¡Hola lectores!

Me han llegado las notificaciones al correo de sus reviews, al parecer ff esta teniendo algunos problemas y si bien son contados en el número total no aparecen :( pero los he leído por las notificaciones :3

Muchas gracias a Candy01234, Naty U, , Aida Koizumi, Darkness1617, Inukag22, y Paty uwu. Sé que los dejé en la mejor parte así que sin mas relleno aquí está :3


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Capítulo 28.- desconocidos con recuerdos.

(perspectiva de Kagome)

Me giré en pánico para mirarlo, intentando que mi corazón no me traicionara al verlo tan de cerca. Inuyasha lucía un traje negro completo. El saco cubría en parte su gilet gris y el azul de su plastron era idéntico al de mi vestido. Podría haber pasado por novio sin ningún problema.

– ¿Qué haces aquí? Deberías estar con Miroku. – una mierda de respuesta había salido de mi boca, sobre todo si consideraba que era la primera frase que dirigía hacia él en tres años.

– Ajá y tú con Sango, sin embargo… aquí estamos. – me sonrió de lado, sus ojos dorados se entrecerraron con el gesto y yo me derretí, ¿Cómo podía ser tan perfecto sin esforzarse? – ¿Qué tal estás? Sigues igual de perfecta como te recordaba de hace 3 años, aunque debo admitir que he extrañado el tono azabache de tus bucles cuando te vi caminar por ese eterno pasillo. De todas formas el rojizo te queda, te ves… interesante.

Dio dos pasos hacia mí con deliberada lentitud e instintivamente di otros dos hacia atrás, intentando alejarme de él. Cuando siguió avanzando e intenté volver a esquivar mi espalda chocó contra la pared. Mierda, me había acorralado yo misma.

– Vaya… ¿Cómo es que una predadora se ha convertido en presa esta vez? O es que… ¿no estás feliz de verme después de todos estos años… gatita?

Lo sentí avanzar el último paso para cerrar el espacio entre mi cuerpo y el suyo. Dejé de respirar mientras tocaba mi mejilla con una de sus manos e inhalaba mi aroma mientras cerraba los ojos.

– Te he extrañado mucho Kagome. – susurró la frase y pegó su frente a la mía con delicadeza – Tanto que no tienes idea del efecto que ha tenido en mi verte otra vez, aún no me creo que estás aquí.

Sentí su corazón latir a un ritmo acelerado, casi sincronizado con el mío. Su aroma característico me envolvió y por un instante mi marca pareció despertar y reaccionar a sus palabras y a su cercanía, mandando una corriente casi imperceptible por mi cuerpo.

– Necesito volver con mi acompañante, está esperando por mí. – susurré cerrando los ojos por miedo a su respuesta. Había sido una frase desesperada, pero necesitaba salir de allí cuanto antes.

El aroma de la rabia me rodeó y supe que provenía de Inuyasha.

– Ah… sí, vi a un débil humano sin gracia hablar contigo hace un rato; casi le lanzaste el ramo de peonías, debes de quererlo mucho. – exclamó sarcástico mientras quitaba su mano de mi mejilla.

Me mordí la lengua para no responder una pesadez impulsiva. Lo empujé suavemente para darme espacio y caminé en dirección a la puerta, ni siquiera sabía que lugar era ese ni para que se usaba, pero tenía muy claro que si no salía de allí iba a ser un cuarto perfecto para sexo de reencuentro.

Inuyasha se acercó a mí por detrás trancando la puerta justo cuando intenté abrirla. Escuché su risa ronca y burlona hacer eco en el lugar.

– Gatita, creo que ambos somos dos youkais adultos capaces de actuar de forma madura por nuestros mejores amigos ¿no? – Acercó su boca a mi oído y susurró la siguiente frase – Hazte la idea de tenerme cerca al menos por hoy Kagome, porque aún queda mucho evento.

Me giré para mirarlo de frente, otra vez acorralada bajo su imponente figura y sus mirada inquisidora. Suspiré.

– Supongo que tienes razón, puedo comportarme como la adulta que soy algunas horas más.

Sonreí por un segundo y cuando me sonrió de vuelta en un movimiento rápido mordí su mano y aproveché de escapar cuando la sorpresa del dolor lo envolvió, Abrí la puerta y corrí hacia la entrada de la iglesia. Naoki estaba ahí, esperando por mí con una sonrisa.


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(Perspectiva de Inuyasha)

Miré mi mano incrédulo por unos segundos y noté las pequeñas marcas rojizas que los colmillos de Kagome habían dejado y que ahora comenzaban a desaparecer. Jodida mocosa, había sido más rápida de lo que esperaba.

Salí a paso rápido y seguro buscándola con la mirada, cuando la encontré bajo la inmensa entrada de la iglesia y cambié la dirección de mis pasos hacia ella Mika apareció frente a mis ojos.

– ¿Me buscas a mí? – Preguntó sonriente mientras me tomaba del brazo. Agh, que mal momento para aparecer.

sentí el aire pesado, casi asfixiante. Cuando busqué la causa discretamente descubrí que la fuente de todo ello era nada más y nada menos que Kagome, quien me miraba a lo lejos fijamente con sus ojos levemente rojizos. Sonreí, disfrutaba al menos provocar rabia en ella. Un sutil aroma a celos se esparció por el aire.

– Por supuesto que te buscaba a ti. – Acaricié sus pequeños risos con cariño – Vamos al auto, tenemos que llegar al salón de eventos donde se hará la fiesta.

Kagome me miró sin pestañear mientras yo le sonreía. Cuando estuvo a punto de acercarse, el humano insípido la agarró por la cintura con demasiado confianza para mi gusto. Maldito hijo de puta, ese lugar era específicamente mío. Miré a Mika, quien me miraba desde su altura con adoración y me sentí un poco culpable de utilizarla como cebo. Hice un pequeño cariño en su mejilla y avancé para guiarnos hacia mi auto.


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(Perspectiva de Kagome)

Me giré e Inuyasha venía justo tras de mí, alcancé la entrada de la iglesia y me sentí una presa indefensa por primera vez. Una chica se le atravesó y yo agradecí internamente que me diera ventaja para escapar.

– ¿Me buscas a mí? – Exclamó la pelirroja. Cuando la vi agarrarse a su brazo sentí mis ojos arder y mis puños doler por la fuerza con la que los apreté. Así que después de todo Kouga había tenido razón… el jodido idiota tenía otra chica.

– Por supuesto que te buscaba a ti, vamos al auto, tenemos que llegar al salón de eventos donde se hará la fiesta. – Alcancé a escuchar. Ver el pequeño gesto cariñoso de acariciar su cabello me dolió por unos instantes, extrañaba eso.

Sentí mi sangre hervir. Mata a esa chica AHORA mi mente gritó. Decidí obedecer y di mi primer paso. Una cálida mano se enredó en mi cintura y volví a la realidad, mis ojos dejaron de arder y me giré, la sonrisa de Naoki me recordó que no estaba sola.


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El trayecto en el auto fue silencioso, tenía demasiadas cosas en las que pensar como para concentrarme además en crear un tema de conversación con mi acompañante. Cuando llegamos al lugar me impactó lo hermoso que era. El camino que llevaba al salón era de piedra, enmarcado por antorchas que iluminaban el recorrido y un toldo blanco como techo que lo hacía ver aún más sofisticado. Cada uno de los árboles tenía pequeñas luces blancas colgando de sus ramas, las que asemejaban a pequeñas luciérnagas mientras más se escondía el sol tras el horizonte. Sango de verdad se había esforzado en esto, y digo Sango porque no imaginaba a Miroku preocupado a ese extremo de los detalles.

Caminé junto a Naoki a la entrada del salón y revisé la lista que indicaba la asignación de puestos en cada mesa. Como si mi fortuna no pudiera ser suficientemente mala ya, el apellido Taisho destacaba en uno de los seis puestos de la mía.

– Que bien, estaremos sentados juntos. – Naoki me miró sonriente y yo intenté fingir la mejor sonrisa que pude, que de seguro se veía como una mueca deforme.

Dentro del lugar las lámparas gigantes de cristal iluminaban todo con pequeños destellos de vez en cuando. Naoki Me ofreció su brazo y juntos caminamos a la mesa designada. Era tan preciosa como el resto del lugar, con un largo mantel blanco y un enorme arreglo floral en el centro. Sango apareció unos minutos después y se sentó a mi lado.

– Kag, no te he pillado después de la ceremonia. – me miró preocupada.

– Si ah, no me sentía muy bien, así que estuve buscando el baño de la iglesia para refrescarme un poco.

– Ya veo. – No supe si había creído en mis palabras o simplemente había fingido hacerlo frente a Naoki, pero lo agradecí internamente.

– ¿Y tu marido? – pregunté.

– Justo aquí. – Miroku me sonrió en su traje elegante mientras se acercaba a la mesa. - Hola Kag, ha pasado tiempo.

– Bastante. – le sonreí.

– Mi querida mujer me ha mantenido en secreto a su testigo, ahora entiendo el por qué. Tu cabello está distinto, me ha costado reconocerte de lejos en la iglesia, aunque debo admitir que el tono rojizo te queda muy bien.

– ¿Sí? ¡Muchas gracias! yo…

– Yo creo que el tono azabache le quedaba mejor. – Inuyasha apareció por detrás de Miroku, agarrada de su brazo venía la chica incógnita. Miroku hizo una mueca y fingió hablarle a Sango para intentar quedar fuera del momento incómodo.

– Eso es porque de seguro estás acostumbrado a ese color. – exclamé sonriendo, intentando contar hasta 10 para controlar mi ira. Él guardó silencio mientras me miraba con una sonrisa fingida, lo supe porque no llegó a sus ojos.

– ¿Has conocido a mi amiga? – preguntó empujando a la chica más cerca – Su nombre es Mika, trabaja conmigo.

– Hola Mika, soy Kagome, mucho gusto. – Intenté que mi falsa sonrisa llegara a mis ojos, no supe si lo logré.

– Kagome… Que coincidencia, ese es el nombre que Inuyasha dice mientras duer…. – Inuyasha la empujó levemente. Así que mencionaba mi nombre en sueños…

– Somos grandes amigos, puede que simplemente me extrañara, ¿no es así Inu?

– Exactamente así, Kagome es como una hermana para mí. – me sonrió sarcástico y corrió una de las sillas, invitando caballerosamente a Mika a sentarse.

Se alejó de la mesa y lo vi caminar hacia el centro del salón mientras uno de los mozos le acercaba un micrófono. El resto de las mesas ya estaban todas ocupadas por los invitados.

– Buenas noches a todos, de parte de los novios les agradezco por venir y acompañarlos en este día tan importante para ellos. Miroku y Sango por fin han unido sus vidas en matrimonio, sin embargo, todos aquí sabemos que no hay matrimonio completo sin el vals correspondiente, así que, invito a mis queridos amigos aquí, para bailar por primera vez como marido y mujer.

Inuyasha camino en dirección a la mesa para sentarse y el salón se llenó de aplausos mientras Sango y Miroku se ponían de pie caminando hacia el centro. Sonreí genuinamente cuando los músicos comenzaron a tocar mientras Miroku tomaba la mano de Sango y la guiaba. La nostalgia volvió a invadirme y recordé el vals que había bailado con cierto chico de ojos dorados el día que todo se había roto. Mi corazón se apretó y el pecho me dolió. Una mueca involuntaria llegó a mi rostro. Miré a Inuyasha por un instante y su expresión triste me dijo que él había recordado lo mismo, sin embargo, cuando su mirada chocó con la mía la desvió de inmediato.

La música terminó y en toda mi distracción terminé perdiéndome gran parte del baile. Sango tomó un micrófono y habló.

– Como dijo Inuyasha, quiero agradecer a cada uno de los que están presentes en este día tan importante para Miroku y para mí. El amor es un sentimiento fuerte, capaz de mover montañas. Es perdonar y admitir errores, superándolos juntos. – Sango miró en dirección a nuestra mesa y supe que era un discurso dirigido, yo fingí demencia. – El amor verdadero se encuentra sólo una vez en la vida y cuando eso ocurre dejarlo escapar es un acto de cobardía… o simple estupidez. Aprovechen cada segundo junto a su persona, porque la vida pasa en un abrir y cerrar de ojos.

Miroku tocó el hombro de Sango levemente para pedirle el micrófono y ella se lo entregó en las manos.

– Ahora por una tradición creada por nosotros, los testigos oficiales de nuestra boda también bailarán un vals como signo de confianza a nuestra amistad.

Sango lo miró incrédula por unos segundos como si eso no hubiera estado en la planificación, pero guardó la compostura y sonrió frente a todos. Me costó procesar las palabras por unos instantes hasta que sentí la mano de Naoki sobre mi hombro intentando llamar mi atención.

– Kag, este es el momento en el que te pones de pie. – susurró en mi oído; su tibio aliento me confirmó que no había sido mi imaginación.

– Miré con pánico a Inuyasha frente a mí en la mesa, quien suspiraba derrotado y se ponía de pie. Lo vi acercarse a mí en cámara lenta y sentí mi corazón apretarse cuando extendió una de sus manos para invitarme a ponerme de pie. Intenté poner mi mejor cara de "no puedo hacer esto" rogando por que me comprendiera.

– Hazlo por Sango y Miroku. – me sonrió y pude notar sus colmillos sobresalir mientras decía las palabras sin mover los labios.

Miré a Sango aún en el centro del salón con ojos de súplica dirigidos hacia mi persona. Miré a Inuyasha y me hundí en sus ojos mientras resignada tomaba su cálida mano para levantarme.

Las luces del lugar nos enfocaron y la tela azul con pequeños brillos de mi vestido reflejó sutiles destellos cada vez que daba un paso más cerca de la perdición.

Inuyasha posó una de sus manos en mi cintura y mi corazón se aceleró en reacción, como si supiera que ese lugar siempre le había pertenecido a él. La orquesta volvió a tocar e Inuyasha dio los primeros pasos guiándome con experiencia y jamás paró de mirarme. Tomó mi mano y me alejé con delicadeza de su cuerpo para luego girar delicadamente de vuelta a él mientras me envolvía con sus brazos y seguía marcando el ritmo. El resto del mundo desapareció por esos minutos de complicidad entre los dos y sentí como si la mitad que había muerto en mi hubiera deseado volver a vivir. Cuando se acercaba el final me levantó tomándome de la cintura con sus brazos para luego bajarme lentamente y yo posé mis manos sobre sus hombros.

La música se detuvo y ninguno de los dos se movió de su lugar, pude notar como su pecho se movía por su respiración un poco mas acelerada de lo normal. El silenció cubrió el salón hasta que logré despertar del ensueño y me separé un poco. Los aplausos no se hicieron esperar. Solté la mano de Inuyasha como si me quemara y caminamos juntos de vuelta a la mesa.

Sango tomó mi mano cuando me senté junto a ella.

– Gracias por eso. – musitó y yo sonreí.


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(Perspectiva de Inuyasha)

– ¿Qué ha sido esa jugada? – susurré en el oído de Miroku cuando volví a sentarme a su lado.

– Un intento de romper el gélido hielo entre tú y Kag. – Me respondió mientras me daba unas palmaditas en el hombro.

Le sonreí esperando que fuera suficiente agradecimiento. Por un instante había vuelto a sentir a Kag entre mis brazos, sin miradas distantes, sin una inmensa pared entre nosotros. La miré sentada frente a mí y ella esquivó la mirada, supe en ese instante que los muros habían vuelto a levantarse.

Los meseros trajeron la primera ronda de comida: el plato de entrada. Vi a Kagome sonreír junto a su chico mientras probaba el primer bocado. La sangre me hirvió por los celos.

– Y bien, ¿Quién es el afortunado chico que te acompaña hoy Kag? – pregunté mientras sonreía sin quitarle los ojos de encima. Kagome me miró con recelo.

– Ah, él es Naoki, me ha acompañado desde lejos. – exclamó mientras le sonreía.

– ¿Él es tu novio? – Mika se involucró en la conversación y yo agradecí que se hiciera cargo de las preguntas incómodas.

– Eh… No, es sólo un amigo.

– Somos muy buenos amigos. – añadió Naoki mientras acariciaba la mejilla de Kag, yo intenté disimular el ardor de mis ojos restregándolos. Mika sonrió mientras juntaba sus manos.

– Ah lo siento, he tenido la impresión de que estaban juntos ¡Hacen una pareja increíble! – Su emoción apagó la mía. Eso no era cierto, hacían pésima pareja, ese tipo no tenía ni siquiera el derecho de permanecer al lado de Kag.

La ronda de tragos llegó antes del plato de fondo. Kagome pidió whisky de miel y me sorprendí un poco por ello, después de todo al parecer se había transformado en su licor favorito. Cuando tomó el sofisticado vaso de cristal su pulsera resonó con el movimiento. Un momento… ¿Seguía usando aquella pulsera con cristales?

– Oh dios, tu pulsera, es hermosa… ¿Eso es oro rosado? – Mika extendió sus manos a la muñeca de Kag por sobre la mesa, su expresión de gato arisco me dio indicios de que no le gustaba que la gente extraña la tocara.

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*flash back*

Amo el cascabel – susurró.

¿De verdad te gusta?, pensé en agregar algo que cada vez que escucharas te recordara a mí, estemos cerca o lejos. – exclamé en respuesta. Kagome tomó mi rostro entre sus pequeñas manos y me miró fijo.

Te amo, es el mejor regalo de cumpleaños. – me sonrió y yo le sonreí de vuelta.

Te amo más. – bajé a su cuello y me distraje depositando pequeños besos sobre su piel.

*fin flash back*

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– Si, lo es. – respondió mientras alejaba de forma sutil el brazalete de las manos de Mika.

– ¿Dónde la has comprado?, necesito una así.

– No creo que puedas encontrarla, es única en su diseño. – Kagome respondió con pequeñas notas de altanería en su voz.

– Oh… Inu, ¿crees que la empresa venda alguna similar?

– Lo dudo Mika. – respondí. Le había prometido a Kagome que sería sólo para ella y así se quedaría.

El plato de fondo apareció en la mesa traído por los meseros.

– Entonces Kag, cuéntame como se conocieron tu e Inuyasha – Mika seguía intentando entablar conversación con Kagome y yo no sabía si era a propósito o simple coincidencia. Sango me miraba de soslayo sin decir nada, pero estuve seguro de que era una advertencia para que controlara a mi acompañante y sus preguntas incómodas; yo estaba demasiado entretenido con la situación.

– Nos conocimos en una fiesta, hace algunos años. – Kagome respondió cordial pero cortante.

– Sip, yo era amigo de su ex. – exclamé. Kagome tosió al atorarse con el sorbo de whisky que acababa de tomar. Me reí internamente, Miroku me pateó por debajo de la mesa intentando reprenderme.

– ¿Y tú? ¿Como has conocido a Inuyasha? – Naoki habló por primera vez en mucho rato.

– En el trabajo, es mi jefe. – exclamó acariciando mi muslo por debajo de la mesa – De eso ya han pasado varios años, nos llevamos muy bien, coincidimos en muchas cosas.

– Es que es un sujeto fácil de adorar. – Kagome mencionó cada palabra con una sonrisa falsa mientras me miraba fijo... Si las miradas mataran.

– Es que no he podido evitarlo, basta con mirarlo, es simplemente encantador, ¿no crees?

– Si que lo es. – Mismo tono, misma sonrisa. No sabía porque, pero Kagome me daba escalofríos.

– Y en todo sentido… si es que sabes a que me refiero. – Mika utilizó un tono insinuante y fue la gota que rebalsó mi paciencia.

– No creo que Kagome quiera escuchar esa clase de detalles. – Oh estaba seguro de que no, al mirarla por el rabillo del ojo noté los suyos cambiar a anaranjado sutilmente. Mika en definitiva estaba jugando con fuego.

Sango perdió el color de su rostro mientras miraba a Kagome. Miroku sólo puso una mano sobre su frente.

– ¿Naoki, puedes ir a buscarme un vaso de agua? – Kagome habló dulcemente. Éste asintió y se puso de pie. Apenas estuvo fuera de la mesa miró directamente a Mika con una sonrisa que me dio escalofríos.

– Quiero pedirte un favor Mika. – exclamó.

– Por supuesto…

Tienes estrictamente prohibido hablar de lo bueno que es Inuyasha en la cama, nadie aquí está de ánimos para ello. – Los ojos de Kagome miraron fijamente a la chica a mi lado mientras utilizaba sus habilidades; luego me miró a mi – Tu eres el encargado de controlarla o te juro que le abriré el cuello y la dejaré desangrarse.

– ¿Qué pasa, estás celosa? Es sólo una amiga. – pregunté divertido.

– ¿Está de moda cogerse a las amigas? – preguntó con un tono hostil. Naoki que venía con el vaso de agua y escuchó la frase tosió divertido y en mi paranoia interpreté el gesto como un intento de marcar territorio, la sangre me hirvió.

– Ah, no sé, podríamos preguntarle a tu acompañante. – respondí intentando apaciguar con todas mis fuerzas mi instinto y mi sentimiento de pertenencia… Si ese sujeto se había atrevido a tocarla…

– Inuyasha … - Miroku me interrumpió.

– ¿Debería estar celosa realmente? Todos sabíamos que volverías a tus andanzas de mujeriego tarde o temprano – Su tono mordaz me enojó.

– Kag… - Sango miró a Kagome suplicante – Por favor no hagas esto.

Kagome suspiró y se puso de pie para caminar a paso rápido a la salida, me quedé ahí un poco descolocado. Naoki intentó seguirla y Sango lo agarró del brazo.

Tu te quedarás sentado en esta mesa sin hacer ninguna pregunta. – demandó y giró su rostro hacia mí con ojos asesinos antes de hablar. – Tienes cinco segundos para ponerte de pie e ir a por ella.

– ¿Qué? ¿Por qué yo?

– Si, ¿por qué él? No ha hecho nada malo. – Mika me apoyó y yo solo quise que se callara.

– Tú sabes por qué. – Ninguna otra palabra salió de la boca de Sango. Miré a Miroku buscando apoyo.

– Sólo ve… por favor. – Él apoyó a su esposa.

– Keh – Miré a Mika quien seguía un poco en trance mirándome fijo – Voy y vuelvo, espérame aquí sentada, no preguntes nada, no vayas por mí.

Le hice un gesto a Miroku para que se encargara de la situación, él le dio un codazo suave a Sango, quien buscó tema de conversación con Naoki.


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Caminé a paso rápido en dirección a la entrada y me topé con mis padres sentados en su mesa mientras esquivaba a la gente.

– ¡Inuyasha! – mi madre me hizo un gesto para que me acercara – Te he visto bailar con Kagome, ¡está de vuelta!

– Si madre.

– ¿Ha venido para quedarse?

– No lo creo.

– Pues arregla eso antes de que la pierdas otra vez. – Mi padre habló a su lado, involucrándose en la conversación – Tú la escogiste como compañera, actúa como tal.

Su tono de reproche me hizo apretar mis puños con rabia, ¿es que acaso todos estaban en mi contra?, me mordí la lengua a fin de evitar contestar una pesadez, después de todo sabía que tenía razón. Asentí y desaparecí por la puerta de entrada.


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Me concentré en seguir su aroma característico y luego de un rato la encontré sentada en una banca bajo un árbol que la cubría lo suficiente como para que nadie pudiera verla, sumergida en la parte menos concurrida del lugar. Cuando me acerqué pude notar que la luz de la luna reflejaba en su vestido evocando pequeños destellos azulinos y yo perdí el aliento por unos segundos. Me aproximé por detrás y pude verla tensarse mientras menos distancia había entre nosotros, ella ya sabía que yo estaba ahí.

– Deberías entrar si no quieres pasarte de frío. – Exclamé. No era la mejor frase, ni la mejor excusa, pero mi mente estaba en blanco.

– No tengo frío, sólo quería despejarme un rato, sola. – no me miró en ningún momento mientras respondía.

Me saqué mi saco y lo puse sobre sus hombros, fue en ese instante que la sentí relajarse por primera vez en el día.

– Te has escondido bastante bien bajo el árbol y la oscuridad. Sólo la estela de tu aroma pudo guiarme hasta aquí.

Me senté a su lado y por fin posó su mirada sobre la mía, me hundí voluntariamente en el color chocolate. Kagome era hermosa incluso sin esforzarse.

– ¿Has venido porque Sango te lo ha pedido?, soy la peor amiga, haciendo un berrinche en plena celebración. – musitó con una sonrisa triste en sus labios.

– Sango me lo ha pedido… – ella asintió – Pero he aceptado porque estaba preocupado por ti.

– Estoy bien. – su voz fue clara y cortante. La vi desviar su mirada y sentí una punzada en mi corazón.

– También porque quería estar un rato a solas contigo. – musité sin pensar demasiado mis palabras ni que efecto tendrían en ella.

– Ya veo – exclamó sin darle mayor importancia. Si no hubiera sido por todos los recuerdos que tenía con ella, se me haría difícil creer que alguna vez habíamos sido tan cercanos, me trataba como si fuera cualquier otra persona desconocida.

– Yo… quiero que nos llevemos bien Kag, sé que es difícil pensar en ser amigos después de todo lo que ocurrió entre nosotros, pero creo que si nos esforzamos en actuar como adultos podemos lograrlo. Tú siempre serás importante para mí.

– ¿Quieres ser mi amigo? – No… yo quería ser más que eso. Yo quería volver a ser dueño de sus besos y caricias, quería que sus sonrisas estuvieran dirigidas hacia mi otra vez.

– Si – Mentiroso replicó mi conciencia – Me he portado pésimo hoy contigo… en la iglesia y ahora en la mesa. De verdad lo lamento, sólo me ha herido notar tu indiferencia e intenté llamar tu atención de la peor manera.

– Yo nunca podría quedar indiferente a tu presencia. – me sonrió cordial – Lamento haber manipulado a Mika, no tenía ningún derecho.

– No te preocupes, de alguna forma se lo ha ganado. – me encogí de hombros, restándole importancia.

– Perdón también por morderte, para escapar. – Hizo una mueca de culpa.

– También me lo merecía. – musité. La escuché reír por primera vez después de tres años y a pesar de que fue un sonido corto y bajito mi corazón latió un poco más rápido. Intenté toser para ocultarlo.

– ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo? – pregunté con honesta curiosidad.

– Intentando cumplir las metas que siempre tuve.

– ¿Lo has logrado?

– Algunas. – musitó mientras miraba la luna. Hizo un movimiento para cruzarse de piernas y dejó por encima aquella del lado del corte abierto de su vestido. Me distraje algunos segundos con la vista, admirando su cremosa y nívea piel cuando apareció. Sentí mi marca latir una vez de forma sutil y tuve un deseo desesperado de tocarla. Dios, compórtate, no es como si fueras un adolescente aún.

– Lo bueno es que tienes mucho tiempo para cumplir las que te faltan. – le sonreí y ella asintió.

– Gracias por ello… tú me has dado tiempo de sobra. – se puso de pie sin muchos ánimos y la escuché suspirar – Volvamos adentro… que justo tu y yo desaparezcamos al mismo tiempo no pasará desapercibido.

– Me importa una mierda lo que piense la gente. – repliqué. Yo sólo quería aumentar tanto como fuera posible el tiempo a solas con ella.

– Pues a mi si me importa.

Caminó alejándose de mi unos pasos. Me debatí internamente por unos segundos sobre si dejarle ir o ir a por ella. No tardé mucho en encontrar la respuesta… Yo nunca querría dejarla ir. Caminé los pasos que nos separaban y en un impulso tomé su mano, envolviéndola con la mía.

– Tu y yo, necesitamos hablar Kag.

– Tal vez, pero no es el momento indicado para ello. – me sonrió intentando soltarse sutilmente. Pude notar que sus garras de youkai habían crecido en comparación a la última vez que la había visto hace tres años, esta vez podía sentir su filo.

– La verdad ni siquiera sé si tendré otra vez la oportunidad de tenerte tan cerca. Estoy seguro de que para mañana estarás de vuelta a donde sea que te hayas ido a desaparecer estos últimos años.

De pronto sentí como dejaba de combatir mi agarre y su mano encajó de forma perfecta junto a la mía. Había olvidado lo suave y tibia que era su piel al tacto.

– No puede ser hoy.

– ¿Y mañana? quizás podrías venir a mi apartamento y tomar un…

– Inuyasha – mi nombre en sus labios me estremeció por unos segundos – tu y yo sabemos que juntarnos en tu departamento es mezclar demasiados recuerdos con el presente.

– Si quieres podemos tomar un café en algún local entonces, me da igual, con lo que te sientas más cómoda.

– He venido aquí con Naoki, yo no puedo tomar decisiones sólo por mi.

– Si puedes, siempre lo has hecho, no eres la clase de chica que se deja dominar por un hombre, menos si es humano.

Kagome suspiró cuando ya no pudo encontrar excusas en su mente.

– ¿Puedo pensarlo al menos? Durante lo que queda de velada.

– Si, no hay problema.

Sacó mi saco de sus hombros y me lo devolvió. Entramos cada uno por su cuenta y separados por al menos cinco metros de distancia. De algún modo seguía doliéndome no poder mantenerla cerca.

Llegamos a la mesa y cada uno se sentó en silencio. Sango me miró y asintió a forma de agradecimiento por traer a Kagome de vuelta. La llegada del postre fue totalmente oportuna, lo supe en el instante en que ella vio su porción de tarta de fresa frente a ella. Sonreí ante su sonrisa, después de todo su felicidad era la mía.

– ¡Esto esta exquisito! – la emoción de Kagome hizo reír a Sango.

– ¿Verdad que sí? había pensado en un postre sólo de crema, pero luego llegué a la conclusión de que podía ser demasiado relajante y nadie querría bailar después, asi que sólo he pedido que la añadieran encima. – Exclamó Sango.

– Todo lo que tenga fresas es buena decisión. – Kagome sonrió y pude ver como Naoki la miraba embobado. Me sorprendió notar lo sincronizado que eran los movimientos del chico en torno a Kag. Si ella se movía él igual, encajando de algún modo a su alrededor. ¿De verdad eran sólo amigos? O quizás este chico estaba realmente enamorado de ella. No era tan improbable caer rendido a los pies de Kagome.

– ¿Estás bien? Te noto un poco distraído. – La voz de Mika me distrajo de mis pensamientos, me giré para mirarla y lucía preocupada.

– Si, no te preocupes de más. – musité y le sonreí.


AAAAAAAAAAAA y eso ha sido todo por hoy, ¿Qué les ha parecido la actitud de Inuyasha? ha sido bastante infantil en un principio... al menos se ha dado cuenta de que era un error y los celos se lo están comiendo vivo muajaja. Por eso era necesario que Kag llevara a Naoki como invitado, es la forma mas efectiva de hacerlo despertar uwu.

¡Actualizaré el sábado para que estén atentos! Un abrazo virtual.

Frani.