¡Hola de nuevo!
¡Aquí vengo con un segundo epílogo! La autora ha querido darnos esta increíble sorpresa. ¡Debo confesar que cuando me adelantó la noticia no pude parar de sonreír en todo el día!
Antes que nada, como siempre, tanto la autora como yo queremos agradecer, de todo corazón, todos los favoritos, follows y reviews que hemos recibido a lo largo de la publicación de este fic. ¡Mil gracias, de verdad!
Sin más dilación, os dejo leer…
Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.
Nota de la Autora: ¡SORPRESAAAAAAA! Sí, para ser sincera, yo también estoy sorprendida. Pero, con la cuarentena y todo eso tenía mucho tiempo en mis manos. Entonces… ¡ta-chan! Espero que os guste :)
El Fin II: La Selección
La Auror Rose Weasley-Malfoy, de diecinueve años de edad, hizo una mueca mientras firmaba otro informe sobre un ataque en Manchester. Su nombre era imposiblemente largo. Pensó que tardaría años en cumplimentar un documento con su nombre. Aunque su madre (gracias a Merlín) le había asignado un nombre muy corto, Weasley-Malfoy era otro maldito cantar.
Sonriendo levemente para sí misma, recordó que sus profesores habían estado un poco confundidos sobre cómo dirigirse a ella al principio. Ella era una Weasley de principio a fin, no cabía duda: su ardiente cabello rojo era lo suficientemente deslumbrante como para que todo el mundo supiera que ella formaba parte de esa encantadora familia. Pero también era una Malfoy, y su nuevo padre había sido maravilloso con ella. Por lo tanto, Rose decidió ser apellidada desde entonces como Weasley-Malfoy.
Hubo momentos en que se arrepintió de esa decisión. Una vez bromeó con Frank diciendo que cuando finalmente se casaran, pasaría a llamarse Weasley-Malfoy-Longbottom. Pero a Frank no le hizo demasiada gracia.
—Toc, toc.
Rose puso los ojos en blanco cuando se abrió la puerta y entró el Auror Frank Longbottom, que era la viva imagen del famoso Neville Longbottom. A Rose le desesperaba un poco que Frank continuase con ese estúpido hábito suyo de decir "toc, toc" antes de entrar a una habitación, pero en realidad no podía negar que lo encontraba demasiado adorable.
—Hola —dijo Rose, apilando los documentos y limpiando su escritorio.
—¿Estas lista para irnos? —preguntó Frank, invitándose a sentarse en la silla frente a la pelirroja—. Papá ha estado insistiendo en que te lleve desde que nos comprometimos. Creo que es una posibilidad que haya hecho accidentalmente un buffet para todo el alumnado de Hogwarts.
La bruja se rio y cariñosamente sacudió la cabeza. Hacía apenas una semana su encantador, guapo y maravilloso novio le había pedido su mano en matrimonio y, ¿cómo podía negársela? Habían sido amigos desde que eran niños pequeños cuando jugaban en la guardería del Ministerio. Habían sido mejores amigos durante sus primeros cuatro cursos en Hogwarts, hasta que Frank Longbottom, con sus bonitas mejillas regordetas, finalmente se animó a invitarla a ir a Hogsmeade el primer fin de semana de quinto curso. Su padre casi sufrió un ataque al corazón cuando les envió una carta contándoselo, pero su madre la había apoyado por completo.
Mirando a Frank, que ahora tenía menos grasilla infantil y más pómulos y mentón, no pudo creer que habían pasado por tantas cosas juntos. Rose no podía esperar a pasar el resto de su vida con él.
»¿Rosie? —preguntó, frunciendo el ceño con confusión.
Ella se rio entre dientes, sacudió la cabeza tontamente y se colocó un rizo rebelde detrás de la oreja.
—Lo siento, estás distrayéndome mucho —confesó.
Sonrió cuando las mejillas de su novio enrojecieron de vergüenza, pero su sonrisa era brillante e inconfundible.
—Entonces, ¿vamos a cenar? —repitió, acercándose para coger su mano.
—Sí, claro, la cena —dijo asintiendo vigorosamente con la cabeza. Pero entonces, sus ojos se abrieron mientras agitaba la cabeza—. Mierda, no, oh no. No puedo ir a cenar esta noche.
Frank frunció el ceño.
—¿Por qué no?
Rose miró brevemente el calendario en su mesa. Había un círculo rojo rodeando el 1 de septiembre, con una nota garabateada que decía "Vete a casa".
Miró de nuevo a Frank y suspiró.
—Es 1 de septiembre —dijo simplemente.
Él arqueó una ceja.
—Lo sé, Rose —respondió con una pequeña sonrisa en su rostro.
—No, lo que quiero decir es que es hoy es 1 de septiembre y Scorpius finalmente empieza Hogwarts —explicó. Frank todavía parecía un poco confundido con su respuesta, lo que provocó que Rose suspirara—. Mamá está fuera para una misión en Belgravia y no volverá hasta muy tarde esta noche. Por supuesto, Peia empieza hoy su segundo curso y eso deja a papá solo en nuestra casa. No lo ha dicho nunca, pero creo que está un poco asustado con la Selección de Scorp de esta noche.
Rose aún podía recordar la respuesta de Draco a su yo de once años cuando anunció que era una Gryffindor. Dijo que aunque era de esperar, estaba completamente decepcionado. Sin duda, Peia era una Slytherin y nadie se sorprendió cuando envió una carta la misma noche en la que la seleccionaron. Pero ahora... Scorpius. Bueno, Rose había bromeado con su padre diciéndole que Scorpius encajaría muy bien en Hufflepuff. Su hermano no era astuto ni manipulador como para que le sorteasen en Slytherin. Peia, en cambio... bueno. Rose amaba mucho a su hermana, pero sentía lástima por el hombre que la amaría incondicionalmente en el futuro.
Gryffindor también estaba fuera de la ecuación para Scorpius. No, él era un niño dulce y completamente diferente. Rose tenía demasiado de su madre Gryffindor en ella y Peia tenía sangre de Slytherin cortesía de su padre. Scorpius era una maravillosa combinación de los dos. ¿Quién sabía que mezclar los genes de Hermione Granger y Draco Malfoy podría producir al niño más bonito y encantador de la historia?
»Lo siento, amor —dijo Rose, inclinándose hacia adelante para colocar una mano contra su mejilla—. Pero mi padre me necesita esta noche.
Frank suspiró, quizás un poco decepcionado, pero finalmente sacudió la cabeza y sonrió.
—¿Sabes qué es lo que más amo de ti? —preguntó—. Pones a tu familia por encima de todo lo demás. Por eso te pedí que te casaras conmigo. Así finalmente podremos ser una familia real y producir doce preciosos y pequeños bebés con el pelo rojo ardiente y rizado.
—¿Doce? —jadeó—. Tienes que estar de broma, Frank Longbottom.
Él se rio entre dientes y la levantó de su silla. Luego la tomó en sus brazos y le dio un beso en la frente.
»Lo siento —susurró Rose, acurrucándose contra su cuello—. Sé que tu padre está emocionado por lo de esta noche y lo siento muchísimo, olvidé decirte que me necesitaban en casa.
—No pasa nada —dijo Frank—. He exagerado un poco al decir que mi padre habría preparado demasiadas cosas.
—Me aseguraré de que papá está bien y me Apareceré en casa —dijo y le dio un beso en la barbilla.
Frank sacudió la cabeza.
—No, no, tómate tu tiempo —dijo con una sonrisa—. Es una emergencia familiar.
Rose suspiró y miró a su prometido.
—Te amo mucho, Frank Longbottom —suspiró—. En el nombre de Merlín, ¿qué he hecho para merecerte?
Él pellizcó cariñosamente su nariz y sonrió.
—Me defendiste cuando teníamos cinco años, Rose —le recordó—. Por supuesto que te mereces todo esto —hizo un gesto cómico moviendo sus brazos, lo que provocó que Rose se riera a carcajadas.
—Te quiero —dijo ella después de colocar un dulce beso en sus labios—. Nos veremos en cuanto consiga calmar a la bestia.
Frank se rio entre dientes.
—Yo también te quiero —dijo—. Saluda al señor Malfoy de mi parte.
—¡Pequeña Señorita Rose!
Rose sonrió ampliamente y se dirigió hacia Tippy, envolviendo al anciano elfo doméstico en un gran abrazo. Tippy chilló de sorpresa y se agitó un poco, pero Rose había echado demasiado de menos a ese dulce elfo doméstico como para dejarlo ir de inmediato.
—Oh, Tippy, te he echado mucho de menos —farfulló, finalmente permitiendo que el elfo doméstico tocase el suelo con sus pies.
Tippy se ajustó el sombrero e hizo una reverencia.
—Tippy también echa de menos a la pequeña señorita Rose —respondió a modo de saludo—. ¿Cómo está la pequeña señorita?
—Para empezar, ya no soy una pequeña señorita, Tippy —bromeó, señalándose a sí misma.
La gente siempre comentaba que se parecía mucho a su madre, especialmente ahora que era mayor de edad. Rose se había acostumbrado a escuchar exactamente eso cada vez que conocía a una nueva persona. Pero, a decir verdad, era innegable. Había visto fotos del yo más joven de su madre y eran tan asombrosamente parecidas que daba miedo.
—Oh, pero para Tippy siempre será la pequeña señorita —dijo el viejo elfo doméstico mientras ponía su mano sobre su corazón—. La casa no ha sido la misma desde que se fue.
Ella sonrió tristemente y acarició con cariño su cabeza calva.
—Es muy amable por tu parte, Tippy —dijo—. Yo también echo mucho de menos mi hogar.
Rose miró a su alrededor y sonrió una vez más, notando que no había cambiado nada desde que se había ido hacía seis meses para mudarse con Frank. Todavía podía recordar el día en que anunció que se iba a mudar. Hermione había sido muy solidaria: sabía que podía cuidarse muy bien y que Frank se aseguraría de que no le pasara nada malo. Sin embargo, su padre... bueno, a veces podía llegar a ser difícil y había elegido ese día para ser especialmente difícil. Su madre había sido benditamente maravillosa y finalmente había convencido a Draco para que le permitiera mudarse.
Mudarse de esa maravillosa casa había sido una decisión difícil, pero Rose sabía que estaba creciendo y que tenía que construir su propia vida.
»¿Está papá? —preguntó mirando al elfo doméstico.
—El Amo Draco está en su despacho, pequeña señorita Rose —respondió Tippy. Nervioso, comenzó a torcer las orejas—. El Amo Draco se negó a cenar esta noche, pequeña señorita Rose. ¿Qué debe hacer Tippy?
Rose suspiró y sacudió la cabeza, sabiendo que definitivamente había sido una buena idea ir a casa.
—Yo le llevaré la cena —ofreció.
Tippy asintió con la cabeza y chasqueó los dedos. Al instante, una bandeja de pollo al horno y puré de patatas apareció en sus manos. Rose no pudo evitar sonreír al ver el chocolate caliente cubierto de malvaviscos en la bandeja. Sin duda, el amor de su padre por el chocolate caliente había sido mérito suyo.
La pelirroja caminó resueltamente hacia el despacho de su padre y ni siquiera se molestó en llamar a la puerta. Como era de esperar, su nariz estaba enterrada en montañas de papel. Rose le dijo en una ocasión que, para alguien a quien claramente no le gustaba el papeleo, su despacho tenía demasiados papeles.
—Tippy —gruñó con la cabeza aún enterrada en un documento que probablemente contenía el informe anual de Blaise Zabini sobre Corporaciones Malfoy—, te he dicho que no quiero cenar.
—Qué pena que yo no sea Tippy.
Draco se animó, abriendo mucho los ojos al contemplar a Rose. Inmediatamente se puso de pie y corrió hacia ella. El corazón de Rose se hinchó al notar que estaba realmente feliz de verla. Por Merlín, le echaba tanto, tanto de menos.
»Hola, papá —sonrió, dejando la bandeja de comida a un lado para envolverlo con sus brazos a modo de saludo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, realmente sorprendido.
—Salvarte del papeleo, eso seguro —dijo, señalando el montón de papeles en su mesa. Ante los ojos entrecerrados de Draco, ella continuó—: He venido a hacerte compañía, papá, porque estoy segura de que estás malditamente preocupado por la Selección.
Ella puso los ojos en blanco cuando Draco ni siquiera se molestó en desmentir lo que había dicho. En cambio, sus mejillas se sonrojaron de molestia y terror cuando se apartó de Rose y volvió al informe anual de Zabini.
»Papá, estás siendo ridículo —se quejó, cogiendo la bandeja de comida—. Al menos dale un mordisco.
Draco la fulminó con la mirada.
—¿Ridículo? —escupió—. ¡El heredero de los Malfoy está a punto de ser Seleccionado! Es algo por lo que estar inquieto.
—¿Qué pasa contigo y con las Casas? —dijo Rose, dejándose caer en uno de los sofás de felpa del despacho de su padre—. ¿Y qué pasaría si tu precioso heredero no fuera seleccionado en Slytherin? ¿Qué harías?
La palidez de su rostro ya decía mucho. Rose sabía que la larga fila de herederos Malfoy siempre había estado en Slytherin. Pero esa noche sería diferente. Estaba segura. A menos que, por supuesto, Scorpius se hubiera convertido en alguien que no conocía en absoluto. Lo cual, para horror de Rose, la devastaría por completo porque ¿cómo se atrevía a ser la hermana mayor de un niño tan precioso y maravilloso si no lo conocía en absoluto?
—Seguiría siendo brillante a pesar de eso —respondió finalmente Draco con un suspiro de resignación.
Sonrió con tristeza, ya que incluso su padre sabía que era muy improbable que Scorpius fuese seleccionado en Slytherin.
—Sí, lo será, ¡porque es un maldito Malfoy! —exclamó con pasión.
A pesar de todo, Draco sonrió.
—No dejes que tu madre te escuche maldecir, Rosie —dijo él, cogiendo finalmente el tenedor y perforando el puré de patatas.
Antes de que ella pudiera replicar algo a cambio, se escuchó un suave golpeteo desde una de las ventanas. Draco instantáneamente se puso rígido en su asiento cuando Rose se levantó y dejó que la lechuza de Scorpius, Hermes, entrara en el despacho. La lechuza ululó y dejó caer una carta sobre el escritorio de Draco.
Rose le dio un poco de comida antes de que emprendiese su vuelo a Hogwarts sin esperar una respuesta.
La letra de Scorpius era inconfundible. Rose una vez le había dicho que tenía una de las letras más atroces que jamás había visto.
—¿Quieres que la lea yo? —preguntó, sonriendo ante lo ridículo que era ver a su padre tan rígido y pálido.
Draco asintió levemente y Rose cogió la carta con cautela.
Su mano, cómicamente temblorosa debido a la repentina tensión que había en el despacho, rompió el sello Malfoy del sobre y sacó la carta.
Al abrirlo, se sorprendió al ver solo una palabra escrita en él.
Hufflepuff.
Rose sonrió, porque realmente lo había predicho, y lentamente miró a su padre. Draco la miraba expectante, esperando que le diera la noticia.
Rose tomó el suspiro más fuerte y exasperado y Draco ya no necesitó palabras. Lo entendió.
—Joder, lo sabía —murmuró, imitando su suspiro—. Joder, joder, lo sabía.
A pesar de la tensión, Rose se echó a reír.
—Cuidado con el lenguaje, papá, de verdad —dijo ella, acercándose a su padre para darle un abrazo grande y reconfortante. Realmente lo necesitaba.
—¿Todo listo, padres? —preguntó Rose, mirando dentro del despacho de su padre para ver si estaban listos.
La pelirroja esbozó una pequeña sonrisa, mirando a su madre preocuparse por la corbata torcida de Draco. El rubio le rodó los ojos a su esposa de cabello rizado, pero definitivamente había un pequeño tic en sus labios.
Suspirando, Rose sacudió la cabeza. Merlín, los amaba mucho a los dos.
»No vamos a una reunión de negocios —señaló, alzando la barbilla hacia el atuendo de su padre.
Su madre, en cambio, llevaba un suéter modesto y cómodo y unos vaqueros muggles. Draco parecía haber recibido un pisotón en el pie al mirar su atuendo: una larga túnica negra mágica sobre pantalones negros, una camisa gris con cuello y una corbata plateada.
—Tengo una reunión con Zabini después —explicó Draco, frunciendo el ceño—. Ni siquiera sé por qué vamos todos a Hogwarts.
—Scorpius no nos ha enviado una carta en dos semanas —le recordó Hermione con una mirada fulminante—. Peia nos ha ido informando de la situación, pero estoy preocupada.
Rose suspiró una vez más, avanzó y enganchó sus brazos alrededor de cada uno de sus padres.
—Piensa en esto como una excursión, papá —dijo con una gran sonrisa—. Ha pasado mucho tiempo desde que hemos estado todos juntos.
—Intenté que no te mudases —dijo Draco con una mirada puntiaguda.
—Shh, no vamos a hablar de eso otra vez, Merlín —Rose hizo una mueca, poniendo los ojos en blanco—. Vamos. La profesora McGonagall solo nos deja estar ahí dos horas.
La pequeña familia se dirigió hacia la enorme chimenea en la sala de estar. Rose cogió un puñado de polvos Flu, lo arrojó al fuego y esperó a que se tornase verde esmeralda. Ella fue la primera en avanzar y gritar:
—¡Hogwarts!
También fue la primera en encontrarse saliendo de la chimenea del despacho de la Directora. Draco y Hermione la siguieron después de unos segundos y fueron recibidos por la McGonagall.
—Bienvenidos —dijo la anciana bruja con los ojos iluminados con humor al ver la escena ante sus ojos.
—Buenas tardes, profesora McGonagall —saludó Hermione, pelota como siempre. Tras ella, Draco puso los ojos en blanco—. Sé que está rompiendo algunas normas escolares, pero le estamos realmente agradecidos.
Rose sonrió cuando McGonagall le aseguró a su madre que todo estaba bien, que no tenían que preocuparse. Estaba segura de que si se tratase de otra familia, McGonagall se habría negado rotundamente. Pero daba la casualidad de que Hermione y Rose eran sus favoritas.
El Rompedor de Maldiciones y las dos Aurores salieron del despacho de la Directora. Los pasillos estaban vacíos, ya que la mayoría de los estudiantes todavía estaban en clase. Peia le había dicho a su familia que se reunieran con ella y Scorpius en Las Tres Escobas (si conseguía arrastrar su trasero hasta allí) después de haberle pedido un permiso especial a la directora. Según les había dicho, tanto ella como Scorpius estarían libres a la hora de la comida y ese sería el mejor momento para que finalmente confrontaran a Scorpius.
»¿Recuerdas cuando te pegué en tercer curso? —escuchó Rose que Hermione le preguntó a su marido.
—¡Qué va! —exclamó Rose, con los ojos iluminados por el asombro cuando su padre se quejó—. No lo hiciste.
—Oh, sí, lo hice —dijo la castaña—. Era una cucaracha repugnante y malvada y merecía cada segundo del puñetazo.
El resplandor en sus ojos nunca abandonó su hermoso rostro.
—Está bien, ya que estamos recordando ese momento —gruñó Draco—, ¿recuerdas cuando tus dos dientes frontales crecieron accidentalmente y se hicieron tan increíblemente grandes que le pediste a la Señora Pomfrey que los hiciese más pequeños de lo que originalmente eran?
—¡No hice tal cosa! —protestó Hermione mientras sus mejillas se coloreaban de vergüenza.
—Oh, sí que lo hiciste —bromeó Draco con los ojos iluminados por la diversión—. Pensaba que no había una pizca de vanidad en ti, pero…
Ella lo golpeó débilmente en el brazo, lo que provocó que Draco frunciera el ceño y se frotase la extremidad dolorida con la mano.
—Típico de Granger: recurrir a la violencia cuando sabe que no tiene una respuesta ingeniosa —dijo Draco haciendo una mueca.
Rose sacudió la cabeza, exasperada por las payasadas de sus padres.
—Merlín, niños, no hay necesidad de pelear en los pasillos —dijo Rose, asumiendo el papel de adulto sano y responsable.
Draco puso los ojos en blanco mientras Hermione sonreía.
Finalmente llegaron a la puerta que les llevaría a Hogsmeade. La familia montó en uno de los carruajes y aprovecharon la oportunidad para recordar más sobre sus días en Hogwarts hasta que llegaron a Hogsmeade.
Como era de esperar, la pequeña ciudad estaba desierta, salvo por algún extraño que realizaba sus tareas cotidianas. Rose tomó las manos de sus padres mientras los guiaba hacia Las Tres Escobas.
Al entrar, Rose fue recibida con el encantador olor a cerveza de mantequilla y carne. Se le hizo la boca agua, recordando que no había desayunado esa mañana para poder terminar unas tareas del Ministerio y que así le permitiesen no asistir a trabajar esa tarde.
No fue difícil localizar a Peia y Scorpius. Estaban sentados cerca de la enorme ventana del pub, discutiendo sobre algo que Rose no podía escuchar. Peia tenía la barbilla bien alta, respondiendo con arrogancia a algo que había dicho un petulante Scorpius. Parecía que Peia estaba siendo indudablemente terca: todos en la familia sabían que si Peia estaba en ese estado, no había otra cosa que hacer que no fuese ceder a sus deseos.
—¡Estamos aquí! —exclamó Peia, agitando la mano con entusiasmo al ver a su familia.
Los ojos de Scorpius se abrieron cuando vio a sus padres y a su hermana mayor. Intentó levantarse de su asiento y huir. Pero tardó en darse cuenta de que Peia había hechizado el asiento para que estuviese quietecito.
Sintiéndose traicionado, fulminó a Peia con la mirada y se negó a mirar a la familia que se acercaba.
La hija Slytherin saltó de su asiento y los saludó a todos con un poderoso abrazo.
»Os he echado mucho de menos —canturreó.
—¿Cómo has estado, amor? —preguntó Hermione, invitando a Peia a sentarse de nuevo La madre se sentó a su lado y Rose se acurrucó junto a Hermione, dejando el único lugar vacío junto a Scorpius.
El más joven de la familia seguía negándose a mirar a ninguno de ellos y mantenía los brazos cruzados petulantemente contra su pecho. Rose no pudo evitar sonreír ante el berrinche que estaba teniendo. Merlín, estaba muy guapo cuando estaba de mal humor y Rose no iba a poder seguir enfadada con él por mucho tiempo.
—El colegio ha ido bien por ahora —respondió Peia, relatando todas las cosas que había estado haciendo desde el comienzo de su segundo curso—. Tus apuntes han sido realmente útiles, mamá. He estado clavando las clases desde entonces.
—Empollona —bromeó Draco cariñosamente con una sonrisa, lo que llevó a Peia a sacar la lengua petulantemente.
Junto a Rose, Hermione insistía silenciosamente a Draco para que comenzase a hablar con Scorpius. El mago puso los ojos en blanco, exhaló un suave suspiro y luego dijo:
»Scorpius.
El niño de once años se puso rígido en su asiento, pero se negó a mirar a su padre.
»Tenemos que hablar —continuó Draco—. A solas.
Lentamente, Scorpius lanzó una mirada suplicante a las chicas, pero Hermione simplemente le dirigió una sonrisa alentadora.
—Venga, Scorp —le animó Rose—. Papá no muerde.
Draco fulminó con la mirada a su hija mayor, mientras Scorpius palidecía considerablemente.
Entonces, finalmente, Scorpius se volvió hacia su padre y frunció el ceño.
—Está bien —susurró.
Draco miró en silencio a Peia, quien inmediatamente quitó el hechizo. Luego se abrió paso cuando Scorpius se deslizó hacia fuera del banco en el que estaban sentados y se levantó torpemente. El corazón de Rose se hinchó un poco ante lo absolutamente aterrorizado que parecía Scorpius, incapaz de ver cómo Draco lo miraba con una sonrisa ridícula.
—Qué idiota —dijo Rose con cariño en cuanto Draco y Scorpius salieron del pub.
—¿Scorpius estará bien? —preguntó Peia, realmente preocupada.
—Por supuesto que lo estará —dijo Hermione con una sonrisa.
Peia frunció el ceño y se rascó la barbilla distraídamente.
—Papá puede ser aterrador si quiere —señaló con naturalidad—. Y con Scorpius siendo seleccionado en Hufflepuff...
—Venga, ¿de verdad creías que iba a ser seleccionado en Slytherin? —preguntó Rose. Sonrió cuando Hermione y Peia sacudieron simultáneamente la cabeza—. Lo imaginaba.
El incómodo silencio que colgaba entre ellos era insoportable. Draco hizo todo lo posible por mantener una conversación, pero las respuestas de su hijo siempre eran breves y directas. Era verdaderamente frustrante.
Lanzando una rápida mirada a su silencioso hijo, Draco se preguntó qué estaba pasando por la mente de Scorpius. De alguna manera se arriesgó a adivinar: Merlín, si él estuviera en su posición y Lucius hubiese descubierto que su único heredero había sido seleccionado en Hufflepuff... Bueno, bastaba decir que el infierno se habría desatado. Pero, de nuevo, Scorpius no era el hijo de su padre.
De todos modos, las Casas realmente no significaban mucho para él. Bueno, era cierto que se había sentido muy decepcionado el día que Scorpius envió la carta, pero lo superó rápidamente. Después de todo, una parte de él seguía siendo Slytherin de principio a fin. ¡Pero Merlín, era un hombre adulto! Había sido gran amigo de personas seleccionadas en otras Casas, así que ya no era realmente un gran problema para él.
Pero tal vez, sí que era un gran problema para Scorpius. Después de todo, iba a estar en esa Casa durante siete años. Los valores enseñados por cada Casa eran diferentes y, por supuesto, permanecerían con él hasta que se graduara en Hogwarts. Al crecer, Scorpius había llegado a comprender lo que era ser un Malfoy y sabía que la mayoría de los valores defendidos por la Casa de los Malfoy eran congruentes con las enseñanzas de Slytherin.
—¿Cómo han ido tus primeras semanas en Hogwarts? —preguntó Draco distraídamente, interrumpiendo sus reflexiones.
—Han estado bien, papá —respondió brevemente. Luego se quedó en silencio una vez más.
Suspirando, Draco sacudió la cabeza y finalmente dejó de caminar. Scorpius, notando que su padre ya no estaba a su lado, se dio la vuelta y frunció el ceño.
—Tal vez sea hora de que hablemos del hipogrifo que hay entre nosotros, ¿no crees? —bromeó.
Merlín, parecía que Scorpius iba a empezar a llorar.
»Así que, ¿Hufflepuff? —continuó Draco.
Habían pasado años desde que se había convertido en padre. Tenía mucha práctica con Rose y ¡mira en lo que se había convertido! Draco siempre se había esforzado por ser el padre perfecto, el padre que realmente nunca había tenido. Hermione constantemente le aseguraba que era brillante en eso. Sus instintos paternos eran tan asquerosamente buenos que a veces hacía enfadar a Hermione: ¿cómo podía lidiar con sus hijos sin problemas y aun así ganarse su amor y confianza? Resolver esa situación sería fácil. Ojalá.
—Lo siento, papá —respondió Scorpius en voz baja.
Y Draco se rio con sinceridad.
—Caray, estoy seguro de que todos nuestros antepasados deben estar rodando en sus tumbas porque por primera vez en toda la historia de los Malfoy, el próximo heredero es un Hufflepuff.
—No es gracioso, papá —replicó Scorpius con petulancia, cruzando los brazos sobre el pecho. Era un digno Malfoy teniendo un berrinche—. El Sombrero Seleccionador dijo que estaría mejor en Hufflepuff. Le rogué que me colocara en Slytherin, pero se negó a hacerlo.
—¿En serio? —preguntó Draco, arqueando una ceja—. Es curioso porque sé que tu tío Harry estuvo en la misma situación. ¿Sabías que el Sombrero casi lo pone en Slytherin? —los ojos de Scorpius se abrieron ante la revelación—. Pero el tío se negó incesantemente y, en su lugar, fue seleccionado en Gryffindor. Por lo tanto, estoy seguro de que, como has heredado la terquedad de tu madre, habrás luchado persistentemente contra el Sombrero para que te ponga en Slytherin.
El joven mago se calló. Sus ojos grises miraban fijamente al suelo.
—No creo que pertenezca a Slytherin, papá —confesó finalmente Scorpius. Dirigió sus ojos a Draco y continuó—: No... no tengo la astucia de Peia ni las características de los Slytherin. He leído Historia de Hogwarts innumerables veces y no soy un Slytherin. Lo sabía. También sabía que estarías decepcionado, pero yo solo... pensé que estaría mejor en Hufflepuff.
—¿Sabes qué? —preguntó Draco finalmente con un suspiro—. Yo tampoco pensaba que fueses a estar bien en Slytherin.
Los ojos de su hijo se abrieron con incredulidad.
—¡Me has estado insistiendo con Slytherin desde que era un bebé! —replicó Scorpius.
—Es lógico que no iba a ser imparcial —respondió su padre—. Así que tal vez estoy un poco decepcionado. Después de todo, soy un Slytherin y es la mejor Casa de la historia —Scorpius puso los ojos en blanco—. Lo es.
—Mamá y Rose te llevarán la contraria, estoy seguro —dijo Scorpius con una sonrisa—. Aunque, sin duda, Peia estará de acuerdo contigo.
Draco sonrió, extendió la mano y la colocó sobre el cabello rubio y rizado de Scorpius.
—Eres mi hijo, Scorp —continuó—. Siempre estaré infinitamente orgulloso de ti sin importar en qué Casa estés, en qué saques un sobresaliste y en qué posición quedes en Quidditch. Hablando de eso… Habrá jaleos en nuestra familia, ahora que estamos todos en diferentes Casas.
Un destello de esperanza cruzó los ojos de Scorpius.
—Entonces... solo para estar seguro, ¿no estás enfadado conmigo? —preguntó débilmente.
—Eso es ridículo —dijo Draco—. ¿De dónde has sacado esa idea?
—Ehh, déjame pensar —dijo el niño—. Si no recuerdo mal, el día antes de subirme al tren me amenazaste con desheredarme si no me seleccionaban en Slytherin.
Draco sonrió tímidamente.
—¿Hice eso? —preguntó inocentemente—. No lo recuerdo.
—En serio, papá —dijo Scorpius, poniendo los ojos en blanco. Esta vez no pudo reprimir una sonrisa, y Draco lo tomó como una buena señal.
—Piénsalo de esta manera, Scorp —continuó Draco—: me casé con una maldita Gryffindor, lo que realmente va en contra de los principios de todos los Slytherin, porque la amo infinitamente y estoy dispuesto a mirar más allá de su estúpida Casa.
—No dejes que mamá escuche eso —dijo Scorpius, riéndose.
Draco sonrió.
—Entonces, ¿estamos bien? —preguntó—. ¿Nos enviarás cartas? Tu madre ha estado tan absolutamente preocupada que estaba empezando a ser bastante molesta.
—Estamos bien —dijo Scorpius con una sonrisa, acercándose para abrazar a su padre—. Gracias, papá.
Internamente, Draco suspiró y se sintió aliviado de que ese simple problema finalmente se hubiese resuelto. Luego sugirió que volvieran y Scorpius estuvo de acuerdo.
En el camino, el Hufflepuff dijo por casualidad:
»Sabes, siempre puedes pedirle a mamá otro bebé. Quizás otro hijo, que con suerte será seleccionado en Slytherin.
El mago resopló.
—Intenta decírselo y veamos si estás invitado para Navidad.
Regresaron a Las Tres Escobas con una sonrisa en los rostros y Draco notó el suspiro de alivio de Hermione. Rose estaba radiante mientras se levantaba y procedía a mimar a su hermano menor. Draco negó con la cabeza, mirándoles con cariño mientras Scorpius trataba de alejar a su hermana, pero Rose le apretó con más fuerza.
—El pequeño Scorpy seleccionado en Hufflepuff —gritó Rose (de diecinueve años de edad), salpicando al niño de besos—. Tu hermana está muy orgullosa de ti.
—Mamá —se quejó Scorpius—. Dile a Rose que pare.
—Rosie —dijo Draco con una mirada severa.
Rose simplemente sacó la lengua y se sentó junto a su madre.
La pequeña familia comió, intercambiando pequeñas anécdotas de su vida. Rose se lamentó por haber sido inundada con todos los preparativos de la boda y de cómo Neville Longbottom estaba locamente feliz de que pronto ella sería su nuera. Peia se quejó de lo patéticas que eran sus súbditas (así las llamó) y habló sobre las travesuras que vivía con sus mejores amigos. Scorpius, como siempre, estaba contento de ver a sus hermanas proclamar en voz alta sus pequeños problemas en la vida (y entrometerse ocasionalmente en ellas).
Se sentía como si estuvieran en casa y como si todos fuesen niños pequeños una vez más. Draco los echaba mucho de menos a todos y era triste que la casa se sintiera un poco más vacía ahora que Rose se había mudado y sus otros hijos estaban en Hogwarts. La pequeña y triste sonrisa en su rostro no pasó desapercibida para su mujer, quien secretamente apretó su mano por debajo de la mesa.
—Bueno, he estado pensando —comenzó Draco.
Regresaron a casa después de despedirse de sus hijos y Draco asistió a su breve reunión con Zabini. Ahora, él y su mujer estaban acurrucados en el sofá, viendo programas en la televisión.
—¿Mmm? —preguntó Hermione distraídamente.
—Tal vez deberíamos hacer un Ravenclaw. Ya sabes, solo para completar todas las Casas en esta familia.
—No te atrevas a pensar en eso, Draco Malfoy.
FIN
Nota de la Autora: ¡Bueno, eso es todo! Al menos finalmente he respondido a vuestras preguntas sobre la Casa en la que estaría seleccionada Rosie jajajaja. Esta idea se me ocurrió cuando pensé en cómo reaccionarían todos los miembros de la familia si Scorpius fuera seleccionado en Hufflepuff.
P.D.: No sé si lo sabéis, pero estoy en cuarto curso de Medicina. Hay una maldita pandemia y es realmente aterradora, creedme. Como estudiante de Medicina, voy a usar esta plataforma porque, ¡por qué no! Por favor, lavaos las manos y quedaos en casa si es necesario. Es muy molesto que algunas personas todavía lo tomen a la ligera, pero esto es muy serio: las clases se cancelan, las graduaciones se posponen y las personas mueren. Así que, por amor a todas las cosas buenas de este mundo, LAVA TUS MANOS Y QUÉDATE EN CASA. ¡Eso es todo y mantente a salvo!
Nota de la Traductora: Bueno, hasta aquí ha llegado esta maravillosa historia. Espero que os haya gustado este regalito que nos ha hecho la autora. Mil gracias por habernos acompañado en este camino a lo largo de la publicación. Me ha hecho muy feliz ver que esta historia os ha estado haciendo tan felices como me lo hizo a mí cuando la descubrí.
Y, siguiendo con las recomendaciones de la autora, quedaos en casa y cuidaros mucho. Espero de todo corazón que estéis bien.
Con cariño,
WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.
