Capítulo 54
Te quiero.
Nunca pensó que esperar a que aceptasen aquella llamada pudiese provocarle tantos nervios, sobre todo siendo uno de sus padres el receptor.
Ellos habían estado presentes en todos y cada uno de los pasos importantes que había dado en su vida, pero ahora, en aquel instante, estaba a punto de abrir por completo su corazón y descubrirse ante ellos.
No había sido sencillo lidiar con la relación de amistad que mantenía con Brody, y la lógica y normal preocupación que se adueñaba de Leroy e Hiram por tal hecho.
A pesar de no comprender la tan obsesiva intención de mantener en absoluto secretismo a su nieta, siguieron al pie de la letra todas y cada una de las normas que su hija les había hecho llegar para que todo funcionase como estaba previsto. Quizás por eso estaba nerviosa. Porque desde que Emily nació, todas las llamadas eran para darles algunas pautas que debían seguir, y rara vez no terminaban discutiendo por ello.
Pero algo había cambiado, aquella llamada no iba a ser como las demás.
Por primera vez en mucho tiempo, Rachel les iba a dar una buena noticia que ellos ansiaban con todas sus fuerzas. Fue Hiram el primero en atenderla.
—¡Papá! —exclamó tras escuchar la voz del hombre—Hola ¿Cómo estás? ¿Por qué has tardado tanto en aceptar la llamada?
—Hey, tranquila pequeña—respondía con dulzura —. Tenía la comida en el horno y no podía dejarla más ahí dentro.
—Oh, ok. ¿Y dónde está papá?
—Duchándose, ahora sale a hacer ejercicio con un grupo de abuelitos— masculló con sarcasmo—. Tienen un club, se llaman amigos del corazón.
—¿Y tú por qué no vas? A ti también te vendría bien hacer ejercicio al aire libre. Seguro, seguro que estás pálido y no has parado de comer en las fiestas. Y tienes el colesterol alto y no te cuidas ¿Verdad?
—Uhh ¿Pero de verdad me has llamado para recriminarme todo eso?
—Mmm no—espetó rápidamente al tiempo que volvía a recobrar los nervios que se habían adueñado de su estómago.
—¿Entonces? ¿Qué ocurre? ¿Cómo está Em? Tenemos ganas de verla ya ¿Cuándo podremos ir?
—Podéis venir cuando queráis.
—¿Cuándo queramos? ¿Estás segura? —cuestionó incrédulo.
—Claro, siempre y cuando me aviséis con antelación para tenerlo todo preparado—respondía satisfecha.
—Perfecto, en cuando salga Leroy, se lo digo y organizamos la agenda para ir.
—Me parece muy bien… Eh, papá ¿Crees que va a tardar mucho en salir?
—Pues no lo sé ¿Por qué? ¿Quieres hablar con él?
—No, en realidad… —balbuceó—En realidad quiero hablar con los dos a la vez—suspiró—. Hay algo importante que quiero deciros.
—¿Algo importante? ¿Qué es tan importante? —cuestionó preocupado.
—Espero que sea importante, porque te juro que odio que me llamen mientras desayuno.
Era Santana quien hacía sonreír a Quinn tras el auricular del teléfono, mientras caminaba directa hacia el teatro donde aquella tarde de sábado iba a tener un ensayo grupal.
—¿Qué haces desayunando a esta hora?
—Es la única hora libre que he tenido en todo el jodido día, así que por favor no me toques las…
—Shhh —interrumpía rápidamente—¿Puedes ser más amable? Tú me llamas a mí un domingo a las 8 de la mañana y dices que no es molesto, y yo te llamo a ti a las 2 de la tarde y sí lo es. Podrías ser más complaciente con tu amiga ¿No?
—Yo te llamé por un motivo especial. Era un día importante y quería que lo supieras. No deberías tratarme así, siempre me andas recriminando que no te cuento nada de mi vida, y cuando lo hago ¡zas! te enfadas.
—Hey, relájate—interrumpía—. Por dios, ¿Qué estás comiendo que tienes tan mal humor? Vas a conseguir que me ponga seria, y hoy no me apetece. Estoy feliz.
—¿Feliz? ¿Por qué? ¿Tú rata ha encontrado el amor de su vida en un ratón y ha abandonado tu casa? ¿O es que Berry ya sabe utilizar su lengua...?
—¡Para! —la detuvo antes de permitir que dejase escapar aquella brutalidad.
—¿Qué pasa? ¿Te da vergüenza que hable de sexo lésbico, pero no te da vergüenza practicarlo?
—Déjate de idioteces Santana. Te he llamado para algo serio que realmente me pone feliz, así que, por favor, te pido que te centres. Necesito tu ayuda.
—¿Mi ayuda? —cuestionó con el tono más relajado—¿Qué te pasa?
—No es para mí, es una amiga, necesita ayuda y tú puedes ofrecérsela.
—¿Yo? Hey, te recuerdo que trabajo para una firma de cosméticos, yo no gano tanto dinero como para ayudar a tus amigas.
—¿Quién habla de dinero? —preguntaba Quinn con el gesto confuso.
—¿Tú? ¿No? Me has dicho que una amiga necesita ayuda y que yo puedo un momento… ¿De qué ayuda hablamos?
—No me has dejado que te lo diga, prefieres sacar conclusiones antes de tiempo—respondía seria.
—Ok, pues dime ¿Qué tipo de ayuda puedo ofrecerle a esa amiga tuya?
—Eres psicóloga ¿No?
—Eh sí—balbuceó—. Pero no ejerzo, ya lo sabes. No estoy colegiada.
—Da igual que no ejerzas, eres la persona indicada para ayudarla. No, no creo que necesites estar colegiada para poder echarle una mano. Es algo personal.
—Pero ¿Ella sabe que no trabajo como psicóloga? ¿Le has dicho eso?
—Sí—respondía un tanto nerviosa—. Claro que se lo he dicho, y por eso quizás sea su mejor opción. Ella necesita algo más íntimo, algo más personal y que le aclaren las dudas que tiene. Y estoy segura de que tú puedes hacerlo.
—Ok ¿Y tu amiga vive aquí?
—No, vive aquí en Nueva York.
—¿Y cómo quieres que haga terapia con ella si vive allí? ¿A través de webcam? —ironizó—Mmm, eso sería una buena idea, tengo que recordarlo—susurró impacientando a Quinn.
—No, prefiero que sea en persona. Te pagaré un vuelo y te daré alojamiento aquí el tiempo que sea necesario
—¿Cómo? ¿Quieres que me traslade hasta allí solo para tener sesiones con una amiga tuya? Quinn, los problemas no se solucionan en dos días ¿Entiendes? No estamos hablando de un resfriado. La psicología es más compleja y yo estoy trabajando. Como máximo puedo pasar un fin de semana allí.
—Lo sé, pero lo que quiero ahora mismo es que tengas una toma de contacto con ella, que conozcas su problema y veas si serás capaz de ayudarla. Si luego hay que seguir esas sesiones, buscaremos la fórmula de hacerlo bien.
—¿Y no puede desplazarse ella hasta aquí? Sería mucho más sencillo.
—No, no puede Santana. Tiene responsabilidades que atender.
—¿Quién es? —fue directa.
—Una amiga—se excusó nerviosa.
—Quinn, no haces todo eso por una simple amiga—se mostró seria—. Es Rachel ¿Verdad?
—No me has gritado ni te has reído ¿Qué te ha pasado? —preguntaba Quinn tras un breve silencio, y notar como Santana parecía tomar aquello en serio.
—Si me hablas de ayuda y haces referencia a métodos de psicología, no puedo bromear ¿Es grave?
—Lo es si pretendo que la salud mental de su hija no sufra en el futuro.
—¿Cómo? ¿Qué le pasa? —se interesó.
—Es bastante largo como para contar por teléfono.
—Imagino que tendrá algo que ver con todo aquello me contaste sobre el problema de su hija, ¿verdad?
—Sí. Rachel está completamente obsesionada con eso, y no va a parar hasta encontrar una solución para Em.
—¿Una solución? Pero si me dijiste que era irreversible ¿No?
—¿Te haces una idea de la dimensión del problema?
—Oh dios ¿Cree que podrá hablar algún día? —cuestionó completamente confusa.
—San—resopló—Rachel necesita ayuda, necesita que le hagan comprender que podrá ayudar a su hija cuando lo necesite. Ella, ella tiene miedo de que Em no consiga entender que no puede hablar y que ese motivo pueda hacerla infeliz. Necesita que alguien le haga saber que puede apoyar a su hija de esa manera y solo alguien como tú, puede hacerlo.
—No te equivoques, Quinn. Yo solo puedo intentar tratar de aumentar su seguridad, pero lo haré como psicóloga no como amiga ¿Queda claro?
—Te lo estoy pidiendo como psicóloga—aclaró—. Sé que de esa forma si vas a hacer lo posible por ayudarla. Tanto Brody como sus padres lo han intentado y no funciona. Yo misma he tratado de hacerle ver cosas y ella es consciente de que está mal, pero no puede evitarlo. Necesita ayuda profesional y no conozco a nadie que me dé más confianza que tú para ayudarla.
—Pues no me apetece en absoluto, ni siquiera de esa forma—se quejó—. No me gusta Berry, no quiero verla.
—Te lo pido por favor, Santana. No lo hagas por ella, hazlo por mí y por la pequeña. Ella, ella no tiene la culpa de nada, y no podemos permitir que lo pase mal.
—¿Estás tratando de hacerme sentir culpable?
—No—se mostró seria—. Solo te estoy pidiendo ayuda. Somos amigas y sabes que nunca te pido nada—hizo una pausa—. Esto es importante, más de lo que te imaginas.
—¿Para ti?
—Sí, para mí.
—¿Es oficial? ¿Estáis juntas?
—Estamos juntas—aclaró—. Nada más, no hay oficialidad ni nada, solo estamos juntas y por muy raro o incomprensible que te parezca, quiero seguir estando con ella.
—¿De verdad? ¿Tan buena es en la cama? —masculló destruyendo de un solo golpe toda la tensión que habían acumulado en la llamada, y la seriedad. Por supuesto.
—No quieras saberlo—replicó Quinn aceptando su sentido del humor—. No quiero que te encapriches en ella.
—Dios Quinn ¡estoy comiendo!—exclamó tratando de sonar disgustada, pero no pudo transmitirlo de esa manera. Estaba sonriendo y no era por diversión, sino por tranquilidad. Santana podía odiar a Rachel, o quizás no la odiaba, probablemente era manía lo que le tenía, pero eso no significaba que no se alegrase por Quinn.
Sabía que lo había pasado mal. Ella había sido testigo directo de todos los fracasos amorosos de su mejor amiga y ahora, tras su vuelta de Londres, había descubierto a una Quinn diferente. Más abierta, más desinhibida y despreocupada por lo material. Era una persona nueva y quería que fuese feliz de una vez por todas. Le daba igual que la culpable de su felicidad fuese aquella rata que tenía como mascota, o Rachel Berry. Lo único importante era ver como su amiga tenía las cosas claras y firmes.
—¿Eso es un sí? —preguntó tras varios segundos de risotadas.
—Eso es un…
—Te adoro Santana, gracias… —interrumpía Quinn.
—Hey, no he dicho nada aún.
—Es un sí, es un sí—espetaba eufórica.
—Basta, no tengo más ganas de escuchar a la Quinn adolescente, así que te voy a colgar porque se me está enfriando el café.
—Te quiero—susurró Quinn con una enorme sonrisa en sus labios—. Te llamaré esta noche.
—Vete al diablo, Fabray—se despidió tratando de disimular la sonrisa de satisfacción que también se apoderaba de ella tras haber escuchado aquel te quiero. No era sencillo que Quinn Fabray dijese algo así, y por primera vez, agradeció en pensamientos que Rachel fuese la culpable de aquel estado de euforia de su amiga. A pesar del tremendo favor que iba a tener que llevar a cabo.
Fue recordar que iba a ayudar a Rachel, y el mal humor regresaba a ella.
Un mal humor que también parecía apoderarse de Hiram mientras esperaba a que su marido saliese de la ducha.
—Rachel ¿De verdad tenemos que esperar a que salga para que me cuentes lo que te sucede?
—Así es, quiero que estéis los dos presentes—respondía la morena que, sentada en el sofá, observaba como su pequeña buscaba el mejor sitio entre el asiento y ella para disfrutar de su tan preciada siesta.
—¡Leroy!—exclamó el hombre tras el auricular, tratando de meterle presión al hombre para que saliese lo más rápido posible—Es un presumido, apuesto a que está mirándose en el espejo.
—Se cuida, no como tú—recriminó la morena.
—Mmm ¿Y tú? ¿Te estas cuidando? —cuestionó el hombre.
—Sí, salgo a correr por las mañanas, bueno cuando puedo y cuando no, hago ejercicios aquí en casa.
—¿Y qué haces los fines de semana? —se interesó.
—No sé, estar con Em ¿Sabes? El otro día estuve con ella en el parque—confesó entusiasmada—. Había una especie de feria y se lo pasó genial, incluso subimos a un tiovivo.
—¡No me lo creo! ¿De veras? —se mostraba sorprendido. Que su hija saliese a pasear y a divertirse con Em no era normal, nunca lo había hecho.
—Sí, te lo juro, tengo muchas fotos que lo corroboran.
—Pero ¿fuiste sola con ella?
—No, estaba Kate y también Quinn—balbuceó.
—¿Quinn? ¿Sales con Kate y con Quinn? —preguntó curioso.
—Sí, ya sabes, ella… Bueno, ella es buena chica—carraspeo—. Oye ¿Está ya papá o no?
—¡Leroy!—volvía a alzar la voz destrozando el tímpano de Rachel, que no tuvo más remedio que separar el teléfono de su oído.
—Papá… —Se quejó.
—Por fin, por fin ha salido hija—respondía tras ver como el hombre hacía acto de presencia en la cocina—. Voy a poner las manos libres del teléfono ¿De acuerdo?
—Sí, si por favor—susurró Rachel, tras escuchar aquello volvía a llenarse de nervios.
—Cielo lo siento, me estaba duchando—se excusó Leroy—¿Qué tal estas?
—Lo sé, ya me lo dijo papá—respondía la morena—. Y bien, estoy muy bien, tengo a Em tumbada a mi lado, a punto de quedarse dormida.
—Oh ¿Puedes sacarle una foto y me la envías? —preguntó Leroy.
—Claro, ahora cuando esté dormida os la paso—respondía sonriente.
—Bien, me gusta que me envíes fotos de ella. Tengo casi 50 en mi móvil y otras en…
—Cariño—interrumpía Hiram—deja de hablar, Rachel nos ha llamado para decirnos algo importante y yo ya estoy histérico.
—Ok ¿Qué sucede cielo?
Llegó el momento, llegó la hora, el minuto exacto por el que había realizado aquella llamada y pudo sentir como la voz le fallaba en aquel instante, como su garganta se secaba por segundos y le costaba respirar. Le temblaban las manos, e incluso llegó a sentir un sudor frio recorrer su espalda.
No era tan difícil. No podía ser más difícil que cuando les dijo que estaba embarazada, o cuando estuvo a punto de casarse con apenas 17 años. Decirles a sus padres aquello no debía suponer un trauma, y, sin embargo, lo estaba siendo.
—¿Hija? —habló Leroy tras varios segundos de absoluto silencio.
—Tengo que deciros algo importante—reaccionó Rachel con apenas un hilo de voz—. He tomado una decisión que sé que os va a gustar.
—Me estás poniendo nervioso, Rachel—interrumpía Hiram—¿Qué sucede? ¿No me digas que te vas a casar con Brody?
—¡No! —exclamó confusa—No es eso.
—¿Entonces?
—He, he decidido ponerme en manos de una especialista.
—¿Qué? —cuestionaron al unísono—¿Estás enferma, cielo? ¿Ha pasado algo?
—No, no, es… Me refiero a recibir ayuda psicológica —respondió al fin—. Me va a tratar una psicóloga—repitió tras expulsar una gran bocanada de aire. No podía saber qué es lo que hacían sus padres en aquel instante, pero por suerte los conocía tan bien, que sabía que ambos se habían quedado sin palabras y se miraban atónitos, tratando de asimilar que habían entendido bien el mensaje—He aceptado hacer terapia—añadía tratando de hacerlos reaccionar.
—¿Una psicóloga? —balbuceó Hiram con algo de incredulidad—. Pero cariño eso es…
—Es lo que queríais ¿No?
—Es perfecto, Rachel—hablaba Leroy—. Gracias cielo, gracias por hacernos caso, gracias por aceptar
—Tenía que hacerlo—interrumpió la morena—. Por Em,—miró a su hija—me he dado cuenta que teníais razón, todos teníais razón, pero me costaba asimilarlo.
—No te preocupes, pequeña, lo importante es que lo has aceptado. Ahora todo será mucho más sencillo, ya lo verás.
—Eso espero, porque estoy aterrada.
—¿Qué ha pasado Rachel? —intervenía Leroy—¿Por qué has tomado esa decisión ahora?
—Qué más da—se quejaba Hiram—No es necesario que suceda nada, lo importante es que se ha dado cuenta y ya está.
—Sí, pero supongo que algo habrá provocado esa reacción ¿No es cierto, Rachel? —volvía a hablar Leroy.
—Sí, tienes razón papá, ha pasado algo que me ha hecho cambiar o al menos intentarlo.
—¿Qué ha sido?
—Mejor pregunta quien ha sido—balbuceó Rachel. Llegaba la segunda de las cosas importantes que tenía en mente contarles a sus padres y de nuevo, los nervios conseguían que su estómago se encogiese.
—¿Quién ha sido? —habló Hiram un tanto confuso—¿Te ha convencido Brody?
—No papá, Brody ni siquiera lo sabe aún, ha sido otra persona.
—¿Quién? —preguntaron los dos al unísono.
—Quinn—balbuceó—. Ha sido Quinn.
—¿Quinn? —habló Leroy. Hiram permaneció en silencio, quizás siendo consciente de lo que sucedía.
—Sí, papá. Quinn me ha convencido. Ella, ella tiene una amiga que es psicóloga y está convencida de que puede ayudarme a ser más fuerte mentalmente—explicó sin apenas respirar—. Bueno, la verdad es que yo también conozco a esa chica y no me convence demasiado, pero Quinn la conoce mejor que yo y dice que es muy buena y que está segura de que me va a ayudar. Y bueno, como es una amiga de Quinn pues tampoco supone un problema que conozca toda mi historia, ¿ya sabéis? por eso de la privacidad y demás tal y como quiere Kevin, además…
—Rachel—interrumpía Hiram.
—¿Qué, papá? —cuestionó tras volver a tomar aire.
—Quinn y tú… ¿Estáis juntas?
Rachel cerró los ojos tras aquella pregunta, todo lo contrario de lo que hizo Leroy, que completamente confuso, abría los ojos a mas no poder.
—Sí—susurró con apenas un hilo de voz.
—¿Cómo? —alzó la voz Leroy—¿Cómo que estáis juntas? ¿Cómo pareja?
—Sí papá, Quinn y yo somos pareja—confirmó recuperando la compostura—. Nos hemos enamorado y estamos intentándolo, pero no es nada oficial, ¿ok? Solo es algo entre ella y yo, y bueno, también lo saben Brody y Kate y algunos amigos en común, pero nadie más. Es algo que queremos seguir manteniendo entre nosotras ¿De acuerdo?
—¿Cuándo pensabas decírnoslo? ¿Estabais juntas en Acción de Gracias?
—No, claro que no. Ese, ese día ni siquiera estaba segura de haberle contado lo de Em.
—Pero ¿tu estabas enamorada de ella entonces? —volvía a cuestionar Hiram.
—No lo sé, papá. Solo sé que ha surgido así y a ambas nos ha pasado. No es algo solo mío.
—Cielo—interrumpía Leroy—¿Pero estás segura de que Quinn puede sobrellevar todo eso? Ya sabes, a Em, tu trabajo, tus exigencias…
—Sí bueno, no sé si podrá sobrellevarlo todo—confesó—, pero quiere intentarlo—hizo una pausa—. Ella, ella está dispuesta a seguir las normas que me rodean.
—¿Le has contado absolutamente todo?
—Todo papá—respondía con sinceridad—. Quinn ya sabe absolutamente todo de mí y de mi mundo, y quiere seguir en él, quiere intentarlo y yo siento lo mismo que ella. No me puedo negar a algo así.
—Vaya—murmuró Leroy que seguía completamente sorprendido por la noticia.
—¿Estáis bien? —preguntó Rachel.
—Sí, si claro—balbuceó Hiram—. Es solo que no nos esperábamos algo así, de hecho, yo estaba convencido de que Brody y tú…
—Brody y yo nada, papá. No hay nada entre nosotros y no creo que lo haya nunca, excepto Em.
—¿Y Quinn sabe eso?
—Por supuesto, fue lo primero que tuve que aclararle.
—¿Y entiende que él vaya a tu casa cada vez que pise Nueva York? ¿Qué duerma contigo como lo hace?
—Es el padre de Em y a Quinn le parece perfecto que venga aquí para estar con ella—hizo una pausa—. Quinn es compresiva, es tolerante y me lo ha demostrado. Está segura de todo esto.
—Ok, si ambas estáis de acuerdo no creo que exista ningún problema ¿No es cierto? —cuestionó Hiram.
—Por mí no lo hay ¿Existe algún problema por vuestra parte?
—En absoluto—habló Leroy—De hecho, nos alegramos muchísimo de que estés enamorada.
—Pues no os noto muy entusiasmados.
—Hija, estamos tratando de asimilar que nuestra pequeña está enamorada de alguien que le hizo la vida imposible en el instituto—trató de bromear—y que ésta siente lo mismo por ti, no pretendas que gritemos de alegría.
—Bueno, al menos podríais alegraros más por mí, además Quinn ya era mi amiga lo del instituto queda demasiado lejos, papá.
—Por ti—susurró Hiram—Rachel, nosotros vivimos por ti, mi amor. Tu felicidad es nuestra vida y si esa chica te ha devuelto la sonrisa en el corazón, nosotros también sonreiremos.
—¿De veras? —cuestionó adueñándose de un tono infantil—¿Y no os molesta que sea una chica?
—No me puedo creer que no estés preguntando eso—intervino Leroy—¿De verdad piensas que algo así nos puede molestar?
—No lo digo por eso—sonreía con más tranquilidad—. Lo digo porque no creo que en vuestra mente estuviese el que vuestra única hija se pudiese enamorar de una chica ¿O sí?
—La verdad es que yo nunca lo imaginé—habló Hiram—. Tenías tal obsesión por el chico ese Hudson, que jamás pensé algo así.
—¡Yo sí! —exclamó Leroy divertido—. Aún recuerdo tu carita esperando a que esa chica apareciese el día de tu boda con Finn—espetaba sonriente—. Estabas más preocupada de que llegase ella que de casarte.
—No me hagas recordar eso—interrumpió la morena—. No quiero volver a sentir aquello.
—Pero era cierto, estabas más preocupada por Quinn que por Finn.
—Hey—intervino Hiram—¿Os habéis dado cuenta de que ambos nombres acaban en "inn"? Es curioso ¿No creéis?
El silencio por parte de Leroy y de Rachel respondía a la extraña apreciación que había hecho Hiram, y que poco o nada les importaba ni tenía que ver con la conversación que mantenían.
—Eh ¿Por qué no habláis? —volvía a hablar el hombre.
—Papá, deberíais comer de una vez. Creo que el hambre os está afectando.
—Tienes razón cielo, tu padre está perdiendo la cabeza—habló Leroy—. Será mejor que comamos ya ¿Tú tienes ensayo hoy?
—No, tengo la tarde libre y quiero pasarla con Emily, supongo que Quinn vendrá a cenar.
—Ok me parece un buen plan.
—Hablando de Quinn—interrumpía Rachel al ver como una llamada en espera aparecía en la pantalla y el nombre de la rubia cubría gran parte de la misma—. Me está llamando voy a atenderla, ahora os vuelvo a llamar y me contáis que tal por allí ¿De acuerdo?
—De acuerdo, estaremos esperándote. Nada mejor que comer acompañados por ti.
—Ok, ahora vuelvo—se despidió rápidamente para dar paso a la llamada en espera de Quinn, que comenzaba a preocupar tras ver que Rachel no la aceptaba—¡Hola! —espetó con entusiasmo.
—Por fin, ¿dónde estabas? Pensaba que ya no podría hablar contigo hasta la noche.
—Estaba hablando con mis padres—respondía relajada—¿Tú no estás en el teatro?
—Sí, por eso te estaba llamando, estoy a punto de ir al escenario y quería hablar contigo antes de eso.
—¿Me echas de menos? —Bromeó.
—¿Tú que crees?
—Yo creo que sí, que no puedes dejar de pensar en mí y por eso tienes que llamarme cinco minutos antes de empezar los ensayos—le replicó divertida.
Suspiró. Quinn dejaba escapar aquel suspiro que Rachel escuchó perfectamente y que volvía a provocar que su sonrisa fuese aún más amplia.
—Tienes toda la razón, no paro de dejar de pensar en ti. Pero para ser sincera, te diré que te llamaba para otro tema también.
—¿Qué tema?
—He hablado con Santana—fue directa. Apenas tenía tiempo para aquella conversación y no quería dar demasiadas vueltas.
—¿Y qué ha dicho? —se mostró curiosa.
—Pues que sí. Bueno, me ha dicho que lo pensará, pero eso es un sí—aclaró—. Así que, oficialmente, tienes una psicóloga dispuesta a echarte una mano.
—Oh, ok. —Balbuceó
—¿Qué pasa?
—No, nada…
—Rachel, ¿estás nerviosa?
—Me acabo de poner nerviosa ahora mismo. No esperaba que fuese a aceptar con tanta rapidez.
—Pero… Tú me dijiste que estabas convencida. ¿Te has echado atrás?
—No, no, claro que no. Solo, solo me ha tomado por sorpresa. De veras, no esperaba que Santana aceptara con tanta rapidez. ¿Cómo lo has conseguido?
—Soy Quinn ¿Recuerdas? Y nada ni nadie se me resiste—bromeó.
—¿Ah no?
—No, ya deberías saberlo.
—Ok. Pues me alegro que así sea, yo también tengo que contarte algo. Hay dos personas a quien tienes que conquistar, y ese poder de convicción que tienes y tu irresistible encanto, te van a venir bien para intentarlo.
—¿Cómo? —cuestionó Quinn segundos antes de comprobar como uno de los asistentes de Gio ya llamaba a los actores para que se personaran en el escenario.
—Leroy e Hiram Berry, tienes que conquistarlos—espetaba sonriente.
—Oh dios ¿Se lo has dicho? —preguntó asustada.
—Sí.
—¿Y qué han dicho?
—Quinn, acabo de escuchar a Trevor llamándote para que vayas al escenario, vamos no los hagas esperar—respondía divertida.
—Un momento, un momento, al menos dime que te han dicho de mí ¿Lo han aceptado? —se mostraba preocupada.
—Quinn, no hay un solo Berry en este planeta que no pueda caer rendido a tus pies—susurró—. Así que tranquila.
—Uff —resopló—¿Lo dices de veras? ¿Se lo han tomado bien?
—Solo te diré una cosa que me han dicho y que, por cierto, quiero que sea tu tatuaje.
—¿Mi tatuaje? —se sorprendía—¿Qué te han dicho? —volvía a hablar tras escuchar un nuevo aviso de Trevor.
—Tu felicidad es nuestra vida.
—Wow ¿Quieres que me tatúe eso?
—Quiero que tengas presente esa frase para siempre. Si tú eres feliz yo lo seré—respondía con dulzura—. Y ahora vamos, súbete al escenario y demuestra que eres la mejor de todos.
—Rachel—susurró con algo de emoción segundos antes de cortar la llamada.
—Dime—le respondió justo cuando un breve silencio se adueñaba de ambas. Un silencio que rompió ella, Quinn, con un susurro que iba a permanecer en su cabeza para siempre.
—Te quiero.
