EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Para convivir con la gente, es importante la comprensión y el respeto, además de no creer que uno es mejor que nadie. Respeta a tus semejantes si quieres ser respetado".
CONVIVENCIA
CAPITULO XXXI
Habían pasado unos días maravillosos en Lakewood, a pesar de haber estado muy al pendiente del traslado de Sara, sin embargo tenían que regresar a Michigan para poder seguir con los preparativos para la boda de los rubios.
-¿Cuánto tiempo tardará Sara en llegar a Escocia? – Preguntó Anthony a su tío.
-Alrededor de quince días. – Dijo Albert. – Anthony suspiro hasta cierto punto intranquilo.
-No te preocupes Anthony, George está a cargo de todo el traslado y en cuanto llegue al puerto de Nueva York me avisará cuando salga el barco, estará muy bien vigilada, no tendrá la manera de escapar, además aunque pasen los seis años de arresto domiciliario seguirá vigilada y tendrá prohibido salir del país, ya cuando salga Louis de prisión él podrá ir a quedarse a vivir con ella, pero tendrá las mismas condiciones que ella, no podrá abandonar el país tampoco. – Dijo Albert quien se había asegurado de que todo quedara bien establecido para proteger a su familia, la tía Elroy había estado en desacuerdo con ellos, sin embargo en el fondo de su corazón sabía que era lo más recomendado, ella no había sabido ser una buena madre y por no saber poner un límite a tiempo a su hija la había convertido en un monstruo.
-Gracias tío, me haces sentir mucho mejor, ahora sí puedo regresar al rancho para terminar los preparativos para la boda. – Dijo Anthony con una sonrisa.
-Tienes razón hijo ya puedes regresar tranquilo, de ahora en adelante ellos estarán bien. – Dijo Albert al ver a lo lejos a Candy, quien estaba concentrada con las rosas de su amado. Anthony volteó a verlo sorprendido.
-¿Cómo es que…? – Preguntó a su tío quien lo veía con una sonrisa divertida.
-Ambos son muy transparentes, y últimamente los he estado observando mucho en sus acciones. Tengo la ventaja de conocer a Candy por el tiempo que vivimos juntos y a ti, porque sigues igual que de pequeño, con los mismos gustos por la comida, y desde hace tiempo los observo que ambos tienen los mismos comportamientos por la comida y las mismas náuseas. – Dijo Albert sin reproche, al contrario le decía esas palabras con tranquilidad, aceptando que legalmente sería "abuelo".
-Lo siento mucho, tío. – Dijo Anthony apenado, no quería que nadie se diera cuenta para no poner en entre dicho la honra de Candy, sin embargo él había sido muy observador con respecto a ellos.
-No tienes por qué disculparte. – Dijo volteando a ver a Candy. – Mírala, ella se ve hermosa y radiante, jamás la había visto así, irradia felicidad en cada movimiento que hace y eso se lo debe única y exclusivamente a ti. – Le dijo mientras palmeaba su hombro. Anthony volteaba igual hacía donde estaba la rubia y se encontraba con aquella hermosa rubia que él había convertido en mujer, era una verdadera belleza ante sus ojos y efectivamente aquella alegría que desprendía su cuerpo tampoco él la había visto en todos los años que la estuvo observando de lejos, ella era tan feliz como lo era él mismo.
-Tienes razón tío, ella es maravillosa y te prometo que la voy a cuidar y proteger con mi vida misma si es necesario, ella y mi hijo son lo más importante en mi vida. – Le dijo con una sonrisa, mientras Candy sentía aquella mirada penetrante sobre ella y volteaba para dedicarle una vez más aquella sonrisa que lo hacía estremecer, saludando a ambos desde lejos, pero llamando a su rubio hacia ella. Anthony volteó a ver a su tío quien con una sonrisa lo animó a reunirse con su amada.
-Adelante hijo. – Le dijo con cariño.
Los Cornwell llegaban un poco después, ambos habían ido a visitar a sus novias, Patty seguía hospedada en la mansión de los Britter mientras esperaba que Stear solucionara la manera de solicitar su mano ya que la familia de Patty estaba en el viejo continente y no podían viajar tan pronto como el par de muchachos lo deseaba.
-¿Y bien Stear? ¿Cuándo vamos a pedir la mano de Patricia? – Preguntó Albert a su sobrino, quien era el que se estaba quedando atrás por haberse ido a combatir a la guerra.
-Los padres de Patty no han podido viajar tío, sin embargo tanto ella como yo estamos dispuestos a hacer todo lo posible para estar juntos. – Albert lo veía pensativo, frotándose el mentón mientras ideaba una manera de ayudar a su otro sobrino.
-¿Qué te parece si tú y yo viajamos a Inglaterra? – Preguntó Albert. Stear lo miró emocionado, sin embargo volteaba a ver a Candy y Anthony quienes estaban próximos a casarse. –No te preocupes llegaremos a tiempo para la boda, solo que tenemos que salir de inmediato. – Dijo de nueva cuenta.
-Si me aseguras que llegaremos a tiempo yo encantado tío. – Dijo Stear quien no pensaba que su tío se animaría a ir hasta Inglaterra solo para hacer el compromiso matrimonial de Patty y de él.
-Perfecto, entonces mañana mismo salimos rumbo a Inglaterra. – Dijo Albert y Stear asintió sorprendido, sin embargo estaba dispuesto a hacerlo.
Archie como siempre se quedaba en Lakewood acompañando a la tía abuela, la cual seguía sin hablarle a ninguno de los presentes, mucho menos presentarse al mismo tiempo que lo hacían ellos a la hora de la comida, no sabían si era por rencor o por vergüenza, lo único que sabían era que los evitaba lo más posible. Albert salió junto con Stear rumbo a Inglaterra con la promesa que llegarían a tiempo para la boda de los rubios y Anthony y Candy regresaban junto con Tom y Elisa al rancho.
Mientras Candy y Elisa iban incómodas al saber que iban a convivir igual que antes, Tom pensaba en llevar a Elisa al rancho que había heredado de su padre, sin embargo tenía que hacerle unas modificaciones para que Elisa estuviera más tranquila, sabía bien que ella estaba acostumbrada a otro tipo de lujos así que tendría que echar mano de los conocimientos de decoración que había tenido el rubio con su propia casa.
Candy y Anthony iban detrás del automóvil mientras Tom viajaba con Elisa al frente, ella iba muy nerviosa por la nueva vida que enfrentaría y tenía cierto miedo de no poder adaptarse a ella, mal que bien estaba acostumbrada a hacer su santa voluntad todo el tiempo, pero sabía bien que con Tom no era el caso, él no la trataba como los demás, si estaba equivocada la hacía ver que lo estaba sin contemplaciones de ningún tipo, le había demostrado que tenía el carácter más fuerte que el de ella y eso le gustaba, siempre había deseado a un hombre que supiera cómo tratarla y que le diera por el lado por el simple hecho de complacerla, sin embargo se había enamorado de un hombre muy diferente al que siempre había soñado y a pesar de haber chocado tanto sus caracteres al principio en esos momentos ella se dejaba llevar más por lo que él decidía.
-Estaremos unos días en el rancho de Tonny. – Le dijo Tom. – Mientras mandaré arreglar el rancho de mi padre a tu gusto para que vivamos ahí. – Le decía con cariño, él la amaba y quería verla feliz. Elisa asentía indecisa, no sabía si la vida del campo le gustaría, sin embargo por Tom lo intentaría.
-Cómo tú digas. – Dijo con una tímida sonrisa.
Candy y Anthony venían serios en la parte de atrás, sobre todo Candy quien no sabía si había sido una buena idea que Elisa se quedara a vivir un tiempo en casa de su prometido, sentía pena por ella, pero mentiría si dijera que no tenía desconfianza por ella, sin embargo quería darle una oportunidad por su hermano, porque era la mujer que él amaba, y sabía que a pesar de lo que había ocurrido con ellas en el pasado ella se veía igualmente enamorada de él.
Llegaron al rancho ya muy cerca del atardecer, ya cuando el sol comenzaba a ocultarse en el ocaso los colores rojizos que se pintaban en el cielo se veían extraordinarios a los ojos de los presentes.
-¡Que hermosa vista! – Dijo Elisa admirando por primera vez aquel lugar al que era llevada por su novio.
-Es verdad amor. – Le dijo Tom al abrazarla por la espalda. – La vista de los atardeceres en este lugar es muy hermosa. – Cuando te recuperes por completo te llevaré a montar las veces que quieras. – Le dijo con una sonrisa, mientras Elisa le correspondía de la misma forma.
-Elisa eres bienvenida a nuestro hogar. – Dijo Anthony a su prima con sinceridad. Candy asintió con una sonrisa.
-Gracias Anthony. – Dijo volteando a ver a Tom con una sonrisa.
Los muchachos se adentraron al rancho llevando cada uno a su novia de la mano, Anthony llevaba a Candy por delante para mostrar a Elisa el lugar donde se quedaría. Elisa observaba maravillada lo elegante que era el lugar por dentro, nunca había visto un lugar tan campirano y a la vez tan elegante como ese, tenía una decoración muy fina y elegante, todo había sido elegido con sumo cuidado y se notaba en cada uno de los detalles que había alrededor de aquella enorme casa.
-Elisa puede usar mi habitación. – Dijo Candy siendo amable con la pelirroja. Elisa se sorprendió por el ofrecimiento de la rubia y volteó a verla un poco apenada por lo ofrecido.
-Gracias Candy. – Elisa agradeció de buena gana aquel ofrecimiento, no podía negar que le había sorprendido aquel gesto de la rubia, sin embargo ella sabía que Candy siempre estaba dispuesta a ayudar a la gente.
-No será necesario. – Dijo Tom quien veía a los presentes. – Elisa puede quedarse en mi habitación. – Dijo de pronto, sin embargo la sorpresa que causó en los presentes lo hizo sentirse un poco nervioso. – Vamos muchachos, pronto nos casaremos también nosotros. – Dijo rascando su cabeza. – Pero tú decides amor. – Dijo con una sonrisa nerviosa.
-Me quedaré contigo, Tom. – Dijo Elisa sonrojada, se sentiría más segura al lado de Tom en aquel lugar que pesar de ser muy cálido era desconocido para ella. – De todas formas agradezco tu ofrecimiento Candy. – Dijo ante el asombro de todos. Candy sonrió a Elisa y por primera vez ella le correspondió, eso no quería decir que eran amigas.
Tom y Elisa se retiraron a lo que sería por unos días su habitación mientras Candy y Anthony se quedaban a solas en el que pronto sería su hogar.
-¿Crees que Elisa se sienta a gusto en un lugar como este? – Preguntó Candy aún dudosa.
-No veo por qué no, Tom está muy feliz con ella y ella lo ama, además Elisa ha perdido todo el dinero que tenía su familia, no tiene otro lugar al cual ir. – Dijo Anthony sintiéndose culpable por ello.
-Pero tú no tienes la culpa. – Le dijo Candy queriendo hacerlo sentir mejor.
-En cierta forma sí mi amor. – Le dijo con una sonrisa de lado mientras tomaba su mentón y lo acercaba a su rostro. – Elisa ha firmado los papeles para regresar toda la herencia, pero al haber sido despilfarrada los bienes de los Leagan han pasado a mi nombre para poder reunir la cantidad que les fue otorgada y esa no era mi intención, de hecho yo no quería que me regresaran ese dinero.
-Lo sé amor, pero fue orden del juez, además la que debería de responder por todo ese dinero debió ser la tía Elroy quien fue la que lo otorgó a los Leagan.
-Sí, pero la cláusula que ella misma había hecho era que ellos podrían gozar de ese dinero si a mí me pasaba algo y al estar yo con vida se anula por completo. – Decía Anthony aun sintiendo pesar por la nueva situación de su prima. – Ahora que su padre está en la cárcel, su madre desterrada y su abuela que no está de acuerdo con la unión con Tom ella ha quedado solo al cuidado de Tom.
-Y de nosotros. – Dijo Candy con una sonrisa tierna a su amado. – Elisa será la esposa de nuestro hermano, por lo tanto es nuestra familia y tenemos que apoyarla también. – Dijo besando a su prometido en los labios.
-Eres tan buena mi amor. – Le dijo Anthony a Candy viéndola a los ojos. – Sabía qué harías algo como eso.
-Solo espero que Elisa sepa apreciar todo lo que Tom ha hecho por ella. – Dijo Candy en un suspiro.
-¡Tonny! ¡Candy! ¡Han regresado! – Dijo Jhon feliz de ver a sus hermanos de nuevo.
-Así es Jhon ya regresamos. – Dijo Anthony feliz de ver al pequeño de su familia. -¿Cómo te fue aquí con todo los pendientes? – Preguntó con una sonrisa.
-Sin ningún problema Tonny. – Dijo con una sonrisa a su hermano. - ¿Y Tom? – Preguntó, tenía ganas de ver a su otro hermano, tenía muchas semanas de no verlo.
-Tom está con Elisa en su cuarto. – Dijo Anthony ante el asombro de Jhon.
-¿Juntos? – Preguntó sorprendido. Anthony asintió.
-Pronto serán marido y mujer también, Jhon.
-¿Y yo que voy a hacer? - Dijo Jhon angustiado.
-¿Por qué te preocupas Jhon? – Preguntó Candy al ver el rostro de angustia de su hermanito.
-Porque pronto te casarás con Tonny y Tom con Elisa, y los casados quieren casa propia, y no me gustaría estar de mal tercio entre ustedes. – Decía el chico, sin poder contener sus nervios. – Cuando ustedes se casaran yo me iría a vivir con Tom al rancho de nuestro padre, pero ahora que se va a casar con la señorita Leagan no creo que sea adecuado. – Decía con pesar.
-Jhon tú siempre serás bien recibido en esta casa, esta es tú casa también. – Dijo Anthony viendo a su hermano menor. – Sabes que siempre serás nuestro hermano, así que no acepto un no, tú vivirás a nuestro lado. ¿Verdad hermosa? – Preguntó a Candy.
-¡Por supuesto Jhon! Esta siempre será tu casa hasta que tú lo decidas. – Le dijo la rubia con una sonrisa, calmando al pobre Jhon quien sonrió más relajado al escuchar que ambos estaban de acuerdo con que él se quedara a su lado.
-Muchas gracias Tonny, Candy. – Les dijo con una sonrisa abrazándose a ambos feliz agradeciendo con ese gesto la oportunidad que le seguían dando.
Jhon se retiró más tranquilo a su habitación, había sido un día muy pesado y ansiaba con bañarse para descansar por fin en su cómoda cama.
Mientras tanto Tom estaba junto a Elisa, la veía muy enamorado y le parecía imposible que estuviera a su lado, en su recámara los dos completamente solos, sin temores, sin preocupaciones, sin temer que ella se esfumara de entre sus dedos o que alguien los descubriera en aquella intimidad que ambos formaban.
-No sabes cuantas veces desee tenerte así a mi lado, en mi habitación. – Decía Tom aferrándose a las voluptuosas curvas de Elisa, la tenía ahí dispuesta ante él, a su merced, sin embargo no se atrevía a ir más allá de unas caricias sobre su ropa. Ella estaba ahí dispuesta, decidida y conforme el la tocaba su respiración se iba agitando más y más, sin embargo él no quería avanzar y presionarla, quería que confiara en él nuevamente, después del trauma que había sufrido no quería que ella se asustara de nueva cuenta y le volvieran los malos recuerdos a su mente. Sin embargo el cuerpo de Elisa comenzó a reaccionar siendo ella la que tomó la iniciativa y lo llevó de camino al baño para iniciar ese encuentro que tenía meses anhelaba su cuerpo.
Tom fue vencido una vez más por la sensualidad de su novia y se dejó envolver en ese voluptuoso cuerpo que se mostraba ante él una vez más, tomándolo con dulzura, con cuidado, con lentitud, nadie entraría a perturbar su encuentro esta vez, estaban en sus dominios y ahí no había miedos ni prisas. Elisa se entregó sin contemplaciones evitando traer a su mente las asquerosas caricias de aquel tipo que la había manoseado sin contemplación, quería borrar con los besos y caricias de Tom aquella mala experiencia que había sufrido, parecía que Tom sabía lo que ella anhelaba y se dedicó a besar tiernamente cada uno de los rincones de su piel, volviendo a marcar su cuerpo como su propiedad, llevándola hasta el límite de la pasión, entregándose en cuerpo y alma una vez más.
Candy y Anthony estaban en la habitación de él, ambos sabían que tanto Elisa como Tom estaban muy entretenidos en lo suyo y que no iban a salir a cenar, Jhon se había retirado muy cansado a su habitación y ellos estaban en la de Anthony, solos sin nadie que pudiera evitar un encuentro amoroso entre ellos, sin embargo el rubio a pesar de estar tentado a tomarla entre sus brazos tenía que asegurarse que ella estuviera bien primero.
-¿Quieres que te lleve al hogar? – Preguntó mientras besaba sus labios y su cuello como queriendo convencerla de lo contrario, sin embargo si ella se lo pedía así lo haría.
Candy se dejaba besar y acariciar mientras cerraba sus ojos en busca de mayores caricias a su cuerpo.
-Sería lo más conveniente. – Decía Candy en respuesta, sin embargo se aferraba a sus manos, consciente de que provocaba un mayor roce en su cuerpo al momento de tomarlas entre las suyas.
-Entonces deja acompañarte. – Decía mientras la seguía besando con ternura, con pasión, mientras sus besos se hacían más demandantes e intensos, sus bocas se fundían entre si y sus lenguas buscaban explorar la boca del contrario, sus manos viajaban hacia el sur para posarse en sus bien proporcionados glúteos mientras los acariciaba con desespero, Candy no se resistía a esas caricias, al contrario se demostraba ansiosa de buscar ese anhelado contacto de piel a piel, recostándose en la cama para que él se posicionara encima de ella buscando la mejor posición para recibir aquellas fricciones que su cuerpo deseaba.
-Anthony. – Dijo un poco ansiosa.
-Dime hermosa. – Decía mientras seguía encima de ella comenzando a buscar el nacimiento de su escote, deleitándose con el sabor de su piel expuesta.
-Te necesito. – Dijo en un susurro, mencionando con pena que estaba necesitada de él, de su cuerpo, de sus caricias, y que no le era suficiente con tenerlo encima de ella solo recibiendo aquellas candentes caricias.
-Y yo te necesito a ti mi amor. – Le dijo sin detener su cometido, sin dejar su rastro de besos sobre su escote. Se levantó de encima de ella y comenzó a despojarse de su ropa, quedando en poco tiempo completamente desnudo ante ella ofreciendo una espectacular vista a la rubia. Candy lo veía con un brillo muy especial en su mirada, admirando la belleza de aquel varonil cuerpo que se ofrecía ante ella orgulloso y dispuesto. Anthony comenzó a acariciar su cuerpo despojando poco a poco de su ropa, mientras besaba cada una de las partes que iba despejando en su recorrido, deleitándose con su sabor, mientras el cuerpo de Candy se retorcía por las atenciones que recibía, sintiendo que no podía más por el calor que emanaba de su cuerpo, exigiéndole con cada caricia y cada movimientos más y más de aquel maravilloso rubio.
-¿Estás lista? – preguntó Anthony deseoso de entrar de nuevo en el cuerpo de ella, quería escuchar de nuevo sus gemidos mientras le hacía el amor. Candy asintió subiendo sus caderas para ofrecerse de lleno a él haciendo un ligero contacto sus intimidades arrancándole un suspiro a ambos al momento de rozarse, una corriente eléctrica los envolvió a ambos sintiéndose cada vez más necesitados el uno del otro. El cuerpo de Candy comenzaba a exigir esa intrusión que hacía tiempo no sentía de su amado la cual había extrañado tanto como él.
Anthony se enfocó en los verdes ojos de su amada mientras se colocaba en posición para irse abriendo paso a su cuerpo, ella lo observaba de la misma forma, estudiando cada una de sus reacciones, mientras iba sintiendo que se abría paso en su intimidad, un suspiro escapó de sus labios al sentirlo de lleno dentro de ella, mientras Anthony la seguía observando enamorado de sus gestos al ir invadiendo su perfecto cuerpo. Anthony sentía que iba a terminar en el preciso momento que entro en ella, obligándose a él mismo a aguantar a ese maravilloso calor envolvente que le cubría su hombría, suspiró para controlarse y se abrazó a su cuerpo tratando de mantener relajada su respiración suplicando porque Candy no se moviera por un minuto, para así comenzar a invadirla una y otra vez. Parecía que Candy sentía su deseo y se mantuvo a la espera de los movimientos de su prometido mientras se deleitaba con su firmeza dentro de ella.
Anthony una vez que pudo tranquilizar su cuerpo comenzó ese suave movimiento que lo llevaba al delirio, mientras Candy se alzaba de nuevo para colocar sus piernas alrededor de su cintura, cerrando los ojos para disfrutar de ese vaivén que le ocasionaba un sinfín de contracciones dentro de su ser. Los besos por todo su rostro se extendían hasta llegar a sus senos mientras sus manos la recorrían con deseo y desespero, logrando que Candy se desinhibiera y disfrutara como nunca cada una de sus caricias, esa noche Candy se entregó en cuerpo y alma como nunca lo había hecho, ya no tenía tanta pena de mostrarse ante él desnuda, su cuerpo era hermoso al igual que el de él y ambos se disfrutaban de sobremanera, Candy se aventuró y giró su cuerpo para terminar encima de él, eso provocó un asombro en el rostro del rubio que fue recibido de una manera positiva por él, sonriendo complacido de ver el movimiento de sus senos frente a su rostro, lo cuales no dudo en besar y acariciar, Candy comenzó a moverse encima de él marcando el ritmo de su entrega.
Anthony se inclinó para permanecer semi sentado con ella aún encima de él, haciendo la intrusión en su cuerpo más profunda y placentera, provocando con ello que ambos terminaran en un intenso y maravilloso orgasmo que los hizo a ambos cerrar sus ojos una vez que habían terminado. Sus cuerpos estaban sudorosos, exhaustos, cansados de aquella maravillosa entrega, la mejor que habían tenido hasta ese momento, sin embargo su cuerpo les exigía más, un nuevo encuentro, ninguno descanso ni un momento, simplemente siguieron con sus caricias enredando sus cuerpos uno en el otro, aumentando esta vez los movimientos con mayor rapidez y fuerza, provocando el aumento de sonidos que salían de sus bocas buscando la manera de controlar el placer que están sintiendo en ese momento, sus cuerpos estaban sonrojados, sudados, explorándose una vez más, se amaron de una manera más libre y salvaje, demostrando el deseo que los dominaba en ese momento, acababan de terminar una dulce y apasionada entrega, sin embargo en ese momento sus cuerpos exigían algo más necesitado.
-Te amo hermosa. – Decía Anthony en cada vaivén que se presentaba en su cuerpo, ansioso por hacer gozar a la dueña de su vida.
-Y yo a ti Anthony. – Decía Candy enamorada y deseosa recibiendo cada uno de los movimientos que su amado le obsequiaba, sus cuerpos demandaban aquella pasión que se otorgaban uno al otro mientras Candy sentía que ya no podía más, comenzado a sentir aquella deliciosa sensación que le recorría todas las terminaciones de su cuerpo obligándola a estallar una vez más, sintiendo como su cuerpo se tensaba antes de liberarse por completo, estallando mientras se aferraba al cuerpo de su amado, enredando sus manos en sus rubios cabellos, mientras él seguía con esos movimientos que entraban y salían de ella, sintiendo como su cuerpo se tensaba antes de comenzar a convulsionar entre sus brazos. Anthony la recibía feliz al sentir como su intimidad se aferraba a la de él provocando un delicioso movimiento que lo obligaba a dejarse llevar por esa sensación, era maravilloso ver la reacción de su amada entre sus brazos, llenándola una vez más de su excitación y dejándose llenar él también de su humedad.
Había sido maravilloso, una vez más había hecho su mujer a Candy, su amada Candy y había sido mucho mejor que su primera vez, él había sentido con mayor intensidad el clímax de su amada y él mismo había gozado más cuando ella se mostró más intensa y desinhibida en sus movimientos.
La sintió cansada entre sus brazos, su cuerpo se relajaba al igual que el de él, ambos terminaban enredados uno al otro, con sus respiraciones agitadas y su pulso tembloroso, sus rostros enrojecidos por el placer y la actividad que habían realizado, el calor se hacía presente una vez más obligándose ambos a permanecer destapados admirando Anthony la anatomía de su princesa.
La beso en su rostro repetidas veces, lo mismo que sus cabellos y acarició su vientre con ternura, cuidando en cada caricia hacerla vibrar con su roce.
-Los amo. – Le dijo muy cerca de sus labios. Candy sonrió feliz por las palabras del rubio.
-Nosotros de amamos a ti. – Le dijo acercándose a él y proporcionándole un tierno beso. – Me haces tan feliz Anthony. – Le decía de nuevo en sus labios.
-¿Quieres que te lleve al hogar? – Volvió a preguntar, esta vez le costaba más decirlo y por supuesto hacerlo. Candy negó.
-Ya es muy tarde. – Le dijo con un sonrisa. – Estoy cansada, necesito dormir. – Le dijo aferrándose a su cuerpo.
-Lo siento mi amor. – Le dijo sintiéndose culpable por haberla agotado con tanta actividad.
-No, no lo sientas, me gusta hacer el amor contigo. – Le dijo con los ojos casi cerrados por el sueño, cayendo de pronto en sus brazos, sin decir una sola palabra más. Anthony la tomó en sus brazos y la cubrió con una sábana, poco a poco el calor que sus cuerpos emanaba se iba disipando y no quería que se enfermara.
-A mí también me encanta hacer el amor contigo princesa, te amo. – Le dijo dándole un beso en sus labios, sin embargo Candy ya no respondió, solamente sonrió a duras penas y terminó dormida profundamente abrazada a su cuerpo, arrullándose con el latir acompasado de su corazón el cual latía relajado y satisfecho.
A la mañana siguiente Candy se despertó muy temprano, sabía que no estaba en su recámara en el hogar y no quería tener problemas con sus madres, así que se dedicó a darse un baño antes de salir rumbo al hogar de Ponny. Anthony se sorprendió por el movimiento de su amada despertándose igual que ella.
-Buenos días amor. – Le dijo Candy con una sonrisa enamorada, mientras se enredaba en la sábana para dirigirse hacia el baño.
-Buenos días amor. – Le contestó de la misma manera con una sonrisa radiante y feliz, le fascinaba tenerla ahí por las mañanas, la vio que se había enredado en una sábana y se dirigía hacia el baño. - ¿Necesitas ayuda? – Le preguntó son una sonrisa, sin embargo no se esperó a recibir respuesta y se dirigió hacia el baño junto a ella, cerrando la puerta detrás de él para ayudar a su princesa a darse un baño, sus rostros se encontraron y una mirada de deseo volvió a brillar en los ojos de ambos.
La mañana comenzaba en el rancho de Tonny Stevens como siempre, con muchas actividades, sin embargo había algo diferente aquella mañana, era algo que no estaba a la vista pero que se sentía en el ambiente.
-Buenos días. – Dijo Anthony a Tom quien se encontraba en la cocina como era habitual cuando estaba ahí, pero esta vez irradiaba una sonrisa de oreja a oreja plasmada en su rostro, una sonrisa casi tan grande como la del rubio.
-Buenos días Tonny. – Dijo emocionado saludando con mucho ánimo a su hermano.
-Vaya veo que alguien pasó una buena noche. – Le dijo con una sonrisa pícara. Tom lo miró encontrándose con la mirada azulada de su hermano quien irradiaba también una felicidad que era imposible de esconder.
-No sé por qué tengo la sospecha de que no he sido el único. – Lo miró interrogante, buscando una respuesta a ese comentario que había hecho. Anthony se pasó la lengua por sus labios con una sonrisa traviesa.
-¿Qué estas preparando? – Le preguntó curioso sin responder al comentario que había hecho.
-Son unos hot cakes, con huevos estrellados, tocino y unas salchichas fritas. – Dijo mientras adornaba el plato que estaba sirviendo.
-Vaya, veo que necesitas energía. – Le dijo con picardía. Tom se puso rojo por el comentario.
-Entonces te prepararé uno igual. – Le dijo regresando el mismo tono de voz. Anthony comenzó a reír un poco nervioso mientras se dedicaba a buscar las frutas que en ese momento se le antojaban a su pecosa.
Tom le llevó el desayuno a Elisa a la habitación mientras Candy llegaba a la cocina junto a su amado.
-Mmmmm que rico se ve. – Dijo observando el plato de frutas que le estaba preparando su príncipe.
-Es un pequeño antojo que tuve. – Le dijo mientras vaciaba la crema batida a las fresas, kiwi, los duraznos, las zarzamoras, cerezas y blue berries que había depositado en un platón grande para poder compartir con ella. Sirvió dos vasos de jugo de naranja y se fueron al comedor para poder desayunar juntos. – Creo que Tom ya se dio cuenta que pasaste la noche aquí pecosa. – Le dijo Anthony un poco nervioso por la reacción que tendría su novia.
-¿De verdad? – Dijo sintiéndose de pronto incómoda con la situación. Anthony asintió.
-Además… - Dijo volteándola a ver con el rostro tan rojo como un tomate.
-Además qué… - Preguntó inquieta.
-Albert se dio cuenta de todo. – Dijo hasta cierto punto preocupado.
-¿Qué? – Contestó mirándolo a los ojos con vergüenza. - ¿Cómo?
-Al parecer los pequeños antojos del mismo tipo de comida, las náuseas y el cambio de dieta que hemos tenido lo hicieron sospechar que ando no estaba bien. – Candy lo escuchaba con el rostro cada vez más rojo de la pena. – Hey hermosa. – Le dijo sosteniendo su mano para que volteara a verlo. – No te preocupes, Albert sabe que es algo natural entre las personas y no nos juzga en absoluto, dijo que le daba mucho gusto que estuviéramos junto y que ambos fuéramos tan felices. – Candy lo volteó a ver un poco más tranquila, sin embargo no podía evitar sentir pena. Candy asintió con una sonrisa. – Además pronto nos vamos a casar mi vida. – Le dijo besando su mano.
-Lo sé amor, sin embargo me da pena. – Dijo con su rostro enrojecido.
-No tienes porque mi amor, si no vives aún conmigo es porque tú no has querido y yo respeto tu decisión, pero sabes bien que me muero por tenerte en mi cama día y noche, me muero por despertar contigo y poder compartir más de unas horas a tu lado por las mañanas. Muero por tenerte todos los días abrazada a mi cuerpo, acariciando tu blanca piel y llenar mi vista de tu maravillosa imagen, besar tu cuerpo completamente sin que tengas el miedo de que alguien se entere. Te necesito a mi lado amor. – Le decía besando su mano con delicadeza, hablándole al oído susurrando cada una de esas palabras que le endulzaban el oído, suspirando al entreabrir los labios para llenarse de la sensación que le provocaba su ronca voz en su oído.
-También yo muero de ganas porque ya pase eso. – Le dijo enamorada cerrando sus ojos para escuchar más atentamente sus susurros.
Los días pasaban rápido y los preparativos para la boda iban muy avanzados, faltaba tan poco para que todo sucediera que de pronto ya había llegado tan ansiado día.
-Buenos días Elisa. – Saludó Candy al encontrarse a Elisa en el comedor, estaba sola lo que era muy extraño porque siempre desayunaba al lado de Tom.
-Buenos días Candy. – Dijo tranquila, seguían siendo cordiales, sin embargo no pasaba de ahí el trato que ambas tenían.
-¿Dónde está Tom? – Preguntó Candy al no ver a su hermano ahí. No había nadie, ni Anthony, ni Tom, ni siquiera Jhon estaban en el rancho esa mañana.
-Salió a ayudar a Anthony para tener todo arreglado para la boda. – Respondió Elisa levantándose del comedor al mismo tiempo que sentía que un mareo la atrapaba y la mesa comenzaba a moverse.
-¿Elisa te encuentras bien? – Preguntó Candy un poco preocupada a la pelirroja.
-Sí, gracias no te preocupes. – Dijo con su mano aún en la frente, sin embargo Elisa se sentó en la silla que había estado ocupando, se recargó en la mesa y quedó completamente desmayada. Candy se asustó de inmediato y buscó un poco de alcohol para que la chica olfateara y regresara en sí.
Elisa despertaba poco a poco encontrándose con el rostro asustado de Candy.
-¿Te encuentras bien? – Preguntó la rubia buscando las pupilas dilatadas de Elisa, quien la miraba extrañada por el semblante de la rubia. Elisa asintió.
-¿Qué me pasó? – Preguntó confundida sin moverse mientras Candy le abría sus ojos para examinarla con cuidado, tomándole el pulso y la temperatura.
-Te desmayaste. – Le dijo sin más siguiendo concentrada en lo que realizaba. - ¿Desde cuándo te has sentido así? – Preguntó Candy teniendo una idea de lo que le ocurría.
-¿Así cómo? – Preguntó Elisa confundida.
-Con mareos, cansada, con sueño, con mucha hambre. – Dijo enumerando todos los síntomas que ella también pasaba.
-¿Cómo lo sabes? – Preguntó Elisa quien pensaba que estaba siendo bastante discreta con sus síntomas, no quería preocupar a Tom, y no quería ver a un médico porque pensaba que era algo pasajero.
-Elisa, creo que estás embarazada. – Le dijo Candy ante el asombro de Elisa quien abrió los ojos asustada.
-¿Qué? – Dijo asombrada. - ¿Cómo lo sabes? – Preguntó de nueva cuenta.
-¿Cuánto tiempo tienes con los malestares? – Preguntó la rubia, utilizando las mismas preguntas que le había hecho el médico aquella vez que Tom la había llevado a revisión.
-Hace una semana. – Dijo más tranquila, pensando que también tenía un atraso en su período.
-¿Cuándo debiste tener tu período? – Preguntó y Elisa se puso de miles de colores.
-Hace dos semanas. – Dijo con pena. - ¿Crees que si estoy embarazada Candy? – preguntó ilusionada a pesar del miedo que sentía.
-Es lo más seguro Elisa. – Le dijo Candy. La vio abochornada, apenada, bajando la mirada sin querer encontrase con la de ella. – Elisa no tienes por qué tener pena. – Le dijo sintiendo lo que ella pensaba. - ¿Te digo algo? – Preguntó a Elisa y ella asintió. – Yo también estoy embarazada. – Le dijo nerviosa por revelarlo a alguien más que a su príncipe.
-¿De verdad? –Preguntó Elisa sorprendida. Candy asintió también con pena. - ¿Cuánto tiempo tienes? – Preguntó Elisa curiosa.
-Tengo un mes y medio. – Dijo Candy más tranquila al ver que Elisa no la juzgaba.
-Felicidades. – Le dijo con una sonrisa sincera.
-Gracias. – Le respondió Candy de la misma manera, en eso iban llegando sus amores, tanto Tom como Anthony entraban platicando muy amenamente, sin percatarse que sus mujeres estaban platicando entre ellas muy seriamente. Cuando ambos muchachos entraron Candy y Elisa callaron de pronto, notando los dos vaqueros que algo había sucedido entre ellas.
-¿Sucede algo? – preguntó Anthony un poco dudoso de la situación, Tom volteo a ver a ambas chicas con la misma inquietud.
-Nada mi amor. – Dijo Candy acercándose a su novio muy contenta. -¿Ya está todo listo para mañana? – Preguntó melosa.
-Todo listo mi amor. – Le respondió besando su frente.
-Que bien, entonces nosotros nos retiramos para que ustedes dos hablen. – Le dijo Candy a Elisa y esta le sonrió con agradecimiento, cosa que se les hizo sumamente extraño a los chicos.
-¿Qué sucede? – Dijo Tom, comenzando a ponerse extraño.
-Candy, Anthony. – Dijo Elisa de pronto captando la atención de ambos rubios. – Pueden quedarse, por favor. – Les dijo cómo súplica, no sabía cómo lo iba a tomar su novio. Candy le sonrió asintiendo y Anthony las observó a las dos.
-Tom. – Dijo Elisa. – Quiero decirte algo. – Tom comenzó a hacer volar su imaginación y de pronto se sentía muy nervioso, tenía miedo de lo que le iba a decir Elisa, ya que siempre se la llevaba encerrada en el rancho sin salir de ahí, creía que ella no estaba a gusto y que le diría que se iba a ir de ahí y lo abandonaría.
-¿Qué sucede Elisa? – Dijo endureciendo un poco sus facciones. Elisa se sintió nerviosa por su actitud, sin embargo Candy la animó a hacerlo con una sonrisa en su rostro, Candy se imaginaba lo que su hermano estaría pensando.
-Vamos a tener… - Dijo con la voz apagada, nerviosa, comenzando a temblar.
-¿Vamos a tener? –Preguntó confundido, sin embargo su expresión seguía siendo dura, mientras Anthony miraba a Candy y apreciaba la mirada de ilusión que ella tenía, captando lo que quería decir Elisa.
-No temas Elisa. – Le dijo Anthony a su prima. – Este bruto se pondrá feliz. – Dijo dándole un zape a su hermano para que cambiara su postura.
-Vamos a tener un hijo. – Dijo Elisa por fin, mientras Tom se ponía de mil colores por la felicidad que le embargó de golpe con la noticia que le daba su mujer, sin importarle de pronto el golpe que le habían propinado segundos atrás.
-¿UN HIJO!?- Gritó emocionado mientras brincaba como loco abrazando de pronto a Elisa y dándole muchos besos en su rostro. – Elisa me haces tan feliz. – Le dijo cargándola en brazos para demostrarle lo feliz que lo hacía.
Candy y Anthony los miraban felices también, su hermano pronto sería padre igual que ellos y eso los hacía muy felices a ambos, los rubios se apartaron de los morenos para dejarlos disfrutar a solas la maravillosa noticia que había recibido en esos momentos el vaquero, ambos caminaban fuera del rancho abrazados, enamorados y listos para la aventura que emprenderían a partir de mañana.
Continuará…
Bueno aquí dejamos esta historia, espero que les haya gustado el capítulo y que hayan tenido paciencia para esperar la boda de los rubios los cuales ya pronto serán marido y mujer, así que no se desesperen y siéntense un poquito para esperar el gran acontecimiento, así que busquen su vestido y maquillaje que han tenido escondido estos dos meses porque están invitadas jejejeje
Saludos a todas y bendiciones!
