Enfrentamientos -II
Las manos de Candy acarician la espalda de Albert, al sentir las manos de su mujer, Alber suspiro y una corriente eléctrica estremeció su virilidad.
¡Candy amada mía!... no sabes cuantas noches de insomnio pasé deseando este momento. Te amo. — Susurró. Empezó acariciarle los muslos, besando suave y delicado sus senos, succionándolos uno a uno. Los pezones resaltaban al contacto de sus labios y dedos largos y delicados. Un gemido de placer salió de los labios de ella.
¡Hum!...
— Poco a poco Albert fue bajando hasta besar su vientre. Se detuvo unos segundos y continuo su búsqueda hasta llegar al punto exacto donde su mujer vibrase de deseo y placer.
Él, de rodillas y el agua corriendo por sus cuerpos húmedos donde la transpiración por el deseo y el agua se juntaban.
Albert alzó la pierna de Candy sobre su hombro dejándola en una posición perfecta para disfrutar de su intimidad.
Los gemidos de Candy eran más frecuentes y liberadores. Nadie podría escucharla gemir, por lo que ella podía gritar todo lo que le place.
Mientras revolvía la cabellera de su hombre. Albert no dejaba de saborearla, la había estado deseando por tantos días, que no podía dejar de hacerlo. Excitado por los gemidos de su mujer los cuáles eran melodía para sus oídos. Candy trataba de cerrar sus piernas por la excitación incontrolable que estaba sintiendo pero él no se lo permitía.
Después de unos segundos, el grito de placer no se hizo esperar.
— ¡Mi amor!... No puedo más... me correré en tus labios...
A... Albert . — Y con esas últimas palabras Candy cayó rendida en los brazos de su amado. Hacia semanas que no sentía los labios y dedos de su hombre haciéndola suya.
Albert la cargó entre sus brazos y la llevó hasta la cama donde terminarían lo que habían comenzado en la ducha.
Ahora me toca a mi—. dijo ella acariciando los pectorales de Albert. El cuerpo atlético de su hombre la excitaba aun más.
¡Mi amor!... ¿qué haces?... — Preguntó Albert. Ella no respondió. Se acercó y con sus labios húmedos del agua que aún corría por su cabello mojado, bajaba acariciando con sus labios y dándole pequeños mordiscos por su pecho y abdomen, hasta llegar a su miembro erecto y súper dotado.
¡Oh mi hechicera, eres tan deliciosa mi amada!... estaba añorando por días tus caricias, que me tienen hechizado desde el día que probé tus encantos. Sin decir una palabra más, Candy colocó la masculinidad de su hombre en su boca y comenzó a saborearle haciendo que Albert gimiera como nunca antes.
Después de varios minutos entre besos y caricias, Albert le pedía que se detuviera; estaba a punto de correrse en los labios de ella.
— Amor... por favor espera. No quiero correrme todavía. Quiero disfrutarte aún más. — Pero Candy estaba tan emocionada al escuchar las palabras de Albert. No se detuvo y aceleró los movimientos haciéndole terminar con su mano. El rubio dejó salir un gemido que fue silenciado por los besos de su mujer. No cabía duda que Albert le había enseñado cómo disfrutarse entre pareja y amantes. Felices y complacidos se desvanecieron entre sus brazos.
Después de unos minutos de descanso, Albert estaba listo para volver a poseerla.
— ¡Hum Amor... eres insaciable!. — dijo la rubia al sentir el nervio suave y duro de su hombre rozándole la pierna.
– Eres tu quien me pone así. No sabes cuantas veces anhele tenerte entre mis brazos. Te amo Candice White de Ardlay. — De Ardlay fueron las palabras mágicas y ella montó la cintura de su hombre. En ese instante, Albert la tomo de la cintura y caderas, acostándole. Candy comprendió que ahora esta embarazada aunque no había peligro para el bebé . Albert se sentía más seguro y cómodo si ella estaba bajo de él sin dejar caer su peso sobre su diminuta figura.
Después de varios minutos lograron correrse al mismo tiempo.
— Ahhh... te amo Candy... Candy...
No había pasado ni una hora que se habían quedado dormidos y relajados por el momento placentero y el cansancio. Cuando el timbre de la puerta no cesaba.
— ¿Pero quien toca de esa manera?... _ la rubia gruñó entre dientes. Albert estaba profundamente dormido. Candy no quiso despertarlo. Así que se dispuso a levantarse sin hacer ruido.
«Seguramente son los del supermercado que vienen a dejar las frutas y verduras» _ Se colocó su bata blanca y se dispuso abrir la puerta. Pero sorpresa al abrir. No era el chico que hacía las entregas a domicilio. Por lo que Candy palideció al observar las personas que tenía frente a ella.
¿Qué haces tú aquí? _ alzando la voz, la mujer de avanzada edad casi gritó.
– ¿Y con bata?... pero que demonios sucede aquí... ¿Dónde está William?
— ¿Tía Elroy? - Candy tardo unos segundos en pronunciar el nombre de la mujer quien estaba acompañada no solo por George a quien ella conocía muy bien. Pero también por Archie y Stare, los sobrinos de Albert.
¿Cinderella?...
Archie no podía creer que frente a él estaba Candy. _ ¿Pero que estamos haciendo aquí tía Elroy? Dijiste que veníamos a visitar y conocer al tío William.
La mujer pasó sin ser invitada a la sala del lujoso apartamento. Estaba a punto de perder el equilibrio de sus piernas cuando dijo: _ Tú... responde ¿qué haces aquí? — insistió. De pronto la voz de Albert se escuchó desde el pasillo que conlleva a la sala, donde se encontraban todos asombrados al ver al Dr. Albert en pijama.
Candy vive aquí... conmigo. — dijo en tono firme y fuerte al escuchar la anciana quien no cesaba de atacar verbalmente a su mujer y madre del futuro Patriarca del clan Ardlay.
¿Contigo?... pero William. ¿Has perdido la cordura?
¿William?... _ se preguntaron los hermanos Cornwell al unísono.
¿Acaso, él es el tío William?_ Archie no lo podía creer. Ahora entendía las palabras de Helen cuando le dijo que se llevaría una sorpresa con Albert.
¿Usted es el tío William? - Stare feliz abrazo a Albert. Nunca se habría imaginado que el tío William era tan joven y atractivo.
Jamás me imaginé que el abuelo William fuera tan joven. Tía... ¿estas segura que este es el tío William? _ Archie incrédulo, preguntaba una y otra vez.
Chicos... es una larga historia que pronto les contaré. Ahora... por favor déjenme a solas con Candy y la tía Elroy.
No... ellos se quedan aquí. La que no tiene nada que hacer es esta chiquilla fácil e insolente que se ha metido en tu cama. — La mujer no dudó ni un segundo de que Albert y Candy habían estado en la cama y no solamente compartiendo pensamientos e ideas para combatir el virus.
Candy agachó la cabeza y comenzó a llorar. Se sentía humillada y culpable por haberle fallado a sus madres adoptivas.
En el fondo sabía que la anciana tenía razón. Ella no solamente vivía con un hombre en ese lugar. También habían estado íntimamente y tendría un hijo sin estar casados.
La humillación era terrible ante las personas presentes. Al sentirse tan avergonzada. Candy trató de salir del apartamento, cuando Albert se le puso de frente.
Candy... por favor quédate. Tu lugar está a mi lado. – Elroy, tomada del brazo de Stare se puso de pie.
¿Como te atreves a poner esta chiquilla antes que a mí?
Lo siento tía Elroy... Pero Candy es mi mujer. La amo y está esperando un hijo mío. — La mujer perdió la cordura y comenzó a alzar la voz histérica.
Stare, Archie, Georges por favor salgan de aquí. No se los pido como jefe de la familia, sino como su tío y amigo. — Ante la suplica de Albert, los hombres asintieron saliendo a la terraza. Candy trato de soltarse de las manos de Albert pero él con sus ojos suplicantes le pedía que no lo hiciera.
¿Recuerdas lo que me dijiste Candy? — preguntó con la voz entre cortada por las lágrimas que amenazaban por salir de sus ojos azules. Candy recordó que le había prometido estar junto a él pese a que todo el mundo se interpondría y los juzgaría por amarse.
Tía. Yo amo a Candy. Es la mujer de mi vida y por ella estoy dispuesto a todo. Hasta dejar ser cabeza de la familia. — La mujer estupefacta abrió mucho los ojos.
Siempre seré un Ardlay. Y lo que más deseo es poder llenar la mitad de los zapatos de mi padre. Pero quiero ser feliz y, mi felicidad es estar al lado de la mujer que amo y que me ama sin importar quien soy o lo que tengo.
Cuando estuve amnésico, fue ella quien me cuidó por todo ese tiempo. Fue ahí donde me enamoré de Candy. Sin saber quien era yo... sin saber que la había tomado bajo mi protección.
Si tiene que culpar a alguien, ese debería de ser yo. Por amar a quien me ha entregado todo y, me dará la felicidad más inmensa que un hombre puede recibir; ser padre. _ Al pronunciar estas últimas palabras, Albert las dijo con sus ojos a punto de lágrimas.
¿Entonces fue ella quien te cuidó cuando perdiste la memoria? — La mujer parecía conmovida al escuchar las palabras de su sobrino. Albert le había dicho como perdió la memoria y de cómo un ángel de blanco, le salvó la vida cuando él estuvo a punto de quitársela al saberse solo en el mundo.
¡Pero! Entonces... eras tú Candy... entonces siempre has sido tu... _ Candy no entendía a que se refería la mujer conque siempre había sido ella. Pero estaba complacida y aliviada al sentir el tono de voz normal y suave con el que la mujer le estaba hablando como nunca antes lo había hecho.
¡Señora Elroy!... Yo amo a Albert por quien es. Y le pido que me perdone por haberme entregado a él. — Candy sorpresivamente se puso de rodillas. La mujer y Albert se quedaron con la boca abierta literalmente.
Albert al ver a su amada. La tomó de los hombros y la levantó.
No eres tú quien debe pedir perdón. Soy yo._ diciendo esas palabras, se inclinó frente a su anciana tía pidiéndole su aprobación. Era la primera vez en la vida que el patriarca del clan Ardlay se arrodillaba ante ella. A la mujer no le quedaba ninguna duda que su sobrino no solo ama a Candy, sino que estaba dispuesto a todo por ella.
¡Basta ya!... - dijo mientras Elroy lloraba en sollozos.
Veo que se aman incondicionalmente. Y no solo William está en deuda contigo Candice. También yo, la familia y el clan Ardlay. Pero tenemos un grave problema William.
Ila Mackenzie y su padre están aquí para poner fecha a la boda.
¡Boda! ... ¿Que boda? — Cuando todo parecía ir a su favor, otra sorpresa desagradable la sorprendió. Candy se llevó la mano a su vientre mientras dijo esas palabras.
No me importa que estén aquí. Lo he dicho antes. Me casaré con la mujer que amo.
Candy déjame explicarte. Esto es algo que mi padre y el padre de Ila hicieron desde que éramos unos niños para unir fuerza y fortuna entre los clanes. Cuando estuve en Londres hablé con ella y su padre para cancelar el arreglo matrimonial. Pero tal parece que ahora que me presentaré como cabeza de la familia. Seguirán insistiendo con esa absurda idea.
Yo estoy vieja para lidiar con ese viejo prepotente y con su hija que aunque es una dama Es una chica malcriada y arrogante .— Por primera vez Elroy había dicho lo que en verdad sentía por los del clan Mackenzie.
Para a Candy ese compromiso del que ella no sabía nada, no le había caído ninguna gracia. Por lo que se puso a llorar.
Albert la estrechó entre sus brazos y le recordó que a quien ama es a ella y a nadie más.
Candy... escúchame. Así tengamos que irnos a otro continente. Es a ti a quien amo y es a ti a quien necesito a mi lado. Sin ti, sin ustedes no podré vivir. — Al escucharle, Candy se aferró a los brazos que siempre la confortaban.
Continuará.
