Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


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CHAPTER XXVIII: Pesadilla.

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Sintió la mano de su abuela tomando su pequeña mano, la diferencia en tamaños y texturas era notorio incluso para él a sus cinco años. Levantó la mirada a su abuela y ésta le dedicó una sonrisa pequeña, una ligera mueca apenas; tenía los ojos húmedos por llorar y no la veía nítidamente, lo siguiente que sintió fueron los pulgares de Shoen acariciando sus mejillas, limpiando la humedad en éstas con una suavidad sorpresiva porque siempre que veía sus manos con algunas arrugas, creía que serían ásperas, encontrándose claramente equivocado.

Sus rojizos ojos no se apartaban del rostro de su abuela. La mujer tenía una tez blanca cual nieve, eso hacía que las líneas faciales se acentuaran aún más en su rostro, sus labios eran finos pero la recordaba pintarlos de un rosa claro, un rosa que le hacía pensar en las flores rosas a las que tanto cariño les tenía, las magnolias. Y en aquella combinación de sutileza de tonos, contrastaba el fuego de sus ojos, los tonos rubíes cargados de fiereza que lo hacía mirarla con fascinación. En ese entonces, su abuela no tenía notorias canas, sino un bello cabello castaño como la de su padre, solía llevarlo corto por debajo de las orejas.

―Katsuki, un Bakugo no llora ―Dijo Shoen. Él frunció su ceño haciendo un puchero molesto que a la mujer le causó gracia―. ¿Por qué lloras ahora, niño?

El pequeño Katsuki de cinco años, se cruzó de brazos con enfado, mirando sobre sus hombros, receloso. Shoen vio la gran ventana a espaldas de su nieto y en donde se veía a un pequeño Midoriya Izuku llorando en los brazos de su madre. Shoen suspiró.

―¿Por qué no puedo jugar con Deku? ―Preguntó molesto―. Haruka-san dice que no puedo dejar la casa.

―Eres el siguiente en la línea a la presidencia de la empresa, Katsuki. ―El niño frunció su ceño sin comprender mucho. Shoen dejó escapar un suspiro; Katsuki era listo pero seguía siendo un niño a quien no le interesaba (ni comprendía mucho) lo que implicaba la empresa en la que su familia trabajaba―. No puedes salir de la casa para jugar. Es peligroso.

Katsuki la miró con molestia y lágrimas en los ojos. Era un niño apenas y ella debía de tener mano firme con él incluso cuando joven; ella también tuvo sus privaciones al crecer dentro de la familia de los Bakugo, desde niña le habían instruido con firmeza y ni Masaru o Katsuki debían ser distintos.

La mujer volvió a mirar por la ventana, los Midoriya seguían afuera, al parecer la madre del niño intentaba consolarlo para marcharse, pero éste seguía llorando el nombre de Kacchan.

Shoen se alejó de su nieto entonces para caminar hacia la entrada de la gran casa, abrió una de las hojas de la puerta y vio a Midoriya Inko abrazando a su hijo quien ya había dejado de llorar pero una vez reconoció a Shoen en la entrada de la puerta, la mujer se irguió del suelo para verla a los ojos con pena, dedicándole una reverencia de respeto.

―Disculpe, Shoen-san ―Habló la mujer―. Vine a dejar las facturas de los productos adquiridos pero ya nos vamos.

―Inko ―Llamó Shoen, deteniendo el paso de la aludida―. Mi nieto no puede dejar la casa por razones de seguridad.

―Lo comprendo, Haruka-san lo mencionó. Ya nos vamos.

―Pero, ¿te molestaría dejar a Izuku-kun con nosotros? ―La pregunta tomó por sorpresa tanto a los niños como la madre―. Al menos hasta la tarde. Mi chofer se encargará de llevarlo sano y salvo a tu casa.

―¿Puedo, mamá? ¿Puedo, puedo? ―Preguntaba Izuku saltando en su sitio con una gran sonrisa. Inko volvió a mirar a la imponente mujer observándola con esos ojos que congelaban a cualquiera; a su lado, reconoció la figura del pequeño amigo de su hijo, Bakugo Katsuki mirándola con súplica silenciosa.

―Claro. ―Habló Inko y ambos niños gritaron de emoción, Izuku soltó la mano de su madre para ir corriendo hacia Kacchan, el rubio tomó su mano y con gritos de eufória, ambos ingresaron a la casa de los Bakugo.

Esa tarde, Shoen había actuado un poco distinta a como solía hacerlo. Esa tarde fue más su abuela que en casi todas las memorias que guardaba de ella y es que era difícil no verla tan imponente, tan intocable e imperturbable.

Bakugo cerró su mano en un puño ejerciendo gran fuerza, recordaba que su mano era la mitad de lo que era la mano de su abuela cuando niño. Esas dos últimas semanas al lado de su abuela enferma, ella solía poner su arrugada mano sobre su palma abierta, era pequeña dentro de la suya, pequeña y a pesar de estar arrugada como la de una pasa, él seguía sintiéndola con suavidad. La veía sonreír con cierta dificultad por la mascarilla de oxígeno que tenía puesta.

―Quién diría que al final, me serías útil, niño tonto ―Decía la mujer despacio, su voz se oía rasposa por la irritación en su garganta por tanto toser. Parecía que su vida se iba en cada palabra pronunciada.

Katsuki esbozaba una sonrisa ladina, dirigiendo su mano a su frente, peinando su cabello hacia atrás. Sus hebras plateadas se veían opacas y su piel mucho más pálida de lo que recordaba.

―Incluso así, no dejas de ser tú, Vieja.

―¿Y quién esperas que sea? ―Preguntó ella, rio pero la tos volvió a callarla. Él borró la sonrisa de sus labios al verla tan vulnerable.

Le costaba tanto verla de ese modo, tan frágil; nunca se acostumbró a ello. De haberla conocido como un árbol viejo y fuerte, incapaz de ceder ante cualquier tifón o huracán, hallarla de ese modo, en el que no parecía ser más que una hoja tambaleándose en una rama seca, sucumbiendo a alguna brisa que le acariciase.

Esas dos semanas le sirvieron para comprender que incluso Bakugo Shoen, no podía huir de la muerte.

El día que su padre estaba siendo velado y tantas personas acudieron a la ceremonia de despedida, él se encontraba al frente junto a su madre, ella llorando en su pecho mientras él la rodeaba con su brazo, con el rostro sonrojado e hinchado por haber llorado toda la noche. Vio a su lado a su abuela, con las manos puestas en su bastón cual pilar; la mujer mostraba un semblante impenetrable e incluso en las circunstancias de velar a su hijo fallecido, ella se mostró fuerte. Recordaba odiarla por no mostrar un ápice de emoción en su rostro, como si no le importara que su único hijo haya muerto sin poder siquiera despedirse.

Entonces, lo vio. Una lágrima silenciosa recorrió su arrugada piel, casi indetectable hasta morir en su barbilla. No la vio flaquear, ella no podía darse ese lujo. En parte, odiaba verla así, como si nada la perturbara, pero los últimos días antes de que falleciera, observar su fragilidad, le dolió aún más.

Sintió la mano de su madre sobre su hombro llamando su atención, Mitsuki le dedicó una pequeña sonrisa triste cuando éste giró a verla. Él la abrazó por los hombros, sintiendo la fortaleza de su madre junto a él. Ninguno de los dos estaba de acuerdo con muchas acciones de su difunta abuela, a pesar de eso, sabían que las cosas sin ella no serían las mismas.

―Debes ir a recibir a los que llegan, Katsuki ―Habló su madre de pronto. Él dejó salir un suspiro cansino―. No hagas rabietas, niño estúpido.

―Comienzas a sonar como ella ―Comentó él y Mitsuki sonrió por lo bajo―. Odio éstas ceremonias pero odio más tener que hablar con la gente.

―Eres la maldita cabeza de la empresa, ¿qué esperabas? ―Katsuki rodó los ojos molesto―. Vamos o quieres que tu abuela regrese de las cenizas.

Su hijo sonrió y alejándose de su madre, contestó.

―Ambos sabemos que es una posibilidad.

Con las manos en los bolsillos de su pantalón negro, los pies del primogénito y cabeza de la familia Bakugo, se dirigió a la entrada del templo en donde se realizaría la ceremonia fúnebre en honor a su abuela. La gran pintura de Shoen descansaba sobre la urna en donde su cuerpo cremado lo hacía pero él sabía que la imagen que pusieron de ella, no era ni la milésima parte de intimidante que en realidad, su abuela fue.

"¿Qué no tenían otra pintura qué colgar allí?" Podía escucharla maldecir. Pensar en su abuela era pensar en muchas cosas negativas, en todos los enfrentamientos y distanciamientos que habían surgido por su culpa; a pesar de eso, esos seis meses trabajando con ella, comprobó que Shoen era mucho más de lo que pensaba.

Varias personas se acercaron a él, dedicándole reverencias y entregándole donativos que se acostumbraba a realizar cuando alguien fallecía. Katsuki asentía y recibía el detalle de los presentes, guardándolos en un cofre que se ubicaba en la entrada y que pertenecía a la familia Bakugo. Todos acudían a él con ropas oscuras, algunas mujeres con trajes tradicionales pero la mayoría, con vestidos o trajes oscuros.

Miró a la lejanía, desde el alto punto en donde se hallaba, podía ver todo el predio, incluyendo las zonas de las tumbas. Aspiró profundo para emitir un suspiro cansino; odiaba el cementerio tanto como odiaba los hospitales. Todo le recordaba a muerte.

Volvió a meter sus manos en los bolsillos pero ésta vez, con la intención de buscar su cajetilla de cigarrillos recordando que no lo había traído consigo. Maldijo por lo bajo. Su cuerpo necesitaba que la nicotina hiciera lo suyo, odiaba estar allí, ver los rostros de las personas mirarlo con lástima o falso pesar, todo le recordaba a cuando su padre había muerto y las personas acudían a él con el mismo semblante. Lo odiaba.

Seguía maldiciendo todo, su cuerpo pedía a gritos fumar un cigarrillo pero hacía más de dos semanas que lo había dejado por completo. No creyó que ese día lo anhelaría tanto, pero claramente, estaba equivocado. Desde la muerte de su padre, había caído en el vicio del tabaco, cinco años fumando como una maldita locomotora y desde hace unas semanas, nada. Sintió la envoltura de goma de mascar dentro de sus bolsillos, su madre se lo había metido en el bolsillo para compensar la ausencia de sus cigarrillos. Se encogió de hombros, no tenía nada mejor que eso. Se llevó una a la boca y el sabor a menta lo ayudaba a aliviar un poco la ansiedad.

Estaba inmerso en sus pensamientos, tenía tantos remolinos encima, tenía el asunto de la empresa sobre los hombros y la carga emocional que le producía estar allí, el haber compartido los últimos días junto a su abuela y otras cuestiones más. Tan inmerso se encontraba que cuando vio la figura de Uraraka Ochako acercarse a él, creyó estar siendo engañado por su mente.

No era la primera vez que sucedía. Desde que había cortado toda relación y contacto con la mujer, solía tener sueños con ella, solía verla recostada a su lado, verla a la distancia sonriéndolo, llamándolo. El último día de Octubre, estuvo toda la madrugada trabajando en el balance de fin de mes, estaba agotado y no supo en qué momento cayó dormido, sobre sus papeles.

Sólo recordaba ver la imagen de Ochako en el mismo vestido negro que usó cuando se encontraron en aquel bar de Ginza, ingresó a su despacho con los pies descalzos y el cabello corto, él la sonreía desde su sitio y a pesar de la distancia entre ambos, la veía sonrojarse. Cuando la vio acercarse a él, Katsuki se acomodó mejor en su sitio, mas en el momento en que ella dirigió su mano a su rostro, despertó, hallándose sólo en su despacho. Sólo, malhumorado y con una erección horrenda.

―Katsuki. ―La voz de Ochako lo sacó de sus pensamientos. La vio de pie frente a él con un vestido negro holgado, unas medias finas oscuras y unos tacones bajos, su cabello estaba más corto de lo que recordaba y su mirada triste casi lo hizo dirigir su mano hacia su rostro para tocarlo. Se detuvo al instante en el que sus dedos se movieron, volvió a cerrar sus manos en puños, anulando cualquier intento inconsciente por comprobar que la mujer delante de él era real y no un cruel sueño―. Lamento mucho tu pérdida. ―La vio cargando un ramo de Magnolias rosas y un sobre blanco, el mismo que todos estaban entregándole.

Ella le extendió su sobre y él dudó en aceptarlo, pero finalmente lo hizo, metiéndolo en el cofre. Volvió a dirigir su atención a ella, recibiendo una pequeña sonrisa de su parte.

―No tenías que venir.

Sus palabras fueron frías, distantes. La vio borrando su sonrisa para fruncir su entrecejo. No era modo de tratarla, lo sabía, pero de entre todas las personas que no quería ver en esos momentos, ella encabezaba la lista.

―No vine por ti. ―Fue su respuesta. No esperaba aquello, lo admitía; frunció entonces su ceño al mirarla―. Iré a hablar con tu madre.

La mujer le dedicó un asentimiento de respeto para pasar junto a él. Katsuki se giró a verla irse, su falda se movía al compás de sus pasos al igual que su cabello. Seis meses sin verse, sin tener contacto con ella y lo primero que hizo fue hablarle de ese modo.

―A veces te superas, Katsuki. ―Se dijo a sí mismo. Era un idiota, lo sabía pero la única manera de mantenerse a raya era ser distante con ella, porque mirarla lo instaba a querer sentirla y carajo, sabía que si lo hacía, todo habría sido en vano.

Ochako encaminó sus pasos hacia Bakugo Mitsuki, la mujer se encontraba junto a Todoroki Shoto y Midoriya Izuku, los tres, al igual que ella, portaban trajes negros por la ocasión; cuando Mitsuki la reconoció, le dedicó una sonrisa sincera, abrió sus brazos para estrecharla en ellos, Ochako no se apartó, pero debía ser sincera, le dolía tanto que la madre de su ex estuviese más feliz de verla que él mismo.

―Gracias por venir, Ochako ―Dijo Mitsuki al separarse de ella. Ochako le ofreció una sonrisa triste, entregándole su ramo de flores, sorprendiendo a Mitsuki―. Eran las favoritas de Shoen. Escucha, ella pudo haber sido muchas cosas pero te tenía un cariño particular.

―Y yo a ella ―Respondió Ochako―. No la conocí lo suficiente pero disfruté el poco tiempo que estuve con ella.

―No sabía que mi hijo te comentó sobre su fallecimiento.

Tanto Ochako como Shoto compartieron una mirada tras las palabras de la mujer, pero la castaña negó con la cabeza.

―Fue gracias a Todoroki-kun. Además, fue sugerencia suya el de las Magnolias rosas. ―Explicó ella y reconoció la sorpresa y decepción por parte de Mitsuki. No quería continuar la línea de la conversación, sabía que terminaría lastimándola de una u otra forma, así que añadió―. Lamento su pérdida, de verdad. Debo hacer una llamada, disculpen.

Mitsuki sólo le dedicó una sonrisa pequeña y un asentimiento para soltar su mano. Ochako se alejó de allí entonces. La mujer rubia dirigió su vista hacia Todoroki y Midoriya con clara decepción en su mirada, siendo correspondida por la pareja.

―¿De verdad fuiste tú quien la trajo? ―Preguntó Mitsuki.

―Usted lo dijo ―Respondió Shoto―, Shoen le tenía un cariño especial. No podía no comentarle.

―Pero Katsuki…

―Kacchan intenta hacer bien las cosas ―Respondió Deku para sorpresa de los dos, éste sólo se encogió de hombros―. O al menos eso espero.

Los tres dejaron escapar un suspiro. Sabían que Katsuki podía ser muy terco y obstinado cuando tiene metido el ideal de hacer bien las cosas, aún cuando deba sacrificarse a sí mismo. Pero también sabían, que el hombre podía llegar a ser igual de tonto e irracional.

Uraraka dejó el templo para caminar fuera de éste, en contacto con el exterior, respirando aire puro. Después de hablar con Todoroki la noche anterior, pensó mucho si lo correcto era asistir al funeral de Bakugo Shoen y en verdad tenía buenas intenciones para con la familia de su ex novio, pero al llegar allí y escucharlo hablar de manera tan fría y distante, comenzó a pensar que lo mejor hubiese sido sólo llamar a Mitsuki para acercar sus condolencias.

Ella ya no tenía nada que ver con la familia Bakugo y debería de estar agradecida por ello, después de todo, su vida dejó de llenarse de mentiras, de problemas, de Katsuki.

―Uraraka-san ―Al escuchar su nombre, Ochako volteó a ver quién la llamaba, sorprendiéndose en encontrarse con Iida Tenya portando un traje negro, acercándose a ella. Ochako sonrió al hombre―. Creí haberte visto a lo lejos pero temía equivocarme. Para alivio mío, no lo hice.

―Iida-kun. Que bueno verte. ―Dijo ella y él asintió―. ¿Camie-san vino contigo?

―Así es, está con Bakugo hablando. ―Respondió, señalando a sus espaldas. Ochako miró por detrás del oficial de policía para confirmar que Katsuki se hallaba junto a Camie, Mina y Eijiro hablando―. Lamento que lo tuyo con Bakugo no haya podido continuar.

Ochako se encogió de hombros ante sus palabras. Hace seis meses, Utsushimi Camie e Iida Tenya comenzaron una relación que para Ochako fue una gran noticia, estaba feliz por ambos, después de todo, ambos eran personas maravillosas. Camie había sido víctima de un robo al salir de su turno en la farmacia, fue a la estación de policía para denunciarlo y allí, conoció a Tenya, él la ayudó a recuperar sus pertenencias robadas, ninguno de los dos esperó que aquel encuentro los terminara acercando de otro modo.

Cuando Camie se lo había dicho, Ochako se sorprendió un poco aunque no debía extrañarse, muchas veces los opuestos se atraen y ambos hacían una bonita pareja. Y desde entonces, tanto Camie como Tenya, formaban parte de las salidas nocturnas junto a Mina, Eijiro, Tsuyu, Fumikage, Jiro y Denki.

La conversación entre ambos fue dirigiéndose al trabajo, poniéndose un poco al día, Ochako escuchaba a Tenya hablando animadamente, de pronto, sentía cierta incomodidad, como si alguien la estuviera observando. Dirigió su atención a las espaldas de su ex novio para encontrarse con los rojizos ojos de Katsuki, observándolos con tanta intensidad que por un momento, temió que derritiera a Tenya con sus ojos.

El hombre tenía a Camie hablándole pero no parecía prestarle atención, más que nada, su atención no se apartaba de Ochako, incomodándola de sobremanera. Apartó su atención del rubio para concentrarse en lo que Iida decía.

―Chako, me alegra verte ―Dijo Mina al acercarse a ella junto a Eijiro―. No creí que vendrías.

―Es un bonito gesto de tu parte, Uraraka ―Secundó su novio. Ochako sonrió a la pareja―. Katsuki necesita todo el apoyo.

―No vine por él ―Se apresuró a aclarar para sorpresa de los presentes. Se sonrojó de vergüenza, no quería sonar como una resentida―. Quería despedirme en forma de Shoen-san.

Seguía sintiendo la intensa mirada de Katsuki sobre ella, aumentando su sonrojo. ¿Qué le sucedía? Apartó su atención de él.

―Yo… Creo que mejor me voy. Sólo quería acercar mis condolencias a Mitsuki-san.

―¿Tan pronto? ―Preguntó Iida―. Podemos acercarte a tu departamento con Camie luego de la ceremonia.

―No te preocupes. Tengo que ir a otro sitio luego, de todas maneras. ―Mintió y con un asentimiento de cabeza a sus acompañantes, Ochako se marchó de allí.

Todos la vieron alejarse en silencio, podían notar su incomodidad y más de uno fue consciente del modo en el que Katsuki la observaba. Mina compartió una mirada con su novio y éste sólo se encogió de hombros, consciente que su amigo podía ser un poco idiota a veces.

―Bakugo está siendo injusto con ella ―Soltó Iida―. Hacerla sentir incómoda de ese modo…

―¿Tienes algo que decirme, cuatro ojos? ―La voz de Katsuki se escuchó con fuerza a sus espaldas. Todos voltearon a ver al hombre rubio de traje oscuro mirarlo con desafío―. Te recuerdo que si estás aquí es sólo porque Camie tiene pésimo gusto.

―Tsuki ―Reprendió la mujer con enfado―. No es momento ni lugar para decir esas cosas. Mejor piensa en lo que te dije y deja de actuar como un patán.

Camie se alejó de Katsuki para acercarse a Tenya, tomó su mano antes de que el oficial quisiera seguirle el juego a la prepotencia del nuevo líder de los Bakugo y con unas palabras al hombre, se alejaron de allí. El silencio regresó y Katsuki miró a los presentes con el ceño fruncido, sin nada más que decir, se alejó de ellos para regresar al interior del templo.


Habían transcurrido dos días desde la ceremonia fúnebre de Bakugo Shoen, la empresa de About Life Coffee volvió a ser prioridad en la vida de Katsuki, quien regresó a las juntas con sus gerentes para compensar sus días de ausencia al estar en el hospital con su abuela. Ese día, al culminar con sus reuniones programadas, Katsuki se dirigió a su oficina para ordenar sus documentos, tenía una pila de cosas que aún no había dado atención en forma y su retorno tenía como principal prioridad el hacerlo.

Se sentó tras su escritorio cuando su teléfono comenzó a vibrar alertando un recordatorio. Lo tomó en su mano y al leer el enunciado del mismo, frunció su entrecejo con molestia.

"Lectura del Testamento" – 20:00HS.

Katsuki dejó salir un suspiro cansino. Dos días habían pasado desde la muerte de su abuela y esa noche debía ser la lectura del testamento. Lo había olvidado por estar tan metido en los asuntos de la empresa que recordarlo, lo hacía pensar en que ese día debía ver al condenado abogado de su abuela.

Bakugo estaba realmente molesto con Todoroki después de que ignorara sus palabras y terminara llamando a Uraraka para comunicarle el fallecimiento de su abuela, es más, la terminó invitando a la ceremonia fúnebre. ¿Qué mierda trataba de hacer? ¿Molestarlo? Lo consiguió.

Aún tenía grabado en su mente la imagen de Ochako aquel día, su vestido negro moviéndose al viento, su cabello corto y su mirada triste. La veía hablando con su ex y de pronto, las ganas de ir allí y apartarla del oficial lo asaltaban. Camie hablaba con él aunque en realidad, él sólo tenía los ojos puestos en Ochako, no podía apartar su mirada de ella. La había soñado por seis meses y de pronto, estaba a sólo unos metros suyos como un maldito espejismo y peor, hablando con el idiota de Iida.

―¿Me estás escuchando? ―Preguntó Camie molesta tocándole el hombro. Sólo entonces, Katsuki la observó. Camie dirigió su vista a donde su amigo tenía puesto su atención. Suspiró molesta―. En serio eres un masoquista, Tsuki. ¿Por qué no arreglas las cosas con Ochako-chan?

―¿Y condenarla a una vida miserable? ―Preguntó él volviendo su atención a la castaña―. Haz algo útil y aparta a tu novio de ella.

―Por el amor de… ¿Por qué estás celoso de Iida?

―¿Qué mierda hablas? ―Preguntó molesto―. ¿Cómo puedo estar celoso de tu novio?

―Pues tú dime ―Respondió―. Iida y yo estamos juntos, ¿por qué te preocupa que hable con Ochako-chan? Hace tiempo terminaron y son buenos amigos.

―No quiero que se le acerque.

―Estás loco.

―¿Terminaste? ―Se volvió a verla con una ceja enarcada. Camie estaba verdaderamente molesta con él.

―Sé que la amas. Ella lo hace igual. ¿Tan estúpido eres que te sacrificas por nada?

―Me aburres. ―Vio a Ochako alejarse del grupo de amigos, no sin antes dirigirle una mirada molesta. Él sólo se encogió de hombros, molesto consigo mismo. ¿Por qué no podía controlarse estando ella allí?

Y aún recordaba la sensación que le producía su presencia, su mirada triste, la distancia él que había puesto entre ambos. Katsuki no quería sacrificar la libertad de Ochako, pero maldita sea, odiaba tenerla cerca y no poder sentirla como antes. La terminaba lastimando de una u otra forma y eso lo volvía loco.

Pensó en Ochako todo el día, quería llamarla y saber cómo estaba, cómo le iba su trabajo nuevo, si le gustaba el departamento nuevo o si pensaba en él. Había pensado en ella durante seis malditos meses y la pensó el resto del día. Era su tortura personal, pero al menos, era la única manera en la que podía estar cerca de ella sin lastimarla.

Vio la mano de Todoroki delante, meciendo su diestra delante de sus ojos para llamar su atención. Katsuki reaccionó ante el movimiento, despertó del letargo en el que sucumbió, su mirada se dirigió al abogado y luego a su madre sentada junto a él, ambos observándolo con cierta preocupación ante su notorio mutismo.

Katsuki espabiló, se acomodó mejor en su asiento. Eran pasadas las ocho de la noche, se encontraban en el viejo despacho de Shoen, la tenue iluminación daba aquel aire nostálgico a todo lo que habitaba allí; las últimas dos semanas, Katsuki lo había pasado en el hospital, por un momento se había olvidado cómo se sentía regresar al despacho de su abuela.

―¿Procedemos a la lectura, Bakugo? ―Preguntó Todoroki entonces.

―Hazlo de una puta vez. ―Respondió poniéndose de pie ante la atenta mirada de los dos presentes; él sólo los ignoró para ir hacia la kitchenette de la habitación, sacarle la tapa a uno de los whiskies que contaba el mismo y servir dos rayas en su vaso―. Procede, sólo necesito tomar algo.

Todoroki miró a la madre del hombre, ésta sólo se encogió de hombros. Con aquella respuesta, Shoto tomó la carpeta de papel con las hojas del testamento de la matriarca de la familia Bakugo. Comenzó a leer.

―A mi nuera e hija política, Bakugo Mitsuki ―La atención de la mujer pasó al abogado al escuchar el modo en el que se refirió a ella. Shoen nunca la había llamado de ese modo y por un momento, la mujer bajó la mirada con una pequeña sonrisa―, le cedo la casa de verano en Verona, junto a la tercera parte de la fortuna de los Bakugo, por su incansable trabajo con la empresa y su paciencia para conmigo. ―Todoroki dirigió un asentimiento a Mitsuki para continuar―. A mi mano derecha y abogado leal, Todoroki Shoto, queda a su nombre la cafetería Limerence y un tercio de la fortuna.

―Eras como un hijo para ella, Todoroki-kun ―Comentó Mitsuki con una sonrisa que Shoto correspondió.

Shoto asintió a las palabras de la mujer. Era verdad, después de alejarse de su familia, Todoroki Shoto encontró una familia en Bakugo Shoen, por muy extraño que sea, hablar con ella le resultaba más sencillo que con otras personas. Fue fácil volverse su mano derecha y trabajar para ella, aunque muchas veces no estaba muy de acuerdo con sus acciones.

―Continúa leyendo, Mitad-Mitad ―Dijo Katsuki sirviéndose otra raya de whisky.

Todoroki asintió.

―A mi nieto, Bakugo Katsuki, presidente de la compañía About Life Coffee, se le cederá la casa de los Bakugo, la propiedad cafetera en Roma, la quinta parte de la herencia y… ―Shoto detuvo un momento sus palabras.

Katsuki se dirigió hacia el escritorio sin mucho entusiasmo, aunque debía admitir que le llamaba la atención el mutismo repentino del hombre.

―¿Qué mierda dice?

Shoto levantó sus ojos hacia él.

―Dice que el resto de la herencia será destinado para tu hijo.

―¡¿Mi qué?!

―¡Katsuki, ¿embarazaste a Ochako y no nos lo dijiste?! ―Su madre se puso de pie con rabia, golpeando a su hijo contra su espalda aunque éste no podía sino mirar al abogado, boquiabierto―. ¡¿Cómo pudiste dejarla así como si nada?!

―¡Ochako no está embarazada! ―Gritó molesto a su madre, pero la duda lo asaltó de pronto. Miró al hombre frente a él―. ¿Verdad?

―Recuerda dónde pusiste el pene, pendejo ―Dijo su madre molesta.

―Ochako me lo habría dicho ―La voz de Katsuki sonó casi inaudible, incapaz de creer en lo que escuchaba―. Ella no… No lucía embarazada el día que la vi en el templo.

―Usaba un vestido holgado, podría estar ocultando su vientre. ―Acotó Shoto pero eso sólo puso aún más nervioso a Katsuki.

―Seis meses pasaron desde entonces; en algunas mujeres no se nota demasiado el vientre hasta llegado los seis y medio o siete ―Comentó su madre.

―¡Mierda, mierda, mierda! ―El nieto de la difunta mujer se dejó caer sobre su asiento, llevándose ambas manos a su frente, intentando calmarse, intentando inútilmente el ordenar sus pensamientos―. Necesito ir con ella.

Katsuki se puso de pie con tanta fuerza que casi echó de espaldas el sillón en donde se encontraba sentado minutos atrás, pero antes de dejar el sitio, la voz de Shoto lo detuvo. Él se giró a mirarlo con desesperación y entonces, vio en la mano del hombre un sobre.

―¿Qué es eso?

―Una carta de Shoen para Ochako ―Respondió.

Aquel sobre podía confirmarlo todo. Ochako esperaba un hijo suyo.

Seis malditos meses alejado de la mujer que amaba intentando protegerla, procurando alejarla de todo el maldito manicomio que implicaba vivir con los Bakugo, para finalmente ser traicionado por sí mismo. Ochako esperaba un hijo suyo y él la había dejado sin saberlo.

Pero lo que aún no comprendía era, ¿cómo su abuela lo sabía? ¿Acaso Ochako se lo había dicho? ¿En qué momento?

―Tu abuela… ―La voz de Mitsuki lo sacó de sus pensamientos―, el día de tu cumpleaños, cuando dejaste a Ochako con Shoen, ella le había leído su fortuna a partir del pozo de café. Lo sé porque vi las tazas con las marcas, siendo retiradas de la mesa por una de las empleadas. No presté atención, ya sabes cómo tu abuela le gustaba leer la fortuna a las personas.

Bakugo fue hasta Todoroki y con fuerza, le arrebató de sus manos el sobre que era para Ochako. No podía abrirlo, lo sabía, era otra razón para ir a verla. Dejó la sala a toda prisa, cada segundo parecía volverse en contra suya. Cada segundo, él se alejaba más y más de Ochako.

Por un momento, quiso despertar, quiso que aquella esa una maldita pesadilla.