Ouran Academy
Fin horarios del club

Para cuando la jornada llegó a su fin indicado por las campanadas del lugar me apresuré a acomodar las sillas que había utilizado, tanto yo como las clientas y ciertos dos chicos que esperaba que no regresaran. Acomodé el juego de vajillas sobre la bandeja y justo cuando planeaba llevarla al pequeño cuarto que me mantuvo oculta por un tiempo, una sombra se elevó por mi espalda a la vez que una voz abarcó mis sentidos.

—Parece que llevas prisa ¿Algo de lo que deba enterarme?

Roté lentamente con las manos en alto, como si me hubiesen atrapado en pleno robo, hasta chocar mis ojos con otro par de manos sosteniendo una libreta y bolígrafo. Tragué en seco mientras subía mis ojos con lentitud y el brillo de unos lentes fue lo primero en recibirme.

—¿Tengo que ir al baño? —Formulé con duda y me golpeé mentalmente al ver la leve sonrisa que se formó en el rostro de Kyoya. Se divertía con mi desesperación.

Él ya lo sabía todo.

Estreché mis ojos mirando tras su cuerpo, pensando cuánto tardaría en llegar a la puerta para poder huir como la buena cobarde que era.

—No llegarás —Dijo el azabache frente a mí—. Pero puedes intentarlo de todas formas si es lo que deseas.

Abrí la boca en busca de una respuesta, pero no podía pensar en nada cuando me encontraba sorprendida de que haya descubierto mi plan. Formé un puchero con mis labios mientras llevé mi dedo índice sobre estos en una pose prensadora. Entonces, sin deshacerme de su mirada escrutadora, elevé mi dedo desde mis labios hasta la altura de mis ojos, a la distancia correcta entre su cuerpo y el mío, y carraspeé preparando mi voz.

Y corrí.

Tuve que levantar un poco la pollera pomposa que era parte del uniforme escolar cuando tropecé en los primeros pasos.

—Atrapenla —Escuché a Tamaki dar la orden con un chasquido de dedos.

Chillé, mitad por escucharlo y mitad por ver lo cerca que estaba de la puerta, y traté de aumentar un poco la velocidad. Estiré mi mano en busca del picaporte cuando estuve lo suficientemente cerca y cuando creí que había completado mi plan, el fracaso llegó en forma de dos pares de manos apresando mis brazos.

Miré hacia arriba sintiendo mi cuerpo temblar y dos pares de felinos ojos ámbar me observaban.

—¿A dónde ibas, Aiko? —Preguntaron con sonrisas gatunas.

Sus manos tiraron de mis brazos, pero sin llegar a lastimar, y mis pies dejaron de sentir el suelo para pasar a sacudirse en el aire. Me llevaron de esa forma al juego de sillones donde esperaban los demás Host atentos a la escena y Mitsukuni ocupó el lugar a mi lado cuando depositaron mi cuerpo en uno de los sofás.

—¿Qué ocurrió ésta vez, Aiko? —Preguntó Tamaki acomodado sobre su silla-trono. Ya hasta lucía acostumbrado a ésto.

Tampoco fueron tantos "secretos", como ellos lo catalogan. Mi razón de estadía aquí, mi verdadera madre, el compromiso arreglado, la relación con Mitsukuni... bueno, quizás si fueron algunas cosas. Sin contar el hecho de que aquel "espía" que tanto querían atrapar es ahora una clienta regular del club y hasta había entablado una amistad con ella incluso. Tampoco estaban al tanto de Ken Akemi y su relación directa con mi compromiso con su hermano.

Pero de todas formas no veía la razón por la que tendría que detallar todos mis problemas a alguien. Antes del gran cambio en mi rutina, cuando solo era Nishimura Aiko al llevar el apellido de mi madre biológica, no tenía una buena relación con los demás niños de mi edad y por ello no tenía amigos. Se podría decir que solo contaba con el apoyo de mi madre. Ella trabajaba hasta la noche para poder vivir medianamente bien y al verla llegar a las altas horas con tanto cansancio solo me dedicaba a atenderla y ayudarla, hablarle de mis problemas o el trato que recibía de ciertos compañeros quedaba totalmente descartado para mí.

¿De que serviría hacer públicos un par de problemas que solo generarían incertidumbre en los que consideraba amigos importantes? Yo quería verlos alegres, no preocupados por algo que resolvería tarde o temprano.

Barrí aquellos recuerdos innecesarios de mi mente, tal como hacía siempre, ya que los problemas del pasado se habían quedado allí, en el barrio que dejé atrás hace tiempo. Y observé a mi al rededor, pensando lo diferente que se sentía ésto a lo antiguo.

Ya, Aiko, deja de pensar en eso.

—¿De nuevo con secretos? —Preguntó Kaoru apareciendo por uno de mis lados desde detrás del sillón, logrando que vuelva al presente.

—Eso no se hace —Acompañó Hikaru apareciendo por mi otro lado, negando con la cabeza.

—No, nada de eso —Me excusé sacudiendo las manos de un lado a otro delante de mí, en una negación incesante—. No es algo tan importante, no deben preocuparse, en serio.

—Intentaron entrar a su casa anoche —Kyoya y su exceso de información lograron que lo observara con los ojos entrecerrados—. Solo aceleré las cosas.

—¡¿Qué?! —Se escuchó un grito general. Exceptuando a Kyoya, responsable de tirar la bomba, y Takashi, que ya me había acostumbrado a su silencio.

Rasqué mi nuca con una pequeña sonrisa que buscaba ser tranquilizadora, pero no sé cuan efectiva fue cuando no produjo cambio alguno en sus expresiones.

—No fue nada importante, la alarma sonó a tiempo y, si bien escaparon con éxito, el cuerpo de seguridad hizo un buen trabajo y ya están buscando a los responsables.

Pude ver a Mitsukuni a mi lado temblar un poco, por alguna línea de pensamiento que desconozco, antes de lanzarse sobre mí hasta abrazarme. Mi cuerpo cayó un poco hacia el lado por el peso, pero Takashi estaba cerca y fue lo suficientemente rápido cómo para evitar la caída. Le agradecí a Mori con una leve sonrisa que no tardó en devolver y rodeé a Honey para crear un abrazo mutuo.

—¡Eso es peligroso, Ai-chan! —Opinó con preocupación. Por alguna razón me sonroje, pero ya ni me molestaba a buscar motivos a eso, este chico genera en mí cosas que no puedo controlar— ¿Por qué no nos contaste?

—No quiero molestarlos con esas cosas —Confesé con un poco de vergüenza.

Muchos pares de ojos sobre mí. Ayuda.

—No nos molestas, Aiko —Habló Haruhi llamando mi atención—. Tú me ayudaste antes y haría lo mismo por tí sin problema.

Sentí mis mejillas enrojecer aún más por sus palabras y ese brillo tan especial que siempre cargaba Haruhi en sus ojos. Entonces un par de manos jalaron mis mofletes con diversión, ni debía fijarme, ya sabía que esos gemelos diabólicos hacen lo que quieren.

—¿Por qué no entiendes que somos una familia? —Preguntó Tamaki con seriedad haciendo que todos lo observemos—. Creí que ya sabías que estamos para ayudarnos y acompañarnos en los buenos y malos momentos. Entiendo tu punto, pero así como nos quieres ver bien, nosotros queremos lo mismo para tí.

—Lo lamento —Murmuré avergonzada escondiéndome un poco en los brazos de mi novio cuando mis mejillas fueron liberadas tras lo dicho por el king del club.

Que bien se sintió llamar así a Mitsukuni, podría acostumbrarme a eso.

—¡Perdóname, Aiko, no volveré a hablarte así! —Gritó un renovado Tamaki alzándome ante la mirada sorprendida de Honey y comenzando a dar vueltas con cataratas cayendo de sus ojos—. Pero tu tío se preocupa.

Y de pronto, su cuerpo se detiene bruscamente y parece haber pensado algo malo ya que su expresión se volvió aterrada. Me dejó en el suelo, algo mareada por las vueltas, sujetó mis hombros y me observó con seriedad. Cambios demasiado arrebatados de personalidad.

—Ya no puedo ser tu tío —Sentenció—. No puedes ser hija y novia de Honey-senpai a la vez, eso sería... No, no puedes.

—¿De nuevo con eso, senpai? —Suspiró Haruhi con cansancio.

—Quizás si Mori-senpai es padre soltero... —Pareció pensativo por unos segundos.

Entonces los hermanos Hitachiin aparecieron de la nada, susurrando en sus oídos con sus voces malévolas.

—Si Mori-senpai es padre soltero, pero deben seguir siendo una familia... —Comenzó Hikaru con picardía.

—Aiko y Honey-senpai se volverían hermanos... —Continuó el menor, igual de pícaro que su hermano.

—Seguiría siendo incesto, Tono —Concluyeron ambos hundiéndose de hombros, pero su diversión era evidente.

Tamaki gritó escandalizado, entendiendo el punto retorcido de los Hitachiin. El rubio buscó con su mirada a su "esposa", Kyoya, pero éste solo le dio la espalda dejando en claro que no le interesaba en lo mas mínimo.

Ojalá y yo pudiese hacer lo mismo.

—Pero tenemos la solución a eso, Tono —Volvieron a hablar los Hitachiin. Pude sentirlos apareciendo trás de mí y cuando sus manos se apoyaron mis hombros y cabeza, supe que era mi fin—. Aiko podría ser nuestra hija.

—Eso sí que no —Solté sin dudar, pero sus garras no me permitían alejarme.

—¡Fantástico! —Accedió Tamaki, nuevamente renovado, apareciendo frente a los tres—. De esa forma no existirá incesto y ustedes se volverán más responsables, tendrían una hija después de todo.

¿Enserio? ¿No existiría incesto? ¡Toda su relación de hermanos se basa en eso frente a las clientas! Y permítanme dudar sobre eso de "se volverán más responsables", tampoco quiero correr el riesgo de comprobarlo.

—Por supuesto que sí —Sonrieron para nada inocentes.

—Prefiero el incesto —Me quejé, pero solo logre que todos en la habitación me miraran raro, sin saber como tomarse mis palabras.

Ah... debería aprender a expresar mejor mis opiniones y dejar de darme a mal entender con las cosas que digo.


Ouran Academy

La mano de Mitsukuni se encontraba adherida a la mía en nuestro camino por los pasillos del instituto. Habiamos dejado la Tercer Sala de Música atrás hace unos minutos y había decidido acompañar a Honey y Mori a la salida ya que ambos debían regresar a casa por un evento familiar.

Admito que me sorprendí al enterarme de que ambos tenían un hermano menor, es algo que nunca había pensado en preguntar. Me daba mucha curiosidad el conocer al que se había convertido en mi actual cuñado ¿Serán iguales? Mitsukuni se había vuelto tan diferente al resto ante mis ojos que no podía imaginar a alguien que siquiera se le asemeje un poco.

—¿Segura que estarás bien? —Cuestionó de nuevo mi novio afianzando el agarre que nos unía. Ya había perdido la cuenta de las veces que realizó la misma pregunta.

—Sí, por lo que me dijo Ayami hoy en el club debe estar en la biblioteca aún, así que pasaré el tiempo con ella hasta que Isomu se desocupe —Asentí viendo mis pasos, llevando un pie delante del otro jugando.

De paso, podría aprovechar nuestro tiempo a solas para sacar las dudas de sus vivencias con los hermanos Ken. Hace mucho no tenemos privacidad y sacarle el tema el público no me parecía una buena idea.

La expresión molesta de Mitsukuni al escuchar el nombre del Ken mayor no pasó desapercibida para mí. Me insulté mentalmente por mi exceso de palabras y le di un leve apretón antes de besarle la mejilla levemente sonrojada. La sonrisa que ocupó su rostro después de eso me alegró, yo quería que sonriera todo el tiempo, con esa personalidad tan afectiva y energético que siempre llevaba.

—Bien ¿Hablamos luego? —Preguntó cuando nos detuvimos en las enormes puertas de la entrada.

—Te mensajearé al llegar a casa —Asentí conforme.

Volteé a ver a Mori cuando lo vi moverse por el rabillo de mis ojos. Le hizo una seña a Mitsukuni de que lo esperaría en la limusina que compartían y me sonrió una última vez sacudiendo mis cabellos antes de alejarse.

¿Eso significará que estoy ganándome su confianza? No entablamos nunca una conversación estable por razones obvias, pero parecía más atento en ciertos aspectos.

—Le agradas —Confirmó el rubio frente a mí captando mi duda—. Te considera como una prima ya.

Me sonroje levemente por su comentario y sonreí alegre por sus palabras. Ciertamente me sentía bastante cómoda y aceptada por todos los Host y, aunque no sabía cómo reaccionar a eso, era una sensación agradable.

—¿Es por lo que ocurrió en tu casa que fueron Isomu y el otro chico hoy al club?

Le observé asustada ante el tema de conversación que no esperaba oír, ciertamente estaba intentando hacer lo de siempre. Olvidar.

Balbuceé un par de veces, sin saber exactamente si decir la verdad o seguir evadiendo problemas, pero ver el brillo extraño en sus ojos y su expresión levemente apagada, tomando el tema con seriedad, era razón suficiente para saber que debía ser honesta. Él merecía saber la verdad de todo.

—Sí, en parte. Ese chico es amigo de Isomu e hijo de nuestros proveedores de seguridad —Confesé viendo como asentía en comprensión—. Parece que mis padres se comunicaron con los suyos y ahora tengo un chip de rastreo en el móvil.

Pareció sorprenderse, agrandando aún más sus ojos y abriendo su boca levemente, como quedándose sin palabras.

—Espero que no nos cause problemas —Opiné observando nuestras manos unidas y dejando ver lo preocupada que estaba respecto a eso.

Sus dedos rozaron mi mejilla, dejando un camino de conquilleos donde sus suaves yemas deambulan, y me permito cerrar los ojos disfrutando de la sensación. Sus dedos se enroscan con delicadeza en mi barbilla y levanta mi cabeza buscando conectar nuestras miradas. Cuando eso ocurre me dejo caer en la inmensidad de sus ojos, sintiendo que toda preocupación desaparece estando en ellos.

Estaba totalmente pérdida por él y ni sabía como habíamos llegado a ésto.

—No temas, Ai-chan, nada me alejará de tí —Buscó mi mano libre y la guío hasta su pecho, apoyándola en él con su mano sobre la mía—. Porque lo que siento es más fuerte que cualquier cosa que intente separarnos. Lo único capaz de alejarme es la misma razón por la que no me rendiré, tú.

Parpadeé varias veces, perpleja por sus palabras y la seguridad que transmitió en cada una. No tenía palabras para responder a ello, solo sonaría como una tonta enamorada sin sentido, así que dejando las palabras a un lado me arrojé sobre él en un abrazo que trataba de expresar todo lo que sentía por él y por lo nuestro. No tardó nada en corresponder y sus brazos al rededor de mi cintura fueron como un salvavidas que me mantenía a flote en la inundación en que sentía sumergirme debido a las preocupaciones que siempre intentaba olvidar.

Porque a su lado no necesitaba olvidar para sentirme fuerte, sino que sentía el poder para enfrentar lo que sea.

Nos separamos cuando su celular sonó al recibir un mensaje, recordando que existía un mundo aparte en el que no contábamos con todo el tiempo que nos gustaría tener. Lo miré esperando que responda el texto, pero en lugar de eso sonrió y elevó su meñique. Sonreí entendiendo y uní nuestros dedos.

—¿Juntos contra todo? —Preguntó con su característica voz hipnotizante.

—Juntos contra todo —Asentí conforme.

En mi descuido tiró de mi dedo, haciendo que me acerque aún más hacia él, y antes de entender lo que ocurría ya sentía sus labios sobre los míos. Sonreí en medio del beso, feliz de su atrevimiento aunque el lugar se encuentre vacío. Cerré los ojos, pasando las manos sobre sus hombros para jugar con sus cabellos mientras él me apretaba más contra su cuerpo con sus manos en mi cintura.

—Consiganse un cuarto, degenerados.

Nos separamos al instante en que la nueva voz hizo acto de presencia y si no fuese por el agarre de Mitsukuni sobre mi cuerpo hubiese brincado hasta el techo del puro susto. Ambos Hitachiin venían en nuestra dirección, claramente divertidos por su interrupción inoportuna, con Haruhi entre ellos con una mano sobre la cara, como si hubiese tratado de evitar que hablasen y fue ignorada.

Creo que no es necesario a este punto aclarar lo avergonzada que estaba.

—Lo siento, Aiko, Honey-senpai —Se disculpó Haruhi cuando llegaron dónde nosotros antes de seguir su camino—. Nosotros ya nos íbamos.

—Sí, sigan con lo suyo, par de tortolitos —Opinaron los gemelos alejándose con expresiones desinteresadas—. Pero no queremos nietos aún.

—No necesitan decirlo —Farfullé cubriendo mis mejillas sonrojadas.

—No parecias reacia a la idea hace unos segundos —Contestaron.

Busqué esconderme en el hombro de Honey evitando demostrar cuan avergonzada estaba por sus palabras y no me moví hasta que mi novio, totalmente divertido, me avisó que ya volvíamos a estar solos.

—Debo irme, estaré esperando tu mensaje —Dijo cuando volví a estar frente a él.

—De acuerdo, suerte en su evento.

—Suerte a tí, ten cuidado y no dudes en llamarme si ocurre algo —Pidió y asentí conforme.

Se acercó una última vez para depositar un par de besos dulces y suaves en mis labios, haciendo más larga la despedida, aunque admitía que estaba agradecida con eso. Cuando nos separamos sonrió a lo grande una vez más y se alejó camino a la limusina donde lo esperaba su primo.

Bien, era hora de buscar a Ayami. Ahora o nunca.


Ouran Academy
Biblioteca de segunda planta

Me asomé por la puerta entreabierta buscando a mi objetivo, hasta que la distinguí en una de las mesas más alejadas, sola y jugando con sus lápices.

Me acerqué lo más rápido que me lo permitían mis piernas cortas y el vestido pomposo, hasta que llegué a su mesa y me dejé caer sobre el asiento frente a ella. Subió la mirada de sus lápices, confundida de la llegada de alguien, y pude ver como su expresión remarcaba su sorpresa de verme allí.

—¿Aiko? —Dejó los útiles a un lado para concentrarse en mí con confusión— ¿Todo en orden?

—Sí —Asentí apoyando mis brazos sobre la mesa para acercarme un poco más y crear más privacidad—. Solo tengo un poco de tiempo libre y había algo que quería preguntarte pero no encontraba el momento adecuado.

—¿Es sobre Isomu-senpai y Akemi-senpai? —Preguntó con naturalidad.

Quedé estática, quizás hasta olvidé de respirar por unos segundos.

—¿Cómo...?

—¿Cómo lo sé? —Cuestionó con algo de diversión, quizás por mi reacción, no lo sé—. Bueno, creí que llegaría un momento en que quisieras entender un poco mejor mi relación con los hermanos —Se hundió de hombros con una leve sonrisa.

La analicé unos segundos, los necesarios para ver como se ponía nerviosa ante mi escrutinio. Cuando la realización golpeó mis pensamientos asentí con lentitud.

—Kyoya te dijo algo ¿Cierto?

Pude ver como se avergonzó al instante, delatando lo que quería esconder. Mako me había comentado sobre que habían pasado ciertas cosas, sin dar mucha información, pero Ootori fue quien me recomendó, en cierta forma, el hablar con Ayami ya que podía ayudarme a entender un poco como es el manejo de la relación con los hermanos Ken.

No me sorprendería si le hubiese pedido, de una forma muy indirecta pero convincente, de hablarme sobre ello al ver que yo no mostraba atisbo alguno de tocar el tema.

—No fue Kyoya-senpai en sí... —Murmuró jugando con la punta de sus dedos—. Fue Mako-senpai quien me habló ¡Pero no me molesta para nada, eh! No creas que lo hago por obligación o algo.

—¿Mako-senpai? —Pregunté dejando caer mi cabeza hacia un lado con confusión.

—Ya sabés, pasan algo de tiempo juntos porque ella es la encargada de las fotografías de la página web —Contestó como si yo entendiese de lo que estaba hablando—. Creo que habrán charlado sobre ello un día y no me pareció una mala idea si puede servirte de alguna manera.

—¿Página web?

Fruncí el seño perdiéndome aún más. No estaba al tanto de algo como eso, no creo que sean capaces de... ah, no tengo excusa, son capaces de cualquier cosa.

Ayami buscó algo en su móvil y me mostró en la pantalla una página con el nombre del Host Club. Me permití revisarla un poco y no solo había fotografías de los miembros totalmente desprevenidos, sino que había una sección de ventas dónde se encontraban una serie de álbumes individuales y grupales.

Y todo sin mi consentimiento.

Alguien va a tener que darme explicaciones.

Sacudo la cabeza de un lado a otro cuando caigo en cuenta de que estoy desviándome del motivo por el que estoy aquí. Concéntrate, Aiko, no sabés cuánto tiempo tienes antes de que Isomu empiece a buscarte.

—Volviendo al tema anterior —Hablé haciendo círculos con mis manos en la lustrosa madera importada—. Lamento si parezco entrometida o algo.

—Claro que no —Le restó importancia con un elegante gesto de manos—. Tengo algunas cosas que recomendarte.

—Te lo agradecería —Suspiré pensando en lo difícil que era relacionarse con esos dos sin quedar de mal humor.

—Primero, no pienses que Isomu-senpai es directamente responsable de sus acciones —Declaró con confianza—. Él es el primero al que conocí y siempre fue amable, pero es emocionalmente inestable y dependiente de su hermana.

No tenía objeción contra eso, siempre demostró un pésimo manejo de emociones. Por otro lado, el que haya aceptado comprometerse con alguien solo por un capricho de su hermana menor, no dejaba duda alguna de lo que era capaz de hacer por ella.

—Tenía una buena relación con él al principio —Contó con cierta nostalgia, jugando con las hojas del libro frente a ella, sus ojos perdidos en recuerdos—. Pero por alguna razón Akemi se molestó conmigo, comenzó a buscar distintas formas de herirme por algo que aún desconozco, hasta que pidió ayuda a Isomu-senpai.

Apreté mis labios y tragué, evitando cualquier comentario con insultos para los Ken. Sería descortés y Ayami se veía demasiado afectada como para cortar sus palabras de esa forma.

—No pasó mucho tiempo para que me enamorase de él, fui tan ingenua que confíe ciegamente en falsas palabras y gestos dulces —Necesito fuerzas para no ir a golpear a esos desgraciados en este mismo momento—. Y tan rápido como llegó esa felicidad, él tomó mis sentimientos y los pisoteó como si fuesen una molestia que no podía esperar para sacarse de encima.

Tomé sus manos entre las mías al verla tan... destruída ¿Cómo se supone que debía reaccionar en una situación como ésta? No me gustaba ver su expresión afligida, esforzándose por lucir fuerte cuando era obvio que aún no había superado aquello.

—Perdón, no sabía que era algo así, no necesitas seguir si...

—No, está bien —Cortó mis palabras con confianza, apretando mis manos—. Después de eso, pasé varios días escondiéndome de todos por miedo de encontrar a alguno de los dos, incluso me alejé de mis amigas de ese entonces porque temía que sufrieran por mi culpa —Confesó. Paseó su mirada, viendo la biblioteca casi vacía—. Entonces, en uno de los recesos en los que me había escondido a llorar, llegó quien considero mi salvación.

Sus mejillas se sonrojaron de un momento a otro y una sonrisa tierna escapó de sus labios. Su expresión había cambiado por completo, permitiéndome relajarme al ver que su tristeza había pasado a un segundo plano.

Pero eso no quitaba mi enojo hacia los hermanos.

—Mori-senpai pareció haber escuchado mis sollozos y me encontró —Murmuró con cierta vergüenza—. Recuerdo que hacía frío y no dudó en darme su chaqueta, su aroma fue como un tranquilizante para toda la pena que llevaba dentro. Me acompañó en silencio, pero dándome esa confianza que yo había perdido por un falso amor.

¿Sorprendida? Claro que lo estaba. Takashi había logrado calmarla solo con su presencia, dejando en claro que las palabras no eran necesarias para expresar su apoyo a los demás.

—Luego de eso me fuí por un tiempo, no quería seguir sufriendo sola por los rincones y él trajo consigo la fuerza necesaria para esforzarme en superar esa faceta —Sus manos soltaron las mías y comenzó a jugar con las puntas de mis dedos. Parecía ser un tic—. Y volví para el campamento Host, comenzando como una cliente regular de Mori-senpai y, ahora, tuya.

—Pero Akemi sigue molestándote —Me quejé inflando las mejillas, a lo que ella no dudó en picar una de ellas con su dedo índice en juego.

—Eso no me interesa, ya no tiene el mismo poder sobre mí —Se hundió de hombros dejando en claro que le era indiferente—. Así que, escucha con atención.

Asentí repetidas veces, mirándola con atención. Levantó dos dedos frente a mis narices.

—Segundo, si te enfrentas a Akemi-senpai se pondrá peor, pero si enfrentas a Isomi-senpai se hará el fuerte por un rato aunque terminará por demostrar que no es como aparenta.

Elevó un dedo más.

—Tercero, sé que Mako-senpai te dio evidencia de los maltratos de Akemi-senpai —Dijo, dejándome sorprendida ¿Cómo lo sabía todo?—. Te recomiendo no usarla hasta el momento indicado, ya traté de delatarla en el pasado pero sus padres son demasiado buenos en hacer parecer que todo es falso.

Un cuarto dedo se mostró ante mis ojos.

—Cuatro, no te muestres débil ante ninguno de ellos, nunca —Remarcó con énfasis en la última palabra—. Si descubren tu punto débil, atacaran con todo.

Toda su palma se mostró ésta vez.

—Quinto, confía en tus amigos y no dudes en pedir ayuda, una vez que te separan de ellos se volverán más influyentes sobre tí.

Su mano se cerró, dando fin a sus consejos, y alejó su puño para sonreírme una vez más.

—Espero que sea suficiente ayuda por ahora —Dijo guardando sus útiles con tranquilidad—. En cualquier caso, si algo va mal, no te rindas. Haré todo lo posible para evitar que caigas, y estoy segura que el Host Club también velará por tu bienestar.

Asentí sin saber que decir. Ella terminó por guardar todo y me abrazó, dejándome aún más perpleja por su acción, antes de hacer una seña de amor y paz con su dedos caminando a la salida de la biblioteca.

—Debo irme, los exámenes antes del receso del año se acercan y hay mucho que debo estudiar si quiero unos días de descanso —Avisó—. Nos vemos pronto, Aiko-chan.

Mi cerebro se detuvo en ese momento y solo pude saludar con la mano.

¡¿Exámenes?! ¡¿Ya?!

Dejé caer mi cabeza con derrota contra la mesa. Ya tenía demasiadas cosas en la cabeza, no estaba mentalmente preparada para estudiar en este momento.

Además, estaba segura que las palabras de Ayami estarían ocupando mis pensamientos no solo ésta noche, sino que por un tiempo más.

Extraño mi cama, pero lo que menos quiero es llegar y estar sola para recordar todo lo de hoy. Los Hitachiin como "nuevos padres", el pasado de Ayami y todos sus consejos para sobrevivir frente a los hermanos Ken.

Mitsukuni era otro tema, los momentos que pasaba con él sí los quería recordar y volver a vivir una y otra vez, esperando ansiosa hasta nuestro próximo encuentro.

Porque Honey era una luz cálida y dulce, y eso era lo único que quería entre tanto gris que me rodeaba.