CAPÍTULO 25

—Bella, ¿Te falta mucho? ¡Necesito entrar o llegare tarde a trabajar! —Se quejó Jessica golpeando la puerta del baño.

—¡Un minuto, en seguida salgo!

Bella estaba esperando la respuesta del nuevo test de embarazo, aunque ya la sabía de antemano. Uno podía equivocarse, ¿Pero dos…? Comprobó el tiempo mirando el reloj de su muñeca y levantó el palito: positivo. Se llevó las manos a la cabeza y suspiró; definitivamente estaba embarazada.

¿Qué iba a hacer? ¿Cómo podía haber pasado? Ella tomaba sus anticonceptivos, de hecho, los había seguido tomando durante todo ese tiempo sin saber que estaba esperando un bebé.

—¡Oh Dios mío! —Susurró llevándose las manos a la boca.

—¡Bella! ¡En serio, me hago pis!

La voz de Jessica le hizo reaccionar. Intentó recomponerse un poco, mojó su rostro para serenarse y salió del baño.

—Lo siento, ya es todo tuyo, Jess

—¡Gracias! —La rubia entró rápidamente en el baño sin reparar en el rostro angustiado de su amiga.

Bella se encerró en su habitación e intentó aclarar sus pensamientos. Tenía que hablar con Edward.

Edward... De tan sólo pensar en cómo reaccionaria su cuerpo temblaba como una hoja movida por el viento. Recordó sus palabras: no quiero hijos.

Al menos no los quería en ese momento, o eso pensaba ella, y sin embargo iba a tener uno. Tenía que asegurarse bien antes de soltar la bomba, no podía decirle que iba a ser padre y que al final, todo resultase ser una falsa alarma, aunque dudaba que así fuese cuando los tres test habían dado positivo.

Decidió actuar. Llamó a Alice y le informó que no se encontraba bien, cosa que no le resultó rara pues ella misma la había notado extraña el día anterior cuando se dio cuenta de la ausencia de su periodo.

Cuando finalizó la llamada con Alice concertó una cita con su médico para esa misma mañana.

Llegó al centro de salud y el médico no pudo evitar sonreír al ver los tres test de embarazo.

—Está bien, señorita Swan le realizaremos un análisis de sangre y tomaremos una muestra de orina, pero creo que el resultado es más que obvio. —Habló el doctor firmando los papeles necesarios para la realización de las pruebas.

—Pueden estar en mal estado o estropeados, puede...

—Cálmese, en seguida lo averiguaremos.

Después de pasar casi toda la mañana en el hospital, los análisis solamente le sirvieron para confirmar el resultado de las pruebas caseras: estaba embarazada.

Según el doctor, la única explicación es que los antibióticos que tomó durante el resfriado hubiesen restado eficacia a las anticonceptivas. Le dio unas pautas alimentarias, le recetó unas vitaminas y pautó una ecografía para la semana próxima.

Aturdida y aún en estado de shock, Bella caminó sin rumbo hasta que el cansancio la hizo sentarse en un banco. Observó el ambiente que le rodeaba: personas haciendo deporte, ejecutivos caminado deprisa sin dejar de hablar por el teléfono móvil, abuelos paseando y madres empujando cochecitos de bebés. Se imaginó a sí misma en esa situación dentro de unos meses y rompió a llorar.

Debía estar feliz, alegre… la llegada de un bebé siempre era motivo de felicidad, pero en su caso estaba aterrada. No era un buen momento, y lo que más temía era darle la noticia a Edward porque no se lo iba a tomar nada bien.

Pensándolo fríamente, ni siquiera podía decírselo ahora, no al menos antes de la boda de Emmet.

Estaba segura de que tardaría en asimilar la noticia y no podía arruinar ese momento. Tendría que esperar para hablar con él.

El teléfono sonó y el nombre de Edward apareció en la pantalla, intentó ignorar su llamada, pero volvió a insistir un par de veces más, por lo que al final tuvo que sacar fuerzas de su interior y responder.

—¿Bella? ¿Dónde estás? ¿Te encuentras bien?

—Sí, sí...

—Estoy en la puerta de tu piso, he venido a buscarte. Alice me ha dicho que estás enferma, he venido hasta aquí pero nadie me abre la puerta.

—Es que estoy fuera, he ido al médico y acabo de salir ahora de la consulta. —Explicó intentando controlar su voz.

—¿Estás bien? ¿Qué te ha dicho? —Preguntó preocupado.

—Bien, solo es un poco de anemia, nada importante.

—Dime donde estás e iré a recogerte.

—No te preocupes, he venido en coche. Espérame allí iré en seguida.

—No quiero que conduzcas estando enferma, Bella. —Insistió

—De verdad, estoy bien, puedo llegar sin problemas.

Llegó a su apartamento y la recibió un preocupado Edward que caminaba nervioso de un lado para otro. En cuanto la vio llegar, corrió a abrazarla.

Pasaron la tarde juntos, repitiéndole una y otra vez que estaba bien, que solo era cansancio y anemia, dejándose cuidar y mimar por él. Sabiendo que no hacía bien en ocultarle la noticia, pero necesitaba tiempo para asimilarlo y sobre todo para enfrentarse a la reacción de él.

Esa noche, Edward se quedó a dormir con ella, al día siguiente se reincorporaría a la librería.

—Deberías haber aceptado la oferta de Alice y tomarte el día de mañana de descanso también.

—No es necesario, estoy bien, de verdad.

—Edward se deshizo de su ropa y se metió en la cama solo con su bóxer.

—¿Necesitas algo más?

—Sí, un abrazo. ¿Puedes abrazarme?

—Siempre. —Susurró besando dulcemente sus labios.

Edward la cobijo entre sus brazos y ella se cerró los ojos saboreando el momento. Necesitaba alimentarse de esos pequeños detalles, de esos momentos compartido. Estaban bien, se amaban, y a pesar del duro pasado de Edward esperaba que tuviese la fuerza suficiente para hacer frente a lo que se les venía encima.

Rosalie estaba preciosa. El vestido blanco con escote palabra de honor se ceñía a su figura envolviendo, haciéndole parecer una modelo, pero sin duda, lo que le hacía brillar con luz propia era el aura de felicidad que la rodeaba. Tanto Emmet como ella no cabían en sí de alegría.

La ceremonia fue sencilla y emotiva. Lo celebraron en la misma propiedad donde había tenido lugar la fiesta de compromiso. Uno de los salones fue adecuado para ello y en el jardín se instaló una carpa, donde ahora se encontraban celebrando la posterior recepción. A diferencia de en la fiesta de compromiso, a la boda sólo habían asistido los familiares y amigos más cercanos. Allí pudo conocer a Alistair, el hermano de Esme y su esposa Carmen, que se mostraron encantados en conocerla.

—¿No vas a comer nada más? —Preguntó Alice llamando la atención de Bella.

—No tengo mucho apetito.

Y era cierto, llevaba días con el estómago cerrado.

Desde que supo lo del embarazo era como si su cuerpo hubiese activado un botón para empezar a notar algunos de los síntomas propios de su estado: nauseas, cansancio, pérdida de apetito... En realidad, ella creía que era psicológico, su mente estaba jugando con su cuerpo, pero la tensión y los nervios por ocultárselo a Edward le estaban pasando factura.

Él estaba preocupado, la veía cansada y ojerosa, incluso esa mañana al levantarse la pilló vomitando en el baño.

Preocupado, insistió en llevarla al médico, pero ella intentó tranquilizarle explicándole que las vitaminas que el médico le había recetado para la anemia no le estaban sentando muy bien.

Para ella estaba siendo muy difícil encontrar el momento oportuno para decirle la verdad, estaba inquieta, nerviosa y Edward lo notaba. Sin embargo, era consciente de que hasta ahora el tiempo había jugado a su favor, pues con los preparativos de la boda Edward había estado algo más ocupado de lo normal, sin embargo, esa misma noche todo se acabaría y mañana... Mañana ella tendría que enfrentarse a él definitivamente.

—¿Y dónde está Edward? —Preguntó Jasper.

—Pues no lo sé, lleva un rato desaparecido. —Confesó intentando buscarlo con la mirada entre os invitados.

—Lo mismo está con sus padres.

—No lo creo, Carlisle y Esme están allí. —Señaló Bella.

La verdad es que tanto Carlisle como Edward supieron mantener las formas y comportarse para sorpresa de Esme, los novios y la propia Isabella. No es que se hubiesen comportado como el padre y el hijo más cariñoso del mundo, pero estuvieron juntos de manera cordial y ambos se mostraron felices para complacer al novio.

El sonido de alguien golpeando el micrófono desde el escenario llamó su atención.

—¡Oh Dios! —Exclamó Bella al ver a Edward en el escenario.

—Buenas noches. ¡No te asustes, Emmet! No voy a dejarte en ridículo delante de Rose, aunque podría contar aquella vez que... ¡Es broma! —Habló provocando las risas de los allí presente—. Yo solo quiero desearos lo mejor. Espero que esta nueva etapa esté llena de felicidad para vosotros. Rose te llevas a un idiota y un payaso, te lo digo como hermano pequeño: Emmet es un pesado, pero también es un buen tío. Sabrá escucharte y apoyarte, pero sobre todo sabrá amarte, porque lo hace desde el momento que te conoció.

—¡Y tú eres un capullo, pero te quiero hermano! —Gritó Emmet.

—Una vez hechas las felicitaciones, voy a darle a mi hermano su regalo de bodas. Hace semanas me pidió que tocase su canción esta noche, llevo años sin tocar las teclas de un piano, pero por ti y gracias a alguien que me ha devuelto mi alma de músico… —Confesó guiñándole un ojo a Bella—. Espero que lo disfrutéis.

Los invitados aplaudieron y Emmet sonriendo a su hermano tomó. Rose de la mano y la llevó al centro de la pista de baile. Una vez allí, las notas de when a man loves a woman empezaron a sonar haciendo que los novios se moviesen al ritmo de la música.

Para Bella ver a Edward tocar era mágico, sentía que su lugar era ese, rodeado de música. Buscó a los padres de Edward y observó la emoción en sus rostros, sobre todo en el de Esme, que no podía contener las lágrimas.

Cuando la canción terminó los invitados aplaudieron entusiasmados. Emmet se acercó hasta Edward y se fundieron en un abrazo. Intercambiaron algunas confesiones al oído y Edward se separó intentando llegar hasta Bella.

Cuando por fin pudo llegar hasta ella, observó sus ojos enrojecidos.

—¿Has llorado? —Preguntó acunando su rostro.

—De emoción, ¡Ha sido precioso, Edward! No dejes nunca de tocar.

—Intentaré no hacerlo, había olvidado lo bien que se siente al hacerlo.

—Me alegro de que seas feliz, Edward.

—Solo me falta una cosa para ser completamente feliz.

—¿El qué?

—Pasar la noche entera haciéndote el amor. —Susurró sobre sus labios.

Y lo hicieron, estuvieron en la fiesta hasta que los novios se retiraron, para después hacer ellos lo mismo. Subieron a la habitación y pasaron la noche amándose, besando y acariciando cada centímetro de su piel.

Cuando estuvieron saciados se dejaron llevar por los brazos de Morfeo, o al menos Edward lo hizo, porque Bella acarició su pelo, recorrió la tinta de sus tatuajes memorizando el rostro de Edward dormido con una sonrisa en la boca, rezando porque pudiera verle así durante muchos años más.

Al día siguiente se despidieron de los novios antes de que partiesen rumbo al aeropuerto para empezar a disfrutar de su luna de miel y se marcharon prometiéndole a Esme que irían un día a su casa a cenar.

Llegaron al apartamento de Bella y justo cuando ella se disponía a servirse un vaso de agua, su vista se volvió borrosa y la sensación de mareo la invadió haciendo que el vaso se estrellarse contra el suelo.

Edward corrió para sostenerla.

—¡Hey, Bella! ¿Qué te ocurre? —Preguntó preocupado. La tomó en brazos y la llevó hasta el sofá.

—No es nada, estoy bien. Ha sido un leve mareo, será por el viaje.

—¡Una mierda! —Exclamó Edward levantándose—. No estás bien, Bella. ¡Nos vamos ahora mismo al hospital!

—Edward, estoy bien, de verdad. —Intentó incorporarse, pero no pudo.

—¡No! ¡No seas cabezona, Bella! Esas vitaminas no te están haciendo nada, sé que es poco tiempo, pero estas peor. Puede que la anemia haya empeorado No comes, no duermes, vomitas...Algo no está bien con el tratamiento. Iremos al hospital para que te vean.

Isabella sentía como sus oídos retumbaban. El mareo, aunque se le estaba pasando, aún hacía estragos en su cabeza.

—No voy a ir al hospital, Edward. Ya se me está pasando.

—No me obligues a llevarte en brazos, porque lo haré. —Se arrodilló a su lado y acariciando su mejilla esbozó una tierna sonrisa, que sin embargo no consiguió borrar su rostro preocupado.

—¡No, no lo harás! Estoy bien de verdad, es algo normal.

—¿Cómo puede ser eso algo normal?

—¡Es normal, Edward! ¡En mi estado lo es! —Gritó sintiendo como su voz se resquebrajaba y las lágrimas empezaban a anegar sus ojos.

—Bella, ¿Por qué lloras?

—No tengo anemia, Edward.

—¿Qué? ¿Qué quieres decir con que no es anemia? ¿Qué ocurre, Bella? Si no es anemia, ¿Qué te pasa?

El rostro preocupado de Edward la sobrecogió. El momento había llegado, tenía que decirle la verdad.

—Estoy embarazada, Edward.

Bella vio como el color abandonaba el rostro de Edward, como todo su ser se congelaba igual que si le hubiesen echado un cubo de agua helada por encima.

Estaba hecho, le había contado la verdad, ahora…. Ahora le tocaba esperar, ver su reacción, dejar que saliese del estado de shock y asimilar la noticia. Una noticia que iba a cambiarles la vida.

¡Hola! ¿Qué tal?

Pues ya ha soltado la bomba, ahora….Ahora tenemos que ver como se lo toma nuestro chico de ojos verdes.

Muchas gracias a todos por los favs, follows y revies. Espero ansiosa vuestros comentarios.

Nos leemos el martes en el grupo de Facebook de Elite Fanfiction y el próximo viernes en el capítulo.

Saludos.

Nos seguimos leyendo.