CAP XXIII

Kaito no pudo hacer más que quedarse asombrado ante la confesión de la científica.

"¿Qué estás diciendo?" Preguntó confuso.

Ella suspiró y tiró el algodón a la basura para coger uno nuevo y acabar de curarle. "Estamos en situaciones muy diferentes Kaito…" Empezó a hablar sin saber por dónde empezar.

A él se le empezó a acelerar el corazón. "Eso ya lo hemos hablado anteriormente." Dijo un poco serio y molesto. "Pensaba que me querías, Shiho."

"Y lo hago." Dijo ella volviéndose a él para mirarle fijamente.

"¿Entonces? ¿A que viene tanta duda por mi parte?" Preguntó él insatisfecho.

Shiho resopló ante tanta pregunta e intentó responderle sin desconcentrarse de sus labores médicas, ahora que ya había empezado a coser la herida.

"No se si ambos buscamos lo mismo en la vida." Finalizó, vendándole el hombro.

"Mira Shiho." Dijo él frenándola y levantándose del taburete para enfrentarle de cara. "Se que no estamos en nuestro mejor momento, pero no estaría contigo si realmente no lo quisiese, ¿Entiendes eso?".

La científica asintió sin mirarle.

"No se que ha estado rondando por tu cabeza, pero a mi también me ha dado que pensar estos días y no quiero acabar con algo que me aporta buenas emociones." Continuó Kaito.

Ella aún no se atrevía a mirarle fijamente. Su conversación con Aoko no paraba de rondarle la cabeza y sentía que tenía que liberarlo.

"Ayer fui a tu trabajo para poder hablar contigo, después de que no contestaras ni una de las llamadas que te había hecho. " Empezó a confesar ella, cruzando los brazos a la vez que Kaito empezaba a mirarla con confusión. "Escuche parte de tu conversación con Aoko."

"¿Qué?" Kaito seguía confuso. No recordaba ni haberla visto ni que Mei le informase nada al respecto.

"Llegué a tu hora de descanso y Mei me dejó pasar a dentro para buscarte." Empezó a explicarle. "No quise salir para interrumpiros, pero en cuanto me di cuenta de lo que hablabais di media vuelta y me fui." Dijo un poco molesta.

"Oh." Fue lo único que pudo soltar Kaito.

Se sentía avergonzado de que escuchase esas palabras por parte de Aoko. Él no se hubiese imaginado nunca que ella aparecería, al fin y al cabo estaba teniendo una conversación con una amiga para mirar de aclarar sus ideas.

"¿Escuchaste mucho?" Preguntó él un poco incómodo, mirándola mientras ella seguía en silencio.

"Lo suficiente." Contestó tajantemente mientras guardaba el botiquín.

"Lo siento. No debería haber compartido ciertas cosas con ella." Se intentó excusar él.

"No tienes que justificarme nada, Kaito." Dijo antes de que siguiese con sus argumentos. "Soy adulta, lo entiendo."

¡Pum!¡Pum!¡Pum!

Ambos se callaron al escuchar los fuertes golpes que procedían de la puerta principal.

"¿Quién coño es?" Preguntó Kaito alterado. Cómo alguien se enterase de que se encontraba ahí, estaba perdido.

"¿Qué voy a saber yo? No espero a nadie." Contestó ella cruzando los brazos un poco desconcertada.

¡Pum!¡Pum!¡Pum!

Volvieron a escucharse los mismos golpes de nuevo, ahora más fuerte.

"Miyano abre la puerta." Se escuchó decir al otro lado por primera vez.

"¿Kudo?" Dijo ella susurrando. "¿Qué hace aquí?"

"¡Miyano se que estás dentro!"

"Viene por mí, le he visto en el museo acompañado de otros agentes." Explicó Kaito.

"Tienes que irte." Le dijo al mago mientras salía del baño, borrando todo rastro de Kaito. "Cómo te encuentre aquí estás acabado." Dijo más nerviosa.

"¡Miyano deja de ignorarme!" Insistió el detective desde fuera.

"¡Voy!" Dijo contestando a Kudo para que dejase de golpear la puerta. A ese ritmo acabaría echándola abajo.

Él se colocó de nuevo el traje blanco mientras pensaba en todas las salidas que tenía para salir de ahí. No era un apartamento amplio, así que tampoco tenía muchas opciones ni para esconderse ni para salir.

Shiho se dirigió a abrir la puerta mientras dejaba al mago atrás. No debía ser adivina para saber que le traía a Shinichi aparecer en su casa a esa hora. Abrió la puerta y entreabrió la puerta.

"¿A que viene todo este escándalo?" Preguntó con normalidad. "¿Qué quieres?"

Kudo agarró la puerta y se hizo paso al interior del apartamento. "¿Puedo pasar?"

"Ya lo has hecho." Dijo ella cerrando la puerta detrás suyo, un poco molesta por su ímpetu.

Él ignoró por completo el descaro que estaba teniendo y empezó a inspeccionar todo lo que su radar de visión le permitía. La casa estaba silenciosa y tranquila y las luces estaban casi todas apagadas.

"¿Estás sola?" Preguntó mirándola fijamente.

"Claro." Intentó contestar con absoluta naturalidad.

"¿Has visto a Kaito hoy o has hablado con él?" Volvió a preguntar Kudo.

Ella resopló y se acercó a él, con los brazos cruzados y los hombros bien altos. "Creo que eso es un asunto privado."

Kudo arrugó las cejas molesto por su contestación. "Acaba de haber un intento de robo en el museo histórico y Kaito, una vez más, es el culpable de ello. Así que puede que esta vez también sea asunto mío."

Shiho dio un paso atrás del detective. Su tono arrogante, digno de un agente con los humos subidos, le repugnaba bastante. No le gustaba nada esa faceta creída de él. Ser policía no le proclamaba ser el rey de nada ni nadie.

"No se nada." Le contestó arrugando la nariz.

"¿Seguro?" Volvió a insistir él, sin acabar de creérsela del todo.

"Mhm." Dijo asintiendo.

Él la retó varios segundos con la mirada, buscando un flaqueo por su parte pero su mirada se veía segura y firme.

"¿Puedo echar un ojo al interior del apartamento para asegurarme?" Pregunto para comprobar que realmente le decía la verdad.

"Tu mismo, ya estás cómo en tu casa." Dijo un poco molesta y preocupada por que su curiosidad acabase encontrando al mago. Pero no podía negarse, de esa manera le delataría.

Kudo caminó tranquilo por el corto pasillo hasta llegar a la sala, dónde el televisor seguía encendido y la taza, ahora vacía, se encontraba encima de la mesita. Siguieron a la cocina y cuando volvían al pasillo para comprobar el dormitorio, un ruido de algo caerse les llamó la atención.

"¿Qué es eso?" Preguntó curioso Kudo, acercándose a paso ligero hacía el foco del ruido.

A la pelirroja empezaron a sudarle las manos. No sabía si se trataba de Kaito. Los nervios le subieron por el cuerpo y empezó a seguir al detective para resolver su incertidumbre.

Shinichi abrió la puerta de golpe y se quedó parado delante de la puerta, estudiando detenidamente todo su interior. Todo parecía estar en orden, la cama estaba bien hecha y todos los cuadros y decoración, parecía estar colocado meticulosamente. Había entrado en su dormitorio principal.

"Ves, aquí no hay nada." Confirmó ella, más tranquila interiormente al ver la habitación vacía.

Shinichi resopló, descontento por no encontrarle, la ventana estaba entreabierta y pudo captar que empezaba a chispear al descender las temperaturas al ir anocheciendo, . Cuando se pensó que podía haber sido algo relacionado con la lluvia, para su suerte y mala del mago, la puerta del final del pasillo se cerró de golpe causando un estruendo más fuerte del que pretendía. Delatando su verdadera posición. Kudo se giró para mirarle entrecerrando los ojos ante su mentira y salió corriendo de la habitación para seguir tras él.

Pero el mago había tomado la delantera y al llegar a la otra habitación, llegó justo para pilar la blanca capa del ladrón desaparecer bajo la ventana. él ya había conseguido huir.

"¡Joder!" Maldijo mientras se alborotaba el pelo. "¿Por qué me mientes?" Dijo volteándose de nuevo a ella.

Ella se quedó callada, sin saber bien que contestarle. Estaba un poco avergonzada de que el detective le hubiese pillado.

"Ya no trabajamos juntos, Kudo. No tengo porque darte explicaciones." Dijo ella excusándose un poco seria. "No quiero tener nada que ver con todo esto."

El moreno la ignoró y se puso a contactar con sus compañeros para enviarles la ubicación que creía que había podido tomar. Molesto y resoplando constantemente mientras andaba por la sala dando vueltas con el móvil en la oreja.

"Kudo, déjalo. No vas a encontrarle ya." Le intentó decir más suavemente mientras apoyaba su mano en su brazo para que bajase el teléfono. "No te servirá de nada enfadarte por ello."

"Lo podría haber conseguido si me hubieses sido sincera des de el inicio." Dijo reprochando.

"No hablemos de sinceridad." Soltó ella, echando sal en la herida.

Kudo abrió la boca para rechistar pero la cerró al no querer entrar en ningún conflicto. Resopló indignado por el resultado final de la operación y ojeó la hora de su reloj de mano antes de ponerlas dentro de sus bolsillos.

"¿Te importa que me quede unos minutos?" Preguntó un poco cortado por la pregunta." Ha vuelto a empezar a llover y Takagi está en un control, tardará unos diez minutos en llegar." Le argumentó.

Ella levantó la cabeza y entrecerró los ojos decidiendo interiormente que debía hacer. Soltó el aire lentamente mientras pasó por su lado para volver a dirigirse a la sala dónde se encontraba.

"¿Quieres un poco de té entonces?" Le preguntó asumiendo que se quedaba.

"Por favor." Contestó Shinichi amablemente, sonriendo a sus espaldas y siguiéndola hasta el salón .

Ella se desvió a la cocina para traerle una taza humeante y él se sentó en la butaca de su lado aceptando la bebida con una sonrisa.

Shiho apagó el televisor y sacó un libro que tenía bajo la mesa para seguir con él mientras pasaba el tiempo. Estuvieron los primeros cinco minutos en silencio, ella concentrada en su lectura y él perdido en su mente mientras finalizaba el té.

"¿Puedo preguntarte algo?"

Ella levantó la vista del libro para mirarle con una ceja levantada. "Ya lo estás haciendo."

"¿Por qué no quieres saber el sexo del bebé esta vez?" Preguntó con confusión. "Con Akane nos enteramos en cuanto pudimos saberlo."

Esa pregunta le rondaba la cabeza des de que fueron juntos a aquella cita médica, pero no veía momento ni habían tenido ninguna reunión apacible para preguntarle.

La científica se sorprendió ante la pregunta. Después de encuentro con Kaito no se imaginaba que le haría ese tipo de pregunta. Se quedó pensando unos segundos la respuesta.

"La situación que envuelve todo este embarazo es completamente diferente a cuando esperaba a Akane." Intentó explicarle.

"Aún así, poco a poco vamos dejando nuestras diferencias a un lado, por ellos." Dijo Kudo.

Tenía razón. Estaban aprendiendo a dejar de mirarse cómo el marido y mujer que eran para poder ser los padres que ahora eran y tratar el uno con el otro intentándose respetar al máximo.

Ella se permitió relajarse en la conversación. Sabía que podían hablar fluidamente sin discutir si se lo proponían.

"Es más, con lo convencido que estás de que es un niño, no quiero tener que darte la razón al final." Dijo burlonamente con una sonrisa amable. "Prefiero seguir con la incertidumbre."

"Es que lo es, cuando nazca me darás la razón, ya verás." Dijo él afirmándolo. "Llámalo intuición de padre."

Shiho no pudo aguantar la risa y estalló en una carcajada ante sus palabras. "Vamos a hacer una cosa, si nace una niña te vas a vivir a la ciudad de al lado." Le soltó bromeando, aún riéndose.

"Me parece bien." Contestó él totalmente serio a diferencia de ella. "Pero si nace un niño, tú y Akane os vendréis un mes a vivir conmigo. ¿Qué dices al respecto?"

Ella se quedó impactada ante el trato que pretendía hacer el detective. Sabía las ganas que tenía de tener un varón y ya había visto lo rápido que crecía su niña las primeras semanas de vida. Pero la idea era totalmente absurda.

Sin sentido.

Incoherente.

"Trato hecho." Respondió.