La historia es una adaptación del libro de Tijan y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Treinta y tres

—¿Cómo estuvo tu sesión ayer?

Salté, y mi mano golpeó el casillero mientras me volteaba, pero no debería haber estado sorprendida.

Jasper y yo habíamos hablado un poco anoche por teléfono, y sabía que me buscaría hoy. Esto era lo nuevo-normal. Las cosas estaban regresando a un horario más regular en casa, lo que significaba que mi madre se quedaba en casa dos veces por semana. Reservó el derecho de llevarme a la escuela esas mañanas, y esta era una de ellas.

Maldiciendo, agité mi mano.

—Mierda. —Jasper tocó mi brazo y se inclinó hacia adelante para inspeccionar mis dedos—. No quise asustarte.

Intenté sonreír, pero se sintió como una mueca de payaso perverso. Mis dedos realmente duelen.

—Oh. No hay problema. Fue mi culpa. Estaba distraída.

Pasó su pulgar sobre mis nudillos.

—Atascaste dos de tus dedos. Puedo reajustarlos, si quieres. Esto sucede todo el tiempo con el baloncesto.

Oh Dios.

Mis rodillas querían derrumbarse porque dolía mucho. Moví mi cabeza en un asentimiento, apretando mi otra mano contra su hombro.

—Está bien. Hazlo.

—¿Sí?

—S…

Jaló, y yo grité.

—¡AH! —Me desplomé esta vez. Agarrando su brazo, me sostuve.

Las personas nos estaban observando, y estaba siendo un poco exagerada, pero estaba feliz. Podría ser dramática sobre esto. Este dolor desaparecería.

—¿Estás bien? —Pasó su dedo sobre el mío y murmuró—: ¿Todo está mejor ahora?

Me puse tensa, esperando el dolor, pero nada llegó. Moví mis dedos, doblándolos y retorciéndolos.

—No. Está arreglado. Gracias.

Una sonrisa arrogante se apoderó de él.

—Encontré mi vocación. Voy a ser doctor. Me gusta arreglar chicas y hacer que se desmayen sobre mí.

Golpeé su hombro con mi otra mano.

—Tan gracioso.

Se rio entre dientes, sus ojos oscureciéndose.

Me enderecé, respondiendo ante él. Esa necesidad palpitante comenzó a construirse, y me incliné hacia él.

—Oye.

Emmett, Edward y Peter caminaban hacia nosotros.

Emmett levantó su puño, y Jasper lo encontró con el suyo, girándose para descansar contra el casillero detrás de mí. Su mano se movió a mi cintura mientras le asentía a los demás.

—¿Qué pasa?

—Vamos a hacer una fiesta después de tu primer juego, ¿verdad? —Emmett era el portavoz. Le echó un vistazo a Peter y Edward, quienes asintieron.

La mano de Jasper se tensó en mi cadera, pero su tono permaneció relajado.

—Sí, claro, ¿En tu casa?

—Puedo hacerlo. Eso no es problema. —Emmett me miró—. ¿Irás, Isabella?

Miré a Jasper antes de hablar.

—Creo que sí.

—Tengo que preguntar porque últimamente te has convertido en una buena alumna. Sin saltar clases. Sin beber. No has asistido a nuestras fiestas, y no hemos tenido que interrumpirte a ti y a Romeo durante ninguna demostración pública de afecto. ¿Qué pasó?

Había empezado a sanar.

—Las cosas mejoraron en casa.

Las cosas no estaban al cien por ciento. Eso no sucedería. Pero definitivamente estaban por encima de la marca del cincuenta por ciento. Un día, asumí que tendría que abrirme mi propio camino más alto. Sería un asco. Había capas en mí que ni siquiera quería compartir, pero tendría que arreglármelas si quería llegar allí.

Me encontraba bien donde estaba por el momento.

Me puse cómoda, moviéndome para recostarme por completo contra Jasper mientras hablaba por encima de mi hombro con sus amigos. Su mano sobre mi cintura se movió detrás de mí, y sentí que se deslizaba debajo de mi camisa, frotando hacia arriba y hacia abajo.

Se sentía bien, tranquilizador.

Permanecimos así hasta que sonó la campana de advertencia y todos se dispersaron. Era lindo tener solo a los muchachos en mi casillero. Eso ya no era algo normal, casi siempre había chicas alrededor. Si era Emmett el que estaba con nosotros, veces Alice vendría. Emmett le pasaría un brazo por el hombro y hablaría con Jasper mientras coqueteaba con ella. A veces, Lauren se acercaba, y si venía, sus amigos la seguían. Las cosas seguían siendo tensas entre nosotras, pero últimamente me había estado dando una sonrisa rígida o un hola, y algunas veces lo devolvía. Ella no merecía mi amabilidad, en mi opinión, y pasaría un largo día en el infierno antes de que ella y yo nos convirtamos en algo más que civilizadas entre nosotras.

Después de que terminara el séptimo período, Jasper me alcanzó en mi casillero.

—¿Te vas a quedar durante la práctica?

Cambié mis libros, poniendo los que necesitaba para la tarea en mi maleta.

—Sí. Mamá y papá irán a una sesión de terapia esta noche.

—¿Entonces podemos pasar el rato más tarde? —Se movió mientras cerraba mi casillero, acercándose tanto que casi estaba recostada contra él. Lo sentía a través de mis jeans. Ya estaba duro, y sabía qué otra cosa estaba pidiendo.

Sintiendo mi cuerpo caliente, le sonreí.

—Oh sí.

—¿Sí? —Sus ojos eran burlones, un brillo en ellos. Me acercó mucho, mucho más hasta que cada centímetro de mi cuerpo estaba pegado a cada centímetro del suyo.

Podía sentir su aliento contra mí y murmuré:

—Diablos, sí.

Lo sentí sonreír antes de que me besara.

Un fuerte golpe sonó justo al lado de nosotros, y la cabeza de Jasper se levantó de un tirón. Sus manos se apretaron en mi cintura mientras gruñía:

—¿Qué mierda, hombre?

El chico nos sonrió mientras rebotaba una pelota de baloncesto. La arrojó al casillero del otro lado, avanzando por el pasillo.

—Quiero asegurarme de que vengas a practicar —le gritó por encima del hombro.

—Ahora quizás no.

El chico atrapó su pelota de baloncesto y se detuvo en seco.

—¿En serio, hombre? —Sus dedos tamborileaban sobre la pelota.

No sabía quién era el chico, pero no era difícil adivinar que era un estudiante de último año. Ningún estudiante de primer año le habría hablado a Jasper así.

—Iré cuando quiera. —Jasper se apartó de mi casillero, de pie delante de mí. Sus hombros estaban rígidos, y mantenía un fuerte agarre sobre mi mano.

Emmett y Edward se materializaron detrás de nosotros, moviéndose para flanquear a Jasper.

Emmett metió las manos en sus bolsillos.

—¿Cuál es el problema, Volturi?

—Mi problema es Whitlock. Está más interesado en tener sexo que en ir a practicar.

Un gruñido bajo vino de Jasper, y comenzó a avanzar.

Edward sostuvo su mano en alto, deteniendo a Jasper, pero le estaba hablando a Volturi.

—Es posible que desees cuidar tus palabras. Jasper no ha faltado a ninguna práctica esta semana, y ya es el capitán. Sabes que él tiene influencia sobre quién es elegido.

—El equipo designa al cocapitán.

La sonrisa de Edward se amplió, y su cabeza se inclinó hacia un lado.

—Pero Jasper tiene la última palabra. Si no le gustas, no te va a elegir.

La postura de Volturi se hizo menos intimidante. Bajó la cabeza y metió una de sus manos en el bolsillo.

—¿Hablas en serio?

Jasper liberó mi mano. Pasó junto a sus dos amigos, moviéndose a propósito. Se acercó a Volturi y lo empujó contra el casillero.

—Me importa una mierda si soy el capitán o no. Vuelves a acercarte a mí de esa manera otra vez, y sacaré tu trasero del equipo.

Emmett y Edward avanzaron, parados detrás de Jasper.

Volturi tragó saliva, su nuez de Adán se balanceaba arriba y abajo, y movió la cabeza con el mismo movimiento.

—Sí, hombre. Me disculpo. —Levantó su puño, pero Jasper lo ignoró.

Encontrando mis ojos, Jasper le habló a Volturi:

—Hazlo de nuevo, y tendremos más que unas malditas palabras. ¿Entiendes?

La mirada de Volturi saltó a la mía, y tragó de nuevo. No dijo nada más, solo se giró y desapareció por el pasillo. No rebotó la pelota de baloncesto contra más casilleros.

—Bueno, eso fue divertido —dijo Emmett mientras Jasper regresaba.

Jasper todavía estaba sosteniendo mi mirada. Yo tenía oscuridad en mí, pero él también la tenía. Hubo algunos atisbos en los últimos meses, pero esta fue la primera vez que realmente lo había experimentado. Era una ventana hacia cómo había sido él antes de que yo apareciera.

Un escalofrío me recorrió la espalda mientras Jasper se inclinaba para besarme.

—¿Te veré luego? —dijo en voz baja.

Asentí, sintiendo todo tipo de agitación en mi pecho.

Dio un paso atrás y le dio una palmada en el hombro a Edward.

—Vamos. Volturi va a tener una práctica dura hoy.

La sonrisa de Edward era casi malvada.

—Diablos, sí la tendrá.

Se fueron, pero Emmett se quedó atrás.

—¿El baloncesto no es lo tuyo? —le pregunté.

Se rio, negando.

—Los deportes en general no son lo mío. Me encanta mirar, apostar en el juego, coquetear con chicas en las gradas, pero eso es todo. ¿Tú?

¿Yo?

Vamos, superestrella del fútbol.

Oí que Irina me llamaba así de nuevo y me encontré diciendo:

—Fútbol, en realidad.

—¿En serio? Es un deporte de primavera aquí para nosotros. ¿Vas a jugar?

Me escuché decir:

—Sí. Creo que lo haré.

No estaba segura de quién estaba más sorprendido, él o yo. Por otra parte, no había pensado en deportes desde el 28 de junio.