo que se vea sospechoso, ya voy para allá.

Yuri se había reincorporado alertado por la forma en que Otabek intentaba encender el motor del automóvil con manos apresuradas.

Sí, sí, pero por favor apúrate, hay cinco patrullas afuera y algunos vienen armados, maldición, qué creen, ¿que somos narcotraficantes? Solo apúrate, van a preguntar por el dueño del lugar, tendré que abrirles antes de que se les ocurra llamar más la atención o derribar la puerta.

Cortó la llamada y en cuanto tiró el móvil por ahí, Yuri le preguntó:

— ¿Qué sucede?

Otabek sentía que la sangre se le helaba. Cualquier rastro de paz anterior se le esfumó con una sola y feroz cachetada.

— La policía del distrito quiere registrar la agencia, maldición... por qué ahora.

Yuri tuvo un pésimo presentimiento sobre todo ello. Se puso el cinturón de seguridad en cuanto arrancaron.

— ¿Cómo llegaron hasta allí?

— No lo sé, no lo sé, Viktor está con Leo intentando limpiar lo que hay en el edificio.

Oh, mierda.

Yuri comprendió todo de golpe. Otabek tenía razones para estar nervioso, el negocio suyo y el de otros relacionados con la mafia era algo completamente ilegal, era solo una agencia de babys disfrazada de bar ordinario. Tenían una patente de bar y papeles oficiales de ser dueño de la propiedad, pero en cuanto a los contratos de los trabajadores, los datos de Otabek, las ventas y el sustento con millonarias cifras, nada lograría calzar. Sus cifras y datos eran algo únicamente compatible con la bratvá que los financiaban.

En cuanto lo descubriera, Otabek podía irse preso y arrastrar consigo toda una apertura de investigación sobre de dónde conseguía los medios para sostener esa agencia. Si la cosa se ponía más seria, saldría a la luz las demás agencias en los demás distritos y todas las ilegalidades, desde la custodia falsificada de menores de edad y la venta de trabajos sexuales con los demás.

Enseguida, otra llamada entrante de Leo iluminó la pantalla de Otabek.

— Contesta, por favor — le pidió frenético, concentrado en ir a toda velocidad por la calle.

Yuri acató con rapidez y puso el móvil en altavoz.

¡Beka, maldita sea, ni tú ni Yuri cogían el móvil, estaba apunto de echarme a llorar!

— ¡Lo siento!, estaba ocupado, Viktor me dijo lo que pasaba.

Sí, Viktor está en la planta baja, yo estoy en tu oficina. Debes apurarte, estoy tratando de esconder todo lo que nos puede poner en aprietos, no sé quién diablos pudo haber hecho la llamada a la policía. El viejo Yakov ya está enterado, lo llamé hace poco, nos va a ayudar a cubrirnos de la policía si algo sale mal, pero ten por seguro que podría costarnos caro, no se escuchaba nada contento con esto y más porque no fuiste a la reunión de este mes.

Yuri escuchó a Otabek mascullar algunas groserías por lo bajo. No pudo evitar sentirse culpable al recordar el mensaje de Leo horas atrás que había ignorado olímpicamente.

— ¿Aún no entra la policía, Leo?

Viktor bajó a ver qué pasaba. No han entrado, creo que aguardan por ti para iniciar la inspección.

— Bien, oculta todo bajo la trampilla bajo el escritorio, ¿bien? Los libros, los papeles, el dinero, la laptop. Vacía la caja fuerte, ahí hay un arma, también escóndela, ¿te sabes la combinación, cierto?

Sí, sí, sí. Dejaré las cuentas del bar, creo que es lo único limpio que hay acá y podría distraerlos.

— Sí, buena idea, haz eso.

Las boletas de saldo... oh, mierda, creo que alguien viene, por favor apúrate, adiós.

Las luces de la ciudad volvieron a la vista de ambos y Moscú volvió a ser un lugar lleno de barullo y vida artificial.

Yuri y Otabek iban tan tensos y nerviosos que los semáforos en rojo se les hacían malditamente eternos.

— ¿Qué les tendrás que decir? — preguntó de pronto Yuri.

Otabek negó con la cabeza, como si en un principio ni él tuviera idea. Joder, estaba horriblemente asustado. Nunca antes le había pasado algo como esto.

— Eeh, que-que es solo un bar nocturno ocasional, que a veces hay noches temáticas y chicas van a bailar, es la típica excusa que usamos cuando llegan los fiscalizadores.

Yuri hizo una mueca.

— Pero estos no son fiscalizadores, son policías.

Altin volvió a acelerar y dobló por un pasaje angosto para hacer más rápido el trayecto.

— Lo sé, Yura, claro que lo sé por eso estoy nervioso... tendrán que tragarse de que es un bar o no sé qué diablos haré.

La prostitución, aunque fuera consentida, en Rusia había sido ilegal desde hacía muchos años.

Otabek no sabía qué demonios pensaba hacer Yakov para poder ayudarle, ni quería pensar en ello, su mente era un caos.

— Pero si se les ocurre investigar mis papeles, mierda, más encima con menores de edad bajo mi tutela, por qué justo ahora. — profirió apretando el manubrio entre sus manos.

— ¿A cuántos tienes?

— Diez o trece, todos han huido de sus casas o de las casas de acogida para menores de edad sin hogar. ¿Te imaginas si encuentran los papeles de que soy su tutor? Maldición, podrían demandarme hasta de secuestro...

— ¡P-Pero es consensuado!

— Sí, pero son menores de edad, Yuri... ¿qué les digo yo a ellos con papeles falsos? Esos solo sirven para matricularlos en el colegio y otros asuntos ordinarios. Será aún más terrible si descubrieran que están vinculados con la agencia.

— Aún si no hacen trabajos sexuales hasta la mayoría de edad, no tienes cómo probarlo — murmuró Yuri, comprendiendo.

— Exacto.

Lo que había iniciado como en una agradable velada, ya no era más que una terrible pesadilla.

Llegaron en muy poco tiempo al edificio y Otabek se aseguró de estacionar en el último cubículo del oscuro estacionamiento tras la agencia.

Yuri iba a quitarse el cinturón de seguridad cuando Otabek lo detuvo.

— No quiero que vayas.

— ¿Qué?

— Necesito que te quedes acá, estás con uniforme escolar, será extraño si entras conmigo, es mejor si no te ves involucrado.

Yuri se miró a sí mismo y, con mucho pesar, tuvo que aceptar la idea de que sería sospechoso si un escolar entrara al edificio con Otabek Altin. Sintió como si un velo de angustia lo envolviera. No quería dejar ir al kazajo.

Justo en ese momento, sintió los labios de Otabek sobre los suyos en un corto y casto beso.

— Intentaré solucionar esto rápidamente, ¿sí? Pero quédate acá.

Yuri frunció el ceño, quería negarse, pero tampoco podía acompañarle. Terminó por ahogar una maldición y dio un corto asentimiento. Temía mucho por lo que pudiera pasar dentro de ese edificio.

— Vuelvo en nada.

El hombre bajó y atravesó el estacionamiento casi corriendo.

Yuri apretó sus manos y miró la pantalla de su móvil una y otra vez. Los nervios se lo comían vivo. Echó un par de miradas hacia atrás, pero no había más que oscuridad.

Ya eran pasadas las diez de la noche.

Oh, qué día.

El muchacho sentía un horrible sabor amargo en la boca, nada placentero.

No vio a nadie pasearse por las cercanías, ni siquiera un cliente curioso. Leo en verdad se había encargado muy bien de comunicarles a todos y cada uno de los relacionados que no se acercaran a la agencia esa noche.

Los minutos pasaban crueles, la preocupación no hacía más que crecer.

Otabek había dejado las llaves del carro puestas.

Ya había pasado media hora.

Suficiente. Ya no soportaba la presión.

Abotonándose hasta arriba el abrigo para ocultar el suéter con la insignia de su colegio, salió del carro siendo recibido por el aire frío.

.

.

La mayoría del lugar comenzó a ser un desastre en cuanto Otabek llegó y los policías procedieron. Le pidieron su identificación y los documentos de propiedad. Por suerte, Otabek los guardaba en su oficina y cuando llegó a ella seguido por dos policías, Leo ya estaba allí con otro grupo de uniformados y le entregó rápidamente la carpeta con los documentos.

Los hombres se desplegaron a lo largo de los cinco pisos del edificio y comenzaron a registrarlo todo. A los pocos segundos llegó Viktor a su oficina, también con otros oficiales vigilándolo. El ruso le dedicó una mirada en código a Otabek y enseguida tomó asiento en una de las butacas del lugar.

Leo intentaba reprimir el temblor en sus manos cruzado de brazos y apoyado en el escritorio.

Tras haber verificado los documentos, Otabek se dirigió al oficial que parecía tener el mayor rango y que le observaba con insistente reticencia, como si fuera a sacar un arma desde la pretina de su pantalón y apuntarles a todos en cualquier momento.

— Creo que tengo el derecho de preguntar a qué se debe todo esto, señor...

— Oficial superior Kovlovsky. Procedimientos, señor Altin, simples procedimientos — su voz altanera le dio como una bofetada de disgusto.

— ¿A causa de qué? Los fiscalizadores vienen todos los meses.

Otabek lo sabía, lo sentía, era como si se le hubiera sido acusado de esconder un cadáver en el edificio. Los ojos negros como el carbón del oficial Kovlovsky lo escrutaban como si fuera el asesino más vil que había visto en toda su carrera.

Se acercó a paso calmado hasta Altin y Viktor frunció el ceño por aquel acto, parecía ser un hombre muy soberbio y sus palabras destilaban ponzoña. Lo había notado en cuanto había abierto las rejas del edificio para que ingresaran. Ese hombre era audaz y peligroso. Parecía oler las mentiras en el aire. No le daba para nada una buena espina, a ninguno de los tres.

— Señor Altin, hace un par de años — comenzó — en el distrito vecino, Khamovniki, se perdió un muchacho. Y hace un par de horas recibimos una llamada anónima diciendo que lo podríamos encontrar en el distrito Tagansky, exactamente trabajando en este edificio. ¿Sabe usted qué edad tenía ese niño cuando desapareció? Todavía era un menor de edad.

Otabek sintió todos sus músculos tensarse. Su cuerpo se hallaba congelado, pero su mente trabajaba a la velocidad luz, su mente pensando en los chicos de su agencia, todos aquellos a los que había acogido siendo menores de edad, los que se fueron y la gran mayoría que se quedó.

¿Quién diablos había hecho esa llamada?

Todo fue intencional. Pensó.

Alguien los había delatado.

Viktor se puso lentamente de pie, tan nervioso como él, pero no se atrevió a acercarse más.

— Tenía catorce años.

Catorce años, catorce...

En su rostro estoico no se diluyó ningún atisbo de seguridad, pero su voz sonó molesta cuando profirió:

— Debieron haberme comunicado eso desde un principio.

— No, pero eso no es todo. — el otro oficial se le sumó a su compañero, Otabek frunció ligeramente el ceño — Oficial Mivanov, señor Altin, yo sí pertenezco a este distrito y, aunque la llamada que recibieron en Khamovniki carecía de fundamento, nosotros ya habíamos recibido llamados de otras personas de la localidad que informaban que en su edificio, señor, se impartían ciertos... trabajos ilegales.

Leo apartó la mirada sutilmente y apretó los ojos. Maldición.

Otabek y Viktor quisieron imitarle, pero hubiera sido demasiado obvio.

Altin mantuvo su mirada inexpresiva.

— A veces vienen bailarinas a entretener el ambiente. No creo que sea una irregularidad si les pagamos y ellas prestan sus servicios. Si con "ciertos trabajos ilegales" se refiere a trabajo sexual, creo que se equivoca, yo no trabajo con tales servicios y no es mi responsabilidad si algunos de los bebedores luego se va a su casa con alguna muchacha; no puedo controlar eso porque no es mi negocio, yo solo vendo alcohol y entretenimiento. Además, usted mismo lo dijo, la primera acusación del oficial Kovlovsky del distrito Khamovniki carece de fundamento. Muchas gente frecuenta este lugar, no sé si pueda llegar a serle de ayuda en ese aspecto.

El oficial Kovlovsky, de pronto, metió la mano a su chaqueta y sacó varios papeles de allí. Encontró el indicado y lo desdobló, estirándoselo para mostrárselo.

Leo no pudo ver la fotografía desde su posición, pero sí vio que Otabek, de pronto, se volvía terriblemente pálido y se le separaban los labios. Se asustó, ¿acaso era uno de los babys de la agencia?

Viktor puso una expresión de silencioso pánico y enseguida se volteó para mirar por una de las ventanas, con sus brazos cruzados apretaba fuertemente su traje, sus nudillos estaban pálidos.

— El chico debe tener unos, ¿diecisiete, dieciocho años?

La puerta de la oficina rechinó al abrirse y Viktor volteó de golpe.

Los ojos de Otabek estaban inyectados en horror cuando vio quién cruzaba el umbral.

El oficial continuó con su mirada fija en Otabek.

— Y responde al nombre de Yuri Plisetsky.


Hola!🌱

Drama del malo porque sí :( ¡este es el punto clave de la historia! de aquí en adelante se devela poco a poco la vida de Yuri (algo que, si se habrán dado cuenta, nunca se habló)

*Por cierto, los distritos mencionados en el capítulo son reales, son los correspondientes a Moscú ;)

Recen por los bbs ;;

¡Gracias por leer!