Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Latidos

― Es comprensible que esté recelosa y completamente normal que surjan dudas. ―Explicó James como si se tratara de un profesional en problemas de pareja.

Caminó conmigo a la par. Después de la llamada que hice hoy por la mañana me había esperado en el estacionamiento del despacho con un café en mano. Si algo debía agradecer, era tener un gran amigo casi hermano que estaba siempre aconsejando cuando mi cabeza se llenaba de mierda.

― Si Bella te pidió paciencia debes ser tolerante, cretino ―aconsejó dejando un puño en hombro.

Resoplé porque sabía que James tenía razón. Entramos al edificio deteniendonos al mirar salir de una de las oficinas a la amiga de Bella quien salía acompañada por Jade, mi secretaria.

Jade empujó con su índice el puente de sus lentes.

Detenida frente al escritorio de recepción me miró con su frente arrugada, por su expresión sabía que quería decirme algo.

Volví a tomar un trago de café, esperando que hablara. Ella siendo una secretaria ejecutiva y con experiencia de más de veinte años, según su currículum, aclaró su garganta.

― Buenos días, señor Cullen. Hice la entrevista que solicitó, la dejaré en el puesto de asistente del señor McCarty, ¿le parece bien?

La amiga de Bella rehuyó mi mirada concentrada en sus zapatos altos. Vi de reojo a James y sabía que se estaba burlando de la inseguridad de la rubia, mientras me concentre en dar un asentimiento a Jade que esperaba por mi respuesta.

― Buenos días ―saludé con formalidad, al estrechar la mano con la chica, ella volvió a bajar su mirada con timidez―. Bienvenida.

Gabrielle solo dio una leve sonrisa.

― De verdad, ¿van a emplear a la muda? ―inquirió James al continuar nuestro camino. Le hice un gesto que se callara porque la rubia estaba a dos metros atrás de nosotros.

― Por qué mierda tienes que poner calificativos en las personas ―masculle, dejando entreabierta la puerta de la oficina, deslizándome en mi silla de cuero empecé a leer una peticiones legales que debía redactar.

― Es la verdad, parece muda, ¿qué no? ―continuó diciendo―. La noche pasada no pudo hilar dos palabras juntas, es desesperante intentar dialogar con ella. Dios me libre de una mujer tan sumisa y aburrida. No tiene iniciativa para una conversación solo está arratonada todo el tiempo, y no sabes si está teniendo una crisis existencial o es una aparecida.

― Con permiso… ―miré a la puerta al escuchar apenas la suave voz de Gabrielle. Ella entró en la oficina con pasos inseguros y su cabeza inclinada dejando sobre el escritorio un dossier―. Jade me dijo que tiene pendientes por revisar.

Su rostro enrojecido daba entender que había escuchado lo dicho por James. No lo miró en ningún momento manteniéndose con su vista sobre los documentos.

― ¿Ya llegó McCarty? ―pregunté para romper la tensión.

― No ―musitó―. Jade me dijo que cuando no esté el señor McCarty atenderé los pendientes de usted.

― ¿Y qué hará ella? ―cuestioné.

La chica encogió sus hombros.

― Puedes retirarte ―pedí. Ella dio media vuelta y salió casi corriendo de la oficina.

― Eres un idiota ―proteste a James. Aunque él estaba algo entretenido mirando hacia la puerta―. No te das cuenta lo aterrada que está, debes ser más prudente.

― No me di cuenta que habías dejado la maldita puerta abierta. Además, no dije nada malo, ella no habla ―argumentó― se comporta como una adolescente en apuros y no como la mujer de treinta y cuatro años que es. Se nota que no tiene intenciones de socializar, insisto que parece una muda.

― ¡Cállate! ―exigí mirando hacía la puerta― te escuchará.

Se puso de pie tomando su café del escritorio.

― Tengo un nuevo contrato, es urgente le eches un vistazo ―mencionó, detenido en la puerta―. Más tarde iré a ver a mis pulgas, y llevaré los papeles para que los revises. Por cierto, ¿cómo estuvo la primer noche?

Apile los documentos que leía.

― Pudieron dormir dos horas cuando mucho. Eso sí, antes de salir de casa dormían profundamente y se habían adueñado de mi lado en la cama. Te puedo asegurar que nadie en casa a dormido lo suficiente

― Esto pasará, cretino. Son niñas y he escuchado que al cabo de unos meses vuelve todo a la normalidad. Es bien sabido que al ser chicas su instinto angelical saldrá a flote y podrás dormir a placer.

James se marchó dejándome meditar; esperaba con ansias que mis niñas crecieran si es posible en un suspiro. Eran hermosas, dulces y suaves, en cambio tenían buenos pulmones para no parar de llorar por horas, su llanto más parecido al rechinido de un violín era una melodía que llegaba a aturdir a cualquiera que las tuviese cerca.

Sonreí para mi mismo, esto jamás lo admitiría a nadie.

Volví mi mente a los documentos que había esparcidos en el escritorio, tenía que empezar a trabajar de una vez porque la Universidad de mis hijas no se pagaría sola. Estaba concentrado cuando Gabrielle entró con un puñado de cartas postales que dejó sobre el escritorio.

― Jade me dijo que todo este correo no tiene remitente. Viene dirigido a usted y…

― Puedes tutearme, por favor.

Ella asintió. Tomé un sobre y lo abrí de inmediato: eran hojas en blanco, sin embargo estaban ligeramente perfumadas. El aroma floral era suave y exquisito, no lograba reconocer al tipo de colonia que pertenecía. Continúe abriendo sobre a sobre y cada una contenía lo mismo; con ese ligero aroma ahora impregnado en mis manos y oficina.

― Qué demonios… ―maldije al sentirme asqueado.

― Quizás puede ser una nueva fragancia ―dijo Gabrielle frente al escritorio, estaba olisqueando una de las hojas en blanco―. No puede ser de una marca reconocida, este es un poco más empalagoso.

― ¿Dónde estaban?

― Supongo que en el buzón ―respondió con mayor confianza y sin dejar de olfatear las hojas que estaban en sus manos―. Jade me dijo que era correo para ti.

Arrugué cada maldita hoja y las llevé al cesto de basura.

― No vuelvan a traer correo sin remitente. No tengo tiempo para perderlo en idioteces.

― ¿Puedo llevarme una hoja? ―la observé extrañado ante su petición―. Hoy iré al centro comercial, tal vez pueda averiguar el nombre y así tú deducir de quién se puede tratar.

― ¿Irás con Victoria? ―fue su turno de mirarme sorprendida―. Ella es la mejor amiga de Bella y no me gustaría que esto se volviera un malentendido.

― Bella también es mi amiga. Y no te preocupes, mi intención no es llevar chismes del despacho a mis mejores amigas.

― ¿Bella alguna vez te habló de mí? ―mi comprensión llegó después de la pregunta lanzada. Fue extraño querer saber si Bella hablaba de mí con sus amistades.

Sonrió tímidamente.

― Tampoco estoy aquí para divulgar mis conversaciones con mis amigas.

Su respuesta me dejó con más dudas. De pronto me interesaba saber si estaban al tanto de las inseguridades de Bella y cuáles eran sus consejos, seguro la pelirroja me echaba mierda, pero ¿ella también lo hacía?

― Está bien ―acordé, dándole una de la hojas perfumadas y sacando de mi cabeza el montón de idioteces que estaba pensando―. Cuando hayas descubierto que fragancia es, me dices.

Al marcharse me quedé pensando en qué momento de la vida de Bella se hicieron amigas. Estaba enterado cómo se conoció con la pelirroja, esa historia la sabía al derecho y al revés, en cambio estaba curioso por saber si Gabrielle llegó cuando yo me marché de la vida de su amiga o quizás cuando ésta estaba con alguien más y sí se trataba de Eric, entonces no quería saber nada.

Estuve divagando otros minutos volviendo a mi mente las estúpidas cartas. Por mucho que me forzara a creer, no se trataba de una broma de ello estaba seguro. Alguien trataba de sacarme de mis casillas, alguien quien conocía qué mi paciencia era mi punto débil.

Esa tarde al volver a casa mi madre y Renne cocinaban juntas frente a la estufa, el aroma era realmente apetecible, mientras Charlie dormitaba en un sillón con la televisión en el noticiero; le molesté un poco y apague el aparato para hacerlo gruñir discutiendo que estaba viendo la televisión. Les saludé sonriente a las mujeres yendo directo a la habitación de las niñas, y allí encontré a Bella vistiendo a cada una con esos cortos vestidos de tul rosa.

― Miren chicas, llegó papá ―sostuvo en sus brazos a Daphne y me mostró lo hermosa que se miraba con su lazo en la cabeza sin pelo, mi niña pataleo sin tener idea de quién era yo y fue turno de tenerla en brazos, no sin antes besar a su madre.

― ¿Por qué las pusiste tan hermosas? ¿Tienes pensado salir?

― No. Solo quise que al llegar a casa las vieras bonitas. Después de un largo día fuera, me gustaría recibirte con ellas luciendo sus mejores vestidos para ti. No te parece buena idea.

― Desde luego. ―Me acerqué a la cuna y sostuve a Eileen y besé su frente, ella también lucía el mismo vestido que su hermana, de hecho las cuatro vestían igual solo el lazo en su cabeza tenía diferente color. Las devolví a la cuna y fue el turno de tomar en brazos a Grace que seguía siendo la más pequeña, solo con mayor peso―. No sé te hace que están más grandes, ojalá crezcan muy rápido.

― Sí, todas han ganado peso y algunos centímetros más. ¿Por qué no viniste a comer? ―reprochó.

Dejé a Grace y fue el turno de Arienne. Ella era mi pelirroja linda, la única en este mundo capaz de hacerme suspirar de ternura. La eleve más arriba de mi cabeza, era una risueña hambrienta.

― Te dije que iría con McCarty a un restaurante cerca de la oficina. Estuve lleno de pendientes y tuvimos que regresar de inmediato. ―Le expliqué de nuevo lo que había dicho unas horas antes. Seguía centrado en Arienne cuando la leche salió disparada por su boca y aterrizando en mi camisa, se había vomitado.

― No debiste hacer eso ―discutió Bella apretando sus labios, quitó la niña de mis brazos― ellas acaban de comer, aún están llenas.

Suspiré para después reír ante la risa oculta de Bella. Ella soltó una gran carcajada mirando la gran mancha de vómito en mi camisa.

― Será mejor que te des una ducha ―dijo, guiándome a la puerta―. Nuestras madres han preparado una deliciosa cena.

Sujeté su cintura y la acerqué a mi cuerpo.

― Quiero ir al loft ―susurré en la piel de su garganta― vamos un rato, ¿si?

― Está bien, esperaremos después de la cena ―prometió.

De mejor humor decidí que debía ducharme y cenar rápido.

-0-

Mi humor y planes se fueron al carajo cuando nuestras amistades seguían en casa después de cenar. Las niñas estaban en sus mecedoras musicales y nada parecía molestar su mundo, hubiese sido un momento perfecto para nosotros poder escapar un rato, pero no, en cambio seguíamos aquí, escuchando las carcajadas de James y Victoria.

Mamá, Renee y Charlie eran los únicos que les causaba gracia las tonterías que la pelirroja contaba como anécdotas. Bella estaba inquieta y ya no reía después de escuchar por más de una hora a su amiga charlar de todos sus fracasos amorosos.

Intuía que Bella quería que nos fuéramos a encerrar al loft. Al menos eso quería creer.

― Se quedan en su casa ―dije tomando la iniciativa y sujetando la mano de Bella, ella me sonrió ansiosa siguiendome tan pronto para abrazarme―. Bella y yo iremos a caminar un rato.

― ¿A esta hora? ―preguntó mamá―, pero son pasadas las 21 horas.

Le observé sin Esme entender la frustración en mis ojos.

― Si, es muy noche para salir por las calles ―comentó Renee con su amable sonrisa, tomó la mano de su hija y la hizo sentarse para seguir escuchando las sandeces de Victoria.

Exhalé sentándome junto a Bella.

― Ya vámonos ―susurré en su oreja, llevando mi brazo por sus hombros.

― Esperemos un poco ―musitó.

Enojado me recargue en el sofá, eché mi cabeza hacia atrás y cerré mis ojos…

― Edward… mi amor ―se escuchaba a lo lejos la voz de Bella― es hora de ir a la cama.

Abrí los ojos pasando mis palmas por mi cara, toda la estancia estaba en penumbras y con un reconfortante silencio.

― ¿Qué pasó?

Bella sonrió tirando de mi mano guiándome hasta la habitación.

― Victoria y James se han marchado y nuestros padres descansan en sus habitaciones. Te quedaste dormido, amor.

Me sentó en el borde de la cama y comenzó a desabotonar mi camisa, le ayude más animado y despierto mientras mis manos amasaban sus glúteos.

― Vamos a la ducha ―sugirió volviendo a tirar de mi mano, yo era su jodido esclavo y Bella podía hacer conmigo lo que quisiese.

― ¿Y las niñas? ―pregunté al recordar la cama vacía.

― Duermen en su cuna. No creo que despierten ellas están satisfech...

Bella no había terminado de hablar y yo estaba avasallando su boca con la mía. La quería tanto que solo quería hundirme en su interior, la ropa cayó por completo en el piso, estábamos ansiosos por tocarnos y apenas habían caído el primer chorro de agua tibia y mi boca saboreaba sus senos cuando el fuerte chillido se escuchó.

― Las niñas ―jadeó Bella― debemos ir a verlas porque si una llora despertará a las demás.

― Renee o mamá se harán cargo ―gruñí, buscando con ansias su clavícula para morder y chupar su piel mojada. Bella se relajó y volvió a hundir sus uñas en mi espalda frotando su pelvis en mí.

De nuevo unos fuertes lloridos llenos de coraje nos hicieron detener.

― Tenemos que ir a ver qué sucede. ―Me alejó e hizo una mueca al enredarse en una toalla.

Me quedé ahí, bajo el chorro de agua que ahora era fría y llevé un golpe a la pared haciendo caer una gel de baño, me acuclille a levantar el bote dándome cuenta del olor tan idéntico al de las cartas.

― Esta loción no puede ser de Bella ―murmuré para mí― nunca había visto este gel aquí.

Cerré el grifo dispuesto a preguntar, me vestí con lo primero que tocó mis manos y descalzo fui a la habitación de las niñas.

― ¿De dónde sacaste esto?

Bella se volvió confundida, tenía a Grace en sus brazos mientras las demás niñas reclamaban por atención.

― Hoy me llegó al buzón ―encogió sus hombros arrullando a la niña― es una muestra de un nuevo producto. ¿Por qué?

Dejé la muestra de gel en la cuna y ayudé con las niñas, su llanto se había vuelto estridente.

― Hoy recibí en la oficina unas cartas con este mismo olor, no tenían remitente.

― Será qué alguien intenta jugarnos una broma. El paquete que llegó a casa tampoco tenía el nombre de los fabricantes ―explicó ella.

Los chillidos se hicieron más agudos y fue nuestro turno para centrarnos totalmente en ellas.

Entretanto mi mente solo podía repetir el nombre de Alice...


¡Hola! De verdad, creen qué Alice esté de regreso, ¿ustedes qué opinan? Qué les parece que las pulgas no dejan un rato de paz a sus padres, siendo honesta yo no podría cuidar de 4 bebés, ustedes tampoco, lo sé.

Muchísimas gracias por cada favorito, alerta y reviews que me dejan.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: (Guest): aquí está el capítulo un poco tarde. Claudia: gracias a ti por leer. LittlePieceOfMyMind: estarás más feliz porque Victoria seguirá invadiendo cada capítulo. Lizdayanna: parece que James llegó para calmar la mente de Edward. Vanina Iliana: tienes razón. PaolaValencia: oh, él seguirá, parece que no entiende un no.Veronica: y sí, se está preparando. Lily: gracias. debynoe12: a ti por comentar. Vane: no diré nada. Nancygov: por lo pronto están siendo honestos y ese es gran inicio. Daniela: pobres, no quiero ser ellos. Pameva: se adaptan bien en el día mas, no en la noche. cavendano13: y mira que bien mucho sabor para sus vidas. Lili Cullen-Swan: el siguiente seguirá siendo EPOV. Flor Mcarty: muy respetable tu opinión. Diannita Robles: oh, Charlie también es mi favorito. Jade HSos: cuánta razón en tus palabras, sobre todo en las noches. Dulce Carolina: buena idea me diste. torrespera172: así imagino todo un caos llorando al mismo tiempo, no sé puede! Lidia: ya se te bajó el coraje? Tranquila, relájate. Marianacs: es verdad, él nunca dice nada respecto a cómo se embarazó. Adriu: y creo seguirán sin dormir. Geraldine: él está siendo bueno con ella. mrs puff: disculpa, lamento haber olvidado tu nombre, lo siento. Ximena: así es. Ana: tiene dudas pero al menos lo habla con él. Antonella Masen: cierto. Elizabeth Marie Cullen: lo bueno es que tienen un poco de ayuda, solo las noches deben ser ellos quien cuiden de las pulguitas. Rocio: aún no sabemos qué pasará con Victoria y James.

¡Gracias totales por leer!