Hola chicas!
Buenas tardes o noches a todas en sus respectivos países.
Pues el capítulo de "Felices por siempre" me salió un poquito larguito, así que lo dividí en dos partes. No me maten.
Pues ya esta!. Llegamos al final de esta historia. Sé que al principio dije que era un minific, pero al desarrollar las ideas que tenía en la cabeza se extendió hasta convertirse en un fic tamaño "normal" por así decirle.
Muchas, muchiiiiiiisimas gracias de todo corazón a todas o todos los que me acompañaron y leyeron mis ideas en silencio o no. Gracias por emocionarse, por reír y hasta por enojarse con los personajes. Por crecer y sacar lo bueno de la trama. Por su empatía. No tengo forma de agradecer sus rewies y el que hayan compartido con otras personas.
Esta idea en particular la traía en la cabeza desde hace mucho tiempo atrás y si bien les comenté que ya tenía un "pre" en tercera persona desde hace como un año, escribir en primera persona fue todo un reto (aunque gramaticalmente haya expuesto dos puntos de vista -Albert y candy-). Pero me gustó mucho y siento que conectamos todas en el proceso. Espero disfrutaran tanto como yo y que mis letras hayan servido un poco para distraernos de estos tiempos difíciles.
También necesito agradecerle a mi Beta Mora76. Confieso que es la primera vez que tengo una y que me cayó del cielo. Pero debo de reconocer la parte que le toca, pues fue quien me asesoró en muchísimas ocasiones cuando necesitaba aterrizar un poco los conceptos. No nos conocemos pero gracias por estar estos cuatro meses siempre pendiente de mis escritos sin importar la hora.
Pues sin más, les dejo la primera parte de éste capítulo.
¡Nos vemos en la proxima historia del güerejo adorado de mi corazón.
P.D: Si ven errores en serio que trato de evitarlos, peroooooooooooo soy una "disléxica orgullosa en terapia eterna" y en muchas ocasiones aunque yo revise se me van.
Cuidense mucho per favoreeeeee!
Bendiciones y buena vibra para todas o todos.
Moon
Capítulo 23 parte 1
Narra Candy
Un mes había transcurrido desde aquel fatídico final en que Elroy Andrew abandonara este mundo, más en la mansión Andrew nadie quedó. Albert ordenó cerrar sus puertas y ponerla de inmediato en venta, pues quería comenzar de cero, en un lugar sin malas energías o contaminado.
Fue así como encontramos la casa en la que hoy vivimos. En definitiva no es una mansión tan fastuosa y rígida como la que dejamos atrás — arquitectónicamente hablando—, pero si es un inmenso terreno a las afueras de la ciudad. Y de alguna manera tiene un toque rústico que me recuerda a la villa de Suiza. Cuenta con dos pisos: cinco recámaras principales, tres habitaciones de huéspedes y tres cabañas adicionales —una es de nuestro querido George— por si alguna vez los invitados nos rebasan, aunque no creo que suceda. También contamos con establos donde unos hermosos pura sangre esperan siempre dispuestos para dar un pequeño paseo, además de una preciosa alberca techada. Creo que este es un excelente hábito que Albert incorporó a su rutina de ejercicios diaria y jamás dejará. Debo confesar que me fascina verlo nadar. Aunque su complexión no es gruesa tiene un cuerpo maravilloso e increíblemente definido.
Hablando de él, se reincorporó de inmediato a sus deberes en el consorcio con George asesorándolo, mientras que Archie se instalaba en la dirección del departamento Legal.
En cuanto a mi, estoy muy emocionada. Mi madre me ha acompañado ayer al médico. Una tarde en la que tomábamos tranquilamente el té durante la semana pasada, me comentó sus sospechas de que pudiera estar embarazada.
Casi me atraganto con el líquido en mi garganta cuando la escuché.
Sé que soy enfermera y todos pueden pensar: "¡Por Dios Candy como no te diste cuenta!. Pero Eloise, que me conoce a la perfección, sabe —al igual que yo— que mis periodos nunca habían sido constantes. Bien podía llegar un mes y dos o tres no. Soy catalogada como irregular y jamás me representó un conflicto.
Sin embargo hoy nos han confirmado y tengo once semanas.
Está bien… soy muy distraía y no le di la debida importancia al aumento de peso ni al volumen de mi senos.
Aún no puedo creer que una vida producto del amor y la pasión entre este extraordinario hombre y yo esté creciendo en mi interior. No lo planeamos pero ya lo amo sin importar si es niño o niña. Ayer pasé por todas las emociones posibles. Por momentos me conmoví hasta las lágrimas y en otros, me aterré pensando en la posibilidad de no ser una buena madre. Sé que todo es producto de la revolución hormonal por la que atravieso, mas no puedo evitarlo.
La voz de Marta me sacó del trance en el que estaba al recordar. Se suponía que nos encontrábamos en el salón de costura, pero hacía mucho que había dejado mi labor a un lado.
—Candy… regresa de donde sea que te hayas ido.
—¿Cómo dices abuela?.—Respondí aun un tanto ausente.
La risa franca de mi madre nos invadió.
—Tiene rato que Marta está preguntándote cómo le dirás a William.
—Tengo algo en mente… pero… —indagué con timidez, pues aunque pasaran los años, sé que este tema era delicado para ella— ¿tú cómo le dijiste en su momento a papá?. Ya sabes… sobre su primera hija.
Esta vez no hubo sombra en los ojos de Eloise, pero sí un gran suspiro.
—Cuando me enteré que de la llegada de mi pequeño ángel fue tanta la emoción que no pude idear nada. Se lo dije en cuanto lo vi. Pero… —tomó mi mano— cada mujer es diferente mi niña. Solo has lo que nazca de tu corazón. Estoy segura de que a él le fascinará saberlo.
—Así es Candy… además ya debe enterarse, no podrás ocultarlo por mucho tiempo. ¡Estas cada día más rellena! —Rio tan fuerte que provocó un sonrojo avasallante en mis mejillas.
—¡Abuela! —Le reclamé.
—No la molestes Marta. Ella esta perfecta. Pero es cierto mi amor. Tu esposo debe saberlo a la brevedad. Así que lo que estés planeando realízalo ya.
—Tienen razón…
Al cabo de unas cuantas horas mi encargo llegaba a nuestra casa. Y me encontraba dando los últimos detalles a todo.
Cuando lo tuve listo me despedí de mi abuela y mi madre —Que diario nos visitaban.
—Es una lástima que no puedan ir…
—¡Por Dios niña si nos veremos en un rato! —Rebatió mi abuela.
—Es "su momento" nena. No podemos interferir aunque quisiéramos. Disfrútalo.—Me alentó mi mamá con esa ternura que siempre mostraba hacia mi— pero ahora anda, debes darte prisa. No te preocupes por nosotras.
—Está bien. Más tarde les cuento todo.
Tras esta oración salí directo a las oficinas del corporativo —no sin antes llamar a George, quien le ayudaría a realizar mi plan.
El camino se me hizo eterno. Estaba nerviosa. Por más que bajé la ventanilla el aire no era suficiente y el calor me sobre pasaba. Lo sentía en la cara.
Una vez en el lugar tomé el ascensor llegando así hasta el último piso. Gracias al cielo ya me estaba esperando.
—Señora Candy —sonrió— estoy a sus órdenes. ¿Todo sigue como lo planeamos?.
Yo lo miré recriminándolo.
—¿Le gustaría que le dijera señor Johnson de repente?. —entorné los ojos—. ¡Por Dios George vivimos en la misma casa y ambos sabemos que serás el otro abuelo de este bebé, así que deja de llamarme así. Si no me dices "Candy" me voy a molestar y le hablaré mal de ti a Emma cuando venga a verte en un par de meses.
Su rostro se puso del color de una manzana. Debo de reconocer que me encanta molestarlo con este tema, y sospecho que en el fondo lo sabe.
—No cabe duda que Dios los hace y ellos se juntan.—Suspiró— está bien Candy será como digas. Si ya estás lista acompáñame.
Fue así como en encaminó a una pequeña salita que se encontraba en la parte de atrás del despacho de Albert, la cual ocupaba para descansar o cuando quería revisar asuntos con George sin ser molestado en lo absoluto.
—Espera aquí, él entrará por esa puerta —Dijo señalando otro acceso— Después de entregarle tu encargo me iré a la casa para supervisar que todo esté listo.
—Muchas gracias George. —Respondí con alegría y nerviosismo.
Narra Albert.
Ni el llamado a la puerta me hizo desconcentrarme en los documentos que revisaba.
—Adelante.
—Veo que aun sigues revisando el archivo sobre las reformas en las atribuciones de los ancianos.
—Por supuesto George. Si no hago esto ahora, ellos aleccionaran a sus sucesores y así se formará una cadena que seguirá siendo "manipulación a su favor". De algo debe servir mi posición en el consorcio y que sea el patriarca de la familia. Estoy seguro que en cuanto lean que cualquier miembro de la familia (y del clan) tiene derecho a casarse con la mujer que ame (sin distinción social o de cultura) se van a infartar.
—Y ni hablar sobre el derecho de las mujeres del clan para trabajar… Jamás se ha visto que una de la alta sociedad haga "semejante acto tan deplorable".
Su risa poco usual fue lo que hizo que despegara mis ojos del papel en mano.
Cuando le miré evidentemente traía algo escondido y una mirada divertida.
Yo sonreí por contagio.
—¿Se puede saber que tramas?.
—Nada, nada, creo que el amor me ha cambiado un poco William. Solo estoy contento pues hablé con Emma recién, no hagas caso —retomó su formalidad—. Por cierto un mensajero a traído este paquete para ti. Toma.
Tomé la mediana caja entre mis manos. Mi semblante se tornó dudoso.
—¿Y esto George…?.
—No tengo la menor idea —respondió sin gota de emoción—. Pero bueno como te avisé hace un rato, debo retirarme. Gracias por darme permiso para salir antes.
—Ni lo menciones, pero… ¿realmente te encuentras bien?. No sé ni siquiera a dónde vas. George… si tienes algún problema no dudes, puedes confiar en mi. Lo que sea lo entenderé.
—Después lo platicamos no te preocupes.
Sin más se giró y salió decidido.
Yo seguía con el dichoso envoltorio entre mis manos. Lo pensé por un momento y fruncí el entre cejo, pues aquello era evidentemente un regalo.
Me debatía entre abrirlo o continuar con mi trabajo. Realmente no me interesaba nada de lo que mis socios pudieran mandarme a nombre de sus hijas. Ya ha pasado en algunas ocasiones y la verdad todo termina en manos de George para que se deshaga de ellos.
Lo coloqué sin más sobre el escritorio y retomé mi labor, más un par de minutos después mis ojos no podían despegar la vista de aquel obsequio.
Lo tomé de nueva cuenta. Lo acerqué un poco a mi nariz. El olor que percibí era una mezcla de la madera fina con el… ¿perfume de Candy…?.
Me cercioré.
¡En efecto era la fragancia de mi esposa!
No pude evitar sonreír. Así era ella. Siempre buscando cualquier momento para hacerme recordar cuanto me ama y lo presente que se encuentra en mis días.
No había una tarjeta pero sabía que era de ella.
Decidido quité el discreto moño color champagne que adornaba lo que se podía deducir eran chocolates —por la marca grabada en la tapa de madera—. Al levantarla —y posterior a colocar el pequeño sobre que debía contener la tarjeta a un lado— en efecto comprobé que una diversa cantidad de las exquisitas golosinas se encontraban perfectamente dispuestas por categoría. En realidad no soy fanático del dulce, pero uno de vez en cuando no me venía mal.
Inmediatamente después de llevarme a la boca una pequeña trufa de chocolate amargo, tomé la misiva, sacando así la pequeña tarjeta que se encontraba adentro:
"¿Qué pensabas papi?. ¿Qué mi mamá engordaría solita?. Claro que no. Espera pronto mi llegada. En seis meses aproximadamente. Ahora ve con ella, pues te espera en tu privado. Atte.: Tu bebé".
Me quedé estático por un momento. No podía creer lo que había leído. Cuando recobré la consciencia me levanté tan rápido como mis piernas me lo permitieron. Llegué a la puerta del privado y la abrí. Ahí estaba ella. Mirándome con el mismo amor de siempre y con ese brillo especial en sus ojos por la hermosa noticia que sabía me había enseñado.
Se reincorporó y me alcanzó.
El tiempo transcurrió lento.
La acerqué a mi cuerpo rodeando su cintura, mientras con mi dedo repasaba de forma delicada sus facciones y disfrutaba de sus ojos cerrados, de su expresión ante mis caricias. Grabando cada momento…
Sin pensarlo mi pulgar terminó jalando un poco su labio inferior y entonces la besé… la besé en un acto cargado de emoción, de felicidad, de pasión, de amor…de infinito agradecimiento.
Ella lo entendió así, pues se entregaba en lo absoluto a esta bella sinfonía en la que danzaban nuestros labios implacables.
Al separarnos su rostro era felicidad tímida. Felicidad pura… Y el sonrojo indómito se hacía presente sobre sus mejillas, volviéndola aún más bella si era posible.
Recargué mi frente en la de ella. Nuestros alientos cálidos chocaban al hablar.
—Me has dado la mejor sorpresa de todas preciosa…
Tras escucharme Candy lloraba.
—Lo he confirmado ayer con el médico. No pude percatarme porque soy irregular, pero soy muy feliz Bert. Este bebé fue concebido con mucho amor.
—Ahora lo entiendo todo. Tu sensibilidad, el sueño, tus curvas… —dije sugestivamente, sonriendo y bajando un poco mis manos al sur de sus caderas.
—¡Albert! —Me reprendió—. No digas eso.
Reí ante esa muestra de repentina timidez al tiempo en que la abrazaba.
—Solo menciono la verdad. En estos meses estas… estas… más… atractiva.
Ella se separó un poco de mi sin deshacer el abrazo.
—Pues ya verás lo atractiva que me pongo. —Dijo con puchero.
Levanté su barbilla y tras un breve beso le respondí:
—Tu vientre será maravilloso princesa… la embarazada más hermosa del mundo. —Tras mis palabras caí en cuenta de que había muchas personas que poner al tanto de las buenas nuevas—. Candy debemos decirles a tus padres, a George, Marta y Archie…
—Ya todos los saben… —acotó con pena.
—¿Ah si….? —Me sorprendí.
Ella comenzó a jugar con sus dedos de una adorable forma mientras confesaba su pecado.
—Bueno es que mi mamá me acompañó ayer y pues al regresar le comentamos a mi abuela. Ellas le dijeron a mi papá y Archie estaba con George hace un rato en la mañana que hablé con él y pues, prácticamente le arrebató el teléfono para escucharlo de mi propia voz. De hecho nos están esperando para comer todos. Justo ahora.
—¿Ahora?—Miré mi reloj— ¡Pero Candy son las dos con treinta minutos!.
—Sí… llevamos media hora de retraso… ¿Nos apuramos?. La verdad es que este bebé me da mucha hambre últimamente…
Solo pude sonreírle. Sabía que esta mujer me volvería loco. Presiento que las hormonas harán lo suyo. Más la amaré por siempre en todas sus facetas.
—Pues no se diga más señora Andrew —Ofrecí mi brazo— andiamo.
En cuanto Candy toco el asiento del carro y sintió el ronroneo del motor cayó dormida. Los treinta minutos que hicimos hasta la casa me dieron tiempo de reflexionar. De pronto la felicidad me hacía sentir nervios, pero sé que entre los dos seremos buenos padres.
Cuando llegamos la desperté. Todos salieron a recibirnos. Mis suegros fueron los primeros en sofocarnos entre abrazos, seguidos de Marta y Archie. George fue el último.
—Felicidades William… —su voz sonaba un tanto sensible.
Nos dimos un sincero abrazo.
—Gracias George. ¿Así que ya lo sabías? —Le reclamé jugando.
—En este caso mi lealtad esta con Candy. Era una causa muy bella, no pude negarme.
Palmeé su hombro mientras todos nos dirigíamos al interior de la casa.
—Serás un excelente abuelo George. Lo presiento.
La comida transcurrió de lo más ameno. Todos estábamos felices por la llegada del nuevo miembro de la familia "Andrew-Britter". No faltaron las sugerencias respecto al nombre, o las preguntas sobre nuestra inclinación por un niño o una niña. Por su parte Archie no perdía oportunidad para molestarme diciendo que si resultaban pequeñitas sería un padre muy celoso.
Todo era alegría. La sobre mesa se alargó y terminamos brindando con un poco de champagne —menos Candy—, escuchando música en el megáfono y pasando un buen rato en familia.
Al finalizar comenzada la noche y cuando todos se retiraron, cargué a mi esposa y en la privacidad de la habitación le agradecí con mi cuerpo el regalo más bello que pudo darme.
Continuará...
