Capítulo 55 - El Misterio de la Máscara de Serpiente
Mérula no abrió sus ojos hasta que sintió como innumerables gotas de agua comenzaban a azotarle en la cara. Era increíble pensar que hasta hacía unos pocos minutos se encontraba cara a cara con alguien a quien no esperaba ver nunca más en la vida. Tan pronto como la visión de aquella inigualable mascara volvió a su mente, sintió que la ira, la tristeza y la frustración la envolvían una vez más, igual que tres años atrás.
- No…- pensó ella. - otra vez no…-
Era como estar allí, era como volver de nuevo a esa última bóveda…con esa desagradable sensación de derrota recorriendo su cuerpo; con dicho cuerpo lastimado por la batalla que tuvo frente al último gran enemigo contra el que tuvo que lidiar…y con lo que vino a continuación, el ultimo sacrificio de aquel rival que consiguió conquistar su corazón.
Sobre todo, recordando que, desde aquel día, su mundo, su felicidad…todo se arruinó cuando perdió lo que más apreciaba del mundo.
- A caso…- pensó ella amargamente, mientras se ponía en pie. - ¿A caso…te sacrificaste por nada? ¿¡Me dejaste para nada!? -
Mientras se llevaba una mano a la cabeza miró a su alrededor. Había dejado Hogsmeade tan pronto como el enmascarado había comenzado a atacarla, y a sabiendas de lo arriesgado que sería tener una pelea con tanta gente en Hogsmeade (y también cerca de Potter y los idiotas de sus amigos), consideró que lo mejor era alejar la pelea del lugar.
Sin embargo, no reaparecieron en el lugar que ella había pensado (inicialmente su intención era continuar la batalla en las llanuras, bastante alejados de territorio Hogwarts), y menos de la manera que ella hubiera querido.
- ¿Qué es este lugar? - se preguntó ella, mientras se acomodaba la capucha y empuñaba su varita. - No recuerdo haber pasado antes por aquí antes…¿Eh? Un momento... -
Era una larga avenida, con enormes edificios en cada lado. Entonces Mérula recordó un poco como eran las calles de la Londres Muggle, salvo por el cielo, el cual estaba inundado en un mar de sobras, sin un mínimo atisbo de estrellas tras las nubes negras que dejaban caer libremente el agua. Hacía cinco años que ni pasaba por allí. Antes, la idea de explorar los lugares donde solían pasar los muggles no le parecía atractiva, sin embargo, John le convenció de que podía ser interesante ver como esas personas se las arreglaban sin magia. Termino siendo una experiencia de los más útil.
No había un alma a la redonda. No había a nadie a quien poder apuntar, arrinconar e interrogar, y lo más importante: No había rastro de él. ¿En dónde se había metido aquel individuo con mascara?
A medida que avanzaba por las diferentes calles de aquella avenida, se encontraba con que los cristales de los edificios que la rodeaban actuaban como espejos (No conseguía ver más allá de ellos, pues estos estaban vacíos). ¿Eran normales y solo la reflejaban a ella? Si a Mérula le hubieran permitido escoger de seguro habría preferido esa opción antes que ver a través de esos cristales imágenes de lugares a los que ella solía ir hace años.
Y no solo le mostraban lugares; también personas a las que conoció durante su niñez y su adolescencia en el colegio con cada paso que daba, a medida que buscaba por distintos rincones de la oscura calle a su objetivo. La situación era muy compleja, como si los cristales actuaran como fragmentos de sus memorias.
- ¿A caso eso es…? - pensó, cuando se detuvo en uno de los cristales. - Esto no puede ser…-
En un principio pensó que estaba alucinando, pero lo que estaba viendo parecía tan real que no resistió la tentación de aproximarse a dicho cristal. Su reflejo no era exactamente igual, pues a quien estaba viendo era a ella misma, pero tal y como era durante sus primeros años en Hogwarts.
Una niña de pelo corto, desordenado, castaño y con su mechón de pelo anaranjado; con su túnica de Slytherin y sus botas de combate, siempre lista para ganar a quien fuera. El recuerdo de esos años donde tenía como única meta ser la más poderosa de las brujas estaba allí, y también esos años donde se excedió en más de una ocasión con los más débiles solo porque quería dejar en claro su superioridad.
Mérula avanzó hacia su reflejo más joven, hasta posar sus manos contra el cristal. Su yo más joven tenía la misma mirada de angustia que ella. - ¿Dónde estás? - de repente le preguntó su reflejo.
Por un momento no daba crédito a lo que estaba pasando, pero igualmente Mérula terminó respondiendo: - Yo…no lo sé…no sé porque estoy aquí. -
De repente, su reflejo más joven sonrió burlonamente. - Yo sí, - dijo. - hay un sangre sucia de Gryffindor que anda por ahí presumiendo de ser un experto en encantamiento. - Detrás de la niña circulaban algunos alumnos de primer año de diferentes casas de Hogwarts. - Por favor, ¿cree que es mejor que la bruja más poderosa de Hogwarts? ¿No te parece patético? -
- ¿Eh? -
- Oh, mira, ahí está. - dijo la pequeña Mérula, señalando a un niño rubio con la túnica de Gryffindor. - Espera a que le deje en ridículo, - añadió, blandiendo su varita. - así aprenderá a respetar a sus superiores. -
- ¡No, espera! - exclamó Mérula, recordando perfectamente lo que hizo aquel día.
El chico rubio era Ben Cooper, un nacido de muggles quien era muy miedoso al principio, pero que con el pasar de los años (y sobre todo a partir de su sexto año) se convirtió en una de las personas más valientes que había conocido.
- ¡Dé-déjame en paz! - titubeó Ben, tras caer de espaldas una vez recibió un maleficio rechazo por parte de la pequeña bruja.
- ¿Eso es todo? - escupió la joven Mérula. - "¿Déjame en paz?" Asquerosos sangre sucia como tú no deberían ser admitidos en Hogwarts. Mejor lárgate y deja la magia para las brujas y magos de verdad…-
- Todo estará bien, Mérula. -
El corazón le dio un vuelco cuando escuchó aquella voz, acompañado por el soplido del viento. Al frente de su yo más joven había aparecido él, de cabello negro, ojos azulados y con su túnica de Slytherin.
- John…- susurró ella, con los ojos muy abiertos.
- ¿Tú de nuevo? - bufó la joven Mérula. - ¿Y ahora qué quieres, Anderson? -
John no estaba solo. Como de costumbre, le acompaña Rowan, su mejor amigo. Mérula no pudo evitar mirarle con tristeza.
Sin embargo, no podía evitar preguntarse porque el cristal le estaba enseñando ese recuerdo. Fue el día en que su rivalidad con John se consumó tras conocerse durante los primeros días de colegio. No sabía si considerarlo un buen recuerdo, pero allí estaba, un "hecho", como los que le gustaban al profesor Binns.
- Estoy seguro de que tus padres saldrán de Azkaban algún día. - dijo el joven John, con su varita en la mano, mientras Rowan ayudaba a Ben a ponerse en pie. - Que hayan elegido el mal camino no quiere decir tú también debas hacerlo…-
- ¡Te dije que no volvieras a hablar de mi familia! - masculló la joven Mérula.
- Entonces deja de molestar a Ben solo por ser de familia muggle. - replicó John.
- ¡Hmph! ¿De verdad crees que puedes venir aquí como si nada a desafiarme? - escupió la joven Mérula. - No eres capaz ni de ejecutar un Flipendo como Merlín manda. -
- No puedo permitir que sigas haciendo daño a los demás de manera absurda. -
- ¿Por qué no haces como el loco de tu hermano y te pierdes? -
- ¡Escucha, todos quieren que tú desaparezcas! -
- ¡Oblígame, Anderson! -
- ¡No quiero batirme en duelo contigo, Mérula! -
- Que lastima…- Mérula vio como su versión de primer año atacaba a Rowan y luego a John. Sin embargo, este último se puso en pie y respondió con un "Rictusempra", provocándole cosquillas.
- ¡EXPELLIARMUS! - escuchó exclamar al joven John, y entonces el cristal se rompió.
Desde el cielo se escuchó tronar a las nubes. Una de ellas había destrozado el cristal donde se reflejaba parte de los recuerdos de Mérula. No sabía cómo sentirse al respecto. No lograba entender porque estaba viendo esos recuerdos. ¿Formaba parte de la estrategia del enmascarado para confundirla? Debía ser eso.
Sin embargo, por mucho que se tratara de un recuerdo lo que presenció fue tan real, que era como tener cerca una vez más a aquel chico haciéndole frente. Le gustaba tanto pensar que aún podía estar ahí, pero a la vez sabía que era imposible.
John se había ido, y no iba a volver.
- Pobre Mérula…- susurró una voz gélida.
Rápidamente, Mérula se puso en guardia, analizando cuidadosamente los diferentes edificios. ¿Quién había hablado? - ¿Quién eres? - inquirió. - ¡Muéstrate! -
- Tan sola…- volvió a hablar la voz gélida. - tan perdida…tan…necia…-
- ¡Tch! Y tú tan cobarde…- musitó Mérula, intentando localizar a la persona que hablaba.
- ¿Cobarde? ¿Cobarde me llamas? - se burló la voz. - ¿Qué tan cobarde puedo ser cuando estoy frente a alguien tan cobarde como tú? -
- ¿¡De que estás hablando!? -
- Eres tú quien se echó atrás…eres tú quien le dejó tirado…-
Entonces lo supo. Fuera quien fuera le estaba recriminando lo sucedido con John en aquella ultima bóveda. Era increíble como una provocación tan clara conseguía descentrarla de su objetivo.
- No…yo no…-
- Si…- susurró la voz. - no fuiste capaz de salvarle…¿No se supone que eres la bruja más poderosa? Si es así, ¿Por qué la bruja más poderosa no tuvo la suficiente capacidad para vencer al portador de la máscara? ¿Porque no fue capaz de salvar al compañero que tanto apreciaba? -
- Te equivocas, John fue quien…- Mérula sintió como se formaban unas lágrimas en sus ojos, mientras sentía que le faltaba el aire.
- Incapaz de aceptar la derrota, intenta solventar su error cazando magos tenebrosos…incapaz de aceptar afecto o compasión intenta huir de esos sentimientos…incapaz de seguir adelante busca con que saciar su pena…incapaz…de superar el dolor de perder algo tan simplista como el amor…¿o quizás es más el sentimiento de saber que no eres nadie al lado del heredero de Slytherin lo que te reconcome?
- Cállate…-
- Es difícil presumir de ser la bruja más poderosa si eres consciente de las innumerables veces en las que has perdido. Perdedora…-
- ¡CALLATE! - gritó Mérula, agitando bruscamente la varita y provocando una explosión en una de las ventanas.
La voz se burló a carcajadas - Patético, no tuviste ningún problema en permitir que John te salvara. ¿No te da vergüenza? -
- Yo…yo…- lloró ella. - yo nunca le pedí que hiciera algo tan estúpido como salvarme…¡EN NINGÚN MOMENTO SE LO PEDÍ! -
- Porque sabías que igualmente lo haría…sabías que igualmente estaría dispuesto a darlo todo por ti…él te quería…y aun así estuviste todos esos años en el colegio haciéndole la vida imposible, a pesar de que lo único que él quería era entenderte, ser amable contigo…-
- Yo nunca le pedí que…-
- Pero te gustaba, ¿cierto? -
- Basta…-
- Todo por esa sensación de estar en compañía, de ser querida… apreciada…de que aún había esperanza…-
- ¡Basta! -
- Alguien como tú no merecía tener a alguien como él…no mereces ser feliz…-
- ¡BASTAAAAAAAAAAAAAAAAAA! - chillo Mérula desgarradoramente, cayendo de rodillas y dejando que su magia destrozara libremente todo lo que había a su alrededor.
No lo podía soportar…y aun así sabía que era el enmascarado, pues recordaba claramente lo que era capaz de hacerle a sus víctimas, actuando casi tan parecido a los Dementores…mostrándoles sus mayores penas y miedos.
- Adelante…- susurró.
Mérula alzó la vista. Ahí estaba él, ahí estaba esa maldita mascara plateada y esmeralda, lanzando una mirada vacía y llena de oscuridad.
- Ven…- dijo, alzando la varita. - ven e intenta vengarle…-
Ella apretó los dientes, mientras se limpiaba las lágrimas. - Ya está bien…- masculló. - Por ti perdimos a Rowan…a Jacob…a Ben…- se encogió al recordar a su compañero de Gryffindor, que aun siendo un nacido de muggles demostró mucho más valor que cualquier otro miembro de su casa. - Todo fue por encontrarte…¿y para qué? Para que un idiota te llevara puesta con él fin de servir a los fines locos de Slytherin…-
- Pero tú eres de Slytherin…- resaltó el enmascarado. - tus padres seguían a su heredero, ¿Por qué tu no? -
- Yo…- bufó Mérula, poniéndose en pie. - decido con quien quiero estar…y no estaré con aquellos que arruinaron mi vida…-
- Los sacrificios son necesarios, son por un bien mayor…No hay necesidad de dejarse guiar por represalias…-
- Cuando mis padres fueron condenados a Azkaban di por sentado que no quería amar a nadie más, y ser correspondida…-
- ¿Entonces cuál es la razón? ¿Por qué seguiste a John Anderson?
- Yo…creí en él…creí que aún había esperanza…-
- Y esa esperanza se echó a perder. - se burló el enmascarado. - Si es así, ¿Por qué sigues de su lado? ¿Por qué te opones al heredero? -
- Porque…- dijo Mérula, lanzando rápidamente un maléfico rechazo de potencia máxima que impactó de lleno en su enemigo. - Soy Mérula Snyde…¡Y A MI NINGÚN HEREDERO ME DA ORDENES! -
El enmascarado gruñó de rabia y empezó a atacarla, sin embargo, Mérula estaba decidida a detenerlo de una vez por todas.
- John…- pensó ella, rechazando magistralmente una extraña combinación del encantamiento aturdidor con magia oscura. - lo siento. Te fallé hace años cuando mas necesitabas de mí…pero esta vez no. ¡Tu sacrificio no será en vano! -
Los hechizos de ambos destrozaban todo a su paso. El enmascarado aprovechaba muy bien lo que le ofrecía el escenario, entre lo que se encontraba por los suelos estaban los trozos de cristal rotos de las ventanas, los cuales se los lanzaba a Mérula como si fueran cuchillas. Sin embargo, ella no tenía ningún problema en convertir lo que le lanzaba en polvo, para contratacar tirando de hechizos y encantamientos ofensivos mas eficaces, además de poner todo tipo de zancadillas para ralentiza todo lo posible a su oponente.
Entonces pasó algo que al principio sorprendió a Mérula, pero luego recordó que ya había visto algo parecido años atrás en la ultima bóveda. El enmascarado se estaba elevando por los cielos, sin escoba.
- ¡No escaparás de mí! - gruñó ella, lanzando un potente Carpe Retractum que atrapó a su objetivo de los pies.
Lejos de conseguir tener a su objetivo en tierra, lo que pasó después fue que Mérula se elevó por los cielos junto al enmascarado. Acostumbrada a volar en escoba para ella no supuso ningún problema, salvo por los obstáculos que se cruzaban en su camino (balcones, fachadas, etc.).
Se elevaron hasta que cuando alcanzaron la azotea de uno de los edificios. Mérula rápidamente soltó al enmascarado, aterrizó en la azotea y le lanzó un potente encantamiento explosivo, el cual atinó de lleno en su objetivo, provocando que caiga en frente de ella.
- Montaste a un grupito de fanáticos solo para obtener esa mascara. - jadeó Mérula, caminando lentamente hacia el enmascarado. - No te importó nada perder a tus seguidores y matar a estudiantes de Hogwarts solo por conseguir lo que querías…-
En enmascarado se puso en pie, soltando una risa vacía. - Es curioso, - dijo. - me lo dice alguien que hace años se dedicaba a humillar y pisotear a otros… -
- No te lo voy a negar…- dijo Mérula, apuntando su varita firmemente hacia su enemigo. - hice muchas cosas mal hace años, pero no me arrepiento, de nada me sirve...Yo solo…quiero hacerlo mejor…-
- ¿Cómo? -
- ¡Enviándote directo al infierno! - exclamó ella, lanzando una maldición cortante.
El enmascarado rápidamente reaccionó e hizo aparecer una roca para que la maldición de Mérula impactara en esta. - Es una pena…- dijo, con un tono de voz muy diferente. - Me habría gustado que siguiéramos nuestro camino juntos, al lado de nuestro señor…-
- ¿¡Eh!? -
Una extraña neblina negra ocultó momentáneamente al enmascarado, y cuando esta reveló a quien se ocultaba tras la máscara, Mérula pensó que estaba viviendo una pesadilla.
- No es posible…-
...
Harry tuvo que esperar hasta el lunes por la noche para poder hablar con Dumbledore sobre el encuentro que tuvo con el misterioso enmascarado en Hogsmeade. No sabía muy bien si una vez en el despacho de su director iba a ser regañado, o por el contrario iba a obtener algún consejo por parte de él.
En cualquier caso, la prioridad era que Dumbledore estuviera alerta en caso de que aquel mago tan peligroso hiciera una nueva aparición por Hogsmeade, ya que no solo los estudiantes de Hogwarts iban allí, también los docentes.
- Adelante, Harry. - le dijo el director a través de la puerta, una vez Harry llamó a su puerta para poder entrar.
Tras pasar al interior del despacho, Harry pudo ver a Dumbledore doblando un periódico, pero no era "El Profeta", sino el "Daily Mail", el cual era de la prensa muggle.
- Cuando leí tu nota parecías muy preocupado, - dijo el director, acomodándose sus gafas lunares. - Espero que me disculpes por no atenderte el Domingo, tenía asuntos que atender con un viejo amigo. Ahora dime, ¿tu preocupación tiene que ver con tu pequeña escapada a Hogsmeade durante este último sábado? -
- Por supuesto, - pensó Harry. - él tenía que estar al tanto de eso. - suspiró y dijo: - Si señor, siento mucho haberme saltado la prohibición, no tengo ninguna justificación para lo que hice. -
- Desde luego, - asintió Dumbledore, con un brillo serio en sus ojos. - y como sabrás sería irresponsable de mi parte no tomar medidas ante tu conducta. Por tanto, quedas advertido: Si vuelves a saltarte las normas en lo que resta de año, no tendré más remedio que prohibirte las visitas a Hogsmeade el año que viene (Si, lo mismo va para el señor Weasley y la señorita Malfoy). ¿Me he explicado bien? -
- Si. - asintió Harry, sin sorprenderse demasiado, pues se esperaba algo peor.
- Bien, - dijo Dumbledore, levantándose de su silla y acercándose a una estantería. - ahora, me gustaría saber qué es lo que te preocupa (a parte de la presencia de los Dementores que, desde luego, lo entiendo). -
- Verá, - empezó Harry. - cuando fui a Hogsmeade con mis amigos apareció un mago muy extraño. Al principio pensamos que se trataba de Sirius Black, pero era difícil de creer teniendo en cuenta que todos lo están buscando (además de que no lleva varita). Iba vestido con una túnica negra y llevaba puesta una máscara plateada y esmeralda…Nos puso en verdaderos problemas, nunca nos habíamos enfrentado a alguien así. -
- ¿Un mago con una máscara plateada y esmeralda? - repitió Dumbledore, sosteniendo una delicia para lechuzas y llenando el pequeño cuenco de Fawkes. - Dime, ¿es posible que la máscara se pareciera al rostro de una serpiente? -
- Si, - dijo Harry, frunciendo el ceño. - ¿Cómo lo supo? ¿De casualidad conoce usted a ese individuo? -
Dumbledore no respondió de inmediato. Guardó la delicia para lechuzas en la estantería, volvió a sentarse en su escritorio y adoptó una posición pensativa, como queriendo encontrar las palabras más acertadas antes de tomar de nuevo la palabra, algo bastante raro de ver en una persona que fácilmente encontraba las palabras acertadas para transmitir su mensaje de la manera que él quería.
- Llevo dos años escuchando rumores sobre un hombre encapuchado con una máscara de esa descripción que ha sido visto merodeando por el Callejón Knockturn, - respondió. - al principio pensé que se trataba de un mago más que hacía tratos con los delincuentes de ese lugar, o que adquiría artefactos peligrosos y de magia oscura para sus propios fines, pero no es el caso. Mis contactos me informaron de que incluso las brujas y magos que habitualmente pasan por allí no se atreven a cruzarse con él, pues más de uno después de intentar negociar con él pasaban a ser ignorados, e incluso heridos gravemente ante la negativa de ese mago. Sus apariciones suelen ser muy esporádicas. Hacía meses que no me llegaban noticias de él. -
- Entonces, ¿es la primera vez que ese mago merodea por Hogsmeade? - preguntó Harry.
- Puede que sí, - respondió Dumbledore, acariciando su barba. - o puede que no…Nadie conoce cuando empezó a aparecer ese mago con exactitud, ni siquiera en el ministerio, pero la razón es evidente al no tratarse de alguien que, a pesar de su habilidad, no ha cometido ningún delito grave (es decir, a la altura del asesinato), o eso es lo que se conoce hasta la fecha. Por supuesto es difícil de saber pues en el último año tuve conocimiento de que este mismo individuo ha sido avistado cerca de la frontera entre España y Francia, y también cerca de un pueblo de Albania…Sigo sin conocer lo que pretende, pero eso no es ni remotamente lo que más me inquieta…-
- Cuando Snyde apareció para ayudarnos, y reconoció la máscara, parecía que conocía bien al portador. - explicó Harry, pensando detenidamente. - Por un momento pensé que iba a humillar a ese mago, pero no fue el caso. Ella se puso muy nerviosa y nos echó del lugar, quedándose sola contra él. -
- Eso se debe a que…- dijo Dumbledore, en tono misterioso. - esa mascara que me has descrito, es exactamente lo que tanto ansiaba poseer la Organización "R" hace años…-
- ¿La Organización "R"? - repitió Harry.
- Era una Organización que estaba al servicio de Voldemort. - explicó Dumbledore, mientras miraba detenidamente una de las ventanas de su despacho. - Aunque no descubrimos para quien trabajan en realidad hasta mucho más adelante, poco antes de que llegaras a Hogwarts. Su cometido era investigar y hacerse con el contenido de las Bóvedas Malditas, las cuales contenían una serie de maldiciones destinadas a desatar el caos en el colegio. Tengo la impresión de que ya has oído hablar de las bóvedas, ¿me equivoco? -
- En absoluto, - reconoció Harry, frunciendo el ceño. - Tulip Karasu me habló de ellas a finales de octubre. Se creía que en las bóvedas había algo más que maldiciones…-
- Efectivamente, había más. - resaltó Dumbledore. - Aunque en un principio lo que se encontraba en las primeras bóvedas eran pistas, una tras otra hasta dar con la última, la cual contenía…esa mascara. -
- ¿Qué tiene de especial esa mascara? - preguntó Harry. - ¿Por qué la Organización "R" estaba tan interesada en hacerse con ella? -
- Nadie sabía el porqué, así que me puse a investigar. - explicó Dumbledore. - Estuve años investigando a esa Organización con la ayuda de mis contactos, pero no estábamos para nada cerca de sacar conclusiones. Mientras seguíamos investigando a los posibles miembros de ese grupo, me puse a indagar por varios meses entre los viejos archivos de una…sala muy especial, donde finalmente y para mi sorpresa encontré unos viejos informes que dejó Godric Gryffindor durante su periodo como primer director de Hogwarts. Según su investigación, la máscara oculta en la última bóveda es una creación de Salazar Slytherin. -
Con solo saber que Voldemort estaba detrás de la búsqueda de la máscara, algo le decía a Harry que la razón involucraba a Slytherin. - De modo que esa mascara pertenece a Slytherin…¿Descubrió para que sirve? -
- Gryffindor no estaba del todo seguro, dado que su único portador era el propio Slytherin. - dijo Dumbledore. - Pero tiene una teoría en base a varios rumores de aquellos a los que espió para conseguir información de lo que estaba haciendo. Según sus informes, uno de ellos sugirió que Slytherin había hechizado esa mascara con magia muy oscura y poderosa, con el fin de que aquel que la portara cumpliera con su…última voluntad. -
- ¿Su última voluntad? -
- Si…-
- ¿Cuál cree que sea esa…última voluntad? -
- Me temo que Gryffindor no tenía respuesta a esa pregunta. - suspiró Dumbledore. - Ahora bien, si Voldemort estaba en su búsqueda, es evidente que la máscara juega un papel importante en sus planes. Sobre todo…- Harry detectó cierta inquietud en su mirada. - si su intención es seguir con el legado de Slytherin…Cosa que dudo ya que a Tom solo se preocupa por sí mismo y el buen desarrollo de sus propios fines. -
Era mucho lo que envolvía el misterio de la Máscara de Slytherin. Ya no se trataba solamente de el interés de Voldemort en encontrarla, sino todas las personas que estuvieron en su búsqueda.
- Cada vez que hablo con alguien sobre las bóvedas malditas siempre terminan mencionando a John Anderson. - dijo Harry con seriedad. - Me enteré de que murió en la última bóveda, ¿es eso cierto? -
Dumbledore suspiró profundamente antes de responder. – Eso me temo…John…pasó toda su etapa en Hogwarts siendo un mago de extraordinario talento, y también, alguien que se esforzó en investigar las bóvedas para encontrar a su hermano perdido Jacob, a pesar de mi constante insistencia en que no se entrometiera en la búsqueda de las bóvedas. - explicó. - Su intervención, a pesar de todo, fue esencial para detener las maldiciones de las bóvedas. -
- ¿Sabe? Escuché hablar a Snyde sobre esa búsqueda de las bóvedas. - dijo Harry. - Ella mencionó que acompañó a John durante ese tiempo. -
- Desde luego, la contribución de Snyde fue de extraordinario valor. - asintió Dumbledore. - Sin ella…sin ambos, - se corrigió a sí mismo. - Hogwarts hubiera estado en grave peligro. -
- También dijo que ella os contó a usted y al profesor Snape sobre lo que ocurrió en la última bóveda. - añadió Harry, probando suerte y con la esperanza de conocer con más detalles lo ocurrido en esa última bóveda. - ¿Qué pasó allí? -
Dumbledore miró a Harry, con un atisbo de tristeza en sus ojos. - John y Mérula descubrieron a finales de su sexto año la existencia de una bóveda más, y durante su ultimo año en Hogwarts estuvieron investigando su paradero. Cuando finalmente lo encontraron, también hallaron al responsable de los diferentes ataques a Hogwarts y sus estudiantes durante la década pasada. Se trataba del líder de la Organización, Silvain Sokolov…-
- Las bóvedas estaban aquí, ¿verdad? - inquirió Harry, preguntándose porque Dumbledore no hizo más por John. - ¿Cómo consiguió el tal Sokolov entrar a la escuela estando usted? -
- Sokolov pudo entrar porque fue el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras antes de Quirrell. - dijo Dumbledore, sorprendiendo a Harry. - Debo reconocer que tuve ciertas dudas sobre su contratación, sin embargo, su historial académico era impecable. Además de que contaba con una enorme experiencia en la materia. Por si eso fuera poco, él ya había sido profesor tanto en España, Japón, Rusia como en Bulgaria. -
- ¿Hay más escuelas de magia aparte de Hogwarts? - preguntó Harry, sorprendiéndose un poco, pero recordando que efectivamente, así era.
- Por supuesto, - dijo Dumbledore. - cada país tiene al menos una escuela de magia y hechicería. Al igual que cada cual tiene su propio gobierno mágico; sistema político y social. -
Harry asintió. - ¿Qué pasó con Sokolov? - preguntó.
- Al igual que John, también murió. - respondió Dumbledore con tristeza. - Han pasado tres años desde entonces…-
- ¿Murieron? ¿Sin más? - preguntó Harry, cruzándose de brazos.
- Tristemente eso fue lo que nos explicó Mérula a mí y al profesor Snape. - suspiró Dumbledore. - Me gustaría entrar en más detalles, pero sinceramente, considero que le corresponde a ella explicar mejor lo ocurrido. Lo único que puedo decir es que ella llegó a ser muy feliz al lado de John, pero tras pasar por esa última bóveda todo se torció, y ahora...es quien es…-
A Harry le costaba imaginarse a Mérula Snyde siendo feliz. Era un pensamiento casi tan remoto como ver a Snape usando champú. - ¿Hay noticias de donde se encuentra ella? - preguntó.
- Me temo que aún no…- respondió Dumbledore, con una mirada triste. - por el momento, estaremos atentos en caso de que aparezca el enmascarado o…Sirius Black. Puedes retirarte, Harry. -
Mientras se dirigía hacia la Sala Común de Gryffindor, Harry no pudo evitar pensar en aquella charla que tuvo Mérula con Hagrid. Todo apuntaba a que la chica había pasado por una infancia dura antes de su llegada a Hogwarts (con sus padres siendo seguidores de Voldemort y posteriormente terminando entre rejas, dejándola sola y sin ganas de ser querida otra vez). ¿Hasta qué punto había llegado su relación con John Anderson? ¿Por qué Dumbledore no quiso entrar en más detalles sobre lo ocurrido en esa última bóveda? Mientras meditaba, Harry se había dado cuenta de un detalle muy importante: ¿Qué había sido de los miembros de aquella Organización "R"? Si eran leales a Voldemort y buscaban la máscara, ¿Qué hicieron después de que su líder cayera ante Anderson y Snyde?
Si algo había conseguido la aparición de aquel enmascarado fue que Harry se había descentrado de la que estaba siendo la principal preocupación de todos durante el año (A parte del montón de deberes que tenían casi a diario): Sirius Black. Sentía curiosidad por conocer más detalles de lo que había pasado antes de su llegada a Hogwarts, pero sabía que no iba a contar con respuestas inmediatas.
La cabeza empezaba a darle vueltas mientras entraba a la Sala Común de Gryffindor. Era mucho lo que debía procesar aquella noche, después de descubrir hace unos días cuando le interesaba conocer detalles sobre el Santuario de Gryffindor, que era capaz de invocar por si mismo la espada del mismo; luego le tocó vérselas con el enmascarado y para colmo, perder el mapa y soportar la indignación de Hermione por saltarse una vez más las normas de manera innecesaria (por no decir que a ella no le abría importado ir de haber sabido lo que se iba a encontrar).
Y hablando de ella, allí estaba, sentada en una mesa hasta arriba de libros y pergaminos. Harry no entendía cómo no se decaía ante tanto trabajo, incluso para él llegaría a hacerse pesado y agotador. Solo no podía dejar de admirarla por su empezó, y a la vez le preocupaba, ya que su constante autoexigencia le privaba de un merecido descanso.
- Hola Harry, - le saludó ella. - ¿Cómo te fue con Dumbledore? -
- Mejor de lo que esperaba, - admitió Harry, encogiéndose de hombros. - aunque reconozco que me habría gustado que me hablara más de lo que pasó aquí antes de que llegáramos. Ya sabes, con toda esa historia de las bóvedas malditas. -
- Creía que hablarías con él del enmascarado. - dijo Hermione con sorpresa, cerrando su libro de Aritmancia. - ¿A caso ese mago tiene algo que ver con las bóvedas? -
- Mas de lo que crees…- respondió Harry.
No había nadie más que ella despierta a esa hora, con lo cual Harry consideró que no había ningún problema en contarle a Hermione lo que habían hablado Dumbledore y él. Esperó a que pusiera en orden todo el material que tenía sobre la mesa antes de que los dos se sentaran en el sofá. Mientras hablaban, Harry se sintió muy cómodo hablando con ella, como hacía meses que no lo hacía. ¿Tanto trabajo les había apartado? Bueno, estaba el trabajo, Sirius Black, los Dementores y como ultima adición, el enmascarado.
- Ya veo. - dijo Hermione finalmente, una vez Harry terminó de relatarle lo sucedido con John, Mérula y las bóvedas. - Nunca pensé que Hogwarts hubiera estado en problemas antes de que llegáramos. - se llevó la mano a la barbilla y añadió: - A ver, bien es cierto que en la historia de Hogwarts han ocurrido muchas cosas raras y peligrosas, pero…que este sitio lleve solo unos pocos años de paz es un poco…bueno…-
- ¿Decepcionante? - aventuró Harry.
- No, más bien preocupante. - replicó ella. - Ambos hemos leído "Hogwarts: Una historia", Harry. Si has repasado como los diferentes conflictos que ha enfrentado la comunidad mágica han afectado a Hogwarts, entenderás por qué lo es. -
- Cierto, pero no es así exactamente. - dijo Harry, pensando detenidamente. - Hubo paz por muchos años hasta que a principios de este último siglo empezaron los problemas con Grindelwald, y luego llegó Voldemort. Cierto es que gracias a mi madre él quedó como un espectro sin cuerpo, pero a pesar de eso sus seguidores siguieron ahí, dispuestos a seguir dando problemas. Como te he dicho, esa Organización "R" trabajaba para Voldemort, lo que deja en claro que desde la aparición de Grindelwald y luego la de ese maldito la paz no ha sido muy longeva en Hogwarts. -
- Es increíble todo lo que a pasado en cien años. - suspiró Hermione.
- Creo que bastantes "hechos" nos cuenta ya Binns en sus clases. - sonrió Harry. - Un año tranquilo en Hogwarts…ya son tres años sin saber cómo es tener un año así. -
- La verdad es que a estas alturas suena bastante extraño. - dijo Hermione, riéndose un poco. A Harry le gustó verla recuperar la sonrisa. - Ahora que lo pienso, si no tenemos que enfrentarnos a prisioneros de Azkaban, magos tenebrosos con locas ideas y monstruos, pienso que ya de por si estaríamos preocupados y con estrés por todos los deberes que tenemos encima. -
- Aquí puedes hablar por ti. - dijo Harry, frunciendo el ceño. - No me explico porque a pesar de la evidencia de que estás haciendo demasiado, sigues empeñada en seguir haciendo todo y no dejar algunas asignaturas inútiles. -
- No lo sé, Harry. - resopló Hermione, abrazando sus rodillas. - Es que…cada vez que pienso en ello me pongo a pensar y me doy ánimos a mí misma "queda cada vez menos para junio, ¡vamos!" - dijo, alzando un puño. - Pero si, cada vez me cuesta más…especialmente Adivinación. -
- Mira, - suspiró Harry. - sinceramente, déjalo. Es de lejos la clase que más te está estresando y lo sabes. -
- Bueno, - dijo Hermione, cada vez cediendo más a su cansancio. - quizás contemple la idea, pero he llegado hasta aquí. Al menos quiero intentar terminar este curso con las doce asignaturas. -
Harry sonrió. - Lo que estás haciendo es increíble. - admitió. - Creo que si no fuera por Historia de la Magia habría tomado el mismo reto. -
- Tus retos se reducen a meterte en problemas y poner a prueba tus habilidades mágicas contra cualquier cosa que se te cruce en medio. - señaló Hermione, tocando la nariz de Harry con su dedo índice.
- ¿Qué quieres que te diga? - se río él. - ¡El método funciona! Bueno, eso y también la practica mágica. -
- ¿Aun sigues practicando en los terrenos con Chloe? - preguntó ella.
- Si, - asintió Harry. - aunque debo admitir que veo difícil seguir con esas practicas extra, al menos de cara al ultimo trimestre. Tenemos que prepararnos para la recta final del curso. -
- Que bueno que estés dispuesto a centrarte de nuevo en los estudios. - sonrió Hermione, pestañeando.
- Tu llevas centrada desde que empezó el curso, - señaló Harry. - y te está pasando factura. Se supone que este problema no deberías tenerlo como mínimo hasta nuestro quinto año. -
- Ya lo sé, pero…- Hermione bostezó y apoyó su cabeza en el hombro de Harry. - no puedo…darme por…vencida…- y se quedó dormida.
- ¿Herm? Oh…-
A Harry le pareció muy tierno verla durmiendo en su hombro. Entonces volvió a ser consciente de lo que le gustaba esa sensación, de estar cerca de ella. ¿Debería tomar el siguiente paso y preguntarle si estaba interesada en salir con él? Después de todo, Harry no tenía conocimiento de que tipo de chico podía gustarle a Hermione.
- ¿Qué tal alguien de Ravenclaw? - pensó el azabache. - Vale, no, acabo de pensar como Ronald. -
Deseaba ceder al cansancio y acompañarla en el sueño, pero sería embarazoso si alguien bajara a la Sala Común y los viera en ese plan. ¿Qué pensarían las mentes mal pensadas de sus compañeros de casa? Desde luego no quería ni imaginárselo.
Harry cargó a Hermione en sus brazos y la acostó bien en el sofá, debido a que no podía entrar en el dormitorio de las chicas. Cada vez que un chico intentaba entrar allí las escaleras hacían algo muy raro: cambiaban mágicamente convirtiéndose en una rampa que te deslizaba hacia abajo, y encima, si hábilmente conseguías alcanzar la puerta, esta te rechazaba como si alguien te lanzara un "Depulso" en la cara.
Esto lo descubrió cuando a principios del curso, una vez regresó con Ron y Hermione tras una visita a Hagrid, ella estaba dormida e hicieron el intento de llevarla al dormitorio de las chicas. La cosa terminó con Ron por los suelos y Harry muy cerca de dejar caer a Hermione bruscamente.
- En serio…- pensó él, una vez entró en la habitación de los chicos y con sigilo, se acostó en su cama para dormir. - que injusticia mas grande. Es decir, las chicas pueden entrar en nuestro dormitorio, ¿pero nosotros no podemos entrar en el suyo? ¿Pero que coj*nes? -
…
Pasaron aproximadamente dos semanas desde que a Harry le confiscaron el mapa, debido a la última escapada que hizo a Hogsmeade junto a Ron y Chloe, que cursaba segundo año. Todo iba bien hasta que fueron interceptados por el Profesor Snape y la cosa terminó "relativamente" mal.
- Echo de menos el mapa…- pensó Harry. - Hm…¿Qué fue de Snyde y el enmascarado? -
La pregunta volvía a resonar en su mente, pues desde aquella visita al pueblo que no tuvieron noticias de Mérula Snyde. Cierto era que a Harry le habría encantado responder a esa bruja tan presumida como era debido y desafiarla a un duelo, sin embargo y a pesar de herir su orgullo, se sentía un tanto preocupado por ella.
Si Snyde no regresaba, ¿significaba eso que el enmascarado logró vencerla? ¿Qué tan poderoso era aquel individuo tan extraño?
- Puede que solo Dumbledore sea capaz de enfrentar a alguien así. - pensó Harry, mientras miraba de reojo a Hermione y su centésima-decimo-tercera página de una nueva redacción para Historia de la Magia. - Esto me hace pensar que quizás los magos adultos tengan más talento y conocimiento mágico de lo que yo pensaba al principio. Creo que tendré que prepararme con más empeño si quiero ser capaz de hacer frente a este tipo de amenazas…-
Aquel encuentro hizo considerar a Harry el no confiar excesivamente en sus capacidades para enfrentar a magos más experimentados. Ni siquiera sabía si perdiendo el juicio y dejando que la ira se apoderase de él contaría con el poder mágico necesario para desafiar a alguien como el enmascarado.
Intentando no tomarse demasiado a pecho el hecho de que estuvo muy cerca de conocer la derrota, Harry pasó las siguientes semanas más centrado en los estudios a la espera del siguiente partido de Quidditch. Además, si algo bueno pudo sacar de sus horas de estudio es que poco a poco consiguió convencer a Hermione de descansar lo esencial para no decaerse.
También la animó a participar más en la práctica de hechizos, enfocándose fundamentalmente en el encantamiento Patronus. Con la presencia de los Dementores era evidente que, si se podía contar con la mejor defensa contra esos seres a mano, evidentemente había que pulir el manejo del encantamiento, y compartir dicho conocimiento con sus amigos.
Por supuesto, Harry no tuvo en cuenta de que ni Hermione, ni Ron y tampoco Chloe habían tenido encontronazos con los Dementores como los tuvo él, y por ende les iba a costar desarrollar la correcta ejecución del encantamiento. Al final, pensó que lo mejor era dejar la practica del encantamiento para mas adelante, y mientras tanto podía practicar hechizos pensando en el cuarto curso.
Cuando durante los primeros días del mes, (el dí marzo concretamente) en la Sala de Estudios celebraron los cumpleaños de Ron y Chloe, Harry sintió que había desarrollado una de las características más reconocidas de su tía Petunia: La curiosidad de ver la evolución de las parejas.
Desde finales del año anterior, Harry esperaba ansiosamente a que Ron abriera los ojos y se percatara de las tantas cosas en común que tenía con Chloe (excluyendo el hecho de que esta ultima se tomaba los estudios más en serio que el primero, quizás por influencia de Ginny).
Cuando Harry le preguntaba sobre cómo se sentía al estar cerca de la hermana de Draco Malfoy, Ron fruncía el ceño e insistía en que se sentía normal, pero que aparte de eso se divertía con ella cuando juntos gastaban bromas pesadas a Parkinson, Crabbe y Goyle.
En ocasiones, ya fuera en el Gran Comedor, la Sala Común o el patio, solían tener debates de Quidditch (A Ron le decepcionó bastante que el equipo favorito de Chloe no fueran los Chudley Cannons, sino , seguían intercambiando cromos de brujas y magos famosos…y, sin embargo, ahí seguía Ron, sin darse cuenta, mientras que Chloe empezaba a perder la paciencia ante su falta de iniciativa, o al menos, esa era la sensación que le transmitía a Harry. Mas allá de todo eso, la relación de ambos seguía siendo la misma desde comienzos del año, con la diferencia de que Ron pasó de no poder ni ver a la niña a ser un amigo más cercano.
- Vale, - pensó Harry, encogiéndose de hombros. - al menos la cosa avanza. Veamos si de cara al año que viene ocurre algo más…-
Capítulo 56 - La Ultima Final de Oliver Wood
En un día soleado de abril tuvieron con Hagrid otra fabulosa clase. En esa ocasión, les tocaba estudiar a las acromántulas. Uno de los hijos de Aragog, la enorme araña con la que se había topado el trío de oro el año pasado, estaba ahí, a buen recaudo al lado de Hagrid.
- Bien, - dijo Hagrid felizmente, - chicos y chicas, como podéis observar, ¡hoy os he traído a una acromántula! - Ron palideció. - Las acromántulas poseen generalmente un grueso pelaje negro, ocho ojos y capacidad de hablar, como esta de aquí. - empezó a explicar, mientras describía el aspecto físico del ejemplar que tenía a su lado. - Sus patas pueden alcanzar los cuatro metros y medio de longitud, y sus pinzas producen un peculiar chasquido cuando está enfadada o feliz. - cuando le acarició la espalda, la enorme araña parecía muy contenta. - ¿A que es una preciosidad? - pregunto con una sonrisa afable.
- Si…- dijeron casi todos con algo de miedo. Ron no podía decir nada, estaba escondido detrás de Harry y Hermione.
- Vamos Ronald…- se quejó Harry.
Después de la "apasionante" clase con Hagrid (aunque Ron no la disfrutó demasiado), todos los estudiantes de tercero se fueron de regreso al castillo. Harry, Ron y Hermione tenían que acudir a Encantamientos. En ese momento, escucharon a Pansy hablando con "los gorilas" de mala manera sobre Hagrid.
- "Oh, ¿a qué es una preciosidad?". - imitó ella a Hagrid en tono burlón. - ¡En serio, es patético! Debería casarse con esa estúpida araña y largarse de aquí. - escupió despectivamente.
A Hermione le apareció una vena en la frente. Parecía una felina rabiosa, porque desapareció del lado de Harry y Ron, y reapareció en frente de Pansy, dándole una monumental bofetada que la tiró al suelo.
- ¡No te atrevas a llamar "patético" a Hagrid! - gritó Hermione, haciendo un escándalo, y dejando atónitos a Crabbe y Goyle. - ¡Asquerosa, sucia y despreciable víbora! -
Ron tenía la boca tan abierta, que parecía tener contacto con el suelo. Por otra parte, Harry se acercó un poco, en caso de que Hermione necesitara ayuda.
- ¿¡Conque esas tenemos!? ¡EH! - chilló Parkinson, muy enfadada, mientras se abalanzaba sobre Hermione como si fuera un puma. - ¡Asquerosa sangre sucia! ¡ESTA VEZ TE VAS A ENTERAR! -
Se armó un auténtico espectáculo de lucha libre femenino. Hermione y Parkinson rodaron por los suelos, jalándose de los pelos y pegándose a puñetazos entre las dos. Crabbe y Goyle se quedaron "mirando a Marte", mientras que Harry no sabía si separarlas o no.
- Es que…- pensó él, rascándose la nuca y sin saber qué hacer. - es muy peligroso entrometerse en una pelea de chicas. Sobre todo, si las dos tienen muy mal genio…-
Afortunadamente para Harry y sus amigos, llegó Hagrid, quien al ver el "espectáculo" que se estaba armando cerca de la entrada al castillo tuvo que intervenir de inmediato.
- ¡Basta chicas! - exclamó. - ¡Ya es suficiente! - cogió a ambas por la espalda y las separó como si fueran un par de felinas enrabietadas, ya que inútilmente se quedaron dando golpes y patadas al aire, como queriendo continuar con la pelea.
Tras darles un toque de atención, Hagrid se fue de regreso a su cabaña, mientras que Pansy, tras fulminar a Hermione con una mirada asesina, se fue corriendo al interior del castillo con los pelos en forma de fuego.
- Wow…- dijo Ron con voz débil, pero esbozando una amplia sonrisa. - eso ha sido una pasada…-
- Esto…- dijo Harry con precaución. - Hermione…¿estás bien? - se sobresaltó cuando Hermione se volvió para verlo. Estaba roja de rabia, echando chispas y vapor por la nariz.
- ¡HARRY! - chilló ella. - ¡Más te vale que humilles a Slytherin en la Final! ¡Espero que ganes, porque si gana Slytherin no podré soportarlo! ¡Y si ganamos nosotros, pienso pisotear a esa alimaña como a una alfombra! - añadió con los ojos llenos de rabia, mientras que Harry palideció. Nunca se imaginó ver a su mejor amiga con el rostro tan enfadado.
- Eso le pasa a Pansy por fastidiar todo el año. - dijo Ron. - Aunque en realidad, lleva dándote la lata desde que llegamos a Hogwarts, desde primero, ¿cierto Hermione? -
- ¡Este año se ha pasado de la raya! - dijo Hermione entre dientes. - ¡No pienso aguantarle ni una más! ¿¡Queda claro!? ¡NI UNA MAS! - gritó. Parecía que se le iban a salir los ojos, mientras que Harry y Ron asentía, encogidos como enanitos.
- De…deberíamos ir a Encantamientos…- sugirió Ron, mirando todavía a Hermione con los ojos como platos y bien pálido.
Subieron aprisa hacia la clase del profesor Flitwick.
- ¡Llegáis tarde, muchachos! - dijo en tono de censura el profesor Flitwick, cuando Harry abrió la puerta del aula. - ¡Vamos, rápido, sacad las varitas! Vamos a trabajar con encantamientos estimulantes. Ya se han colocado todos por parejas. -
- ¡En seguida, profesor Flitwick! - exclamó Harry con prisas. No le gustaba quedar mal con sus maestros. Junto con Ron, fueron hasta un pupitre que había al fondo y abrieron las mochilas.
Ron miró a su alrededor y dijo: - ¿Dónde se ha puesto Hermione? -
Harry también echó un vistazo. Hermione no había entrado en el aula, pero Harry sabía que estaba a su lado cuando había abierto la puerta.
- Esto…es extraño. - dijo Harry mirando a Ron. - Quizás... quizás haya ido a los lavabos. -
Pero Hermione no apareció durante la clase.
- Pues tampoco le habría venido mal a ella un encantamiento estimulante. - comentó Ron, cuando salían del aula para ir a comer. Todos con una dilatada sonrisa.
- Es verdad. - dijo Harry vigorosamente. - Sin duda esta clase le habría venido de maravilla para su estado de ánimo. -
La clase de encantamientos estimulantes los había dejado muy contentos. Hermione tampoco apareció por el Gran Comedor durante el almuerzo. Cuando terminaron el pastel de manzana, el efecto de los encantamientos estimulantes se estaba perdiendo, y Harry y Ron empezaban a preocuparse.
- ¿No le habrá hecho nada Parkinson? - comentó Ron, mientras subían aprisa las escaleras hacia la torre de Gryffindor.
- Si es así, - dijo Harry con el rostro sombrío. - será mejor que esa chica no me encuentre…-
Pasaron entre los troles de seguridad, le dieron la contraseña a la señora gorda y entraron por el agujero del retrato para acceder a la sala común.
Hermione estaba sentada a una mesa, profundamente dormida, con la cabeza apoyada en un libro abierto de Aritmancia. Fueron a sentarse uno a cada lado de ella.
- Hm…ha vuelto a pasar. - dijo Harry, mirando con algo de preocupación a Hermione. - Aún no ha terminado los deberes de Aritmancia. Le llevo diciendo todo el año que está haciendo demasiado. -
- Si, - bufó Ron. - pero ella se empeña en querer hacerlo todo. De seguir así se hará vieja más rápido. - añadió divertido.
- Eh…Hermione…despierta…- dijo Harry suavemente, mientras la movía con suavidad.
- ¿Qué... qué? - preguntó Hermione, despertando lentamente, y mirando el reloj. Se levantó de un salto. - Oh no… ¿Es hora de marcharse? ¿¡Qué clase tenemos ahora!? -
- Ron y tu tenéis Adivinación en veinte minutos…- dijo Harry tranquilamente. - Hermione, ¿por qué no has estado en Encantamientos? -
- ¿¡Qué!? ¡Oh, no! - chilló Hermione. - ¡No puede ser! ¡Se me olvidó! - se llevó las manos a la cabeza.
- Pero ¿cómo se te pudo olvidar? - le preguntó Harry. - Llegaste con nosotros a la puerta del aula…Un momento, ahora que lo pienso, Hermione también tenía Estudios Muggles…- pensó detenidamente.
- ¡Imposible! - aulló Hermione. - ¿Se enfadó el profesor Flitwick? Fue Parkinson…- dijo el nombre de la Slytherin con desprecio. - Estaba pensando en esa víbora y perdí la noción de las cosas…-
- ¿Sabes una cosa, Hermione? - le dijo Ron, mirando el libro de Aritmancia que Hermione había empleado como almohada. - Creo que estás a punto de estallar. Tratas de abarcar demasiado. -
- ¡No, no es verdad! - balbuceó Hermione, apartándose el pelo de los ojos y mirando alrededor, buscando la mochila infructuosamente. - Me he despistado, eso es todo. Lo mejor será que vaya a ver al profesor Flitwick y me disculpe. ¡Ron, te veré en Adivinación! -
Y se fue corriendo por el retrato. Harry se puso cabizbajo, de un suspiro.
- No tiene remedio…- dijo desanimado. - ¿Crees que se dará cuenta de que no es capaz de hacerlo todo? -
- Bueno amigo, - dijo Ron. - tú conoces a Hermione mejor que yo, y a estas alturas, puedo decir con toda seguridad de que está chiflada. Hará falta un milagro para que deje un par de asignaturas…-
En ese momento, Chloe bajaba de la habitación de las niñas. - Hola Harry. - saludó con una sonrisa. - Hola Ron…- añadió al ver a Ron. Entonces sus mejillas cambiaron ligeramente de color.
- Hola de nuevo. - saludó Ron.
- ¿Habéis terminado vuestras clases? -
- Por hoy, yo sí. - respondió Harry. - Pero Ron y Hermione se tienen que ir a la clase de Adivinación. -
- ¿Hermione sigue con las doce asignaturas? - preguntó Chloe, frunciendo el ceño. - ¿No es demasiado lo que hace? En la ultima practica que tuvimos en los terrenos se quedó dormida. -
- Hace nada también. - dijo Ron, encogiéndose de hombros. - Se ha perdido la clase de Encantamientos, pero bueno, "Doña perfecta" sabrá lo que hace. Nosotros no podemos insistirle mas en que deje como mínimo dos asignaturas. -
- Oye, - dijo Chloe, mirándole. - ¿Haremos algo está tarde? -
- ¿Cómo qué? -
- Ahora que los de tercero empezáis a estar liados de verdad, es evidente que no da mucho tiempo para las practicas de hechizos. Había pensado en que podríamos quedar en la Sala de Estudios para hacer repaso. Bueno, eso o…-
- ¿Colar una bengala del doctor Filibuster en el zumo de Goyle? - sugirió Ron.
- ¿Eh? - Chloe parpadeó los ojos. - Claro, ¿Por qué no? -
- Vale, entonces quedamos después. Me voy a clase. -
Ron se fue por el retrato, mientras que Chloe se quedó mirando por donde salió, soltando un bufido.
- ¿Ocurre algo? - le preguntó Harry.
- Nada. - suspiró ella. - Solo…me gustaría hacer algo diferente con él para variar. En fin, nos vemos luego. De todos modos he quedado con Ginny y Luna para hacer repaso de Transformaciones…- añadió, y se marchó por el retrato.
Harry se rascó la nuca, pensando en lo despistado e idiota que podía llegar a ser Ron al ignorar los guiños que le estaba dando Chloe. Negando con la cabeza decidió aprovechar el tiempo y ponerse a trabajar.
Para su alegría, unas horas más tarde ocurrió algo inesperado. En la última clase de Adivinación, Hermione terminó enfadándose con Trelawney, y echando humo abandonó la clase ante el asombro de todos los que estaban presentes.
Poco después, mientras que Harry estaba en la Sala Común de Gryffindor sentado en una mesa y haciendo un trabajo para Runas Antiguas, Hermione entró por el retrato (claramente furiosa), con Ron coreando su nombre entre risas y echándole confetis a sus espaldas.
- ¡A pasado, Harry! - exclamó el entre risas. - ¡A pasado! -
- ¿¡Te has declarado a Chloe!? - preguntó Harry con una sonrisa cómica, dejando su pluma encima del pote de tinta y levantándose de la silla bruscamente. Por un momento, Hermione había perdido su enfado.
- ¿Eh? - dijo Ron, frunciendo el ceño. Claramente no se esperaba esa pregunta - Estas de broma, ¿verdad? Muy gracioso. - A Harry le decepcionó ver que ni siquiera se había ruborizado. - Bueno, a lo que iba, no te lo vas a creer…- se aclaró la garganta, y sonriendo como tonto canturreó: - ¡Hermione se ha enfadado! ¡A Trelawney ha gritado! ¡Y marchándose por la puerta, a todos nos dejó alucinados! -
- ¡NO TIENE GRACIA! - chilló Hermione, volviendo a enfadarse, mientras se quitaba el confeti del pelo de mala gana.
Sin embargo, Harry no la escuchó. Con un brilló en los ojos, se acercó a Hermione y la abrazó con fuerza. - ¡HURRA! - dijo, levantándola un poco del suelo. - ¡Lo hiciste! ¡Lo hiciste! ¡Estoy tan orgulloso de ti! -
- ¿¡Y eso por qué!? - preguntó ella escandalizada.
- Estabas acudiendo a una clase que no te gustaba en absoluto. - razonó Harry. - Hermione, yo llevaba desde principios de este curso esperando a que lo dejaras, como mínimo la asignatura imprecisa. Además, esa profesora no te merece como alumna. - añadió.
- Supongo que tienes razón. - dijo Hermione, ruborizándose un poco. - Gracias por preocuparte por mi…-
- De nada. - dijo Harry, sonriendo. - No me gusta que lo pases mal en clases…-
….
Las vacaciones de Semana Santa no resultaron lo qué se dice relajantes. Los de tercero nunca habían tenido tantos deberes. Neville parecía encontrarse al borde del colapso nervioso y no era el único.
- ¿¡A esto lo llaman vacaciones!? - gritó Seamus Finnigan una tarde, en la sala común. - Los exámenes están a mil años de distancia, ¿qué es lo que pretenden? -
Pero nadie tenía tanto trabajo como Hermione. Aun sin Adivinación, cursaba más asignaturas que ningún otro. Normalmente era la última en abandonar por la noche la sala común y la primera en llegar al día siguiente a la biblioteca. Tenía las ojeras como Lupin y parecía en todo momento estar a punto de echarse a llorar.
- Si al menos dejara una asignatura más…- pensó Harry, esperanzado en que Hermione optara por tener solo tres optativas, como él.
Ron no parecía tan estresado como sus dos mejores amigos, ya que solo debía preocuparse por hacer los deberes habituales. En sus ratos libres, y aprovechando que estaba sola, pasaba los días estudiando con Chloe. Entre los dos se las apañaban bien, y a pesar de lo unidos que estaban, seguían sin tomar el siguiente paso.
- Se les ve tan bien juntos…- pensó Harry con una sonrisa. - Pero ni uno ni la otra toman la iniciativa. -
Harry, mientras tanto, tenía que combinar sus deberes (No por nada era el segundo alumno con más deberes que hacer en todo Gryffindor. Solo Hermione hacía más que él.) con el diario entrenamiento de Quidditch, por no mencionar las interminables discusiones de tácticas con Wood. El partido entre Gryffindor y Slytherin tendría lugar el primer sábado después de las vacaciones de Semana Santa. Slytherin iba en cabeza y sacaba a Gryffindor doscientos puntos exactos.
- Así, si les sacamos una ventaja de cincuenta puntos, no tienes más que cogerla. - decía Wood a Harry todo el tiempo. - Sólo si les llevamos más de cincuenta puntos, Harry, porque de lo contrario ganaremos el partido, pero perderemos la Copa. Lo has comprendido, ¿verdad? Tienes que atrapar la Snitch sólo si estamos...-
- Oliver…- dijo Harry, mirando fijamente a su capitán con un brillo en los ojos. - sé que este es tu último partido, así que no te preocupes. ¡Iremos allí, haremos nuestro mejor partido y ganaremos la Copa! ¡Por Gryffindor! Y también por ti… - añadió con determinación. A Wood le entraron ganas de llorar, pero de emoción.
Toda la casa Gryffindor estaba obsesionada por el partido, y no era para menos. Los dos eternos rivales se jugaban el título en lo que ya se denominaba como "La final del Siglo" (por lo menos en Hogwarts). Uno de los grandes atractivos del colegio, era indudablemente la gran rivalidad entre las casas Gryffindor y Slytherin. Ambos tenían muy buenos valores, pero también grandes diferencias, y rara vez había entendimiento entre ambas.
- Ah…la batalla perfecta…- pensó Harry, cada vez más emocionado. - ¡SI! ¡APLASTARÉ A ESAS SERPIENTES! -
Nadie recordaba un partido precedido de una atmósfera tan cargada. Según Oliver, solo había vivido algo así en la temporada 90-91, donde en el último partido que decidía el titulo Slytherin había aplastado a Gryffindor.
- Fue mi mayor decepción como jugador del equipo. - reconoció Oliver. - Nunca olvidaré a ese equipo, en especial a John Anderson, era un cazador brutal. -
- Así que Anderson jugaba de cazador…- pensó Harry, recordando de nuevo las historias de aquel buscador de bóvedas malditas.
Cuando las vacaciones terminaron, la tensión entre los equipos y entre sus respectivas casas estaba al rojo vivo. En los corredores estallaban pequeñas peleas que culminaron en un desagradable incidente en el que un alumno de cuarto de Gryffindor y otro de sexto de Slytherin terminaron en la enfermería con puerros brotándoles de las orejas.
La víspera del partido por la noche, en la sala común de Gryffindor, se abandonaron todas las actividades habituales.
Incluso Hermione dejó sus libros. - No puedo trabajar, - dijo nerviosa. - no me puedo concentrar. -
- ¿En serio? - preguntó Harry divertido. - Vaya, algo de bueno tiene esta final después de todo…- pensó.
Había mucho ruido. Fred y George habían reaccionado a la presión alborotando y gritando más que nunca. Wood estaba concentrado en un rincón, encima de una maqueta del campo de Quidditch, y con su varita mágica movía figurillas mientras hablaba consigo mismo. Angelina, Alicia y Katie se reían de las gracias de los gemelos Weasley. Ginny y Chloe habían comenzado un pequeño negocio para vender "souvenirs" del equipo de Gryffindor (máscaras de león, banderitas, bufandas…¡hasta ofrecían un servicio de maquillaje!), aprovechando que los gemelos no habían pensado en ese tipo de negocio.
Harry estaba sentado con Ron y Hermione, cada vez más impaciente porque llegara el día siguiente y poder participar "En tan honorable batalla".
- Vas a hacer un buen partido. - le dijo Hermione, aunque por su tono parecía estar aterrorizada.
- ¡Si amigo! - exclamó Ron, dispuesto a mantener animado a Harry. - Y además…¡Tienes una Saeta de Fuego! -
Harry se sentía más entusiasmado que nunca. - ¡No importa si hay viento y tormenta! ¡No importa si nuestros rivales se empeñan en hacernos temblar! - empezó a gritar con emoción y determinación, mientras todos se giraban para observar y oír lo que decía. - ¡No importa si buscan una victoria sin honor! ¡Mañana daremos lo mejor de cada uno de nosotros, por ganar la Copa! ¡Y DEMOSTRAR UNA VEZ MAS, QUE SOMOS LOS MEJORES! -
Todos los Gryffindors rompieron a aplaudir, coreando su nombre, mientras que Wood lo miró inspirado. Una vez más, Harry estaba ahí para levantar la moral, no solo del equipo, sino de toda la casa.
…..
A la mañana siguiente, Harry se levantó bien temprano, estaba tan impaciente por enfrentarse a Slytherin que, al principio, no se percató de que aún no había ni amanecido.
- Hm…creo que necesito beber algo…- pensó el azabache, quitándose las lagañas.
Lo más en silencio que pudo, se levantó y fue a servirse un poco de agua de la jarra de plata que había al pie de la ventana. Los terrenos del colegio estaban tranquilos y silenciosos. Ni un soplo de viento azotaba la copa de los árboles del bosque prohibido. El sauce boxeador estaba quieto y tenía un aspecto inocente. Las condiciones para el partido parecían perfectas.
- Huelo a…batalla épica…- pensó Harry, sonriendo. Dejó el vaso y estaba a punto de volverse a la cama cuando algo le llamó la atención. Un animal que no podía distinguir bien rondaba por el plateado césped.
Después de frotarse los ojos, miró los terrenos con detenimiento y, tras un minuto de ansiosa búsqueda volvió a verlo. Rodeaba el bosque... era un gato. Harry se apoyó en el alféizar de la ventana al reconocer aquella cola de brocha.
- Creo que es Crookshanks…- pensó el azabache.
Harry aguzó la vista y pegó la nariz al cristal de la ventana, Crookshanks estaba inmóvil. El joven mago estaba seguro de que había algo más moviéndose en la sombra de los árboles. Un instante después apareció, un perro negro, peludo y gigante que caminaba con sigilo por el césped, Crookshanks corría a su lado.
- No será…- El azabache pensó que se trataba del mismo perro que cuidó durante las vacaciones, en el Caldero Chorreante. - No, no puede ser…-
Harry y el resto del equipo de Gryffindor fueron recibidos con una sonora ovación al entrar por la mañana en el Gran Comedor. No pudo dejar de sonreír cuando vio que los de las mesas de Ravenclaw y Hufflepuff también les aplaudían. Los de Slytherin les silbaron al pasar, a excepción de Draco, quien lo miraba seria y desafiantemente.
- Nos veremos muy pronto en el campo de batalla, mi eterno rival…- pensó Harry con una sonrisa orgullosa.
Wood se pasó el desayuno animando a sus jugadores a que comieran, pero él no probó nada. Luego les metió prisa para ir al campo antes de que los demás terminaran. Así podrían hacerse una idea de las condiciones. Cuando salieron del Gran Comedor, volvieron a oír aplausos.
- ¡Buena suerte, Harry! - le gritó Cho Chang. Harry le lanzó un pulgar arriba con su sonrisa orgullosa.
- Muy bien..., - comentó Wood. - el viento es insignificante. El sol pega algo fuerte y puede perjudicarnos la visión. Tened cuidado. El suelo está duro, nos permitirá un rápido despegue. -
Harry respiró gustosamente. - Si…- asintió muy animado. - haremos nuestro mejor partido…-
Wood recorrió el terreno de juego, mirando a su alrededor y con el equipo detrás. Vieron abrirse las puertas del castillo a lo lejos y al resto del colegio aproximándose al campo.
- ¡A los vestuarios! - ordenó Wood, dispuesto a ir a por todas. Nadie habló mientras se cambiaban y se ponían la túnica escarlata. Una vez todos listos, el gran capitán de Gryffindor dio las ultimas indicaciones, antes de disputar, su último partido como jugador de Quidditch en Hogwarts.
Los jugadores hicieron una "piña" entre ellos, se juntaron, para escuchar lo último que deseaba decirles Wood.
- Pase lo que pase el día de hoy, quiero decirles que me siento muy orgulloso de haber formado parte de este equipo…- dijo con emoción. - Yo me iré, pero sé que seguiréis siendo los mejores. Alicia, Angelina, Katie…quiero que sigáis demostrando a los novatos como se caza una Quaffle en este deporte. - Las tres cazadoras asintieron, con lágrimas en sus ojos. - Fred, George, quiero que sigáis siendo las Bludgers locas que siempre están ahí, peleándose con otras Bludgers…- los gemelos asintieron, algo melancólicos. - Y Harry…de ti no espero más que una cosa. Que sigas luchando porque este equipo siempre busque aspirar a lo más alto…- Harry asintió con un brillo en los ojos. - Bien, aquí vamos…1…2…3…-
- ¡GRYFFINDOR! - gritó el equipo de los leones todos a una, antes de salir al campo.
Salieron al campo entre el rugido de la multitud. Tres cuartas partes de los espectadores llevaban escarapelas rojas, agitaban banderas rojas con el león de Gryffindor o enarbolaban pancartas con consignas como "ÁNIMO, GRYFFINDOR" , "LA COPA PARA LOS LEONES", y una última que emocionó mucho a Harry, ponía "POTTER, GLADIATOR".
- ¡SI! ¡SOY UN GLADIADOR! - pensó Harry con coraje, y fulminando al equipo de Slytherin con una mirada desafiante.
Detrás de la meta de Slytherin, sin embargo, unas doscientas personas llevaban el verde, la serpiente plateada de Slytherin brillaba en sus banderas. El profesor Snape se sentaba en la primera fila, de verde como todos los demás.
- ¡Y aquí llegan los de Gryffindor! - anunció Lee Jordan, que hacía de comentarista, como de costumbre. - ¡Potter, Bell, Johnson, Spinnet, los gemelos Weasley y Wood! ¡Ampliamente reconocido como el mejor equipo que ha visto Hogwarts desde hace años! - los comentarios de Lee fueron ahogados por los abucheos de la casa de Slytherin. - ¡Y ahora entra en el terreno de juego el equipo de Slytherin, encabezado por su capitán Flint! ¡Ha hecho algunos cambios en la alineación y parece inclinarse más por el tamaño que por la destreza! - Más abucheos de los hinchas de Slytherin.
Harry negó con la cabeza, divertido. - En realidad, Lee tiene razón. - pensó. - Malfoy es el más pequeño del equipo de Slytherin, Los demás son tan enormes como troles. -
En ese momento, pudo percatarse de que Draco lo miraba fijamente a los ojos, Harry se acordó, una vez más, de que estaba en una final y que, en frente de él, tenía a su eterno rival. Chispas imaginarias salían entre ellos, como queriendo lanzarse ya al ataque.
- ¡Capitanes, daos la mano! - ordenó la señora Hooch.
Flint y Wood se aproximaron y se estrecharon la mano con mucha fuerza, como si intentaran quebrarle al otro los dedos.
- ¡Montad en las escobas! - dijo la señora Hooch. - Tres... dos... uno...-
El silbato quedó ahogado por el bramido de la multitud, al mismo tiempo que se levantaban en el aire catorce escobas. Apretando los dientes, Harry se lanzó a buscar e intentar localizar la Snitch lo antes posible, ahora que Draco se centraba más en cumplir con la labor que en meterse con él, estaba claro que no podía confiarse.
- ¡Gryffindor tiene el Quaffle! ¡Alicia Spinnet, con el Quaffle, se dirige hacia la meta de Slytherin! Alicia va bien encaminada! ¡Oh, no! ¡Warrington intercepta el Quaffle! ¡Warrington, de Slytherin, rasgando el aire! ¡ZAS! ¡Buen trabajo con la Bludger por parte de George Weasley! ¡Warrington deja caer el Quaffle! ¡Lo coge Johnson! ¡Gryffindor vuelve a tenerlo! ¡Vamos, Angelina! ¡Un bonito quiebro a Montagne! ¡Agáchate Angelina, eso es una Bludger! ¡HA MARCADO! ¡DIEZ A CERO PARA GRYFFINDOR! -
Angelina golpeó el aire con el puño, mientras sobrevolaba el extremo del campo. El mar escarlata que se extendía debajo de ella vociferaba de entusiasmo.
- ¡AY! - Angelina casi se cayó de la escoba cuando Marcus Flint chocó contra ella.
- ¡BUUUU! - abucheó Chloe - ¡Fuera! ¡Eres un asqueroso troll, Flint! - vociferó desde la grada. Por poco le da un puñetazo en la nariz a Ron cuando se puso a agitar el brazo.
- ¡Perdón! - se disculpó Flint, mientras la multitud lo abucheaba. - ¡Perdona, no te vi! -
Un momento después, Fred lanzó el bate hacia la nuca de Flint. La nariz de Flint dio en el palo de su propia escoba y comenzó a sangrar.
- ¡Basta! - gritó la señora Hooch, metiéndose en medio a toda velocidad. - ¡Penalti para Gryffindor por un ataque no provocado sobre su cazadora! ¡Penalti para Slytherin por agresión deliberada contra su cazador! -
- ¡No diga tonterías, señora! - gritó Fred, pero la señora Hooch pitó y Alicia retrocedió para lanzar el penalti.
- ¡Vamos, Alicia! - gritó Lee en medio del silencio que de repente se había hecho entre el público. - ¡SÍ, HA BATIDO AL GUARDAMETA! ¡VEINTE A CERO PARA GRYFFINDOR! –
Los leones rompieron a aplaudir, mientras las serpientes siseaban furiosas.
Harry se dio la vuelta y vio que Flint, que seguía sangrando, volaba hacia delante para ejecutar el penalti. Wood estaba delante de la portería de Gryffindor, con las mandíbulas apretadas.
- ¡Wood es un soberbio guardameta! - dijo Lee Jordan a la multitud, mientras Flint aguardaba el silbato de la señora Hooch. - ¡Soberbio! Será muy difícil parar este golpe, realmente muy difícil... ¡SÍ! ¡NO PUEDO CREERLO! ¡LO HA PARADO! -
- ¡WOOD! ¡WOOD! ¡WOOD! - coreó la afición de Gryffindor a su guardián y capitán, haciéndolo sonreír.
Harry se alejó como una bala, buscando la Snitch, pero asegurándose al mismo tiempo de que no se perdía ni una palabra de lo que decía Lee. Era esencial mantener a Malfoy apartado de la Snitch hasta que Gryffindor sacara a Slytherin más de cincuenta puntos.
- ¡Gryffindor tiene el Quaffle, no, lo tiene Slytherin! ¡No! ¡Gryffindor vuelve a tenerlo, y es Katie Bell, Katie Bell lleva el Quaffle! Va rápida como un rayo...¡ESO HA SIDO INTENCIONADO! –
- ¡Montague! - exclamó Ron, haciendo su rabieta. - ¡Eres un maldito puerco! -
- ¡ANIMAL! - chilló Chloe, muy enfadada. Hermione, que estaba con ellos, tuvo que taparse los oídos para aguantar el escándalo que estaban haciendo.
Montague, un cazador de Slytherin, había hecho un quiebro delante de Katie y en vez de coger el Quaffle, le había cogido a ella la cabeza. Katie dio una voltereta en el aire y consiguió mantenerse en la escoba, pero dejó caer el Quaffle. El silbato de la señora Hooch volvió a sonar, mientras se dirigía a Montague gritándole. Un minuto después, Katie metía otro gol de penalti al guardameta de Slytherin.
- ¡TREINTA A CERO! ¡CHÚPATE ÉSA, TRAMPOSO! -
- ¡Jordan, si no puedes comentar de manera neutral...! -
- ¡Lo cuento como es, profesora! - replicó Lee, y todo Gryffindor le dio la razón.
Harry logró su cometido, acababa de ver la Snitch, brillaba a los pies de uno de los postes de la meta de Gryffindor. - Tengo que ir con cuidado, si Draco se da cuenta de que la eh visto, no dudará en ir tras ella…- pensó cuidadosamente su siguiente movimiento.
Simulando una expresión de concentración repentina, dio la vuelta con la Saeta de Fuego y se dirigió a toda velocidad hacia el extremo de Slytherin. Funcionó, Malfoy fue tras él como un bólido, creyendo que Harry había visto la Snitch en aquel punto.
- Draco, en serio, yo esperaba que no hicieras lo mismo que los demás buscadores…- se quejó Harry mentalmente, aunque entre risas.
Una de las Bludgers, desviada por Derrick, el gigantesco golpeador de Slytherin, se aproximó y le pasó a Harry rozando el oído derecho. Al momento siguiente, la segunda Bludger casi le araña el codo. El otro golpeador, Bole, se aproximaba. Harry vio fugazmente a Bole y a Derrick, que se acercaban muy aprisa con los bates en alto. En el último segundo viró con la Saeta, y Bole y Derrick se dieron un batacazo.
- ¡Tortazo va! - pensó Harry, burlándose maliciosamente.
Jordan y toda la afición de Gryffindor se partió de risa, mientras los dos golpeadores de Slytherin se separaban y alejaban, tambaleándose y agarrándose la cabeza.
- ¡Es una lástima, chicos! - comentó Lee Jordan con orgullo. - ¡Tendréis que espabilar mucho para vencer a una Saeta de Fuego! ¡Y Gryffindor vuelve a tener el Quaffle, porque Johnson lo ha recogido! ¡Flint va a su lado! ¡Métele el dedo en el ojo, Angelina! - le sugirió, pero se excusó rápidamente al ver la mirada severa de McGonagall. - ¡Era una broma, profesora, era una broma! ¡Oh, no! ¡Flint lleva el Quaffle, va volando hacia la meta de Gryffindor! ¡Ahora, Wood, párala! -
Pero Flint ya había marcado. Hubo una ovación en la parte de Slytherin y Lee lanzó una expresión tan malsonante que la profesora McGonagall quiso quitarle el megáfono mágico.
- ¡Perdón, profesora, perdón! ¡No volverá a ocurrir! Veamos, ¡Gryffindor va ganando por treinta a diez y ahora Gryffindor está en posesión del Quaffle! -
Se estaba convirtiendo en el partido más sucio que Harry había jugado. Indignados porque Gryffindor se hubiera adelantado tan pronto en el marcador, los de Slytherin estaban recurriendo a cualquier medio para apoderarse del Quaffle.
Bole golpeó a Alicia con el bate y arguyó que la había confundido con una Bludger. George Weasley, para vengarse, dio a Bole un codazo en la cara.
- ¡Eso es! - chilló Chloe desde la grada. - ¡Dadle su merecido a esos bestias! -
- ¡Hazle picadillo, George! - gritó Ron, mientras miraba de mala manera a los golpeadores de Slytherin.
La señora Hooch castigó a los dos equipos con sendos penaltis, y Wood logró evitar otro tanto espectacular, consiguiendo que la puntuación quedara en 40 a 10 a favor de Gryffindor. La Snitch había vuelto a desaparecer. Draco seguía de cerca a Harry, mientras éste sobrevolaba el campo de juego buscándola.
- En cuanto les saquemos cincuenta puntos a Slytherin, será el momento justo para ir tras la Snitch…- pensó el azabache.
Katie marcó, el marcador estaba 50 a 10, favorable a Gryffindor. Fred y George bajaron en picado para situarse a su lado, con los bates en alto por si a alguno de Slytherin se le ocurría tomar represalias. Bole y Derrick aprovecharon la ausencia de Fred y George para lanzar a Wood las dos Bludgers. Le dieron en el estómago, primero una y después la otra. Wood dio una vuelta en el aire, sujetándose a la escoba, sin resuello.
- ¡MENUDO PAR DE CERDOS! - gritó Ginny, levantándose de su asiento.
- ¡DEBERÍAN EXPULSARLOS! - bramó Chloe a su lado.
- ¡Deberían darle la Copa a Gryffindor y ya! - sugirió Ron con los brazos en jarra.
Hermione estaba centrada en observar si Harry tenía avistada la Snitch o no. - Espera un poco más, - dijo para sí misma. - solo un poco más y entonces ve tras la Snitch…-
La señora Hooch estaba fuera de sí. - ¡Sólo se puede atacar al guardameta cuando el Quaffle está dentro del área! - gritó a Boyle y a Derrick. - ¡Penalti para Gryffindor! -
Y Angelina marcó, ahora iban 60 a 10. Momentos después, Fred lanzaba a Warrington una Bludger, quitándole el Quaffle de las manos. Alicia la cogió y volvió a marcar, poniendo a Gryffindor 70 a 10. La afición de los leones estaba ronca de tanto gritar. Gryffindor sacaba sesenta puntos de ventaja, y si Harry cogía la Snitch, la copa era suya.
Harry notaba que cientos de ojos seguían sus movimientos mientras sobrevolaba el campo por encima del nivel de juego, con Malfoy siguiéndolo a toda velocidad. Y entonces la vio, la Snitch brillaba a siete metros por encima de él. El azabache aceleró con el viento rugiendo en sus orejas, pero la pelotita se puso a volar más rápidamente.
Draco aceleró, hasta ponerse codo con codo al lado de Harry. Los dos buscadores estaban repartiéndose empujones y golpes, eso hacía que ambos perdieran velocidad y, por ende, la Snitch.
- ¡Slytherin en posesión del Quaffle, Slytherin se dirige a la meta... Montague marca…- gruñó Lee. - 70 a 20 a favor de Gryffindor... - dijo, con los ojos entrecerrados.
Harry marcaba en ese momento a Malfoy desde tan cerca que sus rodillas chocaban. Harry no iba a dejar que Malfoy se acercara a la Snitch.
- ¡Quítate de en medio, Potter! - gritó Draco Malfoy, de mal humor.
- ¡Oblígame Malfoy! - bramó Harry con el mismo tono, mientras que ambos se fulminaban con la mirada. Era como si volvieran a ser los eternos rivales de siempre, cuando se odiaban de verdad.
- ¡Angelina Johnson coge el Quaffle! ¡Vamos, Angelina! ¡VAMOS! -
- Harry miró a su alrededor, a excepción de Draco, todos los jugadores de Slytherin, incluido el guardameta, habían salido disparados contra Angelina. Iban a bloquearla. Harry dio la vuelta a la Saeta de Fuego, se agachó hasta quedar paralelo al palo de la escoba y se lanzó hacia delante. Como una bala, se dirigió en dirección a los de Slytherin.
- ¡FUERA DE MI CAMINO SERPIENTES! - gritó Harry.
Los de Slytherin se dispersaron cuando la Saeta de Fuego se lanzó contra ellos como un torpedo. El camino de Angelina quedó despejado.
- ¡HA MARCADO!, ¡HA MARCADO! - anunció Lee dando saltos. - ¡Gryffindor en cabeza por 80 a 20! -
Harry, que casi salió despedido hacia las gradas, frenó en el aire bruscamente, dio la vuelta y regresó veloz al centro del campo.
Y entonces vio algo como para pararle el corazón. Malfoy bajaba a toda velocidad con una expresión de triunfo en la cara. Allí, a unos metros del suelo, había un resplandor dorado.
- ¡Oh no! ¡DE ESO NADA! - bramó el azabache.
Harry orientó hacia abajo el rumbo de su saeta, pero Malfoy le llevaba muchísima ventaja.
- ¡Vamos!, ¡vamos!, ¡VAMOS! - gritaba, para espolear a la escoba.
Ya reducía la distancia…el azabache se pegó al palo de la escoba cuando Bole le lanzó una Bludger, estaba ya ante los tobillos de Malfoy, a su misma altura, Harry se echó hacia delante, soltando las dos manos de la escoba. Desvió de un golpe el brazo de Malfoy y….
- ¡SÍ! -
Recuperó la horizontal, con la mano en el aire, y el estadio se vino abajo. Harry sobrevoló a la multitud con un extraño zumbido en los oídos. La pequeña pelota dorada estaba fuertemente sujeta en su puño, batiendo las alas desesperadamente contra sus dedos.
Wood se acercó a él a toda velocidad, casi cegado por las lágrimas, cogió por el cuello a Harry y sollozó en su hombro irrefrenablemente.
- ¡LO HICIMOS! ¡LO HICIMOS! - gritaba Wood, muy eufórico.
Harry sintió dos golpes en la espalda cuando Fred y George se acercaron.
Luego oyó las voces de Angelina, Alicia y Katie. - ¡Hemos ganado la copa! ¡Hemos ganado la copa! - gritaban de felicidad las cazadoras.
Atrapado en un abrazo colectivo, el equipo de Gryffindor bajó a tierra dando gritos con la voz quebrada.
Los grupos de hinchas del equipo escarlata saltaban ya las barreras y entraban en el terreno de juego. Multitud de manos palmeaban las espaldas de los jugadores. Harry estaba aturdido por el ruido y la multitud de cuerpos que lo apretaban. La afición los subió en hombros a él y al resto del equipo.
Cuando pudo ver algo, vio a Hagrid cubierto de escarapelas rojas. - ¡Los has vencido, Harry! ¡Los has vencido! - gritaba dando un salto, y haciendo que los demás saltaran también.
Allí estaba Percy, dando saltos como un loco, olvidándose de su dignidad. La profesora McGonagall sollozaba incluso más sonoramente que Wood, y se secaba los ojos con una enorme bandera de Gryffindor.
Y allí, abriéndose camino hacia Harry, se encontraban Ron y Hermione, no podían articular palabra. Ella se abalanzó sobre el azabache, dándole un fuerte abrazo al mismo tiempo que sentía como se ruborizaba.
Dumbledore se acercó al terreno de juego, para entregarle a Wood la Copa de plata.
- Lo logramos…- sollozaba Wood, con lágrimas en sus ojos, y sosteniendo la Copa. - ¡Lo logramos! -
En ese momento, alguien se abría paso entre los jugadores y los aficionados que rodeaban al gran capitán de Gryffindor. Era Katie Bell, quien estaba tan roja como la túnica que llevaba puesta, se abalanzó sobre Wood y le dio un beso, en frente de todos.
La muchedumbre rompió a aplaudir, mientras que Wood se quedó allí, embobado y sin saber que hacer a continuación. Al ver la reacción de su gran capitán, Harry decidió reanímale como se merecía.
- ¡Venga chicos! - exclamó Harry, sonriendo divertidamente. - ¡Vamos a mantear al capitán! ¡Que hoy se nos jubila! -
- ¡SI! - dijeron todos los Gryffindors a una. Cogiendo a Wood como si fuera un muñeco, y empezaron a mantearle, mientras coreaban su nombre. - ¡WOOD! ¡WOOD! ¡WOOD! -
Una vez más, Gryffindor conquistó la Copa de Quidditch, y como toda buena manada, los leones regresaron juntos al castillo, rugiendo victoriosos, mientras la Copa iba saltando de unas manos a otras, como si fuera una pelota.
