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Lo Difícil

Peeta y yo decidimos que nos quedaríamos en la cama toda la tarde, hasta las 8, cuando me llevaría al aeropuerto y tomaría el vuelo a Turquía. Ya no estaba tan emocionada de irme, pero si quería ir a hacer la película. Ayer Peeta me obligó a ir a despedirme de mis padres. Mi papá estaba saliendo asique solo cruzamos un par de palabras durante 10 minutos. A la casa de mi mamá llegamos para cenar, se enojó porque ella pensaba que me iría por menos tiempo y no el mes y medio, yo me enojé porque no me había llamado para hablar conmigo en meses, ni siquiera cuando la cosa del premio pasó. Mis hermanos me hicieron prometerles que me iba a gastar todo el dinero que tenia en unas vacaciones para ellos. Haymitch se disculpó en nombre de mi mamá. Y Peeta intentó sacarle el lado positivo de todo mientras conducía a casa. Al menos – dijo- ya saben dónde encontrarte.

Ahora, estábamos abrazados esperando a que pasara la hora, Peeta jugaba con mi cabello y yo solo lo miraba.

- Deberíamos habernos grabado teniendo sexo- dice. Inmediatamente aparece una sonrisa en mi cara. Es difícil estar triste al lado de Peeta.

- Nos veremos en un par de semanas, cuando la bebé de Glim nazca.

- No hables de la bebé cuando intento meterme en tus bragas- frunció el ceño. De un impulso me acostó en la cama y se puso encima mío. Peeta es tan atractivo.

Reí: - No sabía que más decir.

- ¿Qué tal un: ¿Por supuesto que sí, mi amor?

- Por supuesto que no, mi amor – Si puedo decir algo sobre los últimos días, es que Peeta se derrite como un adolescente cada vez que lo llamo así. Es tan tierno. - ¿Qué pasa si se filtra por ahí?

- Entonces todos verían el fabuloso cuerpo que tienes y como de sexy te ves cuando lo hacemos. – dijo como si fuera muy obvio.

- Eso no me convenció ni un poco, respondón.

- ¿Cómo crees que dejaría que alguien más lo viera? - suspiró dramáticamente- ¿no confías en mí?

- Oh. No saques la carta de la confianza aquí. confió en ti, pero no en la maldita tecnología donde todo queda guardado en internet.

- que tal si lo grabamos en la cámara y no en el teléfono. Esa no se guarda en una nube. – podía ver es su rostro esa sonrisa de ganador, como si sus argumentos fueran lo mejor de la vida. Maldito arrogante.

Seré honesta, mas que miedo a que se filtre todo el asunto (lo cual si es un riesgo real y no tengo ninguna gana de que nuestras familias nos vean haciéndolo), me da cosa ver mí no-pornográfico-cuerpo moviéndose para todos lados. Y que Peeta lo mire mucho. Y que vea detalles no tan atractivos… Cerré los ojos, no vayas por ahí, Katniss.

Como si supiera lo que estaba pensado, Peeta siguió con su parloteo: - Yo creo que eres la mujer más hermosa que alguna vez en la historia de la humanidad ha pasado la Tierra y pienso que te vez aun mas preciosa cuando estamos cogiendo y otra cosa – sentí su beso en mi frente que me hizo abrir los ojos – yo no estoy nada de mal tampoco.

Me reí fuerte – Eres tan tonto.

- Aburrida – me sacó la lengua.

Puse cara de sufrimiento – Ugh. Me partiste el corazón. No se si pueda vivir con eso.

Peeta entrecerró los ojos como diciendo que no le pareció gracioso, aunque es pura comedia y después me sacó la lengua lo que de alguna manera terminó en beso que a su vez terminó en una sesión de sexo rápido como si fuéramos conejos. Peeta en un momento solo agarró mis caderas y empezó a embestir como si no hubiera mañana. Podía ver en su cara la estúpida sonrisa que pone cuando gimo más de lo que estamos acostumbrados, pero se sentía tan bien, e iba a dejarlo ganar por esta vez. Le agarré los antebrazos para que me soltara y me impulse para que supiera que quería ir arriba, él, obviamente, no se opuso. Nos acomodamos de nuevo y Peeta solo se quedó ahí, mirándome el cuerpo. Una sonrisa pequeña se formó en sus labios de nuevo y me miro a los ojos. Hay una cosa sobre Peeta, que me recuerda lo bueno que hay en mí, y en como debo quererme a mi misma. Y básicamente, solo disfrutar de nosotros.

Vi su teléfono en la mesita de noche y de un movimiento lo tomé.

- Oh, mierda – escuché decir a Peeta. Desactivé el internet porque no quería mandar nada por error y puse la cámara. Debo decir, que mi hombre se ve muy bien en fotos asique me dedique a sacarles algunas mientras aún se estaba quieto, lo que duró solo unos 20 segundos. – Amor, necesito que sigamos con esto. – movió la cadera para hacerme saber que se refería al sexo, como si pudiera confundirse con otra cosa.

- Bien. Hagámoslo, mi turno primero. – Sonriendo porque era realmente divertido empecé a grabar el video y al principio fua algo raro, porque Peeta estaba todo incomodo moviéndose, pero luego agarramos el ritmo y se me olvidó que estaba sosteniendo el celular asique probablemente grabé mi linda almohada en vez de a Peeta.

No creo que soy la mejor teniendo sexo, pero si se lo que a Peeta le gusta y es básicamente que le de acceso a mis tetas. Asiqué eso hice y como lo imaginé, no se demoró ni un tiempo en acercarse empezar a chuparlas con todas las ganas posibles. Sentí todo mi cuerpo debilitarse y me moví más rápido sobre Peeta, gemí alto y me agarré de su cuerpo. Él soltó mi pezón de su boca y me miró deteniéndome.

- ¿Qué? - medio gemí. Enserio necesitaba Seguí ahora.

- no te libraras de esta, me toca. - me quito el teléfono y salió de mi para acostarme sobre la cama. Sin mentir, era bastante intimidante saber que Peeta me estaba grabando, asique solo atine a cerrar los ojos para no enfocarme en eso. – abre los ojos, amor.

- no – susurré.

- ¿tienes vergüenza?

- si.

- que tonta- dijo entrando en mí, una vez instalado los dos suspiramos y pude relajarme de nuevo. Sentí la boca de Peeta en mi cuello con lo que seguro dejaría una marca, mientras comenzaba el vaivén más lento de la historia.

- Peeta… - lo urgí.

Él se río de mí y comenzó a acelerar los movimientos. Mis piernas se engancharon en él y todo era mucho más placentero ahora, en algún momento abrí os ojos para mirar a Peeta y solo me enfoqué en lo bien que se veía arriba mío mirándome las tetas mientras me agarra una con fuerza. Entonces ya empezamos a ir rápido de verdad de nuevo y tuvimos un maldito orgasmo que duro como por dos minutos enteros. Sentía mi cuerpo derretido y Peeta no sé con qué fuerzas, pero seguía moviéndose despacio dentro de mi solo alargando el placer.

- Mi amor – le hablé, él me miró atento – te amo.

- te amo más. – sonrió. Suspiré una última vez y me estiré en la cama, Peeta salió de mi y se sentó a recuperar el aliento. Después murmuró. - me casaré contigo algún día, asique empieza a hacerte la idea. - y con una última nalgada, dejó el teléfono y se levantó para vestirse.

Considero que una de las claves para no hacer un gran alboroto en el aeropuerto, es simplemente no vestiste como que quieres evitar un gran alboroto. El enorme sombrero, los lentes de sol que tapan hasta las mejillas, los audífonos mas grandes del universo… todo eso no ayuda. Pero claro, Peeta es extremadamente atractivo asique todos lo miraban igual. É llevaba mi maleta llena de ropa que probablemente no usaré y yo llevaba un bolso con los pantalones anchos y la camiseta vieja que probablemente si me pondré durante toda mi estadía en Turquía.

Cuando llegamos a la puerta que nos separaría Peeta solo me miró haciendo un puchero. Me abracé a él y escondí mi cabeza en su cuello. ¿de verdad me tenía que ir? Tal vez estamos haciendo demasiado drama, igual nos vamos a ver en un par de semanas.

- Tu respiración en mi cuello me está poniendo caliente – susurró Peeta. Sonreí y me separé un poco para verlo. – No me hagas tener una erección aquí.

- Por Dios- miré alrededor por si había alguien lo suficientemente cerca para escuchar. Nop, solo un par de personas mirándonos con atención con sus teléfonos evidentemente apuntándonos.

- Especialmente cuando tengo que esperar a llegar de vuelta a casa para ver tu video – continuó.

- Deja de hablar de eso.

- Por supuesto que no, es uno de los momentos más calientes que- su intenso parloteo sobre el asunto se corta cuando llaman desde el altavoz para que los pasajeros de mi vuelo embarquen. Peeta finalmente se calla y me queda mirando con cara más seria que antes. Le guiño un ojo y le doy un rápido beso (porque es incomodo con esta gente observándonos) para que por fin podamos terminar de despedirnos. – Estoy a un segundo de ir contigo.

- No – le digo, porque alguien tiene que ser la adulta aquí – tienes que trabajar mañana y después iras a Londres a acompañar a Glim y conocer a tu sobrina y yo iré en cuanto pueda para unirme.

Peeta bufa, como un niño de cinco años.

- Te amo- dice haciéndose el indignado.

- Lo sé – rio.

- Ok – toma mi rostro en sus manos y solo se acerca a darme un beso que probablemente se verá asqueroso en las fotos que nos están tomando. Pero eso lo pienso después, primero aprovecho de disfrutar de Peeta y sentir como muerde mi labio.

Vuelven a llamar.

- Ahora sí que si – le digo.

- Bien – suspira – adiós. Te amo. Cuídate. Habla conmigo cuando lo necesites, a cualquier hora. Avísame si necesitas algo. Habla con tu familia también. pásalo bien. ¿Qué más?

- Peeta… - reí.

- Oh, y llámame cuando te siestas calientes para tener sexo a la distancia.

- Por supuesto – rodé los ojos – Te amo.

- Te amo.

¡Hola a todos y todas! Espero que estén bien -idealmente en sus casas, si pueden- y que se estén cuidando. Mi inepto gobierno por fin decidió implementar cuarentena donde vivo asique trataré de enfocarme en escribir esta historia para tener algunos momentos de distracción. Sé que la situación de todos es distinta y espero que aquí puedan tener unos minutos de distracción. No prometo nada, pero si voy a intentar escribir lo mas posible, este es un momento complicado para todos asique que nadie me venga con la tontera de la productividad.

Aprovechemos de hablar un poco aquí a través de mensajes y comentarios para saber cómo están, que les gustaría ver en la historia (ya viene la escena de celos que tanto piden, calma, quiero hacerla bien para no transforma esta pareja en toxica como todas las demás en internet), o cualquier cosa de la que quieran preguntarme!