Such a lonely day...
Shouldn't exist
It's day that Ill never miss
Such a lonely day...
and it's mine
The most loneliest day of my life
And if you go, I wanna go with you
And if you die, I wanna die with you
Take your hand and walk away...
"Lonely day" (System of a Down)
Saltó la pequeña reja del jardín y recogió varias piedrecillas en su mano, lanzo una, otra, otra más. Se sentía ansioso, moría de ganas de ver a John, no le despegó la vista a la ventana hasta que finalmente lo vio… John apareció y ambos se quedaron mirando. Sherlock sonrió de inmediato, su corazón se aceleró y de pronto fue consciente de que lo extrañaba mucho más de lo que creía.
John no abrió la ventana, solo desapareció, Sherlock sintió esas molestosas mariposas en su estómago mientras se acercaba a la puerta. Era probable que un molesto John Watson lo reciba, aunque apostaba más por uno preocupado, sea como sea, él haría lo único por lo que ha estado esperando esos dos malditos días: besar a su novio, abrazarlo fuerte y decirle que lo había extrañado y que estaba enamorado de él hasta los huesos.
Después de esperar un rato que a Sherlock le pareció demasiado, la puerta finalmente se abre y él, apenas vio al rubio al frente, dejó que su cuerpo haga lo que desase. Se abalanzó a su novio y lo beso con tantas ganas, con tanto amor. Dios, jamás en su vida había sentido tal sensación de necesidad, ni siquiera había dejado que John saliera de su casa, simplemente lo había atrapado desesperadamente con sus labios.
Pero el momento duró poco, puesto que sintió ser empujado con fuerza. Esto no le sorprendió, John debía estar enojado después de todo.
—John… — Sherlock lo miró con culpa —Sé que estás molesto, pero… —
Sherlock no pudo terminar de hablar, fue tomado fuertemente del brazo para ser prácticamente empujado fuera de la casa. John entonces lo soltó para cerrar la puerta y sin decir nada, caminó para saltar la reja y alejarse a paso rápido.
Sherlock alzó una ceja algo confundido, realmente había esperado que John esté más preocupado que enojado, además, era claro que el rubio ya debía de estar enterado que ahora era prácticamente un fugitivo, por lo que estar en la calle no era una buena idea.
Saltó la reja y caminó rápido hasta alcanzarlo.
—Oye, John, ¿a dónde vas? No puedo estar aquí—
John no habló hasta que finalmente voltearon la esquina.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —
Mierda, sí que John está muy enojado…
—John… Entiendo que estés molesto por haberme desaparecido dos días, créeme que estuve tentado a llamarte muchas veces, pero era necesario que perdiéramos contacto en ese tiempo—
John lo quedó mirando dando a entender que continuara con la explicación.
—Como ya debes saber, la policía me está buscando, tenía que desaparecer por esos días para que me perdieran el rastro, pero tenía que venir hoy a explicártelo todo, mañana… —
—Lo sé todo, Sherlock, absolutamente todo, no tienes que venir a explicarme nada— interrumpió John
Sherlock lo observó por un momento leyendo su actitud, John lucía algo más que molesto, no lo tenía claro, pero sentía que era por su desaparición. El pobre habría de estado jodidamente preocupado por él, era obvio que se indignara.
Sonrió, mierda, como lo había extrañado en esos dos días…
—Tenía que hacerlo, John, dos días sin verte fueron una tortura— se acercó a él para tomarlo de las manos —Te he extrañado… —
Se quedó algo perplejo cuando John se alejó de él para evitar el contacto.
—Quieres seguir viéndome la cara de imbécil ¿verdad? Te divierte verme caer en tus mierdas—
— ¿De qué estás hablando? — Sherlock frunció el ceño
—Dijiste que habías dejado las drogas, ¿pero ahora resulta que las elaboras? — John rio con indignación.
La mente de Sherlock no necesitó mucho tiempo para comprender las palabras de su novio. No pudo evitar sorprenderse, era casi imposible para él poder concebir la idea de que John había creído las mentiras de Moriarty. John era inteligente, no se dejaría engañar, confiaría en él, ¿cómo cojones podría tragarse toda esa mierda?
—John… tú no puedes creer todas esas mierdas de mí, todo… —
— ¡Hay pruebas! ¡¿Cómo puedes atreverte a negarlo?! — interrumpió John totalmente molesto
El rizado pudo sentir algo en su pecho, algo que… dolía. Volvió a observarlo y no podía leer otra cosa más que enojo en los ojos de John.
—No puede ser que creas en este complot contra mí—
—Un complot, ¿todo esto es un complot contra ti? Perfecto, entonces explícame porque mierda te tienes que esconder si eres inocente—
—Soy el sospechoso principal, ¿crees que encerrado en una celda podría demostrar mi inocencia, John? —
—Y escondiéndote con tu amante es la manera perfecta para hacerlo ¿verdad? —
Algo andaba mal, sintió una alerta encenderse en su cerebro.
— ¿Amante? —
— ¡No me trates como un imbécil! —
Un empujón por parte de John lo tomó por sorpresa haciendo que por poco perdiera el equilibrio, el rubio había utilizado una fuerza considerable, lo que solo le confirmaba que John estaba mucho más que molesto.
—Tú y Jim Moriarty y sus… malditas drogas, encubriste la muerte de mi compañero, te burlas de mí ¡¿y aun así vienes a negármelo todo en la cara?! —
Joder, mierda, maldita sea, ¡¿John conocía a Moriarty?! ¿En qué momento había sucedido? ¡¿Por qué no pudo saberlo antes?!
— ¿Conoces a Jim Moriarty? ¿Has hablado con él? — preguntó demostrando preocupación en su voz
—De haber sabido que ese maldito era tu puto amante, jamás… —
— ¡Él no es mi amante! — interrumpió Sherlock exasperado, no podía entender cómo era que John podría creer eso cuando sabía que estaba enamorado de él — ¡¿quién mierda te ha dicho esa estupidez?! —
—Cállate, Sherlock, será mejor que cierres la maldita boca y te largues de aquí— el rubio sacó el teléfono de su bolsillo —Llamaré a la policía—
Sherlock abrió los ojos completamente y de inmediato tomó la mano de John para detenerlo. La actitud de John no solo demostraba ira, también demostraba indignación. Algo había pasado que lo terminó por convencer y ese algo debió ser jodidamente serio. Conocía a John, era lo suficientemente inteligente como parar caer fácilmente en las mentiras, así que, sea lo que sea que le mostraron, Sherlock debió haberse visto muy comprometido… pero ¿qué era? ¡¿qué clase de cosas lo pudieron comprometer si él era inocente?!
— ¿Qué más es lo que te dijeron? ¿Qué es lo que supuestamente he hecho? ¿Qué elaboro una droga peligrosa? ¿qué soy un asesino? ¿Qué yo asesiné a Adam Bennet? ¡¿Realmente me crees que capas de todo eso?! —
No pudo evitar gritar, se sentía impotente de no poder demostrar su inocencia al hombre que amaba, sentía que lo estaba perdiendo.
—Tú no puedes creer en todo eso, tú menos que nadie puede ser capaz de hacerlo, John, tú no—
—Yo nunca te creí capas, hasta que me mostraron todas las malditas pruebas— respondió John liberándose del agarre de Sherlock
— ¡Son falsas! ¡Cada una de ellas son falsas! —
Por favor, John, no me dejes, no permitas que te alejen de mí por esas mentiras.
— ¿Entonces todo Scontland Yard está en tu contra? —
—Es Jim Moriarty el autor de este complot—
— ¿Tu amante es ahora el que…? —
— ¡No! ¡Maldita sea! ¡Él no es mi amante! — interrumpió desesperado
John lo volvió a empujar.
— ¡Basta! ¡Basta o juro que te romperé la cara! —
Sherlock guardó silencio por un momento, observó a John con odio en sus ojos, mirada que nunca pensó recibir de su parte. Fue entonces cuando se dio cuenta de su error, John sí había sido fácil de engañar después de todo.
Se sintió decepcionado, pero aun lo amaba y era la única persona que le importaba, así que limpiar su nombre ahora no solo significaba exponer a Jim Moriarty, ahora tenía otro significado mucho más importante: Recuperar a John Watson.
—Limpiaré mi nombre por ti, John— dijo rompiendo el silencio —Eres la única persona por quien lo haría, porque te amo—
John entonces respondió con una risa, una burlona risa que desconcertó a Sherlock.
—Me amas— John negó divertido —Tú no amas, Sherlock, tú solo eres un… solo eres un buen actor, siempre lo fuiste, pero ya no estoy interesado en tus mentiras, Sherlock. No más—
Mentiras, John, si tan solo pudieras verlas tal como son…
Sherlock observó a John guardar su teléfono y luego voltearse para irse. Algo dentro de él supo que el rubio no llamaría a la policía, tal vez eso quería decir que aún lo amaba… prefería creer que así era.
—Realmente me crees capas de todo eso ¿no es así? — preguntó Sherlock sabiendo ya la respuesta
John volteó y lo miró, sus manos se posaron en su cintura.
—Sí, lo hago. Te creo capas de eso, aunque admito que al principio me pareció injusto que te involucraran de esa manera, pero entonces me mostraron las pruebas y me di cuenta lo ciego que estaba contigo—
Desvió su mirada al sentir otra apuñalada en su corazón.
—Yo… yo hubiera esperado esto de cualquiera, incluso de mi familia, pero… — Sherlock rió levemente sintiéndose estúpido por no haber deducido la situación antes —pero resulta que eres el… —
—No me vengas con estupideces— interrumpió John
Sherlock lo miró, por alguna razón, el tono de voz de John le hizo creer que el rubio estaba hastiado de él.
—Hacerte la víctima no te queda, Sherlock, ya no funciona conmigo— John se acercó unos pasos — ¿Qué es lo que pretendías conmigo? ¿Divertirte un rato y luego dejarme? ¿Inculparme de las mierdas en las que estás metido? —
—John, no tengo idea de lo que te habrán mostrado como pruebas, pero te juro que yo… —
— ¡No! ¡no! No me jures nada, eres la persona más hipócrita que he conocido. Eres el tipo de persona que detesto, un parásito en la sociedad que no sirve nada más que para traer problemas—
Las palabras dolían, lo destruían sin misericordia. Había escuchado esos insultos antes y ninguna le habían hecho daño, pero era John quien se lo decía ahora y eso simplemente era más de lo que podía soportar.
—John… — susurró como suplicando a que por favor se detuviera
—Fui un imbécil al involucrarme contigo, joder. Debí entenderlo cuando viniste a mí desesperado porque te follara— lo miró a los ojos —Porque eso era todo ¿verdad? Que te follara—
Sherlock no podía creer lo que había escuchado, ¡¿cómo era capaz de decirle eso?! Le había confesado su dolor, le había confiado su vida y el sexo había sido tan especial y significativo para él que mencionarlo de esa manera era totalmente indignante e insultante.
— ¿Cómo te atreves? — dijo Sherlock
— ¡Oh, no me vengas con que te sientes indignado! —
—No digas mierdas de las cuales te arrepentirás luego— dijo Sherlock entre dientes, ese dolor que sentía se mezclaba con ira poco a poco
— ¿Acaso me estás amenazando? —
—Estás enojado conmigo, cegado por lo que la policía te mostró. Sueltas estupideces de las cuales te arrepentirás cuando veas que todo el maldito mundo está equivocado—
—Equivocado. Todos estamos equivocados. ¿En qué se supone que estamos equivocados? ¿En que eres una puta que para el culo cuando está desesperado? ¿Qué te haces el serio y el inteligente cuando en la cama no aguantas mucho y te corres apenas te están follando? —
No, no podía seguir escuchando, empezaba a sentirse traicionado, a sentirse como un maldito ingenuo al haberse acostado con alguien que lo había… ¿utilizado?
—Cierra la boca, John— susurró, quería evitar responder con un golpe
—Me divertí como no te imaginas esa noche contigo, Sherlock. Accedí solo por probar como sería estar con un hombre—
—He dicho que cierres la… —
— ¡No voy a cerrar mi maldita boca! Te voy a decir cómo fueron realmente las cosas, Sherlock—
No, no, por favor, no…
Sherlock lo quedó mirando, casi sabía lo que John diría y eso le aterraba porque no sabía si lo soportaría. Se tensó y su menté empezó a debatir si realmente todo eso estaba sucediendo o si solo era una maldita alucinación. Dios, cuanto deseaba despertarse, ver a John durmiendo a su lado y darse cuenta que era solo una pesadilla.
—Nunca creí que follarme a un hombre fuese tan placentero, así que sí, fuiste el primero, pero no serás el único, Sherlock. Fuiste un gran inicio, pero me puedo conseguir otros culos igual de desesperados que el tuyo, así que no te creas especial—
En ese preciso instante el mundo de Sherlock se derrumbó por completo. Sus paredes cayeron sintiéndose expuesto, débil, pequeño, insignificante, asustado.
Había sido engañado y él nunca ¡nunca se había dado cuenta!
— ¡Cállate! —
Gritó con todo el dolor que su alma sufría, tomó a John de la camiseta y lo acorraló con fuerza contra la pared. Se negaba a creerlo, no podía creerlo, John no sería capaz de hacerle eso. John Watson jamás le haría daño, jamás sería cruel.
—Retira lo que has dicho ¡retíralo! —
— ¿Qué pasa? ¿Te duele ser el que resultó ser usado? — respondió John
—Dices todo esto porque estás enojado, tú me amas, sé que lo haces—
Sherlock sentía su cuerpo temblar, estaba asustado y enojado, sentía odiarlo y amarlo al mismo tiempo.
— ¿Amarte? Yo no te amo—
— ¡Es mentira! — gritó desesperado
Sherlock sintió un golpe en sus costillas que hizo que soltara a John de inmediato para luego ser empujado con fuerza. Se llevó el brazo a las costillas intentando soportar el intenso dolor que le había causado.
— ¡Yo jamás te amé! ¡Dime una sola vez que te lo haya dicho! —
Entonces lo miró sorprendido, Sherlock nunca había caído en cuenta de aquel detalle, pues era verdad, el único que había dicho "te amo" había sido él mismo, pero nunca lo había escuchado de los labios de John.
—Jamás, Sherlock, jamás dije que te amara. Yo solo quería follarte y divertirme, así que podemos estar a mano en eso—
La mente de Sherlock se bloqueó, todo su funcionamiento se había reducido a la ira… y es que cada una de esas palabras habían resultado tan devastadoras que terminó destruido por dentro y no le quedaba de otra que enfrentarse y defenderse de cualquier manera que fuera posible. Como un animal dando sus últimos esfuerzos para mantenerse vivo.
Ambos entraron en una pelea con fuertes golpes, pero Sherlock se vio en desventaja casi de inmediato, su cuerpo no respondía como quería, tal vez la falta de comida o el bloqueo de su mente no permitieron que luciera sus mejores dominios en combate, pero él terminó recibiendo fuerte puñetazos, tan rápidos que no tuvo tiempo de reaccionar.
Cayó al suelo sin que pudiera evitarlo, para luego sentir las fuertes patadas en su estómago. Sherlock no podía pensar en nada, su mente estaba muy aturdida y su cuerpo demasiado adolorido.
De pronto todo se detuvo y Sherlock sintió como si algo aún peor le pasaría en cualquier momento, por lo que intentó levantarse, ponerse sobre sus codos al menos, pero no podía. Empezó a toser cuando intentó tomar un profundo respiro, puesto que las patadas le habían quitado el aire. Vio la sangre que caía de su rostro tiñendo de rojo el pavimento.
—No quiero… no quiero volver a verte, ¿entendiste? Lo que tuvimos solo fue un maldito… — escuchó decir a John —un maldito revolcón sin valor. Me interesa una mierda lo que hayas pensado tú, pero yo no quiero problemas con la policía, así que te alejas de mí o te partiré la cara a golpes—
Inmediatamente después se escucharon los pasos de John alejarse. Sherlock no se atrevió a alzar la cabeza para mirarlo, lo que había escuchado era todo lo que necesitaba para saber que su miedo había resultado ser cierto. John no lo amaba, nunca lo hizo. Sherlock se había enamorado profundamente de la persona equivocada. John se había burlado de él y jamás se había dado cuenta.
Cerró los ojos con fuerza mientras sentía sus lágrimas caer, toda su vida había evitado el error de los sentimientos, toda la vida se había jactado de no tenerlos y ahora… ahí estaba, destrozado por dentro, sintiéndose tan… patético… tan estúpido por haber confiado ciegamente.
Por haberse enamorado.
—Oh, Dios… —
Susurró con vergüenza y frustración al recordar aquella noche, aquella primera vez con John. Él mismo había ido a buscarlo, él mismo había querido hacerlo, él mismo había cavado su tumba y ahora la vergüenza lo inundaba de manera dolorosa.
¿Cómo pudo caer tan bajo?, ¿cómo?...
Poco tiempo después, Sherlock recordó otra parte de su realidad, él era un fugitivo y con todo el escándalo que había hecho con John, era muy probable que algún vecino haya alertado a la policía por ello.
Se levantó con dificultad, sus piernas le temblaban un poco y sus fuerzas, por alguna razón, habían disminuido drásticamente. Llevó su mano a sus labios y al sentir un dolor punzante en su labio, justo donde se encontraba su piercing, entendió enseguida que no lo podría usar en un buen tiempo. Tuvo que soportar ese dolor para sacárselo, podía estar seguro que ahora tendría una cicatriz que, para su desgracia, le haría recordar ese suceso toda su vida.
Empezó a caminar mientras se limpiaba las lágrimas y la sangre con la manga de su chaqueta, sin importarle que esta se arruinase por ello. Pero por más que lo hiciera, la sangre todavía emanaba de su labio inferior, no era demasiada, pero caía en su ropa dejándolo en un total desastre.
La pequeña serenidad que había obtenido en el camino le había durado poco, recordar cada palabra que había dicho John lo hacía sentirse cada vez más miserable. Alzó su mano y se apoyó en la pared mientras otra oleada de lágrimas le ganaba la batalla, se sentía tan pequeño en esos momentos, tan vulnerable que no podía evitar odiarse por resultar ser tan débil.
Intentó calmarse, colocó su otra mano para así apoyarse en ambas y apretó los dientes con fuerza, quería dejar de llorar, debía obligarse a hacerlo, por más que le duela el corazón.
"No quiero volver a verte, ¿entendiste? Lo que tuvimos solo fue un maldito revolcón sin valor."
La voz de John resonaba en su cabeza, torturándolo, apuñalándolo una y otra vez.
— ¿Cómo pudiste?... John… ¿cómo?... —
Susurró entre dientes mientras tenía la cabeza colgando entre sus brazos y sus ojos cerrados con fuerza.
—Sherlock—
La voz de Mycroft lo tomó por sorpresa, abrió los ojos de inmediato y alzó la cabeza, pero no volteó… le avergonzaba que su hermano lo vea en ese estado.
Escuchó la puerta del auto abrirse y los pasos de Mycroft acercarse a él. Era un hecho que su hermano se había enterado de todo por las cámaras de seguridad.
—Entra al auto, Sherlock—
El rizado tomó fuerzas y dejó de apoyarse en la pared, secó nuevamente sus lágrimas, pero esta vez con las manos. Aun se negaba a voltear.
—Necesitas entrar al auto, por favor—
—No me compadezcas, Mycroft—
Sherlock respondió casi sin pensarlo. Ese tono de voz que había utilizado su hermano era el mismo que utilizaba cuando era pequeño y se sentía triste y Mycroft le daba palmaditas en el hombro intentando consolarlo.
Mycroft suspiró —Entra al auto—
Sherlock volteó, pero en el sentido opuesto a su hermano para evitar que lo viera y entró al auto rápidamente, aunque algo torpe, sentía como si su cuerpo se rehusaba a obedecerle.
Sherlock no preguntó a dónde se dirigían, sabía que Mycroft no dejaría que sus padres lo vieran en ese estado, así que hubo un silencio en los primeros diez minutos del camino. Sherlock miraba por la ventana, negando la vista de su rostro a su hermano. Le dolía la cabeza, sentía sus labios palpitar, incluso respirar era dificultoso porque todo, absolutamente todo, lo tenía adolorido. La sangre había dejado de salir como antes, pero de vez en cuando se limpiaba con la manga de su chaqueta.
—Toma, te atenderán en cuanto lleguemos—
Sherlock volteó solo un poco logrando ver el pañuelo blanco con las iniciales de Mycroft en él. No dijo nada y lo recibió, se limpió el resto de sangre y guardó la prenda en su chaqueta.
—Supongo que aún quieres hacer esto, ¿no es así? —
—Por supuesto que lo haré— contestó sonando como si no le pasara nada
—El plan sigue su marcha entonces—
Y eso había sido todas las palabras que se dijeron en el camino, hasta que llegaron a un departamento que Sherlock desconocía, pero que no tardó en deducir que era de Mycroft, uno privado y para uso personal.
Apenas había puesto un pie en el lugar, fue atendido de inmediato, sus heridas fueron curadas, le dieron pastillas para el dolor y luego recibió una bata de baño con una toalla.
—El tiempo está en nuestra contra, Sherlock, tu ropa te estará esperando en cuanto salgas. Baja de inmediato al terminar, debes tomar el avión—
Dicho eso, Mycroft lo dejó solo en ese gran dormitorio con baño propio, le había dado la espalda todo el tiempo, aún no podía verlo a la cara porque no podía evitar pensar en el "te lo dije" que Mycroft le había advertido alguna vez.
Sherlock se sentía débil, pero el baño lo había recuperado un poco, así que, cuando estaba ya sentado en el avión camino a Sussex, el rizado enfocó su mente en lo que realmente importaba en esos momentos. Cambiar el enfoque a la que había acostumbrado su mente no había sido fácil, ahora John no podía ser el motor, John no podía ser más el que lo empujara a moverse, ahora era simplemente él y el puro hecho de demostrar su inocencia a gente inepta y estúpida.
Aunque no, no era una razón suficiente, pero era lo único que le quedaba, así que lo tomó en contra de su voluntad.
En su palacio mental todo era un caos, su mente estaba tan agitada que era difícil volver a encontrar los datos que había almacenado sobre Jim Moriarty, quería verlos, recordarlos por última vez, pero John se presentaba ante él como un maldito fantasma para atormentarlo.
Cuanto deseaba un poco de heroína en esos momentos, solo un poco para tener el control de su mente en esos momentos.
Apretó sus manos en el asiento respirando profundamente, aún estaba aturdido y herido por lo que había pasado, necesitaba un tiempo a solas para depurar todo, pero no tenía tiempo para eso, tenía que arreglárselas para mostrarse estable ante Moriarty. Sabía que ese hijo de puta había logrado su plan, pero no le daría el gusto de verlo destruido como tanto le había advertido. Sherlock no se dejaría vencer tan fácil; sin embargo y aunque suene irónico, le había mostrado el verdadero rostro de John Watson, así que, había algo de lo que podía agradecerle después de todo.
Lo primero que lo recibió al bajar del avión fue el peculiar olor del mar, olor que no sabía que había extrañado hasta ese momento. Mycroft no estuvo con él en vuelo, así que la gente de su hermano siguió las órdenes y fue llevado a su antigua casa. Su familia aún lo conservaba por ser muy significativa.
Decir que le dio gusto volver sería una mentira, ya que revivía aquella oscura época con Victor. Recorrió la sala a paso lento tocando las cosas suavemente en el camino. La última vez que había estado ahí, se había prometido a él mismo que las cosas cambiarían… tal vez había sido un ingenuo todo el tiempo y él no lo sabía, pues ahí estaba él sintiéndose tan miserable como antes.
—Joven Holmes, tiene una llamada—
Uno de los hombres de Mycroft había aparecido detrás de él mientras miraba por la gran ventana. Sherlock tomó el teléfono.
—No me escaparé sin que lo sepas, Mycroft—
—No, no lo harás. Me uniré a ti en cuanto pueda, la situación en Londres requiere de mi presencia por el momento. Por cierto, Jim Moriarty ya se encuentra en Sussex—
—Es obvio que ya está aquí y tú nunca llamas para decir que vendrás sin tener una fecha exacta. ¿Para qué es exactamente es esta llamada? —
—Sherlock… — Mycroft sonó preocupado al otro lado —Dudo que tu mente esté preparada en estos momentos para… —
—No seas estúpido, sé muy bien lo tengo que hacer—
—Moriarty usará tu dolor en tu contra, Sherlock y todavía no estás recuperado de ello—
Sherlock bajó la mirada recordando una vez más lo sucedido en la madrugada.
—El plan seguirá su curso, nada se verá afectado, puedo jurarte eso— dijo
—Sherlock, confío en ti, pero me preocupa tu… —
—Entonces demuéstralo. Inicia el plan en una hora, iré a ver a Jim, debe estar ansioso de verme—
— ¿Ahora?... No has dormido en el avión—
—Dormir es una pérdida de tiempo. Estoy preparado para esto—
No dijo más y colgó la llamada, debía terminar con todo eso de una vez, o mejor dicho, quería terminar con todo de una vez. Sus heridas estaban frescas y Jim golpearía directamente en ellas, lo sabía muy bien, pero el dolor tan solo era una vieja amiga, sabía cómo lidiar con ella. Además, luego de lo vivido con John, nada podía dolerle peor que eso.
Sherlock tenía puesto su abrigo, su pantalón negro usual y una camisa de un color morado oscuro. Al parecer, Mycroft se había encargado de tenga ropa presentable para el momento. Le colocaron el pequeño micrófono entre la ropa y el audífono dentro de su oreja, así podría comunicarse con Mycroft en tiempo real mientras tenía en frente a Moriarty. Coordinó con los agentes un último repaso y entonces todo estaba listo.
Ahora todo estaba en sus manos.
La mañana nublada le anunciaba que la época más fría se acercaba, tener el saco resultó ser más que una ventaja. Había salido de casa caminando a paso lento, pausado, como recorriendo las calles a gusto. Sabía dónde encontrar a Moriarty, recordaba muy bien aquel lugar donde solía drogarse en medio de la cómoda soledad; sin embargo, cuando llegó, nada de lo que recordaba estaba ahí, ahora solo era un muro alto lo que le recibía.
Todo el terreno había sido cercado con aquel muro. La puerta que resaltaba por el oscuro color en el que había sido pintado de repente hizo un fuerte sonido avisando que había sido abierta. Sherlock alzó su mirada y pudo ver las dos pequeñas cámaras de seguridad, sonrió de lado, Jim se había asegurado de causar la impresión de que estuviera a punto de ingresar a una fábrica en todo el sentido de la palabra.
Sherlock sabía lo que encontraría y no era precisamente una fábrica, pero sí un laboratorio mínimamente equipado, y de hecho, lo que encontró estaba entre eso y algo más producido. Sin embargo, lo que más le llamó la atención, fue la plantación que fácilmente llegaba a los dos metros de altura. No podía ver flores en realidad, pero la planta en sí se alzaba imperiosa en el lugar. Caminó lentamente hacia ellas, observando a su alrededor.
El lugar se veía ligeramente más pequeño de lo que recordaba, estaba cercada por completo con ese gran muro y dentro de ella se encontraba una construcción de dos pisos. No era tan pequeña, pero fue construida de tal manera que sus paredes estuvieran separadas lo suficiente como para caminar alrededor de ella. Era el laboratorio.
Estaba en el primer piso con la puerta abierta de par en par, tenía grandes ventanas que miraban a la plantación y parecía estar vacía. Se apreciaban mesas ordenadas de manera paralela mientras que otra más larga estaba contra la pared al lado de dos fregaderos. Había todo tipo de utensilios esparcidos en un curioso desorden, aunque parecía que no se había usado el lugar en un período prolongado.
Siguió caminando todavía negándose a entrar al laboratorio, pero entonces algo lo detuvo.
—Datura, perteneciente a la familia de las Solanáceas— la voz de Jim se escuchó de pronto —Es una pena que no hayas visto cuando las flores adornaban de blanco toda la plantación. Eran largas, elegantes y hermosas. Como tú, amor—
Sherlock no volteó, pero colocó sus manos en su espalda mientras observaba la plantación.
—Supongo que el clima no es el adecuado en estos momentos—
—De hecho, también crecen en un clima frío, pero ya estamos en los últimos meses del año, el clima aquí es más frío que el invierno en Sudamérica. Estas mierdas son delicadas y solo florecen una vez al año. Por eso conviene tener tu propia reserva en lugar de comprarla—
Los pasos de Jim se acercaron hasta estar detrás de él, Sherlock no se tensó ni se sintió intimidado, pero esperaba expectante lo que haría el chico.
—Oye, déjame verte, quiero saber cómo te dejo el hijo de puta de John Watson—
Sherlock no pudo evitar desconcertarse, volteó ligeramente demostrando su sorpresa.
—Sé lo que pasa, tengo contactos, Sherlock. Voltea, déjame verte—
El rizado sabía a donde iba la petición de Jim, sabía que la conversación empezaría y atacaría donde más le dolía.
— ¿Esperas a que voltee y rompa en llanto para que me consueles? —
Escuchó a Jim reír —Me gustaría, pero sé que no lo harás… todavía—
Entonces fue volteado de repente quedando frente a frente con Moriarty, este lo observó con el ceño fruncido, paseaba sus ojos por todo su rostro. Sherlock también lo empezó a observar, lo analizó rápidamente.
Ojos ligeramente rojos, pupila dilatada, camiseta delgada en el frío, pantalón negro con un rastro muy ligero de polvo blanco en la pierna derecha. Está drogado, se siente olor a marihuana, pero no tan fuerte, por lo que no ha fumado recientemente, su estado se debe a otro tipo de droga. Cocaína tal vez por ese rastro en el pantalón.
—Mierda, Sherlock… — susurró —se nota que a ese hijo de perra no le importabas—
Sherlock sintió un vacío en su estómago al escuchar esas palabras y esperó haberlo disimulado.
—Yo jamás me habría atrevido a golpearte, ni siquiera hubiera… Oh, mierda, ¿dónde está tu piercing? — Jim intentó tocar su rostro, pero Sherlock se apartó de inmediato —Amaba ese piercing, ¿recuerdas que me gustaba jalarlo con los dientes cuando te besaba y tú te enojabas por eso? —
Odiaba infinitamente recordar aquellos días que pasó con Jim, aquellos días en la que ese juego de amantes se le hacía divertido.
—Planeaste un encuentro aquí, ¿por qué no dejamos de perder el tiempo y empezamos a lo que vinimos? — respondió Sherlock con todo el desprecio que Jim le provocaba
—Oh… — Jim sonrió de manera sugerente — ¿Quieres que te diga porqué quería que nos viéramos aquí? —
—Me necesitas, me quieres a mí—
Jim volvió a reír divertido —Sí, amor, te necesito en este… negocio, si lo podemos llamar así. Además… —
Sherlock no se lo esperó, en un segundo fue tomado del rostro y jalado para recibir un torpe y apresurado beso en los labios. Cuando quiso alejarse, Jim ya lo había soltado rápidamente.
—Te quiero, pero en cuatro, Sherlock, sobre mi cama y sin ropa— dijo divertido
Sherlock estuvo a punto de responder con un golpe, pero la voz de Mycroft lo detuvo.
Recuerda el plan, Sherlock, contrólate
El rizado desvió su mirada, intentando calmar su instinto de matar que Jim fácilmente le provocaba, especialmente al escucharlo reír.
—De acuerdo— dijo
Jim dejó de reír y lo miro sorprendido — ¿En serio? —
—El negocio, ¿qué es lo que quieres? —
— ¡Ahg! — Jim rodó los ojos — ¡Eres un maldito hijo de puta! no me ilusiones, tengo sentimientos ¿sabes? —
— ¿Qué es lo que quieres? — insistió con seriedad
—Supongo que ya tienes la idea, eres un genio ¿no? —
—Contigo siempre hay sorpresas—
Entonces, la sonrisa de Jim desapareció, colocó sus manos en los bolsillos de su pantalón y lo miró en silencio por un momento.
—Contigo también hay sorpresas, Sherlock, no creas que no sé que llegaste en el vuelo de un maldito avión privado—
Sherlock sonrió de lado — ¿Qué esperabas? ¿Qué tome un vuelo comercial cuando tú te encargaste de convertirme en un fugitivo? —
—No, mi amor, eso lo hiciste tú solo—
Sherlock levantó sus brazos —Puedes asegurarte, revísame por armas, micrófonos o cualquier otra mierda—
Jim lo miró de pies a cabeza —Nah— dijo para luego darle un rápido vistazo a su reloj —Tendré el resto del día para tocarte, por ahora quiero enseñarte algo—
Moriarty volteó haciendo un ademán con su mano indicando que lo siguiera, Sherlock lo hizo sin decir nada.
¿Cuántas personas ves y dónde están?
Dijo la voz de su hermano, pero al ingresar al laboratorio, pudo reconfirmar que el lugar no había sido utilizado en un período de tiempo.
—Supongo que el clima actual también impide que se trabaje aquí— comentó Sherlock mientras seguía a un silencioso Moriarty —No flores, no drogas—
—Si quieres averiguar si estamos solos para prepararte para una posible emboscada, puedes estar tranquilo. Estamos aquí para hablar de negocios y follar como unos malditos conejos. No quiero que nadie nos interrumpa—
Sherlock no contestó, se limitó a volver a guardar silencio mientras observaba el lugar a medida que cruzaban el laboratorio directo a la escalera que daba al segundo piso. Estas eran amplias, pero algo rústicas, todo parecía relativamente nuevo. Restos de utensilios y otras cosas que no sabía qué eran, se encontraban esparcidas en ciertos lugares, pero de igual manera el lugar se veía ordenado.
La escalera simplemente terminaba en el piso de la segunda planta, esta estaba casi completamente vacía, excepto por una cama situada en una de las esquinas al lado de una ventana. Sherlock no tuvo que pensar mucho para saber lo que eso significaba.
—La armé hace un rato, así que podemos saltar en ella sin preocuparnos— dijo Jim con una sonrisa
—La cabaña con tu plantación de flores— comentó Sherlock
Jim sonrió —Te cuerdas, ¿no es así? —
El rizado vio otra escalera que daba a otra planta arriba, la azotea.
—Oh, también tenemos azotea para… — Sherlock sintió marearse un poco — colgar la ropa… — sintió que todo había empezado a dar vueltas, extrañado intentó controlar su cuerpo y mantener el control
—Sí, claro, es obvio. Cómo podríamos vivir aquí si no hay lo básico— Jim rodó los ojos —Camina— dijo mientras se dirigía a las escaleras
Sherlock frunció el ceño, su corazón empezó a latir más rápido de lo normal, no sabía realmente qué le estaba pasando. Siguió a Jim disimulando su estado hasta finalmente salir a la azotea.
Jim no se percataba de su estado, este simplemente siguió caminando hasta detenerse en medio de todo el lugar.
Sherlock sintió su boca seca y al mismo tiempo inmensas ganas de beber, todo parecía estar en cámara lenta, además de como si todo de repente estuviera encima de él aplastándolo, se sentía pesado y lento. Bajó la mirada para ver sus manos, pero no lograba verlos bien, tenía la vista demasiado borrosa. Se obligó a sí mismo a calmarse y a no entrar en pánico.
No puedo moverme, no puedo hablar, no veo bien… mi sistema nervioso está comprometido…
Entonces la respuesta vino a su mente de inmediato, tenía los síntomas por intoxicación con Escopolamina.
—Estoy… estoy intoxicado… — susurró
¿Sherlock? ¡Sherlock! -La voz de Mycroft sonó alarmada- Abortemos el plan, mandaré…
—Continúa el plan… continúa— volvió a susurrar mientras intentaba apoyarse en la pared
¡Te matará, Sherlock!
—No lo hará… —
Jim había estado hablando dándole la espalda en todo ese rato, así que no había notado los síntomas del rizado.
—Inicialmente consideré utilizar todo el lugar para un laboratorio, claro que temporal— Jim entonces volteó —porque se necesita un lugar… oh—
Sueño, Sherlock sintió que sus párpados pesaban tanto que era difícil mantener los ojos abiertos. Volteó su cabeza para ver a Jim acercarse a él y por un momento pensó en escapar, pero simplemente no pudo moverse, solo estaba ahí parado sin hacer nada.
—Mierda, esperaba que tardara un poco más— vio a Jim hacerse a su rostro para observarlo con detenimiento —Sherlock ¿puedes escucharme? —
—Sí— respondió Sherlock
— ¿Qué sientes? —
—Tengo… sueño—
Jim empezó a reír divertido —Si tan solo pudieras verte, te ves jodidamente hermoso así—
Sherlock estaba flotando, sentía que en cualquier momento caería dormido al piso, por lo que luchaba por mantener los ojos abiertos, se concentraba en la voz de Jim y por alguna razón, su cabeza esperaba con ansias cumplir cualquier tipo de orden. Necesitaba mantenerse ocupado o se quedaría dormido.
—Adam Bennet tardó más tiempo—
Una voz conocida para Sherlock se escuchó acercándose detrás de él.
¿Sherlock? ¿estás bien? ¿Sherlock? –Mycroft volvió a hablar
—No… — contestó Sherlock
— ¿Qué dijiste, amor? — preguntó Jim
—Que no… que no estoy bien—
—Claro que no estás bien, imbécil— Sherlock entonces vio a la persona de aquella voz de hace un momento, era Sebastian Moran —disfruta ser un maldito perro mientras dure— Moran empezó a reír —mierda, le diré que ladre, Sherlock… —
— ¡No! — interrumpió Moriarty —Si habrá alguien que lo humille seré yo, ¿entiendes? —
—No me vengas con esas mierdas, esta mañana me dijiste que podría follarlo después de ti—
—No estaba hablando en serio, hijo de puta—
—De todas maneras, sabes que no me follaría a Sherlock ni estando drogado—
Sherlock escuchaba la conversación, pero no se sentía aludido ni afectado por ello, era como si no supiera que hablaban de él, la droga definitivamente ya había hecho efecto en él haciéndole perder por completo su voluntad.
—De acuerdo, Sherlock, amor, ven conmigo—
Jim extendió su mano y Sherlock la tomó, fue guiado hasta un extremo de la azotea y le señaló la plantación.
—Todo esto es mío, lo compré pensando en los dos—
—Esto es ridículo— dijo Sebastian
—Si no te gusta, te puedes ir a joder ¡a tu puta madre! Ya trajiste la maldita droga, ahora te puedes largar ¡y dejar de estorbar! —
Sherlock seguía con su mirada al frente, sin decir ni una palabra ni hacer nada y aquellos gritos ni siquiera lograron captar su atención.
Jim volvió a mirarlo.
—Tomé estas medidas para asegurarme de que no vuelvas a cometer otra estupidez— dijo Jim —He mejorado esta droga, pero aún no está exactamente como quiero y solo hay una maldita persona en el mundo que puede hacerlo y ese eres tú, amor— Sherlock sintió una suave caricia en su cabeza — ¿no quieres ayudarme a mejorar esta droga, cariño? —
—No— contestó Sherlock, casi susurrando
Jim aclaró la garganta sintiéndose algo idiota.
—De acuerdo, fue una pregunta estúpida— dijo más para sí mismo
El rizado sintió ser volteado lentamente hasta quedar frente a frente con Moriarty, este le acarició el rostro lentamente mientras lo miraba con una sonrisa.
—Joder, si tan solo te pudiera tener así todo el día—
—Si no le das el antídoto antes de que sus ojos empiecen a enrojecer, tu detective será historia— dijo Moran con diversión en su tono de voz
Jim torció la boca mientras no le quitaba los ojos al rostro de Sherlock —Mierda, es tan tierno que podría correrme en su cara—
Sherlock vio a Jim sacar del pantalón un pequeño frasco de vidrio, para luego recibir una jeringa por parte de Moran.
—No sabes cómo me gusta tenerte sumiso, Sherlock, pero los efectos de la droga aún son muy fuertes. Perdí a muchos conejitos por eso— Jim imitó una exagerada cara triste —por eso tú me vas a ayudar ¿entiendes? —
Sherlock asintió con la cabeza en respuesta.
—Ahora, quédate quieto, esto te hará sentir mejor—
El rizado sintió la aguja hundirse en su cuello, hizo un pequeño gesto de dolor ante ello. Cuando la aguja fue retirada luego de unos segundos, Jim se acercó a él besándolo suavemente en los labios.
—Te daré un poco más tarde si te pones reacio conmigo—
Susurró contra sus labios, Sherlock sintió una alerta en su cerebro, pero no respondió ante ello. Cuando Jim se separó, este sacó una hoja doblada de su pantalón.
—Dame el bolígrafo, despertará pronto— le dijo a Moran y acto seguido tomó la mano de Sherlock entregándole el bolígrafo que había recibido —Sherlock, firma estos papeles, rápido— su voz sonó firme y seria
Sherlock no opuso resistencia, ni siquiera se preguntó que rayos firmaría, simplemente acomodó el bolígrafo en su mano e intentó enfocar su vista en el papel. No podía ver nada, estaba borroso.
— ¿Sherlock? — preguntó Jim
—Aún no puede ver— escuchó la voz de Moran
—Tendrá que hacerlo, de otra manera no firmará— Jim jaló del brazo a Moran y lo volteó de espaldas a Sherlock —Quédate así para que pueda firmar— puso el papel en la espalda de Sebastian y señaló la parte inferior de la misma con su dedo —Aquí Sherlock, justo aquí tienes que firmar. Hazlo—
Entonces, tentando en las manchas borrosas firmó lentamente donde se le había indicado.
—Muy bien— Jim sonrió ampliamente —Ahora sí estamos progresando—
Vio a Moriarty doblar la hoja de manera descuidada para luego volver a guardarla en el bolsillo de su pantalón.
—Lárgate, quiero estar a solas con Sherlock antes de que empiece con su berrinche—
Sherlock intentó voltear a ver a Moran, pero de pronto se vio envuelto en un fuerte abrazo, sentía la respiración agitada de Jim en su cuello.
— ¿Dónde está mi pago? —
—En el laboratorio. Lárgate y no jodas— Jim permanecía con el rostro en el cuello del rizado
— ¿Qué haremos con el laboratorio en Londres? La droga está lista—
Jim se separó de Sherlock rodando los ojos.
—Sabes qué hacer, no te hagas el imbécil. Mátalos y desaparece los cuerpos, ¿no es que eres bueno en eso? Ahora, desaparece—
Sherlock parpadeó varias veces en su afán de enfocar el rostro de Jim quien estaba a poca distancia de él. Aquella alerta en su cerebro volvió a aparecer y aunque sabía que tenía que reaccionar, su cuerpo aún no respondía.
Escuchó los pasos de Sebastian alejarse, al mismo tiempo que los besos de Jim volvían a su cuello.
—Te amo, Sherlock— susurró Moriarty contra su piel —No me importa las mierdas que me hayas hecho, yo te quiero conmigo— sus manos acariciaban su espalda por encima del saco — ¿Por qué no trajiste tu chaqueta de cuero? — dijo al alejarse —Con todo esto no puedo tocarte— Sherlock frunció el ceño levemente al sentir la mano de Jim acariciar su miembro por encima de su pantalón —No sabes las ganas que te traigo, Sherlock— susurró, volviendo al cuello para depositar pequeños besos en la pálida piel —Te haría gritar mi nombre toda la noche y te correrías tantas veces que perderías la cuenta—
La droga, la droga está afectando mi sistema…-su mente habló-
Por fin y por primera vez en todo ese rato sintió su mente aclararse poco a poco, pudo pensar por sí mismo y cuestionarse la situación. Su cerebro estaba tardando en comprender, pero luchaba, ahora podía estar consciente con quién estaba, qué hacía ahí y, sobre todo, lo que las caricias estaban provocando a su cuerpo.
—Ah… —
Susurró Sherlock cuando sintió la mano de Jim tomar su miembro, no sabía en qué momento le había abierto la bragueta… sintió excitarse por un momento, pero no le duró por mucho porque sus ganas de matarlo empezaron a presentarse.
El hijo de puta de Jim lo estaba tocando contra su voluntad aprovechando que estaba bajo los efectos de la droga.
El dominio de su cuerpo empezó a hacerse presente y aunque todavía era difícil moverse con facilidad, logro subir sus manos hasta tomar el cuello de Moriarty. Este estaba completamente sumergido en su tarea repartiendo besos y trabajando en sus gentiles masajes, que no logró descifrar a tiempo la razón por la que Sherlock colocaba lentamente sus manos en su cuello.
Sherlock tomó fuerzas y entonces apretó las manos lo más que pudo, Jim se separó de inmediato, ahora sí se había dado cuenta. Le tomó de las manos y lo miró divertido.
—Espera, Sherlock, oye… — dijo entre risas —creí que te estaba gustando—
—Hijo de… puta, te voy a… —
— ¡Shh! — Jim empezó a empujarlo de tal manera que Sherlock cedió poco a poco hasta caer al piso, Jim lo ayudó para no golpearse —Tranquilo, amor, sólo quería provocarte un poco—
— ¿Qué me has…? ¿Cómo…? —
— ¿Cómo te intoxicaste? Ay, vamos, sé que puedes deducirlo— Jim volvió a acariciar el miembro de Sherlock —Tú eres tan bueno en todo, amor— susurró contra su oído
¿Sherlock? Necesito una señal… -habló Mycroft-
—La droga está… te voy a… te voy a quitar esa maldita sonrisa—
Con ese comentario, Sherlock sabía que su hermano entendería que ya se estaba recuperando.
—Por eso quiero aprovechar ahora para follarte—
Sherlock fue obligado a echarse completamente en el piso, sus fuerzas aún no eran las suficientes para poder oponerse. Jim se acomodó entre sus piernas y le soltó una de sus manos para abrir su propio pantalón. Sherlock intentó empujarlo con su mano libre, pero Moriarty ni siquiera se molestó en prestar atención, puesto que tenía sus ojos clavados en el rizado.
—Suéltame… — exigió con mucho esfuerzo
—Se supone que la droga haría efecto cuando ya estuviéramos bajando, pero en ti fue más rápido, ahora tendré que… —
Jim fue interrumpido por una llamada en su celular. Claramente enojado, tuvo que detenerse y sacar el teléfono del bolsillo trasero de su pantalón.
—Mierda, Moran, no me jodas ahora, no tengo mucho tiempo— dijo más para sí mismo mientras apagaba el teléfono y lo volvía a guardar
—Si haces esto, te… te mataré, Moriarty—
Sherlock parecía haber tomado más fuerza, por lo que logró empujar lo suficiente a Jim para evitar otro desagradable beso. Moriarty tuvo que volver a tomarlo del brazo para poder inmovilizarlo.
—Sherlock, no te hagas el idiota, sabes que te va a gustar—
—Tener sexo contigo es… repugnante—
Si antes Jim se veía divertido; ahora una seria y claramente herida mirada se observaba en su rostro.
— ¿Eso crees? — dijo entre dientes acercándose a centímetros de su rostro —Pero el sexo con John sí te gustó, ¿no? Entregarle el culo a quien te traicionó, a quien te vendió. Con él el sexo si fue bueno, ¿no? —
Sherlock sentía que mataría sin problema a Moriarty si tan solo pudiera recuperar del todo sus fuerzas.
—La tiene mucho más grande que tú— susurró con burla el rizado
Un silencio de varios segundos se hizo presente, Sherlock pudo leer el odio y la ira de Jim en sus ojos.
—Entonces te dejó bien abierto para mí—
Jim lo soltó para terminar de abrirle el pantalón y empezar a quitárselo con rapidez y fuerza, Sherlock sentía sus piernas aún demasiado débiles, por lo que defenderse con sus manos era su única opción.
Entre empujones y débiles golpes, Moriarty empezó a bajar el pantalón de Sherlock.
—Te dije que cualquiera que te tocara conocería mi nombre— Jim lo volvió a inmovilizar —Tengo muchos amigos que le gustarían tirarse a John Watson al mismo tiempo—
Sherlock no pudo evitar alarmarse al escuchar aquella amenaza.
—Si te atreves a ponerle una mano en encima a John… —
— ¡No lo defiendas, mierda! — interrumpió Jim con un fuerte grito —Ese maldito hijo de puta te traicionó, te abandonó cuando te metiste en problemas. ¡Lo único que quería era follarte y tú, hijo de tu puta madre, le ofreciste el culo como una zorra en celo! —
Sherlock tenía el rostro de Jim a centímetros de la suya, podía sentir el odio de cada palabra pronunciada chocando contra él haciendo que su ira se haga más y más grande.
—John Watson no te ama, nunca lo hizo, te utilizó. Se buscará otro culo menos problemático para tirárselo y tenlo por seguro, cariño, que no fuiste nada más que un capricho. Tú no eres nada para él, recuérdalo, ¡no eres nada para él! —
Sherlock no soportó más, dando un fuerte grito pudo conseguir las fuerzas que necesitaba, pudo zafarse del agarre de Moriarty y tomarlo del cuello fuertemente. Apretó los dientes con fuerza concentrándose en el rostro enrojecido de Jim, este hacía sonidos ahogados mientras intentaba inútilmente apartar las manos fuertemente cerradas de Sherlock.
—Te partiré el maldito cuello— susurró entre dientes el rizado
¡Sherlock! ¡basta! Lo necesitamos vivo ¡Sherlock!
Al rizado no le importó, quería matar a Jim Moriarty ahí mismo, quería sentir los huesos de su cuello crujir bajo sus manos. Entonces, fue un fuerte y doloroso golpe en su entrepierna lo que finalmente hizo que lo soltara, Jim lo había golpeado con la rodilla y Sherlock gritó de dolor de inmediato.
Moriarty se alejó rápidamente mientras tosía desesperado, mientras tanto Sherlock se obligaba a soportar el dolor para poder voltearse y levantarse. Su pantalón no había sido bajado mucho, así que no tuvo problema en acomodárselo lo más rápido que pudo, sus piernas finalmente respondían lo suficiente como para poder moverse como necesitaba, pero fue el sonido del martillo de un arma lo que lo detuvo. Volteó lentamente y ahí estaba Jim Moriarty de pie apuntándole con un arma.
—No seas… no seas un maldito hijo de puta conmigo, Sherlock. No me obligues a tirar del gatillo— dijo Jim entre jadeos
Sherlock no tenía idea de dónde había sacado el arma, no había podido observar algún indicio de ello momentos atrás, pero eso ya no importaba, estaba en desventaja y tenía que ver la manera de voltear la situación.
— ¿Me dispararás porque no quiero acostarme contigo? — contestó el rizado mientras se levantaba con dificultad sin dejar de mirar a su adversario, el dolor en la entrepierna aún lo estaba jodiendo, pero podía soportarlo por el momento
—Puedo inmovilizarte sin necesidad de matarte—
Sherlock observó con atención los movimientos de Moriarty, no lucía desesperado, aunque sí se veía jodidamente enojado.
Todos están listos, Sherlock. Necesitamos la confesión de Moriarty ahora.
Poner en marcha su cerebro era difícil estando aún un poco afectado con la droga en las venas, ese no era el tipo de droga que usaba para ayudarlo a pensar.
—No harías eso—
—No me importaría follarte mientras te desangras, amor, pero no solo para eso te quiero—
Sherlock empezó a caminar lentamente hacia Moriarty no teniendo miedo de un posible disparo. Sus pasos eran algo torpes puesto que el dominio de su cuerpo aún no era total.
—Dímelo, Jim, dime para qué me quieres, necesito saberlo—
Moriarty negó con la cabeza sonriendo de lado. Sherlock finalmente llegó lo suficientemente cerca como para que el arma choque contra su pecho.
—Siempre intentaste verte misterioso, Jim, siempre intentando llamar mi atención y no sabes cómo detesto que lo hagas—
—Tú eres el que… —
—Cuando a mí lo que me gusta es todo lo contrario— interrumpió Sherlock poniendo un todo bastante sugerente en su voz —Cambiaste y me aburriste, cambiaste tu forma directa de decirme las cosas, no me escondías nada. Te hubiera dado el culo tantas veces si no hubieses decidido hacerte el Jim Moriarty dueño de la venta de las mejores drogas en todo Londres—
Jim ciertamente había quedado sin palabras, observaba a Sherlock con la boca ligeramente abierta, pero la duda seguía en él… Sherlock sabía que cambiar repentinamente su actitud era muy obvia… sin embargo, Jim pareció no resistirse y se acercó un poco más al rizado hasta quedar cerca de su rostro, con el arma aún entre ellos listo para disparar.
—Tú, amor, tú cambiaste conmigo— susurró —Cuando me di cuenta, ni siquiera te gustaba estar a mi lado—
—Recupérame entonces, dime qué es lo que quieres de mí, dímelo, Jim—
Sus rostros estaban tan cerca que sus labios podían rozarse.
—Ya te lo dije, para mejorar mi droga, amor—
—Quiero saber más—
—Joder, Sherlock— Jim se veía tentado de besar los labios del rizado —Quiero esta droga más manejable, que la mejores más de lo que yo ya lo hice— Sherlock tuvo que reprimir sus ganas de alejarse cuando la lengua de Jim acarició sus labios — ¿Recuerdas cuando hablábamos de cómo dominar a quienes dominaban este maldito mundo? Con esta droga podremos hacer que todos hagan nuestra voluntad. Solo un poco en nuestras manos, un saludo y listo ¿lo entiendes? —
Sherlock entonces lo entendió, aquel sorpresivo beso había sido la manera perfecta para drogarlo. Al tomarlo del rostro con las manos, la droga había entrado por su piel fácilmente.
—Oh— sonrió de lado —Y puedo preguntar cómo… —
—El antídoto, amor— le interrumpió —El suero que te di es un derivado del que me inyecto yo para no sufrir los efectos de la droga—
Sherlock sintió el arma siendo alejada de su pecho para luego ser rodeado por los brazos de Jim en su cintura.
—Tú y yo podremos hacer grandes cosas juntos, mi amor—
—Fascinante— susurró Sherlock con una seductora sonrisa —Una droga manejable, fácil de administrar, rápida e indetectable—
—La falta de memoria es otro factor a nuestro favor—
Sherlock frunció el ceño al descubrir que él sí recordaba cuando estaba bajo los efectos de la droga…
Jim entendió su mirada así que sonrió divertido. Se alejó de Sherlock guardando el arma en la cintura dentro del pantalón, Sherlock seguía sin saber de dónde había sacado el arma, él se habría dado cuenta desde que lo vio si lo había estado portando.
—A ti te suministré el antídoto a tiempo, sino simplemente hubieras llegado a un momento en la que los efectos hubieran desaparecido, pero media hora después… — Jim suspiró con fingida pena —tu cerebro hubiera colapsado y hubieras sangrado por los ojos—
—Eso es lo que quieres que mejore, que no sea mortal— dijo Sherlock volteando lentamente mirando en dirección a la plantación
Tres hombres subirán y dos estarán abajo. Tienes tres minutos.
—Así que, esa es mi propuesta— dijo Moriarty
Sherlock aún le daba la espalda, su caminar era mucho mejor, por lo que el dominio de su cuerpo era casi total. El antídoto era ligeramente rápido en realidad, en menos de quince minutos se estaba recuperando.
— ¿Acaso puedo negarme? —
—Yo creo que sí—
—Pero no me dejarás—
—Si lo haces, no tendré otra opción que dejarte ir—
Sherlock frunció el ceño no entiendo bien aquella respuesta.
—Tres hombres están subiendo ahora, no puedo hacer nada— dijo Jim como si no lo sorprendiera
El rizado volteó de inmediato, ¿cómo podía saberlo?
—No me mires así, Sherlock, no soy un estúpido, no eres el único con audífonos, ¿sabes? — se acercó lentamente hasta inclinarse por el borde del techo, apoyándose con su mano derecha en el muro —Debo admitir que eso de follarte había sido el plan inicial, quería hacértelo antes de irme, pero ni modo—
—No escaparás—
Respondió Sherlock al momento que tres oficiales con armas y protección subían apuntando directamente a Moriarty.
—Oh, tal vez no, tal vez sí— Jim sacó el arma para apuntarse él mismo en su cabeza
Sherlock dio un paso hacia él en una reacción involuntaria, pero se detuvo al instante, algo dentro de él le advertía que Jim no se suicidaría, no tendría sentido haber planeado tanto para matarse en esos momentos.
Los oficiales aún seguían apuntando en silencio.
— ¿Por qué suicidarte luego de tanto esfuerzo? — preguntó Sherlock
—Oh, lo sé, sería estúpido, ese no es… mi estilo—
Una extraña y gran sonrisa se dibujó en la cara de Moriarty, haciendo que Sherlock comprendiera que, en ese momento, justo en ese momento, todos habían caído bajo una trampa.
Nadie tuvo tiempo a pensar ni reaccionar, una fuerte explosión detrás de los oficiales hizo que el lugar retumbara brutalmente. Sherlock cayó al piso, pero pudo ver el salto de Jim hacia el vacío. Sus oídos zumbaban, su brazo dolía pues había caído sobre él. El polvo lo rodeó, algunos pedazos de concreto cayeron sobre él y uno especialmente grande había dado contra su cabeza.
Luego de unos largos segundos, Sherlock volteó a ver a los oficiales, todos estaban en el piso, no sabía si vivos o muertos.
Se levantó con dificultad mientras tosía en un intento de respirar todo el polvo en el aire, su hermano lo llamaba alarmado, pero él no contestó, se acercó al borde y apoyándose con ambas manos del muro buscó el cuerpo de Jim en el suelo. No estaba, no lo veía.
—Mycroft— llamó — ¿Dónde está Moriarty? —
Por Dios, Sherlock, ¿estás…?
— ¡¿Dónde está Jim Moriarty?! — lo interrumpió exasperado
Sherlock no tuvo respuesta al instante, escuchó voces hablando entre sí y con Mycroft, por lo que supo que algo había ocurrido. Sin perder más tiempo, Sherlock intentó bajar, pero las escaleras estaban destruidas y la altura era demasiada como para saltar. Se preguntó si la estructura no estaba comprometida lo suficiente como para poder permanecer ahí.
Un helicóptero irá por ti en cinco minutos, los oficiales…
—Escapó, ¿verdad? Jim Moriarty escapó—
Lo estamos buscando.
— ¡Mierda! — gritó en frustración — ¡Había hombres abajo, maldita sea! Jim se arrojó al vacío, ¡¿cómo mierda pudieron…?! — Sherlock se detuvo de inmediato entiendo de repente lo que había sucedido —Sebastian Moran— susurró
Los oficiales están muertos…
Mycroft había sonado sorprendido.
—Sebastian Moran tiene conocimientos militares— susurró más para sí mismo, luego se acercó a los oficiales revisando su pulso a cada uno —Uno murió por la explosión—
La explosión y todo lo ocurrido en Sussex fue severamente ocultado por el gobierno, es decir, por Mycroft, dejando que solo cierta información sea filtrada. A petición de Sherlock, su inocencia solo fue demostrada a Soctland Yard, los medios le valían una mierda, así que fueron evitados.
Moriarty escapó, con obvia ayuda de Sebastian Moran, por un muy buen elaborado túnel casi al final de la plantación que salía fácilmente al otro lado del muro (a espaldas del terreno) que cercaba el lugar. Las hierbas crecidas que rodeaban por fuera los había ocultado bien en su fuga. Para Sherlock fue sencillo entender que no solo habían caído en la trampa, sino que también Moriarty volvería, tal vez no pronto, pero lo haría, puesto que nunca supo qué había firmado con exactitud, pero su lógica dictaba que todo lo planeado había sido simplemente para obtener su firma… y no tenía idea de qué se trataba. El siguiente paso de Jim tendría que ver definitivamente con eso.
Moriarty había obtenido lo que quería y ahora a Sherlock solo le tocaba esperar, pues él siempre sería el objetivo.
Cuando Mycroft llegó a Sussex luego de una semana, Sherlock había sido constantemente acosado por la prensa, por lo que había optado por encerrarse en su antigua habitación todo el día probando apenas la comida que se le ofrecía. Solo Molly había sido su medio de contacto con Londres durante esos días, se enteró de todo lo que necesitaba, pero jamás preguntó por John y ella nunca, tal vez enterada gracias a Mycroft, nunca habló sobre el rubio.
Así es como Sherlock entendió que ella ya lo sabía.
No era sencillo para Mycroft poder entrar en razón con un Sherlock Holmes adolecente y rebelde, especialmente por la fallida misión. Elegantes insultos y unos gritos fueron parte de la incómoda conversación entre ellos, hasta que finalmente Mycroft dedujo el porqué del malhumorado ánimo de su hermano menor.
—No quieres regresar ¿no es así, Sherlock? —
El rizado miraba por su ventana dándole la espalda a su hermano. No contestó.
—Sussex no será un buen lugar para ti después de todo lo ocurrido, querido hermano, aconsejaría que tomes esa decisión con más calma—
—Estoy calmado— sentenció
Mycroft suspiró —Siempre fuiste un niño sensible, solías sentirte afectado cuando los niños rechazaban tu compañía—
—Mycroft, lárgate, no tengo ganas de… —
—Hablo de John Watson— interrumpió
Sherlock sintió una punzada en su pecho cuando escuchó el nombre del rubio.
—Si no quieres regresar a Londres por John Watson. Puedo entender tu molestia; sin embargo, no es el motivo correcto para que no regreses. Este no es un buen lugar para que te quedes, además, Londres no es como Sussex, Sherlock, no tienes porqué volverlo a ver—
Londres es John, volver a ver Londres será volver a verlo a él.
—Quiero quedarme un… un tiempo. Necesito hacerlo, Mycroft—
Un largo silencio se hizo presente en la habitación, hasta que finalmente los pasos del mayor se alejaron. Sherlock sabía que Mycroft nunca se equivocaba, no lo había hecho sobre los sentimientos y sus desventajas, menos lo haría con aquella advertencia. Pero, a pesar de todo, Londres no era una opción disponible para él, no quería saber nada con esa ciudad por un tiempo y tampoco quería largarse a otro lado. Su corazón aún necesitaba sanar y su mente estaba aturdida, necesitaba ordenarse antes de, siquiera, considerar en volver.
Sherlock nunca le preguntó a Mycroft cómo había evitado que sus padres vayan a Sussex las primeras semanas para verlo, y ni se molestó en agradecerle el detalle de traer desde Londres su olvidado violín. Su hermano había decidido hacerle acompañaría en casa y había traído lo necesario para la estadía. Una que ninguno de los dos sabía cuánto duraría.
Sherlock ahora luchaba contra esos sentimientos de soledad y el anhelo de besar aquellos labios, de sentir el cuerpo de aquella persona, de escuchar un primer "te amo" hacia él. En su palacio mental, aquella puerta que llevaba el nombre de John Watson, escondía una habitación oscura, desordenada, casi prohibida, pero igualmente importante. Destruirla no era posible, no podía hacerlo por más que lo intentara, así que solo la dejó ahí, evitándola e ignorándola.
En esa antigua y elegante casa en Sussex ahora se escuchan tristes melodías que Sherlock componía para expresar la tristeza que guardaba en su interior.
