Un silencio incomodo reinó en la habitación.

— Habiendo dejado todo claro, creo que es mejor que todos se retiren a descansar — señaló Snape con seriedad y nadie quiso contradecirle mientras todavía sostenía a la vampira.

Repentinamente Draco cayó de rodillas al suelo tocándose sus costillas y comenzó a respirar con dificultad. — Abuelo… — dijo con la voz entrecortada y se quedó tirado en el suelo mientras su cuerpo temblaba.

— ¡Draco! — Abraxas se lanzó sobre él y le tomó el rostro con suavidad. — ¡Está hirviendo! — exclamó preocupado y le tocó el cuello. — Su pulso es muy débil… — movió la otra mano frenéticamente para revisare sus costillas y, para estupor de todos, al levantarle la camisa se vio una horrible mancha negra y rojiza que cruzaba de su costilla derecha hasta su pecho. El maleficio que había recibido fuer mucho más dañino de lo que aparentaba.

Snape se agachó inmediatamente y revisó la herida con atención — Tiene una hemorragia interna, tenemos que curarlo ahora mismo.

— ¡Llevenlo a San Mungo! — exclamó Walburga compungida.

— No hay tiempo — explicó Snape. — Tenemos que hacer algo ahora o el daño será irreversible.

De pronto, Valerie recobró la compostura, se acercó a Abraxas y con delicadeza tomó en brazos a Malfoy como si fuera una pluma, cargándolo con suavidad. — Severus, yo puedo ayudarlo, necesito que me consigas una probeta — el profesor de pociones miró a la vampira preocupado, pero la seguridad en su mirada le dio confianza. — Abraxas, acompañame, llevemos a Draco a un lugar donde pueda descansar — y sin más abandonó el comedor seguida de Abraxas y Snape.

Nadie dijo nada por algunos incómodos segundos.

— Bueno… ¿qué están ustedes esperando? — replicó de pronto Walburga a Harry y sus amigos. — Draco está en buenas manos así que vayan inmediatamente a descansar, ha sido suficiente acción e información por hoy. — Ellos asintieron sin replicar y dejaron a los adultos solos. Walburga suspiró — Sirius, necesito un vaso de algún trago fuerte que tengas… Creo que todos lo necesitamos.


— Abraxas, yo puedo ayudarlo… ¿Confiarías en mi? — le preguntó la vampira cuando ambos estuvieron solos. Ella había recostado a Draco en la primera habitación que encontraron por el pasillo, era una pieza amplia con dos camas y un baño. Snape le había entregado sin dudar las probetas y los dejó solos confiando en las palabras de Valerie.

Abraxas la miró con atención, sus profundos ojos recorrieron su rostro y una pequeña sonrisa se asomó en la punta de sus labios. — ¿Qué clase de pregunta es esa? Sabes que confío plenamente en ti…

— Ante lo que veas, no hagas preguntas hasta que termine ¿de acuerdo?

— Valerie… — pero antes de que pudiera agregar algo más tomó una de las probetas que Snape le había dejado y ante la atenta mirada de Abraxas, clavada en cada una de sus acciones, se mordió la palma de su mano. Al perforar su piel y ver la sangre salir cerró su mano en un puño y dejó caer el hilo de sangre dentro de la probeta, mientras oía como la respiración de su amigo se ponía cada vez más pesada, sentía sus ojos fijos en aquel líquido rojo que se acumulaba en la delgada probeta de vidrio.

Cuando estuvo llena, sacudió su palma como si tuviera polvo en ella y la herida se cerró como si nunca hubiera estado. Se acercó con rapidez hacia Draco, se sentó en el borde de la cama y con suavidad le levantó la cabeza para posar la probeta en su boca. Con una rigurosa lentitud logró que el rubio bebiera el contenido de a poco. Al finalizar, un largo suspiro abandonó los labios de la vampira y con la manga de su túnica limpió con delicadeza la comisura de los labios de Draco. Se quedó unos segundos ahí sentada, dándole la espalda a Abraxas que no había emitido palabra.

— Él va a estar bien… — mencionó Valerie rompiendo el silencio, se puso de pie y se sentó en los pies de la otra cama paralela a la de Draco.

— Entonces ese era el contenido de la probeta — dijo de pronto el mago con la voz apretada. — Aquella… Aquella vez que nos diste de ella para curar nuestras heridas, era… era tu sangre…

— No tiene ningún efecto negativo en ustedes, tengo una capacidad para sanar mucho más rápida y poderosa que la de un humano, por lo que mi sangre les permite curar con más facilidad… Aun así, las heridas de Draco son bastante grandes, por lo que puede tomar un poco más de tiempo en recuperarse — le respondió la vampira sin dirigirle la mirada.

— Gracias… — nuevamente reinó el silencio entre los dos.

Abraxas intentaba asimilar que fue la propia sangre de Valerie lo que había curado sus heridas tantos años atrás, era un hecho tan extraño como sobrenatural. ¿Era por eso que ella evadía su mirada? ¿Tenía vergüenza de sus acciones? — Valerie…

— Lo lamento, debí haber impedido que Harry y los demás fueran al Minsterio… — comenzó a decir ella. — Era obvio que era un trampa y dejé que se expusieran a una situación peligrosa. Y ahora… Draco pudo haber salido más herido y eso jamás me lo habría perdonado. Es tu nieto y se lo mucho que te importa, también me preocupo por él, pero debí haber sido más inteligente… Todo esto ha sido una mala idea, solo los he expuesto a todos innecesariamente, nunca debí dejar que Albus me hiciera pasar por su nieta y…

— Valerie — Abraxas caminó con paso firme, se sentó a su lado, la abrazó y llevó el rostro de la vampira contra su pecho. — Suficiente, no te tortures más. Se que hiciste todo lo que pudiste y Draco se pondrá bien, deja de mortificar tu mente con estos pensamientos. Nadie te culpa de nada, si los chicos no hubieran ido contigo el resultado podría haber sido mucho más desastroso. — La vampira asintió. — Ahora es momento de descansar, ya veremos cuales serán nuestras siguientes acciones, pero te aseguro que podemos darnos el lujo de reposar nuestras mentes y cuerpos por unas horas.

— Abraxas… Tengo… Tengo tanta rabia y pena, estoy cansada de llevar esta carga conmigo — susurró la vampira con voz ahogada. El mago se separó de ella con lentitud y le tomó el rostro con suavidad. Sus pupilas estaban dilatadas y su esclerótica se había puesto roja mientras en sus párpados inferiores se aglomeraban aquellas lágrimas de sangre. — Haberlo visto hoy… Que su apariencia sea más joven de la que debería… Pensé que podría soportarlo, pero sentí tanta rabia e impotencia. Como si nada de lo que hice hubiera valido la pena, todo el esfuerzo y mis emociones, dispuestas ante ese maldito hombre… Quiero hacerlo sufrir tanto, quiero que pague por todo el dolor que ha causado tanto al resto como… como a mi. Pero, también tengo miedo… Miedo de matarlo aún cuando puede quedar un rastro de aquel joven del que me enamore. Y se que el resto no dudaría de acabar con él, pero seré yo quién de el paso decisivo, lo tengo claro, pero a veces pienso ¿por qué yo? Ya he hecho suficiente y estoy agotada.. Estoy cansada de tener esta presión de ser la única que debe destruirlo, de tener que proteger a los demás de sus estúpidas ideas de supremacía y poder. Yo no quería cambiarlo, solo deseaba que pudiera ir por un mejor camino, uno en donde todo ese poder pudiera ser usado de mejor manera… Lo habrían adorado, respetado y de seguro que se habría convertido en uno de los magos mas famosos de la historia… Pero ahora…Siento como si mis barreras se hubieran desmoronado… Mostrarme con una fachada de poder, dureza y seguridad, sin poder bajar la guardia para mantener un perfil bajo y no dejar que el resto supiera mi verdadera identidad… Todo esto es exhausto — una lágrima roja descendió por su mejilla y las palabras no pudieron seguir saliendo de su boca mientras sentía la debilidad en su cuerpo por aquellas estúpidas cuerdas.

El pecho de Abraxas se apretó de dolor, los ojos de la vampira se clavaron en él suplicándole, ¿qué suplicaban? No lo sabía, pero se le partía el corazón al verla así. Con el pulgar le limpió la lágrima de su mejilla, la volvió a abrazar dejando que hundiera su rostro entre su hombro y cuello mientras le acariciaba el pelo con suavidad, manteniendo el silencio, para darle el espacio y tiempo que necesitara para que pudiera soltar, aunque fuera un poco, la carga que llevaba.

Y en esos minutos, Abraxas se sintió completamente egoísta. Él que seguía dándole vueltas a su encrucijada por el amor que sentía por Valerie, en que tenerla de regreso había sido lo mejor que le había pasado en mucho tiempo y todos esos pensamientos que iban con él cuando la veía, pero no se había dado cuenta de todo lo que ella estaba cargando. No había podido cerrar su capítulo con Tom Riddle y aquello la estaba carcomiendo por dentro, librando un batalla interna consigo misma de decidir que hacer…

En cambio él solo se limitaba a pensar en que manera iba a cambiar la relación entre ellos al saber que la vampira estaba al tanto de sus sentimientos ¿cómo podía ser tan básico? Él ya era un hombre adulto, no un joven hormonal e insensato… Tal vez, se había aferrado demasiado a Valerie recordando el pasado, cuando lo importante era el presente y el futuro.

Entonces lo supo, él estaba haciendo lo mismo que Valerie, no queriendo soltar aquel sentimiento tan fuerte que sintió y sentía por ella, pero ¿qué estaba ganando con ello? La verdad le cayó como un vaso de agua fría por el cuerpo y pensó que le dolería tomar esa decisión, pero para su sorpresa tanto su mente como su corazón parecían estar de acuerdo, encontrando una extraña paz. Tal vez era el momento de dejar ir aquel sentimiento…

— Valerie, no estás sola en esto… No debes cargar con todo en tus hombros. La Orden del Fénix, el joven Potter y sus amigos, Walburga y yo estamos para ayudarte. Tal vez no tengamos el poder y la fuerza que tienes, pero no por eso dejaremos de intentarlo. Esta batalla es tan nuestra como tuya. Estamos todos juntos, porque tu sola no podrás lograrlo — la vampira se separo de él y lo miró dispuesto a reprocharle, pero él continuó. — Si, puede que tu tengas que vencer al hombre que amaste, como Potter debe enfrentar al mago que mató a sus padres, Sirius y Lupin deberán pelear contra el asesino de su mejor amigo y su señora… Y los demás tienen sus propias razones, por lo que no eres la única que busca vencerlo, cada uno lo hace a su manera… Y es momento que lo aceptes Valerie… — le sujetó el rostro con ambas manos y le dirigió una mirada suave ante las crudas palabras que estaba por decir. — Tienes que aceptar que el Tom Riddle que tu conociste y amaste ya no está. Aquel joven con un dejo de luz en su interior murió cuando se convirtió en Lord Voldemort y ambos lo sabemos. Es momento de dejarlo ir…

— Es que yo… Él… ¿Dejarlo ir? ¿Así cómo así? — preguntó más para si misma la vampira.

— Si, es momento de que empieces a cerrar ese capítulo de tu vida. Ya no mereces desperdiciar tus lágrimas por él, porque cuando lo enfrentes él no dudará en utilizar tus sentimientos para su beneficio.

— Es que todavía siento algo por él — susurró Valerie avergonzada y Abraxas sonrió débilmente. "Así como yo sigo sintiendo algo muy fuerte por ti".

— Que todavía sientas algo por él no significa que sea algo malo, demuestra que eres capaz de conectar con una persona y ver más allá de ti misma. No quiero que olvides lo que sientes por él, sino que lo aceptes y lo sueltes, deja de aferrarte… Te mereces una nueva oportunidad, Valerie… — su mirada cargada de preocupación y cariño la dejó sin palabras. — De verdad mereces una nueva oportunidad, no digo que tengas que buscar amar a alguien inmediatamente, pero por lo menos debes abrir la puerta a ser querida, feliz, que te traten con respeto, cariño, pasión o estar acompañada con quien tu desees darle una oportunidad. Solo así podrás salir adelante y enfrentar con calma a Voldemort. Acepta lo que sientes, pero déjalo ir…

Valerie solo pudo asentir ante la profundidad de sus palabras, pues solo había verdad en ellas. Tomó las manos de su amigo que seguían en su rostro y las apretó con suavidad, agradeciéndole con la mirada. Abraxas le dedicó una pequeña sonrisa y se puso de pie.

Tras unos segundos en silencio el mago volvió a hablar, pero esta vez sus ojos estaban dirigidos al suelo.

— Valerie — suspiró con pesar. — Yo… Yo haré lo mismo con mis sentimientos.

La vampira lo observó sorprendida — Abraxas, no… Tú…

— Dejame continuar por favor… — respiró largamente, todavía incapaz de dirigirle la mirada, pero ahora con mayor seguridad en su cuerpo. — Nunca tuve el valor de decírtelo en el pasado, aun que ya se que lo sabes, pero te he amado y te sigo amando desde que nos conocimos en Hogwarts. Tuve miedo de expresar mis sentimientos por temor a perder tu amistad en aquellos años y después desapareciste por tanto tiempo que quedó en mi un capítulo imposible de cerrar. Tenerte de regreso ha sido una de las mejores cosas que me ha podido pasar, pero revivió en mi aquel sentimiento que pensé había superado, porque nunca pude olvidarte… Es cierto que tuve un matrimonio arreglado con mi difunta señora y ella siempre supo que estaba enamorado de alguien más. ¿Y sabes? Lo acepto con respeto, nunca me pidió que te olvidara, sino que te recordara con cariño. Nuestro matrimonio empezó bien y al poco tiempo ella me confesó que me amaba y yo con los años fui muy feliz con ella, pese a lo mucho que Walburga criticó mi incapacidad de dejarte ir… Aun así mi relación fue bella, sana y no me arrepentiré nunca de haberme casado. Se que me enamoré de ella, no de la misma forma en que lo hice contigo, pues tu siempre serás mi primer amor… Pero ella me brindó una familia, un hijo que lamentablemente no me enorgullece, pero gracias a eso pude tener a Draco que ha sido una de las enormes luces y alegrías de mi vida. Cuando ella falleció, me sentí tan solo, vacío y triste… Walburga hizo lo que estaba a su alcance para apoyarme, pero en aquel momento de tristeza volví a recordarte, ha arrepentirme de no haber confesado lo que sentía por ti. Cuando volviste, sentí que era un milagro, pero he sido egoísta al centrar mis pensamientos en lo que yo siento sin pensar también en todo lo que tu estas viviendo… — guardó silencio unos segundo y con valor clavó sus ojos en aquellos orbes cafés que tanto adoraba. — Ya estoy viejo, pero puedo, por fin, dar por cerrado este capítulo de mi vida con tranquilidad. No negaré jamás lo que siento por ti, lo acepto con gusto y lo dejaré ir, porque ahora te seguiré queriendo como grandes amigos que somos, porque ya no es necesario seguir aferrado a este sentimiento del cual no he querido soltarme. Si yo puedo hacerlo, se que tu también.

Abraxas respiró con pesar, era la primera vez que lograba dejar salir sus sentimientos de su pecho hacía la persona que se los había ocasionado, sintiendo por fin que se sacaba un peso de encima, como una grandiosa liberación, pero no era tan así pues había dejado desnuda su alma. Los ojos de la vampira lo contemplaron con sorpresa, su respiración honda fue reiterada mientras su pecho se apretaba por las palabras cargadas de amor que le acaba de confesar y Abraxas se sintió expuesto… Quiso alejarse un poco, pero Valerie se puso de pie y se le acercó, colocándose de puntas de pie para depositar un pequeño y casto beso en sus labios.

Se separó de él y ambos se miraron en silencio por varios segundos… para luego sonreír, dejando aquel beso como la promesa de haber finalizado ese capitulo de sus vidas.


Con pesar, Harry, Hermione, Ron, Ginny, Luna y Neville se encerraron en la pieza de Harry unos minutos, cada uno asumiendo lo que acaban de descubrir.

— Así que… Tu siempre lo supiste, quiero decir, sabías que era una vampira — señaló Ginny mordiéndose el labio mientras miraba a Hermione.

— Si, lo sabía de antes…

— ¿Por qué no nos contaste? — preguntó Ron inquieto.

— Digamos que Valerie fue bastante clara en que no debían saber — respondió Hermione encogiéndose de hombros.

— ¿Te amenazó para que no nos digieras nada, verdad? — preguntó preocupado Neville.

— Podría decir que si, pero no necesariamente… — todos la miraron extrañados. — Ella sabía que si les decía no iban a creerme, pero me advirtió que tuviera cuidado con lo que fuera a hacer… Pero, no pude olvidar lo que me dijo: "No debes juzgar a un libro por su portada"… ¿Recuerdan cuando Malfoy me encaró en el pasillo sobre que le había dicho a Valerie por haberla juzgado? Pues, en base a lo que había averiguado le dije que era un monstruo que pretendía matar a Harry… Al principio no lo entendí, pero después me di cuenta que ella estaba dolida. No pensé que mis palabras podrían haberle afectado tanto, pero para ella la forma en que la veamos le importa bastante… Jamás nos ha tratado mal, más bien a velado por nosotros, nos ha protegido, guiado, en otras palabras ha sido siempre nuestra amiga…

— Pero, ella… Ella es una vampira — susurró Neville incómodo.

— Al igual que Lupin es un hombre lobo — señaló tranquilamente Luna. — No se nace siendo un vampiro Neville, no sabemos cuales fueron las causas o razones por las que ella fue convertida. Lo que importa son sus acciones…

— Miren como están reaccionado — señaló Hermione, — de la misma forma en que hice yo… Juzgarla por su naturaleza con miedo. ¿Entienden por qué no nos dijo la verdad? Porque por más que sea una poderosa e inmortal vampira no quería que la viéramos como un monstruo… Sacrifico años de su vida para viajar en el tiempo e intentar llevar a Tom Riddle por un mejor camino, se enamoró del mago que la asesinó con un basilisco y está dispuesta a proteger no solo a Harry sino a todos nosotros, nuestras familias y amigos del mismo hombre que amó. Como dijo Harry, ella es nuestra amiga y que sea una vampira no va a cambiar eso. Tal vez sea un poco espeluznante pensarlo, pero sigue siendo la misma Valerie de siempre.

— Tendremos bastante tiempo para preguntarle sobre su pasado y todo lo que ha vivido — señaló Luna con ojos soñadores. — De seguro tiene historias muy interesantes que contarnos.

— Después de todo, va a ser difícil no jactarse que una de tus amigas es una vampira — agrego repentinamente Harry con una sonrisa. — Deberíamos hacer una apuesta de cuantos años tiene — agregó para aminorar la tensión.

— ¿Estás loco? Podría matarnos si le preguntamos — rio nervioso Ron.

— No va a M-A-T-A-R-N-O-S, Ron — señaló Hermione poniendo los ojos en blanco.

— Creo que la apuesta podría ser una buena idea para… para romper el hielo cuando la veamos — agregó Neville con una tímida sonrisa.

— Intentemos no mirarla con miedo — agregó Harry. — Es lo que menos debe querer en estos momentos, busquemos que se sienta cómoda nuevamente.

— Podríamos hacerle algo para mañana cuando se levante, algún detalle o algo… — agregó Ginny con un poco de temor, pero con una pequeña sonrisa en sus labios.

— ¡Creo que es una excelente idea, Ginny! — respondió Hermione con una sonrisa.

Todos asintieron y se retiraron más tranquilos a descansar sus cuerpos y mentes.


En la biblioteca de Grimmauld Place el ambiente era tenso. Sirius, Lupin y Tonks estaban sentados cerca de la chimenea, todos con un vaso de wisky de fuego en sus manos. Walburga Black estaba apoyada en la pared al lado de la chimenea y miraba la discusión entre Severus Snape y Alastor Moody. Nunca nadie había visto tan molesto al profesor de pociones.

— La próxima vez que quieras torturar a alguien, asegurate de lo que estas haciendo — siseó Snape con odio.

— ¡Es una vampira! ¿Qué querías que hiciera? ¿Que la recibiera con los brazos abiertos?

— ¡Puedes preguntar antes de actuar! — le respondió furioso Snape.

— Solo estaba siendo precavido — refunfuñó Alastor.

— La podías haber inmovilizado de otra manera ¡no atándola a un instrumento de tortura medieval!

Alastror bajó la vista y continuó refunfuñando — Agua fiestas — siseó. Snape furioso sacó su varita.

— SUFICIENTE — Walburga Black se les acercó con su semblante serio y su tono no dio chancee a replicas. — Severus, agradecería que no perdieras la compostura — Ojoloco sonrió a modo de burla. — En cuanto a ti, Alastor — el aludido volvió a agachar la mirada. — Con pedir disculpas sería suficiente. Entendemos que querías ser precavido, pero todos podemos cometer errores, no es tan difícil aceptarlo. Ahora — miró al resto de los presentes, — agradecería que dejemos este tema zanjado. Que Valerie sea una vampira no cambia la forma en que actuemos frente a ella ¿quedó claro?

— Pero… — quiso replicar Lupin.

— Nada de peros — respondió mordazmente Walburga. — Y menos tu, Remus Lupin. Ella puede que sea un vampiro así como tu eres un hombre lobo, ante mis ojos no veo la diferencia.

— Si, pero ella… — intentó decir de nuevo el mago.

— ¿Ha amenazado a alguno de ustedes? — le cuestionó la bruja.

— No, pero…

— ¿Le ha hecho daño a Harry y sus amigos?

— Tampoco, pero…

— ¿Ha realizado alguna acción que te haya hecho dudar de su lealtad antes de que supieras que era una vampira?

— N…No…

— ¿Ha matado a alguien? — arremetió de nuevo Walburga.

— No… — Lupin bajo la mirada.

— No veo entonces la razón para seguir buscando excusas. Ella no ha hecho más que ayudarnos, sin exigir nada a cambio. Y se de primera fuente que ha sufrido lo suficiente en una guerra en la que no tiene nada que ver. Por lo que agradecería que se comportaran como adultos que son y dejaran de juzgarla. — agregó Walburga con el semblante serio. — Ella merece vuestro apoyo y amistad, no es tan difícil…

— ¿Por qué le diste el lazo de Andrómeda? — preguntó de pronto Sirius.

Walburga alzó una ceja mirando a su hijo — Por que así lo que quise — se limitó a responder.

— ¿Tanto significa ella para ti? — preguntó Sirius observando a su madre con atención.

Y, para sorpresa de todos, ella sonrió. Walburga raramente mostraba sus emociones, pero en aquellos momentos su sonrisa era sincera y cargada de cariño. — Claramente Sirius. Así como tu veías a James como tu hermano yo veo a Valerie como la hermana que nunca tuve. Es mi mejor amiga y si la pulsera de nuestros antepasados la aceptó es porque es digna de formar parte de la familia Black.

Todos se quedaron en silencio.

— Creo que será mejor que todos nos retiremos a descansar. Yo debo regresar al colegio — dijo Severus Snae rompiendo el hielo. Se giró y miró a Walburga. — Dile al señor Malfoy que mañana vendré a revisar al joven Draco, estoy seguro que Valerie lo habrá proporcionado los cuidados necesarios. — Y salió de la biblioteca sin decir nada más.

— Yo… También debo retirarme — siseó Ojoloco con la mirada en el suelo. — Este… Vendré mañana o pasado mañana a informarles que esté todo en orden en el Ministerio. Buenas noches — y con su peculiar caminar abandonó la habitación.

Tonks tomó de la mano a Lupin — Cariño, deberíamos ir a descansar — el mago solo asintió en silencio. — ¿Sirius, te importaría si nos quedamos acá?

— No hay problema, hay suficientes habitaciones para todos — respondió Sirius.

— Gracias — Tonks y Remus se retiraron sin decir nada más.

— ¿Te quedarás acá, madre? — preguntó Sirius.

— No, le diré a Kreacher que me lleve a mi mansión. Voy a necesitar una fuerte dosis de mi poción y descansar varias horas. Sabes que no puedo estar moviéndome con tanta facilidad por mucho tiempo, mi cuerpo se agota rápidamente y está noche ha tenido suficiente acción.

Sirius asintió y llamó a su elfo doméstico.

— Amo ¿necesita algo? — respondió Kreacher apareciendo de la nada y dando una reverencia.

— Lleva a mi madre a su casa, asegurate que llegue con calma y descanse.

— Por supuesto, Kreacher es feliz de servir a la ama.

Walburga se acercó a su hijo y le acarició el rostro con suavidad — No seas duro con ella ¿de acuerdo? Ha pasado por mucho y se que te estima bastante, por lo que trátala bien. — Sirius asintió sorprendido, su madre no solía ser muy afán del cariño corporal, pero había comprendido que para ella, Valerie era alguien importante. Se despidió dándole un beso en la mejilla y vio como Kreacher le tomaba la mano para retirarse.

— Ah, antes que se me olvide — agregó Walburga. — Espero que te comportes como un caballero, Sirius Black.

— ¿Disculpa?

— Oh, por favor, no te hagas el desentendido, soy tu madre te lo recuerdo, y se muy bien la forma en que has mirado a Valerie — y tras dedicarle una sonrisa maliciosa desapareció con un fuerte chasquido.

Sirius bufó y sacudió la cabeza impresionado. ¿De verdad su madre tenía que sacar a colación aquel tema, JUSTO EN ESE MOMENTO?


Bien entrada la noche, Valerie abandonó su habitación en silencio y comenzó a descender las escaleras. Abraxas le había dicho que se quedaría cuidando a Draco, dado que ella ya había hecho lo suficiente y le pidió que descansara, pero, en aquel momento, lo único que la vampira necesitaba era sangre y con urgencia.

Bajó las escaleras con lentitud para no despertar a nadie y estaba por girar la manilla de la puerta cuando fue interrumpida — ¿Vas de paseo tan tarde?

Valerie maldijo en voz baja, no había podido escuchar a nadie a su alrededor lo que significa que o bien sus sentidos estaban debilitados o alguien había usado magia para esconder su presencia. Se giró sobre si misma — Buenas noches, Sirius. La verdad si, tengo que salir.

— No estarás pensando en irte ¿verdad? Eres más que bienvenida acá — le reprochó el mago con un dejo de molestia en su voz.

La vampira abrió los ojos sorprendida — No, no, no pensaba irme…

— ¿Entonces? — Sirius alzó una ceja cuestionándola.

Valerie bufó y rodó los ojos, el mago le dedicó una mueca burlona — Necesito salir a alimentarme… Aquellas estúpidas cuerdas me han debilitado mucho.

— Tengo mucha comida en la despensa — razonó Sirius señalando con su cabeza hacia la puerta de la cocina.

La vampira se lo quedó mirando con las cejas alzadas — ¿Estás de broma, cierto?

— Para nada, de verdad puedo prepararte la comida que quieras si estas hambrienta — respondió el mago encogiéndose de hombros. — Realmente cocino bastante bien, o eso me han dicho — se removió el pelo mientras le guiñaba el ojo.

— Menuda pelotudez — siseó la vampira y lo miró molesta. — Sirius Black — él le sonrió al escuchar su nombre en sus labios. — Soy una vampira — se apuntó el rostro con ambos dedos índices. — V-A-M-P-I-R-A… Es decir, me alimento de sangre.

— Mmm… Nunca pusiste un problema por la comida las otras veces que estuviste aquí — señaló Sirius rascándose el mentón.

— Claramente que no, tenía que actuar como si disfrutara la comida cuando en verdad no la necesito… — refunfuñó la vampira.

— Es decir que realmente no te gustó lo que cocinaba con tanto esmero — replicó simulando estar ofendido.

— No es que no me haya gustado, la comida me es indiferente — respondió la vampira con seriedad.

— Eso dolió…

— Sirius… Realmente no estoy de ánimo para tus juegos — hizo el ademán de girarse y abrir la puerta.

— No irás a ninguna parte jovencita — dijo Black poniéndose serio. — Vas a darte media vuelta y te irás a descansar como lo está haciendo todo el mundo.

— ¿Así que ahora soy jovencita? — le recriminó Valerie con un tono jugetón.

Sirius tuvo que controlar la pequeña sonrisa que quiso asomarse en sus labios, aquella mujer sabía como jugar. Un largo suspiro abandonó sus labios. — Valerie, hablo enserio… No puedo dejar que salgas en ese estado, si realmente estás muy débil no puedes salir sola, imagina si te pasa algo.

— Dudo que algo vaya a ocurrirme, pero realmente necesito alimentarme Sirius — el tono de la vampira sonó como un ruego. — Si sigo aquí puedo poner en peligro a los demás, no es bueno tentar a un vampiro hambriento con tantas personas en una casa…

— Entonces dejame ayudarte — respondió Sirius como si fuera obvio.

— ¿Disculpa? ¿Quieres acompañarme afuera a alimentarme?

— ¿Qué? No, claro que no. Tu no tienes porque salir cuando puedes alimentarte aquí. Si lo que necesitas es sangre entonces yo te la doy.

Valerie se quedó como piedra unos segundos, demasiado sorprendida ante las palabras del mago. — No.

— ¿No? — le cuestionó Black. — ¿Por qué no?

— Es demasiado peligroso, si pierdo el control podría matarte.

— No podrías matar a alguien tan atractivo como yo — respondió Sirius con tono socarrón.

— Hablo enserio Sirius, aunque te agradezco el gesto, pero mi respuesta es no. Realmente es bastante peligroso, estoy débil, por lo que puede que necesite más sangre de lo usual y no tengo deseos de dejarte sin vida por error — y antes de que el mago pudiera decir algo más se dio vuelta para abrir la puerta. Cual sería su horror al sentir como su cuerpo se tensaba por el dolor, sus piernas perdieron fuerza y su cuerpo fue directo contra el suelo. Habría caído de no ser por unas fuertes manos que le rodearon la cintura y la sujetaron con fuerza.

— Si necesitabas que te cargara en brazos era cosa que me lo pidieras — se burló Sirius.

Valerie gruñó molesta. Realmente aquellas cuerdas la habían dejado demasiado vulnerable y frágil. Su propio cuerpo ya no era capaz de sostenerse por si mismo. — No es chistoso Black… — su voz fue un débil susurro que escapó de sus labios.

Sirius la observó preocupado. El cuerpo de la vampira sentía enfermizo en sus brazos, no parecía tener la fuerza para seguir de pie y su mirada se había apagado. — Ven, necesitas descansar… Realmente no puedes salir así — le habló con suavidad y preocupación.

— Estoy… estoy bien… yo… — pero Sirius no le prestó atención y con delicadeza la levantó en sus brazos, cargándola con cuidado. Hubiera sido el momento perfecto para lanzar alguno de sus comentarios juguetones, pero la vampira no tenia buena cara.

— Necesito… No quiero ser una molestia, puedes… puedes dejarme en mi habitación y así puedo recuperarme un poco — susurró la vampira con los ojos cerrados y apoyando su rostro en el pecho de Sirius.

El mago solo negó con la cabeza y se dirigió a su propia habitación — No pienso dejarte sola — espero que la vampira le discutiera, pero al no hacerlo su preocupación aumento.

Empujo la puerta de su pieza con un pie y tras ingresar depositó con sumo cuidado a la vampira en su cama. Valerie refunfuñó, pero ninguna palabra comprensible salió de su boca. Pudo olfatear la colonia de Sirius impregnada en la almohada y gruño al sentirse vulnerable, cuanto odiaba aquella sensación. Continuó con los ojos cerrados y se concentró en recuperar el control de su cuerpo, mientras sentía la mirada de Sirius clavada en ella.

— ¿Necesitas algo? — preguntó el mago de pronto, pero apenas la pregunta salió de su boca se sintió bastante estúpido.

— Solo necesito recuperarme un poco y salir de aquí — siseó la vampira frunciendo el ceño, todavía con los ojos cerrados.

— Merlín, realmente eres muy terca — se quejó Black masajeando sus ojos.

— Y tu eres un controlador — le respondió la vampira.

— No seas inmadura, realmente no pega contigo.

— Dejame tranquila, Sirius — se quejó Valerie.

— Solo estaba preocupado por ti — le respondió él, molesto. — Claramente no puedes salir sola en ese estado. ¡Mirate, ni siquiera puedes ponerte de pie!

— ¡Ya lo se, maldita sea! No es necesario que me restregues en la cara lo patética que soy.

— Valerie — el tono de Sirius sonó herido y la vampira abrió los ojos sorprendida. — Jamás he dicho que seas patética… Pero de vez en cuando uno puede mostrarse un poco vulnerable, no tiene nada de malo, es algo natural.

— No estoy acostumbrada a sentirme tan vulnerable… — explicó la vampira dando un largo suspiro.

Sirius se sentó a los pies de la cama. — Es algo que todos nos pasa… — le dedicó una mirada penetrante. — Ahora, ¿dejarás de ser tan terca y aceptarás mi ayuda?

La vampira se mordió el labio nerviosa — De verdad que es peligroso… Hace mucho tiempo que no bebo sangre de algún humano… — "Técnicamente beber sangre de alguien cercano y que se me sea ofrecida… Sin contar a Albus claramente eso fue un accidente…"

— Que honor tendré entonces — se rió Sirius. La vampira negó con la cabeza, pero agradeció el gesto del mago por intentar alivianar la conversación.

— Hablo enserio…

— Yo también — respondió Sirius y la miró con atención. — Valerie, es la verdad, confío en ti y claramente aunque te dejara ir no eres capaz de moverte por tu cuenta.

Ella suspiró, no tenía como seguir discutiendo con él cuando sabía que estaba en lo cierto. Trago saliva, nerviosa. — Esta bien, tienes razón… — Sirius asintió, intentado ocultar su inquietud.

— ¿Entonces…? — se aventuró a preguntar el mago.

Valerie bufó y dejó de lado sus nervios ¿desde cuando se ponía así por beber la sangre de alguien? Ni que fuera una vampira novata. Inaló profundamente y sintió la sed apretar su garganta, realmente estaba muy hambrienta. — Sientate acá, si llegas a quedar débil te será más cómodo y podrás descansar — la vampira señaló el borde la cama cercano al respaldo y ella se puso de pie sintiendo como su deseo por sangre comenzaba a llenar sus sentidos. Sirius pudo notar el cambio en su tono de voz y sonrió, aquello si sonaba como la Valerie que conocía.

— A sus ordenes, mi señora — se burló Black y tomó asiento donde le habían indicado. La vampira caminó por la habitación al otro lado de la cama y levantó una ceja ante las palabras del mago, pero no respondió.

— Pies sobre la cama — le ordenó y Sirius le lanzó una mirada extrañada mientras se movía, pero ella no le presto atención. — Apoya tu espalda en el respaldo.

Cuando Sirius se hubo acomodado, la vampira se aproximó a él y con su mirada recorrió su rostro para llegar a su cuello. El mago tragó en seco nervioso y ansioso mientras ella acercaba su mano hacia su rostro, deslizó su dedo índice por su mejilla y al bajar le movió la camisa para dejar su cuello descubierto, clavando aquellas orbes cafés en esa parte expuesta de su cuerpo. Sintió el frío dedo de la vampira en su piel e intentó calmar los acelerados latidos de su corazón.

— Si quieres generar suspenso lo estás logrando, corazón — mencionó Black sarcásticamente.

— Esto puede que te duela — le respondió Valerie con la voz ronca. Sirius dio un pequeño salto al escuchar aquel tono que le provocó un delicioso escalofrío en todo su cuerpo y su corazón comenzó a latir cada vez más rápido. Y antes de que pudiera responder algo la vampira le sujetó el mentón con una mano mientras con la otra abría más su camisa para dejar libre su cuello y hombro, inclinó su rostro y Sirius se estremeció al sentir como su respiración chocaba contra su cuello. Comenzó a deslizar sus labios sobre su piel como si fuera una caricia. El mago no fue capaz de reaccionar y se dejó sujetar por Valerie mientras aspiraba profundamente aire por su boca entre abierta.

Valerie sintió como el pulso de Sirius aumentaba lo que provocó que su deseo aumentara, aun que si ya iba a alimentarse ¿qué daño hacia hacer el proceso un poco más tortuoso? Inspiró el agradable olor del mago y quiso probar el sabor sin dejarse privar por sus primitivos deseos. Comenzó a dejar pequeños besos sobre la piel de su cuello para luego abrir más sus labios y rozarlo ligeramente con la punta de su lengua. Sirius tembló e inconscientemente inclinó su cabeza para darle mayor acceso. Ella no lo pensó dos veces y continuó con lo que estaba haciendo, intercalando besos y mordiscos suaves hasta que llegó al hombro y clavó sus colmillos, perforando su piel.

Sirius lanzó un gemido de dolor cuando sintió la mordida de Valerie, fue una sensación dolorosa y pudo sentir un liquido cálido recorrer su piel, lo que asumió era su sangre. Pero, para su sorpresa el dolor rápidamente desapareció reemplazado por una deliciosa sensación mientras la vampira succionaba su sangre. Sus manos inconscientemente tomaron con delicadeza la cintura da la vampira apretándola ligeramente. Tras unos segundos sus manos dejaron de sostenerla para simplemente acariciar los costados de su cintura, cuando sorpresivamente una de las manos de Valerie fue hacia su nuca y le jaló el cabello obligándole a estirar su cabeza hacia atrás mientras que su otra mano se deslizó por su espalda haciendo que sus cuerpos se acercaran.

Un gruñido involuntario salió de los labios de Sirius, lo que pareció gustarle a la vampira que succionó con más fuerza su sangre. Sin poder controlarse las manos de Sirius apretaron con fuerza la cintura de la vampira y con rápido movimiento la obligó a acercarse a él. Un gruñido sobrenatural se escapó de la garganta de la vampira cuando separó su boca de la piel del mago, con un rápido movimiento se sentó a horcajadas sobre Sirius y volvió a clavar sus dientes en su cuello. Black apretó más su cuerpo contra el de ella y soltó un gemido al sentirla sobre él, mientras sus manos rozaban su espalda para bajar hacia sus muslos perdiendo cada vez más la cordura. De pronto, comenzó a a marearse y sus manos perdieron fuerza, la sensación seguía siendo abrumadora, pero él parecía comenzar a perder un poco la conciencia. Fue entonces que Valerie se separó de su hombro mientras Sirius dejaba caer sus manos a los costados, cansado. Sintió como la vampira lo obligaba a depositar su cabeza contra el respaldo y pudo ver sus labios rojos con su sangre. Ella sacó su lengua y se los relamió con lentitud, saboreando los restos de sangre que quedaban. Black pensó que se espantaría al ver algo tan sobrenatural, pero aquella imagen le pareció de lo más excitante.

— Quieto, ahora debes descansar, he bebido mucha sangre — le dijo Valerie presionando su dedo índice en la frente del mago para que no se moviera.

— Me es un poco difícil descansar teniéndote de esta forma sobre mi — le respondió Sirius con una mueca jugetona, pero su voz sonó débil y no atractiva como él quería. Valerie le dedicó una mueca divertida y con una tortuosa lentitud se puso de pie, alejándose de él. — Eso es jugar sucio, primor — se quejó Sirius con una risa apagada.

— Tienes que dormir ahora, es la mejor forma de que te recuperes — explicó la vampira regalándole una sonrisa mientras se cruzaba de brazos. El mago asintió, no tenía la fuerza para discutirle y podía sentir sus párpados cada vez más pesados. — No irás a dejarme solo ¿o si? — le preguntó mientras se quitaba los zapatos y dejaba caer su cabeza contra la almohada.

— ¿Quieres que me quede? — le preguntó Valerie arqueando una ceja.

— Un poco de compañía no me haría mal — mencionó Sirius mientras señalaba el otro lado de su cama con una mano. — Venga, no tengas miedo te juro que no muerdo.

— No te tengo miedo Sirius, acá la que muerde fuerte soy yo — respondió con sarcasmo la vampira.

Él mago rió — Y vaya que si… Venga, solo quiero dormir y tras lo agotado que me has dejado lo menos que podrías hacer es acompañarme — le pidió el mago.

La vampira suspiró y se echó a su lado mirando el techo, pero Sirius se le acercó, paso su mano bajo su cuello y la acercó a él abrazándola haciendo que posara su rostro en su hombro. — Este será nuestro pequeño secreto — le susurró el mago, sus labios pegados a su frente mientras cerraba los ojos y caía rendido a los brazos de Morfeo.

Valerie rió y cerró los ojos mientras escuchaba la tranquila respiración del hombre que ahora dormía pegado a ella.


¿Qué les pareció? Espero sus comentarios con ansías, me costó escribir este capitulo así que espero les haya gustado. Los quiere, Florence!