Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Outtake – Parte 2

Como prometido, Edward y Bella dejaron que Jasper y Emmett sigan siendo gran parte de la vida de Katie. Ellos la recogían del colegio la mayoría de los días. Ese mes, sin embargo, entre la salida especial con su abuela, gimnasia, una competencia de piano, y los horarios de Emmett y Jasper, ellos no se vieron por casi dos semanas.

Cuando Katie los vio, ella corrió. Emmett sostuvo sus brazos abiertos, y ella se lanzó hacia ellos con un grito de emoción. Él cerró sus ojos y dio una vuelta. El sonido de su risa, el ver su sonrisa, todavía era una de las mejores cosas en su mundo.

Él la bajó y ella se dio vuelta para saltar a los brazos de Jasper.

—Hola, amor —dijo Jasper, dándole un gran beso en la mejilla.

—Hola, Nino J.

Para este entonces, Emmett ya estaba acostumbrado a la punzada automática en su corazón cada vez que ella usaba ese título. Era dulce, en cierta forma. En el pasado cuando ella había estado decidiendo cómo llamarlos—tíos no era lo suficiente especial para ella—uno de sus compañeros había dado una presentación sobre la cultura mexicana. Nino era una forma de decir padrino en español, y para los mexicanos Nino no tenía que ver tanto con la religión—aunque eso podía ser un rol importante también—y más que ver con la posición de esa persona en la familia. Era un título especial, un rol especial que tenía que ser escogido, no se nacía con este. Ella comenzó a llamarlos Nino para asegurarse que supieran que ellos eran más especiales que sus tíos de sangre, Mike y Tyler.

Aun así, Emmett no pensaba que dejaría de doler que Katie jamás vuelva a llamarle Papi.

Katie parloteó durante todo el camino a casa, poniéndolos al día con todo lo que se perdieron. Cuando bajaron del coche, ella saltó, aferrándose al cuello de Emmett.

—Uf —dijo él, fingiendo que se tambaleaba. Él la ajustó más alto en su espalda y envolvió sus piernas con más seguridad alrededor de él—. Vas a romperme un día, ¿sabes eso?

Era algo ridículo de decir. Katie siempre había sido pequeña para su edad. Ella tenía casi nueve años, pero podría pasar como alguien de siete. Parecía haber heredado la estructura ósea pequeña de su tía Alice.

—No puedo romperte —dijo Katie, riendo.

Emmett se encorvó y gruñó como si cada paso fuera difícil de dar. Él escuchó la carcajada de su marido unirse a la risa de Katie, y sonrió.

—¡Uf! —En la casa, cambió a Katie hacia sus brazos, cargándola como una bebé—. Eres mucho más liviana cuando no intentas quebrarme el cuello.

—No puedo romperte —insistió Katie de nuevo, moviendo sus piernas—. Eres demasiado grande.

Algo reticente, Emmett la dejó sobre sus pies de nuevo. Ella comenzó a mover los muebles de la sala. Arrastró la mesa ratona a un lado y los sofás hacia atrás.

—Cariño, ¿qué haces? —preguntó Jasper con las manos en sus caderas mientras la veía.

—Quiero mostrarles todos mis pasos nuevos —dijo ella, sentándose con las piernas estiradas para elongar.

Emmett y Jasper intercambiaron una mirada. La gimnasia en la casa era una de las cosas que ellos no hubieran permitido si fueran sus padres. Sin embargo, era algo que elegían no discutir como niñeros.

Después de que ella les mostrara su rutina, Katie se ubicó en su lugar favorito de su nueva casa: el asiento al lado de la ventana que estaba rodeado de libros. Ella comenzó a leer, pero, como siempre, terminó mirando hacia afuera como una mirada soñadora en su rostro.

—Hermosa cadete espacial —murmuró Jasper, sentándose con Emmett en el sofá. Suspiró e inclinó su cabeza para descansarla sobre el hombro de Emmett.

Después de un momento, Jasper levantó su cabeza para mirar a Emmett.

—¿Estás bien, cariño?

Emmett bufó. Su marido era un bastardo observador a veces.

—Solo pensaba en cuando tengamos al niño —respondió, intentando sonar casual. Se rio para sí mismo—. ¿Quieres escuchar algo tonto?

—¿Qué es eso?

—Incluso aunque ya hayamos comenzado el proceso y todo va bien, decir cosas así se siente irreal, ¿sabes? Como si nunca nos fuera a pasar.

—Sé lo que quieres decir —dijo Jasper, su voz suave.

—Pero al mismo tiempo, incluso después de todo este tiempo, me preocupa cómo se sentirá Katie. ¿Pensará que la estamos reemplazando?

Jasper rozó sus dedos por su cabello.

—Ella solía preguntarnos todo el tiempo cuándo íbamos a tener otro bebé.

Emmett hizo una mueca de dolor. Esa pregunta había sido como una navaja atravesando su corazón cada vez que ella la hacía.

—Lo sé. —Señaló hacia Katie con su barbilla—. Pero pienso en ello a veces. Veo a otro niño molestándola cuando ella quiere leer. O quizás jugando juntos. —Rio—. O quizás, si conseguimos un adolescente, ella sea la que lo moleste. O a ella. Lo que sea.

Jasper le dio un apretón a su mano.

—Lo sabremos pronto.

Ellos tuvieron a Katie por casi una hora antes de que Edward venga a recogerla. Cuando sonó el timbre, los ojos de Katie se iluminaron. Ella bajó de su asiento y salió corriendo, saltando a los brazos de Edward con un feliz "¡Papi!" ni bien él entró por la puerta.

—Estás de buen humor hoy —dijo Edward, dándole un beso en la nariz antes de bajarla.

—Sí. ¿Mami está en casa hoy o somos solo nosotros?

—Mami tiene clases. Sabes lo que eso significa.

—Noche de papi-hija. —Katie dio unos saltos—. Quiero comida mexicana.

—Tú mandas. —Edward colocó a Katie bajo su brazo y miró a Emmett y Jasper. Había una disculpa en su expresión. Él sabía que ver este tipo de escenas dolía—. Los veremos mañana, ¿no?

—¿Bella va a estar contigo mañana? —preguntó Jasper.

Edward inclinó su cabeza a un lado con una expresión curiosa.

—Sí.

—¿Crees que podemos llevarla mañana a tu casa? Hay algo que necesitamos hablar con ustedes.

—Claro. ¿Está todo bien?

—No es nada malo. Solo nos ponemos en contacto —dijo Emmett, colocando un brazo alrededor de los hombros de Jasper.

Era muy raro hablar de forma tan casual sobre algo tan importante y… sí, podía admitirlo, muy aterrador. Su estómago era un nudo. Se encontraba a la defensiva, y eso era ridículo. Era incluso más ridículo lo que estaba imaginando que serían las respuestas de Edward y Bella a sus noticias.

Algunas personas eran cautelosas con los niños adoptivos. Cuando tuvieron a Katie, más de un par de padres los habían cuestionado. Ellos habían preguntado qué pasaba con Katie, qué problemas había tenido. Incluso después de haber explicado que ella había estado con ellos desde bebé, esos padres habían permanecido escépticos en el mejor de los casos—a veces observando como halcones cuando Katie interactuaba con sus hijos—y elegían evitar el contacto en el peor de los casos. Como si los niños adoptados del sistema tuvieran alguna clase de enfermedad que los convertía en malas influencias.

Si Edward y Bella decidían que no querían a Katie cerca de cualquiera sea en niño que Emmett y Jasper eligieran adoptar…

Bueno, otra vez, eso era ridículo. A Emmett no siempre le había agradado Edward y Bella, pero ellos eran buenas personas. No solo eso, él no creía que fueran tan hipócritas cuando sabían lo peor que podría haberle pasado a Katie en ese sistema.

—Está bien —dijo Edward—. Nos vemos entonces.

—Parece como otro final, ¿no? —preguntó Emmett, mirando a Katie caminar por la entrada de la mano de Edward—. Ella sigue siendo nuestra hija, pero nuestra atención va a estar en este niño.

Jasper hizo a un lado su cabeza así sus frentes se tocaban.

—Es otro final. Nuestra vida está por cambiar de nuevo. Pero también es un nuevo comienzo.

~0~

Cada vez que Emmett y Jasper pedía hablar con ellos, Bella siempre tenía una sensación de que estaba en problemas, como si hubiera sido llamada a la oficina del director. Ella había estado trabajando, viviendo sola, pagando sus propias cuentas por casi cinco años. Ella había sido madre—con una niña a la cual criar—por casi tres años. Aún seguía asombrándola recordar que era adulta.

Emmett y Jasper siempre la habían intimidado de esa forma. Ellos eran adultos de la forma en que su padre y Karen lo eran. Ellos tenían sus objetivos descifrados, y enfrentaban las cosas con madurez y dignidad. Ellos jamás lo habían dicho, pero ella pensaba que debería volverlos locos ver a su hija siendo criada por dos niños que no tenían idea de lo que estaban haciendo.

Recordándose a ella misma que era una buena madre, y si iban a regañarla por algo podrían irse al diablo, Bella se enderezó. Además, era ridículo pensar eso. Ellos jamás habían dicho algo; no iban a comenzar ahora.

Eso esperaba.

Cuando fue enviada lejos, Katie parecía que quería discutir. Ella era tan curiosa como cualquier niño, especialmente cuando se trataba de las cuatro personas más importantes en su vida. Sin embargo, ella era una buena niña y obedientemente fue a jugar a su cuarto.

Las dos parejas se sentaron una frente a la otra en la mesa, cada uno aferrando la mano de su pareja. Emmett rio, moviéndose en el lugar.

—Todos parecemos nerviosos.

—Esto es… no lo sé. Sentimos que deben saber lo que está pasando —dijo Jasper. Se aclaró la garganta—. Hace unos meses, comenzamos a pensar sobre adoptar de nuevo. Nuestra documentación fue aceptada. Solo nos queda encontrar un niño.

Bella parpadeó. Lo que sea que ella había estado esperando, no era eso. Entonces, mientras sus palabras surgían efecto, una corriente de alegría le recorrió el cuerpo. Ella se levantó su asiento tan rápido, que su silla cayó hacia atrás. Rápidamente se encontró del otro lado de la mesa antes que esta golpeara el suelo. Lanzó sus brazos alrededor de Jasper, abrazándolo con fuerza.

—Eso es fantástico. —Luego, abrazó a Emmett y él le dio unas palmaditas en la espalda, sorprendido—. Eso… eso es perfecto. Eso es genial. Wow.

Para ese entonces, Edward se había acercado a su lado de la mesa. Él tomó la mano de ella y la llevó hacia él suavemente. Para la vergüenza de ella, Bella había comenzado a llorar. Se cubrió el rostro con sus manos y soltó un sonido que era en parte risa y en parte un gruñido de exasperación.

—Oh, Dios. Lo siento. Es solo… —Su voz se quebró, y Edward la envolvió bajo su brazo—. Ustedes fueron tan buenos padres con Katie. Odié eso. Odié quitarles eso. Quería esto para ustedes. Sé que no es lo mismo, pero… ¡Agh! —Giró su cabeza, escondiéndose en el pecho de Edward.

Edward frotó su espalda.

—Lo siento —le dijo a Emmett y Jasper que, Bella imaginaba, estaban mirándola como si se hubiera vuelto loca—. Ella ha estado emocional últimamente.

Eso era quedarse corto. Bella estaba volviéndose loca estos días.

—¿Estás embarazada? —preguntó Emmett, asombrado.

Bella rio, levantó su cabeza y miró a Edward. Él sonreía feliz. Esa era respuesta suficiente, pero le dedicó a Emmett y Jasper una sonrisa suave.

—Sí. —Se sorbió la nariz, secándose los ojos. A pesar del hecho que este bebé fuera muy planeado, Bella había estado luchando, por ende ese llanto. Ella estaba feliz, pero su primer embarazo y todo el trauma alrededor había dejado una marca profunda—. Seis semanas, pero Katie no lo sabe aún. Íbamos a decirle, pero estoy feliz de haber esperado.

—Sinceramente, felicitaciones —dijo Edward.

—Igualmente a ustedes, aparentemente —comentó Emmett, sus labios moviéndose en las esquinas.

—Cuéntennos sus planes. ¿Qué cronograma esperan tener? —preguntó Edward. Mientras hablaba, él llevó a Bella de vuelta a su lado de la mesa. Enderezó su silla y, cuando ella se sentó, se quedó de pie detrás de ella, masajeando sus hombros.

Bella sonrió, una calidez deslizándose entre las grietas de la incertidumbre que ella sentía. Ella escuchó a Emmett y Jasper explicar lo que habían decidido y cómo funcionaba adoptar del sistema.

—Vinimos a hablar con ustedes, porque no queremos que haya problemas —dijo Jasper. Había una tensión en su voz, una dureza en su expresión mientras los miraba—. Amamos a Katie. En este momento en particular, sigue siendo la cosa más importante en nuestro mundo. Las cosas van a cambiar, por supuesto, pero seguimos queriendo ser parte de su vida. Queremos que sea capaz de quedarse con nosotros como lo hace ahora. —Hizo una pausa, sus ojos moviéndose entre Bella y Edward—. Incluso si hay otros niños en la casa.

Bella frunció el ceño. Ella notaba el tono defensivo en los dos, pero no estaba segura de entenderlo.

—Katie ama pasar tiempo con ustedes, y sé que la aman. —Ella bufó—. Personalmente, creo que a ella le gustará más sus hijos que sus propios hermanos, al menos por un tiempo. A ella le gusta ser hija única.

—La cosa es que planeamos adoptar a un niño grande —dijo Emmett—. Los niños en el sistema usualmente no han tenido una vida fácil. No son peligrosos. Pero pueden ser problemáticos.

—Oh. Eso no es… —Edward miró a Bella, sus ojos interrogantes. Ellos tuvieron una conversación rápida y silenciosa, pero él la conocía bien. Se volvió hacia los hombres—. Jamás tendrán que preocuparse por eso.

—¿Bromean? —dijo Bella, y les sonrió—. ¿Qué tan maldita tendría que ser si tengo un problema? —Sacudió su cabeza—. Mi papá me salvó la vida. Quién sabe lo que hubiera pasado, en lo que me hubiera convertido, si no hubiera estado allí para mí. Si pueden hacer eso por un niño como yo… —Su voz volvió a quebrarse y soltó un sonido de disgusto. Rápidamente se secó las lágrimas y volvió a mirarlos—. Eso es algo que quiero que Katie vea. Que las personas son valiosas, incluso cuando están dañadas.

Emmett la observó con una expresión rara entonces, como si la estuviera viendo por primera vez. Él pensó que ellos no eran tan diferentes. Ambos fueron niños problemáticos y rotos que trabajaron duro para superar sus pasados, para ser los padres y compañeros que sus amados merecían. Él asintió hacia ella.

—Eso es… sí —dijo, bajó su cabeza.

—Entonces, supongo que debemos encontrar la forma de contárselo a Katie. —Edward volvió a sentarse a un lado de Bella y la rodeó con un brazo. Colocó una mano sobre su vientre plano—. Serán muchos cambios en un corto tiempo para nuestra familia.

—Buenos cambios —dijo Bella, encontrando la satisfacción en esa verdad. Haber encontrado a Katie, aunque haya sido la mejor felicidad de su vida, había sido un cambio traumático. Y había sido aun peor para Emmett y Jasper. Ella estaba bastante segura que había solo dolor de su parte en toda esa situación. Ella esperaba que todo esto sea lo contrario a eso.

Jasper y Emmett se miraron entre ellos y unieron sus manos sobre la mesa.

—Muy buenos cambios —dijo Jasper.