—Me gustas como hombre… tonto.

Enmudeció al sentir el silencio después de aquellas palabras. Contuvo la respiración al notar la garganta apretada. No se lo creía, lo había dicho, al fin lo había aceptado y confesado. Estaba bien, ¿verdad?, lo que había dicho... ¿era lo correcto? Temiendo que Otabek siguiera mal entendiendo sus palabras lo miró fijamente y tragó en seco. El kazajo lo seguía viendo sin decir nada con una expresión tan extraña, tan confundida que lo ahogó. Apretó sus puños, estaba comenzando a odiar el silencio que se había formado entre los dos. Solo deseaba que Otabek dijera algo, cualquier cosa le bastaba, ya que él no se sentía en condiciones para volver a hablar. Estaba expuesto, sin armadura encima, sin protección. Se sentía tan desprotegido.

—Yura… —para su alivio, Otabek habló después de unos larguísimos segundos muy afilados para su corazón, el cual lo estaba golpeando con todo en su interior. El rostro del kazajo dejó de ser un completo misterio ya que apretó sus labios viéndose muy contrariado. Aquello no le gustó.

—¿Qu-Qué pasa? —preguntó de forma angustiante. Su voz había salido mucho más temblorosa de lo que percibió—. ¿Beka?

—Yura, lo que dices… yo —el moreno no prosiguió. Se veía tan complicado que Yuri sintió la desesperación a flor de piel. No quería más silencio, no quería ver más esos ojos serios.

—De-Deberías decir algo…—demandó Yuri golpeándole levemente el pecho a Otabek para que reaccionara y despegara sus labios, sin embargo no hubo cambio de expresión en el rostro del kazajo. No sabiendo que más hacer simplemente persistió sin ponerse ningún filtro, no era momento para echarse para atrás—. Ya no podía más con esto, ¿sabes? H-Ha sido increíblemente difícil asumirlo, de verdad no quería hacerlo... Me negaba siempre, todo el jodido tiempo... y... y ahora que te lo digo... me siento tan aliviado —miró directamente los ojos del mayor y una fuerte electricidad se apoderó de su piel cuando sintió la grande y protectora mano del contrario en su mejilla izquierda—. ¿Beka?

Otabek cerró los ojos por unos segundos y luego los abrió. Su expresión aún era de confusión como de sorpresa pero Yuri notó un poco de suavidad en ella. No culpaba a Otabek, todo era tan repentino que era difícil reaccionar o decir algo, por eso decidió esperar fuera lo que fuera que dijera Otabek en silencio. Muy expectante. Tanto que escuchaba claramente su corazón.

—Esto… yo no —Otabek sin quitar su mano de la mejilla de Yuri prosiguió con la voz temblorosa—. ¿Tú no me habías dicho que te gustaba Yuko?

La pregunta del kazajo lo dejó más rígido y se maldijo internamente. Por el temor que había tenido a sus sentimientos le habló varias veces de Yuko y sobre la relación que estaban formando en esos momentos. Se sentía culpable, todas aquellas palabras, a pesar de que la estima hacia la muchacha era real, no eran del todo ciertas; él, y aunque sonará muy mal, se había apoyado en Yuko de una forma falsa para espantar lo que sentía por Otabek. Había querido engañarse solo. Intentó con todas sus fuerzas seguir en el camino "correcto" para no sentirse raro para los demás. Para no verse extraño él mismo, no obstante todos esos esfuerzos y mentiras habían sido en vanas. Yuri ya no podía seguir negando sus verdaderos sentimientos. No conseguía obstaculizar lo que el kazajo provocaba en él desde hace mucho tiempo.

—Lo dije… —se mojó los labios con su lengua, se encontraba tan nervioso que no se sentía él—. Sé que lo dije, pero me di cuenta que no es ella a quien quiero —bajó la mirada muy apenado. Sus mejillas ardían tanto como si fuera fuego—. Yo te quiero a…

No logró terminar ya que una voz ajena a los dos perforó sus oídos como si se tratará de una bala muy dolorosa. A la derecha de él una puerta se abrió dejando ver a una despreocupada pelirroja mirando su móvil mientras se dirigía a donde estaban parados. Otabek también giró su cabeza hasta la muchacha apretando la mandíbula.

—Ota, ¿Qué te parece si esta noche lo hacemos de otra forma? —preguntó ella ajena a lo que pasaba sin levantar su mirada de lo que fuera que veía. Yuri al oírla sintió como todo su cuerpo se congelaba, era como si hubiese chocado con un gran iceberg—. Creo que si intentamos lo que te mostraré quedará mucho mejor, además… —ella levantó la vista y dejó de hablar y caminar al ver al rubio presente—. ¿Yuri?

Apartó la mirada rápidamente de ella hacia Otabek, el Kazajo hizo lo mismo y así conectaron sus ojos en un silencio desgarrador. ¿Qué significaba todo? ¿La presencia de ella? ¿Sus palabras? Yuri al pensar en eso se sintió de inmediato fuera de lugar como el ser más tonto del mundo. Ahora estaba comprendiendo el porqué del silencio de Otabek ante su confesión.

—Yo… —Yuri retrocedió unos pasos alejando la mano de Otabek lentamente. Sus ojos habían comenzado a descoser tanto que se tornaron rojizos.

—Creo que interrumpo algo —observó Mila pareciendo muy incómoda—. Cre-Creo que me iré —indicó con su mano derecha la puerta donde había salido anteriormente pero Yuri no espero a que ella se moviera.

Lo entendía, ¡maldita sea que lo entendía a la perfección!, el que estaba sobrando en esa reunión era él.

Se dio la vuelta de un movimiento rápido y quiso irse de inmediato para no hacer más el ridículo. Quería irse de una jodida vez de ahí o sentiría que se rompería en ese mismo instante. No soportaba más. Todo era una maldita pesadilla.

—Yura, no —Otabek lo detuvo sin importarle que Mila siguiera ahí sin saber qué hacer. El nombrado al sentir la mano del kazajo rodeando su delgado brazo quiso llorar—. No lo malinterpretes, no es lo que piensas —agregó con un tono endurecido. Yuri aguantándose las lágrimas mantuvo la respiración y no avanzó ningún paso más. Su mente era un revoltijo, quería irse, no escucharlo para nada pero no podía moverse.

—No sé que estoy haciendo… solo déjame ir, Otabek —soltó Yuri con dolor ya que el nudo de su garganta lo tenía tan apretado que le era casi imposible escupir sus palabras.

—Yuri, solo escu…

El ruso no lo dejó terminar. En ese segundo había sentido tanta vergüenza y rabia contra él y contra todos que el razonamiento quedó de lado en su cabeza. De un tirón brusco y seco se liberó del agarre del mayor y avanzó unos pocos pasos creando más distancia entre ellos. Esos pequeños pasos lo sintió como un gigantesco abismo que le dio terror.

—¡No digas nada! ¡No necesito que digas nada! —rugió dejando libre sus lágrimas y retomó su camino hasta la salida. Sintió como Otabek iba a seguirlo pero Yuri muy amenazante se volteó un poco para impedirlo—. ¡Ni se te ocurra seguirme! Quiero estar solo, maldita sea… —vio por unos milisegundos la expresión contrariada de su amigo ante sus palabras, sin embargo no esperó nada y volvió a andar rezando para que nadie lo siguiera. Se sentía tan tonto, tan roto que lo que menos quería ahora era ver nuevamente a Otabek.

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No sabía cómo lo había hecho, pero de que lo logró, lo logró. Llegó a su casa después de haberse escapado de Otabek. Lo primero que hizo al estar en su zona segura fue tirar sus cosas en el suelo de la estrada y luego, sin decir nada ni tomar en cuenta a Potya que había ido a recibirlo, subió las escaleras con el corazón remeciéndole rápidamente de forma dolorosa. Se encerró en su cuarto después de un portazo y terminó sentándose en el suelo apoyándose en la pared. Se había aguantado todo el jodido viaje sus lágrimas, que ahora ya no quedaban más fuerzas y las dejó salir sin ningún pudor. Trasladó sus manos hasta su rostro y tapándose su boca comenzó a llorar como hace mucho tiempo no lo hacía. ¿Qué había sido todo eso? Se sentía tan idiota, tan destrozado que ya no le encontraba sentido a nada.

Se había abierto con Otabek y este sin necesitar palabras lo rechazó de un segundo a otro, ya que su mirada y silencio lo había dicho todo. La aparición de Mila en el lugar había sido la respuesta a sus miedos. Ellos dos ya estaban juntos, o si no era eso definitivamente tenían algo especial, eso no lo podía negar. Era un idiota. Un iluso y un despreciable por todo lo que sentía.

Soltó un gemido de dolor odiándose por todo, pero tuvo que contener su sollozo cuando se dio cuenta de que su móvil vibraba como loco en su bolsillo. Sorbiendo la nariz que estaba llena de mucosidad, miró con sus ojos humedecidos la pantalla donde destacaban decenas de llamadas perdidas como de mensajes. Todos eran de Otabek y eso le quebró un poco más el corazón. ¿Había estado tan mal que ni se percató de eso? Cuando estuvo en el metro había estado tan preocupado de solo llegara a casa que no le había dado atención a nada más.

No queriendo saber nada de nada simplemente apagó el móvil y volvió a su posición derrotada dispuesto a volver a soltar sus lamentos en silencio, sin embargo nuevamente se vio interrumpido ya que tras la puerta sintió unos pequeños rasguños junto a un fino maullido que bloquearon su dolor por unos segundos. Potya quería entrar al cuarto, pero Yuri no se sentía con fuerza para levantarse y abrirle.

—¿Yuratchka? —la voz de su abuelo amortiguada por la madera lo hizo tensarse, ¿él había visto como llegaba a casa? Sintió su mentón tiritar y un gesto de lamento se apoderó de su cara. Lo que menos quería era preocupar al mayor con sus estupideces—. Querido, ¿por qué no le abres a Potya?, ¿te encuentras bien? Vi que llegaste de forma muy apresurada y no saludaste —apretó sus labios tratando de calmarse y dejar de llorar, pero esa calma se esfumó cuando sintió golpecitos en la puerta por parte de su abuelo—. ¿Yuratchka?

—¡E-Estoy aquí! —habló tratando de que su voz sonará normal, sin embargo maldijo ya que varios temblores salieron de ella deformándola.

—¿Estas bien?, ¿sucedió algo? —la voz de su abuelo sonaba preocupada—. ¿Puedes abrirme?

Se levantó con fuerzas sacadas de la nada. Sintiendo un mareo por ese rápido movimiento se apoyó en la pared y negó con la cabeza olvidándose que su abuelo no podía verlo.

—¿Yuratchka?

—E-Estoy bien —aseguró para nada convencido—. So-Solo estoy algo cansado… quiero dormir un poco, abuelo… —expresó rezando para que no insistiera más. Ahora no tenía fuerzas para enfrentar a nadie, menos a su abuelo que de seguro le preguntaría el motivo de su mal estado.

Hubo un silencio que lo mantuvo alterado, pero después de escuchar que su abuelo lo comprendía y que se marchaba a preparar la cena suspiró un poco aliviado. Con las piernas temblorosas caminó hasta su cama bien tendida y se dejó caer en ella de forma pesada. Las lágrimas habían desaparecido aunque sus ojos seguían delatores a que había llorado.

Más calmado y logrando pensar de forma más clara quedó viendo el techo y se mordió el labio. En ese instante se dio cuenta de todo lo ocurrido de principio a fin que quiso meterse bajo la cama y no salir más de ahí. ¿Qué mierda había hecho? ¿Declararse y decirle a Otabek que le gustaba como más que amigos? ¡¿Qué rayos había sido eso?! No podía ser más idiota, Otabek era su maldito amigo y además era heterosexual… él le había dicho que Mila era el tipo de su chica ideal…Entonces ¿Qué había hecho? Solo por dejarse llevar por lo que descubrió la cagó de un segundo para otro y ahora no sabía qué hacer, ¿qué debía decirle? ¿Cómo era posible explicarle? Ya no tenía la confianza para volverlo a ver a la cara, la había cagado de una jodida forma tan grande que se sentía prisionero, lamentable, desganado.

Era imposible que Otabek lo aceptara, él era un hombre, su amigo y además le gustaban las mujeres.

¿Qué había deseado que le dijera el kazajo al confesarse? ¿Qué también lo quería? Qué gran estupidez… todo era una jodida mierda. Él era una mierda por haberse enamorado de su mejor amigo. Se merecía toda mierda que le estaba pasando.

Volviendo a sentir la tristeza por lo ocurrido se giró en su cama y con el rostro en las mantas respiró profundamente. No aguantó las lágrimas que volvían a salir, se regañó mentalmente por parecer una adolescente con el corazón roto, pero es que no podía evitarlo. Todo dolía tanto que percibía todo su interior desgarrado. Permaneció tan quieto como una piedra por muchos minutos. Por su mente pasaron un montón de cosas y todas eran tan negativas que solamente se deprimía más a cada instante. No sabía cómo serían las cosas en adelante y tampoco quería pensarlo. Sabía que había jodido todo gracias a su boca y estupidez. En cuestión de minutos rompió todo lo que tenía con Otabek y eso lo deprimía mucho más.

Se sentó en la cama y se enjuagó sus lágrimas. Sin poderlo soslayar transportó su derecha hasta sus labios y recordó avergonzado como había sido el toque de los labios de Otabek contra los suyos. Agrietados, así habían estado, quizás era por el clima, no lo sabía con certeza, pero a pesar de eso los sintió tan, pero tan suaves para su alma que el sentimiento de calidez por ese beso torpe seguía en su pecho.

¿De dónde había sacado valor para hacer eso?

Retiró su mano de su boca. Todo era tan contradictorio. Poseía en esos instantes sentimientos tan revueltos que no sabía que pensar… realmente ya no quería pensar en nada.

Volviendo a escuchar el maullido de reclamo de Potya tras la puerta, Yuri se levantó con cuidado y caminó hasta ella para abrirle. Al hacerlo Puma Tiger Scorpion lo quedó viendo unos segundos para luego entrar de forma rápida y subirse a la cama como si la estuviera reclamando como propia. Entre toda la tristeza eso lo hizo sonreír un poco y decidió tomar su móvil para dejarlo en el velador. Se recostó junto a su amigo en la cama y lo tomó en brazos hundiendo su rostro en ese suave pelaje albino.

—Lo siento por ignorarte… —se disculpó volviendo a notar como la desolación se apoderaba de él. Ya quería dejar de sentirse así, pero no podía.

Potya le maulló y comenzó a ronronear mientras recibía las lágrimas cálidas de su dueño. Aquel canto gatuno logró relajar un poco a Yuri y le agradeció dándole besitos en su cabeza para luego terminar los dos acostados y acurrucados en la cama.

Cerró los ojos percibiéndose muy cansado de tanto llorar, lo único que quería era dormir y olvidarse de todo, sin embargo cuando escuchó el rugir de un motor conocido en el exterior de la casa, despegó de forma rápida sus parpados y se tensó por completo.

Era Otabek, él lo sabía. Había venido a hablar con él y eso era lo que menos quería.

Estando muy alterado por lo que pudiera pasar, se quedó sin soltar a Potya acostado en la cama. Sabía que su abuelo lo iría a atender y lo más probable era que lo dejará pasar y así tendría que enfrentarlo sin poder escapar. Al pensar en eso quiso levantarse y correr escaleras abajo para impedir que el kazajo ingresara a la casa, no obstante no se movió. Esperó con el corazón en mano lo que fuera a ocurrir. Volvía a tener la garganta apretada que le dificultó respirar y unas nuevas lágrimas de angustia se apoderaron de sus ojos verdes.

Estaba aterrado.

Escuchó como a los minutos alguien caminaba hasta su cuarto y no deseando que nadie lo viese tan lamentable, giró sin soltar a Potya a ver a la pared tapándose hasta la cabeza con las mantas de la cama. Cuando sintió que la puerta se abría lentamente apretó su mandíbula a la vez que maldecía a su tonto corazón por latir tan fuerte y estruendoso. Creía que el sonido de su corazón delataría su estado de temor, nervios y tristeza.

"Que no sea él, por favor…", pidió dejando salir delgadas lágrimas. Estaba asustado, no quería enfrentar ahora todo lo que tuviera que decirle Otabek. No quería escuchar su rechazo de forma directa, aún… no, no quería.

—Yuratchka —escuchó la voz de su abuelo y logró respirar una vez más. No era Otabek, no era él—. Otabek vino a verte, dijo que necesitaba hablar contigo de forma urgente y que estaba preocupado por ti ya que no contestas tu móvil.

Puso una mano en su boca evitando que se le escapara un gemido lastimero. Dejó pasar unos rígidos segundos hasta que apretó sus labios para después abrirlos de forma muy débil. Ya no quería saber más, absolutamente nada más.

—Solo dile que se vaya... por favor… —susurró rogando para que el mayor no le preguntará nada más, no creía ser capaz de explicarle por qué estaba rechazando a Otabek.

—¿Seguro?

—Sí… —afirmó arrepintiéndose de inmediato de sus palabras, sin embargo no dijo nada para contradecirse.

—Como lo desees, Yuratchka —habló su familiar acariciando su melena con ternura. Yuri sorprendido por la rápida aceptación de Nikolai y por aquella caricia tan reconfortante, cerró los ojos deseando que el maldito día acabara lo antes posible—, pero después vamos a hablar. Sé que no estás bien y no quiero verte mal.

—Sí…

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El día siguiente llegó a tocar su puerta despertándolo con su luz. Yuri abrió sus parpados sintiendo su cuerpo muy pesado y la cabeza abombada. Extrañado se sentó en la cama y miró su cuarto ya iluminado. No sabía qué hora era, no sabía en qué día estaba ya que había dormido tan profundamente por lo cansado que estaba que no despertó ningún segundo después de que su abuelo abandonara la habitación. Con dolor recordó todo lo acontecido del día anterior y las ganas de seguir durmiendo para ignorar eso llegó nuevamente a su cuerpo, pero en vez de tirarse en la cama se tuvo que poner de pie viéndose con la ropa de ayer para ir al baño, debía mear o no podría quedarse tranquilo. Al terminar de atender sus necesidades pensó en volver a su cuarto, sin embargo al encontrarse con su abuelo en el pasillo del segundo piso, tuvo que detenerse y enfrentar lo pendiente que tenía con él. Seguía sin ganas ni fuerzas para hablar, no obstante tenia presente que debía decirle algo al mayor para no preocuparlo.

—Vamos a desayunar, Yuratchka —anunció Nikolai con una expresión suave, cosa que reconfortó a Yuri.

Bajaron juntos las escaleras y al entrar a la cocina se sorprendió al ver ya todo listo. Al oler el rico desayuno su estómago comenzó a rugir. Sentándose en sus puestos de siempre comenzaron a comer. Yuri a pesar de que amaba todo lo que preparaba su abuelo esta vez no disfrutó mucho del sabor de la comida. La tristeza y la vergüenza que portaba encima eran tan grandes que no lo dejaban disfrutar nada. Nikolai al comer lo veía de reojo quizás pensando en cómo comenzar a hablar, el ruso menor se percató de eso pero fingió no hacerlo. Temía hablar primero y que la voz se le rompiera en el intento.

—¿Entonces? —comenzó el mayor poniéndolo nervioso—. ¿Qué ha sucedido para que tengas una carita tan triste?

Paró sus movimientos y quedó viendo su desayuno frente a él. ¿Qué debía decir? No era capaz de confesarle la verdad a su abuelo. De seguro si llegaba a saber lo que ocurría terminaría decepcionado de él.

—¿Peleaste con Otabek? —fue directo al grano Nikolai y con eso su mente se alborotó mucho más. No encontraba palabras para soltar—. Yuratchka, hace tiempo que no te veía tan deprimido. Estoy preocupado por ti… cuéntame lo que te aqueja.

Se mordió el labio inferior. Era prácticamente imposible llegar a sincerarse con él en estos momentos. De pronto solo sintió ganas de llorar y sin poder evitarlo se llevó las manos a sus ojos odiándose por ser tan débil frente al mayor.

—Lo siento abuelo, no puedo decirte —dijo haciendo sonar su nariz por los moquillos que le caían. Nikolai suspiró entristecido y se levantó para abrazar a su nieto.

Ante ese gesto de amor, Yuri se permitió llorar un poco más asegurándose de que su abuelo sostuviera toda su pena.

—No te voy a obligar a que me lo cuentes, pero debes saber que estoy para ti, siempre —recordó Nikolai acariciando su espalda—. Nunca dudes en acudir a mí si las cosas andan mal.

—Gracias, abuelito… —susurró dejando que la tristeza lo abrazará por más minutos esta vez. Nikolai se encargaría de mantenerlo sujeto para que no llegara a hundirse por completo.

.

.

El día domingo pasó tan lento como torturante para el rubio. Su abuelo, para su fortuna, no siguió insistiendo en que le contará su pesar, y eso lo agradeció en demasía, ya que no era capaz de desnudar la verdad ante esos ojos viejos y estrictos. Su móvil no lo prendió en todo el día y pasó la mayor parte del domingo en el salón viendo películas junto a Nikolai y Potya. Ese pasatiempo le despejó un poco su mente, pero a cada tanto tiempo todo su sentir volvía a su mente y sintiéndose vulnerable se acurrucaba junto a Nikolai para no sentirse tan solo o miserable.

Al llegar la noche Yuri fue a acostarse primero junto a Potya. Arregló sin nada de ánimos su mochila para el día siguiente y se metió a la cama sin haber sonreído en todo el día.

"Parezco un jodido depresivo", pensó entre la oscuridad lamentándose por el mismo.

Sin tener nada de sueño volteó la cabeza para encontrarse con su móvil apagado. Dudando pero curioso lo tomó y lo prendió notando su corazón agitarse violentamente en su interior. No sabía que le esperaba al prender su móvil y estaba colocándose muy nervioso. Por un lado deseaba con inmensidad que Otabek hubiera insistido en comunicarse con él, pero por el otro lado no quería saber nada de él.

Estaba terriblemente asustado, decepcionado y angustiado que no podia definir cuál era el sentimiento predominante entre ellos.

Cuando su móvil encendió por completo Yuri contuvo el aliento al ver más de diez llamadas perdidas de Otabek y muchos mensajes en su buzón como en el chat de ellos dos. Sintió su corazón apachurrarse cuando abrió los mensajes del día anterior que de inmediato las lágrimas se asomaron por su ojos.

«Yura, ¿Dónde estás? Por favor contéstame»

«Necesito hablar contigo»

«Tenemos que hablar, contéstame, estoy preocupado»

Y así seguía una larga fila de mensajes con tantas palabras de preocupación que Yuri se sintió la peor persona por haberlo hecho preocupar tanto. Secándose sus ojos cristalizados siguió leyendo, percibiendo su alma muy pesada.

«Sé que fui un tonto al haberme quedado callado cuando me dijiste tu sentir, pero es que me sorprendiste demasiado… Yura, por favor, necesitamos hablar»

«No sé qué estés pensando, pero quiero decirte que no malinterpretes lo de Mila, con ella no hay nada. Yuri, ya no me ignores, háblame, llámame cuando puedas para poder decirte todo»

Con ese mensaje sintió que algo de su pesar se desvanecía. ¿Otabek no tenía nada con ella?, si eso era así ¿cómo iba a explicar su aparición allí y sus palabras tan sugerentes que lo habían roto? Estaba en un estado tan grande de negación que no quería creer en nada. El dolor seguía palpitante en él.

Se detuvo unos minutos no siendo capaz de seguir, sin embargo la curiosidad era tan grande que sus ojos volvieron a enfrentarse con la pantalla y leyó con cuidado cada una de las letras faltantes.

«Tú abuelo me dijo que estas en casa pero que no quieres verme… lo entiendo, y te respetaré esto, pero por favor llámame, te juro que estoy muriendo ahora. Necesito hablar contigo»

«Tengo que ir al trabajo, pero si quieres llamarme, a la hora que sea ¡hazlo!»

Pasó a los mensajes del nuevo día y volvió a sentir su corazón apretado. En cada palabra que leía podía sentir la desesperación de Otabek.

«He sido un idiota… al menos dime si estás bien o no»

«Quiero ir a verte, pero no quiero incomodarte. Sé que esto es difícil»

«Soldado, por favor llámame»

Ante aquel apodo obtuvo un nudo en la garganta. Él no era un soldado… más parecía una tonta niña sufriendo una pena de amor. Sinceramente se encontraba tan patético. No merecía aquel apodo tan genial.

Apagando la pantalla volvió a dejar el móvil en su velador y colocó su mejilla derecha en su almohada. Después de haber leído todo esos mensajes de Otabek no sabía cómo sentirse, nuevos sentimientos se aglomeraron en su interior que le fue prácticamente imposible dormirse de inmediato. El kazajo se veía tan preocupado pero como siempre era tan atento al no querer incomodarlo. Yuri pensó que prontamente debía abandonar su trinchera ya que tenía que enfrentarse nuevamente con él. Se lo debía después de haber lanzado aquella bomba tan inesperada para los dos.

◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎

—Si sigues bebiendo la leche de esa forma tan rápida te emborracharás —bromeó su abuelo sentándose frente a él la mañana del día lunes. Yuri solamente se mantuvo callado sin tener algo que decir, vestía su uniforme y estaba completamente desganado por todo lo que debía hacer en el día. El mayor al enfrentarse al silencio desgarrado de su nieto suspiró dejando ver la preocupación en su semblante—. Está bien, Yuratchka, si no quieres ir a clases hoy, no vayas —prosiguió Nikolai con la voz suavizada; como si le estuviera hablando a un animalito herido.

—Gracias, abuelo —respondió Yuri sin reaccionar para nada animado a pesar de que ese era su más grande deseo en esos momentos. Sus ojos jades miraron lo poco que le quedaba de leche en el vaso. Se sentía igual que ese vaso, muy vacío.

—Pero será solo por hoy, ya sabes que no puedes perder muchas clases.

—Sí.

Nikolai hizo un gesto apesadumbrado, le dolía ver a su nieto en aquellas condiciones. Yuri no teniendo la intención de preocuparlo más solo se levantó del asiento y le pidió permiso al mayor para retirarse ya que quería dormir un poco más. Nikolai le dio el visto bueno y así Yuri subió los escalones lentamente para llegar a su cama. No sabía qué hacer. Ya se había quitado de encima la obligación de ir a clases y tener que enfrentarse así a Yuuri y a todos, sin embargo estaba atormentado por lo que venía después de clases. Se suponía que debía ir al club pero no creía ser capaz de hacerlo y tener que verle la cara a Otabek. Sabía muy bien que ya debía dejar de actuar como un niño y enfrentar las cosas, pero se le hacía muy difícil; la relación entre ellos había quedado completamente destrozada después de sus palabras sinceras… palabras que, según el pensamiento de él, tenían que haberse quedado encerradas en su mente.

Se odiaba tanto por todo que deseaba dormir sin despertarse nuevamente. Quería vivir en algún libro de fantasía para no tener que enfrentar nunca más la realidad de sus actos. Las cagadas que se mandaba.

Pasó gran parte de la mañana acostado junto a su depresión hasta que su abuelo le pidió ayuda para limpiar la casa. Yuri sin muchos ánimos pero agradeciendo algo que mantuviera ocupada su mente, fue donde él después de cambiarse de ropa y juntos empezaron a limpiar los pisos, como los muebles y a ordenar muchas cosas. A la hora del almuerzo Nikolai calentó la comida sobrante del día anterior y comieron disfrutando su compañía. Potya en todo ese proceso seguía a Yuri por toda la casa exigiéndole atención.

Cuando acabaron de merendar Yuri fue a lavar los platos y su abuelo tomando a Potya se dirigió hasta la sala para desparecer de su vista. Yuri lavando los platos sintió que el sonido del agua era tranquilizador y gracias a eso después de muchas horas en tristeza se sintió un poco más relajado. Al acabar su labor quiso irse para arriba ya que estaba agotado con todo el ajetreo en la casa, sin embargo cuando llegó al pasillo de entrada que se conectaba con las escaleras, se quedó estático al ver a Otabek entrando por la puerta gracias a la invitación que le daba Nikolai con Potya.

Permaneció absorto cuando sus ojos se conectaron y el impulso de salir corriendo hasta el segundo piso y encerrarse en su habitación para siempre le nació como lava ferviente en su sangre, pero no logró hacerlo ya que a los segundos Otabek se le acercó sin decir nada y lo quedó viendo de forma tan seria que se le olvido el respirar.

—¿¡Otabek?! —el moreno no se hizo esperar y lo tomó del brazo para arrastrarlo junto a él a la salida de la casa—. ¡E-Espera! ¿Qué haces? ¡¿Qué rayos pasa contigo?! —gritó desentendido sin ser capaz de liberarse del agarre en su muñeca. Otabek lo llevaba directamente a la salida sin tener intenciones de hablar o detenerse mientras su abuelo miraba todo mientras abrazaba a Potya—. ¿A-Abuelo? —lo miró a él y se dio cuenta que el mayor sonreía. ¿Acaso el que estuviera Otabek llevándoselo era plan de su abuelo?

—No regresen muy tarde, Yuratchka mañana tiene clases —dijo Nikolai para nada preocupado de que se estuvieran llevando a su nieto.

Yuri sin creérselo siguió siendo arrastrado por Otabek a la vez que miraba con suplició a su familiar para que lo ayudara, pero dándose cuenta de que eso era inútil, simplemente se enmudeció y dejó que el moreno lo guiará hasta la salida de casa. Después de todo el kazajo parecía no querer soltarlo.

Cuando la puerta se cerró tras de ellos Otabek guió a Yuri hasta la motocicleta y una vez parados al lado de ella le pasó el casco que usaba siempre. Yuri manteniendo la mandíbula apretada y el corazón meciéndose horriblemente fuerte en su pecho, lo recibió sin atreverse a mirar a Otabek. No comprendía nada, ¿dónde lo iba a llevar?, ¿qué estaba pasando por su mente? No lo sabía; sin embargo tampoco sentía las fuerzas para hablar y pedir explicaciones, por lo que se quedó callado mientras se colocaba el casco y Otabek lo imitaba con el propio.

Al acabar de ponerse la seguridad Otabek montó la motocicleta y luego volteó la cabeza para ver a Yuri tras sus lentes oscuros. El ruso aun sin poder ver claramente esos dos ojos otoñales sintió la presión de ellos sobre su persona. El poder de Otabek sobre él era increíble que le asustaba.

—Sube —pidió el kazajo de forma serena.

Yuri dudó.

—¿A dónde vamos? —preguntó agachando la mirada. No había aguantado más la duda por eso lo interrogó.

—¿Confías en mi o no? —inquirió Otabek provocando un pinchazo en el pecho del menor.

¿Si confiaba en él? ¡Joder! Claro que lo hacía. Era increíble la confianza que le tenía a pesar de la situación algo tensa en la cual estaban.

No respondió, prefirió montarse en la moto sin crear palabra y sin poder evitarlo se asió de la cintura de Otabek. No lo abrazó como hubiera querido, simplemente se sujetó con cierta timidez que era ajena a él. Sus manos temblorosas se agarraron a la chaqueta del moreno y así, después de un silencio donde ninguno hacia nada, Otabek prendió el motor y despegando sus pies del suelo comenzó a conducir.

No sabía dónde se dirigían. No era al departamento de Otabek, tampoco al club o a otro lugar que hubieran visitado ya que las calles no las reconocía. Todo ese trayecto estaba marcado por la tensión y por el fuerte ronroneo de la motocicleta. Cuando llegaron a un semáforo donde Otabek tuvo que parar bruscamente ya que un idiota con auto se le había adelantado por la derecha, Yuri se aferró asustado al kazajo y después de ver que el peligro había pasado se mantuvo así sin ser capaz de soltarlo. Abrazarlo siempre era tan reconfortante pero en ese momento solo sintió miedo de separarse de él y que todo acabara.

Después de media hora de viaje, donde la ciudad había quedado a sus espaldas Otabek se detuvo al lado de un mirador lleno de seguridad. Yuri lo imitó y se bajaron de la moto dejando toda la seguridad sobre ella.

—Ven —habló Otabek comenzando a caminar y Yuri sintiéndose perdido lo siguió no queriendo despegarse de él ya que no conocía el lugar. Avanzaron unos pasos y se apoyaron en la barandilla gruesa cubierta de cristal para terminar viendo gran parte de la bella ciudad de San Petersburgo frente a ellos.

—¡Wow! —soltó Yuri alumbrado por ver un panorama tan lindo. Todavía había luz solar en el lugar pero como ya se hacía un poco tarde también se podía apreciar las luces artificiales dándole así a la vista más espectáculo.

—¿No conocías este lugar? —preguntó Otabek mirando para el frente al igual que el rubio. Yuri negó con una sonrisa en el rostro, estaba anonadado, sin embargo al recordar la situación en que estaban su sonrisa se borró de inmediato y se colocó muy tenso como nervioso—. No es un mirador muy concurrido por eso es bueno venir aquí para estar en paz.

Movió su cabeza afirmativamente de forma tímida. No sabía que decir o hacer, los nervios lo estaban comenzando a comer vivo y Otabek se veían tan tranquilo a su lado que parecía ajeno a todo.

—Lo siento, Yura —dijo el mayor haciendo que el corazón del ruso se alterara— . Por no haber reaccionado rápidamente ese día todo se complicó —siguió aunque ahora lo veía directo a los ojos y Yuri hacia lo posible para no desviar la mirada, se sentía tan pequeño frente a él.

—¿Estás con Mila? —preguntó sin ser dueño de sus palabras, sin embargo no se arrepintió en hablar, ya que esa duda la tenía a pesar del mensaje en que Otabek lo negaba.

—No, con ella no somos más que amigos —cercioró Otabek sin inmutarse.

—¿Por qué estaba ella ahí?... —esta vez bajó la mirada avergonzado como aliviado—. Ella había salido diciendo cosas raras…

—Estaba esperándome para luego ir a casa a grabar unos audios —ante la respuesta de Otabek, Yuri subió la mirada sin comprender—. Mila me ayuda, ella canta algunas canciones para mi música.

Pestañeó extrañado pero sintiendo un gran alivio en su pecho. ¿Entonces no había nada con ella?

—Esa bruja me había dicho que iba a intentar algo contigo… por eso… y como tú me dijiste una vez que ella era tu tipo de chica yo pensé que ustedes dos ya tenían algo… —confesó Yuri sonrojándose más por dejar libre sus pensamientos.

—Sobre lo que me dices de ella no sé nada, pero sobre lo que te dije sí recuerdo —aseguró el mayor—, pero a pesar de lo que dije Mila es y será siempre solo una amiga. No la veo de ninguna otra forma.

Asintió ya no queriendo tocar más aquel tema y teniendo las ganas de tirarle el pelo a esa bruja por haber creado inseguridades en él. Se quedaron callados unos segundos ordenando sus pensamientos. Yuri sabía que ahora venía lo más pesado y no tenía donde esconderse. Debía enfrentar todo lo causado como un hombre.

—Yura, lo que me dijiste ese día, que yo te gusto —Otabek pareció complicado, sin embargo siguió hablando—. ¿Estás seguro?

Apretó los labios ante la pregunta. Se la volvió a preguntar mentalmente sin mirar al kazajo y llegó a la rápida conclusión de que estaba muy seguro ya que era la primera vez que un sentimiento tan grande como ese lo abarcaba. Sí, definitivamente no había duda, era la primera vez que sentía aquello. Un sentimiento tan revoltoso y desesperante, no sabía definirlo con claras palabras, no obstante, aunque no pudiera decirlo en palabras él se entendía plenamente, por eso se remojó los labios y prosiguió.

—Lo estoy, completa y malditamente seguro... lo estoy —aseveró determinado a pesar de su sonrojo. Le sostuvo la mirada a su contrario y percibió como las palmas de sus manos comenzaban a sudar; como los temblores de su cuerpo se le presentaban y como su tonto corazón comenzaba a saltarle sin control.

Otabek no viéndose tan convencido como le hubiera gustado ver a Yuri, despegó sus labios para transmitir sus palabras.

—Sí, pero —el kazajo se veía tan dudoso que Yuri no lo dejó acabar ya que no lo soportó más.

—No tienes derecho a dudar de esto… me ha costado como la mierda admitir y llegar a este punto que… ¡no tienes un maldito derecho a dudar! —le gritó enfurecido juntando sus cejas, nadie tenía derecho a dudar de su sentir. Él sabía perfectamente lo que sentía—. ¿Crees que estoy jugando?, ¿crees que soy tan idiota para arriesgar la amistad más increíble que tengo?

—No. No es eso, Yura —Otabek se despabiló colocando una de sus manos en la mejilla de Yuri. Ese toque lo calmó—. Es que… todo esto me parece tan repentino. Estuviste mucho tiempo diciendo que te gustaba alguien más y después, de la nada me confiesas esto que es difícil de asumir. Además siempre te viste tan aterrado respecto a la homosexualidad que…

Yuri no dijo nada. Lo entendía a la perfección; no podía quejarse. La había jodido en eso pero ya nada podía hacer.

Nuevamente otro silencio entre ellos. Uno doloroso como esperanzador. El ruso no queriendo matarse mentalmente aprecio el toque del mayor sobre él, la mano de Otabek era tan suave, tan segura y confiable que deseó tenerla por siempre sobre él. La caricia que le estaba brindando para tranquilizarlo le hizo reparar que Otabek solo quería protegerlo. Dándose cuenta en ese momento para donde iban las cosas inevitablemente, rompió el silencio preparándose para lo que viniera.

—No te detengas, Beka —murmuró con los ojos cerrados. Tenía muy presente que dolería seguir, pero necesitaba escucharlo, aun si eso significaba romperse por completo—. Di lo que tengas que decir. No quiero tu lastima.

Después de un instante, la voz del moreno llegó a sus oídos.

—Lo siento —dijo Otabek con un tono roto. Yuri apretó su mandíbula todavía apreciando la acaricia de Otabek en su mejilla—. No puedo corresponderte como te gustaría.

Eso fue todo. Sintió que todo en su cuerpo se desmoronaba. Más lágrimas se deslizaron por sus mejillas, eran cálidas pero las sentía tan frías como un tempano. Nunca había sentido un dolor tan grande con tan simples palabras.

—Lo he cagado todo, ¿verdad? —preguntó Yuri sin atreverse a abrir los ojos. Sentía que Otabek tenía puesta su fuerte mirada sobre él, no quería ver su expresión de decepción—. Lo nuestro… —prosiguió con la voz pisada—. Tú y yo…

—No, Yura —se apresuró Otabek atajándolo por los hombros. Yuri ya no pudiendo más despegó sus parpados para encontrarse con el rostro del kazajo demasiado entristecido—. Es imposible que esto acabe.

—Pero —Yuri frunció su ceño—. ¿Cómo rayos voy a tratarte ahora? Apenas y puedo mirarte a los ojos…No lo niegues, lo he cagado todo, sabía que no debía decir nada, sabía que esto era extraño, que no era correcto pero me deje llevar como un idiota…lo he jodido todo, lo he jodido todo…

Otabek negaba con la cabeza contra las palabras de Yuri. El ruso no soportando más quiso liberarse del tenso agarre de Otabek e irse de ahí ya que estaba muy deprimido y odiaba que el mayor lo viera así. No podía seguir enfrentando la situación, solo quería ir a casa y meterse bajo sus cobijas para que todo pareciera una pesadilla.

—Yura…

—Ya no sigas diciendo nada, siento que ya no tengo derecho alguno para estar a tu lado —dijo el ruso con la voz completamente rota bajando su mirada al suelo—. Yo…

—También me gustas —soltó Otabek subiendo un poco más la voz sorprendiendo por completo a Yuri.

De forma inmediata y sintiendo el corazón paralizado por lo que oyó, Yuri levantó su mirada cristalizada para ver la expresión de su contrario. Otabek se veía determinado y poseía un leve rubor en sus mejillas, aun así su expresión era algo afligida que no supo que pensar.

—¿Qué dices? —preguntó en un murmuró ahogado. ¿Había escuchado bien?

Otabek suspiró y suavizó el agarre en sus hombros. Yuri percibió como él se debatía internamente.

—Pero por ahora solo te puedo ofrecer esto… —Otabek apretó sus labios y luego soltó aire—. Mi amistad.

Nuevamente sintió que las pequeñas esperanzas nacidas segundos atrás se desvanecían como si fuera agua corriendo sin un tapón, sin dirección, sin forma.

—Lo siento, Yura… —el kazajo terminó por derrocar la distancia y lo abrazó. Lo rodeó con sus fuertes brazos que Yuri no pudo evitar devolverle el gesto y acurrucarse en su ancho pecho.

—¿Qué se supone que haga yo con eso? —susurró para sí mismo a la vez que sentía como Otabek lo atraía mucho más. Era como si no quisiera soltarlo por nada del mundo y eso lo confundía más. No comprendía.

—De verdad lo siento —repitió Otabek escondiendo su rostro en el desordenado cabello del ruso.

Yuri al permanecer callado pudo apreciar el fuerte latir del corazón de Otabek. "Está tan agitado como le mío", pensó volviendo a dejar libres sus cálidas lágrimas. Estaba más confundido que antes por las palabras de Otabek, pero por alguna razón ahora sentía algo de paz en su interior que le permitió disfrutar de aquel abrazo tan protector de Otabek.

"Tonto Otabek… realmente eres un tonto…", pensó sin comprender realmente nada.

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¡Hi!

Lamento este retraso, pasé por muchas complicaciones que me impedían avanzar con el capítulo. No sé si les gustó o no, pero entre todos los problemas hice lo posible para cumplirles.

Con esto se abre un nuevo arco en el fic. Ya verás que las cosas se ponen buenas.

No odien a Otabek, ya verán sus motivos para rechazar a Yuri bebé.

Los que están en el grupo de face recuerden que si publicarán algo del capítulo deben poner alerta de spoiler en sus publicaciones.

Nos vemos en el siguiente y un beso enorme a todos.

Bye!