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28
Ablución
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Yelena había estado tan ocupada con los asuntos del hangar que no tuvo tiempo de cambiarse de ropa, aún estaba con el traje de vuelo mientras coordinaba las reparaciones. El hombro ya no le dolía tanto, pero dolía si levantaba mucho el brazo. Esperaba no haberse fracturado la clavícula.
Mas de la mitad de los Valkyrie de su escuadrón no estaban en condiciones de combatir, por lo que el grupo completo de mantenimiento estaba trabajando para ponerlos operativos. Aunque sus equipos sabían lo que debían hacer, Yelena estaba supervisando todo, pero lo hacía no por desconfianza sino porque quería mantener su mente ocupada. Cuando se retiró del hospital Gennadi e Isabella aún estaban en cirugía.
El día aún no había terminado. El ataque fue al final de la tarde, luego su visita al hospital, luego al puente, luego la pelea con Gloval para luego ir al hangar especial a ver los destrozos, luego al hangar de sus escuadrones, ahora de nuevo al hospital.
Hubo muchas bajas, y aun estaban realizándose labores de rescate en el espacio, labor que estaba dificultándose por los restos del asteroide, pero habían podido rescatar a una gran parte a dos horas del combate. Rezaba para que todos los pilotos tuvieran al día sus radios localizadores, la única forma de poder localizarlos en el caos allá afuera. Luego de asegurarse de que todo estaba marchando bien, se dio una rápida ducha, se puso el uniforme de faena que casi nunca utilizaba, le dejó el mando a Orlov y Takeda y metió algo de comer en su morral para irse al hospital.
Debido a la gravedad del ataque y de que quedó comprometida la integridad de algunas compuertas, los civiles no habían salido de los refugios. Al llegar al hospital buscó a la doctora. Gennadi había salido ya de cirugía y estaba en recuperación. Con Isabella la situación era distinta.
"Sufrió traumatismos abdominales internos severos pero lo más grave es la fractura en el fémur."
La doctora hizo una pausa, Yelena se dio cuenta que aún había algo más.
"¿Cuánto conocía a la Teniente?" preguntó la doctora.
"¡Hable de una vez!" exclamó Yelena con impaciencia.
"La joven estaba embarazada," dijo la doctora sin rodeos. "Siete u ocho semanas."
Yelena sintió un sobresalto que fue como un golpe en el estómago. No solo porque Ivy estuviera embarazada lo que implicaba que había estado volando patrullas e incluso combatiendo llevando un bebé, sino porque entendía lo que la doctora quería decir.
"La familia de la Teniente... el padre..." balbuceó la doctora.
"El padre es Gennadi," explicó, entendiendo ahora la decisión de la pareja de casarse y la ropa hindú ancha de Isabella. "Su familia esta aun en los refugios. No saldrán hasta que los ingenieros sepan si es seguro regresar a esa zona de la nave."
"Sigue en cirugía," explicó la doctora. "Está en buenas manos, el doctor Ouelet es el mejor cirujano que hay abordo."
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Gennadi estaba atontado por la anestesia. Al despertar tuvo la sensación de flotar sobre la cama. Le costó recordar donde estaba, pero luego todo regresó a su mente como algo que le cayera encima.
Seguramente había algún monitor que indicaba su condición, porque al minuto de despertar una enfermera entró para examinarlo.
Empezó a recordar todo lo que había pasado, el incidente, las explosiones, la despresurización, el dolor del brazo al levantar el pesado fusil. Cuando recordó a Isabella trató de levantarse. La enfermera le impidió hacerlo y Gennadi mansamente se quedó acostado, aparte de que aun sentía el cuerpo adormecido.
"Isabella..." empezó Gennadi a preguntar, y en ese momento la doctora Baudet entró.
"¿Cómo se siente Gennadi?"
"¿Cómo esta Isabella?" pregunto.
"Yo pregunte primero, pero ella está por salir de cirugía, tiene la pierna rota, heridas internas, en unos momentos veré al doctor Ouelet y podremos saber."
"No siento el brazo, ¿no me lo cortaron?" dijo mirándose el brazo enyesado.
"Hubiera sido más fácil," dijo la doctora anotando algo, "y nos hubiéramos ahorrado las horas de cirugía."
"No es gracioso."
"Tenía roto el hueso radio justo por la mitad. Tuvimos que poner unos tornillos y unas placas de fijación. Es la quinta que le han puesto así que tiene más metal que antes."
"Isabella..."
"Le dije que no ha salido de cirugía," insistió la doctora. "Apenas terminen iré a verla."
"¿Los demás?"
"Fueron cuatro heridos y dieciséis muertos"
"¿Gina... la Mayor Baltrow?"
"En recuperación. Tiene varias heridas cortantes y contusiones, pareciera que cayó en una licuadora. Perdió mucha sangre y esta delicada," dijo revisando el aparato que le suministraba medicamento intravenoso. "Usted también, perdió casi la mitad de su sangre. Espero no sea alérgico a ningún medicamento, nunca lo había tenido en tratamiento."
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La oficina de la doctora Baudet era bastante pequeña, ya con Claudia, Granger, Gloval y Yelena quien permanecía de pie el despacho estaba atestado. Ya tenían rato esperando cuando la doctora entró a la ya atestada diminuta oficina, a pesar de ser la más pequeña del grupo, era la más gordita.
"Lamento decir que uno de los heridos acaba de fallecer," informó la doctora. "El joven fue el herido más grave, le seguía la Teniente. Múltiples traumas en el cráneo y la caja torácica. Oficialmente los únicos sobrevivientes son Baltrow, Engel y Verkaik, pero aun así están heridos de gravedad."
La doctora hizo una pausa. Nunca era fácil anunciar la muerte de alguien. La mejor manera era continuar con lo que seguía.
"Esta es una radiografía del brazo izquierdo de Gennadi," dijo la doctora poniendo la imagen en el monitor en la pared. "Se la tomamos por la herida del hombro."
"Y lo que nos quiere mostrar es..." dijo Gloval sin reconocer nada más que huesos.
"Eso," dijo Yelena señalando algo en la imagen.
La doctora amplió la imagen de lo que señalaba, era un objeto rectangular de un centímetro de ancho y cuatro de largo. Se veía muy opaco, por lo que no era algo metálico y casi se confundía con el hueso sino fuera por el ángulo en que se tomó la radiografía que lo hacía ver extraño. En uno de sus extremos se veía una zona totalmente blanca.
"¿Una metralla?" preguntó Gloval. "¿La placa de alguna operación?"
"No. Pensamos que sería un objeto antiguo que no pudieron sacar e hicimos una tomografía..." dijo mientras pulsaba un icono en la pantalla y ahora aparecía una imagen animada de tomografía, "y parece una especie de implante. Está atado al humero por debajo del músculo. Las cintas de aquí no se ven en la radiografía normal," apuntó a las finas cintas que estaban amarradas alrededor del hueso, que podían verse en relieve cuando la imagen rotaba. "Para ponerlo allí necesitó cirugía mayor."
"¿No le hicieron el examen médico completo cuando llegó?" preguntó Gloval. "¿Cómo no lo vieron antes?"
"Junto con el Mayor Rhodes hice los exámenes el año pasado cuando ingresó el personal multinacional," dijo la doctora. "Y eso no estaba."
"Él trabajaba aquí antes de que lo transfirieran a mi escuadrón luego de su permiso," dijo Yelena. "¿No volvieron a hacerle exámenes cuando regresó?"
"El examen médico de calificación, pero el resto de los exámenes los hizo en Rusia."
"¿Eso se lo pusieron allá mientras estuvo de licencia por la muerte de su esposa?" preguntó Claudia.
"Puede ser," respondió la doctora.
"¿No tiene ninguna cicatriz de cirugía?" preguntó el Capitán, imaginando que tendrían que haberle literalmente abierto el brazo para poner eso allí.
"No tiene marcas, su historial no dice nada."
"Cirugía con sutura por láser," respondió Yelena. "¿Porque la tomografía se ve borrosa allí?"
"Me atrevería a decir," dijo la doctora, "que dentro hay un material que emite algún tipo de radiación que interfiere con la tomografía, pero a un nivel muy bajo..."
"Una batería nuclear," dijo Yelena. "Como las baterías de tritio de nuestras radios de emergencia. Por eso en los rayos X se ve blanco y en la tomografía se ve borrosa."
"Me tratan de decir," argumentó Gloval, "que a Gennadi, mientras estuvo en Rusia antes de venir acá, le abrieron el brazo hasta el hueso e implantaron un... algo alimentado con una batería nuclear, ¿correcto?"
"Correcto," concordó la doctora.
"¿Es un riesgo para su salud?"
"Aparentemente no, ya tiene casi un año con eso allí..."
"¿Y cuándo lo han atendido por alguna enfermedad o dolencia no vieron nada raro?" preguntó Gloval.
"Que yo recuerde, Gennadi nunca ha venido a consulta medica más que para las revisiones mensuales, ni siquiera por gripe y eso que tuvimos una epidemia hace unos meses," la doctora revisaba el historial médico de Gennadi. "Aunque se le hizo una esplenectomía total durante la guerra no ha necesitado antibióticos. Rara vez lo he visto aquí más que por las heridas que se ha hecho ocasionalmente."
"¿Sabrá que tiene eso allí?" preguntó Claudia.
"No estamos hablando de una aguja precisamente," dijo la doctora en su modo sarcástico. "Bastaría con que se presionara el brazo con los dedos para sentirlo allí.
"¿Sería posible extraerlo?" preguntó Yelena.
"Hay que hacerle muchos estudios. Sólo el hecho de que lo tenga fijo a un hueso complicaría extraerlo. Preferiría dejarlo allí donde esta, no sabemos para qué es. Además tendríamos que tener su consentimiento para retirarlo."
"Hágale un examen médico completo," pidió Gloval. "Compárelo con el informe que nos mandaron."
A Yelena le dio un escalofrío y no sabía que pensar. Gennadi, a quien conocía desde hacía años, cuya esposa fue una de sus mejores amigas, ciertamente tenía sus secretos. Su trabajo durante la guerra y luego. Incluso su incorporación en su escuadrón ya cuando estaban tan avanzados. Gennadi nunca hablaba de las cosas que hizo, incluso Yelena dudaba que Sabina lo hubiera sabido. Luego de la muerte de Sabina le habían dado un mes de permiso, donde, según él, solo daba paseos y dormía mucho. Obviamente durante ese mes Gennadi había hecho otras cosas y Yelena no podía imaginar cuales serían, pero obviamente eso que tenía en el brazo no se lo habían puesto en un ambulatorio. La Doctora Baudet interrumpió sus pensamientos:
"La Mayor Baltrow tuvo múltiples heridas cortantes y perdió mucha sangre. Cuando ingresó estaba inconsciente y pudimos reanimarla. Tenemos más muertos que heridos... ¿Cómo se lesionaron?"
"Hablaremos de eso después," dijo el Capitán.
"Esta el asunto de la joven, el caso más grave," dijo la doctora tocando el tema de Ivy y poniendo en pantalla más radiografías de antes y después. "Salió de cirugía, pudieron intervenir todas las heridas internas. Se recuperara, es joven y está en muy buena forma. Se cuida mucho. En cuanto a su pierna... van a volver a meterla a cirugía en un rato. El fémur se rompió en dos partes. Es el hueso más fuerte del cuerpo, solo me imagino que le cayó encima un automóvil para rompérselo así."
"¿Le dijo a Gennadi lo del bebé?" preguntó Lena.
"¿Bebé?" preguntó Gloval y Claudia al mismo tiempo.
"Recién despertó, no era adecuado darle una noticia así en ese momento," dijo la doctora, mentalizándose como debería decirle.
"¿La Teniente Verkaik está embarazada? ¿No se dieron cuenta?" preguntó Claudia.
"¿Casi dos meses y en las revisiones mensuales no se dieron cuenta que estaba embarazada?" preguntó Yelena hablando al mismo tiempo que Claudia.
"¿Podemos hablar con él cuando se mejore?" preguntó Gloval hablando al mismo tiempo que Claudia y Yelena.
"Si," dijo la doctora eligiendo responderle a Gloval.
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Gennadi seguía somnoliento. Sin referencias de tiempo no sabía si había dormido. Al mirar la ventana vio que las luces se habían atenuado. Odiaba ese efecto. Es una nave espacial y deberían regir los horarios por el reloj, pero para comodidad de los civiles se hace todo tipo de estupideces.
Cuando la doctora entró sola él miraba la ventana.
"¿Isabella?" preguntó al verla.
"Gennadi, seré franca. Salió del quirófano y el pronóstico es favorable. Creemos que tardara más de un mes en sanar. En cuanto a su pierna va a entrar en quirófano en un rato."
"¿Qué más?" preguntó Gennadi con brusquedad.
"Gennadi, lamento decirle que..."
"¡HABLE! ¿QUE MAS?" gritó, levantándose de la cama.
Apenas había terminado de gritar la puerta se abrió de golpe y Yelena entró, seguida de un par de enfermeros y el Capitán.
"Gennadi por favor," dijo Yelena acercándose. "Ella va a estar bien."
"¿Cómo sabes? ¿Qué les dijeron? ¿Que no me han dicho?"
"Isabella estaba muy mal cuando la operaron," dijo la doctora de manera pausada. "Lo lamento. Las heridas internas que sufrió fueron muy graves, y el bebé no pudo sobrevivir a pesar de todo lo que hicimos."
"Lo perdió..." dijo Gennadi mientras su voz se iba apagando.
"Así es," concordó la doctora.
Gennadi estaba de pie al lado de la cama. Tenía unos pantalones verdes y tenía el pecho desnudo. Tenía el hombro izquierdo vendado cubriendo la gran herida que tenía allí y por donde casi se desangraba. Yelena notó que también tenía heridas de corte en el cuerpo como las de Baltrow.
De repente le dio una patada a una silla al lado suyo. Estaba descalzo, así que si le dolió no lo demostró, porque empezó a romper y golpear cualquier objeto que no estuviera fijo. Los enfermeros se lanzaron a sostenerlo, más para evitar que siguiera rompiendo cosas que para que no se lastimara. Pero Gennadi no se contenía y trataba de soltarse a la vez que gritaba incoherencias. A pesar de los calmantes pudo soltarse de uno de los enfermeros y terminó golpeándose el brazo enyesado con mucha fuerza contra la mesita al lado de la cama. Debió dolerle mucho, porque terminó arrodillado en el suelo sosteniéndose el brazo lastimado.
Yelena se arrodilló a su lado, y cuando él la miró, le temblaba el rostro. Lena lo abrazó por un momento y luego junto a los enfermeros lo pusieron en la cama.
"Se golpeó muy fuerte," dijo la doctora. "Vamos a tener que revisarle el brazo. Lo llevamos a rayos X."
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Este día había muy largo y estaba cansada. A Gennadi lo volvieron a llevar a cirugía. Ivy ya estaba en el quirófano. El Capitán se fue al puente con Claudia para coordinar el acoplamiento con el Prometheus y la partida de la nave del asteroide al concluir las operaciones de rescate. Solo quedaba ella y la Teniente Granger, quien esperaba el reporte de la doctora para informar al Capitán, junto con todos los heridos que habían sido traídos.
Yelena se lavaba la cara en el baño del hospital, era bastante de madrugada y pensaba en ir a casa. Pero cambió de opinión, esperaría al menos a ver los resultados de la cirugía. Al salir del baño se encontró con la doctora.
"Gennadi se repondrá. Se sacó el hueso de sitio y se abrió la herida del hombro. Prometió ser más cuidados. Si lo quiere ver..."
La habitación tenía las luces encendidas y las cortinas cerradas cuando las dos mujeres entraron.
"¿Cómo se siente?" preguntó la doctora acercándose.
"Mucho mejor, espero no morir," dijo Gennadi intentando sentarse, pero la doctora lo detuvo.
"Quédese quieto, al menos esta noche," dijo ella haciéndole un rápido examen. "Lo tendremos en observación unos días quiero ver que no tenga más nada roto... detuvo a Gennadi con un gesto cuando este iba a hablar antes que pregunte, su esposa esta por salir de cirugía, lograron reparar el hueso, afortunadamente el hueso no se astilló y la arteria está intacta. Se va a recuperar pero tardara al menos un mes en recuperar su movilidad y un poco más en recuperarse completamente."
"Gracias," dijo Gennadi mientras la doctora le ayudaba a sentarse, cuando estuvo cómodo fue que se dirigió a Yelena. "No tenías que quedarte hasta tan tarde."
"Quería estar segura que estuvieras bien."
"Gracias, te puedes ir a tu casa."
"Prefiero quedarme hasta estar segura de... que los dos estén bien. Además hay otros heridos aparte de ustedes.
"Les dejo un momento," dijo la doctora antes de salir.
"Gloval me contó todo," dijo Yelena. "Aunque me molestó que me dejaran por fuera de esto."
"Es un trabajo muy delicado, entre menos personas supieran mejor."
"Gracias por la confianza."
"Discúlpame, me acostumbre a trabajar así."
"Vi como quedó el hangar," dijo Yelena, evitando continuar con el tema. "¿Qué pasó?"
"Se puso violento, hizo que vinieran otros y también se pusieron violentos."
"Tendrás que ser más preciso, eres el único que por el momento que puede responder."
"Será..."
Hubo una larga pausa y ninguno de los dos habló. Yelena aprovechó para sentarse.
"¿Pretendes quedarte?" preguntó Gennadi.
"Dije que me quedaba hasta que estuviera segura que los dos estuvieran bien."
"Gracias."
"En cuanto a Ivy... lamento mucho lo que paso."
"No hablemos de eso. Imagino que Isabella no lo sabe."
"Aún no ha despertado."
"Seré quien le diga."
"¿Te sientes bien..."
"No me siento bien. Solo quiero dormir."
Yelena decidió no decir más nada, solo se quedó sentada hasta que Gennadi se durmió, cosa rápida porque aún estaba medicado.
Empezó a pensar en esa cosa que tiene en el brazo y en cómo había llegado Gennadi.
Había llegado a la isla Ataría un mes después que ella, pero no fue como piloto. Su trabajo era coordinar la instalación de las armas termonucleares. Yelena recordaba muy bien su llegada junto con Sabina, porque Adrian Zaitsev vino con ellos. Curiosamente habían venido de civil, Gennadi con un traje y camisa sin corbata.
En ese entonces el plan original era que Macross realizaría un vuelo de 3 meses, con posibilidad de una extensión, por lo que el personal se preparaba para una prolongada estancia de hasta 6 meses. Yelena y Adrian estarían ese tiempo, Gennadi y Sabina no volarían, ambos sólo serían apoyo técnico. A Gennadi le habían regresado sus credenciales de seguridad... no dijo cuándo se las habían revocado... y volvería a Rusia a trabajar otra vez en proyectos militares.
Según las previsiones se esperaba tener en operación 20 escuadrones de vuelo designados para operar conjuntamente desde Prometheus y Macross. La Mayor Yelena Nikolayev ya tenía asegurada la jefatura de las alas espaciales, mientras Focker se encargaría de las alas aéreas en la Tierra. Antes de finales de ese noviembre debían empezar a tener escuadrones operativos, al menos los suficientes para los entrenamientos mientras empezaba la producción en masa de los Valkyrie.
A pesar de ser una maquina compleja, en las horas que Yelena había pasado en la cabina del Valkyrie no había tenido ninguna falla. De hecho, durante las pruebas de servicio de la nave, solo se había producido fallas debido al uso excesivo de las transformaciones. Pero en si el Valkyrie era una nave segura, a pesar de las malas críticas que le había dado la prensa de ser una bomba atómica en potencia. Siempre que se mencionaba la palabra 'nuclear' la gente pensaba inmediatamente en imágenes de explosiones nucleares y muerte por radiación, cáncer y malformaciones genéticas. Al principio ella estuvo un poco renuente, no podía negárselo, pero los motores del Valkyrie no son radioactivos, a pesar de tener la coletilla de nuclear. Reacción de fusión aneutronica, le dijeron.
Gennadi le había explicado cómo funcionaba un motor nuclear, incluso haciéndole un diagrama detallado en una servilleta. Pero Yelena no quería poner a prueba a un ingeniero que tenía miles horas de practica en ingeniería nuclear contra una mujer que apenas pasó el la mitad de la carrera de medicina. Pero no podía hacer nada con su educación más que aprender todo lo que pudiera. No quería que la trataran como otra estúpida de cara bonita, pero tampoco quería que pensaran que era un arca de sabiduría solo por usar anteojos.
Muchos de los pilotos y personal eran chicos que entraron muy jóvenes a la milicia. Algunos apenas tenían los 20 años. Algunos sirvieron en la guerra, y decidieron quedarse para especializarse. Pocos probaron en hacer una carrera o practicar otro oficio. Quizás les hacía falta la adrenalina que puede llegar a liberar el ser piloto.
Para Yelena la adrenalina estaba relacionada con esas dolorosas inyecciones en sus piernas cuando era pequeña y sufría asma. Eso fue muy efectivo para curar su enfermedad, lo que le ha vuelto muy sana desde entonces, salvo sus dolencias cardiacas. Yelena esperaba que su última operación fuera realmente la última. La idea de que un perfecto desconocido se le acerque y le diga que ella estará desnuda delante de una docena de personas, inconsciente, le abrirán el pecho y hacerle tal y tal cosa... bueno, es un poco extraño si se pensaba en ello. Tan cobarde que era ella con los rasguños.
Para Yelena ser piloto era increíblemente divertido y muy pocas cosas igualan el tener el control de un aparato de tan alta tecnología como era el Valkyrie. Y poder jugar con equipo tan avanzado y manejar estos aparatos con la punta de sus dedos era algo que muchos querían y pocos podían lograr hacer.
En las semanas que siguieron a su llegada el grupo lo había pasado bien, en la playa, caminando por las montañas. A pesar de que Gennadi no congeniaba bien con Zaitsev nunca hubo malos momentos. Sabina se había quedado asombrada por el sol y la playa. En Rusia nunca había ido a la playa, y Yelena le costaba entender su asombro, porque ella misma había ido muchas veces a la playa cuando vivió en Estados Unidos.
Fue en esos días que Sabina anunció que estaba embarazada. No fue algo inesperado para Yelena, porque la misma Sabina le había dicho antes que ambos estaban buscando un hijo. Se había encariñado mucho con Sabina y Gennadi, los dos eran una bonita pareja, como pocas había visto. Quizás la más cercana fuera la de Polina y su esposo Nikolái. Quizás sea por el entorno tan machista en el que se había desenvuelto Yelena que ese tipo de casos, donde un hombre ama a su esposa con adoración, le parecía tan especial. El caso opuesto era Roy Focker, él se lanzaba encima de cualquier cosa que tuviera pechos, a pesar de que tenía su novia. Se imaginaba que sus conquistas no eran en serio, porque siempre que estaba con Claudia se ponía como un gatito.
Tenían grandes planes para el futuro. Sabina continuaría sus estudios de arquitectura, Gennadi director ejecutivo de proyectos especiales del gobierno. Y si el bebé era varón se llamaría Aleksandr, si era hembra... aún estaban pensando el nombre.
Exactamente el 28 de octubre del año pasado, el mismo día de regresar de Rusia luego de la ceremonia conmemorativa de San Petersburgo, mientras conversaban, Sabina empezó a sentirse mal, y luego la encontró desmayada en la cocina. Fue algo que Sabina no le dio importancia, alegando que era cansancio, pero que significaría que en 18 días estaría muerta.
Todo pasó muy rápido, los médicos no sabían que tenía, Gennadi buscó una segunda opinión y el padre de Sabina, un General de bastante rango del ejército, envió un avión para ir a buscar a su hija. Cierto, estaban en una pequeña isla en el Pacifico, pero el hospital estaba entre los mejores del mundo. La isla de Ataria no solo era el lugar donde se encontraba la nave SDF-1, sino también un centro industrial de gran importancia (allí se construían el 80% de los Valkyrie) con un activo aeropuerto internacional así como una población estable de 60000 personas. Era el centro de atención mundial, así que tenía muchos recursos para su desarrollo en todos los sentidos.
La última vez que Yelena la vio fue el día que partieron, había pasado una semana de su entrada al hospital y su estado empeoraba. Yelena se sentó al lado de la cama de Sabina. Estaba bastante delgada, con una piel pálida. El único toque de color en su cuerpo era esa cinta rojo brillante que Gennadi se esmeraba tanto en acomodarle en el cabello.
Gennadi estaba junto a Irina, la madre de Sabina, arreglando los detalles para llevar a Sabina fuera de la Isla de Ataria.
"No me da miedo morirme," dijo Sabina, "creo que ya me he preparado para eso. Lo que más temo es tener que ser una carga para Gennadi. Él está destinado para grandes cosas y ha sido demasiado bueno conmigo. Siempre está aquí, y tiene miedo de dejarme un momento sola, como si temiera perderme. A veces se queda aquí despierto en mitad de la noche y pasa horas mirando por la ventana. Me parece que no sabe que lo sé."
Sabina hizo una pausa, cuando empezó a sentir como se le formaban lágrimas en los ojos. Intento limpiarlas con el dorso de su mano, pero ellas solo terminaron goteando y cayendo sobre su pecho.
"Tú solo dices esas cosas," dijo Yelena, "porque piensas que ya te darás por vencida..."
"¡No! Las digo porque sé que ya no voy a soportar más, no importa lo que haga. Sé que no me voy a recuperar. Estoy segura que ni siquiera voy a llegar al mes sin importar que me atiendan los mejores médicos del mundo. No quiero seguir viviendo así, no quiero que siga sufriendo por mi culpa. Puede que ni siquiera merezca este tipo de tratamientos. Si Dios piensa que ya me llegó la hora, bueno, lo acepto."
Sabina se sentó en el borde de la cama. Cuando se sentía bien se levantaba y pasaba largo rato mirando por la ventana. El hospital en la Tierra estaba cerca de la playa, separándoles solo un grupo de rompeolas. Sabina llegó a la ventana y miró por un rato a las personas caminar por la costa.
"Nunca había estado en la playa antes de venir aquí."
Yelena ayudó a Sabina a sentarse delicadamente sobre una roca en la orilla de la playa. La roca tenía la altura ideal para que se sentara y sus pies llegaran al agua. El mar estaba tranquilo, haciendo honor al nombre del océano que les rodeaba.
"Siempre pensé que el agua de mar era caliente," dijo Sabina sintiendo escalofríos cuando metió sus pies en el agua.
Parecía una niña moviendo sus pies en el agua. Yelena se había sentido mal al principio. La había sacado sin permiso del hospital, pero al verla contenta se sentía mejor. Puede que nunca más pudiera ir a la playa, aunque sea solo para contemplar el mar desde la orilla.
La brisa del mar agitaba el suéter que le había puesto a Sabina. Frente al mar, Sabina se veía pequeña y frágil.
Sabina estaba llorando, en parte por poder estar en el mar, aunque solo fuera esta sombra; y en parte porque será la última vez que vea algo igual. ¿Cuantas veces en sus veintiocho años de vida había contemplado ese sol y ese cielo? Esta podría ser la última. De una forma u otra, lo sabía. ¿Cómo sería? Sabina admitió para sus adentros que no importaba mucho. Quizás fueran ciertas las historias que le contaba su abuela, referidas a Dios y la recompensa por una vida buena. Eran esas historias la que les aterraban, porque sabía que nunca entraría en ese cielo.
"Eres una buena amiga, no sabes cuánto te agradezco todo esto," susurró Sabina luego de un largo rato de contemplación.
Yelena estaba arrodillada a su lado, mirando perdidamente el mar. "¿Que no haría por ti? Tú y Gennadi son como esa familia que perdí. No quiero que te vayas. Si te vas estoy segura que Gennadi no lo podrá soportar."
"Al menos tengo la confianza de que no va a quedar solo. Para eso estas tú. ¿Qué mejor persona que tú?"
"¡Por favor, Sabina!"
"No puedes negarlo. También te preocupas. Lo veo en tus ojos... y además, ¿recuerdas cuando te quedaste a cuidarme anoche? No sé si sabrás que hablas dormida."
"No lo voy a negar, pero eso no significa nada. Él tiene miedo de acercarse a mí... por lo que paso con Polina.
Yelena hizo una pausa, esperando que no estuviera sonrojada, al recordar la noche de la fiesta. Puede que estuviera ebria, pero recuerda cada palabra.
Sabina estiró la mano para acariciar la mejilla de Yelena. "No lo voy a superar. Estoy asustada como no tienes idea de abandonarlo. Una cree que puede vivir por siempre, hasta que le pasa uno que otro susto que te hace pensar. Sé cómo se sienten. Durante semanas rezaba para que Gennadi se salvara de su accidente. No podía aceptar que le pasara nada. No me importaba lo que me hizo con Kuznetsova. Cada herida la sentía como si fuera mía y estoy segura que él se siente igual conmigo. Él cree que no lo sé, pero cuando cree que estoy dormida se queda llorando como un niño. Lo conozco demasiado bien, y sé que sentirá desamparado si se queda solo. Por eso quisiera que fueras tú. Creo que muy pocas mujeres lo soportaran. No pretendo que te cases con él, el esfuerzo sería demasiado grande, solo que lo cuides. Una buena amiga es mejor que nada."
Yelena solo suspiraba y la miraba con los ojos vidriosos. "Me pides demasiado."
"Él está sufriendo demasiado por mí. Si es así ahora, ¿cómo será dentro de unas semanas? ¿Cómo será cuando sea inevitable que muera? ¿Cuándo este agonizando? Preferiría que si va a pasarme, que me pase de una vez. No quiero que siga sufriendo así por mí."
"¡¿Y piensas que va a sufrir menos si te mueres?!
"No. No puedo evitar que todos ustedes... sufran. No quiero sufrir."
"Hablas como si fueras un perro que hay que sacrificar. Pareciera que no..."
"Claro que entiendo. Elegir entre morir sufriendo dentro de seis meses o morir sin sufrimiento en menos tiempo."
Yelena iba a decir algo más, pero prefirió no hacerlo. Ya ha sido suficiente para las dos. Solo se acercó más a ella y la abrazó.
"Viene Gennadi," dijo Sabina.
Efectivamente allí venia, pero... ¿Cómo lo supo? Sabina estaba de espaldas y Yelena apenas lo acababa de ver. Venia caminando hacia ellas. Ese paso que tenía, casi arrastrando los pies, lo hacía parecer cansado. Yelena se levantó, esperando ser regañada por haberla sacado sin su permiso.
Pero no pasó nada de eso. Gennadi solo se dejó caer de rodillas al lado de su esposa, para quedarse con ella y mirar el mar.
Esa noche del día de su partida no le fue posible dormir. Todo lo que Sabina le dijo.
Quería mucho a Gennadi y Sabina, y verla sufrir no era correcto. ¿Porque Dios no hacía nada? ¿Sería cierto que todas estas cosas pasaban por una razón? ¿Había una razón para que Sabina se consumiera hasta morir? ¿Acaso todas estar crueldades e injusticias eran parte de un elaborado y complejo plan de Dios?
La enfermedad fue muy rápida e incluso antes de poder pedir una licencia para ir a verla, Gennadi le avisó que había fallecido el 15 de noviembre, el mismo día de su cumpleaños. Le dijo que no resistió en ataque de un tipo agresivo de cáncer, pero tiempo después Yelena empezó a tener inquietudes sobre eso, al punto de llamar a algunos amigos médicos oncólogos.
A Gennadi le dieron un permiso de un mes por parte de la UNSpacy. En ese mes que se ausentó desconectó su teléfono móvil, no lo pudo localizar. Pero el 27 de diciembre, cuando aun estaban humeando los restos de la ultima tentativa de la Alianza contra el SDF-1 y el proyecto en la Isla Ataria del Sur, a ella se le dieron nuevas órdenes: Gennadi Engel entraría a formar parte de su escuadrón, y Adrian Zaitsev debía regresar.
Yelena estaba histérica. Le había llamado el Teniente General Popovkin, comandante de las Fuerzas Espaciales Rusas y quien le había asignado el cargo, le indicó que el cambio fue aprobado por altas autoridades.
"Querrá escucharlo de sus propios labios," dijo Popovkin. "Está aquí conmigo."
"¡Escúcheme estúpido burócrata de mierda!" exclamó furiosa Yelena sin dejar hablar a la otra persona. "¡Adrian ha volado conmigo durante años! No tengo nada en contra de que Gennadi venga conmigo. Lo que me revienta es que usted, alguien que no sabe nada, este impartiendo malditas órdenes a lo loco entrometiéndose en nuestro maldito trabajo. ¡Adrian no se va!"
Hubo un incómodo y largo silencio. Yelena escuchó que alguien carraspeaba.
"Mayor Nikolayev," dijo de forma lenta una voz de hombre muy familiar, con un educado acento de San Petersburgo. Yelena solo lo había escuchado en televisión. "Mis más sinceras disculpas por entrometerme en su trabajo, debe entender que los cambios siguen un lineamiento que fue cuidadosamente discutido y aprobado."
Yelena había colocado la llamada en altavoz, y en la oficina estaba atestada con todos los pilotos compatriotas y al escuchar esa voz luego del enérgico discurso de Yelena, más de uno estuvo a punto de desmayarse.
"Señor Presidente..." empezó a decir Yelena al Presidente de la Federación Rusa, "lamento decirle que no puedo permitir que un elemento como Adrian me sea arrancado así..."
"¿Prefiere que sea una orden?" dijo muy amable pero con tono severo.
"Señor Presidente," dijo la joven Teniente Irina Kirbuk. "Me ofrezco para dar mi puesto por el Capitán Zaitsev."
"También yo, señor," agregó Pasha Rudenko.
"¡Ninguno se va!" exclamó Yelena.
"Muy loables sus ofrecimientos," respondió el Presidente, "pero ya se elaboró un plan de trabajo. Zaitsev tomara un mando en tierra y lo necesitamos a él."
"No voy a..." empezó a decir Yelena.
"¡Lena, cállate!" interrumpió Adrian.
"¡Adrian, no!"
"No es un favor que estoy pidiendo, estoy dando una orden," dijo el Presidente, y sonaba como una amenaza. No era bueno que el líder de una superpotencia lo amenace a uno.
"¡Si le da la gana, de su orden!" exclamó Yelena furiosa, sorprendiendo con su inconcebible atrevimiento a sus subordinados y también a los acompañantes del Presidente, que estaban escuchando también en altavoz.
"¡Me da la gana y lo ordeno!" dijo en tono impaciente.
"Lena, por favor," dijo Adrian Zaitsev intentando calmarla tomándole de los hombros. "No te metas en problemas. Estaré bien, no es el fin del mundo."
"Bien, usted es el jefe," dijo Yelena dirigiéndose al Presidente. "Es una orden y la tendré que acatar, ¡pero no la comparto!" prácticamente gritó la última frase.
"Veo que no le tiembla el pulso para defender a su gente," dijo el Presidente.
Yelena nunca supo lo cerca que estuvo de perder su mando, y no fue por su discusión con el Presidente, en el gran escenario que Yelena no podía ver lo que acababa de pasar era algo irrelevante, sino desde antes, cuando habían decidido que ella y Adrian serian reemplazados por Gennadi y Lara Kuznetsova. Yelena seguía en su puesto porque el General Popovkin había intercedido enérgicamente para evitar el cambio.
Y así fue como Adrian salió de su vida, por decreto presidencial y como parte de alguna conspiración. La explicación de que la combinación de ingeniero y piloto que había combatido era un requisito para poner a Gennadi no le convenció para nada.
Al salir al luminoso pasillo encontró a Karin hablando con la doctora.
"Buenas noches," saludo Karin. "Vine a decirte que de los treinta y seis Valkyrie dañados todos se pueden reparar, implementaron tres turnos de reparaciones, y Orlov, Takeda y Kirbuk se turnaran."
"No viniste solo a informar," dijo Yelena con algo de cansancio en su voz. "Saben dónde estoy y me pudieron llamar."
La chica fue algo vacilante antes de responder: "Quería saber cómo estaba Gennadi."
"Tu estas clara que..."
"Lo supere. Eligió a iba a decir la jirafa— Isabella y espero que sean felices. Pero le sigo teniendo cariño, como amigos. Cuando estuvimos juntos fue muy bueno con Jenny... aún lo es."
La doctora carraspeó ya que la conversación se estaba volviendo muy personal. "Si quieren se pueden quedar, pero no molesten y usted no salga a atender pacientes."
"Ve y duerme un rato," dijo Karin sacando una frazada de su mochila y dándosela. "Al menos hasta que amanezca. Me quedo y cualquier cosa avisare."
"Si Ivy se entera que te quedaste a cuidar a Gennadi..."
"Lena, Isabella sabe que Gennadi me ha ido a visitar. No es boba, tuvimos una conversación muy seria."
"Entonces ya son amigas..."
"¿Amigas? Esa idiota cree que es mejor que yo. Ya vera esa estúpida jirafa, voy a sacar varios doctorados y se los restregarle en la cara hasta rebajarle su narizota."
"Mejor no pregunto de que fue su conversación muy seria."
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Fin Capitulo 28
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