DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Sorpresa, sorpresa! Me gusta consentirlas, ya lo saben, si cuento con tiempo traduzco a vuelatecla jajaja Gracias por todo el apoyo a esta traducción, estoy muy emocionada, es la primera vez que tomo un proyecto de este tipo (todos los fics de mi perfil son de mi autoría) y en verdad temía no hacerlo bien; así que muchas gracias por leer. Seguimos con la cuenta regresiva, y nos quedan 3. ¡Sí 3!
Nota Autora: ¡Estoy viva! :)
Gracias a todos por soportarme estas últimas semanas mientras me mudaba al otro lado de la ciudad. Me siento muy honrada por todos los reviews y lecturas, ¡y lamento la demora! Tres cosas:
1- Me siento increíblemente honrada de contarles que he sido nominada en varias categorías en los "Enchanted Awards" de este año.
2- Dios bendiga a los que publican y organizan concursos de escritura en Dramione FanFiction Forum (otro grupo de Facebook increíble) Ellos son los responsables de que el capítulo llegara ésta semana en lugar de la próxima. ;) (EDITO - Tenía confundidos mis grupos de Facebook. DFF es el que está organizando concursos de escritura, aunque antes lo atribuí a Strictly Dramione. Ambos son grupos increíbles. Echa un vistazo.)
3- Y finalmente, creo que es seguro decir que ésta historia tendrá 36 capítulos. (Y no tienen idea de lo molesta que estoy por no haber logrado dejarlo en 35, como 35,000 galeones -_-), pero no estén tristes, ya que deberían estar muy emocionados por el próximo POV de Draco y el UA de La Subasta.
Gracias de nuevo a todos. Y gracias por leer ésta nota de autor increíblemente larga.
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La Forma Correcta de Actuar
Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8
Capítulo 33
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—La Srta. Granger no podrá terminar hoy su lección.
Hermione tragó saliva.
—Oh, —monsieur DuBois hizo un puchero, mirándolos alternadamente—. Espero que todo esté bien.
Draco volteó los ojos hacia ella, ardientes y agresivos. —Me temo que no.
Hermione inhaló temblorosamente y comenzó a quitarse la servilleta del regazo. Draco colocó un puñado de galeones sobre la mesa, disculpándose con Monsieur DuBois y prometiendo enviarle a su madre sus saludos.
Mientras ella se levantaba de la mesa, recogiendo sus notas, Draco levantó la mano para guiarla por el codo rumbo a la puerta y hacia la acera. Hizo un gesto alegre al profesor de diseño de interiores antes de escoltarla en dirección al punto de aparición más cercano.
Tenían ocho cuadras. Había nubes de tormenta en el cielo.
Él soltó su codo después de la primera cuadra. Ella luchó para alcanzar sus pasos.
Draco comenzó a tronarse los nudillos y el cuello después de la segunda cuadra, evitando por muy poco ser arrollado por un taxi.
—Draco-
—¿Cuánto tiempo has estado conspirando con mi padre?
Hermione lo miró mientras se detenían en una esquina llena de gente. Sus ojos ardían, recorriendo la calle y evitándola a ella.
—Lo dices como si estuviéramos trabajando juntos, —dijo.
—¿Y no es así? —Respiró profundamente. Luego comenzó a avanzar en cuanto cambió la señal.
A ella le tomó un momento comprender. Draco la dejó en la acera, y Hermione batalló para darle alcance.
—¿Qué te dijo? —preguntó ella—. Si él lo ha definido como otra cosa que no sea chantaje, entonces te ha mentido-
—No eres la única que tiene un trato con él, Granger. —Hermione escuchó su voz temblar. Lo vio tragar saliva mientras rodeaban a un grupo de niños—. No debiste involucrarte en esto.
Ella se saltó un par de bordillos para darle alcance mientras él cruzaba la calle.
—¿Cómo me encontraste allí? —Intentó apegarse a las preguntas más fáciles.
—Le pedí a Madame Michele tu itinerario.
Hermione bajó la vista hacia sus pies que se movían rápidamente. Draco había ido primero con Madame Michele, le había perturbado su mañana, y después la había rastreado. Quería tocarlo. Quería tranquilizarlo.
Ella lo escuchó reír y lo vio sacudir la cabeza ante algo que cruzó por su mente.
—Ya no irás más a esas clases —le siseó.
Hermione lo alcanzó, pero se detuvo. Ya iban en la séptima cuadra. Una antes de que pudieran Desaparecer. La multitud se redujo cuando el Hechizo Repelente de Muggles se estremeció sobre ellos.
—¿Qué hay del dinero, Draco? ¿Los siguientes pagos?
—Le dije que se los metiera por el culo, —gruñó.
Se acercaron a un pequeño callejón antes del final de la cuadra. Si ella pudiese lograr que se calmara antes de que Desaparecieran...
—Necesitamos ese dinero, Draco. Malfoy Consulting apenas está a flote así como está. Necesito seguir asistiendo a esas clases-
—¡No! —Él la tomó del codo y la llevó al pequeño callejón, justo antes del punto de Aparición. El resto de los muggles continuaron con su día, sacando sus paraguas. Draco le apuntó el rostro con un dedo—. No volverás a poner un pie ese salón de té, ¿me escuchaste, Granger?
Sus ojos ardían al mirarla.
—¡La empresa es más importante que un par de absurdas clases, Draco!
Él la agarró por los hombros, con la fuerza justa para presionarla contra la pared de ladrillos.
—Nada es más importante que tú.
Hermione perdió el aliento mientras él inhalaba un jadeo tembloroso. Los dedos de Draco se crisparon sobre sus hombros y sus ojos bailaron de un lado a otro entre los suyos.
Y luego la besó. Ambas manos ascendieron por el cuello hasta su cara, ella ladeó la cabeza y la levantó mientras él se acercó un paso más.
Hermione temblaba mientras acercaba sus manos a sus costados. Dejó que él dominara su boca, tomándose tiempo para respirar cada que tenía oportunidad, pero el cuerpo de Draco la presionó contra la pared del callejón y sus manos la inmovilizaron mientras movía sus labios contra ella.
Sintió que él deslizaba una mano por su mejilla, bajaba por su cuello, cruzaba sus costillas y la tomaba de la cadera, mientras su boca besaba su mandíbula con deseo.
—¿Te puso las manos encima?
El áspero susurro se estrelló contra ella y abrió los ojos. Se concentró en las cajas y envoltorios viejos del callejón.
—N-no. Nada de eso. —Sintió un escalofrío ante la simple idea de que Draco pudiera llegar a preguntarse algo semejante…
Draco le acarició el cabello y tiró de él hasta que su cuello quedó expuesto para su boca. Sus labios recorrieron su mandíbula, hasta su oreja.
—¿Has ido a verlo desde tu visita en noviembre?
La mano en sus caderas se apretó mientras le humedecía el cuello con su aliento.
—No; nos hemos escrito. Él me ha escrito, hum… Amenazas. —¿Podrían llamarse amenazas?
Draco se pegó a su cuello y comenzó a succionar y morder en su lugar favorito. Ella sintió su cadera presionarse contra las suyas y la mano aferrada a su costado comenzó a deslizarse hacia arriba. Vio a unos muggles caminando por la entrada del callejón, completamente ajenos de ellos debido al encanto repelente.
—Cuéntame sobre las cartas. Dime qué te dijo.
Draco le mordió el cuello con demasiada fuerza. Reclamándola. Marcándola. Hermione hizo una mueca y se llevó las manos a la cara.
—Draco, detente. —Echó la cara hacia atrás para mirarlo a los ojos. Estaban nublados, todavía ardientes pero había una agresión allí que no reconocía—. Sé lo que estás haciendo, Draco, y es suficiente. —Hermione le acarició la mejilla con el pulgar para calmarlo—.Esto... lo que tú y yo tenemos es muy especial para mí y lo estás convirtiendo en algo horrible.
Ella lo observó cerrar los ojos, mientras unía su frente contra la suya e intentaba relajarse. Tenía curiosidad por descubrir por qué Lucius lo afectaba tanto, pero también tenía miedo de averiguarlo.
Él le dio un beso suave en los labios y se apartó, separando su cuerpo del suyo.
—¿Qué te dijo mi padre en Azkaban?
Hermione respiró profundamente, deseando estar hablando de cualquier otra cosa. A lo lejos se escucharon truenos.
—Me dio una lista de cosas. Para trabajar en ellas.
Levantó la vista hacia Draco, a un paso de distancia, con las manos aún descansando ligeramente sobre sus caderas. Él entrecerró los ojos.
—¿Para qué?
Oh Dios. Sintió que el sonrojo se extendía por su mandíbula. —Para ser... para ser vista a tu lado. Para estar a tu altura. —Para ser una novia Malfoy...
Su ceño fruncido se profundizó. —¿En noviembre? —Miró hacia un lado, pensando—. Aún no estabas con la compañía. —Sus manos soltaron sus caderas y Hermione sintió que podía respirar de nuevo.
—Sí, pero nos habían fotografiado juntos tan a menudo. Y… y él sabía sobre la Subasta.
Vio los ojos de Draco volverse hacia ella. No estaba sorprendido. Si acaso, parecía cauteloso.
Hermione continuó. —Sabía que visitaste a la madre de Narcissa. Él sabía- sabía que me habrías salvado. —Eso sí lo tomó por sorpresa. Su ojo izquierdo se crispó—. Pensó que tú y yo estábamos juntos. Que habíamos estado juntos durante años. Yo- yo lo corregí, por supuesto, —dijo. Quería cruzar los brazos o morderse las uñas, pero se contuvo—. Pero luego, él saco unas fotografías de… del incidente de Marcus Flint.
Volteó a verlo, temerosa de haber tocado el tema, pero él también lo sabía. No le sorprendió ni un poco que Lucius tuviera fotografías de ellos manoseándose en un callejón, no muy distinto del que estaban actualmente. Archivó esto para más tarde cuando una gota de lluvia cayó en su mejilla.
—Estaba decepcionado porque le había mentido sobre nosotros. —Hermione se sorbió la nariz—. Y me dijo que no liberaría tu herencia si no asistía a esas clases. —Miró por encima del hombro de Draco. Se sentía tan pequeña, admitiendo su debilidad. Admitiendo que había sido chantajeada.
—¿Qué había en esa lista? —Gruñó. Sus ojos estaban oscurecidos por la ira, pero sabía que ésta vez no iba dirigida hacia ella.
Hermione recitó los puntos. Se encontró tartamudeando con algunos de ellos, los que claramente estaban destinados para una esposa, no una novia, o lo que sea que ellos fueran. Financieramente Educada. Obediente. Experta Anfitriona. Entrenada en Decoración. Su cara se sonrojó mientras él la escuchaba, inmóvil, observándola.
—Dijo que lo único que podría dejar pasar era lo de Sangre Pura.
Y Draco se echó a reír. El sonido la estremeció y el cielo tronó junto con él. Se apartó de ella, riéndose, llevándose las manos a sus ojos para frotarlos. Le dio la espalda y ella vio su cabeza temblar mientras se carcajeaba. Después inhaló temblorosamente.
—¿Por qué hiciste esto, Granger?
Hermione miró su espalda, todavía maravillándose por su reacción.
—Terminaré en tres semanas, Draco; y luego podrás terminar con esto. No le deberás nada. Podrás librarte de él.
—No, no. —Su voz rebotó en los ladrillos y ella lo vio pasar las manos por la piel de su rostro—. Nunca podré librarme de él —Se volteó hacia ella—. Y ahora él tiene sus garras sobre ti.
Hermione se estremeció, insegura. —¿Qué quieres decir?
—Ya lo había notado antes, pero lo ignoré. —Avanzó un paso hacia ella, con ojos tristes—. Ahora eres diferente. La forma en que tomas tu café es diferente. La forma en que caminas. La forma en que bailas. —Él puso una mano sobre su mejilla—. Estás cambiando. Y ahora cada vez que te vea levantando el platillo junto a tu taza, pensaré en él. Pensaré en esto. Cuando hagas una reverencia. Cuando estreches la mano de alguien. —Draco le pasó el pulgar por los labios. Ella sintió una lágrima rodar por su mejilla—. ¿Por qué hiciste esto?
Volvió a sorberse la nariz, viendo las gotas de lluvia golpear las cajas tras ellos. Deseó tener el coraje Gryffindor para decirle la verdadera razón, para decirle que habría hecho cualquier cosa por él. Así que, se conformó con darle la segunda mejor respuesta.
—Era la forma correcta de actuar.
Se miraron a los ojos, gotas de lluvia cayendo entre sus pestañas. Draco presionó sus labios sobre su frente, besó su ceja, su sien, su pómulo. Recorrió el camino hacia sus labios.
Y se besaron bajo la lluvia.
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Draco la acompañó por el resto de su turno en Cornerstone. Estaba lista para despedirse de él en la puerta, pero él la siguió, sacudiendo la lluvia del paraguas que había transfigurado.
Morty lo saludó y charlaron brevemente mientras ella volvía a la caja registradora. Cuando Morty les dio las buenas tardes y subió las escaleras, Draco se quedó.
Él hojeó libros y la vio ayudar a algunos clientes. Observó con cautela a la harpía, pero principalmente se mantuvo fuera de su camino.
A las cuatro en punto, cuando las personas que se habían refugiado dentro esperando que amainara la tormenta comenzaron a irse, Hermione fue mucho más consciente de sus ojos sobre ella. Archivó libros, pasando por donde Draco estaba sentado y sintió su mirada. Sin embargo, cuando volteó a verlo lo encontró leyendo, con los ojos sumergidos en el libro. Tomó notas en la libreta contable y sintió que el vello de sus brazos se erizaba.
A las cinco en punto Draco ya ni siquiera pretendía leer. Sólo había dos personas más en la tienda, pues la mayoría de la gente se había desanimado debido al mal tiempo, y él se sentó en su silla y la observó moverse por la tienda. Hermione volteó a verlo, como si pretendiera atraparlo infraganti, y él simplemente le devolvió la mirada. Eso comenzó a calentarla.
Quince minutos antes de cerrar, el último de los clientes estaba haciendo sus compras finales, y Draco se apoyó contra los estantes cerca del mostrador. Sus ojos se oscurecían cada vez que ella lo miraba. Hermione trastabillo durante la última transacción, y cuando el último comprador se despidió, apuntó con su varita al cartel de Abierto, girándolo a Cerrado.
Tragó saliva y volteó a ver a Draco. Él apoyó la cadera izquierda contra el estante de libros, con las piernas cruzadas a la altura del tobillo. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, una mano en la barbilla y el pulgar contra los labios. Hermione contempló cómo sus labios se separaban y mordía su pulgar.
Tomó un profundo, y estabilizador respiro, intentando no lamerse los labios.
—Ya hemos cerrado por hoy, Sr. Malfoy —dijo—. ¿Hay algo que desee poner en reserva para el día de mañana? —Hermione reprimió una sonrisa cuando él arqueó una ceja.
Draco caminó con paso felino hacia el mostrador.
—¿Estás segura que no tienes nada reservado para mí allá atrás? —Él ladeó la cabeza mientras se reclinaba apoyando los codos frente a ella.
Hermione le sonrió. —Puedo verificar. —Se giró, sabiendo perfectamente que la repisa de reservas estaba vacía. Se mordió el labio, con la esperanza de estar haciendo algo ligeramente atractivo, y se dobló por la cintura, bajando la cabeza hacia el estante y estirando la espalda para sacar su trasero enfundado en mezclilla. Después juntó las manos sobre el mostrador.
—Hmmm. Aquí no hay nada para ti. —Giró la cabeza para mirarlo, con una sonrisa en el rostro.
Sus ojos eran ardientes. Y estaban adheridos a ella. Más concretamente, a su trasero.
Draco alzó la vista hasta sus ojos, y sonrió. —¿Te importa si echo un vistazo?
Ella apretó los labios y asintió. —Adelante. —Se volvió hacia el estante, con las manos aún contra el mostrador, empujando las caderas hacia afuera y manteniendo la columna recta y larga. Lo escuchó acercarse al mostrador. Se deslizó detrás de ella, rozando su cadera contra su trasero. Hermione se mordió el labio para no hacer ruido.
—Qué extraño, —dijo él. Ella vio su mano reposar junto a la suya en el mostrador, y sintió la otra apoyándose contra sus costillas cuando Draco se inclinó sobre ella, presionándose contra su espalda. Él colocó su rostro al lado del suyo—. Podría haber jurado que había algo mío aquí atrás.
Hermione soltó una breve carcajada y luego se presionó contra él, sintiendo su pelvis justo detrás de ella. La mano en sus costillas se deslizó hacia arriba y aprisionó firmemente uno de sus senos sobre la camiseta.
Sabía que el letrero en la puerta decía Cerrado. Sabía que Morty rara vez bajaba a visitarla después de las seis. Y sabía que la afluencia peatonal a esa hora de la tarde era ligera. Y todo estaba haciendo hervir su sangre.
Los dedos de Draco la pellizcaron a través del sostén, y ella gimió. Él se presionó firmemente contra su trasero, y ella pudo sentirlo rígido contra su cuerpo.
—Creo que podríamos encontrar lo que estás buscando en la sección de no ficción, —susurró, volteándose para mirarlo mientras sus labios estaban a punto de comenzar a besar su cuello.
Draco sonrió. —El servicio al cliente aquí es impecable.
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El domingo por la mañana, Hermione le había escrito a Madame Bernard para comunicarle que necesitaba reprogramar la clase de Organización de Eventos que solía tomar con ella los domingos. Se aseguró de usar la palabra "reprogramar" y no "cancelar". También ese domingo, el anuncio del compromiso de Harry y Ginny apareció en los periódicos. Hermione había logrado convencerla de dejar que Harry le propusiera matrimonio en su cena del día de San Valentín, y desde entonces no les había visto ni un pelo a ninguno de los dos.
Harry había sido bastante proactivo con Skeeter. La contactó el sábado para programar una entrevista que aparecería el domingo en el periódico, anticipándose a cualquier respuesta de los tabloides. Resultó siendo un artículo profundo y encantador sobre la pareja (y un poco sobre la historia del Niño-Que-Vivió-Y-Murió-Y-Volvió-A-Vivir)
Hermione sonrió al leer el artículo el domingo en Cornerstone.
Sonrió por muchas razones ese día, una de las cuales era el libro en reserva detrás del mostrador que había estado esperándola allí cuando llegó. Draco debía haberle escrito a Morty temprano esta mañana para que reservara el libro por él, y aunque no habían planeado verse hoy después de despedirse la noche anterior, estaba ansiosa pensando en que él volvería a venir.
Todavía sonreía en el mostrador cuando un cliente salió y la puerta dejó entrar a Narcissa Malfoy.
Hermione parpadeó al verla -larga túnica color azul real, fluyendo sobre ella como agua, dedos delicados permitiendo que la puerta se cerrara a su espalda-. Miró a Hermione y sonrió.
Era como si un pedazo del alma de Hermione hubiera estado fuera de lugar durante meses, y hubiera vuelto a encajar en su sitio en ese momento.
—Hermione, querida, —dijo Narcissa desde la puerta. Sus ojos brillaban mientras subía los escalones y llegaba al mostrador.
—Hola, Narcissa. —Hermione no pudo borrar la sonrisa de su rostro. De pronto la asaltó la idea de que Narcissa no tenía idea que ella se había estado follando sin sentido a su hijo durante la semana pasada, y esperó que no le importara demasiado.
—Es maravilloso verte. —Narcissa se deslizó hacia el mostrador y la miró fijamente.
Quizás pensar justo ahora en follar con Draco no era la mejor de las idea.
—¿Has venido por el libro de reserva? —Hermione se apartó de Lady Malfoy e intentó sacudir la cabeza para ahuyentar la imagen de Draco encima de ella.
—Sí, gracias, querida, —dijo Narcissa—. Y, por supuesto, para visitarte; siempre y cuando la tienda permanezca relativamente en calma.
Hermione se giró, sosteniendo la bolsa de la reserva, y encontró los ojos amables de Narcissa sobre ella. Y Hermione se preguntó si ella sabría sobre las clases. Si Draco se lo habría contado.
—Por supuesto. ¿Cómo has estado?
—Bastante bien, gracias, —dijo Narcissa, y Hermione estudió el contorno de sus labios, preguntándose si Narcissa usaría la marca de maquillaje que Pansy le había recomendado—.Vi las fotografías del Baile del Concejal el pasado fin de semana. Te veías magnífica.
Hermione se concentró en que sus mejillas no se sonrojaran mientras respondía. —Gracias. Me alegró mucho representar a Malfoy Consulting junto a Draco esa noche. Hicimos algunas conexiones maravillosas.
—Sabes, Hermione querida, —comenzó Narcissa, y Hermione sintió que su corazón saltaba hacia cada una de las direcciones que esto podría tomar—. Creo que ya debiste haber terminado con aquellos libros que te presté en otoño.
Hermione la miró con los ojos muy abiertos y se congeló. Los libros que debería haber devuelto en diciembre. Los libros que deberían haber sido devueltos a Narcissa en el momento en que huyó de la Mansión Malfoy después de la visita Azkaban. Ella había terminado de leer todos los libros. Y era completamente inapropiado tenerlos todavía en su poder. Era indebido.
—Yo- sí, en realidad ya los terminé. —Hermione podía sentir el bochorno luchando por llegar hasta su cuello—. Me disculpo por retenerlos tanto tiempo. —Miró hacia el mostrador—. Te los devolveré ésta misma tarde-
—Oh, no hay prisa, cariño.
Hermione levantó la vista y Narcissa agitó una mano al aire.
Ella continuó —Estaba pensando que podrías venir éste sábado a intercambiarlos por otros. —Narcissa inclinó la cabeza hacia ella y su largo cabello rubio cayó sobre su hombro.
Hermione se dio cuenta de que su boca aún estaba abierta, así que la cerró.
—Si tienes tiempo, también podría tener lista la cena. —Narcissa sonrió mostrando los dientes—. Sé que a Mippy le encantaría volver a verte.
Hermione la miró fijamente. Se recompuso y respondió. —Sí, eso es... muy amable de su parte, Narcissa. Me encantaría cenar contigo éste sábado.
—Perfecto. —Narcissa sonrió—. Entonces es una cita.
Hermione parpadeó varias veces antes de darse cuenta que todavía sostenía la bolsa con el libro de Narcissa, y rápidamente apuntó las notas en la libreta contable, sintiendo los ojos de Narcissa sobre ella.
—Me alegra mucho que estés leyendo a éste autor, —dijo Hermione, intentando hablar en voz baja—. Percival Hawk ha estado superándose a si mismo. ¿También has leído su obra anterior?
Hermione levantó la vista y Narcissa estaba contemplando sus manos trabajando sobre la libreta.
—Sí, lo he hecho. Siempre he sido una gran admiradora suya.
—Me ha gustado mucho éste nuevo libro —dijo Hermione mientras volvía a colocarlo en la bolsa—. Ha mejorado muchísimo como escritor. Sé que realmente se ha esforzado en superarse a sí mismo, estudiando arduamente a sus contemporáneos y tomando clases en Universidades Muggles. Creo que se nota.
—Es encantador escuchar eso, —dijo Narcissa, tomando la bolsa—. Pero el Sr. Hawk tenía un maravilloso desarrollo antes de intentar cambiarse a sí mismo. —Narcissa levantó una ceja hacia ella—. Sé que siempre me agradó, incluso antes de las... clases.
Hermione parpadeó cuando Narcissa se despidió con un asentimiento, escondiendo un secreto en los labios.
Así que ella sí había escuchado sobre las lecciones.
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"NARCISSA MALFOY INICIA JUICIO DE DIVORCIO"
Por Rita Skeeter
Narcissa Malfoy (antes Black) ya no será Malfoy. Algo muy poco común en los matrimonios Sangre Pura, la más joven de las hermanas Black solicitó el divorcio el lunes por la mañana.
La Sra. Narcissa Black no estuvo disponible para hacer comentarios, pero la documentación presentada ante el Wizengamot citaba "diferencias irreconciliables" con su futuro exmarido. Lucius Malfoy fue condenado en 1998 por su apoyo a Quien-Ustedes-Saben durante la Segunda Guerra Mágica.
Los registros de visita de Azkaban muestran que Narcissa ha visitado a su esposo en su día de visita de forma constante durante los últimos dos años, hasta el día que su hijo Draco fue liberado de Azkaban, convirtiéndose él en el principal visitante. Los registros muestran que la última visita de Narcissa Black a Lucius Malfoy en Azkaban fue el 1 de diciembre de 1999.
A saber cómo fue que llegaron a esto, o si la decisión de la Sra. Black ha sido causada por algún incidente específico. Quédese junto a ésta humilde reportera, y estoy segura que juntos lograremos llegar al fondo del asunto.
Hermione no podía creer las palabras en la página. No podía decidir si la sorprendía más Narcissa, o Skeeter por publicar semejante artículo.
Archivó la información referente a que Rita era capaz de obtener los registros de visitantes de Azkaban y, por lo tanto, sabía que Hermione había visitado a Lucius en noviembre. Tendría que analizarlo más tarde.
No, lo que realmente no podía entender era que una bruja Sangre Pura con aquella posición social estuviera solicitando el divorcio.
Se preguntó cómo serían los acuerdos prenupciales en el mundo mágico, si es que existían, y esperaba que Narcissa tuviera estabilidad financiera en el futuro.
Hermione terminó de tomar su café matutino, y revisó por última vez en el espejo el mediocre trabajo que había hecho con su maquillaje antes de dirigirse a la oficina.
Mientras estaba de pie dentro del elevador hacia Malfoy Consulting Group, se preguntó cómo lo estaría tomando Draco. Por lo que alcanzaba a entender de su caótica dinámica familiar, era probable que no estuviera derramando ni una lágrima. Pero aún así debía sentirse como el punto final de algo.
Las puertas del ascensor se abrieron y Draco la esperaba de pie en el mostrador de recepción, café en mano.
Él le guiñó un ojo.
Y de pronto recordó que se estaba tirando a ese hombre. Se sonrojó de una manera particularmente reveladora y salió del elevador, tomó el vaso de café que le ofrecía y susurró —Buenos días.
—Tenemos junta con el personal Ejecutivo a las diez, por la tarde necesitamos reunirnos para hablar sobre la campaña de los Snidgets Dorados. —Draco la acompañó a la puerta de su oficina como de costumbre—. Después de nuestro almuerzo, por supuesto.
Ella lo miró y sus ojos insinuantes en medio de la oficina la hicieron sentir osada. Entonces, volverían a "almorzar" ésta semana.
—Almuerzo, —dijo—. Sí. —Hermione miró por encima de su hombro y encontró a Walter enfrascado en sus documentos. —¿Y qué planeas ordenar hoy?
Sus labios se torcieron. —Tengo algunas ideas, —dijo—. Pero estoy abierto a sugerencias. —Sus ojos destellaron, y ella volteó hacia la alfombra para evitar devorarlo ahí mismo.
Él se apartó de ella, pero antes de que pudiera alejarse más que un par de pasos, ella gritó —¿Hum, Draco? —Cuando volvió a mirarla, ella indicó con la cabeza hacia su oficina y entró por la puerta. Draco se unió a ella en la puerta, apoyándose contra el marco. Hermione bajó la voz.
—Yo, hum... leí el periódico ésta mañana. Sólo quería asegurarme de que estabas... bien.
Él la miró fijamente, arqueó una ceja y dijo —Perfectamente.
—Sí, qué bien, —tartamudeó—. Sólo quería... asegurarme... quiero decir, sé que a veces éstas situaciones pueden ser difíciles, así que yo sólo... —Se detuvo, comprobando su rostro en busca de cualquier tipo de reacción.
—Al contrario, —dijo—. Probablemente ha sido una de las decisiones más sencillas que ha tomado mi madre.
—Bien, excelente. —Hermione bajó la mirada—. Yo... me alegro por ella. Y por ti. —Sonrió y él le devolvió la sonrisa—. Sin embargo, estoy sorprendida por el descaro de Skeeter. Es un asunto bastante privado, incluso aunque sea un excelente chisme. Me siento mal por tu madre.
—No lo hagas, —dijo, encogiéndose de hombros y mirando brevemente el marco de la puerta—. Fue ella quien le dio la primicia a Skeeter.
Hermione podía sentir su boca abriéndose y cerrándose. —Oh, —finalmente salió—. Creí haber leído que tu madre no estaba disponible para hacer comentarios.
—Sí, —dijo Draco, levantándose del marco de la puerta—. Ésa fue la única condición de mi madre. No estar disponible para hacer comentarios. —Él le dirigió una sonrisa secreta y la dejó de pie en su oficina, preguntándose sobre el juego de ajedrez que Narcissa había preparado.
Treinta minutos después, Hermione se dirigió a la sala de conferencias para la reunión del personal Ejecutivo. Cuando llegó allí, se sorprendió al ver un rostro nuevo en la mesa, antes de recordar que Cornelia Waterstone comenzaba hoy en el puesto de Relaciones con el Wizengamot. Estaba sentada al final de la mesa, en el asiento que había permanecido vacío desde el principio. Cuando Hermione entró, la mujer le dirigió una mirada sensata y una leve sonrisa.
—Srta. Granger, ¿cierto? —Cornelia Waterstone se levantó y le estrechó la mano—. Es un placer verla de nuevo.
—Igualmente, Sra. Waterstone. Estamos complacidos de tenerla aquí en Malfoy Consulting. —Hermione se sintió inspeccionada, bajo los ojos de Waterstone—. tengo muchas ganas de trabajar junto a usted en el próximo caso de la ley de Hombres Lobo.
—Sí, ya he reunido información al respecto, el perfil de los miembros del Wizengamot y cómo se sienten con respecto a la comunidad de hombres lobo. Deberíamos discutirlo pronto.
El rostro de esta mujer no se había movido ni una sola vez, a excepción de su boca. E incluso era tan delgada y apretada que apenas y se movía al hablar.
Hermione le sonrió y tomó asiento mientras el resto del equipo entraba detrás de ella.
Draco le dio la bienvenida a Cornelia y le dio la oportunidad de presentarse con el personal. Blaise parecía muy molesto cada vez que ella hablaba. Después que todos dieron una actualización sobre sus proyectos actuales, Draco se levantó y se aclaró la garganta.
—He dicho desde el principio que no quiero ser hermético con nuestras finanzas. Ha habido un pequeño cambio del que quiero que todos estén al tanto. —Draco miró rápidamente la mesa y Hermione sintió como si una piedra cayera en su estómago—. El ingreso semanal que debía entrar durante tres semanas más, ha sido cortado. Haré todo lo que esté en mis manos para renegociar el contrato con este inversionista o reclutaré uno nuevo para compensar ese faltante, pero deben saber que Ranji, el asistente de Melody, así como algunos otros puestos temporales serán suspendidos durante las próximas semanas.
Wentworth suspiró. Mockridge hizo una mueca. Waterstone frunció el ceño. Y Blaise entrecerró los ojos hacia Draco.
—¿Y qué pasó con ese inversionista, si puedo preguntar? —Dijo Blaise.
—Los términos de nuestro acuerdo no eran adecuados. —Draco observó a Blaise directamente a los ojos, con una mirada que transmitía el final de la discusión.
Hermione sintió que su corazón golpeaba contra su caja torácica. Miró las vetas de madera sobre la mesa. Sabía que debería haber asistido a la clase de Organización de Eventos de ayer. Eso había sido un error. No importaba lo que dijera Draco, ésas clases eran necesarias.
Lo que fuera que estuviera cruzando por su mente debía haberse mostrado abiertamente en su rostro, porque cuando levantó la vista de la mesa, Blaise la estaba observando, con una ceja levantada.
Hermione miró hacia otro lado y rápidamente se reenfocó en Draco, quien detallaba las necesidades de las siguientes semanas en función de su carga financiera.
Mockridge intervino y dijo —Pensé que habías mencionado que estos ingresos semanales estaban seguros. Que habían sido aseguradas sin condiciones.
Draco tragó saliva y se encontró con los ojos de Mockridge. —Después de todo si hubieron condiciones.
Mockridge volvió a hablar. —Y entonces, ¿cuál es tu plan, a medida que nos acercamos al día de pago de fin de mes?
Hermione sintió que su estómago se retorcía. Intentó desconectarse de los planes de contingencia que necesitaban desarrollar y miró cualquier otra cosa alrededor de la habitación. Sus ojos se posaron en Cornelia Waterstone, cuyo primer día había comenzado con esta conversación. Hermione se dio cuenta que el salario de Waterstone para febrero era un nuevo gasto a pagar. De haber sabido lo de la herencia, Waterstone no habría sido contratada hasta marzo.
Esto estaba fuera de control. Sentía una presión detrás de los ojos, frustrándola. Tendría que hablar con Draco y continuar con las clases.
Cuando la reunión terminó, y el estado anímico de todos había descendido en espiral, Hermione se quedó en la mesa mientras todos se levantaban y se apresuraban a regresar a sus escritorios, con la tarea de encontrar formas de reducir gastos y tal vez generar un poco de ingresos adicionales en las próximas tres semanas. Golpeó su pluma contra el pergamino, viendo la tinta derramarse en manchas. Draco todavía estaba en la cabecera de la mesa, fingiendo reunir sus notas.
—Granger.
—Esto no es justo. No para aquellos que han perdido sus trabajos. —Se mordió el interior de la mejilla.
—No han sido despedidos, Granger. Hemos reducido sus horarios.
Hermione comenzó a apilar sus notas y se levantó para irse. —Podemos retrasar el proyecto de los Snidgets Dorados. Y buscaré la forma de recortar el presupuesto de los Hombres Lobo para poder reasignar esos fondos-
—No podemos reasignar esos fondos. Las donaciones se dieron bajo el explícito propósito de usarse en ese proyecto.
—¿Entonces mi departamento será el único que no presentará recortes de presupuesto? —Ella extendió los brazos a los lados—. ¿Cómo es eso justo?
—Tu departamento es el único totalmente financiado por recaudación de fondos, no por la herencia. —Draco caminó alrededor del borde de la mesa para pararse frente a ella. La puerta aún estaba abierta, pero ella deseaba que él la tocara. Como si fueran pareja, amantes. Como si así pudieran consolarse el uno al otro.
Hermione apretó los papeles entre sus manos.
Se le ocurrió una idea. —Pero el salario de los miembros de mi departamento es pagado con la herencia. El de Walter y el mío, —dijo. Él entrecerró los ojos—. Puedes reducir mi salario. Prácticamente a la mitad, en realidad.
—No, Granger. No vamos a reducir tu salario. —Casi rodó los ojos, retrocediendo para empujar su silla y tomar sus notas.
—No, de verdad. La cantidad de dinero que gano aquí es obscena. Para el sueldo de febrero, puedes reducir mi salario; o incluso tomarlo todo, —susurró—. Nadie necesita saberlo. —Lo vio apretar los labios, preparando su argumento—. Además, con Pansy cubriendo los costos de mi guardarropa y sin las clases haciéndole un agujero en mi bolsillo, tendré muy pocos gastos.
Las manos de Draco dejaron de moverse entre sus documentos. Su mandíbula chasqueó y la miró. —¿Tú pagabas el costo de las clases?
Ella vio en sus ojos el mismo fuego que había visto el sábado en el callejón.
—No iba a permitir que lo cubriera él. Rechacé su dinero. —Hermione parpadeó. Él movió sus ojos sobre la mesa, pensando, tal vez planeando la muerte de su padre. Ella tocó su codo para traerlo de vuelta—. Draco, solo por febrero. Reduce mi salario. La única persona que se dará cuenta es Dorothea y estoy segura que no dirá nada.
—No. No es así como vamos a lidiar con esto, Granger. Metí a todos en este lío conmigo, así que déjame sacarnos de él. —Apretó la mandíbula y la miró antes de dirigirse a la puerta.
Cuando se fue, Hermione se preguntó cómo, en nombre de Merlín, había sido él quien los metiera en éste lío. Bajó la mirada hacia su pergamino manchado.
Una cosa era segura. Iría a casa de Madame Michele mañana por la noche. Draco podría lidiar con eso.
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Cornelia Waterstone terminó estrellándose contra ella, Draco y su cita para "almorzar". Y no de forma divertida.
Cornelia había visto en el calendario de la oficina que Hermione y Draco pasaban algún tiempo antes del almuerzo discutiendo sus casos a diario, y había decidido unirse a ellos para ponerse al día con la Ley de Hombres Lobo.
Esto significaba que Hermione tendría que ir a tomar sus notas de los Hombre Lobo, ya que originalmente no tenía intención de hacer nada más que envolver sus piernas alrededor de la cadera de Draco en aquel "almuerzo".
Cuando regresó, Draco y Cornelia ya estaban enfrascados en una conversación profunda sobre los miembros del Wizengamot, y los planes de Cornelia para conectarse con cada uno de ellos en relación a la propuesta de Ley.
Cuando la secretaria de Draco (Carrie -se llamaba Carrie) interrumpió a las 12:30 para preguntarle a Draco qué ordenarían para almorzar, él invitó cortésmente a Cornelia a unirse a ellos, pero Hermione pudo ver la tensión en sus labios, la esperanza de que ella se negara.
—Oh, gracias, Sr. Pero tengo un almuerzo programado con un amigo calle abajo. —Cornelia se fue con una breve inclinación de cabeza, y después de que Carrie tomara su orden y cerrara la puerta tras ella y Cornelia, Draco silenció la habitación y agitó la mano para enviar todo lo que estaba sobre su escritorio al piso.
—Súbete al escritorio.
Ya iba a medio camino de quitarse la camisa cuando el cerebro de Hermione reaccionó.
—¡Draco, sólo tenemos unos quince minutos antes de que Carrie traiga el almuerzo!
—¿Es un desafío, Granger? —Él levantó una ceja mientras comenzaba a desabrocharse el cinturón—. ¿No me crees capaz de acabar contigo en quince minutos? —Sus ojos estaban calientes sobre los suyos.
Hermione parpadeó, sintiendo su sangre hervir. Draco ya estaba semidesnudo.
—Bueno, definitivamente no dos veces. —Ella levantó una ceja. Y sonrió.
Él entrecerró los ojos. Y la arrojó sobre el escritorio.
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Dieciséis minutos más tarde, Draco y Hermione estaban nuevamente sentados en el sofá, comiendo su sándwich y ensalada.
Él le hizo algunas preguntas sobre la Ley de Hombres Lobo, ella asumió que lo hacía para que esto pudiera contar como "trabajo".
Ella mencionó algunos puntos del proyecto de Snidget Dorados, y ofreció nuevamente detenerlo debido a la situación financiera.
—Mientras se financie con recaudación de fondos, no es necesario detenerlo.
Hermione asintió y luego dijo, —Me reuniré con Viktor el miércoles. —Hizo girar su lechuga alrededor del empaque de cartón—. Iremos a almorzar y le presentaré la campaña de los Snidgets Dorados. Esperemos que una vez que esté a bordo podamos hacer que Skeeter y el Sr. Lovegood cubran el proyecto. —Apuñaló un tomate y se lo llevó a los labios—. ¿El mundo de la escoba tiene artículos? ¿O sólo habla tonterías de Quidditch?
Ella volteó a verlo y Draco ya la estaba observando. —Sí, tienen artículos.
—Oh, muy bien. Podemos ver si ellos también hacen un artículo. —Se metió el tomate en la boca y masticó alegremente.
Draco terminó de masticar su sándwich y dijo, —Qué gran noticia que Krum quiera involucrarse.
—Sí, estaba muy interesado en el Baile del Concejal. —Apuntaba su tenedor hacia otro tomate cuando escuchó la risa de Draco.
—Ah-jaa. Seguro que lo estaba, —canturreó. Él la miró con ojos sugestivos.
Ella frunció el ceño. —No, no de esa forma.
—Justamente de esa forma. Estoy seguro. —Draco levantó una ceja mientras arrugaba la envoltura de su sándwich—. Honestamente, no puedes creer que él está interesado en el bienestar de los Snidgets Dorados.
—Lo está —Hermione sintió sus hombros tensarse—. Está muy interesado en los Snidgets Dorados, y te lo demostraré cuando regrese del almuerzo con su apoyo completo. —Ella levantó la nariz al aire.
—Claro, Granger. Intenta ir vestida con un saco de patatas ésta vez y veremos dónde están sus verdaderos intereses.
Hermione lo miró fijamente. Draco se la devolvió con una sonrisa.
Volteó hacia su ensalada y él dijo: —Escuché que el sábado cenarás con mi madre.
Ella lo miró. —Sí, eso cierto. —Apuñaló un crutón y preguntó— ¿Estarás allí?
Rápido como una saeta, Draco interceptó el crutón del tenedor y se lo metió en la boca. Hermione lo miró sin pestañear. —Es probable. —Rompió el crutón con los dientes y le guiñó un ojo.
Ella lo fulminó con la mirada cuando le arrebató el último crutón y se lo echó a la boca. Estaba cerrando el empaque de cartón y metiéndolo en la bolsa de plástico para tirarlo cuando él habló.
—¿Considerarías quedarte esa noche? ¿Después de la cena?
Hermione lo miró desde su posición, inclinada sobre el bote de basura. Él le devolvió la mirada, apretando los labios.
—¿En la Mansión? —se sentó, parpadeando. Él asintió—. ¿En tu habitación?
—O en la habitación de Mippy. Donde sea que te sientas más cómoda, —dijo inexpresivamente.
—¿Estaría… Tu madre estaría de acuerdo con eso? ¿No es... inapropiado? —Hermione se carcajeó con fuerza.
Draco se encogió de hombros. —Ella no tiene por qué enterarse. —Se inclinó sobre el cojín del sofá para susurrarle al oído—. Tendríamos un ala entera de la mansión para nosotros. —La besó en la oreja. Después en la mandíbula. Después en los labios—. Y si ella nos atrapa, sólo le pediré que tenga listo el desayuno en la mañana.
Él besó suavemente sus labios otra vez. Ella sonrió. —Está bien. Lo haré. —Se mordió el labio y luego agregó—. Pero dile a Mippy que duermo del lado derecho de la cama.
Él reprimió una sonrisa. —Me aseguraré de que ella te encuentre un sitio. —Antes de que Hermione pudiera comenzar a comprender lo que implicaría pasar la noche en la habitación de Draco, él continuó—. Además, saldré de la ciudad el viernes. Viaje personal. —Él se removió en el sofá, mirando hacia el frente mientras Hermione giraba su cuerpo hacia él.
—Oh. —Eso fue todo lo que se le ocurrió decir—. ¿Volverás a Nueva York?
Los ojos de Draco se posaron en ella, y luego se alejaron. —No.
Hermione asintió, como si él hubiera dicho algo que entendía. Se mordió el interior de la mejilla antes de reunir todo su coraje.
—¿A qué fuiste a Nueva York?
Lo observó apretar la mandíbula. Se había puesto tenso, agresivo y poco comunicativo; y ella, por alguna razón, quería presionarlo más.
—Nueva York fue un error.
Hermione se arrepintió de haber mencionado el tema. Sentía que sin importar lo que fuera a decir, no saberlo era diez veces peor.
Draco se miró las manos y finalmente respiró hondo. —Fui a ver a una mujer. —Su mandíbula crujió.
Hermione sintió como si una lanza caliente hubiera sido empujada dentro de su pecho. Su muy activa imaginación comenzó a visualizar a Draco en todo tipo de posiciones con una chica estadounidense sin rostro. Grandes pechos, cintura pequeña, cabello rubio. Lo escuchó respirar profundamente a su lado, preparándose para revelar sus secretos, y casi lo detuvo, deseando no escuchar más.
—Es una Legeremante.
Ella giró el rostro para mirarlo. —¿Una Legeremante sexy?
—Necesitaba... Pensé que necesitaba de su ayuda. —Draco tragó saliva, recogiendo las migajas de su emparedado.
—¿Ayuda con qué? —susurró, temerosa de romper el hechizo de honestidad en el que se encontraba.
Draco respiró hondo, deslizando las palmas sobre las rodillas y se levantó del sillón para hablar.
Soy un Oclumante muy hábil. Entre tía Bella y Severus... tuve algunos maestros notables. —Draco se rascó la mandíbula, manteniendo los ojos en la alfombra—. He estado compartimentando mi mente durante años. Haciendo a un lado recuerdos, pensamientos, emociones... —Hizo una pausa, como si quisiera agregar algo más a esa lista. Hermione no podía apartar la mirada de su rostro.
Pensó en él cuando estuvo en la habitación de su infancia, en cómo había inhalado profundamente y luego puesto en blanco la mirada. En él junto a su chimenea, mientras ella gritaba a su espalda, y la mano de su madre sobre la suya. Una inhalación profunda y después la mirada en blanco.
Sabía que había usado Oclumancia, pero no lo profunda que había sido. Draco continuó.
—Severus solía ayudarme. Solía meterse en mi mente hasta que me reagrupaba. Hasta que volvía a construir muros resistentes…
De nuevo, parecía que había más ahí. Pero Hermione tenía miedo de moverse. Temerosa de que se detuviera.
—Pero sin él... —tragó saliva—. Antes de ir a Nueva York, había estado fallando. Durante meses. No podía poner los muros en su lugar. No podía separarme. —Volvió a pasarse las manos sobre las rodillas—. Blaise ha intentado ayudarme, pero su Legeremancia es una mierda. —Draco se rió entre dientes y el sonido la invadió, era tan nervioso y antinatural.
—Pensé que necesitaba a alguien para... ponerme a prueba. Para hurgar en mi mente hasta que todo estuviera reagrupado. —Se pasó una mano por el pelo—. Así que, me puse en contacto con alguien en Nueva York que es una de los mejores Legeremantes de nuestro tiempo. Le ofrecí pagarle generosamente para que se reuniera conmigo, y preparé un traslador esa noche.
Hermione ya no temía que una rubia voluptuosa hubiera poseído el cuerpo de Draco. Ahora le preocupaba que alguien había tenido acceso a su mente, a sus secretos, a los lugares ocultos que deseaba que él compartiera con ella. El dolor en sus costillas la ahogó.
—Eso es... —Se aclaró la garganta—. ¿Eso es algo que hace para ganarse la vida? ¿Es una profesión?
—No no. —Draco sacudió la cabeza, sin dejar de mirar la alfombra—. Ella rechazó mi dinero. Se negó a verme, en realidad. —Se rió de nuevo—. Tuve que rogarle. Es una bruja normal. Una viuda.
Viuda. Hermione no quería saber más sobre esa mujer, pero estaba secretamente contenta de que no fuera una rubia estadounidense de veinticinco años, con cintura pequeña y pechos enormes la que conocía todos los secretos de Draco Malfoy.
—¿Y te ayudó? —preguntó ella—. ¿Obtuviste lo que buscabas?
Pensó en la cena con el Sr Townsend. En lo frío que había estado y lo mucho que se había alejado de ella después.
Una pequeña y triste sonrisa corrió por sus labios. —No. —Se giró para mirarla. Finalmente—. Volví a besarte, ¿no es cierto?
Hermione tragó saliva, mirándolo, leyéndolo. Sus ojos eran amables, pero estaban pudriéndola por dentro.
Ella intentó igualarlo y le devolvió la sonrisa con tristeza. —En realidad, fui yo quien te besó.
Él sonrió de lado, y fue como si Draco hubiese regresado. —Sí, lo hiciste y arruinaste todo, ¿cierto? —Levantó las manos de su lugar sobre las rodillas y se las llevó a la cara. Se inclinó para besarla y murmuró contra sus labios—, Gracias a Merlín, ella no me dejó pagarle. Hubiera sido un enorme desperdicio.
Hermione sonrió contra sus labios cuando él la besó. Él presionó su lengua contra la suya y ella dejó que la consumiera lentamente, pero estaba gritando por dentro. Necesitaba preguntárselo ahora, antes de que el momento desapareciera.
Él se apartó para inclinar su boca contra la suya nuevamente, y Hermione lo detuvo tomándole las manos.
Draco abrió los ojos para mirarla, y ella vio al mismo chico que había observado su habitación boquiabierto, revisando cada esquina antes de que sus ojos se llenaran de lágrimas y se derrumbara. El mismo que emitió un jadeo cuando su tía la torturó, y escuchó a su madre decir "¿Qué diría Severus?". El que contuvo el aliento y cerró los ojos. Vio los mismos ojos grises que la miraron fijamente en la sala del tribunal, que la miraron penetrantemente en su primera visita a Cornerstone, que le preguntaron cuánto tiempo llevaba saliendo con Aiden.
—¿Fuiste a Nueva York para olvidarte de mí? —preguntó ella.
Él la miró alternando entre sus ojos y acarició sus labios con el dedo pulgar.
—No, —contestó—. Fui para ponerte de vuelta en tu caja.
