Hicieron la primera parte del camino en silencio. Demelza no había querido discutir frente a los niños acerca de que podía ir sola. Ross había salido y abierto el paraguas y no había dado lugar a más discusiones. La protegió de la lluvia mientras ella cargaba a Garrick hacia la camioneta, había abierto la puerta y la ayudó a subir. Demelza miraba por la ventanilla mientras acariciaba las orejas de su perro que seguía gimiendo de tanto en tanto.

Ross también iba callado, concentrado en manejar. El viento soplaba fuerte y la lluvia golpeaba el parabrisas con dispar intensidad. Sumado a que las luces de la ruta también estaban apagadas, era muy peligroso. El único ruido que se escuchaban era el del limpiaparabrisas, yendo de un lado a otro. Al cabo de un rato un par de faroles viniendo del lado contrario los encandiló. Ross disminuyó la velocidad, y cuando pasaban a su lado les toco bocina y los insultó por lo bajo. Demelza miró el vehículo a través del espejo retrovisor.

"Son los de la compañía de electricidad. Espero que arreglen pronto lo de la luz." Dijo y observó a Ross por primera vez desde que habían salido. Sus hombros estaban tensos, los brazos extendidos sujetando fuerte el volante, la mirada clavada en el camino. Por un segundo Demelza pensó en extender su mano hacia su cuello y aliviar su tensión. Pero fue solo un pensamiento pasajero. Desvió su mirada de nuevo hacia los campos que se extendían al lado del camino. Ross estaba tenso, sí. Pero no era tanto por la dificultad de manejar con ese clima, era más por el hecho de que Demelza iba sentada a su lado. No habían estado solos desde aquella mañana en el hospital, al menos no en un espacio tan reducido. Varias veces Ross pensó en estirar su brazo hacia ella y tomar su mano o tocar su rodilla. Había sido algo tan común. ¿Cuántas veces habían viajado solos en esa camioneta? Y ahora ella estaba allí y no podía estar más lejos. El aún estaba molesto de que ella hubiera cruzado sola todo Cornwall para ir al veterinario. Si Julia no lo hubiese llamado, probablemente aún estaría bajo la lluvia recorriendo los campos buscando al perro. No tenía sentido de auto protección.

Tras una curva las luces del camino estaban encendidas, y a pesar de que la lluvia caía incesante sobre el techo de la camioneta Ross suspiró aliviado de que al menos ahora podía ver por dónde iban.

"Tienes que aprender a cuidarte." dijo. Demelza no respondió. "Bajar a la playa en medio de una tormenta o querer irte sola con un perro que te puede morder…"

"Garrick no me mordería." Lo interrumpió – "Y soy perfectamente capaz de conducir bajo la lluvia, lo he hecho durante años." Continuó exasperada.

"¡Solo quiero que no te pongas en peligro!" Exclamó Ross. ¿Por qué todo tenía que terminar en una discusión últimamente? No había nada que él dijera que ella no tomara a mal.

"No me importa lo que tú quieras…" murmuró ella. Y continuaron en silencio hasta que llegaron a Penryn.

Ross la ayudó a bajar de nuevo cuando llegaron a la Clínica Veterinaria, intentó protegerla con el paraguas, pero la lluvia era tan intensa que no sirvió de nada. Cuando entraron ambos estaban empapados. Los atendieron de inmediato, con ese clima y a esa hora no había nadie más esperando. La doctora guió a Demelza a una sala e indicó donde acostarlo. Garrick aulló cuando tocaron su pata.

"Shhh, muchacho. Todo estará bien." Lo consoló Ross acariciando su cabeza mientras Demelza y la veterinaria miraban la pantalla donde observaban el hueso roto de Garrick.

Le dieron una inyección calmante para el dolor y para dormirlo. De esa forma podrían vendar bien la pata y luego tendría que tomar unas pastillas analgésicas que debían triturar en su comida. Dormiría toda la noche. Cuándo volvieron a la camioneta se dieron otro baño bajo el aguacero. El viento se había calmado pero había traído a la lluvia que ahora caía torrencialmente, el limpia parabrisas no daba a basto y como encima era un día caluroso se empañaba a cada momento. El agua golpeando en el techo generaba un ruido ensordecedor y sumado al ruido del motor les hacía imposible decir palabra sin tener que gritar. Demelza había ubicado a Garrick en el espacio entre ellos y con un trapo que sacó de la guantera secaba el vidrio delante de Ross cuando se nublaba demasiado. Les tomó el doble de tiempo regresar. Demelza había enviado un mensaje a Prudie para que dijera a los niños que su mascota estaba bien.

"Prudie dice que ya volvió la luz." Dijo. Ross apenas asintió para indicar que la había escuchado, concentrado en el camino. Estaba empapado. Ella se había puesto un piloto, pero él se había mojado todo al intentar cubrirla a ella y a Garrick hasta la camioneta, solo tenía una remera de algodón que ahora se pegaba a los músculos de su cuerpo. Demelza apartó la mirada. El agua caía cada vez más fuerte, pero ya no tenía sentido frenar, estaban cerca. Ella quería llegar de una vez, no quería estar sentada junto a Ross más tiempo. No le hacía bien, no cuando sus sentimientos salían a flor de piel y todos eran pura confusión.

Cuando el cielo parecía caerse sobre ellos al fin llegaron a la calle de acceso a Nampara. Demelza se acomodó en el asiento y tomó de nuevo a Garrick en sus brazos, ansiosa. Ross la miró de reojo. Los árboles parecían doblarse sobre la tierra, los que llegaban a ver al menos. Ross giró el volante para salir de la ruta y tomar la calle de tierra que subía a la casa, avanzaron unos pocos metros, la camioneta se movió bruscamente arriba y abajo y se quedó clavada. Aún faltaban al menos doscientos metros para llegar. El arribo que recién era inminente ahora parecía lejano. Ross puso primera e intentó arrancar. El motor hizo fuerza pero no lograron moverse. Demelza lo observó intentar de nuevo, pero nada otra vez. Abrió la puerta y sin bajarse asomó la cabeza para revisar las ruedas, el rumor de la lluvia los invadió un momento hasta que él cerró la puerta de nuevo. Ella aún tenía los ojos clavados en él. "Estamos atascados en el barro." Le comunicó sin mirarla y probó arrancar de nuevo. Las ruedas giraban y giraban en el lodo, pero todas se patinaban y ninguna no lograba aferrarse al suelo. La lluvia había convertido la calle de tierra en un lodazal.

Ella lo observó intentar una y otra vez hasta que ambos se dieron cuenta de que era en vano. Tendrían que caminar.

"Bien." Dijo y procedió a cerrar el cierre de su chaqueta hasta arriba y colocarse la capucha.

"Espera, no puedes salir en este diluvio." Ella ya estaba con una mano en el picaporte.

"Es sólo agua."

"No podrás ver ni donde caminas y está todo lleno de barro. Esperemos un rato más a que pare un poco la lluvia."

"No quiero esperar." Demelza llegó a abrir la puerta pero Ross estiró su cuerpo delante de ella y Garrick y la volvió a cerrar de un golpe.

"¡¿Podrías dejar de discutir por todo y usar la cabeza por un momento?!"

"¡¿Y tú podrías dejar de gritarme?!" Ross exhaló exasperado – "No tengo que hacer nada de lo que tú dices."

"¡Lo sé! Lo sé…" Repitió bajando la voz.

Luego los dos se quedaron en silencio. Ross había apagado el motor y el agua se deslizaba como si fuera una catarata por el vidrio impidiéndoles ver nada más allá de él. Un trueno resonó en la distancia. Y ella sabía que él tenía razón, que debía esperar a que pasara lo peor y la tormenta se calmaría. ¿Se podría calmar alguna vez la tormenta que ella llevaba dentro?

"¿Es tan intolerable para ti pasar tiempo conmigo?" Ross preguntó más tranquilo después de lo que pareció una eternidad. Ella respiró profundo pero no le contestó. Otra infinidad de minutos pasaron sin decir nada.

"Quería hablar contigo de lo que pasó ese día. De… de Elizabeth."

Ella volteó el rostro hacia él, la sola mención de su nombre saliendo de sus labios le hacía hervir la sangre. Él se dio cuenta también.

"Tenemos que hablar…" Insistió, sabiendo que quizás no tuviera otra oportunidad para decirle cuanto lo sentía.

"¿De lo que pasó? ¿De lo que hiciste?"

"Sí." Demelza no apartó la mirada de sus ojos.

"Bien. Tú… fuiste egoísta, infantil… egocéntrico…"

"Si…"

"Dos niños… ¡dos niños! Siete años juntos, cuidando de nuestra familia, cuidando tu casa, trabajando para sacar adelante tú empresa, trabajando para que no nos falte nada… ¡cuidándote a ti! Siete años… y tú lo tiraste todo a la basura. ¿Por qué? Dime. Tú querías hablar, dime porqué. Dime que te da ella que yo no te doy."

"Nada. Absolutamente nada, Demelza..."

"¿Entonces por qué? Y no me digas que es porqué creíste que yo te engañaba porque eso es solo un pretexto. Tú solo estabas buscando una excusa, tú sabes que yo nunca he mirado a otro hombre más que a ti."

"Lo sé, lo sé. No tengo excusas, Demelza… no sé lo que me pasó. Ella… ella me recordaba a una época más simple…"

"Más feliz…"

"¡No! Quería decirte que lo siento, lo siento tanto cariño…"

"¡No me llames así!"

"Lo siento." Dijo de nuevo.

"Espero que haya valido la pena, arriesgar todo lo que teníamos."

"No lo valió. Créeme. Desearía… lo que no daría por volver el tiempo atrás y poder recuperar nuestra antigua y preciosa vida, pero no puedo ¿verdad?"

"No, no puedes."

"No quiero perderte…" dijo él. Pero Demelza sólo podía ver el velo de lluvia delante de sus ojos. "¿Demelza? ¿Ya no me quieres?" Ella se tomó un momento para responder.

"No sé qué decirte. No sé lo que siento… te quiero, sí, siempre lo haré. Pero, pero…"

"Pero ya no me amas." Concluyó él. Demelza quería decir algo más, quería decirle que estaba equivocado pero también quería decirle que él había roto su amor en mil pedazos. El silencio los rodeó de nuevo.

"Francis se va a divorciar de Elizabeth." Demelza estudió su reacción pero Ross no pareció siquiera escucharla. "Lo vi el otro día." Continuó diciendo – "Se va a ir a vivir a China por un tiempo, hasta que se concrete la fusión con Trenwith."

"No quise lastimarlo a él tampoco."

La lluvia pareció amainar afuera. Aún sería una dificultosa caminata pero no creía que el tiempo fuera a mejorar más.

"Deberíamos ir a ver a los niños."

"Demelza…" él la detuvo de nuevo, suavemente esta vez – "no quiero pelear cada vez que nos vemos. Si no por mí, ¿crees que podríamos hacer el esfuerzo por ellos?"

Ella asintió lentamente "Si… por supuesto. Julia y Jeremy lo son todo para mí." El solía estar en esa oración 'Julia, Jeremy y Ross lo son todo para mi' la había escuchado decir muchas veces a lo largo de esos años. Ross se miró las manos. "Yo… lo intentaré. Lo prometo."

Ross abrió la puerta y saltó afuera. Rodeó la camioneta para ayudarla a bajar y cubrirla con el paraguas pero este quedó tirado a mitad del camino deformado por la fuerza del viento. Caminaron cuesta arriba lo más rápido que pudieron pero sus pies se enterraban en el barro. En un par de ocasiones Ross tuvo que sujetarla para que no cayera y él se había patinado también. Llegaron completamente mojados y embarrados hasta la cintura. Los niños ya se habían ido a la cama.

Demelza acomodó a Garrick sobre sus mantas, era el único que no se había mojado. Ross aún estaba junto a la puerta, mirando hacia afuera.

"Te puedes quedar aquí esta noche." Le dijo y él se dio vuelta – "La camioneta está bloqueando el camino, no podrás salir con el auto. Puedes dormir en la habitación de los niños."

Jeremy y Julia estaban acostados en su cama. Luego de buscar unos pijamas en la cómoda para Ross, Demelza se tuvo que dar un baño. Estaba cubierta de barro en todas partes. Hacía un momento el agua fría caía sobre ella, pero ahora la calidez de la ducha era agradable y reconfortante y relajaba su tensionada espalda. Ross tenía razón en una cosa, no podían seguir discutiendo todo el tiempo. Nada estaba claro para ella, pero eso era verdad, la única verdad. Los niños necesitaban a sus dos padres, no importaba lo que ella sintiera por Ross. Se esforzaría más por contener su temperamento.

Demelza se metió en la cama intentado no despertarlos, mientras estaba acomodando las almohadas Ross se apareció en la puerta, ya bañado también.

"¿Puedo decirles buenas noches?" Estuvo a punto de decir que ya estaban dormidos, pero se mordió la lengua antes que las palabras escaparan de sus labios y asintió. Ross se acercó a la cama por el lado opuesto al de ella, por su lado. Levantó la sábana cubriendo los hombros de Julia y besó dulcemente su frente. Después hizo lo mismo con Jeremy, que estaba a su lado. Por un momento pensó que iba a besarla a ella también y se quedó inmóvil, pero Ross levantó su cuerpo de sobre los niños y sólo dijo "Que descanses."

"Hasta mañana." Respondió ella y esperó a que él se fuera para apagar la lámpara de la mesita de luz.

Demelza no supo cuantas veces Ross se despertó durante la noche y se acercó a la puerta de la que solía ser su habitación. Apoyado en el marco, los observó dormir. Su vida entera estaba en esa cama y ahora él no tenía permitido unirse a ellos. Y era su culpa. Un momento de locura y lo había perdido todo, porque el amor de Demelza lo era todo. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido?

Cuando despertó por la mañana y se acercó de nuevo ya no estaban allí. Todos estaban desayunando en la sala, incluso Garrick estaba mordisqueado un hueso en su rincón y por las quejas que se escuchaban de la cocina al parecer Prudie la estaba limpiando. Había una taza vacía en la mesa. Los niños lo besaron cuando se acercó y comenzaron a hacer preguntas sobre la aventura que habían tenido la noche anterior. Demelza había colocado un saquito de té y vertió agua hirviendo en la taza. "Buenos días" Le dijo él. Ella hizo una mueca con sus labios como respuesta y continuó con su desayuno. Él se sentó a la mesa.

Demelza lo observó devorarse más de media docena de scons con su té mientras contaba a los niños lo valiente que habían sido mamá y Garrick la noche anterior.

"Tú fuiste valiente también. Tú lo encontraste." Acotó ella.

"Si papá, tú lo encontraste." Estuvieron de acuerdo los niños. Él sonrió a Demelza que estaba sentada en la otra punta de la mesa. Cuando terminaron de desayunar llegó la hora de irse, tenía que ir a abrir el negocio.

"¡Oh!" Dijo Demelza, "pensé que quizás querrías que te enseñe a hacerle una trenza a Julia." Además, la camioneta aún bloqueaba el camino.


NA: ¡Muchas gracias por leer!