La última carta

-Escuela… es-cue-la- repetí lentamente ante Azhar –niños… ni-ños-

-Ni-ños- repitió ella con atención, sus ojitos brillantes y llenos de curiosidad mirándome. Abbas y Azhar estaban aprendiendo inglés. Era muy poco lo que podíamos hacer en el refugio de ACNUR con respecto a su educación, aparentemente en la comunidad pequeña donde vivían solo se habían dedicado a ser explotados trabajando en el campo, la educación dejada de lado, como muchas necesidades básicas en muchas familias. Entre los voluntarios no había maestras especializadas, pero si psicólogos y ellos nos habían recomendado a Edward y a mí, que fuéramos nosotros quienes los alfabetizáramos, ellos confiaban en nosotros y sería un desequilibrio tremendo tener que dejar entrar a otra persona en la que no confiaban. Había pasado una semana desde que ellos habían conocido a Edward y era increíble cómo el vínculo con él se afianzó tan fuertemente. Éramos una familia, en el corazón y ante los ojos de los demás en el refugio, aunque aún faltaba lo más importante, legalmente eran ciudadanos de Libia y en eso mis padres nos estaban ayudando. Desde Estados Unidos y con ayuda de Alice estábamos recurriendo a todo cuanto podíamos acudir para poder sacarlos de Túnez y volver a Estados Unidos, no como refugiados, sino como niños adoptados. Nuestra intención no era que se olvidaran de sus raíces o borrar lo que tenían incorporado de su cultura, sino mantenerlos seguros en un sitio menos hostil. No iba a dejar este lugar sin ellos y Edward estaba de acuerdo con mi idea.

-¿Ed-ward?- preguntó Abbas mirando al rededor. Miré sobre su hombro en el hangar donde otros voluntarios y refugiados pululaban, Edward había estado hablando con conexiones que tenía dentro del escuadrón en el que había servido, quería investigar el pasado de los niños y eso significaba corroborar su situación familiar en Libia. Hasta ahora solo sabíamos que sus padres habían muerto, tenían tíos en Tikrit pero no sabíamos que había sucedido con ellos y si, en caso de que existiera, quisieran tener algo que ver con los niños, en mi interior esperaba que no… egoístamente los quería para mí aunque quizá erróneamente pensaba que mi amor y el de Edward serían suficiente para que ellos pudieran ser niños felices.

-Debe estar con su superior cariño… venían hoy desde la base en Libia- murmuré antes de mirarlo y darme cuenta que no me había entendido ni una palabra. Cielos… -Ocupado… o-cu-pa-do- murmuré pacientemente, intentando hacerme entender. Nos costaba pero estábamos encaminados. Edward con su rudimentario árabe y ellos con su precario inglés.

-¡Bella!- alcé la mirada de nuestro cuaderno hacia una Alice que venía a lo lejos corriendo desde las oficinas del hangar, con papeles en la mano agitándolos al aire. Me paré mirándola a ella y volteando a buscar a Edward alrededor. Di con su mirada, estaba en la entrada hablando con unos uniformados, frunció el entrecejo cuando vio a Alice gritar mi nombre y se despidió de los hombres para venir rápidamente hacia mí.

-Bella… tienes que ver esto- Alice me entregó los papeles que sostenía en la mano –no tienen familia- dijo por lo bajo- respiré mirándola sorprendida, sus ojos brillaban y una sonrisa esperanzada se alzaba en sus labios –siento decirlo pero… sus tíos murieron en los ataques en Tikrit… están solos-

Oh por Dios…

Un sollozo salió de entre mis labios y mis ojos se llenaron de lágrimas, -Cielos Alice, ¿está comprobado?- mi mano que sostenía los papeles que lo corroboraban temblaba del nerviosismo. Si esta noticia era cierta…

-Si… sus cuerpos fueron identificados por nuestra gente. La identidad es la correcta- asintió acariciando mi hombro.

Alcé la mirada buscando a Edward, cuando di con su mirada él se detuvo en seco. Amplió sus ojos y rápidamente miró a los niños, él sabía que las noticias estaba relacionado con ellos… ¿cómo no hacerlo? Si era lo único que tenía nuestros nervios de punta día tras día.

Comenzó a caminar fijando su mirada estoica y controlada en mis ojos hasta que llegó a mi lado y tomó mi cintura con uno de sus firmes brazos.

-Sus tíos, única familia que tenían, están muertos- dije en voz baja entregándole los papeles del informante. Él parpadeo tragando saliva y asintió mirando a Alice.

-¿Cuáles son los pasos a seguir?- murmuró con voz entrecortada. Sabía lo que esto significaba para él, que había perdido a sus padres al mismo tiempo y que tuvo que depender de sí mismo desde joven. Adoptar a estos niños era corregir lo que la vida había hecho con él, no iba a permitir que estos gemelos vivieran la soledad y dolor que él había experimentado y esa muestra de generosidad me hacía amarlo aún más. Y yo no estaba asustada, al contrario, estaba totalmente excitada, los últimos días con Edward y los niños habían sido los más felices de mi vida. La expectativa de tenerlos de por vida a mi lado estaba derritiendo mi corazón.

-Los ayudaré a hacer una petición al Consulado, no pueden rechazar el pedido de adopción. El país está en una crisis profunda y para ellos sacarse de encima, aunque suene mal, un par de huérfanos solo será un alivio para sus bolsillos y un ahorro de recursos- Alice respiró profundo –nos vendría bien un contacto dentro del Consulado para acelerar los trámites, pero es cuestión de tiempo-

-Déjamelo a mí- dijo Edward apretando mi cintura, lo miré y sonrió acercándose a mi rostro –esos hombres con los que hablaba son el Teniente coronel Denalli y el comandante de operaciones de mi escuadrón. Ellos ayudarán-

Asentí antes de mirar a mis niños sobre la mesa detrás de mí, Abbas estaba garabateando letras en su cuaderno y Azhar intentaba leerlas. Todo iba a salir bien, tenía fe de ello y tenía fe en Edward. En el fondo de mi corazón sabía que nuestros días en el refugio estaban llegando a su fin. O al menos el final del dolor y del desamparo… luego venía el tiempo para curar.

Esa tarde estábamos ayudando a Alice en la cocina, haciendo galletas de avena y manzana, éramos muchos en el refugio, por lo que ya íbamos por la cuarta tanda. Reí cuando Abbas mordió una galleta que aún estaba caliente y comenzó a dar saltitos abanicándose la lengua. Azhar rio conmigo señalándolo con un dedo.

-Agua! Abbas… a-gua- le dije entre risas sirviéndole un vaso de agua fría.

-Ma´an Abbas… ma´an- replicó Azhar en árabe.

-¡Espera que se enfríe niño!- murmuró Alice sonriendo mientras colocaba montoncitos de mezcla sobre una placa.

-¿Bella?- Edward estaba parado en la entrada de la cocina con una sonrisa en el rostro, me detuve en seco… no estaba vestido de militar… era la primera vez que lo veía vestido de civil. Llevaba puesto un jean azul claro, unas botas estilo militar, una remara gris y una camisa a cuadros abierta. Debía haberme quedado mirándolo embobada porque cuando llegué a sus ojos simplemente sonrió y alzó la mano para que la tomara.

-Necesito mostrarte algo amor- murmuró instándome a tomarla. Sonreí y miré a Alice y a los niños,

-Ve nena, con los chicos terminaremos la última tanda- Alice guiñó un ojo sonriendo. Los niños la miraron y rieron en complicidad.

Me lavé las manos que tenían un poco de mantequilla y me saqué el delantal de cocinero de la cintura. Sonreí a Edward y tomé su mano para dejarme llevar.

No sabía dónde ibamos, no sabía con qué intenciones, pero confiaba ciegamente en él y eso simplemente era suficiente para seguirlo a cualquier lugar donde él fuera. Mi corazón era tan suyo que en ese mismo instante había decidido que estaría donde él estuviera, Estados Unidos, Turquía, Túnez o la misma y devastada Libia, no importaba… Edward era mi hogar. Él y esos niños serían mi familia y mi refugio.

-¿No preguntarás a dónde vamos amor mío?- Edward me miró al salir del hangar hacia la suave brisa de ese día soleado. Alce un hombro mirándolo,

-He descubierto que puedes ir a cualquier campo de batalla que sin duda y sin preguntar te seguiría- sonreí con cierta timidez.

-Cielo, te amo- él se acercó y rodeó mi cintura con ambos brazos y besó mi cuello –entonces y con esas palabras hiciste magia en mí, estoy un poco menos nervioso- besó mi cabello nuevamente.

Reí -¿Por qué estarías nervioso mi amor?- acaricié su cabello mientras seguíamos dirigiéndonos a donde sea que él nos llevara.

-Ya verás- murmuró.

Llegamos a la playa, a la zona donde unas grandes rocas y peñascos hacían que las olas del Mediterráneo rompieran con intensidad. La suave brisa hacía que el oleaje no fuera tan fuerte y que no golpearan tanto en las rocas, así que el día sin duda hacía que ese lugar pareciera un paisaje soñado.

-Ven cariño- él me llevó a los pies de un peñasco donde casualmente esperaba una canasta de mimbre sobre una manta desplegada en la arena. ¿Él había armado esto? Sonreí entusiasmada, tendríamos un picnic en el mejor lugar, el refugio estaba al menos a 300 metros.

-Cariño, hubiésemos traído a los niños- me lamenté mientras él me invitaba a sentarme de piernas cruzadas sobre la manta.

-Lo haremos todos juntos como familia algún día amor, pero hoy te quería exclusivamente para mí- comenzó a sacar algunas cosas de la canasta- unos jugos empaquetados que se conseguían en la ciudad, unos chocolates de almendras, no podía creer… chocolate!, luego sacó unas porciones de tarta de fresas y unas bolitas que parecían de chocolate y maní.

-Trufas- señaló cuando fruncí el ceño al verlas –son deliciosas ya verás-

-Wau, amor… que rico todo ¿A qué se debe?- me acomodé mucho mejor sobre la manta y comencé a picotear la tarta de fresas.

-Solo porque sí cariño, porque quiero que hagamos esto muchas veces más- sonreí ante sus palabras –esta es la primera de muchas, solo nosotros solos, disfrutando una hermosa tarde-

Tomamos nuestros jugos y picoteamos los dulces sobre la manta, hablamos de los niños, de la cantidad de gente que aún llegaba al refugio, de los que eran reubicados, de los enfermos que aún iban a parar a enfermería, de Mc Artie y Withlock. Edward volvió a guardar las sobras en la canasta y nos quedamos sentados sobre la manta, mi cabeza apoyada sobre su hombro mientras mirábamos el mar.

-Tengo algo más mi amor- dijo él sacando de la canasta algo más, tomé una profunda respiración de golpe y sonreí con asombro.

-Las guardaste- susurré mirando los sobres que le había enviado.

-Por supuesto cariño, las llevaba conmigo cerca de mi corazón y cuando estaba en alguna misión dentro de mi mochila, las leía cada noche o en los momentos que tenía libre. Estas amor…- tragó en seco y suspiró profundamente –fueron mi sostén, mi esperanza y mi fortaleza- se acomodó poniéndose frente a mí, lo imité y nos sentamos mirándonos con las piernas cruzadas. Él me miró a los ojos mientras sostenía los sobres con ambas manos –estos Bella, fueron mi empuje para salir ahí y luchar, hacer lo que tenía que hacer con el menos daño posible y volver a ti intacto… fueron mi incentivo para obtener indulgencia- susurró con voz rota –las guardaré como un tesoro que me harán ver luz en los momentos más oscuros de mi vida.

Yo había comenzado a llorar, el dolor en su voz así como la esperanza me hacían sentir débil y sensible, me hacían querer ser la cura de su dolor y su faro de esperanza para siempre, me dije a mí misma en ese momento que lo sería, que iba a acariciar su alma mientras él me lo permitiera solo para darle felicidad y alegría.

-¿Sabes?... mientras tuve que recorrer esos campos de guerra y miseria, siempre me pregunté ¿dónde está el amor?, me enojé muchas veces preguntándomelo porque no podía concebir tanto dolor y desesperanza- negó con la cabeza como si recordara –y ahora sé que el amor que tanto esperaba ver… está aquí- alzó las cartas con una reverencia –aquí, en estas hojas, en tus palabras, en ti…- me miró a los ojos –en nuestros niños, en nuestros amigos, en las personas que amamos pero nos tuvieron que dejar, en tus padres… el amor está ahí- enfatizó –el amor es la recompensa-

Estiró la mano una vez más a la canasta y sacó un sobre, éste no era como el que yo le había enviado, era como los que él me enviaba.

-Esta es mi última carta… ábrela mi amor- me la tendió y me sequé los ojos con mi mano antes de abrirla, dentro había una pequeña hoja y algo más. Saque la hoja, la abrí y leí:

"Querida Bella…

Nuestra historia de amor comenzó cuando te vi acurrucada en esa pared a punto de colapsar, en medio del fuego y la destrucción. No comenzó con la primera carta que me enviaste, pues en mi corazón tu mirada ya había quedado anclada para perdurar y echar raíces. Volver a ti, luego de mi paso por el infierno, fue volver al paraíso… mi paraíso eres tú, por eso mi amor quiero que antes de leer las siguientes líneas saques lo que contiene el sobre."

Oh cielos…

Rápidamente abrí el sobre y volqué sobre la palma de mi mano el contenido, un anillo con un diamante rodeado de pequeños zafiros cayó en mi mano. Abrí los ojos con sorpresa y miré a Edward,

-Lee el resto bebé- sonrió. Bajé la mirada a la carta…

"Deseo con todo mi corazón amor mío… que me digas que sí. ¿Me harías el gran honor de ser mi esposa?"

Tapé mi boca con una mano y la otra con el anillo comenzó a temblar, alcé la mirada y entre sollozos dije Sí. Él sonrió ampliamente mientras tomaba el anillo de mi mano y lo colocaba en mi dedo anular, para después sacar sus Dogtags de su cuello y con delicadeza deslizarlo por mi cabeza y colocarlos en mi cuello,

-Te entrego mi vida mi amor- murmuró antes de tomar mi rostro entre sus manos y besarme.

De fondo, luego de salir de la neblina del beso, se escucharon risas y gritos de felicidad. Me aparté y reí con lo que vi. Abbas y Azahar junto a Alice daban saltitos a varios metros de nosotros mientras Azhar, con mi cámara en mano, tomaba fotos.

-¡Oh por dios!- exclamé alzando los brazos en señal de felicidad, miré a Edward y reímos cuando colapsé sobre él haciendo que rodáramos sobre la arena. Una vez creí que el propósito de mi vida era la fotografía y captar con mi cámara momentos importantes de la historia. Ahora mi propósito había cambiado… y era ser feliz junto a mi familia.


Hola lectoras! Bien, aquí vamos a darle su final a Dónde está el amor. Me encanta este fic porque refleja la lucha de tantas cosas, los soldados en un país extranjero luchando guerras que no son suyas, las victimas de esas guerras, los niños, el amor en medio de todo esto, las manos voluntarias que ayudan, la amistad, etc... Gracias por seguir allí, actualizaré este fic lo más pronto posible. Luego veremos cual seguir además de Exotica. Besos y abrazos