Tocado por un ángel.

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Capítulo: 27

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Gracias a mi beta por este capítulo y por corregirlo: Adriana Molina.

Que lo disfruten.

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Bella pov.

Llegamos al puerto de Hericlón y nos preparamos para desembarcar. Los niños y yo bajamos del ferry junto a Claire, y nos maravillamos viendo a las otras personas que bajaban de otros ferry al igual que nosotros.

Alec y Edward se encargaron de bajar los autos. Mientras esperábamos vimos como las olas rompían en la orilla, con el sonido y la brisa que se sentía era tan pacífico y alentador.

La primera vez que llegamos a Creta, no había tenido la oportunidad de apreciar esta ciudad, ahora quería aprovecharlo al máximo.

Una gran muralla veneciana podía verse a lo lejos de donde nos encontrábamos, eso me hacía pensar en toda la historia tan interesante que guardaba este lugar.

—¿Qué tanto piensas Bella?

Escuché la voz de Claire y volviéndome hacia ella, contesté:

—En lo hermoso que es.

—Bella tengo sueño—escuché la voz de Fernando y el movimiento de su mano para llamar mi atención.

Él se restregaba los ojitos con evidente cansancio.

Le entregue a Matt a Claire, que en ese momento jugaba con una tortuguita de peluche. Y me agaché para poder cargar a Fernando que pesaba bastante; Mi hermano se recostó en mi hombro, y yo puse una de mis manos sobre su espalda.

Claire y yo caminamos en la orilla del puerto, para adentrarnos a los pequeños restaurantes que allí habían.

Dejamos la hermosa vista del celeste mar, para sentir el increíble olor de la cocina de Creta. Nos sentamos en una de las mesas que había afuera y una joven se nos acercó para tomar nuestras órdenes. Claire y yo pedimos algo de comer mientras esperábamos a mi esposo y a Alec.

Acomode a Fernando en mis brazos y con cuidado dibuje pequeñas figuras en su rostro, se encontraba profundamente dormido que no sintió mi pequeño toque.

Me acerque a su frente y deposite un pequeño beso.

—Te amo—dije —Gracias por ser tan valiente para mí.

No pude evitar que mis ojos picaran por dejar que las lágrimas cayeran de ellos, pero hice todo mi esfuerzo por evitarlo, las imágenes de mis padres vinieron a mi mente y me hicieron volverme sentimental. Cada día que pasaba sentía que mis estados de ánimos eran más cambiables, sabía que era por el embarazo y adoraba sentirlos, porque la personita que llevaba adentro, me daba la fuerza que necesitaba, pero no solo él, sino también mis hermanos.

Una pequeña frazada envolvió el cuerpo de Fernando, alcé la mirada para encontrarme los ojos verdes de Edward.

—El clima es un poco más templado aquí, no llega a ser tan frío, pero sí un poco.

Sonreí en respuesta, y él se acercó para darme un beso en los labios.

—Tú también necesitas abrigarte un poco—no respondí solo le di otro beso. Él mordió su labio inferior y luego sonrió adorablemente.

A veces sentía que todo era un sueño y que Edward solo era parte de una ilusión que pronto iba a desaparecer, pero luego me doy cuenta que es real y que él está conmigo.

Alec se sentó junto a Claire y Matt rápidamente pidió su atención, él lo agarró y empezó a jugar con mi hermanito.

Edward se sentó a mi lado y me quitó a Fernando para sostenerlo él; Lo cubrió con la frazada nuevamente y yo sentí que mi corazón se encogía al presenciar la escena. Fernando y él se habían vuelto muy unidos y eso me hacía sentir feliz.

Alec y Edward ordenaron comida, entre plática de negocios y bromas.

—Singapur tendrá una nueva atracción turística, el resort que los Empire han estado construyendo, es muy impresionante y moderno—dijo Alec.

—¿Te ha motivado para hacer algo parecido? —preguntó Edward.

—No, sigo quedándome con lo que ya tengo. No quiero más compromisos a mi vida.

—No quieres más trabajo porque eres cómodo—rectifico Edward mientras reía por la seriedad que Alec puso al escucharlo.

—No soy cómodo, solo que valoro mi vida y apreció lo que hay a mi alrededor, la libertad es algo que no consigues metido en una oficina. Y tú lo sabes muy bien, tienes a una familia quien puedes darle tu tiempo y apreciarlos.

Edward asintió —Debo decir que tienes razón, no cambiaría a mi familia por tener más dinero, estoy bien con la naviera, no necesito más.

Sin necesidad de mencionar el nombre, sabía que estaban hablando de la CEO de espinas. Entendía el punto de vista de ambos, pero al no estar muy asociada a los negocios desconocía que tan grande era ella, sospechaba que, si todo era como Edward y Alec decían, debía ser muy solitaria.

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Nos pusimos nuevamente en marcha una hora y media después, Fernando ya se había despertado y había cenado junto a Matt. Eran las siete de la noche y las calles de Hericlón se iluminaban, y las personas seguían en las calles disfrutando, habían muchos turistas y personas locales.

Acomodé a los niños en sus asientos, y luego me subí al coche en el lado del copiloto, Edward encendió el auto y nos pusimos en marcha con Alec delante de nosotros guiando el camino.

La solitaria carretera hacia que te gustará la vida lejos de la ciudad y el tráfico constante, las montañas que se veían a lo lejos y el mar en todo el camino te daban una maravillosa vista.

Recosté la cabeza en el espaldar de mi asiento, mientras veía el cielo despejado desde mi ventana. Me giré hacia atrás para ver a mis hermanos, Fernando llevaba la tablet en sus manos entretenido, mientras que Matt iba dormido en su sillita con su peluche de tortuga agarrado entre sus manitas. Volví la mirada al frente y llevé instantáneamente mi mano hacia mi vientre, acaricié a mi bebé y cerré mis ojos intentando imaginar a un pequeño Edward dentro de unos meses. Aún era pequeño, poco a poco iría creciendo y eso me llenaba de mucha ilusión.

—¿Te sientes cansada? —la suave y aterciopelada voz de Edward llegó a mis oídos y sonriendo abrí mis párpados y me volví hacia él.

—No, me siento feliz—dije y él llevó la mano que tenía en la palanca de cambios hacia mí. Suavemente acarició mi mejilla y yo disfruté del tierno gesto, sus dedos rozaron mi piel e hicieron que se erizará por el contacto.

—¿Te alegra haber tomado el camino largo?

—Sí, definitivamente.

Amaba esa ternura y delicadeza que Edward me mostraba, a veces teníamos malos entendidos, pero también teníamos momentos en los cuales podríamos dedicarnos a nosotros y ser así.

Nos mantuvimos en silencio parte del trayecto, tanto que por un momento creí que me había quedado dormida, ya que, había cerrado mis ojos solo para descansar unos segundos.

—Hola Jasper—escuché a Edward hablar.

—No, Emmet se tiene que encargar de llegar a la reunión de la próxima semana en Nueva York.

—Sí, no habrá excusas para él en esta ocasión.

Imaginaba que debía tratarse de negocios. Así que trate de volver mi atención al sueño que me invadía y cuando estaba a punto de dejarme llevar por Morfeo, la pronunciación de mi nombre en Edward llamó mi atención.

—¿Qué sucede con Bella?

No sabía lo que Jasper le estuviera diciendo, pero estaba poniendo mucha atención a mi esposo.

—¿Arreglaste las cosas con el doctor? —dijo preocupado—Mi madre empieza a meterse donde no debe, creo que es mejor que me encargue de eso, así como de Tanya.

¿Que estaba sucediendo con Esme y Tanya? ¿Que tenía que ver yo en todo esto? ¿Y a que doctor se refería?

Iba a simular que acababa de despertarme, pero otra vez la voz de Edward me detuvo.

—Alec, debemos hablar de mi madre cuando lleguemos.

La voz de Edward contenía enojo y decepción al mismo tiempo. No entendía lo que estaba pasando, debía averiguarlo en mi estancia en la villa Olivo.

No abrí los ojos y seguí fingiendo que dormía, al parecer Edward iba muy concentrado en sus pensamientos para percatarse de mí.

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Cuando llegamos a la villa, ya eran a las diez de la noche, habíamos estado tantas horas dentro del coche que ya había perdido la cuenta. La misma señora que nos había recibido la vez anterior, volvió a hacerlo en esta ocasión. Edward habló con ella durante varios minutos, pude observar como la encargada de la casa familiar asentía a todo lo que Edward le decía.

—Vamos Bella—dijo Alec arrastrándome hacia la entrada de la casa.

No proteste y solo caminé con pereza hacia allí.

—¡Oh! —exclamó Claire delante de mí—tantos recuerdos en esta casa, tantos momentos que vienen a mi memoria.

Entramos a la casa y tanto Edward como Alec se encargaron de las maletas.

—¿Hoy no está todo el personal? —pregunté cuando salíamos de la habitación de los niños.

—No, especialmente pedí que fuera una persona que nos atendiera.

—Por Esme—concluí.

—Sí.

Claire había inspeccionado toda la casa hasta el jardín, había dicho muchas cosas que recordaba, lo que más la había hecho sentir emocionada era que la parte de afuera, seguía siendo de la manera en como ella lo había dejado.

—Creo que tomaré un baño —dije de repente y Edward solo asintió y se acercó a mí para darme un beso en la frente.

Me adentre al cuarto y espere a que pasarán diez minutos antes de salir al pasillo, y bajar a la primera planta. Claire se encontraba en la sala de afuera, y por más que busqué en otros lugares de la casa no encontré a mi esposo.

—¿Dónde pueden estar?

Pasé frente al estudio y me detuve para regresar y con cuidado abrir un poco la puerta.

—¿Qué sucedió Edward? —preguntó Alec seriamente.

—Jasper me informó que han estado buscando información de Bella, tanto es su empeño que lograron llegar al hospital donde nació Matt.

—¿Significa que tienen ciertas dudas de que él es tu hijo?

—No importa cuánto busquen, la realidad es que él es mi hijo, y nadie podrá decir lo contrario.

Una risa se escuchó, quise abrir un poco más, pero me arriesgaba a que descubrieran mi presencia.

—¿De qué te ríes? —escuché a Edward preguntar.

—Creí que nunca diría esto, pero debo decir que tú matrimonio ya es lo suficientemente sospechosos para alguien en sus cinco sentidos, como también venir a creer que tú serías tan irresponsable para embarazar a una niña—hubo un momento de silencio—aunque técnicamente ya la embarazaste.

—Podrías dejar tus estúpidas conclusiones…

—¿Creíste que no lo sabría y que podrías engañarme?

¿Alec ya sabía que Matt no es su hijo? El miedo creció en mi interior al saber que alguien sabía nuestro pequeño secreto, no quería que Edward saliera más perjudicado de lo que ya estaba.

—No—fue lo que escuché de Edward.

—Pero sabes que estamos en el mismo barco, no permitiré que nadie les haga daño a ti y a Bella.

—No te preocupes Alec, lo del hospital ya está arreglado, Jasper se encargó de que él doctor los convenciera de que la mujer que llegó embaraza después del accidente que tuvo Bella y sus padres, era mi esposa. Nadie podría desconfiar de un doctor y de toda la documentación que lo respalda.

La risa de Alec me hizo sentir un alivio de cierta manera.

—Es lo bueno de tener dinero.

—Pero Esme se está metiendo donde no debe—dijo Alec.

—Lo sé—respondió Edward —y Tanya ha empezado a hacer sus jugadas.

—déjamelo a mí, Tanya terminará encontrando lo que busca, y no será de su agrado. Y con Esme…

Esperé a escuchar que iba a suceder con Esme, pero ninguno de los dos habló, por un momento creí me habían descubierto, así que preferí alejarme de allí.

Subí las escaleras hacia la habitación y cerré suavemente la puerta detrás de mí. Me metí en el baño y tomé la ducha de la cual le había dicho a Edward anteriormente.

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Edward Pov.

Cuando salí del estudio, fui a la segunda sala que había afuera debajo de las pérgolas y frente a la piscina. Allí encontré a Claire, sentada viendo el cielo llenó de estrellas.

—¿Puedo...? —señalé el asiento a su lado.

—Por supuesto.

Me senté junto a ella y vi el cielo a su lado.

—¿Cómo era tu padre Edward? —la pregunta de ella me sorprendió, no solía hablar mucho de él.

—Un buen hombre y con una gran personalidad.

—¿Porque Anton decidió que sería el hombre que ayudaría a Esme?

—Por ser amable y muy diferente a ella. Sabes muy bien del mal que padece mi mamá, y con la edad lo ha ido empeorando.

—¿Él la amó?

—Hasta el último día de su muerte, podían discutir y no tener una buena relación, pero a diferencia de mi madre, mi padre se casó por amor, creía que con el tiempo ella le correspondería, creo que al final no sucedió.

—¿Y sabes por qué?

—No.

Ella acomodó el suéter que se había puesto y dijo:

—Porque tu bisabuela le enseñó a Esme a refugiarse en la soledad que todos tenemos, pero que a los más débiles condena, tu madre se puede mostrar fuerte, egoísta, y totalmente despiadada, pero por dentro sigue anhelando lo que no tuvo siendo una niña: amor.

«El amor que Carlisle le mostró fue puro y sincero, pero para ella no bastó, y ahora que ya no está su conciencia la hace pagar y pasar mal el aniversario de su esposo, porque su corazón si se da cuenta de lo que perdió, aunque su mente no lo acepte»

—¿Siempre creí que mi madre no había correspondido a mi padre porque estaba enamorada de Leo Christakis?

—No—negó Claire—No habré estado con ella en todo este tiempo, creo que también fue lo que preocupo a Anton en algún momento, pero lo que tú abuelo no deseaba era que ella se manchara más con el odio de lo que ya lo estaba.

—Por eso la casó con mi padre—dije recordándolo—veo que has estado hablando con Alec.

—Sí, y debo decir que las intenciones de Leo siempre han sido las misma de su padre: envidia y deseo de poder. No puedo creer que Esme cometería el error de emparejarte a ti con Tanya, lo bueno es que Dios puso a alguien más en tu vida.

—Estoy de acuerdo contigo.

—La persona que le ha hecho daño anteriormente, temo que vuelva hacerlo…

—No te preocupes Claire, es algo que no voy a permitir.

—Confió en ti Edward, totalmente.

Miré a Claire y me sentí arrepentido por la manera en que la había tratado anteriormente. Tomé su mano y ella volvió su mirada a mí.

—Lo siento...—algo dificulto que mis palabras terminarán de salir, pero a Claire no pareció importarle.

—Lo entiendo, sé que todo esto ha sido difícil para ti, no necesitas disculparte. No has hecho nada malo.

Ella soltó mi agarre y extendió sus brazos hacia mí.

—Quiero abrazar a mi nieto, aunque sea una vez.

Se acercó a mí al ver que no me movía de mi lugar y cuando sus brazos se cerraron alrededor de mi cuerpo, una sonrisa se formó en su rostro a la vez que deje que su calor y este extraño momento se volviera memorable en mi mente.

No recordaba cuándo había sido la última vez que había recibido un abrazo sin ningún motivo.

Desde que era pequeño solo había recibido elogios por parte de mi abuelo, pero al ser un hombre que había sido criado de manera que no demostraba su cariño más que con pocas palabras, jamás había sentido este tipo de sentimientos al obtener un abrazo tan familiar.

—Me alegra compartir contigo este momento y saber qué Anton puso todo su empeño en hacer de ti un buen hombre.

—Gracias…abuela.

Escuché como empezó a sollozar tratando de que su llanto se ahogara con la ropa de mi hombro y no la escuchará.

—No sabes…—ella se detuvo unos segundos para luego seguir—lo feliz que me hace escucharte decirlo.

Abracé a Claire y ambos nos quedamos así durante varios minutos.

Cuando ambos dejamos la pérgola y entramos a la casa, había una sonrisa que dibujaba su rostro y a la vez lo iluminaba.

Luego de dejarla a ella en su habitación me dirigí a la mía. Al entrar vi las luces apagadas y solo la lámpara de la mesita de noche encendida.

Me cambié de ropa y me cepillé los dientes, para luego buscar el calor de mi esposa en la cama.

—Edward—escuché mi nombre de sus labios.

Rodeé su pequeño cuerpo con mis brazos atrayéndola hacia mí.

Ella se acomodó y yo busqué su vientre con mi mano, lo acaricié suavemente y eso la hizo relajarse mucho más.

—Te amo—murmuré y como era de esperarse Bella no lo escuchó. Se encontraba realmente dormida.

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Claire Pov.

Al día siguiente me levanté temprano y salí a caminar alrededor de la playa. Sentir la arena en mis pies era algo que me hacía tener añoranza del pasado, y mis pensamientos traían recuerdos agradables que me hacían poner una sonrisa todo el tiempo.

—Hola, ¿Es nueva aquí?

Una mujer de unos cuarenta años aproximadamente se acercó a mí sonriendo amablemente.

—No—contesté —¿Usted sí? —pregunté siguiendo su curiosidad.

—Oh no, venimos aquí de vez en cuando con mi esposo y mi hija. Pero nunca la había visto por eso pregunté sí era nueva en el vecindario.

—Hace muchos años viví aquí, pero ya pasó mucho tiempo para que haya alguien a quién yo conozca de esos años.

—Entiendo. ¿Ha venido con sus hijos?

Ambas nos centramos en mirar la marea mientras hablábamos.

—No, con mi nieto y su esposa.

—Es bueno ver que haya nietos que les guste compartir su tiempo con sus abuelos—ella dejó escapar un suspiro de desánimo—No sé si tendré la oportunidad de hacer lo mismo.

—¿Por sus nietos? —pregunté al verla tan triste.

—No, por mi hija, sinceramente no sé cuándo me los dará y ya estoy vieja.

—Viejo son los caminos, señora.

—¡Qué maleducada soy, no nos hemos presentado! Mi nombre es Carmen.

Ella extendió su mano hacia mí y yo la tomé sonriente de tan amable mujer.

—Claire Rosenthal, mucho gusto.

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Esme Pov.

Habían estatuas y pequeños templos que representaban el lugar donde descansaban los muertos, los pinos y ciprés que se erguían altos y poderosos recibiendo los rayos del sol en pleno día. Caminando pase y vi a mi alrededor esculturas creadas para ser las tumbas de algún familiar, no había muchas personas visitándolos este día y yo tampoco deseaba estar aquí. Agarré con más fuerza el ramo de lirios blancos que llevaba en la mano, y paso a paso fui acercándome al lugar que solo visitaba una vez al año.

Cuando finalmente llegué a la tumba donde estaba recreada la imagen de mi difunto esposo en una estatua instantáneamente miré su nombre grabado en ella. Carlisle Cullen, 1968-2009.

Once años habían pasado y aún seguía sintiendo ese maldito sentimiento de culpa. No le bastó molestarme con su existencia, sino que, hasta con su muerte seguía torturándome así.

—Te aseguraste muy bien de dejarme a quien pudiera hacerme miserable a pesar de los años—dije con total desagrado.

Puse flores sobre la tumba y me quedé un momento viéndola sin decir nada. No entendía porque me daba este sentimiento de dolor en el corazón cada vez que venía a mi mente su imagen.

—Sería tan bueno que solo desaparecieras de mi mente también.

No importa los años que pasen, tu siempre serás la mujer que más he amado, Esmeralda.

Sus últimas palabras en el hospital habían sido como una cuchillada que había sido difícil encerrar dentro y no dejarla salir. De vez en cuando lo hacía y eso permitía que la herida sangrara y el molesto dolor en el pecho se hiciera presente.

Mi celular sonó en el momento justo para alejarme de esos pensamientos prohibidos para mí. Lo saqué del bolso y contesté:

—Hola.

—¡Hola! —contestó una voz efusiva desde el otro lado de la línea— ¿Cómo has estado Esme? Me imagino que bien, sé que no nos hemos reunido por un tiempo, pero pronto lo haremos. Hay algo que quería preguntarte.

—Dime de qué se trata.

—¿Has alquilado la villa de Olivo?

—No, ¿Por qué? —cuestioné.

—Me pareció haber visto a alguien allí y por eso me acerqué, era una señora de edad ya mayor, le pregunté que, si era nueva, pero respondió que no.

—¿Entonces?

—Dijo que había llegado con su nieto y esposa, cuando terminamos de hablar ella se dirigió a tu casa y por eso me pareció extraño y decidí preguntarte.

—¿Cómo se llamaba? —pregunté sintiendo un nudo crearse en mi estómago.

Muchas ideas estaban cruzando en mi mente, pero no creía que Edward me traicionará de esa manera.

—¿Cómo era...? —dijo divagando—Espera creo que ya recuerdo, Claire, ¡Sí! ¡Claire Rosenthal!

Cuarenta y dos años de mi vida sin ella y se atrevía aparecer ahora como si nada.

—Hola… ¿Hola, Esme…?

Colgué el maldito aparato sin decir adiós, y hasta ese momento fui capaz de darme cuenta que mi cuerpo empezaba a temblar, no sabía si por escuchar su nombre o por la ira que empezaba a surgir desde mi interior.

—Claire Rosenthal—una risa amarga interrumpió el silencio y no me di cuenta de si las pocas personas que estaba allí me vieron extraña.

El solo hecho de repetir ese nombre hacia que el rencor que le había guardado en todos estos años se hiciera más fuerte.

—Creo que debo enviarte al basurero de dónde saliste, madre.

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Hola!

Me he tardado en actualizar el capítulo, pero es que estoy escribiendo a:

Trying to Catch a Star.

Y dos historias nuevas, que aún no serán publicadas, pero voy haciendo los capítulos para ya tenerla lista cuando…

Bueno más adelante iré dando pequeños adelantos de ellas. Espero que cuando salgan para ser publicadas, también sea de su agrado, así como lo ha sido Tocado por un ángel.

Gracias por leerme y apoyarme.

Bendiciones.