La reina de tus caprichos
Permanecimos abrazados, entre arrumacos y cálidos besos, medio dormitando un rato más. Después, ya no nos quedó otra que asearnos y salir al encuentro de Glory.
Me alegró comprobar que te quedarías con nosotras durante las lecciones, aprovechando para memorizar y repasar tu plan.
Al principio, me sentía bastante cohibida, pues era evidente que ella era mucho más fuerte que yo. Comprobó mi forma física con varias pruebas físicas de ataque y de resistencia, e iniciamos la instrucción.
Ella evitaba lesionarme pero, aun así, resentí más de un golpe, la mayoría por distraerme efímeramente contemplándote. Te encontraba arrebatadoramente atractivo, allí, concentrado en tus papeles, resultabas una tentación difícil de eludir.
Por suerte, también logré defenderme mejor de lo que esperábamos, gracias a mis reflejos, adquiridos de andar media vida saltando de árbol en árbol y evitando las trastadas de los Leagan.
Glory era una excelente instructora, paciente y considerada, aun cuando yo, en ocasiones, frustrada, perdiera mi buen temple. Me asombró aprender tantas curiosidades y técnicas que desconocía, muchas de las cuales, pensándolas después, eran de sentido común y por mis estudios, aún debería haber sido más consciente de ellas. O quizás por eso mismo, mi aprendizaje estaba siendo más raudo de lo esperado.
Al final de nuestra sesión ya era capaz de bloquear la mayoría de sus ataques, y por la fuerza que imprimía, sabía que ya no se contenía por miedo a dañarme.
Tú, de vez en cuando, descansabas de tu estudio y nos contemplabas, o bien realizabas alguna sugerencia, recordando alguna anécdota. Todo iba bien hasta que sugeriste hacer un receso para comer algo. Glory y yo estábamos tan enfrascadas en lo nuestro que sugerimos realizar un tentempié y te ofreciste a traerlo.
Confiada, seguí aprendiendo de Glory, pero su lucha, en cuanto te fuiste, cambió… No sabría explicar exactamente en qué modo, pero la forma en que me cogía, para atacarme, se había vuelto como más... procaz. Me empezó a incomodar, pues sabía que, si hubiera sido un hombre, no hubiera dudado ni un segundo en apartarlo, por osado… pero con Glory... me sentía muy confusa. Ella era una mujer como yo y, además, me estaba enseñando a defenderme. Seguro que debían ser manías mías, me decía interiormente.
Pero el combate cuerpo a cuerpo se fue intensificando. En más de una ocasión, acabábamos a apenas unos centímetros de nuestras bocas. Su forma de respirar o, incluso, de mirarme, me recordaba demasiado a la tuya, en nuestros momentos de intimidad.
No recuerdo en qué momento se me ocurrió preguntar la cosa más disparatada, intentando romper aquel trance.
- Glory, tú y Albert ¿Habíais estado juntos como pareja? –Quizás no me respondería, pero yo ya no podía seguir entrenando como si nada.
- ¿Qué? –Se quedó desconcertada-. ¿Por qué quieres saberlo? Eres su novia ¿No? ¿Crees que es sensato preguntarme algo así? –Me miró sería–. Y si te dijera que sí ¿Te seguirías sintiendo cómoda con todo esto?
- Bueno, cómoda del todo, tampoco es que me sienta… -confesé sincera, aunque por otros motivos, más relacionados con ella y no tanto contigo… Aunque debía reconocer que no me apasionaba, en absoluto, la idea de vosotros como pareja–. Qué más da. Está conmigo ¿No?
- ¿Entonces, por qué lo preguntas?
- Curiosidad –Me aparté, secándome con una toalla y tomé asiento a la espera de tu retorno.
- ¿Por? –insistió.
- Ya te lo he dicho, curiosidad. No sé… parecéis muy amigos y no sé, supongo que en parte sí me importaría que hubierais sido pareja, pero, quizás, saber la verdad, me ayude a no construir historias raras en mi cabeza… -Ni yo misma sabía por qué quería torturarme de aquel modo. Yo te quería y tú me demostrabas lo mismo, ¿Qué importaba el pasado? Ni tú estabas con Glory, ni yo con Terry.
- ¿Quieres saber la verdad, en serio? –Solo asentí, con un gesto, para que prosiguiera– Bien, pues lo cierto, es que no sabría como contestarte a eso…
- ¿Qué? ¿Cómo que no? –Me indigné. La pregunta era bien fácil ¿Había sido o no tu pareja?
- Pues, a ver cómo te lo explico. Albert y yo nos escapamos y vivimos juntos e, incluso, llegamos a intimar pero, pese a todo eso, yo no diría que fuéramos pareja… -Aquello me sentó como una patada. Me sentí como una estúpida por preguntar. Además, la expresión de Glory dejaba bien claro que, ahora, eso no tenía la más mínima importancia… Sin embargo, me era inevitable sentir la punzada de dolor y unos irracionales celos.
- ¿Pero por qué dices que no erais pareja? ¿Albert no te pidió nunca ser su prometida, quieres decir? –No pude ni acabar mi pregunta cuando Glory estalló en una estruendosa y sincera carcajada.
- No, no, claro que no –La respuesta no me aclaró mucho– Candy… A ver… Creí que ya te habías dado cuenta…
- ¿Cuenta de qué? –Empezaba a creer que aquella mujer estaba loca o quería burlarse de mí.
- Cuenta de que no me gustan los hombres sino las mujeres… -Me miró con una ternura que jamás hubiera creído que pudiera causarme tal aprensión.
- ¿Qué? ¿Cómo? –Balbuceé–. Pero entonces tú y Albert, creí que... acabas de decir que... has dicho que intimasteis… -Empezaba a entender unas cosas para encontrarme confusa, nuevamente, con otras. Ahora entendía su forma de mirarme, las advertencias veladas de Albert y los roces semi intencionados en su ausencia… pero entonces, eso era que ¿Yo le gustaba?
- Albert y yo siempre nos hemos llevado bien. La razón principal por la que yo me escapé fue el descubrir y reconocer que yo no sentía como se esperaba de mí. Mi padre estaba convencido de que aquello, debía ser un encaprichamiento o una especie de despertar o curiosidad sexual que, con el tiempo o con el esposo adecuado, se corregiría. Pero yo me enamoré de una mujer, con la que tuve la inmensa fortuna de ser correspondida… pero bueno, esa es otra historia. Ella murió y mi padre continuó sin aceptarme -La mirada de Glory perdió parte de su luz al recordar-. En aquel tiempo coincidí otra vez con Albert, que precisamente estaba huyendo a Europa, con el deseo de encontrarse a sí mismo, fuera del yugo familiar. Con él siempre he podido ser yo misma y al final decidimos irnos juntos.
- Pero, entonces, tú ya sabías que te gustaban las mujeres ¿Habías intimado antes con él?
- No –suspiró, mirándose las manos–. A ver Candy, no es tan fácil... Mi padre no lo aceptaba, pero también a mí misma me costaba asimilarlo. Aunque me enamoré locamente de Joselyn, las habladurías y la norma social, me hacían dudar de si, en realidad, lo que me pasaba no era algo temporal y que, quizás, aún no había conocido al hombre adecuado… Pero, es que ninguno me atraía. Lo cierto es que no me atraen para nada y, en cambio, a menudo me descubría ensoñada, admirando a alguna amiga o a alguna desconocida o tenía extraños sueños, que tras mi historia con Joselyn, aún se hicieron más vívidos.
- ¿Yo… yo te gusto así, Glory? –me atreví a exponer mis dudas. Ella me caía bien, pero no quería que hubiera malentendidos y me pareció el mejor momento de exponerlo.
- ¿Eh? –Sorprendentemente se sonrojó–. Sí, claro. Eres muy hermosa y también me gusta tu forma de ser. Puedo entender perfectamente por qué le gustas a Albert –Aquello me perturbó, ¿Cómo decirlo sin herir sus sentimientos ni resultar prepotente?
- Glory –La tomé de una mano–, Glory, apenas te conozco y me caes muy bien... pero a mí me pasa lo contrario. Las mujeres no me atraen… Es decir, eres una mujer muy hermosa también, por eso mismo sentí celos la primera vez que apareciste y te colgaste del cuello de Albert. Estoy segura de que si fuera como tú, seguramente me fijaría en ti… pero no es así. Además yo amo a Albert, no tengo ojos para nadie más…
- ¡Vaya! ¡No sabes cuanto me alegra oír eso! –Apareciste cargado con varias bandejas, con una amplía sonrisa- Glory ¿Te has portado bien? –Le preguntaste serio, como si regañaras a una niña pequeña, mientras disponías la comida en la única mesa de la sala.
- ¡Albert! –Reímos ambas–. Solo estábamos hablando –agregué yo.
- Realmente, Candy es una mujer extraordinaria –terció Glory–. Creo que te he incomodado y no era mi intención. No volverá a pasar…
- ¿No volverá a pasar, qué? –preguntaste… ¿Celoso?
- Nada, realmente nada, Glory, no tienes nada de que disculparte –Sonreí.
Comimos, charlamos, continuamos un rato más nuestro entrenamiento y estudio y, antes de volver al trabajo, descansamos una hora más.
Ese mismo día, aproveché para acercarme a la sección médica, a por más compresas. Iba de regreso, pero habían apagado las luces de parte de la sala, creyendo que no quedaba nadie. Estaba por salir, cuando entró por la puerta un oficial y una enfermera que se estaban devorando, literalmente, a besos, mientras él la cargaba, subiéndole la falda e intentando apartar las calzas.
Continuará...
Referencia a las primeras clases de defensa personal femenina: combatkravmagaevolutionbarcelona puntocom /2019/05/14/el-origen-de-la-defensa-personal-femenina/
Referencia sobre boxeo femenino: sherainbow punto jimbofree puntocom /deportes/combate/
