La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Capitulo 25
La mezcla familiar de vinagre y limones llena mis fosas nasales cuando entro a la casa de mis padres, una backsplit de cincuenta años, de tres recámaras que se remodeló cuando la compraron hace treinta años y no ha visto mucho más que una capa fresca de pintura desde entonces. Se saltaron una boda formal con el fin de poner todos sus ahorros en la hipoteca, eligieron una pequeña y práctica ceremonia civil en Filadelfia en su lugar. Tampoco tenían mucha familia de todos modos, ambos eran bastante jóvenes cuyos padres habían muerto antes de que yo naciera.
La casa es vieja, pero está bien cuidada, con el césped siempre cortado, los pisos apenas rayados.
Brenna se dirige a la cocina en un instante. —¡Abuela! —La oigo exclamar—. ¡Adivina qué! ¡Dormimos en la casa de Emmett en Filadelfia!
Ruedo los ojos. Estupendo.
Unos minutos más tarde, mi mamá aparece en la puerta de la cocina, con un secador de platos en sus manos.
—Gracias por cuidarla. Será durante tres horas, máximo. —Dos camareras se reportaron enfermas para el turno de la cena, y Sue trató de ubicar a todos los demás antes de llamarme. Muy a regañadientes, dejé a Emmett a las dos.
—No hay problema. Estaba a punto de empezar la cena y tu padre está afuera en el jardín. —Hace una pausa—. ¿Así que estuviste en Filadelfia anoche?
Brenna acaba de decirle que lo hicimos. —Sí. La tormenta era demasiado mala para volver a casa.
—Hmm. —Lo veo en su cara. No lo aprueba. Siento las palabras en la punta de la lengua, la precaución que se desespera por compartir.
Está decidiendo cómo decirlo, cómo hacerme entender su punto de la manera más sutil. Abre la boca…
—Soy consciente de todos los riesgos, mamá.
Sus labios se retuercen. —No puedo simplemente sentarme y no decir nada. Sé que tienes la edad suficiente para cometer tus errores. Pero también tienes que pensar en Brenna.
—Siempre estoy pensando en Brenna.
—Se apega bastante a los hombres de su vida. ¿Lo has notado?
—Por supuesto que me he dado cuenta. Es mi hija. —Seth, Mike; todos llenan una brecha que ella todavía ni siquiera parece entender que existe.
Pero no tiene sentido tener esta conversación con mi madre. Solo terminará en una fea pelea. —Volveré a las ocho para recogerla.
Salgo antes de que tenga la oportunidad de responder.
—¡Hamburguesa de banquete, sin pepinillos! —replica Harry.
Tomo el plato del calentador y lo deslizo a través del mostrador hacia Mark, entregándoselo con una sonrisa. Sé que es la orden del camionero incluso sin mirar. Él pide lo mismo cada semana cuando se detiene aquí.
—¿Cómo te va en estos días, Bella? —Asiente hacia mi muñeca— ¿Parece que ha sanado bien?
—Muy bien, está como nueva. —Muevo mi mano derecha para probarlo.
Mark se ríe, mostrando el amplio espacio entre sus dos dientes delanteros mientras golpea el fondo de la botella de kétchup. Una porción se desliza para aterrizar en sus papas fritas. —Las cosas han vuelto finalmente a la normalidad por aquí.
—Finalmente —concuerdo.
Mark hace una pausa. —Luces... diferente.
—¿Yo? —Me encojo de hombros, fingiendo indiferencia.
—¿Todavía sabes algo de Mccarty? —pregunta, mientras llena con frituras su boca.
—Algo. —Evito mirarlo, limpiando unas migajas—. Está ocupado con cosas de caridad y otras presentaciones, y preparándose para la terapia física... —Richard ha estado intentando mantener la mente de Emmett ocupada de nuevo esta semana, firmando fotos, palos de hockey y jerséis, cosas de caridad. Incluso hicieron algunas apariciones en las escuelas y eventos deportivos para niños. Carlise puede no tener un trabajo oficial, pero estoy empezando a ver que él trabaja más duro que cualquier empleado que conozco.
Pero incluso con todo eso, todavía recibo mensajes de Emmett desde el momento en que se despierta hasta tarde en la noche.
Cuando me atrevo a levantar la mirada, Mark está masticando su hamburguesa lentamente observándome, así que trato de controlar mi expresión, la mirada en sus ojos me dice que puede ver a través de mí.
Agacho la cabeza antes de que la estúpida sonrisa amorosa pueda escapar.
—Bella, ¿cuántas mesas tienes? —grita Sue, llevando en brazos una bandeja de vasos limpios de la cocina.
—Solo tres. Dos están listas para recibir la cuenta. —La fiebre del almuerzo pasó rápidamente, dejándome con la espalda dolorida y el estómago gruñendo.
Deja caer sus gafas en el mostrador con un fuerte ruido. —Por qué no vas por algo de comida. Luego, cobraré por ti.
—La orden de la mesa dieciocho saldrá en cualquier momento.
Dieciocho.
El número de Emmett.
Contengo el impulso de rodarme los ojos a mí misma. ¿Qué soy, una adolescente?
—La llevaré. Y hazme un favor... échale un vistazo al periódico mientras estás comiendo.
—¿Por qué? —Mis ojos examinan inmediatamente el mostrador, buscando una copia de Tribune. Pero las tienen todos con los clientes.
—Porque hay algo ahí que creo que necesitas ver. —Me da una mirada conocedora—. Dejé una copia para ti en mi... ¿Qué diablos? —
La mirada de Sue aterriza detrás de mí, y frunce el ceño—. ¿Ese es quien creo que es?
Volteo.
Y veo a DJ Demetri entrando en Diamonds, la cadena que cuelga de una de las presillas de su cinturón se balancea con cada paso despreocupado que da. Ha ganado peso y tatuajes, y el cabello rubio dorado que solía llevar largo y algo desaliñado ha sido cortado, pero no hay duda de esos ojos estrechos, esa sonrisa de labios finos, o de esa fanfarronería.
La inquietud se desliza por mi espina mientras Jess salta a través del tranquilo restaurante hacia él como Brenna lo haría cuando esta emocionada. Ella lanza los brazos alrededor de su cuello.
—Buen Dios. No me digas que esa chica es lo suficientemente estúpida como para volver por una segunda vez.
—Me gustaría no tener que decirte eso. —Por la forma en la que está colgando de él, pestañeando y riéndose, parece que ella es así de estúpida. ¿Cuándo pasó esto? Lo último que escuché, es que él le había enviado una solicitud a Facebook. Pero no lo mencionó desde entonces. Claro, últimamente ha estado prolongando sus turnos nocturnos, y he estado más preocupada tratando de evitar hablar de Emmett, que aún no se lo he dicho, y probablemente soy una amiga horrible por eso. Por lo que tal vez hubo señales que me perdí. Definitivamente explicaría por qué no me ha estado acosando.
Jess llama mi atención. —¡Bella! ¡Mira quién vino a saludar! — Agarra su mano, y lo conduce con una amplia sonrisa, inconsciente.
Como si estuviera feliz de que DJ apareciera.
—Voy a estar en la cocina antes de decir algo de lo que sin duda me arrepentiré —murmura Sue, desapareciendo antes que nos alcancen y se vea obligada a ser civilizada.
—Hola. —Fijo una sonrisa, haciendo todo lo posible por parecer cortés.
Su mirada se desliza sobre mí. —¿Cómo te va? —A primera vista, no ha cambiado tanto. Él todavía tiene esa actitud fresca e indiferente. Como que, si tuviera que hablar contigo, lo haría, pero no querría que lo molesten.
A pesar de su buena apariencia, nunca pude ver lo que Jess encontraba atractivo en él.
—Me va bien. —Sé que esta es la parte en la que se supone que debo preguntarle cómo le va, pero lo único que quiero hacer es alejarme de él.
Cuelga un silencio incómodo.
Al final dice: —Te vi en televisión. Esa fue una historia alocada.
—¿Cierto? —Los ojos de Jess se ensanchan—. Todavía no puedo creer que Bella salvó la vida de Emmett Mccarty. Esperaba que algo más saliera de ello. —Me da una mirada sarcástica.
Sip. Me alegro tanto de no habérselo dicho.
Por fortuna la campana de la cocina suena y entonces: —Oye, Jess, ¿puedes ayudarme con estos platos?
—Claro que sí. —Le sonríe a DJ—. ¿Por qué no te sientas en una mesa vacía? Estaré allí en un segundo.
Espero hasta que se va y cuando estamos junto al calentador de comida. —¿Qué estás haciendo?
—¿Qué quieres decir? —Frunce el ceño.
—Es un ex presidiario, Jess. ¡No es un buen tipo! ¿Ya olvidaste que te engañó? ¿Muchas veces? ¿Por qué perderías tu tiempo con él?
Ya puedo ver el bloqueo sobre sus ojos, el que es tan adepta a usar para evitar lo que no quiere enfrentar. —Él me preguntó si podía venir a visitarme un día y le dije sí. No es gran cosa. Solo somos amigos.
—Vamos, Jess. No quiere que sean solo amigos. No seas estúpida.
Se encoge, como si la hubiera abofeteado. Pasa un largo momento y no puedo leer lo que pasa por su cabeza. —Entonces, ¿y si decido que quiero que sea más? ¿Qué? Siempre he estado a tu lado, Bella, sin importar lo que hayas hecho. —Baja la voz a un siseo susurrado— Creo que estás absolutamente loca por rechazar a Emmett, pero mantuve la boca cerrada, ¿no? —Aparto la mirada—. Y durante todos esos meses en que estuviste pendiente de James, aunque estuviera paseándose por la ciudad con su novia, ¿te dije alguna vez que eras estúpida? No. Aunque todo el mundo hasta Bigotes pudiera ver la verdad.
Bigotes. Es el gato ciego de Jess... —Deberías haber dicho algo, porque estaba siendo estúpida. —Miro para ver a DJ sentado junto a una ventana, con su atención en el teléfono— Te digo esto porque eres mi amiga y me preocupo por ti.
Sus ojos se lanzan a nuestro alrededor. —¿Por mí? ¿O porque no quieres que ya sabes quién descubra que es padre?
—Eso no es justo.
—No, lo que no es justo es que estés aquí, asumiendo que no puedo entender las cosas yo misma. No eres diferente a tu madre ahora mismo.
Mi boca se abre con ese insulto bien colocado. ¡No me parezco en nada a mi madre! —No puedo simplemente sentarme y verlo hacerte daño de nuevo sin decir algo. ¿Qué clase de amiga sería?
Ahogo mi propio jadeo.
Las palabras se sienten como un eco de lo que mi madre dijo el domingo pasado. ¿Me estoy convirtiendo en Renee Swan?
Si Jess se da cuenta de mi sorpresa, no lo deja pasar, y una amplia sonrisa se extiende sobre su rostro. —No vamos a pelear por esto. DJ solo quiere que seamos amigos, y si no, bien... voy a decidir qué es lo mejor para mí.
Sue habla a través de la puerta de la cocina: —Menos parloteo, más acción. Esas papas se enfriarán.
—Voy a tomar mi descanso ahora —dice Jess, alcanzando dos emparedados.
—No, no lo harás. Bella tiene que comer antes de ir a recoger a Brenna. Puedes hacerlo después de ella y cubriré tus mesas.
—Pero DJ…
—Puede sentarse allí y jugar con su cadenita todo el día, por lo que me importa. —Sue agarra los otros platos de mi orden—. Bella, vuelve allí. Harry te preparó el almuerzo. El periódico está en mi escritorio.
Encojo mis hombros hacia Jess y gesticulo "Diez minutos" porque Sue claramente no está feliz de que DJ esté aquí y no voy a pelear con ella cuando está de mal humor. Además, mi curiosidad crece cada vez más sobre lo que sea Sue insiste en que necesito leer.
Un plato de sopa y una ensalada griega me esperan en la mesa de preparación. Los agarro y le agradezco a Harry. Sonríe antes de volver su atención a la parrilla, tarareando para sí mismo.
Me dirijo a la oficina y uso mi cadera para cerrar la puerta, y me acomodo detrás del escritorio. La sopa de tomate y albahaca de Harry es una de mis favoritas y felizmente meto una cucharada en mi boca.
Y casi escupo todo sobre el escritorio de Sue cuando veo el rostro sonriente de James Philips mirándome.
Balsam County Realty, la firma de bienes raíces de su madre, tomó un anuncio de página completa a color en el periódico local para difundir y dar la bienvenida a su último agente a la firma.
James va a trabajar para su madre.
Lo cual debe significar que está regresando a Balsam.
Pero, ¿por qué? ¿Qué pasó con su trabajo en Memphis?
Dejo caer mi cuchara en el recipiente, enviando salpicaduras de sopa por todas partes. Balsam es demasiado pequeño para que viva aquí otra vez. Pero tal vez tendré suerte. Tal vez decidirá vivir en Belmont, o Sterling.
La puerta se abre. Reconozco el pesado suspiro de Sue sin darme vuelta. —Creí que deberías verlo ahora, en caso de que te encuentres con él en la ciudad.
Encontrarme con él, o simplemente ver su cara salpicada por todo el lugar. Balsam Realty domina este condado. Se venden muy pocas propiedades que no tengan las huellas digitales de un Philips en el papeleo.
Dios, voy a ver la cara de James en todas partes.
—¿Qué pasó?
—Bueno, por lo que he oído, él hizo algún tipo de trato con la escuela y los padres de la niña para mantener las cosas en paz, y renunció. Quién sabe lo que pasó allí.
Por supuesto que se libró.
Qué diferencia, sin embargo, entre la familia de esa niña y mis padres. No puedo evitar preguntarme cómo habría sido mi vida si mi madre hubiera querido "mantener las cosas en paz" también.
Estudio la foto otra vez. Tomada recientemente, pienso. Es uno de esos rostros profesionales rígidos, actitud en ángulo, traje de negocios, fondo azul aburrido. Se ve diferente de la última vez que lo vi, con el cabello ondulado recortado y de color gris oscuro a los lados, con el rostro mucho más lleno, la frente grabada con pequeñas líneas. Más viejo, por supuesto. Han pasado más de siete años desde ese día que él me pidió que le mostrara mi último boceto después de la escuela y sentí sus dedos deslizarse sobre los míos por primera vez. Acababa de cumplir treinta y ocho años en abril.
Sin embargo, sus ojos no han cambiado mucho. Todavía tienen ese brillo juguetón, el que solía hacerme ruborizar y tropezar con mis palabras.
Que los hubiera usado en una niña de la mitad de su edad, hace que mi piel se erice.
—Así que va a vender casas. —Una vez me dijo que prefería pasar sus días esparciendo abono de vaca en la granja de su tío que trabajar para su madre—. Debe estar teniendo dificultades para conseguir otro trabajo de maestro.
Sue arrastra una silla de repuesto y se sienta a mi lado. —Haces cosas malas y algún día te pasará factura. Siempre lo hace, de una forma u otra.
Intento una sonrisa. —Pareces estar al tanto de todo lo que sucede con él.
—Solo vine a verte. —Una larga pausa cuelga en el aire—. ¿Hay algo de lo que quieras hablar?
—¿Cómo qué?
—Oh —dice, fingiendo un ligero interés—, nada en particular. — Sus dedos golpean el escritorio, a un ritmo constante.
—Emmett y yo estamos... hablando mucho.
—Bueno, sí, a quién más estarías enviando mensajes de texto sin parar durante tus turnos. —Sus labios se retuercen, pero sé por sus ojos que no está realmente molesta por eso. Hay una larga pausa—. Si hay algo más, sabes que siempre te escucharé.
—Sí, lo sé. Gracias, Sue. —Dudo—. ¿Crees que estoy cometiendo un error con Emmett? ¿Terminaré con el corazón roto?
Sue nunca es capaz de retener lo que piensa, pero a diferencia de mi madre, nunca se siente obligada a ofrecer su juicio. Ella siempre ha estado presente con ese apoyo inquebrantable, un pilar robusto para apoyarme en cualquier dirección que elija tomar.
Frunce el ceño ante sus pensamientos. —Creo que estás lejos de ver lo último de él. —Se levanta de su silla con la misma rapidez con la que se sentó, agregando—: Y espero que ese amigo tuyo no esté cerca para ver a este último idiota sentado en mi mesa allá afuera.
—Ugh. —Gimo ante el recordatorio.
—No quiero que cause ningún problema. Porque tengo la intención de echarlo a patadas. —Tanto como Sue lo quisiera, nunca ofendería a Jess así. Puede, sin embargo, lanzarle bastantes dagas con sus ojos para hacerlo sentir muy incómodo hasta querer irse.
Me inclino hacia delante para apoyar mi frente entre las palmas de mis manos, descansando mis codos en el escritorio.
Muy consciente de esos ojos que me miran fijamente.
Espero que lo disfruten mucho. Gracias por avisarme que en el capitulo anterior se me habia pasado un nombre, ya lo corregi :)
25/33, ya no faltan tantos para terminar.
