El regresar al Norte probó ser difícil para Sansa, no solo porque estaba dejando a Podrick, a Bran, Brienne e incluso a Lord Tyrion atrás, sino porque una vez más dejaba Desembarco del Rey sola.

Aunque no enteramente sola, la presencia de Lord Royce y su hija siempre a su lado, la de lord Manderly siéndole de compañía. Su tío Edmure trataba de no pasar demasiado tiempo en su carruaje. Las hermanas Manderly se habían quedado en Desembarco del Rey hasta que Wynafryd se encontrara mejor de su herida. Un viaje tan largo, arduo e incómodo no siendo el indicado, y regresarían a Puerto Blanco en un par de semanas y en bote. Lo mismo Lord Cromwell y su esposa. Al fin el pequeño Brandon no habiéndoseles unido. Ariadne Martell con ellos también, y todos haciendo lo mejor por entretenerla.

La sensación de peligro aplastante que creyó se apoderaría de ella en este viaje la dejó con los días y mientras más se alejaban de Desembarco del Rey. El ejercito que los acompañaba siendo tan grande que sería estúpido del que quisiera meterse con ellos.

Las dos semanas anteriores habían transcurrido sintiéndose envuelta en una neblina de confusiones, caos, preocupaciones, temor y reuniones. Tanto sucediendo al mismo tiempo que concentrarse en un solo asunto se le había hecho imposible.

Lo único primordial en todo el castillo parecía haber sido las ansías de los lords por embarcarse en una guerra vengativa contra sus enemigos, situados en el suelo de otro continente. Los sentimientos estando más a flor de piel tras el calor de la batalla, y de ahí el caos y preocupación de no poder hacer entrar en razón ni siquiera a sus propios lords del Norte quienes no habían dejado de apoyar las mociones hacía una guerra total.

Y ahora colocaba sus esperanzas en que sus lords desistirían de aquello una vez estuvieran de vuelta en el calor de sus hogares y las semanas empezaran a pasar.

Su hermano y lords de mayor confianza jugando el juego, no dejándole saber a los demás del involucre verdadero en cuanto al Banco de Hierro.

Fue cuatro días después del ataque al castillo que cayendo la tarde llegó la noticia de que en Braavos habían encontrado asesinados a la totalidad de los mandamases del Banco de Hierro, y que esos asesinatos se dieron el mismo día que Desembarco del Rey fue atacado…

Pero aparentemente sus atacantes no eran Los Segundos Hijos, pues el grupo que se deshizo de esos hombres trabajó ordenada y sigilosamente, en medio de una reunión donde la mayoría de cabezas del Banco habían estado en negociaciones por horas y a puertas cerradas. Los atacantes fueron tan sigilosos que nadie los vio ni entrar, ni salir de la sala. Ni siquiera los guardas y abanderados que habían estado cuidando a sus señores. Nadie escuchó gritos tras el gran pasillo y la puerta de madera gruesa y pesada. Un asesor fue el primero en darse cuenta de lo sucedió tras ir a anunciarles que la cena estaba servida, viendo un charco de sangre debajo de la puerta. Cuando varios hombres lograron abrir se encontraron con cuerpos apilados detrás de ésta, aquellos hombres habiendo tratado de huir, pero no habiéndolo logrado. Y más cuerpos en la sala, en el piso, en sillas.

Aquella era la información que recorrió todo Poniente, más Sansa se preguntó si lo que se decía era verdad. Recordando a los Frey y su final. Y veneno habiendo sido descartado, pues todos los cuerpos presentaban heridas en sus cuerpos. La mayoría degollados de un solo movimiento, otros apuñalados.

Los mandamases que no asistieron a dicha reunión por razones de fuerzas mayores también fueron encontrados asesinados a lo largo de todo Essos, e incluso aquí en Poniente un par, todos a meras horas de haberse dado la alarma inicial.

Especulaciones en el castillo dándose de inmediato en todas las direcciones.

Seguramente los guardas y abanderados tenían sus manos sucias. Igual la Compañía Dorada. Se habían confabulado entre todos. Y eso de que ni siquiera se hubieran escuchado gritos era bastante sospechoso…

¿Quién decía que ese grupo sigiloso no eran Los Segundos Hijos? Aquí crearon una masacre innecesaria porque no tenían de otra, ¿pero en Essos?

Sansa permaneció en silencio cuando en medio de una reunión con sus lords del Norte se le fue informado lo sucedido. Barajando en su mente también como aquello habría sucedido realmente. ¿Porque esa era la versión de acuerdo a quién?

Una reunión dándose de inmediato entre el Rey y la totalidad de los lords presentes. Donde no mucho se dijo, aparte de amenazas airadas y repetitivas de que Poniente entero ahora buscaría retaliación contra Los Segundos Hijos por lo hecho en su suelo. El Rey tratando de apaciguar aquello y pidiendo por calma y cabeza fría.

Sansa dudando en su actuar al verlo completamente metido en su papel del Cuervo de Tres Ojos. Era su versión, versión parcial que dejaba a la mayoría de los lords no sospechar del Banco de Hierro, y a la vez apoyarlo ciegamente donde deseara irse a una guerra total.

Y con solo una mirada hacia Lord Tyrion se dio cuenta que éste también sospechaba, que creía al Rey manipulando la situación.

"Sabe que fue él, ¿cierto, mi señora?" Tyrion decidió preguntarle en privado tras ver la mirada de inconformidad y preocupación que ella de rato a rato tiraba a su hermano en las reuniones. Había algo en su mirada endurecida y fría que le llamó la atención.

Sansa por su parte ni aceptó ni negó su cuestionamiento, y decidió hacerle el propio, "¿Usted lo aprueba?" pues si hasta el momento le quedaba alguna duda era esa. ¿Partícipe involuntario?

Tyrion no se había esperado la pregunta, e incluso en su interior no estaba seguro de cuál era la respuesta, "Muy pocas veces las cosas salen como se planean." Le prestó bastante atención a su reacción de lo que le diría a continuación, "Ciertamente el segundo ataque aquí llegó de improvisto. Por lo cual no estaba planeado que los lords se envalentonaran y quisieran meterse en plan de guerra total con los Segundos Hijos."

Y ahí estaba la prueba irrefutable de que hablaban de lo mismo y que Lord Tyrion también compartía sus dudas de que ese segundo ataque se hubiera dado tan de la nada. Que su hermano los hubiera dejado entrar al castillo, que de alguna manera también se las hubiera arreglado para aquella matanza en Braavos. Sansa lo dudó por unos momentos, "¿Y si eso es lo que él quiere hacernos creer? Si él planeó todo esto desde un inicio, tal y como todo salió…"

"…Entonces lo mejor es confiar en que el Rey tiene los mejores deseos para Poniente…¿no?"

"…¿Aunque no aprobemos su forma de actuar?…" A nadie le gustaba ser peón en un juego. Y vio a Tyrion sonreírse con dificultad.

Se quedaron en silencio por los próximos minutos. Con dudas y decepciones, pero convenciéndose de que aquella forma de actuar era necesaria y para un bien mayor. O al menos eso se decían para calmarse.

"Sé que el planea enviar a Podrick a Essos." Decidió decirlo.

"…Ah, Podrick." El valiente actuar del guarda para con ella durante el ataque no habiéndosele pasado desapercibido a sus oídos, y podía ver como aquello la hiciera recapacitar o actuar equívocamente, y se le pasó por la mente aconsejarla nuevamente, pero la verdad; no tenía mente para ello, había cosas más importantes, por ejemplo; que toda la jugarreta del Rey saliera a relucir y sus cabezas fueran pedidas por influencias más imponentes en Essos. "Hasta donde sé aquel plan se vino al piso al Podrick haber estado presente en la batalla. Habrá que esperar a ver qué sale de todo esto."

"No confío en Bran con el bienestar de Podrick." Esto sí se atrevió a admitirlo en voz alta, y vio al Lord tocándose los ojos y la frente con fuerza. "Si el plan se vuelve a armar niéguese a mandarlo allá, ustedes saben que se lo comerán vivo." Y en los planes de Sansa estaba pedirle lo mismo a Ser Brienne. Y a Bran si era necesario. Y sabía que no era justo ir tras de las espaldas de Pod en cuanto a esto, pero sí necesario.

Esa noche cuando Sansa marchó a descansar vio a Lady Rose y a sus doncellas preocupadas por lo que sucedería en Poniente de aquí en adelante y no espantó aquellas dudas y miedos, eso sería querer tapar el sol con un dedo. Cuando la cuestionaban mantendría el silencio o si lo veía prudente respondería, pero siempre siendo cuidadosa en lo que decía, en lo que demostraba con sus gestos.

Y esa noche había habido vino cuando Podrick vino a visitarla, simplemente sentados a la mesa callados, Sansa admitiéndole que su preocupación no venía solo por él sino por lo que creía pasaría de aquí en adelante en Poniente, de las ramificaciones políticas que se vendrían. Podrick muy bien sabía que ella en algún momento en el futuro le pediría que no marchara a Essos si su hermano se lo pedía, pero decidió dejar su respuesta para cuando el momento llegara.

Tomaron juntos, como siempre él probando ser de ayuda al escucharla y tratar de acallar sus temores, aunque sabía que aquello era fútil. "El Rey dice que tendremos un respiro mientras y si Los Segundos Hijos se deciden a actuar por cuenta propia. Eso nos da tiempo para alistarnos a lo que se vendrá. Y Lord Bronn dice que son mercenarios, sino se les paga su interés pasará a otro lado, a ellos no les importa nada de esto, solo el dinero en sus bolsillos."

Él tenía el don de hacerla compartir sus pensamientos de una forma en que no era capaz de hacerlo con nadie más. Y él siempre buscaba el mejor de los casos. Y ese en sí era el mejor de los casos. Le sirvió una copa de vino, también admitiéndose a sí misma que por Podrick ser seguridad de Bran estaba al tanto de cosas que ella no lo estaba, y aunque era cuidadoso en lo que decía, a veces voluntariamente la proveía con información que la ayudaba a hacerse a un panorama más completo, aunque no mejor. "¿Y cuál será el actuar de Lord Bronn? Ya que está involucrado con Los Segundos Hijos…"

Podrick se sonrió, por encima viendo sus ganas de sacarle información dada la amistad que mantenía con el Lord, "El mismo que ha tenido desde hace años, negociar hombres con estos. Tácticas de pelea. El Rey no le ha dado órdenes aún."

Podrick no diría nada que lo metiera en problemas. Y aunque hablaban de los problemas para Poniente, las noches que compartían no estaban solamente para aquello, en lo más mínimo.

Sansa volvió al momento, al Camino Real, y al vaivén del carruaje.

Una vez más Podrick invadiendo sus horas de descanso, lo vivido con él a ratos aun no creyéndoselo todavía, recuerdos –algunos impropios– a ratos sofocándola, y otras veces las palabras tontas que se habían dado haciéndola sonreír y esconder aquella sonrisa.

Si todo esto había sido llevadero era por él. Si algo le quedaba de haber hecho este viaje eran las negociaciones que se habían logrado con otras regiones, y volverse a reencontrar, el cimentar ahora sí una relación que había tenido sus altos y bajos en un inicio de su estadía, pero que una vez llegaron a un acuerdo las cosas fluyeron entre ellos de una forma que aun la sorprendía y emocionaba.

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Acababan de cruzar Harrenhal cuando a Lord Roycey le llegó la noticia de lo que se cuchicheaba en el Sur sobre la Reina y la ayuda a la que se había negado para el Norte cuando canceló escandalosamente su compromiso con Lord Humfrey.

Esa noche cuando se lo dejó saber la vio sonrojarse y tomarse su tiempo con descontento, completamente silencio invadiéndola para después de la cena dirigirse a sus lords y ladies quienes probablemente ya habían escuchado el rumor, o no demorarían en hacerlo. Ella negándose y añadiendo que probablemente ésta era la forma que los Hightower buscaban difamarla y hacerle cara a la humillación. Y obviamente lo hacían ahora cuando no estaba para defenderse.

Sansa trató de ser lo más convincente que pudo con sus palabras y actitud. Notándose contrariada y al mismo tiempo pensando de que Lord Humfrey tuviera tiempo de jugar cuando estaba en duelo por su padre y a punto de dar un nuevo paso en su vida. Y sus propios súbditos no eran estúpidos, y sabía que menos los convencía con sus negativas. Más no fueron negativas cerradas las que dio, aludiendo que aunque de ayudar al Norte sí se había hablado, nunca se llegó a concretar de qué forma, ni cuándo. Después de un rato marchó a su tienda de descanso.

Y sí, Lord Humfrey había regresado al castillo por el cuerpo de su padre y para acompañar a su madre al Dominio, Lord Tyrion aconsejándoles a ambos y por separado que mantuvieran las distancias del otro, y lo habían hecho, para ahora salir con esto.

Ariadne Martell presentándose ante ella más caída la noche, detrás de su escritorio Sansa trató de ignorar la sonrisa socarrona que le daba. Para ahora ya sabía que Lord Humfrey pertenecía a su círculo de amistades, pero aparentemente una amistad distante y fría, lo que le hizo fácil a la lady tomar el negocio sin escrúpulo alguno. Y venía a notificarle que le acababa de llegar un cuervo de parte de sus hombres diciéndole que se encontraban en Atalaya de Aguas Grises y en marcha a El Cuello con el cargamento de semillas, y esperando por ellas dos.

Sansa asintió, hablando de la negociación por unos minutos más hasta que Ariadne se despidió, pero no antes de hacerle una pulla, "El ya de por sí frágil ego de Humfrey debe de haber tomado un golpe más con eso de que el Rey sacó a Ser Podrick de la Guarda." Sabía que hacer el comentario era arriesgarse mucho, pero la Reina tampoco era como si estuviera en posición de irse a echar para atrás en la negociación. Y ella se le quedó mirando, impasiblemente, pero sonrojándose y levantándole el mentón, lo que la hizo sonreírse más. "No se preocupe. El comentario va con malicia de la buena." Creyó la necesidad de aclararse pues la Reina era demasiado seria, incluso más de lo que Olive le había advertido.

"Buenas noches." Sansa la despachó de aquella manera, no agradándole para nada no solo estar en la boca de sus propios lords, sino ahora también del Dominio, y de Dorne, aparentemente.

Ariadne deseaba mantenerse seria, pero no podía, toda esa movida de trasfondo de la Reina con el escudero de su exesposo, y ahora ex Guarda de su hermano, las había divertido a ella y a Olive en demasía por la ironía, "No se preocupe, Quentyn hizo entrar en razón a Humfrey de que era mejor que se cerrara el pico. Y se lo admitió solamente a mi primo porque tenía bastantes copas encima."

Y el príncipe obviamente se lo había comunicado a ella. Y Sansa asumía no sería la última vez que Humfrey hablaría con copas encima. "Buenas noches." Le repitió. Y ésta vez la mujer sí se inclinó aun sonriéndole descaradamente.

Le inclinó la cabeza, "Estoy segura que un jalón de orejas de su hermano o de su Mano para que Humfrey no lo vuelva a hacer. Buenas noches."

No pudiéndose creer aun la cara de la mujer Sansa la siguió con la mirada, esperando unos segundos para exhalar y sentarse.

Y ella y Podrick en verdad se habían descuidado y buscado esto, primero en dejarse ser descubiertos absurdamente por Lord Tyrion a quien nada se le pasaba. Y luego por ambos andar ridículamente en las nubes por el otro y acceder una tarde ante Ser Brienne y el mismo Lord Tyrion de que era mejor que el Rey anunciara la salida honrosa de Podrick de la Guarda antes de que ella se marchara para el Norte. Para la mayoría aquello no significaría nada, pero para el Norte sería una obvia aprobación y no una sorpresa cuando lo destinaran en un año y medio de nuevo a su servicio. Y aunque ella había aceptado, también había temido aquello.

Lo que no sabían Ser Brienne y Lord Tyrion en el momento era que Bran, un par de días atrás, ya le había dado en privado la salida honrosa a Podrick de la Guarda del Rey, lo que quedaba simplemente era hacer el anuncio.

Y sin nadie ser advertido, ni dándoles tiempo a recapacitar, o echarse para atrás, Bran hizo el anuncio prácticamente como pie de nota al finalizar esa misma noche el banquete con los lords y ladies.

Y aquello fue tal impacto para ella que el sudor en su frente y su sonrojo no eran algo fácilmente fingido, y los lords y ladies en su mesa creyeron que fue tomada por sorpresa como el resto de la sala. Y trató de no buscar a Podrick con la mirada, estando muy atenta de su entorno, incluso imaginándose que si Lord Harry hubiera estado presente nada sutilmente se hubiera colocado de pie y marchado. Su mirada tras unos momentos siendo dirigida a Lord Tyrion, él también sorprendido, Ser Brienne, al único que vio entre confundido y sonriéndose fue a Lord Bronn, y en ese momento no le quedó duda de que el Lord sabía de lo de ella y Podrick. A Podrick también le terminó dándole la mirada más rápida, notándolo atónito.

A Podrick los lords de otras regiones invitándolo de mesa en mesa a que les contara más de sus lesiones, mientras ella se sentía con las mismas sensaciones que la atravesaban cuando estaba cerca a tener uno de sus ataques de ansiedad. Para cuando estuvo en su habitación incluso el sudor en su vestido era inequívoco, y Lady Rose no tuvo ni porque preguntarle si había sido tomada por sorpresa, porque era evidente que lo fue. Y la jovencita fue inteligente de no preguntarle nada más, y a la mañana siguiente llevarle todas las habladurías de sus propios lords y ladies.

Tras la marcha de Ariadne Martell le escribió un pergamino a Lord Humfrey recordándole porque era mejor quedarse callado y adjuntándole una de las copias que ya había hecho sacar de una de las correspondencias incriminatorias que había mantenido con ella. Amenazándolo de que la próxima vez le enviaría la copia directamente a su hermano mayor, porque no le caía en duda de que su madre lo estuviera cubriendo.

Y al amanecer de la mañana siguiente, una vez más, obtuvo de Lady Rose todos los cuchicheos que se estaban dando entre sus lords y ladies, ella diciéndole que aunque nadie la culpaba por negarse a una ayuda sospechosa que después talvez le viniera a costar más al Norte, también se hablaba de la falta de pantalones de Lord Humfrey y su familia una vez que la delegación del Norte se marchó. Y aunque Sansa no sentía que sus lords estuvieran tan en contra de ella como lo había creído en un principio también sabía no confiarse de ello y calmarse. Lo más probable era que en los próximos días, meses o incluso años su mala conducta se le fuera tirada en cara en algún momento, así que no clamaba victoria.

Lord Royce estando a su lado cuando dejó la tienda y marcharon seguidamente al carruaje, no diciendo mucho. Y después del anuncio de la salida honrosa de Podrick de la Guarda, él fue el único quien se atrevió a cuestionarla sobre lo que ella creía le esperaría a Ser Podrick en un futuro. Todos los que sospechaban lo que sucedería quedándose callados, incluso Lord Cromwell y Lady Wylla, lo que la había sorprendido de ésta última.

Por su parte Lady Cromwell siendo prudente le brindó una sonrisa cómplice sin palabra alguna cuando fue a visitar a su esposo. Y Lady Rose…aún no le había hecho mención alguna de lo que pensaba, lo que de por sí Sansa encontraba extraño, pero más extraño se le hizo darse cuenta que deseaba la opinión de la jovencita.

Dos días después de aquel anuncio público había ido a visitar a Lord Cromwell, éste ya habiendo aceptado lo sucedido con su brazo, no demostrándose de malos ánimos que la preocuparan a ella o a su esposa, pero obviamente la pérdida de su miembro aun siendo un impacto. Y ella no le había querido traer dolores de cabeza. Pero seguramente se los dio cuando tomaron el tema, el Lord manteniendo su posición sobre Ser Podrick. Y dándole a entender que todo le estaba saliendo como él lo había predicho ella había estado maquinando. A lo que simplemente respondió que ella no se había esperado que nada saliera de esta manera, así él no creyera en sus palabras.

Y entre más avanzaban por el Camino Real más empezaba a caer gradualmente la temperatura, Sansa no descubrió qué tanto hasta días después de haberse despedido en el Valle, de Lord Royce y Ariadne Martell, y ya estando más entrados en el Norte.

Uno de sus temores era la llegada de un nuevo invierno más ella no contaba con la experiencia para asegurar su llegada como algunos abuelos que ya lo habían presagiado.

Para cuando por fin llegaron a Puerto Blanco y Nueva Fortaleza la totalidad de las cabezas de los lords y ladies del Norte que no habían marchado con ellos hacia Desembarco del Rey estaban esperándolos.

La primera reunión cuatrimestral se dio la mañana siguiente y desde primera hora.

Lo primordial a tratar era el próximo invierno, pero también se trataron otros temas, su compromiso fallido por supuesto, el tema ella pasándolo irreverentemente por encima en cuanto al lado personal y centrándose en el lado político-económico y cómo había tratado con Ariadne Martell para que Dorne se encargara de pagar aquel interés con el Dominio a cambio de agua. Y al ahora contar con una mejor relación con Dorne también se verían beneficiados de otras maneras, como en facilitaciones de trueques con Essos.

Hablaron de la falsa calumnia de que el Dominio, o en su defecto Lord Humfrey, había ofrecido de ayudas para el Norte. Hablaron del ataque hacia su persona y las demás regiones en el Sur, sobre qué tanto se vería el Norte involucrado en una guerra de otro Reino a lo cual ella se negó rotundamente; "El Norte no se verá involucrado a no ser que Poniente entero se vea en peligro y sea necesario prestarle ayuda a mi hermano. Ahora en lo que todos los norteños debemos centrarnos es en el invierno."

Y en consenso llegaron a que, aunque había indicios de una ligera baja en las temperaturas en todo el Norte, aún era muy temprano para asegurar que éste se acercaba, o cuánto tiempo tardaría en llegar con todo. Usualmentepasaban décadas sin inviernos, y el Norte había pasado por uno no hacía ni una.

Y aunque no se hablaba con seguridad, se hizo énfasis en aprovechar el tiempo que les podría quedar para maximizar los cultivos y la pesca, la tala de leña. Presionar a los Lords del Sur con los acuerdos a los que habían llegado, algunos de los cuales habían quedado cerrados con dinero de por medio. Sansa lo pensaba como estar listos a largo plazo. Algo que venía haciendo desde el mismo final del invierno anterior, pero que ahora sentía era más imperativo e inminente; asegurarse que todos los lords tomaran la advertencia en serio.

Por esos mismos días su periodo llegó, lo que la hizo dejar atrás una preocupación de más.

Cuando Ariadne Martell se les unió en Nueva Fortaleza lo hizo quejándose del frío entumecedor tan diferente al de su tierra, y queriendo conocer todo del Puerto del cual saldría despachado cada barco hacia Dorne. Lord Manderly y Sansa notaron que no le agradó la idea de de repente un invierno aproximándose tan pronto habían cerrado negocio, más fue calmada ante ello; Lord Royce y el Valle eran una extensión del Norte. El invierno en el Valle no hacía el mar de sus costas innavegable y Lord Royce respondería con el hielo o agua de sus ríos, ya aquello habiendo sido acordado.

Nadie le faltaría la palabra a Dorne mientras ella viviera.

Cuando Sansa por fin regresó a Invernalia se sentía exhausta, como si su partida se hubiera dado por mucho más tiempo del cual fue.

Con Ariadne Martell y su comitiva hizo lo mismo que hacía siempre que habían visitas; organizó que las salidas se las dieran unas cuantas de sus ladies y asesores. A veces los comentarios que le llegaban del comportamiento de la mujer haciéndola sonrojar, ¿pero al fin del día quien era ella para juzgar?

Además, había cosas más importantes que nimiedades.

Y aunque se decía aquello, su mente no podía dejar de viajar al Sur, a Podrick.

Ante todos los problemas que sentía a su alrededor no podía dejar de sentir que en las noches, y a veces de día también, su mente escapaba o tenía un ancla en los recuerdos. Mayormente se recordaba contenta junto con él, pero también había habido inseguridades y falta de confianza en sí misma, todavía las sentía, pero ahora teniendo todo como recuerdos valiosos lo que más sentía de estos en vez de temores era felicidad.

Y sí, había sentido que las cosas avanzaban rápidamente entre ellos. Lo cual era absurdo porque también tenía en mente quien fue Podrick en su pasado y para él sería todo lo contrario. Aunque nunca la apurara ni presionara, lo que había ayudado. Ella le había mentido en un par de veces, dejándolo proseguir, pero sintiéndose nerviosamente incómoda para después descubrir que no había sido tan malo, que lo que hacían no la afectaba de mala manera como en sus peores miedos creía sucedería.

El vino solía ayudar.

El vino solía ayudar, y dos noches antes del anuncio de la salida de la Guarda de Podrick, ella había estado bebiendo durante una reunión frustrante y fue eso lo que le dio el valor más entrada la noche para proseguir, o mejor dicho, a dejarlo proseguir a satisfacerse a su lado cuando él le pidió bajamente y con necesidad que no lo detuviera.

Y el momento había probado ser uno impactante para ella, no en cuanto a lo físico, sino a la confianza total que le tenía.

Casi siempre se acomodaban de lado o ella cuidadosamente encima de él, y cuando sucedió lo contrario, sin cuidado alguno y con cierta intensidad, se concentró en que no se sentía atrapada contra el colchón, al contrario, le agradó sentir su peso sobre ella, su imposiblemente mayor cercanía, la necesidad que aquello trajo. La falta de aire, las exhalaciones entre besos acalorados y enloquecedores, sus piernas abriéndose mitad por cuenta propia mitad porque estarían mejor acomodados de esa manera, el calor y deseo estallando en ella cuando lo sintió situándose entre estás y más pesadamente. El mantenerse la mirada al sentirlo empezar a presionar y moverse contra su centro con un solo propósito. Leyéndola. Preguntándole si estaba bien, si se detenía. Sansa se negó, la presión en su estómago y vientre bajo estallando incluso más. Embelesada e incitada ante la mirada profunda que él le daba, nunca quitando sus ojos de ella y aquello afectándola incluso más. Talvez fueron sus ojos las que la anclaron y que evitaron que de un momento a otro fuera a sentir miedo, martirio. Talvez fue el deseo, el no estar pensando claramente.

No fue hasta que empezaron a besarse lenta y húmedamente que se encontró respondiéndole a los movimientos de su cadera, de repente siendo tomada por sorpresa al acercarse súbitamente a esa sensación de explosión. No pasó mucho para él empezar a quejarse contra su boca, agachar la frente hasta la almohada y pedirle que por favor no lo hiciera detener, ambos temblando cada vez más, quejidos bajos dejándolo, sus caderas siendo más insistentes.

Un recuerdo nada plácido de una situación similar de repente atravesó su mente. Y se concentró en desplazar aquel recuerdo, cerrando los ojos fuertemente, su puño cerrándose en el costado húmedo de él, otro en la sábana, bloqueando aquel recuerdo y éste era Pod, había ropas entre ambos, estaba empujando fuertemente pero no lo hacía con malas intenciones, era Pod. No fue ella quien espantó aquel malestar fue él, susurrando su nombre bajamente contra su oído, 'Sansa, Sansa,' haciéndola estremecer y erizar, su rostro estallar, estaba por decirle que la mirara a los ojos cuando los empujones se tornaron espasmódicos, y aunque más lentos también eran más violentos, era Pod, y solo fue tres o cuatro veces hasta que se detuvo. Él mismo alejó sus caderas de ella en cuanto acabó de temblar, pero se quedó en la misma posición, exhalando y besándole la oreja, la mejilla, la cabeza, lo que sus labios alcanzaran sin moverse mucho.

Segundos después le recibió un pico rápido en los labios y lo siguió con la mirada mientras se colocaba en pie y rápidamente cruzaba la habitación, hasta la mesa donde sus doncellas le dejaban el agua y artilugios para la limpieza. No iba a dejar que lo acabado de ocurrir se interpusiera entre ellos. Mientras lo miraba de espaldas a ella también se fijó en su bata, una pequeña mancha húmeda en ésta a la altura de su estómago. Sentándose, en silencio, y con incomodidad tomó de él la pequeña toalla cuando regresó a la cama, el turno de ahora ella limpiar meticulosamente para no ir a dejar rastros de él a sus doncellas.

Podrick, con voz afectada, apenado, incomodo, y sonrojado, preguntándole si estaba bien mientras le llevaba una copa de vino. Sansa asintiendo, decidiéndose a no revelarle lo sucedido, "Apenada es todo." Dijo aludiendo también a la verdad. Y lo miró cuando lo escuchó exhalando, sus ojos llenos de…inquietud, de cariño…él pasando el momento mientras también bebía de otra copa.

Sansa no le mantenía la mirada y aquello le empezó a preocupar, ¿Debió de ser más considerado? ¿No dejarse llevar por las ganas con las cuales ella siempre lo dejaba? ¿Y qué de ella? Si fuera otra mujer se estaría ofreciendo a aliviarla, pero…era ella. Y tras unos segundos de repente la vio volviéndolo a mirar y dándole la más pequeña de las sonrisas, lo que lo calmó. Los dos exhalando y próximamente Podrick regresando a la cama, sentándose contra el espaldar de ésta y ella haciendo lo mismo. Tomándola de la mano y acariciándola, después de varios minutos de cómodo silencio Pod llevó la mano hasta sus labios y le dejó un beso, hablando con aprehensión, "¿Y usted? Me encantaría ayudarla a encontrar su final."

"¡Oh!" exclamó, y la verdad era que por todo lo bueno que se había sentido, ya la sensación había desaparecido. Tal vez fue demasiado rápida al negarse con un monosílabo y vio que eso a él le llamó la atención y lo hizo ir hacia atrás unos centímetros, lo que la hizo a ella sonrojarse y balbucear absurdamente porque ella ni siquiera sabía si o como tratar el tema.

Y comprensivo, Podrick siempre trataba de ser compresivo, "…¿No deberíamos tratar de hablar de esto? Nunca hablamos de esto. De lo que le significa a usted." Y vio su mirada brillar, respirar profundo, remojarse los labios, soltarse de él y traer las piernas contra su pecho, tocarse los ojos con fuerza con su mano izquierda, ¿talvez para impedirse llorar?

Sansa lo sintió girarse hacia ella, besándole el hombro suavemente, mermar el espacio incluso ya reducido, y ella sabía que este momento algún día llegaría. "…Es sólo que todo esto es nuevo, de una manera diferente." no se atrevía a mirarlo, "Y usted es usted, y eso me tranquiliza y me da confianza..." balbuceó por unos segundos, queriendo explicarle su pasado pero cada vez que lo iba a hacer su orgullo se lo impedía, a lo último tan sólo exhaló profundamente, "Aunque a él le dije que todo recuerdo de su persona sería borrado…lo que me hizo sigue teniendo un peso en mí. Ya no tanto como antes, pero ciertos temores siguen ahí…" y por el bien de Pod no le iba a comentar que había venido a perseguirla hacía unos instantes.

Podrick se tensó y la escuchó, sólo interrumpiéndola cuando lo sentía necesario, y hablaron, o ella habló, explicándose y dejando de lado nombres impronunciables y situaciones que no había porque revivir.

Sansa no lo consideró el estarse quitando un peso de encima, sólo dejó que los pensamientos fluyeran, honestamente no sintiéndose tan expuesta ni afectada como lo había previsto pues no hablaba de hechos sino de lo que ahora hacía de toda aquella situación. En él encontrando el apoyo que ya sabía encontraría. "Sé que así no sane completamente, y que de vez en cuando mis vivencias me vengan a afectar pasajeramente, el tiempo ha ayudado. La lealtad y estima de las personas con que me rodeo. Particularmente a su lado es una gran distancia la que ya he recorrido…"

Podrick la besó en la frente.

El ambiente haciéndose tan pesado que minutos después decidieron huir al solar. Dejar que el viento cálido, el sonido del mar, la oscuridad, la luna, las estrellas los calmaran y despejaran un tanto.

El vino también.

Lady Rose cada mañana creyéndola bebiendo demasiado pues se acababa jarras completas de vino sola. Pero la jovencita no sabía que no era sola. Y que a veces Podrick traía de la reserva de Lord Tyrion para que no sospecharan de Sansa. Esa madrugada en particular bebieron de ambas existencias, encontrando un punto a lo más este de aquel solar donde desde la lejanía les llegaba los murmullos de la música que aún se tocaba en el Gran Salón.

Talvez fue el vino el que les empezó a levantar los espíritus, el aire libre que cambió sus genios. Hablaban de aquella música, letras que ella a ratos reconocía y otras no, a veces hablaban de las historias que habían influenciado aquellas letras. Las chanzas comenzaron con ella recordándole que hasta el momento nunca había cantado para ella como se debía y él respondiéndole que algún día cuando fuera prudente lo haría. Cuando estuvieran solos de verdad y no se pudieran levantar habladurías. Nieve paseándose delante de ellos.

Y más comentarios, besos y caricias ante aquellas chanzas y el vino con cada momento teniendo su efecto, desinhibiéndolos. Ambos muy al tanto de éste cuando ya moderadamente ebrios bailaron pieza tras pieza riéndose de la absurdidad. De rato a rato deteniéndose en su descoordinación para hacerse señas de no reírse tan duro, así hubiera bastante distancia entre la punta de ese solar a la habitación, y de ésta a la ante sala y a la pesada puerta más allá que protegían sus Guardas.

Podrick le dio una vuelta y la atrajo hacia él completamente, "No creo que bailar así de cerca sea propio de una dama."

"…No es lo más impropio que he estado haciendo estos días."

Y la sonrisa, la mirada de picardía, la forma en que ella le robó un pico rápido, provocaba cosas en él, "…Si supiera que esta es su yo borracha…hacía tiempo la hubiera sonsacado." Susurró entre risas, y contra la mejilla de ella.

Sansa se carcajeó a su vez, nada más que este momento y ellos existiendo, "…Mmm, creo que ya me ha sonsacado lo suficiente."

"…Estoy seguro que puedo hacerlo otro tanto más." Comentó de vuelta, no pasándosele desapercibido la mirada de ella.

Y el nudo en su vientre bajo regresó, "Se conoce bastante a usted mismo, ¿verdad?" Admitió, teniendo en mente lo cerca que había estado de aquella explosión antes de que aquel recuerdo se apoderada de ella. Y ahora, sintiéndose tan feliz, tan en calma, tenía curiosidad de repetir a ver sí podía suceder.

"Sí." Se remojó los labios, "Y la conozco a usted también."

Y poco a poco se detuvieron mientras se daban otro de esos besos lentos que a la larga los dejaba sin aire en el pecho y deseando más.

Podrick separó sus labios de los de ella tras unos momentos, "…Podría ser así, en Invernalia." Le comentó para luego corregirse, "…Bien, no así de esta misma manera, hace mucho frío en las noches como para andar haciendo de estas al aire libre…"

Y esto era lo más libre que ambos podían ser juntos. Lo más libre que podían estar y lo estaban disfrutando.

Sansa le sonrió, enredando sus dedos en el cabello de él aunque teniendo más cuidado con el lado de los puntos, "Pues vengo diciendo que sí desde hace unos días, y el calor de la batalla ya me dejó. Y la respuesta sigue siendo sí." De inmediato lo vio sonriéndose incluso más. Y le dio otro beso como el anterior.

Podrick sosteniéndola, sonriéndose, sabiéndola más que tomada y por eso no se tomaba en serio sus palabras. O sí lo hacía.

Y cercanía, había que aprovechar cada momento de cercanía y soledad, en su mente todavía estando el no haberla saciado antes, para él siendo un misterio si ella sentía la necesidad. Más sabía que después de la conversación que tuvieron no sería bueno traer el tema. Al menos no esa noche. Pero lo hizo un rato después de bailar con ella otro par de melodías, y haberse sentado en una banca. Ella habiéndose dejado acomodar de lado sobre su regazo, la mano de Podrick bajando y subiendo por su costado, frente apoyada contra el hombro de ella, "¿Se toca?"

Su mirada había estado perdida en el horizonte, pero al escucharlo ésta se enfocó de nuevo, su ser volviendo a estallar, "…Mi parte de dama no está tan bebida como para contestar eso." Respondió saliéndole adelante y apenada. Y ambos tenían las cabezas apoyadas en ángulos que no les permitía mirarse y ninguno corrigió aquello, la conversación dándose más fácil de aquella manera. Aunque no habría mucho más que conversar si de ella se tratará.

"Es una dama, lo sé. ¿Pero siente…necesidad…tras estar conmigo?"

Sansa prefería la prudencia antes de contestar, habiéndolo escuchado antes decir que era normal tratar ese tipo de temas…bueno, más normal donde estuvieran casados, pero que ella entendía a qué se refería. Sansa no estuvo segura qué tanto tiempo pasó antes de decidirse a contestar, pero sí supo que pasó bastante, "…Sí…" contestó a media voz.

Podrick asintió pensativamente, y pues su imaginación era más que buena, pero en ese momento muy vaga, porque no se la podía imaginar a ella tan pudorosa…no siéndolo. Le dejó un beso en la columna de su cuello y la sintió temblando, "¿Piensa en mí?" antes se había tensado, ahora la sintió moviéndose incómodamente aunque no deteniendo la mano con que le recorría la espalda.

Se remojó los labios, "…¿En quién más?" y lo sintió sonriéndole contra la piel, lo que la hizo girar los ojos.

La rodeó con los brazos, "…Eso está bien." Su tono cantado saliendo entre complacido y con burla, lo que le ganó un codazo al estómago tan fuerte que de hecho le sacó el aire.

Para ella aquella corta charla había sido suficiente y demasiado, exasperada se colocó en pie, colocando espacio entre ellos, se fue a marchar, pero él la jaló de nuevo, ella yéndose contra su pecho, e instantes después encontrándose en otro beso acalorado.

Y ese, Sansa podía decir, fue el momento en que lo físico se empezó a profundizar entre ellos, en que las inhibiciones la empezaron a dejar. Era fácil, con estar cien por ciento segura de que él la apoyaba, no juzgaba en su falta de pudor y la deseaba, y no era que no hubiera estado segura de eso antes o desconfiara de él…sólo era que…aquella primera conversación unidireccional ayudó a dejar todas sus renuencias atrás.

Al regresar a la habitación una cosa llevó a la otra, besándose y en el camino a la cama deshaciéndose de nuevo de la camisa de él, y el abrigo delgado de ella, y se encontraron repitiendo lo que ya habían hecho esa misma noche, ahora Sansa sintiendo mayor comodidad y felicidad, también confianza. Y cuando se permitió encontrar su final debajo de él la sensación de tranquilidad más maravillosa le provino. Tranquilidad y unión. Podrick también bastante plácido a su lado, plácido y complacido.

Y exactamente dos días después de aquello fue que notó a Lord Tyrion dándose cuenta que Podrick y ella se traían algo. Pero la verdad, probablemente había sido el fuerte sonrojo al encontrarse con Podrick inesperadamente tras lo que le había dejado hacerle la noche anterior. Tres veces. Y con su mano. Inquieta incluso más recordando, en el peor de los momentos, lo que Podrick también le había dicho quería hacerle con su boca.

Sansa en su turbación notó que Lord Tyrion fue perspicaz porque al acercársele en compañía de unos Lords de Las Tierras del Oeste –Podrick por alguna razón en el grupo, hizo comentario a sus ojeras, pero buena disposición, y ella balbuceante hizo mención al malestar que estaba teniendo gracias al vino de la noche anterior, a lo que vio a Podrick en el fondo, también sonrojado, dejar su sonrisa torcida y sacudirle la cabeza sutilmente. Y aunque no era posiblemente sonrojarse más el calor continuó subiendo cuando vio a Tyrion hacer una pausa ante aquello, tensándose y mirando de ella a hacer el intento de hacerlo por sobre su hombro hacia donde Podrick estaba, pero deteniéndose. Y en su mirada, su ceño fruncido, la exhalación que lo dejó, Sansa estuvo segura que no necesitaba de más evidencias para convencerse de que habían retomado lo de ellos. ¿Pero cómo? ¿Era ella tan transparente? ¿Lo había sido Podrick antes y ahora el Lord tan solo unía los puntos?

"Mi señora, una palabra." Tyrion le pidió horas después y terminada una reunión, alejándola de un grupo de lords, ella disculpándose y siguiéndolo.

Tyrion no la alejó demasiado, tan solo lo suficiente y a un campo abierto, cerciorándose que nadie estuviera cerca antes de hablar, "Escuché por Ser Brienne que Ser Podrick le propuso dejar la Guarda." De inmediato vio los rasgos de ella pasar a unos defensivos. Y con honestidad ni siquiera por un minuto creyó que Sansa fuera aceptar aquello, que tenía los pies bien puestos sobre la tierra, pero tras haberla visto mirando a Podrick un rato atrás, o mejor dicho, tratando de no mirarlo mientras sus ojos destellaban, lo sacó de su error. "No creo debiera recordarle lo que en verdad está en juego, mi señora. A veces es el corazón quien nos quiere guiar, pero en mi opinión sé no confiar en ést–"

Sansa le sacudió la cabeza, "–Gracias Lord Tyrion, por su consejo." Dijo con tono que le daba a entender que no estaba agradecida. Y sin dar esperas Sansa se marchó, no dándose si quiera a sí misma un segundo de duda. Ya su decisión estaba tomada.

Y al no entrar en razón era a lo que se estaba anclando en esos días, sin mucha dificultad, cabía notar.

De esta forma, ocupada y metida en sus recuerdos transcurrieron los primeros meses en el Norte. Con nula comunicación con Podrick para no levantar sospechas, y comunicación escueta con Ser Brienne y Lord Tyrion en cuanto a la situación con Los Segundos Hijos. Trataba de no pensar tanto en el futuro…corrección, sí pensaba en el futuro, en el invierno y el Norte, pero trataba de no pensar era en Podrick y los nuevos obstáculos en el camino, se había decidido a tratar cada uno de estos cuando se presentaran.

Y no pasó mucho para el primero. Y peor, que el mismo Podrick le trajo.

No fue hasta entrado el cuarto mes que Ser Brienne le hizo comunicación de que Podrick marchó hacía Essos por voluntad propia. A Sansa la noticia por supuesto que la desconcertó, la molestó, y la preocupó, pues entre todos, Brienne, Tyrion, e incluso Lord Bronn, habían accedido a que no era necesario que Podrick se expusiera en tierras extranjeras estando las cosas como estaban.

Todo para nada.

Y aunque Brienne no lo decía para ella era obvio que Podrick deseaba hacerse a gloria para sí mismo…así marchara con un nombre falso y su nombre real nunca se revelara. ¿Gloria y fortuna antes de viajar al Norte? Pidió que no fuera eso. Qué el no creyera que necesitaba probarse –ante los demás– que no estaba tan por debajo de ella.

Temblando del enojo, la decepción, la angustia, le envió una carta airada a su propio hermano, en el fondo sabiendo que aquello no servía de nada, y que además si alguien había que culpar era al mismísimo Podrick, quien al final del día no la había tenido en mente a ella. "Idiota." Y no, él no le había hecho promesas de no partir para Essos, por eso mismo había buscado a quienes más lo apreciaban para que le sacaran aquello de la cabeza si el momento se presentaba.

El enojo no se le pasó del todo con los días, ni la preocupación tampoco. Estando maniatada lo único que podía hacer era mantener esperanzas de que él se mantuviera fiel a sí mismo y no fuera a actuar intrépidamente…que su hermano no lo hubiera enviado a una parte demasiado peligrosa, y esperar a tener información de él así fuera por parte de terceros.

Tres semanas después llegó un emisario al Norte, trayendo un documento que por alguna razón Bran no vio como prudente enviar mediante cuervos.

Era un sobre con varios pergaminos, Podrick, Brienne, y Bran.

El de Podrick venía fechado antes de su partida y empezó por ése, pasando por alto el saludo cariñoso de cuan largos se le estaban haciendo los días con su ausencia, y toda la prosa romántica que ella sabía lo que buscaba era mermar su enojo para que le disculpara sus acciones...

'Para éste momento ya estará al tanto de mi partida para Essos, y sé que no fue en eso lo que acordamos en su estadía aquí. Mi intención con evadir el tema no fue engañarla sino calmarla, pero creo que nadie más que usted conoce en actuar de acuerdo al deber. Y siento que mi deber es cumplir la palabra que le di hace mucho tiempo al Rey.

Sé que estará pensando qué significa entonces mi palabra para usted. Y pues esa sigue ahí. Siempre estará ahí. En un año y tres meses nos volveremos a ver, lo prometo. Promesa que pretendo cumplir.

Parto hacía Essos con buenos ánimos, con entusiasmo y la certeza de que todo saldrá bien. Que nos reuniremos prontamente.

Que teniendo la mente y el cuerpo ocupado el tiempo pasará más rápido.

Sé que probablemente estará más que enojada conmigo y aquello lo comprendo. Pero comprenda usted también que es algo que me debo a mí mismo.

La comunicación con Poniente será escueta o nula, sólo le pido que confíe en mí, como siempre lo ha hecho.

Con todo mi amor, Podrick Payne, su esposo.

P.D. Me agrada en demasía el poder escribir esas últimas dos palabras.'

La carta de Podrick no le proveyó paz, nada lo haría. La hizo a un lado para releerla en unos minutos, antes de guardarla entre los numerosos pergaminos que había compartido con él hacía un tiempo. Ahora estos teniendo de compañía la bolsita de cuero quemado que él le había pedido trajera con ella al Norte, para así él tener otra razón más para venir a Invernalia.

Ahora aquello haciéndola sentir el mal augurio de que él nunca vendría a buscar la bolsita.

Con mayor desánimo y pesadez leyó los pergaminos de su hermano y de Brienne, en ese orden.

Bran dándole a entender que Podrick había ido a buscarlo por su propia cuenta para ser enviado a Essos y que él había accedido muy bien sabiendo que iría en contra de los deseos de ella. Le pedía que confiara en ambos, a Podrick no lo había enviado sólo y estaría bien cuidado, aunque de eso último el caballero no estaba al tanto. Le pedía que tuviera en cuenta que su partida para Essos y hacer tanto por el Reino era una buena ficha a mostrar cuando se revelara su relación con ella y el escandalo se diera. El heroísmo de Podrick no solo le serviría de imagen a tener en cuenta para el Norte, sino para los Seis Reinos también. Podrick siempre había sido leal con todos a quienes había servido, y esta era la única forma de pagarle aquella lealtad.

Ahí terminaba el mensaje más personal, y continuaba un solo párrafo de siete renglones donde se le revelaba las próximas jugadas a hacer contra Los Segundos Hijos y El Banco de Hierro. Sansa reconociendo que le dejaba saber aquello, no para tranquilizarla por Podrick, sino porque talvez ella en un futuro tendría que hacer una jugada en aquel juego y deseaba que estuviera preparada.

Brienne por su parte hablaba de deber y lo imperativo que era serse fiel a uno mismo, y que Podrick aquello era lo que había buscado con aceptar marchar a Essos. Lo sentía para con ella, pero estaba orgullosa de Ser Podrick y su iniciativa.

Tal como lo hizo Bran, Brienne trató de calmarla, aunque brindando un poco más de información, diciéndole que Podrick había sido enviado a uno de los campamentos más seguros, donde estaría trabajando en conjunto con Lord Bronn, y hombres leales a éste último, no estaría sólo. Además, debía confiar de las habilidades de Pod como Caballero, siempre había salido bien librado en cada misión en que había sido enviado antes y esta no sería la excepción.

Todo esto por supuesto le dejó un mal sabor de boca en los días venideros, tanto optimismo, tantas palabras de que todo estaba arreglado, que no se preocupara no hacía más que preocuparla.

Nada nunca salía acorde a los planes.

También se sentía traicionada, todos en su momento la habían apoyado para después darle la espalda en cuanto la oportunidad de enviar a Pod a Essos se presentó. Incluso se sentía traicionada por el mismo Podrick. ¿Acaso no sabía lo que esto le significaría a ella?

Y su estado de ánimo invariablemente se llevó un golpe, sus propios asesores notándolo y tomando que las cartas provenientes del Rey no auguraban nada bueno.

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Lord Cromwell y su esposa regresaron de Desembarco del Rey no mucho tiempo después, y lo menos que Sansa se esperaba era que el Lord se quisiera unir inmediatamente a las reuniones del consejo, pero dictaba que llevaba meses con la cabeza en blanco y necesitaba ponerse a trabajar. Esa misma noche y mientras el lord, su esposa y ella compartían una comida el Lord le comentó que Ser Podrick lo había ido a visitar un par de veces durante su convalecencia. Sansa dirigiendo una mirada nada sutil a Lady Cromwell quien incómodamente se la devolvió.

"Un joven atento," Lady Cromwell decidió proveer tras un par de segundos de silencio, lo que vio a su esposo no le agradó. "…Mire que sacar tiempo para visitar a Ser Davos y a Lord Cromwell también…"

Sansa asintió, "Eso fue bueno de su parte, pero dígame, ¿cómo sigue Ser Davos?" decidió preguntar, aunque Ser Brienne muy bien le había escrito del estado del hombre. Y escuchó a la mujer contestarle, fingiendo prestarle atención, pero a quien en verdad estudiaba era a Lord Cromwell, quien parecía desistir de querer decir algo.

Toda la velada tuvo aquella sensación, aunque no se volvió a mencionar a Podrick aparte de que parecía que el Rey lo había enviado a Las Tierras del Oeste.

Días después y antes de su partida fue Lady Cromwell quien se le acercó, al parecer, aprovechando de encontrarla a solas.

"Sabemos que se casó con Ser Podrick a escondidas."

Sansa de inmediato se detuvo, su mirada tras unos segundos buscando la de la Lady, encontrándola sonriéndole abiertamente, lo que no se había esperado y la hizo sonrojar incluso más. "…¿Cómo?"

Era cierto que no sabía si estaba metiendo al caballero en problemas, pero era mejor advertirla de que Lord Cromwell ya lo sabía, "Ser Podrick se lo admitió a mi marido…porque digamos que en un par de sus visitas Lord Cromwell lo quiso hacer entrar en razón de que…él no es el tipo de hombre que el Norte necesita como su pareja." Lo había querido convencer de que sí la quería olvidara cualquier tipo de planes que ambos habían armado, pero decirle aquello a la Reina sería traicionar a su esposo, talvez perder su puesto en el concilio, así que fue cuidadosa con sus palabras ya ensayadas. "Pobre muchacho. Lo vi yo misma perdiendo la paciencia con mi esposo y revelándole el secreto."

Tristemente aquello era de haberse esperado, y que Podrick no se hubiera callado le pareció paradójico, pasó saliva queriendo demostrarse tranquila, "…¿Y cómo reaccionó Lord Cromwell? ¿Qué piensa hacer con la información?" Lord Cromwell distaba de ser Lord Harry, pero era mejor preveer que curar.

"Ya está resignado, me imagino que en su mente a barajado los mil y un planes de como todo esto proseguirá." Lady Cromwell le sacudió la cabeza, "Acá entre nos, lo único que sé es que esperará al momento que usted le dé la cara, me lo dijo."

Sansa prosiguió en su andar, lentamente, pensando toda esta situación, preguntándose si el Lord en su larga estadía habría hablado con Lord Tyrion o Ser Brienne del asunto, aunque no lo creía, menos con su hermano…pero si habló con alguien ese era definitivamente Lord Tyrion, quien, aunque finalmente había apoyado su decisión…tampoco loa había acogido con brazos abiertos. "No tema, Lady Cromwell, no le diré nada de esta conversación a su marido."

"Solo quería ponerla en aviso mi señora…y felicitarla."

Sansa exhaló ante aquello, la sonrisa en la boca de la lady provocando la suya. "Gracias." Respondió, compartiendo cierta complicidad. "Nada de esto fue planeado, como Lord Cromwell puede estar pensando." La sonrisa de la Lady tan solo se amplió. Y horas después agradeció que la Lady no le preguntara que sucedería entre Podrick y ella en un futuro, porque ahora mismo ni ella misma lo sabía.

Con el tiempo le empezó a llegar correspondencia de Ser Brienne, manteniéndose cada dos semanas donde se le era informado mediante un código que Podrick estaba bien. De vez en cuando brindándole algún detalle mayor, pero aquello no era suficiente.

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Quien trajo la inminencia de un invierno llegando fue un cuervo con un pergamino por parte de su hermano. No ese hermano. Un cuervo por parte de Jon, saludándola y diciéndole que La Gente Libre estaban seguros de que la llegada del invierno era inminente. Y que empezaban a hacer preparaciones para éste. Él no escribía para pedirle ayuda, sino para advertirla. Y Jon nunca le contaba de su vida, pero esta vez lo hizo. Mencionándole como cazaban y pescaban, cortaban leña, la ubicación de las cuevas donde La Gente Libre había tomado resguardo por miles de años y como pensaba pasar aquel invierno en aquellos lugares, no como la vez pasada que estuvo resguardado en el Castillo Negro. No había razón de que se preocupara por él sino por el Norte. Y aunque no pedía favores pedía su permiso para que un selecto grupo de veinte personas, mayormente infantes y ancianos pasaran aquel invierno en el Castillo Negro, donde él estaría por las siguientes dos semanas.

Sansa sabía que comunicarle aquello último era por si deseaba escribirle, no visitarlo. Y así dijera que no pedía ayuda sí lo hacía, veinte bocas más que alimentar…ahí estaba pintado Jon, más decidió no hacer mucho de aquello.

Le escribió de vuelta, mencionándole cuanto le agradaba saber de él, comentándole de su encuentro con Bran, y que si deseaba sus veinte personas podían viajar hasta Corona de la Reina y su aldea que quedaría abandonada, o incluso se podían situar en Último Hogar, donde serían recibidos sin problema alguno, y con mejores comodidades que en el Castillo Negro. De paso le comentó que estaría de visita en Último Hogar en semana y media por si deseaba encontrarse con ella.

A esto último Sansa muy en su interior sabía que él se negaría.

En los consiguientes días dejó conocer la información que le llegó de Más allá del Muro a sus Lords, e incluso pasó la información a Lord Royce, su tío Edmure y su propio hermano.

Y fue en Último Hogar donde volvió a ver a Jon, y lo que la golpeó como sorpresa pues no tenía pensado que él se presentara. De hecho, ya su carruaje llevaba por ahí unos quince minutos de camino a Invernalia cuando escuchó algarabía afuera entre su ejército y Guardas. De repente Jacob tocándole a la puertecilla con el carruaje aún en movimiento, por supuesto Lady Rose y sus dos asesores que la acompañaban temiendo un ataque.

"Un hombre, mi Reina. Dice ser el Lord Comandante de la Guarda de la Noche, su hermano."

Sansa se encontró entre incrédula y viviendo el momento ausentemente, bajándose del carruaje y siendo rodeada, viendo a sus hombres rodeando a la lejanía a una forma que no podía distinguir. Tres decenas de metros y el cabello y su figura se lo dijeron todo, se encontró en un afán apurando el paso, los soldados dejándola pasar, más los que rodeaban a Jon continuaron situándolo. "…Está bien." Les dijo a estos últimos, con un nudo en la garganta y mirándolo a los ojos, queriendo descubrir rencores aún en estos, pero no encontró nada más que seriedad para un segundo después él exhalar pronunciando su nombre.

En segundos se estaban abrazando firme y largamente.

Sansa no ofreció disculpas, y él dejó el pasado de lado. De lo único que hablaron fue de Arya y Bran.

Arya estaba bien, según Bran. Pero ella en lo más profundo de su ser sentía incertidumbre.

Y Bran seguía tan raro como antes.

De Sam también hablaron, su cuerpo nunca habiendo sido encontrado, y Ser Davos recuperándose lentamente para su edad, pero habiendo sorprendido a los maesters con eso.

Jon era llamado El Rey Mas Allá del Muro, y ninguno hizo alusión a eso. A ella la verdad, la beneficiaba.

Hablaron fue de sus vidas, él de cuán difícil era aquella vida nómada pero que lo llenaba de paz, y ella de la paz que le faltaba gracias a ahora ser Reina.

Hablaron del ataque que había llegado hasta los oídos de Jon. De quienes posiblemente estaban involucrados y por sus ojos, Sansa vio pasar la conexión entre Daenerys Targaryen y Los Segundos Hijos. Ninguno hizo mención de ello.

Jon agradeció por Corona de la Reina, y La Gente Libre aun lo estaba pensando, él también, pues temía que al pasar el invierno ellos se quisieran adueñar de aquellas tierras y eso se les convirtiera en un problema a ambos. Él, haber pasado del Castillo Negro para buscarla también se podría convertir en un problema…

"Mis hombres no hablarán. Como nadie lo hará si decidieras visitarme algún día en Invernalia."

"Es mejor no arriesgarse." Y la vio asintiendo, "…Aunque sé que si Arya decidiera visitarme me halaría de las orejas hasta allí."

"Eso sería bueno." Le respondió, dándole una sonrisa, "Aunque entiendo el no querer regresar…"

Y sus vidas ya eran demasiado diferentes, separadas, nunca se volverían a encontrar de nuevo como cuando fue ella llegando al Castillo Negro.

Jon habló de una mujer en su vida, Val, aunque aquello iba en contra de los votos que él nunca reafirmó para la Guarda de la Noche, y Sansa no se lo reprobó, antes, al contrario, le agradó que no estuviera sólo. Y él muy bien sabía los miedos y las dudas no sólo de ella sino de todo el Reino también, "Los Targaryen se acaban conmigo."

"Eres un Stark." Dijo, no queriendo reafirmar sus miedos ante él continuar el legado de su otro lado de la familia.

Jon se sonrió tristemente, "Cada vez que un Targaryen nace, los dioses lanzan la moneda al aire y el mundo aguanta la respiración para ver de qué lado caerá…" ella no respondió, tan solo asintió, lo que lo sorprendió pues ella siempre tenía algo por decir, aunque talvez era que en esto sí pensaban igual y no veía para que reafirmarle sus miedos, "¿Y tú? Escuché algo de un prometido y que aquello no se dio…¿un escándalo?"

Trató de no girar los ojos, "¿Chismes te llegan hasta Más Allá del Muro?"

"Eres la Reina. Y mi hermana." Bien, prima, pero ella y Arya le habían reafirmado que era su hermano, y no les iba a llevar la contraria. La vio asentir, pensativa.

Sansa decidió hablar, viendo que estaban sentados bastantes alejados de todos, "¿Recuerdas a Podrick Payne?"

"Recuerdo el apellido, pero al hombre muy vagamente. ¿Por qué?"

Por supuesto, el apellido, "…El escudero de Ser Brienne…" proveyó tentativamente, viendo que habiéndose dejado llevar por la emoción de revelarle el secreto, pasó por alto que Jon pudiera no ver bien aquella unión. Jon le hizo una seña de que no lo recordaba bien, y por su parte se encontró balbuceando, no sabiendo como proseguir, y decidió que era mejor hacerlo de golpe. Y si le caía mal la noticia era mejor que lo supiera por ella. "Bran nos casó. Es un secreto. El Reino aún no lo sabe."

Jon frunció el ceño ante eso, su curiosidad de repente llegándole, no entendiendo nada. ¿Y con un Payne? Ella no le había perdonado al Rey Loco el asesinar a su abuelo y tío, se lo tuvo en contra a Dany, ¿para venir a casarse con el sobrino o primo del hombre que le cortó la cabeza a su padre? Aun así, Jon sabía que Dany había dejado bastante trecho para él venir a hacer comparaciones. Además, Bran evidentemente aprobaba al tal Podrick si los casó. Aun así, aquello vino a dejarle un mal sabor de boca ante la obvia hipocresía de Sansa, "¿Por qué?"

Sansa decidió moderarse, la verdad se moría por contarle a alguien cercano que se había casado por amor y que estaba contenta, aunque en el momento enojada con Podrick, "…Es el único hombre en quien me veo confiando después de mi experiencia." Después de eso silencio prolongado, para verlo asintiendo una y otra vez. Y por la forma en que los rasgos de Jon se habían convertido en más agudos momentos atrás supo que algo lo molestaba. Y sospechaba qué era ese algo.

Jon sabía que Podrick Payne era una buena persona, sabía del pasado de Sansa, y aunque comprendía lo que ella le daba a entender no podía dejar de juzgarla. Y decidió que era mejor callarse, "¿Por qué en secreto?"

Y Sansa se explicó lo mejor que pudo, sin dejar ver mucho la profundidad de sus sentimientos, ni siquiera mencionándolos, tan sólo que una amistad se había dado entre ellos desde que fue atacada y rescatada por él…dejándolo todo como confianza y amistad.

"Bran sí mencionó un par de veces que tú eras el futuro de la Casa Stark."

"…Suertuda yo." Le comentó, y compartieron una sonrisa de ironía, que ya no se sentía triste.

Por el bien de las cosas dejaron el tema, prosiguiendo al invierno y ayudas que ella de todas formas enviaría al Castillo Negro y a La Gente Libre. Al él negarse le recordó que tampoco sería demasiado y que lo tomara para su gente.

Evitaron hablar del Sur, de la imagen de él.

Hablaron de Brienne, burlándose pues Tortmund le había pedido que preguntara por ella.

Y una vez que empezó a caer la noche continuaron prolongando la partida hasta que no pudieron hacerlo más.

Se despidieron, ésta vez sabiendo que en un futuro habría más encuentros, un abrazo fuerte y largo, sonrisas, Sansa lo besó en la frente, como él una vez lo había hecho con ella. Y por mayor seguridad tuvo dos puñados de soldados acompañándolo de vuelta al Castillo Negro.

Aquel encuentro con Jon quitándole un peso de los hombros, de su conciencia. Pues aunque seguía manteniendo el no haber actuado erróneamente al revelar su parentesco real, aquello destruyó su relación con él.

No había llegado a Invernalia para cuando escuchó que en consenso en todo el Norte se tomó la alarma de Jon y La Gente Libre como el Inicio del invierno.

Ella aun teniendo sus dudas.

Aun así, le escribió a Bran, reafirmándole aquello y de su encuentro no tan fortuito con Jon.

Su mente regresando a Podrick. Y a El Cuervo de Tres Ojos o Bran, ya ni sabía si separarlos o no.

Los días continuaban pasando, y con ello el tiempo que podía compartir con Podrick en Desembarco del Rey acabándose.

Después del ataque Sansa continuó reiterándole diariamente haber tomado su decisión, de aceptarle la propuesta, y él no tomándola en serio. Recordándole aquel primer beso estando influenciados, y que no la quería influenciada.

Pero la tarde que ambos sospecharon Lord Tyrion los descubrió cambió algo en Podrick. Y fue lo que finalmente lo hizo actuar, buscándola y aceptando renunciar a la Guardia. Ni siquiera había anochecido para cuando se presentaron ante Bran para dejarle saber la decisión a la que habían llegado en conjunto.

Bran había resultado ser bastante entendible, incluso más de lo que ella llegó a pensar lo sería. También manteniéndose a margen de todo. Aunque haciendo sus movidas sin anunciárselas, como el hacer público la salida honrosa de Podrick de la Guarda…Y otro par de días después mientras estaban en un almuerzo junto con Ser Brienne, Lord Tyrion, Podrick, dar unas palabras que fueron inequívocas para los cuatro tras un par de segundos, de aquella manera improvisada, sin ceremonia alguna, casándolos sin ellos darse cuenta en un inicio.

Bran haciendo un juego de palabras en una sola frase corta y concisa, y el asunto estuvo determinado y terminado.

A Sansa le tomó unos momentos caer en cuenta de lo acabado de suceder, Bran siendo la imagen del Arciano y quien la entregaba, el testigo. Y quien oficiaría la ceremonia, si fuera una ceremonia convencional. Sus palabras pasando en un momento sin importancia, un comentario sin importancia. Ella aún tenía la cuchara en la boca cuando unió todos los puntos. Varios latidos de su corazón mientras se sonrojaba y pasaba la sopa con dificultad, bajó la cuchara y su mirada fue a parar a Lord Tyrion y a Ser Brienne quienes miraban aturdidos también. Una mirada a Podrick a su lado y se dio cuenta que él también lo notó.

Absoluto silencio.

"¿Acaba de casarlos, mi señor?" fue Lord Tyrion quien se atrevió a hacer el cuestionamiento, porque incluso Sansa no lo pudo hacer. Y pues sólo la Reina y el Rey alababan o habían alabado a los Dioses Antiguos, y el resto presentes eran sureños que, aunque creían comprender las palabras que el Rey había dado, les quedaba una ligera duda sobre aquel significado.

"Si ellos lo desean. Sansa no quiere matrimonio ni ceremonia, y de esta manera puede aludir a que se realizó."

De nuevo absoluto silencio.

Podrick reaccionó con el corazón prácticamente en la garganta, demasiado sofocado, avergonzado. "…Si ella lo desea."

Sansa asintió sin siquiera pensarlo demasiado, "Lo deseo." Dijo, para verlo soltar el aire que estaba conteniendo, sonriéndole apenadamente y tomándola de la mano para dejarle un beso en ésta, así cerrando el pacto.

Y en retrospectiva Sansa no iba a mentir, ese fue un descanso, una forma perfecta de salirse de una ceremonia válida de matrimonio. Aunque en aquel momento también había estado al tanto de que talvez no era todo lo que Podrick deseaba para una unión entre ellos…

…Así que más entrada la noche, hicieron un pacto verdadero, mucho más especial y con mayor peso que sólo les consistió a ellos dos...

El viento dándoles de lado, el sonido del mar a unos metros, Nieve en el agua, la cálida mano de Podrick viniendo a parar a su mejilla para acercarla y besarla, pero ella deteniéndolo de los hombros.

"Yo soy suya y usted es mío. Desde este día hasta el último de mis días." Sansa susurró y vio lo tomó por sorpresa, incluso a sí misma también pues recordó haberle dicho palabras espantosamente similares la noche de la mascarada en un arranque de celos. Y ni siquiera había caído en cuenta de ello hasta este momento.

Al escucharla el corazón de Podrick se aceleró, se sintió tensando y sonrojando pues esto no se lo había esperado, ella mirándolo y esperando su respuesta, la tomó de las manos y se las apretó antes de repetir las palabras, "Yo soy suyo y usted es mía. Desde este día hasta el último de mis días." Y cerraron el espacio entre ellos, compartiendo un beso casto y prolongado.

Al separarse segundos después le acarició a Podrick el cuello del jubón, "¿Es un pacto entonces?"

"Un pacto, una promesa, un juramento. Lo que mi Reina desee."

Le asintió, sin decir más. Ya todo estaba dicho. Ambos sonriéndose de oreja a oreja.

Y esa noche había estado llena de cariño y felicidad, esperanza, optimismo. Tantas emociones que, en vez de recordarlo, aquello se sentía más como reviviendo el momento, plasmándole todas esas mismas emociones en su pecho…

En aquel almuerzo recordaba a Bran mirándolos estoicamente pero con cierta serenidad, Brienne sonriéndoles desubicada, Lord Tyrion felicitándolos, aunque también con cierta pesadez…incluso Sansa creyó ver reprobación en su mirada, pero la verdad era que ella y Podrick habían estado secretamente tan emocionados que no les importó en nada que el Lord tuviera sus dudas y preocupaciones. Eso sí, para hacer comentarios fuera de lugar, para eso sí había estado.

"Sansa es la sangre de Invernalia. El futuro de la Casa Stark y del Norte."

"Ya escuchó a su Rey, Ser Podrick, le ordena que se ponga a trabajar de inmediato en ese futuro."

A Sansa no le agradó el comentario, incomodó a su hermano, a Ser Brienne, incluso a Podrick quien tenía hasta las puntas de las orejas rojas, pero quien se sonrió burlonamente con el Lord tras unos segundos cuando creyeron que nadie más les prestaba atención. Disimuladamente y sin dejar de comer le pegó con la rodilla por debajo de la mesa, haciéndolo enseriarse.

Y ese futuro se vino a desmoronar un mes después de su encuentro con Jon, al los maesters de todo Poniente confirmar la inevitable llegada del invierno.

Y aunque había estado sobre avisada desde antes de su partida para Desembarco del Rey, no notó físicamente la llegada de ése invierno, pues mantenía ocupada administrando la distribución de comida, de gente que habría en cada castillo, de la gente que viajaría más al Sur, o incluso a otras regiones, las reparaciones que habría que hacer ahora con mayor afán y ahínco. Fue talvez dos meses después que al salir de una reunión cuatrimestral vio que estaba nevando, y desde ese momento se le empezó a hacer evidente la caída de temperatura con cada día.

Podrick llegando a su mente constantemente, pero decidió pensar en él solo en términos de recuerdos, no de lo que sucedería entre ellos ahora que el invierno los separaría por quien sabía cuántos años más. El invierno anterior fue uno corto de dos años y medio, éste podía ser más largo. Y si éste se alargaba…o si se tornaba de una generación cómo su nana o los libros relataban, no solo su relación sería cosa del pasado sino su vida y las de los Norteños también, y ese día estaba en uno de sus días pesimistas de baja moral. Y decidió no continuar pensando de esa manera a no ser que recayera en una de esas debilidades que la afectaban. Era el peor momento. Ya lo podía hacer cuando la oscuridad y la nieve lo cubriera todo. Cuando no hubiera acceso a nada.

Mejor era poner manos en los asuntos importantes, ocupar la mente, y olvidarse de todo menos de los problemas que estaba tratando de solucionar.

En esos días pasó escribiendo cuervos, Lord Tyrion, Bran, Brienne, la poca información que le llegaba de Podrick siempre siendo a través de ellos, y siempre siendo la misma. En una de esas ocasiones y no pudiéndolo evitar le preguntó a Ser Brienne si Podrick estaba al tanto de que el invierno se acercaba y la respuesta fue más que devastadora.

¿Y porque la vida no podía otorgarle algo bueno y dejárselo quedar por más de un instante?

Poco a poco vio el bullicio desapareciendo a la gente de las Inviernas y del propio castillo marchándose buscando mayor seguridad en el Sur, el invierno empezando a entrar lentamente.

Con más tiempo, Lady Cromwell y su familia regresando a Invernalia, habiéndose decidido una vez más a pasar el invierno unidos con Lord Cromwell. El castillo de la lady quedando a cargo de su hermana mayor.

La familia de Lady Rose también llegó, lo que fue una sorpresa de última hora pues hasta el último momento creyó que la joven se marcharía a pasar el invierno con su familia.

Cada lord y lady que llegaba lo hacía con provisiones. Los únicos que llegaban con las manos casi vacías eran los campesinos. Pero esas manos vacías proveían otro tipo de desempeños de los que lords y ladies carecían el conocimiento.

Para cuando las puertas de Invernalia fueron cerradas por última vez, ella aún se esperaba ver a Podrick llegar a último momento. Y aunque sabía que aquello era irreal y no sucedería continuó esperando el anuncio de algún jinete solitario siendo avistado, pero aquello tampoco llegó.

El frío haciéndose más incesante con las semanas, no recordando tanto frío la vez pasada pero no estando segura de ello. Su tiempo libre lo ocupaban los asuntos del castillo, el cocer, y había decidido tomar a Lady Rose bajo su ala, tener a sus conejeros enseñándole asuntos políticos y económicos para hacerla formar parte de su concilio en un futuro. La joven aceptando. Sólo que sus consejeros empezaron a notar que sus clases ya no eran sólo para la jovencita, pues otros lords y ladies se empezaron a unir como oyentes.

A la gente del común también había que mantenerla entretenida, sus maesters le informaron que para matar las horas de los días tan extensos empezaron a dar clases de escritura y lectura para todo el que lo deseara. Los mismos campesinos tomando ayudantes de otras áreas para también compartir conocimientos. Sansa no se concernía con nada de ello, con tal de que se mantuvieran ocupados y no hubiera problemas todo estaba bien.

Como en el último invierno, trataba de concentrarse hasta en lo más mínimo para no dejarse desmoralizar, pero la verdad aquello sintiéndose como imposible. Fue fácil empezar a notar su estado de ánimo decayendo cada vez más, apatía reinando por casi una semana, y empezando a dar paso a la tristeza oscura o vacío que en ocasiones se cerraba sobre ella envolviéndola, para cuando fue sacada de esta por Lady Rose. La jovencita con mayor temple y confianza diciéndole que no quería verla triste otra vez. Sansa de inmediato negándose a aquello. Más no negándose a compartir la cama con la lady.

"Me preocupa Nieve."

Rose asintió, no creyendo del todo que la tristeza de la Reina se debiera a la desaparición del direwolf, "…el invierno es su clima, ¿no?"

"…Sí, pero nunca se había llegado a marchar por tanto tiempo…y temo cazadores…" si el animal pudiera ser contenido lo habría hecho encerrar, pero Nieve ya había demostrado que aquello era difícil, era un animal inteligente que si no lograba escapar siempre terminaba lastimándose intentándolo.

"Creo que todo el Norte conoce su direwolf, mi señora. Nadie lo lastimará a propósito."

La jovencita no conocía de hambre entonces. Así como ella misma tampoco.

Rose lo pensó por mucho tiempo, hasta que decidió cortar el silencio, "¿Es por Ser Podrick?" decidió preguntar tras un buen rato. Y vio a la Reina respirar profundo para encogerse de hombros, diciendo que no estaba así enteramente por él, "¿Qué pasó con Ser Podrick, mi señora?" se atrevió a preguntar.

"Nada."

Y Rose la verdad tenía curiosidad, llevaba meses con ésta pues sí la había notado más contenta unos días después que ella misma habló con Ser Podrick. Paradójicamente, después del ataque, también en contadas instancias la vio contenta lo cual no cuadraba con la forma de ser de la Reina, "¿Se amistaron de nuevo?"

"Algo así." Dijo crípticamente.

Sabía que se pasaba de imprudente, pero la forma en que la Reina acomodó el brazo debajo de la cabeza usándolo como almohada, y le mantuvo la mirada abiertamente le dijo que podía seguir preguntando, "¿Va a ser desinado Ser Podrick al Norte? …Una vez que pase el invierno, claro está." No era solo curiosidad suya, sino también la curiosidad de todos los lords y ladies del Norte. Por lo que todos apostaban.

"No sé." la charla sobre Podrick aumentando su malestar. "Y quien sabe cuándo el invierno se termine, recuerde que puede ser de décadas…en ese caso no. Ese barco ya habrá zarpado." En ese momento, absurda y pasajeramente se arrepintió de haber tomado té de Luna. Si no lo hubiera hecho al menos hubiera tenido compañía…y sí, era absurdo.

Rose notó los ojos destellantes de la Reina, "Mmmm, si la quiere esperará, ¿no?"

Sansa pujó, "La vida invariablemente continua." Y aquello era lo que le había estado cruzando la mente desde hacía semanas. El pensamiento que siempre hacía a un lado antes de ir a profundizar en éste.

Si la amaba esperaría, más no dijo aquello para no ser tildada de inocente, de aun creer en historias de amor y canciones. Quiso indagar en si la vida para ella también continuaría, si Ser Podrick la había hecho cambiar de pensar en cuanto a casarse y tener una familia… "No me agrada Ser Podrick para usted. Pero la verdad es que nadie tiene nada malo por decir de él, ni aquí ni en el Sur." Sí, ella había averiguado. Es más, seguía averiguando con las amistades que había hecho en Desembarco del Rey, el Caballero llevaba meses sin ser avistado… Rose por una parte había estado convencida que en un gran gesto romántico el caballero se iba a aparecer aquí en el Norte antes de que el clima se hubiera puesto peor…

"¿Podemos hablar de algo que no sea Ser Podrick?" decidió preguntar, pensar en él era algo que últimamente evadía cuando podía. Vio a la jovencita quedándosele mirando con curiosidad y Sansa exhaló.

"¿Qué pasó esa segunda noche en que usted se refugió en los aposentos de su hermano? ¿Cuándo ni siquiera mi presencia fue permitida? Estaba preocupada por usted…" Y la verdad tenía sus dudas en cuanto a lo que había sucedido, pues ella no regresó en un estado de melancolía y tristezas como había estado cuando canceló su compromiso. Al contrario, la mañana siguiente la encontró feliz, radiante. Y al ayudarla a salirse del vestido notó arena en éste y sus zapatos, arena por la cual la silla de ruedas del Rey no podría pasar.

Imposible era no reconocer los nudos y el trenzado de los hilos que con sus propias manos le hacía para mantenerle el corset, y al no poder desamarrar el primero a ciegas –como siempre lo había hecho– la hizo fijarse y de inmediato reconoció que aquel trabajo era diferente al suyo, y al de la propia Reina. No mucho que desconfiar ahí, porque alguna doncella perteneciente a su hermano la pudo haber ayudado a vestirse esa mañana. Y decidió darle el beneficio de la duda, aunque la Reina sonrojándose en cuanto se dio cuenta del error la hizo empezar a sospechar de la pequeña posibilidad de que hubiera pasado la noche con Ser Podrick.

Por respeto decidió hacerse la de los ojos ciegos.

Sansa se sintió sonrojando ante la pregunta, sabiendo muy bien a qué noche se refería. Fue la noche en que Ser Brienne y Lord Tyrion actuando de alcahuetas les habían proporcionado una supuesta noche de bodas. Y para ser honestos aun no sabía cómo Ser Brienne se había visto involucrada en ello, pero cuando Podrick guiándola por un pasadizo le comentó que Lord Tyrion y Ser Brienne se habían confabulado para darles privacidad por esa noche decidió no preguntar más de lo necesario.

Una pequeña cabaña, un par de velas encendidas y vino. Y aunque Bran engañosamente los había casado esa tarde, y ellos mismos venían de hacer un pacto de amor, no había pensado mucho en este momento. Besándose se quejó contra la boca de él cuando lo escuchó diciéndole que llevaba semanas queriéndole quitar un corset y un vestido, y tras las noches en que ella lo esperaba en su bata de dormir el comentario no hizo más que hacérsele absurdo. Ambos riéndose y ayudándolo con el corset. Con el vestido. Desbaratando la trenza que llevaba pues a él le agradaba su cabello suelto. La risa se acabó cuando ella lo ayudó ahora con su ropa, con toda su ropa, por primera vez desnudo ante ella, y ella no se negó cuando él la ayudó a remover su bata y su ropa interior. Ambos respirando profundo y manteniéndose la mirada por unos instantes.

Mayormente no era nada que no hubieran hecho antes, pero los jadeos en la oreja del otro ahora se sentían más urgentes, así como las manos de él recorriéndola, los labios de él moviéndose más rápido, más fuerte y profundo…

Sansa descubriendo cuan bien piel contra piel se podía sentir. El calor, el sudor, de alguna manera aumentaban la necesidad. Los músculos de él flexionándose contra los suyos.

Y con su corazón latiendo desbocado, con el mirándola a los ojos lo sintió introduciendo en ella, dándole tiempo a acostumbrarse, a relajarse si sus músculos no lo dejaban proseguir. Podrick temblando, quejándose, sonriéndole y besándola, ella besándole los hombros, el cuello, inclinando sus caderas cuando lo volvía a sentir presionando, y de repente y por tan solo un momento sintió placer, sus ojos ardiendo, un quejido de sorpresa y gusto que no pudo contener la dejó, y cuando la sensación pasó ya estaban unidos. Sus uñas enterradas en el brazo y espalda de él. Podrick no se volvió a mover, preguntándole si estaba bien, acariciándole el rostro, besándola nuevamente, de esta forma mermando sus nervios.

Y no fue como se lo imaginó sería, con él y apenas moviéndose, haciendo presión con sus caderas, o moviéndose circularmente, deteniéndose y diciéndole que se sentía bien, preguntándole si él se sentía bien, que le avisara si hacía algo que la incomodara…acariciándola, besándola, hablándole, haciendo bromas y comentarios que no se vio venir. Haciéndola reír cuando estaban así. Sus besos y mordidas en el cuello enloqueciéndola, su cuerpo reaccionando por sí solo, cada quejido que él le lograba sacar era correspondido por uno de él. Y todo en conjunto afectándola de tal manera que para cuando se dio cuenta ya ambos se estaban moviendo contra el otro en conjunto, ella imitando sus movimientos cortos y suaves pues él no dejaba de ser cuidadoso.

Y luego la sorprendió al pedirle que se tocara a si misma si deseaba terminar de esta manera. Y no sabía porque se continuaba sorprendiendo y avergonzando, por pudor no lo hizo, pero momentos después lo hizo él. Y aquella fue otra sorpresa, de las buenas. Su mano relevándolo cuando se le hizo aparente que el ángulo para él era incómodo, y no pasó mucho para cuando lo sintió quejándose cada vez más cuando sus músculos se cerraban sobre él, y eso le causó gracia, el poder descontrolarlo…y descontrolarse a sí misma también.

Fue cuidadoso de no terminar dentro de ella, y después de haberlo hecho la ayudó a encontrar su propio final con su mano.

Y la situación que una vez creyó llegaría a ser una carga, se dio cuenta que no lo fue, pues sí habían tenido una conversación de qué sucedería si a ella no llegaba agradarle el acto. Algo que temía por ser Podrick, nada más y nada menos de quien se trataba…

Y en aquel momento todos sus fantasmas y miedos se hicieron tan lejanos, tan pequeños que desaparecieron por completo entre los comentarios susurrados, los besos, caricias y risas que llenaron el resto de esa noche, las próximas noches...

Él estando extático por como las cosas se dieron, y ella a su forma también.

"Tampoco fue como me lo esperaba."

Podrick acarició la nariz de ella con la de él, "…Nunca lo es, la verdad…Tendremos que practicar como con los besos y las caricias, ver que es lo que a usted le gusta."

"…Mmmm…" contestó pujando, encontrándole gracia a su comentario, "A usted le gusta practicar, ¿verdad?"

"Je, no ha visto nada todavía..."

Y riéndose apenada no hizo más que cubrirle la cara con su mano y alejarlo, ambos carcajeándose.

Podrick le hizo la mano a un lado, "No, pero en serio, ¿cómo cree que llegué a ser tan buen caballero? Practicar, practicar y practicar."

"Ajá." Y había estado tentada de hacer un comentario sobre las prostitutas, pero se había contenido a no ser que arruinara el buen momento que estaban teniendo. Después de acabarse de reír ambos se quedaron mirando. Él acariciándole el nacimiento del cabello cerca a la oreja. "…Estoy feliz."

"Yo también."

Volviendo al momento con Lady Rose hizo todo lo posible para contener una sonrisa, "¿Qué cree que sucedió?" se atrevió a preguntar, pues el sonrojo de la jovencita delataba lo que creía había sucedido.

"No sé. Por eso estoy preguntando."

Estar dichosamente retozando desnuda con Podrick toda la madrugada no era la respuesta. Sansa estudió a la joven abiertamente. Ya sabía de su lealtad, de su amistad, cariño y respeto, y después de aquel recuerdo no podía evitar sentir que su ánimo había mejorado al menos un tanto… "Me casé con Ser Podrick." Decidió admitir, y la reacción de Lady Rose de sacudir la cabeza, mirarla porque en el momento no lo había estado haciendo, y demostrarse confundida, le agradó.

"Oh…perdone mi señora, ¿me lo puede repetir?" decidió preguntar, porque estaba segura de no haber escuchado bien. La Reina no lo repitió, tan solo le alzó una ceja y se le quedó mirando.

"No le puede decir a nadie lo que le acabo de revelar."

"¿Qué?" preguntó aun aturdida, con estupor el significado de las palabras llegándole.

Sansa sabía que cometía un error; entre menos gente supiera de esto, mejor, pero parecía ser que Podrick y ella misma tan solo continuaban haciendo la lista más larga, "Confío en usted, no como su Reina, sino como…Sansa Stark."

"No me está tomando del pelo, ¿cierto?"

"No." Le admitió, y vio a la joven aun no pareciendo saber cómo tomar la noticia.

"Entonces él vendrá al Norte, ¿cierto?"

"…Si el invierno es corto sí, pero si se prolonga por demasiado no lo creo…" Y darse cuenta de lo que dijo, sin sentir la pesadez del desaliento que la había estado invadiendo notó que revivir los recuerdos, hablar del tema, confiar en la joven le estaba ayudando bastante para su ánimo. Ya no se sentía decaída, ya se dijo que el invierno no se prolongaría tanto, y Podrick sí esperaría, el futuro no se le estaba escapando de las manos.

Rose se sentó en la cama, no pudiendo permanecer acostada, "…Por eso fue que estuvo contenta después del ataque, ¿cierto?" Lo había notado, y obviamente fue en ese ataque en que las cosas debieron de haberse compuesto entre ellos, ¡con él haciendo de su héroe y protector nuevamente!

A Sansa el entusiasmo de la joven se le hizo extraño, pues a final de cuentas Podrick a ella no le agradaba, ¿pero estaba feliz por ella? Y vio sus cejas moviéndose absurdamente, como si mil pensamientos le estuvieran pasando por la mente y no estuviera segura de qué preguntar.

"…¿Felicitaciones?..." se decidió a preguntar dudosamente y de un momento a otro vio a la Reina carcajeándose secamente por el tono de su voz, "Quiero decir, me agrada por usted, mi señora, es obvio que lo quiere…y él siempre la ha hecho feliz a su manera. Y pues la verdad todo eso de usted negarse a un matrimonio y una familia no me parecía."

Sansa le sonrió más abiertamente a la jovencita, el mismo Podrick ya le había contado que la mujer a la que celos injustificados le había tenido no era nada más y nada menos que su Lady Rose, quien había ido a interceder por ella sin su consentimiento. "Él me contó que fue usted quien lo convenció para que me buscara después de haber cancelado mi compromiso. Y no sé cómo le podré agradecer por ello."

Simplemente se encogió de hombros, "Ciertamente no fue éste desenlace el que tenía en mente cuando le pedí que solucionara las cosas entre ustedes, como una amistad." ¡Y de nuevo hizo sonreír a la Reina! Y después de aquello hubo calma, y al ver que no se diría más del tema se volvió a acostar. "…Ustedes…" dijo tras unos momentos, sabiendo que lo que iba a preguntar no debía preguntarlo, pero tenía curiosidad, "¿Consumaron el matrimonio?" después de todo un matrimonio no era válido sin esa consumación y a ello podía venir la tristeza de la Reina, a que, si el tiempo se prolongaba por mucho, Ser Podrick podía hacer de éste nulo…

"…Sí." Y vio a la joven sonrojándose incluso más, absurdamente mirando hacia su barriga, aunque no había necesidad de hacerlo; donde aquello hubiera dado fruto ya tendría un pequeño bultico en sus brazos, y las habladurías de todo el reino encima.

Su curiosidad siendo demasiado en ese momento, pero sabiendo muy bien el no ir a preguntar imprudencias. Y ella misma conocía del origen de aquellas cicatrices en el cuerpo de la Reina, su pasado, "¿Y…lo disfrutó?" preguntó bajamente.

Ahora fue el turno de Sansa de quedarse atónita ante el cuestionamiento, quedándose balbuceando y esa pregunta era algo que no se veía venir de nadie, mucho menos de Lady Rose.

"¡Sólo quiero saber si la trató bien!" se rectificó rápidamente.

"Lo hizo." Proveyó rápidamente. Y ciertamente era obvio que le daba más vergüenza a ella hablar del tema que a la jovencita, pues la vio mirándola con la curiosidad que no había dejado su rostro en toda la conversación, luego sonriéndose para agachar la cabeza, "¿Qué?" preguntó, sonrojándose.

Lady Rose de hecho no sabía qué decir, después de todo estaba era con la Reina y no con una de sus hermanas, o alguna doncella que hablaba de ese tipo de cosas. "…Nada, solo recordé la experiencia de Ser Podrick…" y dejó el comentario en el aire, viendo a la Reina después de unos segundos girándole los ojos.

Sí, se imaginaba que la experiencia de Podrick vendría a jugar en comentarios ahora referentes a ella, "…No tanta para hacer milagros, supongo." Dijo maldadosamente y a expensas del pobre Podrick, conteniéndose para no reírse y viendo a la jovencita también sacándole gracia al comentario.

"…Pero…¿mi señora estuvo cómoda? ¿Fue atento?" de nuevo se atrevió a preguntar, y vio a la Reina asintiendo. "Me alegro por usted."

Sansa le asintió, una parte suya deseando hablar de ese tipo de cosas con alguien, no sentir vergüenza. Y no era que no lo hubiera hablado con Podrick, pues lo hicieron extensamente, pero de todas formas él sólo tenía el punto de vista masculino, no el femenino. Y si de hablar de esto con alguien se trataba primero creyó buscar a Lady Cromwell que a Lady Rose.

"Lo siento, sé que me he propasado con mis preguntas. Es que no lo pude evitar."

Sin perder la sonrisa Sansa se encogió de hombros, "Hablar con usted ha ayudado mis ánimos."

"¿En serio?"

"Sí, pero recuerde, de todo esto ni una palabra a nadie."

Iba a ser difícil, bastante, pero no imposible, "No se preocupe."

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Luego, una tarde cualquiera estaba en medio de una reunión junto a sus asesores y algunos lords y ladies, estaban en una de las cámaras subterráneas donde llegaba el calor de los termales cuando escuchó y vio a los soldados y guardas de pie a la puerta empezar a perder la compostura de silencio y quietud, susurrándose entre ellos. Aquel gesto siendo tan extraño que se tuvo que detener a preguntar qué sucedía.

"Hace una hora notamos un grupo a la distancia, mi señora. El Comandante del ejército ha salido a interceptarlos."

De inmediato la sala se llenó de susurros bajos. El atreverse a recorrer el camino hasta acá solo significaba una cosa; problemas. Sin pensarlo mucho Sansa terminó la reunión, la sala siendo vaciada en segundos.

"Aldea de Crofter, Castillo Cerwin, son nuestros vecinos más inmediatos." Lord Cromwell habló, sacudiendo la cabeza, "Imposible hacer el camino desde más lejos, ¿no?"

Sansa mantuvo el silencio, preparándose mentalmente a cualquier problema que pudieran traer aquellos hombres consigo. No pasó mucho para que otro soldado entrara en la sala.

"Mi señora, hace unos minutos el catalejo dejó visualizar que traen el banderín de la casa Manderly. Creemos. Habría que esperar a que se acerquen más."

Después de dar esa información el hombre se marchó.

"El invierno en Puerto Blanco no puede ser más fuerte que el de acá como para que las provisiones se les hayan acabado."

"Tienen la mayor cantidad de bocas que alimentar en todo el Norte."

"El invierno solo está comenzando, por los Dioses, si Puerto Blanco sucumbe al invierno esto nos dejará mal parados…Aparte de que será una tragedia, claro está."

"Puerto Blanco no ha sucumbido antes, no lo hará ahora. Talvez esto tiene que ver es con Essos."

"¿Talvez su hermano convocará nuestra ayuda en la guerra?"

Sansa escuchó a sus asesores, prefiriendo por no especular. El mismo soldado entrando a la sala nuevamente, pareciendo avergonzado.

"Lo siento, mi señora, olvidé mencionar antes que esos hombres no provienen de dirección sureste sino noroeste, mi Reina. Así que se está dudando si el banderín que traen es auténtico. También, al parecer un direwolf viene con ellos."

Sansa decidió no reprender al joven, y más bien le hizo una seña a uno de sus asesores para que fuera éste quien se encargara de traerle información. "Averigüen a qué tanto tiempo están de distancia." ¿Y un direwolf? ¿Podría ser Jon?

Y esperar hicieron, por un buen rato que se le hizo eterno, todos hablando de que era una suerte que el clima hubiera amainado un poco nada más para poder visualizarlos. Otra hora transcurrió para cuando su asesor regresó por tercera o cuarta vez. "Ya están a la vista, mi señora…" le comentó, y aunque nadie esperaba que ella personalmente saliera a recibir a esos visitantes decidió proseguir, "…algunos campesinos creen que es Jon Snow…" Pero muy poca gente conocía al Lord Comandante, mucho menos a aquella distancia. Inmediatamente vio a la Reina tomar aquello como impertinencia, como lo hacía él, pero mejor era avisarle, por si resultaba ser cierto no ir a cometer el error. "Nadie lo ha reconocido a ciencia cierta…"

Sansa mantuvo su posición, tomando aquello con incredulidad, pero algo dentro de ella la empezó a intranquilizar. Y aunque no dudaba que Jon pudiera con dificultad hacer el camino en aquel clima, no veía para qué. Primero creería que él trataría de solucionar la situación por cuenta propia que venir a buscarla.

"¿Y si viene a decirnos que hay Caminantes Blancos que han despertado de nuevo?"

Sansa miró al asesor a su izquierda, queriéndole pedir que no dijera absurdidades. Y mantuvo su posición, pensativa, por largo rato hasta que no pudo más. Decidió no esperar a que le trajeran a uno de esos hombres ante ella. Al colocarse en pie de inmediato sus Guardas se movieron hacia ella. Lo que les tomó recorrer el castillo de extremo a extremo ya los hombres habían llegado, aunque no en buen estado, como era de esperarse.

Se detuvieron más adelante cuando un soldado se acercó, inclinándose y diciéndole algo bajamente a Jacob que lo hizo fruncir el ceño. El soldado alejándose nuevamente, "¿Qué?" Sansa preguntó, no entendiendo el secretismo.

"Al parecer Podrick Payne está entre el grupo de hombres, mi señora."

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Dun dun dun.