Los Amamiya
Capítulo 31: Pasado Sombrío.
-¿No crees que te estás tomando muchas molestias con todo esto? Ya estás planeando la boda de esos dos. Al menos deberías dejar que se encarguen de la luna de miel.
-Solo quiero que puedan disfrutar lo más posible de esta experiencia Touya. Hacer un vestido, organizar algunas cosas y prestarle este lugar no es nada mientras ellos sean completamente felices. - Había asegurado ella con una radiante sonrisa mientras ingresaban a la primera habitación de la planta alta y comprobaban que todo estuviera tal y como lo había pedido, así como ya habían hecho con cada uno de los espacios del primer nivel.
Cuando Sonomi la llamó en medio de su cita y él aceptó acompañarla a resolver ese asunto, no iba a negar que se había preocupado un poco por lo comprometedora que podía llegar a ser la situación, pero afortunadamente contrario a sus pensamientos todo había transcurrido de forma muy natural dado que ella estaba más concentrada en admirar la construcción que sorpresivamente apenas había cambiado en los últimos años, que en el hecho de que estaban ellos dos solos en una choza de verano a dos cuadras de la casa más cercana.
Ni siquiera aquella vez en que había estado allí con su familia durante dos días y Sakura iba de aquí para allá emocionada con cada mínima cosa que encontraba, había visto a alguien subir tan a prisa por la escalinata de madera que daba acceso al pequeño porche delantero y decir con tanta alegría lo mucho que amaba ese lugar. Esa vez hace una década completa, recordaba que se había sentido feliz de ver a su hermanita tan contenta por visitar por primera vez un lugar donde se respiraba un aire tan puro, pero aun aquello no se comparaba al revoltijo de emociones que llenaba su corazón al ver a Tomoyo observar su alrededor con aquella ilusión en la mirada, vestida con esa camisa azul celeste que se perdía bajo la falda gris de vuelos eternos que traía y su cabello azabache ondeando en el aire cual águila libre, siendo apenas aquel objeto violeta con forma de mariposa lo que conseguía que no terminara completamente despeinada con la brisa y que se trataba del broche que le había obsequiado antes de siquiera imaginarse que llegaría a fijarse en ella.
Aun su corazón se llenaba de calidez al recordarla hablar de cuanto adoraba ese sencillo obsequio y lo mucho que le dolería si un día se estropeaba, y es que a pesar de ser ridículamente rica ella era con mucho la persona mas sencilla y desinteresada del mundo, y eso no hacía más que quedar claro con el hecho de que en pos de ayudar a sus amigos hasta estuviera dispuesta a arriesgar el día de su primera cita con tal de que todo estuviera listo a tiempo. Aunque a la vez el que hubiera insistido en encargarse ella misma de asegurarse de que todo estuviera perfecto para recibirlos y el que soltara aquel grito aterrado al comprobar que las cortinas eran de un tono más oscuro del color que las había pedido le decía que a pesar de no ser vanidosa consigo misma, cuando se trataba de detalles podía ser tan perfeccionista como cierta anciana pelirroja de ojos azules de quien agradecía al cielo haberse librado hace varios meses atrás.
-A ver… ya se que lo mandona e histérica lo sacaste de tu madre, entonces ¿que sacaste de el santo que consiguió enamorar a la misántropa de Sonomi?- Preguntó con su acostumbrado tono burlón mientras la ayudaba a quitar lo que ella describió como una ofensa al buen gusto, mirándola extrañado al verla quedarse en silencio de repente a la vez que su rostro que hasta ese entonces se veía rebosante de alegría, ahora estaba lleno de pesar como si lo que había dicho hubiera tocado una fibra sensible en su corazón.
-Sabe Touya, a las personas siempre se les ha hecho complicado entender la actitud de mamá. La catalogan como una persona arisca y algo complicada pero la verdad es que es alguien muy amorosa y entregada. - Explicó ella mientras miraba a través de la ventana ahora descubierta y veía el hermoso paisaje silvestre que se extendía frente a sus ojos y que por alguna razón en ese instante se veía extrañamente melancólico. –Pero haber tenido que criarme prácticamente sola mientras trabajaba duro al mismo tiempo a endurecido un poco su carácter y hace que sea algo desconfiada. Se que durante el tiempo que trabajaron juntos tal vez no lo trató de la mejor manera pero en realidad ella lo aprecia bastante.
-Lo sé. Siento haber sido desconsiderado. Es solo que se me hace muy complicado mostrar mis verdaderos sentimientos hacía ellos dos. Perdóname por herirte. – Reconoció realmente avergonzado mientras la abrazaba por la cintura y notaba que ella estaba luchando por contener las lágrimas haciendo que su corazón le gritara que se había pasado de la raya. Durante todo aquel tiempo había dado por sentado que el que ella no dijera nada cuando hacía sus comentarios mordaces acerca de su madre o abuelo significaba que no le importaban, pero tomando en cuenta que se trataba de su única familia era obvio que debía dolerle. Él mismo no toleraría escuchar a nadie hablar mal de su padre, hermana o madre fallecida por eso resultaba tan desconsiderado de su parte decir esas cosas cuando la verdad era que después del tiempo en que habían trabajado juntos le había tomado cariño a su manera.
-Se que no es lo que realmente sientes, es solo que me da mucho miedo que no sean capaces de llevarse bien ahora que estamos saliendo. Sería muy duro para mi que las tres personas que más amo en el mundo no soportaran verse la cara.
-Descuida te prometo que eso no pasará. – Murmuró mientras besaba su mejilla y la abrazaba con más fuerza a la vez que se daba cuenta de que aún no había madurado en ese aspecto. En esos meses no sólo se había acercado a Tomoyo si no que había tenido la oportunidad de conocer mucho más de sus familiares y aunque era cierto que su actitud hacía ellos no era tan mala como al principio, tampoco era como si los tratara o viera como su familia.
Por solo poner un ejemplo a sus ojos Sonomi Daudoji era una mujer realmente fuerte y astuta que podía prácticamente con cualquier cosa y que siempre estaba ocupada con un itinerario que apenas le dejaba tiempo para tomar una comida. No era raro que a la hora de marcharse ella se quedara en su escritorio con montañas de documentos que revisar y firmar, y aun así no recordaba una sola vez en que la escuchara decir que estaba cansada o que le obligara a quedarse más tiempo del necesario ayudándola. Siempre estaba más pendiente que él mismo de los días en que debía ir a clases y vivía rezongándolo cada vez que se excedía trabajando más allá de la hora del almuerzo. "No me sirve de nada un asistente flacucho y débil" era lo que decía con su ceño fruncido, sus brazos entrecruzados y su tono de voz soberbio, pero podía ver la preocupación en sus ojos y la buena disposición a garantizar su bienestar, aquel calor de madre que ella daba a los demás a su propia manera y que aunque no lo dijera en voz alta no había dejado de extrañar desde que decidieron trasladarlo a la fábrica. Eso era lo que su mente pensaba, pero su boca solo soltaba sarcasmos e improperios. Tenía que hacer algo para cambiar su actitud y forma de hablar o tendría que habituarse a ver esa cara de angustia en la cara de la persona que más deseaba en el mundo ver sonreír.
-Oye, una vez me dijiste que cuando quisiera me contarías más sobre nuestra familia y que tal vez eso me ayudaría a comprenderlos mejor. ¿Crees que puedas hacerlo cuando terminemos de esto?
Ella le sonrió mucho más tranquila y después de garantizarle que así sería tomó su mano y lo sacó de allí para que pudieran continuar. El cielo había comenzado a llenarse de nubes grises y el sol se perdía en el horizonte, así que si no se daban prisa, la noche y un gran aguacero los tomaría en aquel solitario lugar.
-¿Sabe cuál era el nombre de su abuelo materno?
-No me digas que Touya.
Ella esbozó una enorme sonrisa como respuesta mientras rebuscaba en su teléfono la versión digitalizada de algunas fotos antiguas de su familia. La madre de él jamás habló mucho de sus padres debido a su incapacidad de recordar demasiado de ellos por la tierna edad que tenía cuando murieron, pero ahora saber que no sólo tenía el nombre de su abuelo sino que tal y como había confirmado una vez en la mansión era increíblemente parecido a él, le dejaba una extraña sensación en el pecho, un sentimiento de auto reconocimiento que lo llenaba de una inusual satisfacción.
-Podría decirse que esa es una antigua tradición. Cuando uno de los miembros de la familia mueren jóvenes, se le pone su nombre a un descendiente para mantener su memoria viva. En el caso de mi nombre pasó de la esposa del abuelo a mi.
-¿Y la esposa de Amamiya murió joven?
-Si. Murió en el parto de mi abuela materna.- Relató ella sin poder ocultar la tristeza que mencionar aquello le causaba, y es que aun después de los más de sesenta años que había pasado de aquello aún notaba la inmensa tristeza que llenaba los ojos de Masaki en las escasas ocasiones en que la llamaba por su nombre. Estaba segura de que en esos momentos no podía evitar recordar a la mujer que amó y perdió, y de cuya muerte jamás pudo recuperarse por completo.- Supongo que por eso cuando todo mejoró, él y el señor Fujitaka se hicieron tan buenos amigos. Ambos saben lo que es perder a su esposa demasiado jóvenes y tener que criar a sus hijos sin ayuda, así que son capaces de entenderse y compartir su dolor.
El trigueño se quedó muy pensativo al escuchar aquello, mientras una enorme melancolía y compasión llenaba su alma al imaginarse la dolorosa escena. Si lidiar con un niño de diez años y una de tres era difícil para su padre, no quería ni imaginarse como debía ser criar uno de cinco y una bebé tan pequeña para Masaki, mientras lidiaba con la pérdida prematura de su compañera de vida.
-El abuelo en serio amaba a sus dos hijos, pero el tío Touya era un caso mucho más especial. El abuelito dice que no sólo era un chico muy entregado y responsable sino que prácticamente tomó el lugar de su madre fallecida. Cuidaba de su hermanita, se hacía cargo de muchas cosas de la casa y lo ayudaba con el trabajo cuando tuvo suficiente edad. Tal y como usted. – Señaló ella con una dulce sonrisa al pensar en lo poderosa que era la genética. No sólo era su físico, Touya había heredado la personalidad y voluntad de su abuelo y eso que ni siquiera llegó a conocerlo o escuchar hablar de él.
-Con el tiempo esos dos niños comenzaron a crecer y él se convirtió en un hombre muy hábil que asumió la mayor parte de el control de la empresa del abuelo cuando apenas tenía veinte años y su hermana iba en preparatoria. El abuelo cuenta que a veces se escapaba del trabajo y se le aparecía en la escuela para espantarle a los chicos. - Relató mirándolo acusadoramente como si quisiera decirle que le acordaba a alguien en especial. - Pero bueno, eso fue hasta tres años más tarde, en ese entonces el abuelo le consiguió una asistente. Con el tiempo él quedó prendado de ella y dejó de perseguir a su hermana porque estaba muy ocupado siguiéndola a ella. El abuelo dice que daba asco de lo enamorado que estaba. -Narró aquello último con una risita, recordando las estupideces que Masaki le había contado acerca de él y sus intentos fallidos para declarársele. Y es que si bien la chica era extremadamente dulce y amorosa era mas lenta que una tortuga para entender las indirectas, tal y como luego lo fueron tanto su hija como su nieta Sakura.
-Al final, después de muchos esfuerzos ellos terminaron casándose y tres años después ella quedó embarazada de su madre, pero para sorpresa de todos mi abuela que entonces solo tenía dieciocho años también reveló que estaba embarazada de su novio, un chico de la universidad que no tenía una fama nada agradable. El abuelo se enojó mucho al principio, pues ambos estaban en su primer año de universidad, pero al ver lo decidida que estaba su hija a seguir con él, les ofreció una casa y ayuda para los gastos para que así ambos se enfocaran en terminar su carrera y prepararse. Seis meses más tarde nació mamá y tres después de ella nació la señora Nadeshiko.
La sonrisa de sus labios desapareció con tan solo pensar en lo siguiente que iba a relatar, en como aquel cuento que al principio parecía ir a tener un final feliz se volvía cada vez más gris hasta ser más bien una crónica trágica de como el mundo de alguien puede derrumbarse de un momento a otro.
-Pero poco tiempo después descubrieron que la abuela siempre estaba llena de moretones y golpes que le provocaba su esposo, así que incapaz de tolerar aquello el abuelo la trajo tanto a ella como a su hija a vivir con él y se hizo cargo de ambas desde entonces. Por eso mamá y el abuelo son tan apegados, él siempre fue como un padre para ella. Siete años más tarde una noche lluviosa de verano, el abuelo se había quedado en casa con Nadeshiko y mamá mientras sus padres visitaban a unos amigos en Fukuoka, pero durante la madrugada les informaron que los tres murieron en un accidente de tráfico cuando el vehículo se despeñó por un barranco. Así que el abuelo se hizo cargo de tanto su mamá como la mía desde entonces. Y bueno creo que conoce el resto de la historia.
La amatista dirigió su mirada a Touya que había permanecido en silencio desde hacía un buen rato, notando la mezcla de desconcierto y dolor que estaba sintiendo en esos instantes. Él había sufrido una pérdida, la más grande que creía poder sufrir en su entonces relativamente corta vida y aún después de todos aquellos años aún había momentos en que no era capaz de lidiar con la pena. ¿Cómo era posible vivir con el dolor de ver morir a tu esposa e hijos y tener que sacar fuerzas de todo ello para cuidar de las supervivientes?
Masaki siempre parecía tan firme, tan confiado, tan inquebrantable, ¿cómo era posible que se viera de esa manera cuando llevaba tanto dolor en su corazón?
-Sabe Touya.- Murmuró ella después de unos segundos de profundo silencio, mientras el trigueño ausente aún parecía no saber cómo reaccionar ante toda aquella información. -A pesar de la vida llena de tristezas y desgracias que ha tenido el abuelo, de las veces en que la vida lo hizo desplomarse y llenarse de dolor, él siempre ha sido un hombre muy amoroso con los suyos. Yo también perdí a mi padre antes de tener memoria de ello, así que él a cumplido su papel como tal por lo que tengo de vida. Se que en el caso de ustedes cometió un terrible error al no acercarse durante todos esos años, pero estoy segura de que si se esfuerza por entenderlo y le da el beneficio de la duda, descubrirá que jamás tuvo una mala intención, que le dolía a él tanto como a ustedes esa separación forzosa y que nada lo haría más feliz que ver a su familia junta de nuevo viviendo en armonía. Solo era un hombre lleno de dolor que cometió grandes errores y que luego no supo como repararlos, pero que aún así está intentando hacerlo.
-Lo sé. Creo que lo comprendí hace mucho tiempo…- Reconoció en medio de un suspiro mientras masajeaba su cien y pensaba en todas las cosas horribles que le había dicho a un anciano que solo estaba intentando integrarlo a su familia.
Los Amamiya no eran un grupo de acaudalados e indiferentes villanos que escogían cuidadosamente quienes se beneficiaban de su compañía, como él había pensado durante la mayor parte de su vida. Eran un pequeño grupo de parientes tremendamente golpeados por la tragedia que habían intentado mantenerse unidos y que aún era una familia por que Masaki se había entregado porque así fuera. Su padre lo sabía y por eso no se había cansado de animarlos a conocerlos mejor, a entender sus motivaciones. Y ahora que al fin lo hacía de lo único que se arrepentía era de no haber cedido a ello antes. Por que al fin y al cabo …
-Después de tanto tiempo despreciándolo y evitando acercármele, es difícil solo… llegar y llamarlo abuelo.
-Yo tampoco creo que él espere algo así, pero podría iniciar por tener una conversación amistosa con él. Tal vez se sorprenda de lo afines que son.
Touya asintió mientras ella continuaba sonriendo y aunque él no dijo nada más al respecto algo en su mirada había cambiado. Era como si se hubiera quitado una enorme venda de los ojos, como si al fin fuese capaz de ver algo que todo aquel tiempo se había negado a aceptar.
-Con respecto a mi padre…- Ahora la que suspiró profundamente fue ella haciendo que él tomara su mano y entrelazara sus dedos como una forma de hacerla sentir más cómoda ante lo que parecía algo de lo que le era realmente difícil hablar. - Solo se que él y mamá estuvieron casados y que murió antes de que yo naciera. Pero mamá jamás habla de él, así que creo que es alguien que le hizo mucho daño y a quien ella prefiere no recordar. Siempre he pensado que las Amamiya tenemos algún tipo de maldición, en la que o jamás encontramos el verdadero amor o no podemos disfrutarlo lo suficiente, así que cuando siento que las cosas van tan bien entre nosotros no puedo evitar pensar que en cualquier momento todo va a desplomarse y tendremos que separarnos.
Al reconocer aquello pudo leer el miedo y la angustia en sus ojos y se sintió terriblemente mal de no ser capaz de garantizarle que no sería así, por que la verdad es que dependiendo de su reacción cuando al fin le revelara su situación, aquella podía no ser solo la primera sino la ultima cita que tenían. Pero no podía decirle aquello en ese momento, no podía romper su corazón después de haber escuchado sus temores. Así que, aunque fuera por un momento quería que sintiera que su historia no tenía que ser tan trágica como la de las demás de sus parientes. Que ella podía tener la posibilidad de hallar y disfrutar a plenitud el cariño de alguien que en verdad la amara.
-Antes habías dicho que soy una especie de príncipe ¿no es así? Entonces si la bella durmiente necesitó un beso para despertar, ¿cuántos necesitas para romper esa maldición que tienes? - Preguntó fingiendo extrema seriedad haciendo que una enorme sonrisa se dibujara en el rostro de ella que queriendo seguirle el juego colocó su mano en su barbilla y fingió estar analizando aquello con la misma mesura que el mostraba.
-Ya he recibido varios besos de usted, algunos realmente intensos si me lo pregunta, por lo que es obvio que uno solo no bastaría. ¡No tenemos otra opción! Supongo que tendrá que besarme todas las veces posibles hasta que lo averigüemos. - Propuso ella mientras sonreía entusiasmada y al sentirlo acomodarse para quedar justo frente a ella cerró los ojos para recibir lo que creía sería el primer beso que él le daba en todo el día. Sintió la mano de él rosar su mejilla en una delicada caricia pero en vez de juntar sus labios con los de ella, lo sintió besar su hombro mientras argumentaba que tal vez el problema era los lugares donde la besaba y no la cantidad de besos.
Ella abrió los ojos algo decepcionada y aunque aquello no era precisamente lo que esperaba, siguió dejando que se deslizara a lo largo de su brazo percibiendo que después de el incidente de aquella noche en su casa, él estaba intentando no ponerlos en una situación comprometedora que los llevara a perder el control. Es decir, estaban a solas en un lugar realmente aislado al que nadie jamás llegaría. Obvio que si se descuidaban podían terminar enredados de maneras en las que aún no se habían aventurado a sentirse.
Se quedó extremadamente quieta mientras él tomaba su mano y bajaba de su codo hasta su palma convencida de que aquello tampoco se sentía tan mal, pero al sentirlo tocar su muñeca e intentar quitarle el reloj de pulsera que traía retiró la mano con rapidez como reflejo, no tardando en darse cuenta por la cara que él tenía que mientras estaba distraída él sin quererlo había sentido algo extraño en ese lugar que despertó su curiosidad.
-Déjame ver tu mano .
-¡No es necesario! Creo que han sido suficientes besos por un día.
-¡Que me dejes ver tu mano, Tomoyo!.- Solicitó con voz firme, visiblemente molesto con la idea de que estuviese intentando ocultarle algo como lo que creía y aunque estaba terriblemente nerviosa pues había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que él le habló de esa manera extendió la mano hacía él, cerrando los ojos al sentirlo quitando el aparato descubriendo así el par de cicatrices horizontales que intentaba ocultar tras el diminuto reloj.
-¡¿Que es esto Tomoyo?!
-Lo siento. Se que fui egoísta pero…
-¡Claro que fuiste egoísta! ¡¿Cómo pudiste intentar algo como eso?! ¿Tienes idea de lo mucho que todos hubiéramos sufrido? ¿De lo mucho que aquello me hubiese enloquecido si algo te pasaba? ¿En qué demonios estabas pensando? -Gritó con tanto dolor e impotencia que el llanto hasta ese momento contenido de ella se desbordó, mientras ella intentaba inútilmente explicar entre sollozos las razones por las que había llegado a ese punto.
-Es tan complicado Touya… no podrías entenderlo.
-Tienes razón, no puedo entenderlo, por eso necesito que me lo expliques. ¡Necesito saber que no vas a salir por esa puerta y hacer una locura!- Él tomó sus hombros con fuerza mientras le decía aquello haciendo que lo mirara, notando que sus palabras solo consiguieron aumentar la intensidad de su llanto. Le estaba hablando demasiado fuerte, estaba siendo bastante rudo. Su corazón sentía tanto dolor al pensar en que pudo haberla perdido que no podía evitar reaccionar de esa manera tan inadecuada. Ella no necesitaba que la cuestionara, que la presionara, aquello le dolía mucho y por eso le era tan difícil hablarlo con él. Su actitud no ayudaba en nada, el que estuviera al borde de la histeria no ayudaba en nada.
-Lo siento, lo siento mucho. Siento haberte gritado, no quiero gritarte… pero en serio estoy aterrado. Se que es difícil para ti hablar de ello pero… por favor… me volveré loco si no me lo dices. Tomoyo… por favor necesito saber por qué te haces esas cosas.
Él tomó sus manos intentando ser delicado esta vez y procuró calmarse para ya no alterarla. Ella seguía llorando ahí en silencio y el no tenía idea de que hacer. Esas marcas no debían tener mas de un par de semanas de hechas, su otro brazo también tenía marcas similares aunque más antiguas. Aquel no era solo un desliz pasajero, era algo que ella había intentado al menos media docena de veces, pero por más que lo pensaba no conseguía comprender por qué una chica que lo tenía prácticamente todo podía intentar atentar contra su vida.
-Desde que soy pequeña... -Comenzó a explicar ella mientras intentaba controlar sus lágrimas y su voz temblaba. - tengo este sentimiento de que estoy volando fuera de mi cuerpo mirándome y ... odio lo que veo.. Y llega un momento en el que todo parece demasiado, donde estoy demasiado cansada para seguir luchando contra esos pensamientos y solo quiero darme por vencida. Me esfuerzo por no sentirme así, por sonreír siempre, por convencerme de que en algún momento pasará, pero al final del día, aunque dé lo mejor de mí aunque me esfuerce por hacer felices a quienes están a mi alrededor, al final cuando estoy sola en el silencio, me siento completamente vacía y me odio por sentirme así. Yo... había conseguido manejarlo, había logrado mantenerlo bajo control por mucho tiempo pero últimamente cuando recuerdo todo lo que pasó aquel día, todo lo que él me hizo yo... solo quiero dejar de pensar, de sentir, de recordar.
-¿Él? ¿De quién hablas? ¿Que fue lo que te hizo?
El silencio que ella guardó tras su pregunta fue aun mas desesperante que cualquiera que hubiera sentido en su vida. Su mente no dejaba de pensar todo tipo de barbaridades, de tragedias. La tentación que sentía de volver a alzar la voz y exigirle que se lo dijera era realmente intensa, pero esperó, esperó a que ella reuniera las suficientes fuerzas para volver a hablar mientras casi no podía contener sus constantes gimoteos.
-En realidad te mentí. Yo… no es cierto que aquella era la primera vez que había estado tan cerca de un hombre, tampoco es cierto que siempre detenía a Ryu cuando trataba de llegar mas allá. En una ocasión, en el día de su cumpleaños diecinueve, decidí ir a su casa para darle una sorpresa, pero al llegar me di cuenta de que estaba actuando raro, quise irme, alejarme de él pero... terminó por encerrarme con llave y a partir de allí ya no fui capaz de detenerlo. Fueron las peores horas de mi vida.
Él la abrazó con fuerza mientras ella terminaba de perder la compostura y lloraba con tanta desesperación que pensaba que se desmayaría por su incapacidad de respirar, tal y como aquel día en que ese imbécil había intentado forzarla. Aquel día en especial cuando tuvo aquel ataque de pánico, en realidad le sorprendió bastante que siendo tan serena ella reaccionara de manera tan histérica a aquella situación, pero ahora entendía que lo hacía por que le aterraba que le hiciera revivir todo aquel sufrimiento que ya le había hecho experimentar en el pasado, que volviera a hacerla vivir aquel infierno que aún después de años la había estado haciendo sentir tan miserable que terminaba haciéndose daño a sí misma.
-¿Por qué seguías con ese desgraciado, por que toleraste algo como eso?
-Él me juró que no recordaba nada. Dijo que estaba muy tomado en ese momento y que aquello no había sido intencional. En serio creí que decía la verdad, que no era tan cruel para lastimar así a alguien a quien decía amar. Y es tan frustrante, por que aunque pase el tiempo aquello sigue doliendo igual, sigo teniendo pesadillas al respecto. Y aunque estoy segura de que no vas a hacerme daño aunque estemos aquí a solas, mi corazón no deja de latir tan fuerte que casi no me deja mantener la calma. Y ya no quiero que eso me suceda, ya no quiero que esto me perturbe tanto, ya no quiero odiarme por no haber sido capaz de hacer nada, ya no quiero que tenga que buscar las cosas que yo no puedo darle en otra persona.
-Tomoyo… no es cuestión de que temas que me vaya porque tengas miedo, es que si me voy porque temes entonces simplemente deberías dejarme ir.
-Pero yo no quiero que se vaya, yo no quiero que deje de amarme.
-Pequeña…- Susurró mientras rompía el abrazo e intentaba mirarla a los ojos, destrozado con la simple idea de que ella creyera que sus sentimientos se basaban en algo tan trivial como el placer que podía o no conseguir de ella.- Cuando te digo que te amo no es porque te desee, o por qué quiera conseguir algo de ti, no tiene nada que ver conmigo. Amo lo que eres, lo que haces, como lo intentas. He visto tu amabilidad y tu entrega, y creo que eres la persona más fuerte que jamás he conocido, eres mucho más fuerte de lo que yo soy o llegaré a ser alguna vez. He visto lo peor y mejor de ti, y entiendo con perfecta claridad quien eres realmente. Eres la mujer que amo y que amaré el resto de mi vida, independientemente de que tan roto tengas el corazón. Y si tengo que pasarme el resto de la vida intentando que ya no tengas miedo, que ya no quieras lastimarte, te juro que eso haré. Eso jamás será razón suficiente para alejarme de ti.
-Gracias. No te imaginas lo mucho que me tranquilizan tus palabras.
Al verla sonreír tan desastrosamente feliz, sabiendo que estaba tan jodidamente rota por dentro, sintió unas ganas incontenibles de gritarle que se merecía un amor tan grande como el universo tantas veces como fuera necesario para que ella le creyera.
En ese momento, solo quería decirle cuanto le dolía que no supiera lo perfecta que era solo porque un tonto le hizo pensar que estaba rota, solo quería recordarle y hacerle sentir que era hermosa por todo lo que él la hirió, por todo lo que él mismo la había herido con sus estupideces. Ella se había pasado toda su vida pensando que había algo malo en ella, que no se merecía el amor de los demás, cuando la verdad era que cuando la veía sonreír, simplemente no entendía como alguien no supo cuidarla antes. Pero nada salía de su garganta, nada le parecía suficiente para que aquello ya no siguiera haciéndole daño.
¿Cómo podías luchar contra un recuerdo, contra una herida invisible que había marcado su mente, su corazón y su cuerpo? ¿Con palabras, con sentimientos, con acciones o simplemente con todo aquello junto? No lo sabía, pero de lo que si estaba seguro es que no la quería ver sufrir así nunca más.
-Escucha... quiero intentar borrar esos malos recuerdos de tu cabeza, quiero intentar… que al menos sientas que esas cosas no tienen porque ser así de tortuosas. Pero necesito que me prometas que si no te sientes cómoda o no te gusta, solo… me detendrás. ¿De acuerdo?- Solicitó mientras se ponía muy serio y aunque ella tardó unos segundos en asimilarlo al ver la impotencia en sus ojos asintió dándole el permiso para que lo intentara.
El cielo estaba teñido de un intenso rojizo anunciando la inminente llegada de la noche, mientras un par de nubarrones estorbaban la poca luz que aun entraba a través de la ventana de aquel salón. Ya llevaban un buen rato sentados en aquel sofá en silencio, pero nunca antes habían sido tan conscientes de los gestos y movimientos del otro como en ese instante. Él estaba muy pensativo, aunque había dicho aquello no tenía idea de por donde comenzar. ¿Y si la tocaba de alguna manera que le trajera un mal recuerdo? ¿Y si en vez de aliviarla solo conseguía empeorar su trauma?
Después de un rato la sintió inclinarse hasta él para besar sus labios y quitarle la carga de ser quien tomara la iniciativa en ello, y aunque él seguía dudando respondió a su beso con calma y dulzura, hasta que por fin la hizo recostarse en el sofá lentamente sin tocarle ni un solo cabello.
Era obvio que estaba dándole tiempo a arrepentirse, a retroceder, pero ella seguía tranquila, abrazándole mientras él seguía allí apenas rosando sus labios. Continuó así un buen rato hasta que naturalmente aquellos besos fueron volviéndose cada vez más largos y profundos, y cuando ya no les quedó más opción que alejarse para poder recuperar el aire en sus pulmones, se miraron mientras ambos sentían como sus labios palpitaban a la vez que las primeras gotas de lluvia hacían eco contra la ventana junto a ellos.
Él seguía inseguro, buscando en sus reacciones algo que le indicara que debía parar, pero ella seguía tranquila, solo dejando que poco a poco renunciara a sus temores. Sabía que tampoco era fácil para él, que aquello era demasiada responsabilidad, así que siempre que podía intentaba acariciar su pelo u espalda para recordarle que ella estaba totalmente de acuerdo con ello.
-Puede quitar los botones si quiere. De todas formas no es la primera vez que me ve de esa manera. -Señaló ella al verlo dudar entre sí tocar o no el cuello de su blusa y al notar que aún así seguía inseguro, ella misma deslizó sus dedos por los botones antes de que él simplemente la detuviera diciéndole que ya había entendido, haciendo que ella no pudiera evitar reírse de que estuviera actuando como si no hubiera hecho aquello antes, aunque a la vez era algo que agradecía. Saber que no era la única que estaba nerviosa le daba un poco mas de calma. Le hacía sentir que más que sensaciones realmente estaban compartiendo sentimientos.
Él volvió a inclinarse ligeramente hacía ella para besar sus labios pero esta vez cuando volvieron a separarse, fue descendiendo a través de su barbilla y cuello a la vez que más tranquilo retiraba uno a uno los botones de su blusa, besando el caminillo que se iba formando al paso de sus dedos quienes ni siquiera intentaron quitarle por completo aquella prenda. Él seguía moviéndose con extrema parsimonia y ella apenas podía controlar sus reacciones ante aquel nuevo tipo de cosquilleo.
-Si nos vamos ahora no nos atrapará el aguacero. -Susurró cuando sus labios estaban a punto de descender hasta su ombligo intentando ver si aquello era suficiente para sacar a flote sus dudas, pero en cambio solo recibió una sonrisa mientras ella le decía algo divertida que no se libraría de aquello con una excusa tan barata.
-No sólo soy mandona e histérica sino muy curiosa. No voy a dejar que te vayas sin antes saber que es lo que me quieres hacer.
-¿Qué crees que quiero hacerte?- Preguntó sin relajar sus facciones tan tenso que casi parecía estar molesto, pero escuchar aquel "Feliz" salir de los labios de ella fue casi tan demoledor como aquella enorme sonrisa que atravesó la comisura de sus labios en ese instante.
Se escondió en su pecho unos segundos sin poder tolerar que siguiera leyendo sus pensamientos a través de sus ojos y ya cuando reunió suficiente voluntad en si mismo gracias a la manera tan dulce en que ella acariciaba su cabeza se movió hasta donde descansaban sus pies y quitándole los zapatos besó sus dedos con extrema dulzura mientras ella sentía pequeñas y agradables cosquillas recorriéndola entera, siendo apenas un tembloroso resuello lo que salió de sus labios al sentirlo ascender desde allí hasta sus pantorrillas mientras sus manos la acariciaban más allá de sus muslos haciendo que sus labios comenzaran a temblar. Él seguía moviéndose con extrema lentitud y ella sentía como su piel se erizaba cada vez que su roce se acercaba más al sur, y al sentirla comenzar a removerse abrumada por su roce él tomó su mano y entrelazando sus dedos con los de ella mientras levantaba la vista le preguntó si quería que parara. Su respuesta fue negar con la cabeza mientras entrelazaba sus dedos a los de él y le aseguraba que estaba bien.
-Creo que es la primera vez que me besan en esos lugares, así que tengo más cosquillas de lo normal. Es todo. Continúe por favor.
Obedeciendo él volvió a besarla justo dónde se había quedado y deslizó sus dedos lentamente debajo de su falda terminando por rodar su ropa interior a través de sus piernas mientras ella contenía la respiración y sus dedos rosaban su entrepierna con delicadeza notando para sorpresa que ella ya estaba tremendamente húmeda. Suspiró aliviado al comprobar con ello que en verdad ella había disfrutado todo lo que había hecho hasta ese instante y mucho más motivado decidió que se daría la oportunidad de seguir con lo que ya tenía planeado.
Ella cerró los ojos al sentirlo arquear sus piernas y colocarse entre ellas era obvio que esperaba que en cualquier momento él también se quitara la ropa y la poseyera en ese instante, pero su sorpresa fue aun mayor cuando lo sintió arrodillarse frente a ella y sin retirar su falda, besarla en aquel lugar escondido, separando luego los pliegues de su intimidad con los dedos y comenzando entonces a estimularla con su lengua y labios, haciendo que su voz se convirtiera en un tembloroso hilo. Ella pareció resistirse al principio por lo vergonzoso que le resultaba sentirlo allí pero no tardó en ceder embriagada por aquellas nuevas sensaciones mientras él sentía su temperatura aumentar, su esencia llenar su olfato y su cuerpo contraerse al mismo tiempo que aquellas sensaciones eléctricas recorrían su cuerpo llevándola a jadear ante el contacto mientras su piel se erizaba.
Después de un rato en aquella tarea él le preguntó mas confiado si le molestaba que intentara algo más, y al verla negar con la cabeza apenas consciente mientras cubría su boca con la mano, intentó asomar sus dedos en su abertura tan lentamente que ella apenas notó el cambio hasta que él comenzó a estimularla internamente a la vez que respiraba profundo intentando no pensar en lo cálida y agradable que se sentía y en aquella necesidad que comenzaba a experimentar su cuerpo de unirse a ello.
En ese momento pensó en que debía retroceder y parar antes de que fuese demasiado tarde para él, pero al sentir los dedos de ella enredándose en sus cabellos incapaces de hallar otra manera de sostenerse ante el estímulo adicional mientras comenzaba a gemir sin contenerse, abrumada con aquella sensaciones que la hicieron estremecer, se deleitó con lo avergonzada que parecía estar de sus propios sonidos que a ella le parecían indiscretos y a él adorables, y ya llegados a un punto sin retorno la escuchó murmurar algo confundida que sentía que moría.
Sonrió ante su pura inocencia mientras le aseguraba que era justo lo que debía sentir y la dejó entregarse a aquello comprobando por lo tensa de su respiración que acababa de llegar al límite. Su cara estaba tremendamente enrojecida, sus labios permanecían entreabiertos como si el aire que respiraba normalmente fuera insuficiente para su cuerpo y casi podía escuchar el sonido palpitante de su corazón agujereando su pecho.
-¿Cómo te sientes?- Le preguntó cuando la vio al fin incorporarse y al escucharla soltar aquel "de maravilla" mientras se acurrucaba en su pecho pudo leer en sus ojos desde la emoción por lo desconocido, hasta aquella ligera pena por todo lo implicado en aquello, pero afortunadamente no había ni miedo ni arrepentimiento en ella. Besó su frente mientras la dejaba recuperarse y permanecía en silencio intentando que su propio cuerpo se calmara, pues decir que todo aquello ni siquiera lo había inmutado sería mas que una crasa mentira. Claro que en ese momento lo único que quería era tomarla por completo, mostrarle lo delirante de aquellas sensaciones cuando ambas partes estaban resueltas a hacerse sentir bien, pero sabía que lo que había estado haciendo hasta ese instante cruzaba por mucho la barrera de lo que sentía podía permitirse en sus desastrosas circunstancias. Y es que aun ni siquiera había tenido el valor de contarle la verdad, y después de lo recién descubierto mucho menos quería hacerla pasar por esa desagradable experiencia.
-Imagino que esto le encantaba a Yoko.- Comentó ella sin poder disimular cierta incomodidad al mencionar a la que consideraba su rival y riendo ante lo graciosa que se veía celosa le aseguró que ella era la primera mujer a la que le hacía algo como eso, ganándose una mirada incrédula de parte de ella quien se alejó de su pecho solo para comprobar si le estaba tomando el pelo.
-¿Bromea? Lo hace demasiado bien para ser la primera vez.
-Eso es por que soy un genio, pequeña. Todo lo que me propongo lo hago demasiado bien. - Aseguró mientras le daba un golpecito en la frente y la veía sonreír satisfecha y volviendo a recibirla en su torso pensó en que aunque aquello lo decía con toda la sinceridad del mundo, al mismo tiempo aquello le causaba cierto escozor.
Se había acostado con Yoko cerca de una decena de veces y la verdad no sabría decir con exactitud si ella realmente lo había disfrutado o simplemente participaba en aquello como una especie de pago por el buen trato recibido en aquel momento de crisis emocional, eso sin mencionar que él estaba demasiado ocupado en si mismo para si quiera considerarlo. Y sin embargo ahí estaba dándoselas en justo, conteniendo sus impulsos para no revivirle a Tomoyo un trauma que le había causado otro tipo que la había usado como un mero objeto de placer. Y es que si bien era cierto que jamás la obligó a nada y que en líneas generales ella era quien usualmente tomaba la iniciativa en aquellos encuentros, tampoco era como si él alguna vez le preguntara si en serio estaba cómoda con ello o si de verdad se sentía a gusto con su forma de tratarla.
En el fondo sabía que estaba siendo egoísta y que dormir con ella sin amarla no era honorable, pero en vez de ser sincero y dejar de actuar por despecho, había decidido seguir con aquella farsa aun sabiendo que nunca llegaría a sentir por ella más que compasión y empatía. No era que Tomoyo fuese mas sensible, ni que con Yoko siempre tuviera poco tiempo, no era que Tomoyo le fuera más atractiva o que la experiencia que Yoko manifestaba no le fuera placentera, era que simplemente nunca le interesó que ella lo disfrutara, porque ella nunca le interesó más que para dar salida a su frustración. Se sentía tan cínico con solo pensarlo. En el fondo solo era un hombre egoísta, celoso, temperamental y narcisista que se había dado cuenta demasiado tarde de que todo lo que haces en la vida tiene consecuencias y que había afectado a una chica inocente en el proceso. Tomoyo se merecía un amor tan grande como el universo y definitivamente no estaba seguro de que el que él le ofrecía estaba a la altura de ello.
Se quedó meditando un buen rato en todo aquello y cuando su mente se cansó de tanto pensar, miró el aguacero que se deslizaba por la ventana y comentó a Tomoyo que tal vez debía llamar un taxi para que la llevara a casa en vista de que no parecía ir a dejar de llover pronto, comprobando así que ella se había relajado tanto que se había quedado dormida. Definitivamente sería rico si le cobrara por todas las veces en que lo usaba de cama, aunque sería hipócrita decir que no le alegraba sentirla así tan cerca respirando con tanta calma mientras tenía la camisa desabrochada y podía ver parte de sus pechos y su diminuto ombligo.
Debía reconocer que daban ganas de despertarla a besos y explorar todos los lugares que no había podido sentir y disfrutar hasta ese momento, pero aquella parte cuerda de él lo motivó a solo deslizar sus dedos cuidadosamente por la pieza de ropa y abrochar los botones para cubrirla, porque al fin y al cabo así era lo que sentía por ella.
No sólo era lujuria y atracción, pasión y frenesí. Cuando la tenía cerca sentía una necesidad indescriptible de cuidarla, de hacerla rabiar y sonreír, de observar hasta la más simple de sus reacciones, de conocer aquellas cosas que los otros ni siquiera sabían que existían en ella. Encontrarla bajo la lluvia aquella noche en condiciones tan deplorables sin duda representó un antes y un después en su relación, pero el momento exacto en que eso se convirtió en amor era realmente desconocido para él. Solo sabía que un buen día al conocer el mal humor que había detrás de ese carácter tan apacible, al descubrir que en el fondo de aquella eterna sonrisa era una llorona, al ver sus ojos brillando por algo que le gustaba, al observar su sonrisa, la más radiante que había visto hasta ese momento, simplemente se enamoró, y desde entonces era feliz intentando llenar sus vacíos emocionales, curando su alma del pasado, cicatrizando cada herida, y al verla así tan indefensa entre sus brazos no le cabía ninguna duda de que aunque su amor no fuera suficiente… al menos quería intentar hacerla feliz.
Besó sus labios con delicadeza una vez más y acomodándola en el sofá, tomó el teléfono y saliendo al porche de la casa hizo aquella llamada. Llovía con demasiada fuerza y las gotas de aquel aguacero empapaban sus zapatos, pero no quería retroceder ni dudar más. Esperó uno, dos, tres repiques y justo cuando iba a colgar escuchó aquella voz detrás de la línea y un "justo estaba a punto de llamarte" que salió de sus labios.
Las palabras siguientes hicieron eco en su cabeza casi tanto como las finales, y cuando vino a darse cuenta Tomoyo le estaba abrazando allí bajo la lluvia mientras él era incapaz de siquiera reaccionar a su calor y al hecho de que ambos estaban empapados, solo un lastimero "no la tendrá" salió de sus labios mientras ella le miraba realmente desconcertada y sin decir nada al respecto sintió su delgada mano halándolo hasta dentro de la casa mientras apenas podía arrastrar sus pies tras de ella. La lluvia seguía cayendo y aunque afuera estaba helando, nada en él se sentía tan frío como su propio corazón.
Y hay está el capitulo.Les cuento que he tenido que dividirlo en dos porque era demasiado intenso para resumir todo en menos de 9000 palabras que es lo que usualmente dura cada capítulo.La historia familiar y confesión de Tomoyo realmente puso en jaque los objetivos y deseos del moreno pero ahora después de tener aquella engorrosa conversación con Yoko ¿Qué pasará? ¿Cómo reaccionará Tomoyo a toda esa información que tiene que asimilar de golpe?¿Que pasará con nuestros dos protagonistas.Espero que se hayan sentido cómodos con la escena subida de tono y que se preparen para el próximo capítulo en el que a menos que cambie de opinión al editar habrá mucho más acción, además de llegará la tan esperada boda de Yukito y Nakuru.En pocas palabras, si este capítulo fue intenso, les faltaran pañuelos y pastillas para el corazón en el siguiente. Pero siempre recuerden a Sakura, pase lo pase todo saldrá bien, se los prometo.Les envío un montón de besos y abrazos y nos leemos pronto.Att: Brie97
