Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Escena 20: Los últimos dos que resultaron ser tres.
-¿Tuvo intenciones de regresar a Foosha?
-Por supuesto- conteste sin pensarlo, aquella era una de las cosas que nunca podria poner en duda- no importa donde estuviese, aun sabiendo que no podia hacerlo, siempre tenia en mente el volver alguna vez.
-¿Por que no lo hizo una vez que dejó la marina?- la juez se había recuperado y vuelto al ataque, mientras seguía con sus papeles tomando notas.
-No era la decisión mas inteligente. Sabia que mostrar demasiado interés en Foosha causaría un desastre, y muy probablemente los pondria en peligro a todos cuando ya no había nadie que pudiese protegerla. Solo me quedaba esperar...
-¿ Que estaba esperando?
- Que volviésemos todos, o al menos, los que quedábamos...
-No puedo creerlo, se supone que eres una niña- la vieja pelirroja sonaba molesta, su rostro se había transformado de tal forma que daba terror, aunque a los niños solo les divertía.
Ace se mantenía alejado prudentemente, Luffy y Ler, en cambio, estaban frente a la misma con rostros inocentes, pues aún siendo completamente distintos , estando juntos eran dos seres que compartían la misma neurona para armar problemas y hacer a los demás enojar.
- ¿Como no vas a saber cocinar?- siguió reprochandole, apuntándole con un cucharón de madera mientras saliva salía de su boca por la fuerza de su voz y la exageración de su gesto.
Luffy se limpió la cara, asqueado.
Ler se encogió de hombros.
- No le salen bien ni las frutas- dijo el pequeño de sombrero, metiendo un dedo en su nariz. Dadan se jalo los cabellos, exasperada hasta el punto de querer arrancarse la cabeza.
-¡ LA FRUTA NO SE COCINA, IDIOTA! - gritó al borde del llanto producto de la frustración. Ace miraba sorprendido el hecho de que esos dos enanos pudiesen encenderla tanto con tan poco.
Reflexionó que no debía subestimarlos porque aquel parecía ser un talento que podrían naturalmente y que probablemente mejoraría con el tiempo.
- Exacto- dijo el niño por la niña. Ella difícilmente se dirigía a Dadan de forma directa, como con Makino, le tenía cierto recelo pues estaba acostumbrada a tratar solo con hombres- incluso eso le sale mal.
Desde su más temprano recuerdo hasta su vida actual, Ler de encontró rodeada de hombres, algunos más toscos que otros, pero que en el camino se convirtieron en personas importantes para ella, mirando en su lugar a las mujeres como algo desconocido y por ende, con desconfianza. A los enemigos no se les declara la guerra si no hasta que se les conoce lo suficiente para saber cómo se gana, pensaba
- Maldito Garp, por su culpa tengo que lidiar con estos mocosos...- sollozó la mujer. Luego dirigió su vista al serio pecoso- deberían aprender de Ace, el ya se acostumbró. NO VOY A ALIMENTARLOS SIEMPRE.
Dichas aquellas palabras, Dadan se fue con sus secuaces siguiéndola y tratando de consolarla. Los infantes alcanzaron a escuchar entre el griterío, el llanto y los murmullos, que ella tomaría un baño para quitarse el estrés que le causaban ellos.
Los tres se rieron, los niños a carcajadas, la niña por lo bajo.
- ¿En verdad no sabes cocinar? - preguntó el pecoso, acercándose. Apenas hace unos días habían comenzado a llevarse de forma aceptable, más no amistosa.
Decir que se soportaban ni siquiera era correcto porque la presencia del otro parecía afectarles aun sin ni siquiera dirigirse la palabra. Y por ello, de alguna manera en la que Luffy no comprendió, creyendo que el mayor y la niña se habían hecho amigos a sus espaldas, terminaban discutiendo casa adquirió una postura defensiva.
- ¿Que te importa?...
-¡En serio! ¡Una vez casi mata al capitán con su comida! ¡Y a mí! - gritó Luffy, interrumpiendo a su compañera que lo miró frustrada. Ler sabía que si un día finalmente se atrevía a ahogarlo con una almohada, no volvería a tener un hermano como el, así que se aguantaba que siendo ella una molestia, el lograse molestarla.
- Que inútil...- murmuró el pecoso cruzándose de brazos y observándola de los pies a la cabeza. La morena se sonrojó, causando casi como dominó el mismo efecto en el, quién se puso a tocer para disimular, moviendo su cabeza hacia los lados y presionando su estómago como si le doliese y no fuese la imagen de la niña la que le afectase de una forma que el no podía entender.
El menor los miró curiosos, alternándose en el rostro encendido de ambos. -¿Están enfermos?
-¡No!-gritaron los dos a la vez, avergonzados por la observación del niño. Ace miró a los lados y decidió irse con rapidez y molestia. Ler se quedó plantada en el lugar con una mueca.
- ¿Porque siempre reacciona así cuando se trata de ti? - preguntó el moreno, ella se volteó hacia el.
Se entendían mejor que nadie aún cuando sus ideas eran totalmente contrarias y eran incapaces de poner sus pensamientos en palabras para explicárselas al otro.
-No lo sé, Lu. Creo que no le agrado.
El pequeño meditó unos segundos aquello, con el rostro marcado por la concentración. Ler se preguntó si de verdad habían pensamientos en su cabeza o solo fingía una vez más haberle estado escuchando, sin embargo, no se sentía con ánimos para reclamarle nada. Entonces, le sonrió y le tendió la mano.
- Vamos, hay que demostrarle que no eres tan horrible como pareces.
- Gracias, Lu...¡OYE!
- Ya no eres una mocosa, ni loca pienso cocinarte- la vieja Dadan se acercó a la joven gritándole y señalándola mientras el resto de la familia trataba de tranquilizarla, preguntándose hasta donde llevaría el alboroto y hasta cuando la joven lo ignoraria.
Ler llevaba un buen rato sentada en el pasto con las piernas extendidas y los ojos cerrados. Disfrutaba del aire fresco, el sonido de las hojas de los árboles moviéndose a su alrededor con suavidad y el sol besando directamente su rostro, picandole en las mejillas que con el tiempo se tornaron coloradas. Y es que la tranquilidad en su mente y la sensación de estar otra vez en casa la había absorbido con rapidez, más aún, al recordar el primer día en aquel lugar en el que conoció a la mujer gritona, y a su eterno amor.
Ace.
Sonrió con nostalgia, abrazándose a si misma en un intento de mantener la calidez que se instaló en su cuerpo al pensar en el como si lo tuviese cerca una vez más.
Le dolía con creces el pensar en que esa calidez se daría únicamente en su mente, porque su cuerpo estaría siempre helado, como el solía recalcar cuando vivía. Pero con el tiempo aquel hecho había dejado de ponerle triste, y en su lugar, prefería perderse en los recuerdos dónde el aún estaba , y estando, era inocente y feliz
"Niña tonta" le había dicho al verla tirada en el mismo lugar en el que estaba ahora, unos 13 años atrás. Y aún habiendole insultando, mirándole a penas de reojo, dejándole atrás, Ler sabía que desde entonces estuvo dispuesta a ir tras de él para hacerle cambiar de opinión, dándole a su rostro amargo de un poco del amor de un corazón que siempre estuvo amargado también.
Se harían mucho daño con los años llegando hasta el punto de no soportar verse, pero en aquellos momentos dónde le recordaba, recorriendo toda su historia una y otra vez en su cabeza, le encontraba perfecto en su existencia, complementando la suya. Su niña triste se sentía mejor cuando estaba junto a alguien que le hacía sentir tantas emociones como el.
Apretó los labios cuánto tuvo que contener el repentino llanto que aquel pensamiento le causó. Lo extrañaba tanto...Y lo peor de extrañar a un muerto no era aquella sensación dolorosa de vacío, si no, el saber que el vacío duraría por siempre. No importaba dónde fuese o con quien, aquel hueco con su nombre nunca estaría lleno.
Y es que Leriana supo desde el día de la muerte de Ace que ella no moriría de amor, porque aún habiendo enloquecido, existieron muchas razones por las cuales deseaba seguir con vida; pero una parte de ella si había muerto con el. Esa que le daba le daba calor a su corazón congelado para recordarle que seguía con vida y que aún sin ser del otro, en cualquier parte del mundo, el la amaría. Y que no estaba sola.
El escándalo tras de sí le recordaba que no lo estaba, que siempre tendría a alguien...Pero nunca volvería a tenerlo a el.
No en esta vida, en la que sería su más grande amor, y su más grande pesar también. Y quizá, debido a sus decisiones y las futuras condiciones que le serían impuestas, tampoco lo sería en ninguna más. El amor que le tenía, habiendo sido siempre egoísta y enfermizo, si había sábado cuando finalmente entendió que la mejor opción era dejarlo ir completamente.
- DEJA DE IGNORARME, LER. NO CRIÉ A UNA NIÑA MALCRIADA.
La ex-marine decidió abrir los ojos y mirar de lado a la mujer, mostrándole una sonrisa amplia y brillante que no sentía en su interior, pero que buscaba tranquilizar a la alborotada, rojiza y extremadamente ansiosa mujer. Verla le sacó una risa sincera.
Tras la revelación de los secretos de la historia, comprendía mejor el efecto de su mirada y su sonrisa, conociendo el porque Luffy y ella tenían esa capacidad extrañar de conectar con las personas, aunque ella misma tuviese un efecto adverso en el pasado debido a que su sangre en esa vida se encontró corrompida. Sin embargo, parte de ella fue drenada cuando su misma misma sangre fue asesina en la guerra
Aún así, Ler nunca olvidaría que podía aprovecharse de eso porque ya se habían aprovechado de ella muchas veces en el pasado, y aunque no tuviese malas intenciones con la mujer, siempre buscaría salirse con la suya. Se encogió de hombros y amplio su sonrisa.
- Lo siento, haha. Solo pensaba en Ace. Aquí fue donde lo vi por primera vez, y a ti también. ¿Lo recuerdas?- Ler ya se había desecho de muchas malas costumbres, pero no de su habilidad para manipular a las personas.
Inmediatamente, la ya no tan dura mujer dejó escapar unas cuantas lágrimas de sus ojos, y de sus pechos, sacó un par de pañuelos para limpiarse la nariz. Ler alzó las cejas, divertida, con el cuerpo temblandole para no dejar escapar una risa.
- Como se me va a olvidar, niña- dijo en un sollozo. Habían pasado años desde la muerte del muchacho, por lo que su recuerdo había dejado de doler en gran magnitud y había comenzado a ser considerado como algo especial, significativo- parece que fue ayer...Pero ven, estás tan pequeña y malnutrida que me das pena. Imagínate que Garp te vea y me reclame porque no te alimento bien. Tendré que cocinarte como a esos tus hermanos salvajes.
Los labios de la joven se curvaron en otra sonrisa, una más leve, más auténtica. Decidió levantarse mientras mantenía la falda de su vestido campesino blanco en su lugar porque ya no era una niña después de todo, pero Dadan siempre la consideraría como tal aunque quisiera mostrar lo contrario. Ignoraba que ella ya no crecería, que estaba herida y débil por la guerra, que había hablado con el Vicealmirante la noche anterior acerca de los juicios y que hace no mucho acababa de comer.
Le daba igual.
Pasó muchos años en un pequeño cuarto , durmiendo en un camarote frío sin realmente dormir, en medio del mar, sola; extrañando estar en el lugar que estaba ahora con las personas que aún seguían allí.
Sin embargo, a veces extrañaba demasiado a Ace. Se veía a sí misma abrumada, ahogada por la falta de aire, reducida al recordamiento constante de que nunca más lo volvería a ver.
Era fuerte. Sabía que tenía el deber y los medios para seguir, pero el estar consiente, lúcida y sin ninguna gota de alcohol en el cuerpo, la atormentaba a veces.
De los huérfanos, todos excepto el hijo del antiguo rey de los piratas, habían crecido y madurado. Incluso Luffy finalmente había reconocido sentimientos románticos por su navegante, al fin se había convertido en el rey. Y Sabo, con su compañera, con quién tenía claro que quería pasar el resto de su vida.
Todos tenían a alguien que ella nunca podría tener. No quería tener...Shanks y ella ya habían platicado de eso.
Y se suponía que ese era uno de los días en donde el fantasma del recuerdo de Ace no debía aparecer de esa forma dolorosa, que lejos de reconfortarle, le dañaba. Pero Ler se había levantado temprano a buscarlo.
Negó con la cabeza y comenzó a caminar, aún distraída. Siguió al grupo de bandidos hasta el interior de la cabaña no sin antes mirar hacia atrás un instante con nostalgia, tristeza: Un niño pequeño, sucio, moreno y lleno de pecas la miraba desde donde hace momentos se encontraba sentada.
Su mirada denotaba preocupación.
- ¿Como se siente estar en casa, Ler?- preguntó con la voz de alguien que no ha madurado. Ella inclinó su cabeza con ternura y emoción, ignorando que aquello podía deberse solo a la locura que a veces volvía a aquejarle, reflejándose de formas distintas.
- No es lo mismo sin ti- respondió con suavidad, respirando hondo hasta sentir que sus pulmones estaban llenos otra vez del aire que su presencia siempre le terminaba robando- pero me alegra estar devuelta.
El asintió.
Ler habría dado lo que fuese por conservar más tiempo aquella imagen del rostro del muchacho con el entrecejo fruncido y la mueca indiferente que lo caracterizaba.
- ¿Volverás a irte?- preguntó. Esta vez sus ojos se asemejaban más a los que tendría en un futuro, cuando buscaría la verdad en ella aunque esa verdad pudiese dolerle.
Ella meditó su respuesta.
- LUFFY NO TE COMAS LA COMIDA DE LER- gritó alguien desde adentro. La chica echó un vistazo al lugar.
- Me parece que solo voy a quedarme un rato esta vez, pero te prometo que voy a cambiar las cosas. Por los dos.
- No te creas tanto, tonta...- haciendo un chasquido con su lengua, el niño se cruzó de brazos y volteó hacia un lado, inseguro. Luego se aclaró la garganta- ¿Estás segura de que volverás?
- Es la última vez que me iré. Cuando vuelva, voy a quedarme para siempre- prometió serenamente, segura de que al menos aquella sería una promesa que si podría cumplir, aunque la condición suspensiva no estuviese en sus manos. Pero de no hacerlo, aquel fantasma de sus memorias nunca sabría que ella faltó, como el verdadero si lo supo.
El niño la miró fijamente, atravesándole completamente. Para el, ella siempre fue transparente. Y quizá por eso sabía la verdad, y quizá aún así lo aceptaba porque en cualquier vida o escenario en dónde Ler se fuese, el tendría la intención de esperarla más allá de su muerte.
- Es bueno tenerte de vuelta, Ler. Te he estado esperando.
- Solo espérame un poco más.
Entonces, el hijo del rey de los piratas le sonrió. Y finalmente, su imagen se desvaneció.
- ¿Que haces? - la voz masculina, adulta, le sacó un susto a la joven. Se llevó la mano al pecho, tratando de aliviar su corazón acelerado mientras miraba con molestia a su hermano mayor, Sabo- discúlpame, no quise interrumpirte antes pero Dadan me mandó a buscarte porque Luffy va a acabarse tu parte.
Como todo un buen hermano, comprensivo hasta el grado de haberle robado su comprensión a los otros dos, el si sabía cómo manejar los momentos en dónde Ler se encontraba perdida en su mente requebrajada.
- Vas a matarme del susto, tonto- dijo ella ignorando hábilmente la sugerencia del rubio que le sonrió compasivamente. La tomó de un brazo y la empujó hacia su pecho.
-No te preocupes. Tu si estás loca, pero en este caso yo también suelo verlo. Desde que llegamos la culpa por no hacerle saber que estaba vivo me invadió, porque se fue creyendo que me había perdido, así que cuando lo extraño, lo necesito - explicó apretándola con fuerza, respirando lentamente, sintiendo los delgados brazos de Ler devolverle el abrazo- lo veo también. Y sinceramente creo que sabe que estoy bien.
Repentinamente, unos brazos de goma los rodearon a ambos y un impacto los envío al piso, con Luffy sobre ellos mientras reía y ellos se quejaban.
¿Lo sabría Ace en verdad?
- ¿Vendrá? - Sabo atrajo la atención de una distraída Ler con un leve codazo.
Ambos caminaban por el bosque con un brazo entrelazado, en un paseo lejos del bullicio de su viejo hogar. Aquel lugar parecía menos tenebroso ahora que ambos eran lo suficientemente fuertes para enfrentar lo que viniese. Ya habían vencido al mundo, nada los podía asustar.
La joven alzó la cabeza y lo miró. Como la mayoría de personas, el era mucho más alto que ella, por lo que tenía que hacer aquello para establecer contacto visual.
A Ler realmente le gustaban los ojos tranquilos y compresivos de Sabo, eran totalmente opuestos a la emoción y aventura que brillaban en los de Luffy. Además, su fruta del diablo le daba un toque de calidez que le hacía recordar a la compañía de Ace. No era lo mismo, pero era lo más cercano a el.
En Luffy veía su sonrisa.
En Dadan aquellas cuencas rojas de su collar.
En el rostro molesto de Garp.
Lo veía en todas partes.
Apretó los labios cuando se encontró extrañándole nuevamente, por lo que decidió enfocarse en la charla.
- ¿Te refieres a Shanks?- reflexionó ella, mirando sus pequeños pies descalzos sobre la grama. Disfrutaba de aquella sensación vieja y lejana. El asintió cuando levantó la vista. Suspiró- le pedí que no hiciera.
- Ya veo- contestó el meditando profundamente la decisión de la chica. Hasta cierto punto, era sencillo comprender el porqué- imagino que tampoco irá a los juicios.
Ella negó con la cabeza lentamente, dirigiendo su mirada hacia el frente mientras escuchaba al rubio suspirar.
- Le pedí que tampoco los viera, ya sabes...Hay un millón de cosas que podrían salir mal... No creo que le agrade verme siendo condenada a muerte en vivo. Sería horroroso.
- No va a pasar eso- aseguró el con firmeza, apretándole el brazo para darle su apoyo.
- Quién sabe- contestó la ex marine. Ella conocía mejor que nadie ese proceso, estaba segura de que tenía muchísimo más derecho a dudar que a creer porque francamente por sus actos, la justicia debería haberle impuesto una condena que le sobrara unas cuantas vidas- solo no quiero que me vea.
-¿ Qué te vea o vean? - preguntó prudentemente, analizando la reacción de Ler. Ella se detuvo un momento e hizo una mueca- no va a matarte verlo, Leriann - el disgusto en el rostro de la chica se acrecentó, y si antes trataba de esconderlo, ahora era más que evidente- ¿Crees que podras evitarlo para siempre?
- Solo estoy ganando tiempo...- se excusó en un murmullo, sus ojos desviándose levemente hacia un lado, con vergüenza por ser reprendida por el más tranquilo de sus hermanos- estoy consiente de que tendré que hacerme cargo de ese asunto en algún momento, pero no estoy lista.
- ¿Asunto? - Sabo alzó las cejas con curiosidad y otras emociones, pero conteniéndose grandemente de hacerle saber a ella lo mal que aquello se escuchaba.
No podía culparla. Por más inteligente y fuerte que fuese, seguía siendo una niña inmadura después de todo.
Muy internamente, la inocencia e infancia que le habían robado la amargaron y quebraron tanto como para que aquellas palabras fuesen comprensibles, y el desdén, así como el rechazó y miedo en su rostro, se justificaran.
Incluso el tuvo buenos y mejores momentos, oportunidades de seguir siendo un tonto, un niño entre los revolucionarios . Ler se había pasado toda la vida huyendo, sobreviviendo sin posibilidades de serlo, como Ace.
Todo el tiempo que pasó junto a Ace, Luffy y Ler le dio la experiencia y conocimiento suficiente como para aprender que la forma correcta -y eficiente- para tratar con ellos no era la convencional que podía ser usada con la gente normal. Los 4 definitivamente no entraban en esa categoría.
- No se llamarlo de otra forma- explicó la ex-marine con incomodidad, encogiéndose de hombros para restarle interés a la plática- y no quiero hacerlo.
- Entiendo- el utilizó un tono de voz suave, sereno, de esos que ella misma ocupaba al tratar de manipular a alguien más. De los 4, ellos eran los dos que habían sido entrenados profesionalmente.
Ler lo captó con rapidez. - ¿Qué intentas?
- Nada- respondió el con simpleza, acomodándose el sombrero en un gesto distraído. Luego se fijó en la figura femenina y pequeña a su lado con media sonrisa- solo que no es necesario que venga, yo puedo ir a verlo.
Ella frunció el ceño, increíblemente molesta e insegura. -¿Porque mierda harías eso?
- Alguien tiene que hacerse cargo de...¿el asunto?- dijo dubitativo, pero sin borrar su sonrisa- no me molesta hacerlo, Leriann. Y entiendo perfectamente que a ti si.
- No. No lo entiendes- cortó de manera tajante y agresiva. Sus hermanos y Shanks eran los únicos que tenían el lujo de ver todas las facetas más oscuras, profundas y reales de la chica sin que ella tuviese el miedo de que fuesen a alejarse, o a temerle, por lo que ella no se contuvo cuando sus ojos se mostraron llenos de un sentimiento que todos creían, había muerto como sus progenitores en la guerra. Qué ella misma, junto a ellos, había asesinado. - no puedes entenderlo porque no estuviste allí. Porque no viste sus ojos- continuó en un susurro, Sabo se esforzó por escucharla, pacientemente- no podría soportar esa mirada, esa misma maldita mirada que tenía el...- ella negó con la cabeza rápidamente , aturdida- no viniendo de alguien más que no sea Ace.
El quiso decir algo, más no sabía qué. La joven entonces se arregló el cabello con disimulo y una sonrisa, sacudiendo fuera de sí los sentimientos negativos que la habían invadido anteriormente, y continuó: - Shanks y yo sabemos que soy incapaz de manejarlo y me niego a hacerlo- como si supiese que la preocupación del rubio era grande, lo miró de reojo y agregó- al menos por el momento.
- Lo siento- se disculpó el sinceramente- no quería hacerte sentir incómoda de ninguna forma.
- Tranquilo - dijo ella chasqueando la lengua mientras le apretaba el brazo y se recostaba levemente en el, con cariño- eres menos imprudente que Lu. El cree que por ser el Rey de los piratas y mi capitán puede ordenarme hacer lo que quiera.
- Aún me resulta increíble que terminases bajo su mando, Leriann.
- Créeme que yo soy la más sorprendida, pero es más astuto de lo que pesamos, ¿Sabes? Inició con peticiones como "vamos a cazar", luego fue "pásame la carne" .-deteniéndose un momento, puso una mano en su barbilla, pensativa- Noté que habían pasado a ser órdenes cuando llegó el "dame tu pedazo de carne" y por último, descaradamente agregó de la nada "Vas a ir a verlo, y vas a llevarme contigo, no te lo digo como tu hermano, te lo exijo como tú capitán".
Sabo soltó una carcajada brutal, auténtica. Se alejó de ella y se pegó a un árbol mientras sostenía su estómago y trataba de recuperarse y respirar, pero era imposible. Ler incluso había imitado los gestos y la voz del pirata en una actuación magistral, por lo que no podía contener la risa.
Debía admitir que de los dos, la manipuladora por excelencia era ella. Había logrado mantener la conversación, pero dándole un giro sutil que se lo llevó a el de paso. Sonrió recomponiéndose.
- Y tu no te dejaste- concluyó el. Ella le guiñó el ojo- Esa mi hermana- la felicitó dándole una palmada en el hombro, envolviéndola a su paso en un abrazo cariñoso.
Ler adoraba sentirse querida por sus hermanos aunque nunca lo diría en voz alta. Pero siempre extrañaría sentirse querida por Ace, aunque nunca pudiese recuperarlo.
