Disclaimer: Los personajes usados acá no me pertenecen.
Advertencias: Yaoi.
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Las mil plumas del cuervo
Por St. Yukiona
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Prólogo
Sólo es rutina
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—Sho-chan habla chistoso —dijo un día Natsu mientras cenaban en familia.
Shoyo alzó la mirada, había estado luchando desde hacía varios días con una extraña ronquera, bastante similar a la extraña afonía ronca que aparecía por las mañanas por mantener la voz sin uso durante las horas de sueño.
—Es por la edad, a la edad de Shoyo los hombres sufren ciertos cambios —respondió el señor Hinata que ese día había llegado particularmente temprano a casa, en la oficina habían terminado un proyecto que lo mantuvo ocupado durante dos semanas donde solo regresaba a casa para dormir un par de horas, sin embargo, ahora que podía, disfrutaba de un esbozo de la vida familiar. La señora Hinata suspiró porque justo antes había estado regañando a Shoyo por no querer comer toda su cena. Shoyo no podía con la vergüenza, la pubertad, según entendía, ya había pasado hacía dos o tres años atrás pero igual no dijo más.
—Entrenas todo el tiempo exigiendo a tu cuerpo lo que no… y apenas comes, pronto vas a caer enfermo de fatiga —señaló indignada, retomando el regaño y Shoyo torció los labios, no le gustaba ser retado, mucho menos frente a su padre al cual no le quería dar una imagen de desobediente, era el que costeaba directamente los suplementos deportivos sin que su madre se enterara, si la mujer supiera cuánto costaban un par de suspensores seguro que le iba pidiendo a Shoyo que buscará otro club más económico.
—Cariño —habló el hombre y la mujer se calló de inmediato, aún mirando con algo de reproche combinado con preocupación al mayor de sus hijos.
El pelirrojo se sintió un poco miserable, porque no tenía hambre, y aunque quisiera, no podía comer lo que estaba servido en su plato, desde hacía unos días cada vez que trataba de probar alimento dolían mucho las paredes de su garganta, como si estuviera pasando piedras calientes, y además, éstas estuvieran revestidas con lija aspeda. Jugó con una bolita de arroz que hizo con sus palillos y apretó sus labios forzándose a comer un poco más.
—¿Qué tal va el club? —susurró el hombre mirando de reojo a Shoyo, con calma, la voz cansada y grave de su padre hacía eco. El pelirrojo se removió un poco dejando los palillos y en cambio tomando el vaso con agua de naranja que su madre había hecho, adoraba el agua de naranja de su madre.
—Estamos entrenando.
—Bien —el menor notó un atisbo de sonrisa en el rostro de su progenitor y la conversación murió, estaba bien, era el tipo de acercamiento que tenían, además de alguna que otra conversación cuando ambos coincidían despiertos en la sala de estar o en el patio donde el señor Hinata solía fumar un cigarro antes de dormir, solía hacerlo cada noche como un rictus de serenidad, hacía años no tomaba vacaciones y no le importaba, tenía viviendo medianamente bien a su familia: sus hijos iban a la escuela con todos sus útiles, tenían comida, ropa y su casa no tenía una sola filtración de agua en los techos o paredes, era un buen proveedor.
Cuando la cena acabó Natsu y su madre se pusieron a recoger los trastes sucios, mientras que Shoyo se adelantaba a dormir, al día siguiente tenía temprano entrenamiento y tenía que levantarse el doble de temprano porque hacía todo el recorrido hasta Miyagi en bicicleta cruzando por las montañas. Se cambiaba la ropa con cuidado de no arrugar su ropa de estar en casa, su cabello aún estaba húmedo del baño que se había dado al regresar de la escuela, donde tuvo entrenamiento para varias. Los músculos y las articulaciones ya le habían dejado de doler pues el ritmo del trabajo físico en Karasuno era mayor al que tenía en la secundaria, sin embargo, de un tiempo a la fecha todo le dolía, y se sentía más cansado de lo normal, fatigado y recordó las palabras de su madre mientras se sentaba en la cama con su cuerpo hecho trizas. Notaba como cada vez la pesadez en su cuerpo se volvía más densa, más espesa, y se expandía de su espalda baja hacia el resto de sus tórax, y a sus brazos. ¿Era por el entrenamiento?
El pelirrojo cerró sus ojos un poco mortificado, tendría que decirle a Kageyama que necesitaban bajar, por unos días mientras se recuperaba, la intensidad del post-entrenamiento, es decir, el entrenamiento que hacían después del entrenamiento oficial, y se disculparía con Sugawara-san por no haberlo escuchado antes, pues el otro setter les había advertido que para los partidos no iban a tener ni fuerza para seguir el ritmo por sus exhaustivos (e innecesarios) ejercicios adicionales.
Cuando abrió los ojos sintió un escozor en su garganta, otra vez seca, como si hubiera corrido durante toda la noche, quizás porque había estado tosiendo en intervalos donde el sueño era incómodo y difícil de conciliar. El sol aún no salía, sin embargo tampoco iba a poder dormir ya, decidiendose por mejor empezar su rutina, aprovecharía el tiempo y se prepararía algo más que una tostada con leche. Y en lugar de pedalear a toda turbina, se tomó el tiempo de ver el paisaje que recorría todos los días. El frío siempre habitual en las montañas de Miyagi le hacía sonrojar la nariz, arder las orejas y las mejillas, cerrar a momentos los ojos, sobre todo en las pendientes donde no necesitaba pedalear y dejaba que la bicicleta se dejará ir por el impulso de las bajadas, solo frenando de vez en vez. Aún con todo el tiempo que hizo, fue el primero en llegar al salón del equipo donde esperó a que llegara el encargado de la llave para poder entrar a cobijarse del frío. Tosiendo, otra vez, se cambió de ropa. Tomó agua para calmar la sequedad de su garganta y como si fuera una especie de flechazo, entonces resolvió con simpleza, en medio de un ejercicio.
—Quizás me estoy empezando a resfriar —soltó con tranquilidad y alivio.
—¿Hmp? —preguntó Kageyama enarcando la ceja y sosteniendo el balón que había caído cerca de sus pies, estaban practicando pases, para variar—. Oi… si tienes tiempo de resfriarte entonces mueve tu culo y ponte a practicar recepciones.
Shoyo bufó ofendido.
—¿Qué no ves que estoy a punto de resfriarme? —se quejó recibiendo el balón para hacerlo rebotar y lanzarselo a Kageyama para que éste le hiciera una de sus perfectas colocaciones y el rematará como si nada.
—Nadie se ha muerto, jamás, de un resfriado, Hinata-idiota, así que date prisa, recupérate para seguir entrenando —ordenó y Shoyo torció los labios.
—Como si fuera tan fácil —rezongó Hinata y enseguida sonrió antes de tomar otro balón lanzarselo a Kageyama que elevó el balón y Shoyo, voló.
…
Sus pies se movían con ansiedad en la silla plástica color azul de la sala de espera mientras esperaba su turno para entrar con el pediatra, era cierto que Shoyo ya tenía 15 años, casi 16, sin embargo las atenciones primarias médicas se atendían hasta los 18 años con los pediatras a menos que éste derivará a algún especialista, que según su madre, no sería el caso. Ella tan ocupada, Natsu se había tenido que quedar con sus padres, y a Shoyo se le había ocurrido enfermarse, aunque también estaba preocupada pues era extraño que su hijo se enfermara, de los cuatro que vivían en casa, el mayor de sus hijos era el más sano, siempre cuidadoso con su salud para no perder un solo entrenamiento, así que no se quejó en lo mínimo cuando ese día saliendo de la escuela llegó con una tos seca y le explicó los síntomas, aunque no había escurrimiento nasal ni fiebre era mejor frenar el resfriado o terminaría contagiando al resto de la familia y eso sí sería un caos.
—¿Hinata Shoyo? —llamó la enfermera asistente del pediatra desde la puerta del consultorio y Shoyo se incorporó esperando a su madre que avanzó cuando su hijo lo hizo.
Abre la boca.
Di "ah".
Tose.
Ya puedes dejar de toser.
...
¿Puedes dejar de toser?
Momo-san, traiga un poco de agua.
Toma el agua.
¿Mejor?
Vuelve a abrir la boca.
Saca la lengua.
Será incómodo pero trata de hablar con el batelenguas.
Toma más agua, respira tranquilo.
No pasa nada.
¿Escurrimiento nasal?
¿Fiebre?
¿Vomito?
¿Diarrea?
¿Está seguro?
El termómetro, Momo-san, por favor.
Lo pondré debajo en tu axila.
Inspira hondo.
Silencio. Y la señora Hinata no entendía porque la exploración parecía tardar tanto para un simple resfriado, el doctor se quedó pensando pensando profundamente debido a los síntomas que se presentaban, torció levemente los labios.
Momo-san, ve por Yoshida-sensei, por favor.
Los Hinata se vieron entre si, y después vieron al médico que ahora parecía pensativo sin dejar de ver a Shoyo y tocarse el mentón tras sacarse los guantes de látex con el que había hecho la exploración. A los pocos minutos llegó un médico mucho mayor que doctor Ishikawa que en ese momento atendía a Shoyo.
—Señora Hinata, Shoyo-kun, les presentó a Yoshida-sensei… es médico supervisor de la unidad de cuidados pediátricos —dijo y enseguida hizo una leve reverencia—. Me disculpo por mi incapacidad pero necesito una segunda valoración —y todas las alarmas en el rostro de la mujer se dispararon pero solo asintió lo más serena que pudo, pues no quería que su hijo se alarmara aunque Shoyo ya estaba inquieto a esas alturas, inquieto y nervioso, sus ojos saltaban de su madre a al reloj de la pared, si eso se seguía así no iba a alcanzar a llegar a la práctica.
—Shoyo-kun —habló el mayor de los médicos—. ¿Podrías quitarte la camisa, por favor? —pidió mientras se ponía los guantes de látex, y tocó desde el medio del pecho, subió hasta el cuello y se quedó brevemente presionando el área.
¿Te duele si te presiona aquí?
¿Puedes toser?
Otra vez.
Está bien, trae más agua, Momo.
Dejaron que Shoyo se recuperara del exceso de tos provocado y se vistió lentamente, mientras que los doctores hablaban en susurros angustiados entre ellos, Ishiwaka-sensei asintió a lo que Yoshida decía y la enfermera sonreía cortésmente entregándole más agua al menor que la bebió sin dudar porque ahora sentía más molestia. Cuando la señora Hinata tuvo a Shoyo cerca de sí le cogió la mano para sonreírle.
—Es un resfriado —argumentó ella con voz suave y Shoyo dejó sus ojos estancados en las manos evidentemente nerviosas del pediatra que escondió ese defecto antiprofesional dentro de los bolsillos de sus bata blanca. Reaccionó cuando ambos médicos estuvieron frente de los Hinata, Ishiwaka-sensei miró a Yoshida y después a la señora Hinata.
—Haremos una cita para Shoyo-kun con Morita-sensei… solo para descartar cualquier padecimiento de gravedad, por el momento será mejor que descanse, coma apropiadamente lo que pueda pasar sin forzarse a nada y beba mucha agua… la cita médica será para mañana mismo, es importante que venga, expedimos una hoja de permiso para la escuela y no tendrá problemas con sus actividades.
—Sólo es rutina, señora Hinta, sólo eso.
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Gracias por leer
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St. Yukiona
Quien los ama de corazón, pulmón, y páncreas.
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—¿Idiota? —los ojos de Shoyo que hasta ese momento habían estado anclados al otro lado del ríachuelo que cruzaba el puente por donde pasaba la carretera se fijaron en la voz detrás de él. Vio el vaho de su aliento, y después abrazó su mochila. Apretó débilmente los labios.
—Kageyama-kun —sonrió lo mejor que pudo a pesar de que un nudo se le cerró constriptor en la garganta, para variar, Kageyama parecía furioso, y lo constató cuando le tiró a la cara una libreta que Hinata apenas alcanzó a atrapar—. ¡¿Ah?! —miró que eran apuntes de Yamagawa, uno de sus compañeros de clases, y enseguida se incorporó para correr detrás de Kageyama—. ¡Espera! ¡Espera! ¿Ibas para mi casa? —preguntó un poco aturdido y Kageyama se detuvo en seco mirándolo casi con odio.
—¡Pensé que algo grave te había pasado como para faltar dos días seguidos a las prácticas! ¡Pero veo que tienes suficiente tiempo libre como para perderlo viendo a la nada como un estúpido! —vociferó el armador antes de soltarse de un empujón y volver a caminar—. Después no llores cuando quedes rezagado por tus ridículas habilidades —espetó listo para armarla en grande, solo quería un poco para seguir explotando, cómo detonaciones en cadena.
—Kageyama —habló secamente Shoyo y el moreno volvió su mirada a Hinata porque no era lo que se esperaba, en cambio Shoyo hacía una profunda reverencia—. Lo siento... —respondió y el moreno abrió mucho los ojos, las ganas de golpearlo se multiplicaron, ¿se estaba metiendo con él? ¿se estaba burlando? Regresó sus pasos para cogerlo del cuello de la sudadera que llevaba para elevarlo algunos centímetros, Shoyo se sostuvo de la mano que lo alzaba y sus pies quedaron en puntitas, pero su gesto serio y completo no cambio. Kageyama quería ver ahí la chispa de la travesura para reventarlo a golpes pero en cambio, sólto al pelirrojo bufó y siguió su camino de regreso a casa.
—Mañana no faltes —sentenció y Hinata acomodó su ropa, suspirando, otra vez con la cabeza hecha una revolución. Sus ojos volvieron al otro lado del río, al otro lado del universo, en una realidad alterna donde él sería un chico normal, feliz y nada de aquello estaría pasando. Se tocó la garganta. Miró ahora a Kageyama que ya se había alejado lo suficiente. Era tiempo de volver a casa, su mamá había estado llorando desde que habían regresado de la consulta y los estudios, los resultados los tendrían en tres días, y seguramente sería una tortura, se mantendría enfocado para no estropearse más de lo que aparentemente ya estaba.
—Sólo rutina... —repitió las palabras del doctor el día anterior.
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