Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Escena 21: Como perder al amor de tu vida dos veces, en vida.
- ¿Como lo lleva? - preguntó Jin en voz baja, dirigiendo su vista hacia la Contraalmirante.
Ella se encontraba en la barra, recostada levemente sobre la mesa de madera con varias botellas vacías rodeandola. Ya se habían llevado muchas, pero parecía empeñada en beberse todo el alcohol de la Isla si era posible, porque ya habían pasado por varios bares en los últimos dos días, arrasando con la reserva total de algunos y otros tantos, echándola porque estaba cerca de lograrlo también.
- Creo que no muy bien- respondió Seo, su expresión era de preocupación. Con que fuese evidente era suficiente para que todos entendiesen la gravedad del asunto.
- Pobrecita...- susurró Talón, viéndola también sin saber que más hacer o decir que compadecerla, aún incrédulo como todos por verla en aquel estado, con una fachada deprimente y débil, ajena a lo que siempre les había mostrado.
Cayu se encontraba a su lado pidiéndole que dejase de beber mientras le tocaba la mejilla mojada por lágrimas que nadie admitirá haber visto, que ella no admitiría haber llorado, nunca. Porque no estaba ebria.
La Contraalmirante Ler era una bien conocida alcohólica, que disimulaba hábilmente la obsesión que tenía desde sus años más jóvenes con sentirse más tranquila y adormecida, con sentir algo que no fuese culpa, a partir de la ingesta de alcohol. Nunca bebió hasta colapsar, al menos no frente a ellos, pero acumulaba en sus venas tanto alcohol que quizá por ellas ya no corría sangre, teniendo casi siempre una botella o copa en sus manos, encontrando siempre momentos para brindar. Era un problema que no reconocía pero que al ser "controlado", nadie le podía reprochar.
Los jóvenes del pelotón habían descubierto gracias al Almirante Kuzan que probablemente aquella tendencia fue desarrollada por su superior en el Cipher Pol. En aquel escuadrón se les enseñaba a beber para manejar todo tipo de situaciones en cualquier estado, logrando que sus miembros a partir del entrenamiento desarrollaran una especie de tolerancia hacía el mismo, y a su vez, un gusto casi obsesivo. Como si creyéndose dueños de si mismos, estuviesen desafiando sus límites.
Y según el, era normal.
Ler se empeñó con el alcohol como uno de los restos que el escuadrón le dejó, pero habían miembros activos del mismo que en lugar de bebedores de convertían en masoquistas. Masoquistas reales que para sentir algo después de convertirse en seres que no sentían nada, tenían que hacerse daño a si mismos de formas incomprensibles y hasta asquerosas.
El pelotón tenía la teoría de que al sentirse bajo un estrés demasiado grande, la manía de la Contraalmirante de estrellar su cabeza contra lo que tuviese en frente era un gesto involuntario de su mente para bloquearse, como si con ello dejase de pensar en lo que estaba pasando fuera de su control, porque en el escuadrón siempre lo tuvo.
Era aterrador pensarlo, pero por el mundo el Gobierno había creado y liberado a muchos locos que eran tan o más inestables que Ler bajo el pretexto de hacer la justicia que nadie más quería hacer.
- Todo estará bien, Ler- san- le decía el ex-noble con tacto, tratando de llamar su atención, de recuperar su mirada perdida en la nada, como queriendo volverse parte de la misma.
- Por lo menos el pelirrojo está aquí y nadie intentara meterse con ella- Seo lucia perturbado pero con menos peso en sus hombros viendo algunos hombres de confianza de Shanks apostados en la puerta para que la mujercita no hiciese más destrozos como los que ya había dejado atrás- no está en condiciones de lidiar con alguien.
- No, definitivamente no- Jones, el marine que había tenido que esquivar algunos cuantos vasos voladores unas horas atrás, reflexionó con tristeza mientras veía a su superior.
Ahora mismo se encontraba tranquila, habiendo superado su fase maníaca unas cuantas horas atrás, pero aquel rostro en el que se encontraba dibujado el dolor, la decepción y la tristeza de una vida, les afectaba hasta a ellos. Leriana se sentía engañada, utilizada y perdida como una niña pequeña, y ellos , habiendole tenido siempre de guía, observandole dar la cara a cualquier situación por más espantosa que pareciese, se sentían igual de desmotivados.
Y es que el corazón de hielo de la marine solo podía ser descongelado por el fuego del pirata. Ellos lo sabían bien.
Con lo que no contaban era con que el no lo descongelaria, lo haría pedazos.
- Ahora lo entiendo...- la voz de la Contraalmirante salió por fin, luego de lo que parecía una eternidad. Sonaba ronca, rasposa- por eso el dijo lo dijo.
Cayu se apresuró a mantenerla junto a él, preguntando:
- ¿Quién? ¿Que dijo?- debía asegurarse que no se encerrase en sí misma nuevamente
- ¿Porque mierda dicen que el alcohol hace olvidar? Solo lo recuerdo mejor que antes es como si tuviese a ese hijo de puta frente a mi otra vez- se quejó ella con molestia, haciendo un puchero y levantándose levemente. Todos en el bar se alertaron y la miraron. Ella alzó las manos e hizo un gesto para que guardarán la calma- diles que estoy bien.
El rubio la miró, luego a todas las botellas que había bebido. Aún viéndola tan pasiva y resignada, se sentía incapaz de negarse ante sus peticiones que nunca fueron órdenes, pero que el ciega e indudablemente siguió.
Suspiró con derrota: - ¡Está bien! ¡Tranquilos! - gritó para ser escuchado sobre la música triste y lastimera que llevaba sonando tanto tiempo que más de alguno paso de querer llorar a soñar con quedarse sordos. Todo a petición de la jefa, por supuesto.
- Marco- explicó ella, siguiendo el hilo de la conversación como si nada hubiese pasado y solo fuesen ella y su subordinado más especial en el lugar. Pese a que estaba desconectada de si mismo porque ni siquiera le había regañado aún cuando el la tocó, se veía como si estuviese consiente que nunca- dijo que yo ni siquiera era bonita.
Su subordinado la miró compasivo mientras le pasaba los dedos por el rostro suavemente, con más confianza que antes al notar como ella no le decía nada. Su piel levemente bronceada por su exposición constante al sol se sentía suave, pero también húmeda debido a las lágrimas que cada tanto se permitia soltar. En cualquier otros caso el sabía que ella le habría tomado la mano y se la habría roto para luego hacer lo mismo con todos sus huesos. Pero ella se quedó allí, estática, tranquila, con los ojos tristes y derrotados, buscando consuelo en los de el.
- Usted no es bonita, Ler- san. Es la mujer más hermosa del mundo- explicó el, buscando consolarle y a su vez, diciéndole lo que pensaba tras tanto tiempo bajo su mando. Ella apretó la mandíbula y alejó el rostro, mirando hacia el frente donde un asustado bartender le entregaba otra botella entera. El rubio no la miraba como mujer realmente, pero le parecía, conociéndole, que no se merecía lo que estaba pasando, especialmente porque consideraba que nunca había visto una sonrisa tan bonita como la que le formaba en los labios al pensar o ver a Ace.
- Ni siquiera soy una mujer, soy una maldita niña- se quejó, luego se miró los pechos- y plana.
- Ler- San, solo tiene 17.
-Tengo 20.
- Ler-san...
- Incluso si fuese cierto, el dijo que...- dando un trago profundo, era incapaz de despegar sus ojos del líquido dentro de la botella- que hasta la mujer más hermosa del mundo era capaz de aburrir a un hombre. ¿Fue eso? ¿Ace se aburrió de mi?
El marine abrió la boca para contestar, aunque sin convicción. Sin embargo, la puerta del lugar se abrió de repente con fuerza, sorprendiendolos a todos. Ler ni siquiera se inmutó, solo siguió bebiendo lentamente, indiferente a la entrada de un Shanks molesto y preocupado.
- Leriana, sal ya, maldita sea. Comportate- exigió mientras se acercaba a la barra con el rostro lleno de remordimiento. Tal vez se arrepentía de haberle soltado tremenda bomba de una forma tan directa, consiente de lo mucho que iba a afectarle.
O quizá, por no haberselo dicho antes.
El emperador pirata que se había posicionado al lado de la pequeña marine se arrepintió grandemente de no haberle dicho nada de lo que sabía cuándo la vió regresar a el con los ojos cristalizados y una pregunta desgarradora escapandosele de sus labios temblorosos. Y por ello le permitió pasar por todas las fases que fuesen necesarias para que lo entendiese y aceptaste, para que le doliese menos.
Pero por como se enteró y lo que hizo después, el imaginaba que a ella nunca le iba a dejar de doler. Ni siquiera cuando Ace había terminado con ella parecía tan perturbada y herida como en el momento en el que decidió que quería desaparecer entre ríos de alcohol. Y tal vez, dos días después, Shanks consideraba que era suficiente porque nunca iba a acabar de salir de su estado de shock.
Nadie sabía que pasaba por la mente de Ler.
- Tu qué- señaló ella aún sin voltearse- tú me tienes como un maldito remordimiento que no te deja dormir, ¿Pero adivina qué? ¡Ya estoy jodida! ¡Hagas lo que hagas no vas a cambiar eso!- allí estaba.
Quizá no ebria, pero se encontraba sensible, gritándole a un Younko con gran parte de su tripulación viéndola.
Claro, repetiría la escena un poco después, pero eso sería más adelante, y con otro Yonkou.
- Se que estás enojada, y tienes razón de estarlo...Pero vuelve al maldito barco y desahogate allí- dijo el mayor entre dientes, llegando finalmente hasta ella.
- No quiero.
- No me importa. Vas a venir igual.
- Que no.
-Ler...
Shanks miró a Cayú y le dió una mirada disculpándose por tener que lidiar con la bestia caprichosa que el salvó un día. Tendría que esconder siempre en el comentario de Ler al responder le había dolido infinitamente hasta clavarse en su corazón como el mayor de los daños que le habían hecho, y en su mente, aunque no lo confesase jamás, había pensado que habría sido mejor dejarla ahogarse y evitar todo aquello que le pasó después de que la salvó, pero que en realidad la condenó a una vida que nadie habría deseado.
- No quiero volver contigo ni con nadie. ¿PORQUÉ NO ME LO DIJISTE ANTES?
- Mirate. Por eso- siguió hablando el con calma, tratando de tomarla de los brazos que ella había alzado para alejarse de el.- salgan todos, por favor.
Sus hombres abandonaron el lugar inmediatamente. Los de Ler permanecieron en el lugar, firmes, leales únicamente a ella. La joven era extremadamente fuerte, pero no más que el, por lo que finalmente pudo reducirla y obligarla a verle directamente a los ojos.
- Salgan- dijo con voz suave, sin verlos. Los marines asintieron aún sabiendo que no eran vistos, y siguieron a los piratas.
El lugar quedó solo, en silencio.
- ¿Porque no me lo dijiste?- repitió lentamente. Sus ojos eran semejantes a los que tenía cuando lo miró por primera vez hace casi 12 años.
Solitarios, rotos, suplicantes. Y el le devolvió la mirada llena de pena, totalmente diferente a la de entonces, porque lejos de sentirse mal por su estado, ahora sentía la culpa de haber actuado para mejorarlo.
- No me tocaba a mí hacerlo- respondió el apretando sus muñecas con la mano, para finalmente, soltarla.
Ella asintió y dirigió sus brazos libres al rededor del cuerpo del hombre en un abrazo. Y escondida en su pecho, como hace 12 años, comenzó a llorar débilmente.
Quién se imaginaba que desde aquel suceso, el llanto sería su único consuelo.
- ¿Qué voy a hacer sin el? Si antes no estábamos juntos, por lo menos me conformaba con saber que estaba bien, aunque no fuese conmigo. El mundo es redondo y algún día, aunque sea como hermanos o amigos, nos volveríamos a encontrar. Pero ahora voy a vivir en un mundo redondo donde no está el, donde apesar de caminar eternamente hasta el fin, no voy a encontrarlo. Mi amor, mi amor, Ace...
Urano la vió desde arriba y apiadandose de ella, le hizo saber que por lo menos ese día, reconocía su dolor y pena...Aquella tarde, en una Isla que nunca llovía, cayó un diluvio que duraria días hasta que fuese suficiente para la memoria del príncipe del mar.
El pelirrojo la dejó llorar un rato hasta que se calmó, más el ambiente seguia pesado y húmedo, con la lluvia azotando fuertemente. Decidieron salir entonces y dirigirse nuevamente al barco, con Ler levantándose voluntariamente y poniéndose las gafas.
Cuando abrieron la puerta, dos líneas formadas por los marines la estaban esperando, mojados bajo la lluvia, con los rostros pálidos, temblando. Ella se sorprendió.
Nunca imaginó que alguien podía seguirla hasta allí, en contra de los deseos que había manifestado a Shanks. Menos ellos, a quienes había ordenado alejarse para siempre de ella antes de Marineford.
No deseaba ver a nadie, no deseaba ser vista por nadie, y aún así, aquello no le desagradó en lo absoluto.
- ¡Ningún marine que se respete abandona a otro cuando lo necesita!- explicó Seo como la voz del pelotón. Eran casi gritos debido a la fuerza de la tormenta, que a penas les dejaba escuchar algo a pesar de estar cerca.
Una leve sonrisa surco en su rostro, rota, como ella misma.
- ¡Yo no los necesito!- respondió ella gritando- ¡Soy su superior, son ustedes quiénes me necesitan a mi! - negó confundida e impactada por aquel gesto, sin saber cómo reaccionar.
Agradeció la lluvia. Agradeció que le permitiese llorar sin que se notarán sus lágrimas.
-¡Un verdadero marine siempre recibirá la ayuda de un compañero cuando lo necesite! - contestó Cayú saludándola formalmente- ¡Un verdadero marine admitirá que lo necesita!
Shanks puso su mano en la espalda baja de Ler y le dio una empujón hacia el pelotón. Ella lo volteó a ver sin verlo realmente, distraída. Entonces , con una mueca para disfrazar el llanto, dio los últimos pasos hacia ellos.
- Yo ya no soy una marine- admitió en un sollozo sincero, mirándolos con culpa y dolor.
- No, ya no. Pero nosotros si, y nunca olvidaremos lo que nos enseñó.
La débil resistencia de Ler se rompió, y a los gritos, con la fuerza de la lluvia, asemejandose al llanto del cielo, ella rompió en llanto también.
Gritando, llorando, maldiciendo, los abrazó.
El ardor en su pecho y la falta de aire que la habían sofocado por días, disminuyó. Se redujo paulatinamente mientras ella gritaba y se deshacía sin miramientos bajo la lluvia. Pálida, helada, adolorida.
Preguntaba a viva voz que haría sin Ace, que haría sin ellos, a donde iría, si de verdad tenía que seguir.
Todos la rodearon, la cubrieron, protegieron su cuerpo helado y herido de la lluvia, ya que no podrían hacerlo de la vida. Pero le cuidaron el frente y la espalda, los pies y la cabeza, como aquellos tiempos.
Esos viejos tiempos que no volverían.
Los marines endurecieron el rostro, sostuvieron su cabeza y los pedazos de corazón que se le estaban cayendo. Le dieron la oportunidad de ser humana, niña, a la persona que les enseñó tanto de la vida y ahora mismo, no le encontraba sentido a la suya.
¿Como se despierta un día acostumbrada a vivir una vida que acabas de perder?
¿Como vuelves a mirar el cielo pensando que aquel a quien amas, ya no lo ve?
¿Como dejas de escribirle cartas a quien te da la inspiración para escribir?
¿Como se vive una vida que ya no quieres vivir?
"Incluso si no puedo tenerle en esta vida, yo esperaría. Esperaré verle en la siguiente."
Salieron un rato después. La gente que esperaba entrar en el bar agradeció sin convicción mientras los miraban de forma disimulada, murmurando molestos porque el pelirrojo hubiese cerrado el bar para ella.
Ler estaba acostumbrada a ser llamada cualquiera, traidora, asesina, etc. variedad de motes que denigraran su dignidad. No le importaba.
Shanks por otro lado, intentaba ser indiferente a lo mismo, aunque le molestase de sobremanera, pero sabíendo que debía llevar al barco a la chica antes de que terminase de romperse frente al mundo.
Pero entonces, un comentario diferente llegó a sus oídos, y les abrió los sentidos a otros tantos de la misma naturaleza.
- Dicen que incluso un comandante de los piratas de Shirohige se la cogió. Maldito afortunado...- dijo alguien. Los dos continuaron caminando sin voltear a ver aunque sus cuerpos se tensaron con claridad. Por miedo, el hombre no se cayó, pero bajó la cabeza disimulando.
- ¿Qué dices? ¿Quién?- preguntó alguien mas.
- El de la primera o la segunda división- contestaron riendo en susurros.
Ler se veía claramente incómoda y perturbada, Shanks le indicó que apresurara el paso, pero conversaciones similares les rodeaban en todas partes.
- Imposible. Esos dos son maricones.
Otros le dieron la razón.
Entonces, la chica se detuvo abruptamente.
Los hombres siguieron hablando sin notar aquello.
- Como vas a creer que se la van a coger, si a ellos me los he cogido yo- comentó un hombre riendo, ajeno a que Ler había volteado hacia el- el moreno tiene el cuerpo lleno de pecas y sus mus...
Nadie pudo prevenir que Leriana saltase sobre el hombre y tomándolo del cuello, comenzara a golpearlo con fuerza una y otra vez.
La rabia se había apoderado de su cuerpo. El dolor, la frustración, la vergüenza. Todos los sentimientos que intentaba contener fueron liberados en el rostro y el cuerpo del sujeto, que segundos después del ataque había dejado de moverse. El cráneo rebotaba rítmicamente con cada golpe en el suelo, la sangre había salpicado todo a su alrededor, así como el rostro deformado y el uniforme blanco de Ler.
Shanks no la detuvo.
No tenía porqué.
El hombre había muerto con el segundo golpe y sus amigos ni siquiera intentaron detener la escena salvaje que estaban viendo desde sus lugares.
Tenían miedo.
Se habían cagado al ver a la chica matar a golpes a su compañero, y de verla disfrutrar mientras lo hacía.
Shanks pensó que aquello se parecía al día en que enloqueció con la espada, 12 años atrás. Todos tenían la misma reacción que un día habían mostrado sus tripulantes.
Sin embargo, esta vez, el la dejó enloquecer. Sentía que al menos en su vida, se merecía aquello.
- ACE NO ES NINGÚN MARICON- gritó mientras meneaba al cuerpo inerte, con fuerza, rabia, pero riendo de una forma extraña y dolorosa- ¿ME OYES? ¿ME OYEN? EL NO ES NINGÚN MARICON.
Viéndola levantarse con lentitud, todos comenzaron a correr, alejándose.
- HABLEN COMO LO HACÍAN ANTES. QUE LA GENTE SEPA QUE NO ES VERDAD- siguió gritando, luego miró al suelo donde estaba el hombre muerto. Se miró las manos llenas de sangre y le temblaron los párpados cuando más liquido rojo le cayó desde la frente.- no es verdad...No es verdad - susurró, volteandose hacia Shanks- ¿Tú lo hiciste también?
El sabía perfectamente a lo que se refería. La miró con pesar un instante, ella parpadeó con sorpresa e indignación, llena de sentimientos, por lo que preocupado se adelantó.
- Yo no. Pero no voy a mentirte, Leriana, algunos de mis hombres...- ella se dejó caer en el piso, al lado del muerto, derrotada. No se sentía muy diferente a el- pensé que era mentira hasta que lo comprobé.
- A el nunca le gustaron las mujeres- murmuró la chica enterrando el rostro en sus rodillas- siempre lo supe. Coqueteaba con ellas para hacerme enojar, pero nunca vi que le interesaran realmente. Por eso no entiendo porque...porque usarme de esa forma, porque fingir...
- No creo que estuviese fingiendo, arcoiris- el se acercó a ella, le dió una pequeña patada al brazo extendido del cuerpo y se agachó para estar a su altura. Ler lo había mirado cuando le llamó de aquella forma cariñosa como en su infancia- el te amaba, te ama, mucho. De eso no tengo duda, me lo dejó muy en claro cuando me vino a ver.
- Es un maldito mentiroso, no puedes creerle. Menos yo- la información le había carcomido la mente y poco le importaba estar charlando con "tranquilidad " con un emperador pirata, siendo ella una oficial del gobierno, sobre el cuerpo de alguien que acababa de matar a golpes injustificadamente- y el maldito de Marco se estuvo burlando en mi cara todo ese tiempo.
- De Marco no se, no lo conozco tanto como a Ace y a ti- explicó el, llevándose una mano al rostro, pensativo- pero para ser justos...- respirando profundamente antes de decir algo que ella no quería escuchar y el tampoco se sentía muy cómodo mencionando, termino de sentarse a su lado- tú estuviste acostándote con Doflamingo estos años.
Era valioso el detalle de no mencionar los demás hombres que había rodeado con sus piernas en aquel tiempo, incluyéndolo.
Ella reaccionó débilmente, con apenas una mueca- Créeme que lo sé, se encargó de restregarmelo en cara cuando rompió conmigo. Me trató como una puta por lo que había hecho, pese a que era mi trabajo. Lo acepté ...Pero no pudo ser sincero conmigo y decirme que se cogió a todo el puto mar mientras yo lo miraba como tonta enamorada sufriendo por fallarle.
- ¿Habrías preferido que fuesen mujeres y no hombres? ¿Es eso lo que te molesta? - Shanks no intentaba ser grosero, solo quería hacerla comprender lo que realmente sentía.
Más allá de la molestia, Ler se veía confundida.
Como cuando has amado incondicionalmente a una persona pero se te mete a la cabeza la idea de que todo ese tiempo, dicha persona no existió. Para Ler, su Ace y el que había visto eran totalmente distintos.
-Siempre supe que él era menos fiel que un mercenario barato- explicó encogiéndose aún mas- pero no me importaba. Su cuerpo, el mío...Solo son vasijas. Han sido utilizados, golpeados, rotos, amados por otros...Tienen tan poco valor, son tan poco nuestros...Pero yo le entregué algo más que eso, le di mi corazón con los ojos cerrados. Creí que tenía el suyo, pero en mi pecho ahora hay un vacío donde debería estar el...Yo...No me habría importado si fuesen mujeres, hombres o lo que sea, solo el que hiciese una vida mientras yo vivía la mía por el. Y lo sabía, y nunca me miró a los ojos y me lo dijo para dejarme libre...
- Leriana- murmuró mientras su brazos se deslizaba por los hijos hombros estrechos y temblorosos de ella, buscando consolarla, un consuelo que ella no rechazó.
- Es que Shanks...Si el quería ser libre, debió dejarme ser libre a mi también, ¿Sabes?... Intenté dejarle un millón de veces, quise alejarme de él porque sabía que nos hacíamos daño, pero el nunca lo permitió y yo creía que era porque me amaba, porque me necesitaba en su vida como lo necesitaba yo.
"- Te he amado tantas vidas, y tantas vidas he estado tras de ti...Pero estoy cansada. "
- Me siento como una estúpida- concluyó cerrando los ojos y apretando el puente de su nariz con frustración - Pero, ¿sabes que es lo peor?
- Tengo miedo de preguntar- admitió el, sereno como acostumbraba a ser. Ella río con tristeza, secándose las lágrimas en sus ojos.
- Que no estoy molesta con el. Solo me duele, mucho. Pero de escuchar algo más como esto...Se que enloquecere. Podría matar a cualquiera que dijese su nombre para hacerle daño. Y a Marco...quiero culpar a alguien y lo elegí a el aunque no lo sea realmente- admitió con la voz en un hilo. Shanks estaba seguro de la capacidad que tenía para hacerlo-porque aún lo amo, lo amo muchísimo y se que la va a tener jodida porque el mundo no está listo...
Yo no lo estaba tampoco, quiso agregar.
"No se trata de lo que hiciste, ni porque. No era tu culpa, ni la mía, pero tú podías tomar la decisión de decirme la verdad...Te entregué mi vida, mi alma...Te conté y te di cosas que nunca compartiría con nadie más, pero tú me miraste a los ojos... Frente a la cara decidiste mentirme.
Me mantuviste amarrado a ti sabiendo que nos hundiriamos. ¿Acaso no es que a quien se ama, se le deja ir para salvarle?
Aunque yo no tuviese salvación, tú sabías que ibas a joderme, Ace. Cada día que pasaba sin saber lo que tú hacías solo y luego hacías de mi, se iba a acumulando para darme el gran golpe.
Sé que cometí tantos o peores errores que tú, pero elegí protegerte de ellos, mantener mi trabajo lejos de mi vida personal. Te amaba a ti, nunca me permití tener si quiera la idea de querer a alguien más pese a tener la obligación repugnante de hacerlo. Y aún así, a ti no te importó.
Cuando me vi en vuelta en una burbuja imposible de romper, alejándome de ti, decidí hacerme pedazos para poder generar una rotura lo suficientemente grande y darte la oportunidad de escapar, de hacerte saber que aún estaba allí, que aún te quería y pensaba en salvarte.
Y me di de lleno con tu indiferencia, vergüenza y decepción.
El incluso después de ello, no pudiste decirme la verdad.
No lo sé, quizá por eso nos salió mal.
Porque siempre estuvimos tremendamente jodidos.
¿Quién se cree eso de que teníamos algo especial? Solo era el mundo tratando de justificar las ganas de vernos reducidos...a la nada.
Fue una suerte que tú resultaras ser un alma vivaz y alegre al crecer, como yo fui de niña también, pero que al crecer me olvidé de como serlo.
Tal vez es así como te das cuenta que ese amor ruidoso no valía tanto la pena como el silencio en el que yo te amé."
