Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—¡Seguidme! Es hora de machacar a una panda de extras. —dijo Bakugo entrando el primero y mostrando sus dientes con arrogancia. Sasuke y Sakura le siguieron con paso firme.
Media hora después del comienzo del examen, el equipo 7 oyeron un grito. Los tres detuvieron la marcha al oírlo.
—Eso parecen gritos de alguien. —comentó Sakura, con preocupación. —Estoy empezando a ponerme un poquito nerviosa.—
—Pues yo estoy muy ansioso. Ese grito eguramente signifique que les han atacado y otro equipo les ha arrebatado el rollo. No quiero perder contra nadie. Y si puedo batir el record de velocidad de esta estúpida prueba mejor. Pero no consigo ver a nadie en este estúpido bosque de mierda. —dijo Bakugo, molesto.
—Bakugo, Sakura. Tenemos que idear una contraseña en caso de que nos separemos para distinguir si un rival se hace pasar por nosotros.—dijo Sasuke, pensando en que tipo de código usar.
—¿Eh?—dijo Bakugo, con una vena en la frente. —¡Deja de pensar en en esa clase de mierdas y piensa en la manera de averiguar la posición del resto de extras!—
—Tenemos que asegurarnos de que somos nosotros de que somos nosotros y no algún impostor con la técnica de transformación, Bakugo. —razonó Sasuke.
—Bah, lo que sea. Di tu mierda de contraseña de una vez para poder continuar con nuestro camino. —dijo Bakugo
—La contraseña solo la podemos saber nosotros tres. Y no nos fiaremos de nadie que no la sepa. Pase lo que pase. Escuchad atentamente porque solo lo diré una vez.—dijo Sasuke
—No me gusta el tonito que estás usando, bastardo. —dijo Bakugo, cabreado.
—¡Cállate de una vez, Bakugo! ¡Deja a Sasuke que termine de hablar!—le recriminó Sakura.
—La pregunta será: '¿Cuándo ataca un ninja?' Y la respuesta será: 'Un ninja espera hasta el momento apropiado, cuando el enemigo se duerme y baja la guardia, cuando sus armas se olvidan en la calma de la noche. Es entonces cuando ataca un ninja.'—explicó Sasuke
—Entendido. —dijo Sakura, con confianza.
—¿Se te ha quedado, Bakugo?¿Quieres que te lo repita—preguntó Sasuke.
—¿Por qué clase de retrasado me tomas? Por supuesto que se me ha quedado, jodido bastardo. —contestó Bakugo, indignado por infravalorarle.
—¡No le hables así ...!—Sakura detuvo su reprimenda al sentir un viento huracanado.
Los tres se taparon como pudieron para aguantar la posición, pero el viento era muy fuerte y cada uno de ellos salió volando por los aires.
Sasuke se refugió debajo de un arbusto. Cuando el viento dejó de soplar, salió de el arbusto Vio como Sakura se acercaba a él.
—Sasuke-lun, ¿qué ha sido eso?—preguntó Sakura, alarmada.
—¿Sakura?—Sasuke instantáneamente cogió un kunai y se puso en guardia. —Quédate ahí y respóndeme a la pregunta: ¿Cuando ataca un ninja?—
—Sí, voy. Un ninja espera hasta el momento apropiado, cuando el enemigo se duerme y baja la guardia, cuando sus armas se olvidan en la calma de la noche. Es entonces cuando ataca un ninja.—recitó de memoria Sakura.
—Bien. —dijo Sasuke, comprobando que se trataba de la verdadera Sakura.
Bakugo apareció con la ropa llena de polvo.
—¡Qué daño! —se quejó Bakugo, mirándose el codo. —¿Estáis bien, chicos?—
—No te acerques más. —ordenó Sasuke. —¿Cuando ataca un ninja?—
—Claro, sin problema. —dijo Bakugo con una sonrisa. —Un ninja espera hasta el momento apropiado, cuando el enemigo se duerme y baja la guardia, cuando sus armas se olvidan en la calma de la noche. Es entonces cuando ataca un ninja.—
—Ufff. —resopló Sakura.
—Je. —sonrió Sasuke.
Sin perder tiempo, Sasuke le lanzó un kunai directo a la cara del rubio ceniza, éste lo esquivó por los pelos tirándose al suelo.
—¿Por qué has hecho eso?—preguntó desde el suelo Bakugo. —¡Podrías haberme matado!—
—¿Eh? ¿Qué tiene de malo? —preguntó sin comprender Sakura. —Acaba de decir la contraseña bien.—
—Es cierto que la ha dicho bien, como lo hubiera hecho el verdadero Bakugo. Pero ... Piénsalo, Sakura. Los gestos de Bakugo son parecidos a los de un viejo gruñón. Este impostor está demasiado alegre. Además, el verdadero Bakugo es incapaz de decir dos frases juntas sin insultar a alguien o a algo. —argumentó Sasuke.
—Ahora que lo dices ...—dijo Sakura, entendiendo el punto de vista de Sasuke.
—Y Bakugo no esquiva así los ataques. —razonó Sasuke.—Descúbrete quien quiera que seas. Se acabó la fiesta.—
El Bakugo impostor sonrió ante el razonamiento de Sasuke y se lamió los labios con su larga lengua.
Mientras tanto, a unos cien metros de allí se encontraba el verdadero Bakugo. Estaba tan lejos porque tuvo que salir corriendo para no morir por aplastamiento de un gigantesco árbol que cayó por el viento.
—Puto árbol y puto viento de mierda. Al final el bastardo de Sasuke tenía razón en lo de la puta contraseña de las narices. Un ninja espera hasta el momento apropiado, cuando el enemigo se duerme y baja la guardia, cuando sus armas se olvidan en la calma de la noche. Es entonces cuando ataca un ninja. ¿A qué clase de anormal se le ocurre esa jodida contraseña? Como me diga 'Ya te lo advertí' le corto las pelotas.—dijo Bakugo por lo bajo.
Antes de que pudiera reunirse con sus compañeros, una gigantesca serpiente se puso
—¡Y ahora una puta serpiente enorme viene a tocarme los huevos! —gritó Bakugo a la bestia. Se sacó la Kubikiribōchō —¡Ey tú! ¡Serpiente de mierda! ¡Cómo te acerques te parto por la mitad con la cosa horrenda ésta! —le amenazó, apuntando con la punta de la espada a la cabeza del monstruo.
La gran serpiente, obviamente, no hizo caso de sus amenazas y reptó hacia él. Estiró su cabeza y trató de engullirlo. Bakugo lo esquivó sin esfuerzo dando un ágil salto a la derecha. Antes de que la serpiente hiciera otro movimiento, el rubio ceniza saltó de nuevo y rebanó la cabeza del monstruo con su Kubikiribōchō.
—Al fin esta estúpida y fea espada me sirve para algo.—dijo Bakugo mientras la limpiaba de la sangre de la serpiente con un trapito de su porta-kunais. —Y ahora a buscar a los inútiles compañeros que tengo. —
Nada más dar un paso hacia donde estaban sus compañeros, Bakugo oyó una especie de silbido que se dirigía a toda velocidad hacia él. El rubio ceniza se paró en seco y movió la cabeza para esquivar el objeto que producía tal silbido. Bakugo lo esquivó por poco y pudo darse cuenta que el objeto se trataba de un kunai que impactó en un árbol.
—¡Bastardos! ¡Dad la cara, cobardes!—gritó Bakugo en la dirección de donde provino el lanzamiento de kunai.
Tres genins de la villa oculta de la niebla salieron del escondite de donde se escondían. El trío de enemigos de la niebla vestían completamente igual. Los tres portaban una especie de pijama amarillo, unas vendas que ocultaban su rostro y algo parecido a un respirador para buceo para cubrir sus bocas. Por lo único que se les podía diferenciar era por sus cabellos. Uno de ellos lo tenía tapado por el protector de la cinta, otro lo tenía castaño y puntiagudo y el último de ellos lo tenía algo más liso.
—Kagari, Mubi. Ese es el mocoso impertinente que nos llamó examen antes de hacer el examen escrito. —dijo el genin de pelo puntiagudo a sus compañeros.
—Se te olvida que también de que nos llamó tipejos insignificantes, Oboro. —replicó Kagari.
—Y también que espera que no se lo pongamos fácil. —dijo Mubi, entrecerrando los ojos. —No sé si eres tú el que tienes el rollo o no. Pero me da igual, vas a aprender por las malas que las palabras que se dicen tienen consecuencias.—
—¿Eso se supone que es una amenaza, extra?—preguntó Bakugo haciendo una mueca de burla. —Porque aquí lo único que se siente amenazado es el gusto por vestir bien. Podríais competir con el cejotas y su maestro para ver quien viste peor. —
—¿Es que no ves en la posición en la que estás, mocoso? Estás en inferioridad numérica y aún así sigues siendo tan bocazas. —dijo Kagari.
—En mi tierra hay un dicho que se aplica para esta situación. —dijo Bakugo apuntando con la punta de su espada a Kagari. —Tres contra uno ...—dijo mientras cambiaba la orientación de la punta de la espada para apuntar a los otros dos.—... mierda para cada uno.—
—Je. Que creído te lo tienes, rubito. —comentó Kagari con sarcasmo. —¿Y ese dicho que dices también se aplica si somos 60?—
—¿Eh?—dijo Bakugo sin comprender.
—¡Ninpo! ¡Oboro bunshin no jutsu! (técnica oculta: multiplicación difuminada)—gritaron los tres genins de la niebla, juntando las palmas de las manos.—
Una gran pantalla de humo apareció de la nada. Cuando el humo se despejó, había 20 Kagaris, 20 Mubis y 20 Oboros.
