Capítulo 55

Es cierto

—Vamos tú puedes. Solo tienes que saltar un poco. ¡Vamos pequeña, salta! ¡mierda! —exclamó tras sentir como varios golpes en la puerta conseguían destruir el momento de conexión que había conseguido crear con Superman, mientras la incitaba a que tomase las pequeñas semillas directamente desde su mano.

Quinn no cedía en su empeño por conseguir que su fiel compañera terminase por acercarse a ella sin temor alguno, como lo podría hacer cualquier perro, gato u otra mascota domesticada. Y aquella mañana de miércoles, mientras esperaba la llegada de Rachel a su hogar, no iba a ser menos.

Pero parecía que Rachel lejos de ser impuntual, llegaba antes de la hora estipulada.

—Que sepas que así… —Quinn comenzaba a quejarse incluso antes de abrir la puerta—Nunca voy a conseguir que Superman me haga caso, porque no dejáis de interrumpirme y de… ¡Mónica! —exclamó sorprendida al ver a la mujer tras la puerta.

—¡Hola!—Respondía con efusividad—¿Cómo estás?

—¿Qué haces aquí? —volvía a hablar aún aturdida.

—¿No te alegras de verme?

—Eh sí, si claro. Pero no te esperaba.

—¿Me dejas entrar o no? —cuestionó la mujer al ver como Quinn no se apartaba de la puerta.

—Eh sí, si claro. Pasa—respondía segundos antes de sentir como Mónica se adelantaba y terminaba regalándole un abrazo a modo de saludo—¿Qué haces aquí? ¿No estabas en California?

—Estaba, pero me dijiste que querías verme en persona para tratar algunos asuntos, ¿no?

—¿Y por qué no me has avisado? —preguntaba cerrando la puerta tras ella.

—Te he llamado. De hecho, llevo casi media hora haciéndolo, pero tu teléfono no está disponible… O que se yo.

—Oh dios—susurró recordando que esa era la razón por la que estaba esperando a Rachel en su casa—. Pues has tenido suerte—respondía—. Normalmente tengo ensayos a esta hora, pero hoy precisamente lo tengo por la tarde.

—Ah perfecto, entonces podemos comer juntas. Porque tengo muchas cositas interesantes que contarte.

—Eh… —balbuceó al ver como Mónica comenzaba a hacer planes—Lo cierto es que…

—¿Puedo ir al baño? —interrumpía la representante—Es urgente.

—Claro estás en tu casa.

Mónica apenas tardó un par de segundos en reaccionar y adentrarse en el cuarto de baño tras deshacerse del abrigo, los guantes y la bufanda de casi tres metros con la que se cubría, dejando completamente a solas en el salón principal a Quinn, que aprovechaba aquel momento de tranquilidad para asimilar lo que había sucedido. Un momento que, dicho sea de paso, tampoco duró demasiado. El tiempo justo que transcurrió desde que Mónica se encerraba en el baño y dos golpes en la puerta de entrada se dejaban escuchar.

—Rachel—susurró Quinn recordando que era la visita de su chica lo que estaba esperando aquella mañana, no la de su representante—. Hey menos mal que… ¿Qué haces? —cuestionó al ver como la morena se adentraba rápidamente en la casa y sin dudarlo, la tomaba por la cintura.

—Tengo poco tiempo, Quinn—susurró dibujando una traviesa sonrisa—. Y me muero de ganas por estar contigo.

—¿Qué? ¿qué haces? —balbuceó, pero no recibió respuesta alguna, más que un golpe con el talón sobre la puerta para que se cerrara tras ella, y un beso de los que conseguían dejarle sin respiración.

Porque Rachel Berry sabía cómo conseguir que eso sucediera con un simple e improvisado beso, y en aquel instante, aunque ella lo llevase más que preparado, lo estaba haciendo.

—Rachel —susurró Quinn tratando de detener una nueva embestida de su chica, pero le resultaba imposible hacerlo.

Sus manos ya se aferraban a su nuca y la atraía hacia ella, mientras sus labios conseguían mantenerla en una nube. Una nube que destruyó el chasquido que producía el picaporte de la puerta del baño tras abrirse, y la expresión de sorpresa de Mónica al descubrirlas en aquella actitud. Quizás la expresión no provocaba sonido alguno, pero Quinn pudo verla aparecer a en la estancia sin siquiera dirigirle la mirada. Y armándose de valor, consiguió separar a Rachel de su cuerpo.

—¿Qué ocurre? —cuestionó la morena con el deseo marcando el tono de su voz—. No me deseas…

—Tenemos compañía—interrumpió rápidamente lanzando una mirada sobre su cabeza.

—¿Qué? —preguntó aún sin ser consciente como, tras su espalda, alguien las observaba.

—Hola—habló Mónica con una mueca de diversión en su rostro, algo que Rachel evidentemente no expresaba en el suyo. Su gesto se tornó con una palidez repentina mientras sus ojos se abrían al máximo y seguían cuestionando a Quinn.

—Es Mónica—espetó la rubia tratando de hacerla reaccionar. Solo tras esas palabras, Rachel acertó a girarse y mirar por primera vez a la mujer cara a cara.

— Hola—balbuceó.

—Hola Rachel—saludaba de nuevo—. Me alegro de verte—sonreía al tiempo que lanzaba una mirada hacia Quinn.

La rubia se lamentaba por la situación vivida, pero no tuvo culpa alguna. Fue Rachel la que entró como un ciclón y se adueñó de sus labios, sin siquiera darle opción a explicarle que no estaban a solas.

—Hola—volvía a hablar la morena—. Me alegro de verte yo también. Eh… Será mejor me marche, supongo que tendréis cosas que hacer y, bueno… Yo, yo venía a traerte esto-masculló sacando su teléfono móvil del bolsillo trasero de su pantalón—. Te lo dejaste en casa.

-Gracias…

-Ok. Te dejo, os… Os dejo a solas—balbuceó de nuevo—. Un placer volver a verte, Mónica—le dijo al representante justo cuando decidía poner rumbo a la puerta. Quinn lo evitó.

—No espera—la detuvo Quinn justo cuando—. Espera Rachel, ya que estás aquí—miró a Mónica—, quédate.

—¿Yo? ¿Por qué?

—Es mi representante—recordó—. Ella debe saber todo ¿Entiendes?

—Sí, si claro que lo entiendo—respondía rápidamente—, pero no me necesitas.

—Sí, si te necesito, así que vamos al sofá—la incitó a que se adelantara. Evidentemente, aquella actitud de la morena de no querer estar presente en aquel momento, se debía única y exclusivamente a la vergüenza que estaba sintiendo por la situación incómoda que había vivido antes.

Quinn podía ver como la palidez del rostro de su chica, ya se había tornado en algo más dulce y encantador como era el rubor de sus mejillas—. Mónica, acompáñanos—se dirigió a la mujer, que, de pie junto a la puerta del servicio, se aclaraba la garganta y trataba de parecer racional y sensata. Aunque en su interior estuviese luchando por no mostrarse efusiva y atropellar con cientos de preguntas a Quinn sobre lo que había visto en aquella sala.

—Lo que tú me digas—respondía divertida—¿Qué tal el musical, Rachel? —cuestionó tomando asiento en uno de los sillones—. Quinn me tiene informada y dice que todo va viento en popa.

—Sí, la verdad es que va bastante bien, al menos los ensayos—balbuceó tras aceptar la invitación de Quinn para que se sentase en el sofá, quedando frente a la representante.

—Es lo importante en una obra—respondía—. Todo debe empezar desde abajo y si los ensayos y el grupo de actores congenian bien, el resto es coser y cantar, ya lo verás.

—Eso espero—murmuró tratando de relajarse. Sentía como sus mejillas ardían por el calor y eso le creaba un halo de inseguridad que no le hacía nada bien. Menos aun sabiendo que Quinn era consciente de todo aquello, algo que sabía por las miradas que le regalaba

—Rachel, Mónica ha venido por sorpresa—aclaró.

—Sí, lo siento, no sabía que tuvieses planes—se excusó.

—No tenía planes—volvía a hablar Quinn, que se mostraba con una tranquilidad pasmosa—. Rachel venía a traerme el móvil, lo dejé ayer en su casa y por eso no estaba disponible para tus llamadas. Supongo que se habrá quedado sin batería, ¿no? —miró a la morena que rápidamente asintió—¿Ves? No falla, cada vez que me olvido de él, se le acaba la batería.

—Lo cierto es que se le acabó justo antes de que yo saliera de casa—habló Rachel—. No quise aceptar sus llamadas, no lo creí oportuno—se excusó.

—No te preocupes. Como ves, mi querida representante no duda en venir a casa si no le aceptó las llamadas—respondía sonriente—. Y ya que ha venido y tú estás aquí, pues es el momento perfecto para decirle lo que quería decirle—volvía a mirar a Mónica, que seguía asombrada al ver la complicidad con la Quinn y Rachel se miraban.

—Pues tu dirás—intervenía la mujer acomodándose en el sillón—. Soy toda oídos.

—Supongo que no es necesario que te cuente demasiado—Quinn habló al tiempo que tomaba la mano de Rachel—. Supongo que lo que has visto hace unos minutos, es más que representativo de lo que quería decirte.

—¿Estáis juntas? —cuestionó—¿O estabais ensayando?

—Estamos juntas—respondía ignorando la pequeña broma de la mujer—. Rachel y yo hemos empezado una relación.

—Ok.

—¿Ok? —cuestionó Rachel mirando a Quinn.

—Eh sí—volvía a hablar Mónica—. Todo bien. Me parece perfecto, hacéis buena pareja.

Rachel volvía a mirar a Quinn tras aquella respuesta de su representante, y lo hacía con un gesto de confusión en su rostro. No entendía que aquella mujer que velaba por los intereses de Quinn, no mostrase preocupación alguna por aquel tema.

—Lo cierto—volvía a hablar Quinn—, es que si hay algo importante que tienes que saber, y por lo cual quería verte en persona

—Dime.

—Rachel y yo queremos mantenerlo en total privacidad. No queremos que nadie sepa nada de nuestra relación.

—Ah ¿Es eso?

—Sí—respondía Quinn—. Tenemos una serie de motivos por los que deseamos que sea así—explicó tratando de evitar hablar de Emily—. Además, creemos que es lo más lógico si vamos a trabajar juntas.

—Mmm ok. Supongo que eso implica que me toca hacer el trabajo sucio ¿No es cierto?

—Más que trabajo sucio, sería ayudarnos a que todo estuviese limpio ¿Me explico?

—Perfectamente.

—No entiendo nada—habló Rachel—¿No te molesta que Quinn mantenga una relación con una chica? —cuestionó mirando a Mónica.

—Pues no ¿Por qué iba a molestarme?

—Por lógica general, los representantes siempre cuidan mucho las relaciones de sus representados.

—Sí yo también, pero Quinn sabe lo que hace y es ella la que tiene que llevar su relación, no yo ¿Tienes algún problema con las relaciones y tu representante?

—Eh…

—Es Kevin Reich ¿Verdad? —preguntó sin darle tiempo a responder.

—Eh sí ¿Le conoces?

—No mucho, algunos detalles de su agencia de representación y poco más. Bueno, y también sé que es el casero de Quinn. Tuve que revisar su contrato de alquiler antes de que lo firmara. Quinn es una completa inútil con los temas burocráticos—bromeó, pero a la rubia le bastó percibir su mirada para saber que estaba tratando de sonar tranquila. Una mirada le que dejaba entrever que ella, Rachel, si iba a tener problemas si Kevin se enteraba de la relación que ambas mantenían.

—Bueno—interrumpía Quinn—, no desviemos el tema. Solo quería comentarte esto y que supieras que ninguna de las dos queremos que se sepa nada ¿De acuerdo?

—Por supuesto—sonreía Mónica—. No eres la primera actriz que represento y que mantiene una relación con una chica. Vuestro secreto está a salvo conmigo.

—Eso espero—hablaba Quinn—. No quisiera tener que cambiar de representante a estas alturas—bromeó.

—¡No hagas eso, por favor! —exclamó con algo de dramatismo fingido—¿Qué haría yo sin mi pequeña irreverente que huye del mito clásico de actriz soberbia? —bromeó—Por cierto, ya que está aquí Rachel, voy a comentarte algo que puede que le interese para el musical.

—¿El qué?

—Bueno—se levantó del sillón para buscar algo en el maletín que había transportado hasta el apartamento de rubia, y tras sacar una revista, regresó al sillón—. Tengo algo que te puede interesar, y a ella—volvía a mirar a Rachel, que seguía completamente muda tras ver como aquella mujer trataba a Quinn.

Solo pensaba en como habría reaccionado Kevin en la misma situación y sentía como un escalofrío se adueñaba de su piel. Sin duda, no lo habría hecho de la misma forma que Mónica.

—¿Qué es eso? —preguntó Quinn mirando la revista.

—Broadway Magazine—respondía Mónica—¿No te suena de nada?

—Pues…

—Claro—habló Rachel tras recuperar la compostura—. Es una de las revistas más importantes del mundo del teatro.

—Ah ¿Y qué sucede con esto?

—¿Quieres estar en la portada? —cuestionaba con una sonrisa de satisfacción Mónica.

—¿En la portada?

—Oh dios ¿De verdad? —preguntaba Rachel adelantándose a la respuesta de Quinn.

—¿Tan importante es? —habló la rubia.

—Quinn, no hay actor o actriz de Broadway que no quiera salir en la portada de esta revista. Es la mejor publicidad que puedes tener.

—Rachel tiene razón.

—¿Tú no has salido? —preguntó curiosa Quinn.

—No. Bueno, en portada no, pero si en el interior. Me hicieron una pequeña entrevista cuando me nominaron a la mejor actriz revelación, pero nada más.

—Vaya ¿Y cómo es que me quieren a mí? —miró a Mónica.

—Hay un nuevo editor, quieren dedicar portadas a nuevas promesas de Broadway y bueno, tengo bueno contactos… Y tu cara es perfecta para estrenar esa sección.

—Quinn ¡eso es genial! —exclamó entusiasmada—De veras, es impresionante.

—¿Tú crees que debo hacerlo? —volvía a preguntar a su chica.

—Por supuesto… O sea, si tú quieres claro, pero es una oportunidad única. No, no puedes dejarla pasar.

—Rachel vuelve a tener razón—volvía a hablar Mónica, mostrando una divertida sonrisa.

—Pero esperad—Quinn hacía una pausa mientras lanzaba una mirada hacia la revista—¿Esto que supone para mí y para el musical?

—Pues supone un plus muy efectivo—respondía Mónica irguiéndose sobre el sillón—. Para ti, que todos en Broadway se interesen en tu carrera, que quieran saber quién es esa actriz que consigue una portada en una de las mejores revistas de teatro. Y para el musical—miró a Rachel—, pues evidentemente es un punto de publicidad importante. Ya no solo será el musical en el que participa Broke Williams, también es el musical de la chica que aparece en la portada de esa revista, o sea tú, Quinn Fabray—sonreía satisfecha—. Bueno, admito también que es probable que aumente mi porcentaje de beneficios, pero eso ya lo hablamos tú y yo a solas—añadió regalándole un guiño de ojos.

—¿Tú estás de acuerdo con eso? —Quinn volvía a ojear la revista y se giraba hacia Rachel.

—¿Qué le des publicidad al musical? Por supuesto—respondía un tanto confusa por la pregunta—. Quinn, soy productora. Necesito que la gente quiera ir verlo.

—No me refiero solo a eso, Rachel—murmuró con algo de seriedad—. Hablo de lo que supone que a mí me reconozcan más.

—No entiendo.

—Rachel, si a mí me reconocen más—miró a Mónica—, se van a interesar más por mi vida. Y si hacen eso puede que te afecte a ti—volvía a mirarla—. Te estaré exponiendo.

No hubo palabras por parte de la morena, ni tampoco de Mónica, solo un silencio prolongado entre miradas que pasaban desde la preocupación de Quinn, hasta la confusión de Mónica y la sorpresa de Rachel.

No daba crédito a lo que estaba haciendo referencia. Esa revista era el mejor reclamo que una actriz de Broadway quería para su carrera, y Quinn se limitaba a pensar en ella y en su privacidad. Le preocupaba más aquel detalle que su futuro, y eso conseguía crearle un nudo en la garganta, una extraña sensación de presión en el pecho que solo permitía que el aire se escapase y no volviese a entrar.

—Quinn—habló al fin Mónica—. Yo voy a hacer todo lo posible porque no salga nada de lo vuestro—trató de tranquilizarla.

—¿Te preocupa más mi privacidad que tu carrera? —cuestionó Rachel ignorando la intervención de Mónica.

—Por supuesto—respondía Quinn con certeza—. No he necesitado salir en ninguna revista para vivir de esto y no quiero perjudicarte. Ya, ya lo sabes.

—Pero Quinn, hay chicas que matarían por algo como eso—miró hacia la revista.

—¿Y? Ya hemos hablado de esto, Rachel. Ya sabes lo que quiero para mí.

No podía creerlo. Rachel jamás pensó que Quinn Fabray, a pesar del cambio abismal que había dado a su personalidad, fuese capaz de hacer y decir algo así. Quinn, al igual que ella, había luchado toda la vida por ser alguien. Ambas habían deseado triunfar, quizás en diferentes ámbitos, pero siempre había existido esa ambición. Ese deseo de querer llegar a lo más alto, y ahora, en aquel instante, aquella chica que la miraba con la seguridad plasmada en sus ojos y una certeza absoluta grabada en su rostro, estaba dispuesta a tener una vida normal, sin altas pretensiones. Pasando desapercibida del mundo que la rodeaba solo para poder estar a su lado.

—Quinn—susurró—, es una oportunidad única. No, no puedes dejarla pasar.

—¿Tú lo crees de veras?

—Por supuesto—fue sincera. No podía no serlo en aquel instante. A pesar de saber que tenía razón, que salir en la portada de aquella revista la iba a colocar en el punto de mira de mucha gente, y eso, iba a terminar por perjudicarle a ella misma. Pero le daba igual, no le importaba en absoluto hacer ese sacrificio tras ser consciente de lo que Quinn era capaz de hacer por ella—. Además, también me beneficias—trató de sonar con convicción—. Habrá muchos más críticos interesados en ver la obra, y cuando lo hagan, descubrirán el talento que tienes. Todos salimos ganando.

—Eso suena bien—respondía dibujando una leve sonrisa en sus labios.

—Eh, disculpad—interrumpía Mónica al ver como la habían excluido de la conversación mientras se regalaban miradas—, pero sigo aquí ¿Ok?

—Discúlpame Mónica—habló Quinn—, pero quería saber si es buena opción para ella también.

—Quinn, sabes que siempre miro por tu bien, y si te traigo esta oferta es porque sabía que es beneficiosa—explicó—. Si me dices que tienes un poco de miedo porque pueda perjudicaros, pues no te preocupes, solo tenemos que marcar unas sencillas pautas para que todo siga igual.

—¿Pautas?

—Sí, unos sencillos consejos para que no os relacionen como pareja—sonreía divertida—. Como por ejemplo que no os de por besaros en mitad de una rueda de prensa o que no os pillen haciendo el amor en mitad de Central Park.

—¿Qué? —interrumpió Quinn desviando la mirada entre su representante y Rachel, que a su lado mostraba el mismo gesto incrédulo.

—¡Que no os agobiéis! —exclamó rápidamente—¿Qué os pensáis? ¿Qué los fotógrafos van a estar metidos en vuestras casas? Vamos relajaos, solo tenéis que ser un poco más precavidas. Si salís a cenar pues procurad no ir de la mano, o si vais a algún evento público, pues igual. Que se yo, no es tan complicado como pensáis.

—¿Tan segura estás? Porque te aseguro que Rachel no piensa así—miró a su chica.

—Pues es hora de que cambie el chip—se dirigió a ella—. Mirad, es cierto que hay paparazis persiguiendo a famosos. ¿Qué le vamos a hacer?, es su trabajo. Pero también os aseguro que el 70 u 80 % de esos paparazis que aparecen así sin más, son llamados por los propios famosos o sus representantes. ¿Ya sabéis? Para darse publicidad y seguir estando en la cumbre. Así que dejad de ver cosas donde no las hay y preocuparos más por trabajar y porque todo salga bien. Es ahí donde se demuestra lo que quieres ser, si una actriz importante o alguien que se alimenta de los rumores que crea—hizo una pausa—. Y que yo sepa, trabajo contigo porque quieres ser una buena actriz ¿No es cierto?

—Así es—balbuceó Quinn, que no podía sentirse abrumada por las palabras de Mónica.

—Pues eso es lo que importa. Tú a trabajar y a demostrar tu talento, del resto me encargo yo—le guiñó un ojo—. Y de Rachel, pues evidentemente su representante lo hará ¿No es cierto?

Tragó saliva.

Y lo hizo porque sentía como su garganta se secaba y le costaba incluso respirar. Eran tan distintas las palabras de aquella mujer de las de su propio representante, que se sentía avergonzada ante Quinn. Se había esmerado tanto en convencerla que la absoluta privacidad era tan importante para ella, que incluso llegó a sentir como aquel sermón de Mónica la dejaba completamente en ridículo delante de su chica. Por suerte, o al menos eso creía, aquella mujer no conocía su verdadera historia con Kevin, ni sus métodos para protegerla del mundo.

—Claro—respondía con apenas un hilo de voz sin apenas convicción—. Él sabe cómo hacerlo.

—¿Entonces? —interrumpía Quinn volviendo a mirar la revista—¿Lo hago?

—No tienes ni que pensarlo—respondía Rachel levantándose del sillón—Si no lo haces, no te subiré el sueldo nunca—trató de bromear.

—Rachel vuelve a tener razón—añadió Mónica.

—Ok, pues lo haré—miró de nuevo a la morena—¿Te vas?

—Sí, te recuerdo que solo vine a traerte el móvil antes de irme al teatro, y ya llego tarde—se excusó.

—Ok, te acompaño—se levantó junto a ella.

—Mónica, ha sido un placer volverte a ver. Gracias por ser tan comprensible y, bueno—tragó saliva—disculpa por la forma de presentarme—se ruborizó.

—El placer ha sido mío—se levantó para estrechar la mano de la morena—. Y tranquila, si supieras la de cosas que he visto en mi vida—sonreía divertida—. Realmente me alegro de ver a Quinn así, contigo. Hacía tiempo que no le veía ese brillo en los ojos.

—Deja de decir tonterías—interrumpió Quinn sintiendo como era ella quien se ruborizaba en ese instante—. Vamos te acompaño.

—No son tonterías—volvía a hablar—. Es totalmente cierto—miró de nuevo a Rachel—. Tú no lo ves porque también tienes la misma cara de idiota enamorada que ella.

—¡Basta! —exclamó provocando la sonrisa en Rachel—. Si sigues diciendo esas cosas, voy a dejar libre a Superman y haré que se encargue de ti ¿Entendido?

—Ok, ok—respondía la mujer—. Mejor me voy a la cocina a ver que tienes por ahí para comer, no quiero que la rata esa me ataque—se excusó—. Cuídate Rachel—volvía a despedirse, esta vez regalándole un divertido guiño de ojos que la morena aceptó entre sonrisas.

—Nos volveremos a ver—se despedía también ella al tiempo que ya recorría la estancia hasta la puerta, con Quinn siguiendo sus pasos y lanzando miradas amenazadoras a su representante.

—Lo siento—susurró al llegar la salida—. Le gusta decirme esas cosas para reírse de mí.

—Ha sido divertido, ojalá Kevin fuese así—respondía con media sonrisa.

—Bueno, supongo que tendrá otras virtudes—trató de no darle importancia—¿Te veo en el teatro?

—Claro, no me pierdo el ensayo de hoy por nada del mundo.

—Ok, pues allí te veo.

—Perfecto ¡Ah! y lo de la revista, ni te lo pienses ¿Ok? Es genial.

—Está bien—respondía acercándose, provocando que la conversación solo quedase entre ellas dos, lejos de los oídos de su representante que ya se esmeraba en sacar algo de la nevera—. Por ti, lo que sea.

—Por mí y por ti—respondía—. Solo pido que, por favor, no salgas desnuda—bromeó.

—Tranquila, eso lo dejo para nosotras dos, nadie más—respondía mordiéndose el labio.

—¿Queda muy mal si te beso para despedirme?

—Quedaría mal si no lo hicieras—se acercó un poco más, tanto que Rachel apenas tuvo que alzar un poco su cabeza para conseguir encontrar los labios de su chica y regalarle aquel beso—. Te veo luego.

—Cuídate, Rachel—se despedía aun con la sensación que solo aquellos besos que Rachel le daba en sus labios, observando como la morena ya salía del apartamento y se colaba en el ascensor.

Una sensación de calidez y un hormigueo que bajaba desde sus labios hasta sus pulmones, donde una gran bocanada de aire los llenaba para luego dejarlos completamente vacíos con un sonoro suspiro.

Y evidentemente, ese suspiro lo percibía cualquier ser humano que estuviese a su alrededor y que, en ese instante, no era otra sino Mónica.

—¿De verdad que todo te parece tan bien? —fue Quinn quien rompía el silencio que se había creado en el apartamento mientras se acercaba a la cocina.

—Si estás enamorada, sí, todo me parece bien—respondía cambiando el gesto de su rostro—. Pero evidentemente no todo en esta vida es de color de rosa.

—Lo sé—fue consciente de cómo la actitud de su representante comenzaba a cambiar, mostrándose con más seriedad y preocupación.

—Supongo que cuando me preguntaste por Kevin Reich, lo hacías por ella ¿no?

—Así es. Y por lo que me dijiste, es alguien a tener muy en cuenta ¿verdad?

—Pues sí—respondía dando un sorbo de la primera copa de vino que había acertado a servirse ella misma.

—¿Tú crees que tiene razón? —se interesó—. Quiero decir, Rachel está convencida de que su carrera se vendría abajo si su vida privada sale a la luz ¿Crees que es para tanto?

—Depende.

—¿De qué?

—De si me dices toda la verdad o solo la verdad a medias—espetó.

—¿Cómo?

—Una carrera no se destruye porque salgas o entres con alguien, da igual si es una chica o un chico—aclaró—. Eso lo sabemos todos los representantes del mundo. La cuestión está en ¿por qué no quieres que sepan que sales con alguien? ¿Quizás para evitar que se metan en tu vida y hallen algo más? —Quinn no pudo evitar bajar la mirada y sentarse en uno de los taburetes, sabiendo que Mónica intuía que algo más se escondía tras aquella absurda excusa. —Quinn, sabes que yo hago cualquier cosa por ti, que estoy dispuesta a todo por protegerte, y si eso significa que ahora también tengo que proteger a Rachel. No dudes que lo haré, pero tengo que saber de qué la protejo—volvía a beber—. Y no soy estúpida, te conozco y sé que esas dudas por posar para la revista van más allá de lo que has explicado.

Resopló. Quinn había prometido no hablar de Emily, pero Mónica tenía razón. Si ella iba a protegerlas, tenía que saber a qué se enfrentaba.

—¿Es grave? —preguntó Mónica tras ver el gesto preocupado de la rubia—Quinn, puedes confiar en mí.

—Lo sé. Es solo que nunca es fácil romper una promesa—respondía alzando la mirada.

—Será por su bien—trató de hacerla sentir mejor—. No te preocupes Quinn, ella lo va a entender.

—¿Cómo sabes que le voy a decir que te lo he dicho?

—Porque te conozco y sé que eres honesta.

—Oh dios—volvía a bajar la cabeza tras volver a suspirar—Ok, lo que realmente preocupa a Rachel es que conozca a Emily.

—¿Emily? —cuestionó—¿Quién es Emily?

—Su hija—espetó rápidamente, provocando la sorpresa en Mónica.

—¿Su hija?

—Así es, tiene dos años y medio—aclaró—. Ella fue el motivo por el cual decidió apartarse de los escenarios durante un tiempo.

—Ok, creo que necesito otra copa de vino—miró la botella.

—Mónica, esto es serio. Rachel está convencida de que si en Broadway se enteran de que es madre de una niña de dos años, nadie la va a contratar para actuar. Y el tiempo pasa rápido. Ella tiene 29 años y hay muchas chicas jóvenes que vienen con fuerza. No quiere perder el tren de hacerse importante aquí—explicó—. Por eso, por eso guarda con tanto recelo su vida.

—Y tiene razón—espetó sorprendiendo a Quinn.

—¿La tiene? —preguntó incrédula.

—Quinn, este mundo no es como hacer cine o televisión—comenzó a explicar—. Aquí están muy pendientes de que la vida de las actrices sea lo más clara y responsable posible, aunque te aseguro que nadie aquí es así, pero es lo que aparentan y es lo que vale—hizo una pausa—. Si Rachel considera que mantener a su hija alejada de su vida profesional es lo correcto, supongo que lo hace porque sabe que hay directores que no contarían con ella si saben que puede fallarle en las funciones, y evidentemente, una hija de dos años es una razón por la que puedes dejar a un lado tu trabajo.

—Eso mismo me dijo ella—balbuceó.

—Pues entonces estoy en lo cierto—añadió—. Entiendo que no quiera que nadie sepa de ella si quiere seguir estando disponible para todos los directores de esta ciudad.

—Dios—se lamentó—. Te juro que yo pensaba que estaba exagerando, que su representante le había llenado la cabeza de cosas que no eran ciertas. Pero veo que es verdad, que tenía razón.

—Hey, hey—interrumpía—. He dicho que sí es cierto que aquí, en Broadway, te miran con lupa para contratarte, pero eso no significa que tengas que vivir tu vida en una burbuja.

—¿Ah no? ¿Y cómo lo haces entonces?

—Quinn, aquí cuestionaran a las actrices normales, pero no cuestionan a las grandes, a las que realmente tienen talento, y Rachel ha demostrado con creces que puede llegar a ser una de las mejores—aclaró—. No todo el mundo tiene una nominación al Tony en su primera obra como protagonista, y no todo el mundo es capaz de representar a Evita y tener criticas excepcionales.

—¿Y qué me quieres decir con eso? ¿Qué a Rachel no le va a perjudicar en su carrera ser madre?

—Te quiero decir que Rachel tiene suficiente talento como para provocar que los directores la elijan sin mirar su vida. Además, es una chica responsable. Está produciendo un musical que va a triunfar—sonreía—. Tiene el estrellato en la palma de su mano. Solo tiene que seguir demostrando su talento y olvidarse de provocar curiosidad, porque siendo tan hermética solo consigues lo contrario, que todo el mundo sienta interés por tu vida y…

—Crea rumores que no le benefician—interrumpía.

—Exacto. Rachel lo que necesita es olvidarse de los demás y centrarse en su trabajo.

—¿Y cómo consigo que lo vea de esa forma? —preguntó con la ilusión desbordando su mirada.

—Bueno, primero debería saber más cosas sobre ella para poder buscar las mejores opciones.

—Te cuento todo lo que necesites—espetó rápidamente.

—Ok, pero que te parece si primero te arreglas un poco y nos vamos a comer a algún sitio. He visto tu nevera y da pena.

—Eso está hecho—respondía bajándose del taburete—. Te llevo a comer al mejor restaurante de todo Broadway si hace falta con tal de que me ayudes con Rachel.

—Mmm, veo que es cierto—espetó observando como Quinn ya caminaba hacia las escaleras, dispuesta a subir hacia el altillo y elegir algo de ropa más adecuada para salir.

—¿Qué es cierto?

—Que realmente estás enamorada—respondía lanzándole una divertida mirada, acompañada de una sonrisa.

Quinn se detuvo en mitad de las escaleras y no pudo evitar sonreír de la misma forma—Lo estás Mónica—respondía sin miedos—. Estás en lo cierto.