Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K Rowling.

Hola queridos lectores: Esta es la primera cita de estos dos y la verdad me gustó mucho como quedo, todo cursi y demás.

Gracias a mi querida Yoe por betear el fic.

Un saludo especial para cuqui. luna. 3 por comentar el capítulo anterior. ¡Besos!

OoOoO

Aceitunas negras

Una verdad innegable de Hogsmeade, es que tiene todo el encanto y misticismo de ser un pueblito mágico, por lo cual yo lo adoraba; a pesar de haberme mudado allí desde hace seis años, todavía no había explorado todo el panorama que esa pequeña localidad podía ofrecerme, prueba de eso era el establecimiento que se encontraba frente a mis ojos: Las Tres Escobas, pizzería. Draco dejó la moto aparcada frente a la ventana del establecimiento y nos encaminamos a la entrada; el lugar en sí mismo era rustico y acogedor. Mesas de madera cubiertas por manteles a cuadros, blancos y rojos, paredes de color arena y velas, todo muy bonito en realidad.

Nos sentamos en una mesa del fondo, enseguida apareció la mesera para dejarnos las cartas, inspeccione los sabores decidiendo al instante que quería una de pepperoni.

—¿Qué tal si pedimos esta? —preguntó Malfoy señalando una que incluía carne de res, pimientos y aceitunas negras.

—Eh, yo pensé más en pepperoni, no soy fan de las aceitunas.

Draco me miró con una ceja levantada y una mueca despectiva en los labios.

—¿Estás seguro? Estas son pizzas artesanales, no de una cadena comercial de comida rápida.

—Insisto —dije con un tono de molestia en la voz.

Me desagradaba esa actitud elitista que mostraba el rubio a veces.

—Como quieras —dijo finalmente Draco, cortando la discusión. Supuse que a él le molestaba que yo no mostrara su misma actitud elitista.

Pedimos una pizza mediana, mitad pepperoni mitad aceitunas, junto con dos cervezas de la casa. El silencio reinó durante unos incómodos minutos, estaba nervioso no podía negar aquello, no sabía qué decir ni cómo comportarme; además seguía pensando en la actitud que tenía Draco en algunas cosas, pero no me iba a poner exquisito en ese respecto, el rubio me había empezado a gustar de verdad desde hace ya algún tiempo, y debía recordarme que yo no era precisamente una monedita de oro. Nos trajeron las cervezas primero, aproveche para darle un sorbo buscando calmarme un poco.

—¿Cuál es tu color favorito? —pregunté para romper el silencio que me empezaba a incomodar.

Luego me sentí como un idiota al hacer una pregunta tan tonta. Draco me sonrió burlón, pero en lugar de hacer algún comentario al respecto, contestó:

—Azul metálico.

Asentí.

—Ese color se ve bien en tus ojos.

—¿Ah sí? —preguntó Draco, de repente interesado, inclinándose hacia mí.

—Por supuesto, lo noté aquella vez en la casa de los gritos —levanté la botella de cerveza y lo señalé—, esa noche dijiste que podría contagiarte algo si mezclabas tu saliva conmigo, ¿cambiaste de idea?

—No me lo tomes en cuenta, Potter, ese día no estaba de buen humor —dijo negando con la cabeza—, pero luego… —agregó mirándome a los ojos— las cosas se pusieron interesantes.

—Ah —dije simplemente, momentáneamente aturdido por la intensidad de su mirada en mí.

Me quede callado por un momento mientras ponían la pizza delante de nosotros, de inmediato se me hizo agua la boca, tenía un olor delicioso y yo tenía mucha hambre luego del intenso entrenamiento.

—Sé que no te gustan las aceitunas, pero intenta con una rebanada, tal vez te guste.

—De acuerdo. —Terminé por aceptar aún no muy convencido, pero Draco lo había pedido de manera amable y no tenía ninguna razón para negarme a probar algo nuevo.

Tomé una de las rebanadas de Malfoy, cuando le di un mordisco mis papilas gustativas saltaron de gusto, por lo que no pude evitar soltar una exclamación de deleite.

—¡Esta buenísima! —dije asombrado.

Draco soltó una risita de suficiencia, y esta vez no se me hizo molesta, al contrario, fue bastante tierna viniendo de él.

—Lo sé —contestó.

—¿Por qué estabas de mal humor? —pregunté continuando con nuestra conversación anterior.

El rubio se me quedo viendo unos instantes, como dudando si responder o no, al final, negó con la cabeza lentamente y dijo:

—Eso no es importante ahora, te lo contaré después.

—Está bien, ese día me salvaste ¿sabes? Como un caballero de armadura plateada —dije sonriendo.

—Estás diciendo tonterías —contestó luciendo avergonzado.

—Incluso tienes un corcel —dije señalando hacia la ventana del local, desde donde se podía ver la motocicleta de Draco.

Malfoy empezó a reír realmente divertido con mi ocurrencia, ese día se estaba riendo mucho y eso me encantaba, me sentía más relajado luego de aquello, por lo que todo dejó de ser incómodo.

—No te creía aficionado a los cuentos de hadas —repuso todavía sonriendo.

—Siempre quise ser el héroe que rescata al príncipe, aunque últimamente no me siento como uno en lo absoluto.

—Yo pienso que tienes mucho valor, confesar tus sentimientos a alguien que podría hacer una hamburguesa con ellos y luego comerla, es de valientes.

—Gracias —dije conmovido.

La mesera se acercó a nosotros para retirar los platos y los envases vacíos de cerveza, Draco pidió dos más.

—Sabes que tienes que conducir, ¿verdad? —señalé cuando le dio un trago a su botella.

—No te preocupes, las cervezas de la casa no tienen alcohol, de lo contrario nos habrían pedido nuestra identificación—contestó.

—Ah. —Eso tenía mucho sentido.

—¿Y siempre has querido rescatar príncipes? —preguntó Draco, capté el sentido de la pregunta al instante.

—Bueno creo que siempre lo supe en mi interior, pero estuve en negación un tiempo, incluso tuve una novia, y luego paso aquel vergonzoso asunto sexual, que te contare cuando no esté preocupado por impresionarte —dije casi sin respirar, totalmente acalorado.

Draco se mordió el labio inferior para ocultar una sonrisa.

—¿Cómo te disté cuenta tu? —pregunté intentando desviar la atención de mis vergonzosas palabras.

—En realidad, yo no soy gay —dijo el rubio.

Casi le escupo la cerveza en la cara cuando escuché aquello, me contuve y tragué el líquido para después preguntar:

—¿Qué?

Mi mente se llenó de mil pensamientos a la vez: ¿y si había malinterpretado todo?; Pero los besos… y sus palabras y los celos; pero, ¿Qué tal si solo tenía curiosidad? Después de todo, al principio pensé que él era heterosexual, y si…

—Bisexual —dijo entonces Malfoy.

Con esa única palabra, Draco detuvo todo el pánico que estaba creciendo en mi interior, respiré profundamente aliviado.

—¿Enserio?

—Ajá, al principio pensé que era gay, porque mi mejor amiga desde el jardín de infantes me dijo que estaba enamorada de mí y yo solo la podía ver como a una hermana, al mismo tiempo comenzó a parecerme interesante un chico de nuestra clase y salimos un tiempo, pero ninguno de los dos se lo tomo enserio. —Se quedó callado unos instantes, luego agrego— Entonces me enamoré de esta chica tan excéntrica y amable, fuimos novios durante dos años…

Sentí una punzada de celos por el cariño que transmitía su voz al hablar de aquella chica misteriosa, me le quede viendo con un poco de tristeza, el permaneció con la vista clavada en la mesa, cuando alzo sus ojos hacía mí otra vez, me sonrió melancólico.

—Al final, resulto que no terminábamos de encajar, nos dimos cuenta de que como amigos somos mejores el uno para el otro.

—¿Les ofrezco algo más? —preguntó la mesera haciendo que diera un respingo de sorpresa.

—La cuenta —pidió Draco.

Él tomó la botella de cerveza y apuró su bebida, lo imité en seguida. El rubio insistió en pagar todo sin tomar en cuenta mis intentos para que aceptara la mitad del dinero, salimos del restaurante, ambos con aire taciturno, cuando estuve a punto de montarme en la moto, Malfoy me puso una mano en el hombro y me hizo dar la vuelta para quedar frente a frente con él.

—Siento que tengo que aclarar esto, lo que paso con Luna está en el pasado, me gustas, Harry Potter —dijo.

No estaba seguro de qué me había dejado más sorprendido, la revelación de saber que Luna era su exnovia o el hecho de que se me había confesado, así con todas sus letras, me había dicho "me gustas, Harry Potter"; pero no pude responder, y esta vez no fue porque no tuviera palabras, sabía exactamente lo que quería decirle, sino más bien porque sus fríos labios me lo impidieron al chocar contra mi boca entreabierta. La forma en la que Draco movía sus labios contra los míos era lenta y suave, aquel gesto me supo tan dulce que mis piernas flaquearon un poco, el rubio puso sus manos en mi cintura para sostenerme mientras yo le pasaba los brazos por el cuello, entrelazando mis dedos a la altura de su nuca. Cuando nuestras bocas se separaron, nos quedamos abrazados por un momento, entonces me dispuse a decirle aquello que no había podido segundos atrás:

—También me gustas, Draco Malfoy.

El chico frente a mí, me dedico la sonrisa más radiante y bonita que había visto en toda mi vida, una de la que podría llegar a enamorarme con facilidad.