Cuando Stiles se fue a la cama, después de casi siete horas de Star Wars (porque se negaba a considerar los episodios I, II y III como parte de la saga), estaba tan agotado que apenas tuvo fuerzas para terminar de desvestirse y ponerse el pijama.

Aun así, estaba convencido de que sería incapaz de pegar ojo, igual que la última noche que pasó en Nueva York. Cómo iba a poder dormir sabiendo que todo había cambiado. Que ya no había marcha atrás. Que jamás volvería a verle, y que Beacon Hills ya no volvería a ser lo mismo.

Pero Stiles no contó con que su cuerpo tenía un límite. Uno que había forzado en más de una ocasión, y que esta vez lo había llevado a límites insospechados.

Y es que en los últimos cinco días que estuvo en la otra punta del país, no paró de andar ni de sacar a la luz sus mayores miedos a amigos que creía perdidos. Pero también disfrutó de una maratoniana sesión del mejor sexo, sólo para al día siguiente haber estado a punto de ser violado y, para terminar, sentir cómo rompían su pobre corazoncito otra vez.

Y todo eso había tenido lugar, no podía olvidarse, después de haber pasado los últimos cinco meses durmiendo una media de tres horas al día como máximo.

Sí. Stiles intuía que había forzado más de la cuenta su frágil y cansado cuerpo.

Motivo por el cual, antes de que su cabeza hubiera golpeado la almohada, ya estaba dormido.

Sin embargo, el agotamiento sólo le ayudó a conseguir dormir unas cinco horas seguidas.

Porque aquella noche, como no podía ser de otra manera, Stiles volvió a soñar.

Pero a diferencia de las otras, esta vez la pesadilla fue distinta.

La sensación de estar debajo del agua fue tan agobiante como siempre.

En seguida fue consciente de que estaba soñando, y se obligó a aguantar la respiración. Y la verdad es que no dejaba de ser un tanto contradictorio. Porque Stiles sabía que estaba soñando. Que realmente no iba a ahogarse. Y, por ese mismo motivo, también sabía que en cuanto abriera la boca para respirar y que esta se llenara de agua, él despertaría.

Pero, y ahí estaba lo contradictorio del asunto, Stiles no podía abrir la boca. Su instinto le decía que no podía hacerlo. Que aunque fuera un sueño y el agua fuera irreal, debía mantener la boca cerrada y aguantar la respiración.

Aunque ello implicara que, en el mundo real, estuviera forzando sus pulmones hasta el máximo.

Encima de su cabeza, fiel a su posición, estaba aquella sombra.

Fue verla y sintió que el corazón le latía rápido, casi a punto de estallarle. Una vocecita dentro de él le decía que no se preocupara. Que ya había estado en esa situación y que al final despertaría en la cama. A salvo.

Pero por encima de esa vocecita, oía su corazón desbocado. Oía incluso el agitarse del agua. Igual que cuando se metía en una bañera y sumergía la cabeza en el agua.

Como el resto de las veces, Stiles giró la cabeza a ambos lados para intentar descubrir dónde se encontraba. Sus brazos y piernas parecían estar libres, pero no era capaz de moverlos.

Aunque esta vez sí vio algo distinto: Su brazo derecho no estaba desnudo, como había estado en las otras ocasiones.

Esta vez, en cambio, una escayola cubría la piel desde el codo hasta los dedos.

Aquella visión sólo consiguió que el latido de su corazón aumentara, y fue incapaz de aguantar más la respiración.

Abrió la boca y al instante la tenía llena de agua. Pero en ese momento sólo podía mirar su brazo herido, intentando averiguar por qué había cambiado ese detalle.

¿Significaba eso que no estaba soñando? ¿Que esta vez era real?

La vocecita, que hasta ese momento había intentado asegurarle que no debía tener miedo, se apagó de golpe. Y Stiles se sintió más sólo que nunca. En mitad de la nada, rodeado de la nada, y ahogándose lentamente.

Trató de gritar por debajo del agua, aun sabiendo que sería inútil.

Sintió entonces el ardor en los pulmones, protestando al llenarse de agua. Pero esta vez fue mucho más intenso de como recordaba.

Porque esta vez no despertó.

Las otras veces… Todas y cada una de ellas, Stiles siempre despertaba en cuanto abría la boca.

Esta vez no había sido así.

Todo era distinto esta vez.

Comenzó a agitar la cabeza de un lado a otro, luchando por romper el encantamiento. Por liberarse de lo que demonios fuera que le estaba sujetando.

Miró arriba, enfrentándose con la sombra que no había cambiado de posición.

Y aunque sabía que era inútil, intentó pedirle ayuda. Gritó para que le oyera, pese a tener la boca llena de agua. Y cuando la sombra no se movió, sintió que los ojos le ardían al empezar a llorar.

Sabía que esta vez no despertaría.

Entonces algo ocurrió.

Hasta ahora, no había oído nada. Tan sólo el rumor lejano del agua.

Pero entonces sí oyó algo.

Algo que sonaba lejano, pero que parecía una voz.

Miró arriba, a la sombra, y de pronto esta empezó a cambiar.

A cada segundo que pasaba, a cada segundo que se ahogaba, la sombra empezaba a tomar forma. A pasar de ser una mancha borrosa, a una figura definida.

Seguía sin reconocerle, pero ahora podía decir sin ninguna duda que era un hombre.

Stiles trató de gritar de nuevo. De pedirle ayuda. Suplicarle que por favor le sacara de allí. Que le salvara.

Y entonces la sombra se movió.

Cuando Stiles sintió que los pulmones le estallaban a causa del agua, pudo ver perfectamente como aquel hombre extendía una mano hacia él.

Stiles.

La voz sonaba lejana. Muy lejana y distorsionada.

Stiles luchó por romper las cadenas invisibles que le mantenían sujeto.

Pero eso siguió igual. Nada cambió.

Y Stiles tuvo claro que esta vez se ahogaría.

- ¡Stiles!

El cuerpo de Stiles se agitó de pies a cabeza, y sintió una bofetada en la mejilla.

Abrió los ojos en el acto, y se encontró con los ojos azules y abiertos a más no poder de su padre.

- Pa…

No pudo decir nada más. Le dolía todo el pecho de haber estado aguantando tanto la respiración, y los ojos le quemaban de lo mucho que había llorado.

- Gracias a Dios – oyó la voz de su padre, que le estaba abrazando como si temiera que fuera a desaparecer – No dejabas de removerte en la cama, pero no conseguía que despertaras.

Stiles se abrazó con fuerza a la espalda de su padre, mirando a todos lados para asegurarse de que era real. Que estaba despierto y que estaba a salvo.

- ¿Con qué demonios estabas soñando? – preguntó entonces el Sheriff, muerto de miedo.

- No… No lo sé – y en parte era verdad.

- No estabas respirando – le explicó, mirándole a la cara para asegurarse de que estaba bien – Estabas teniendo un ataque de pánico y no podías respirar.

- Dios – gimió de dolor sólo al recordarlo, y pegó la cara al pecho de su padre.

No dijo nada más.

A estas alturas, nada de lo que dijera ninguno de los dos, conseguiría quitarles el susto del cuerpo.

Por eso John Stilisnki se limitó a guardar silencio, meciendo a su hijo entre los brazos como si fuera un niño pequeño. Y Stiles dejó que aquel simple gesto le ayudara a recuperar el ritmo pausado de su corazón, sintiéndose por fin a salvo.

Como era de suponer, no volvió a dormirse. Y eso que su padre le propuso que durmiera con él en su dormitorio.

Sabía que no serviría de nada porque después de una pesadilla nunca era capaz de conciliar de nuevo el sueño, pero aceptó la invitación por lo que representaba: La última vez que había dormido con su padre fue poco después de que su madre muriera, cuando los ataques de pánico eran constantes, horribles y asquerosos.

Aquel gesto, sin embargo, sí que le ayudó a verlo todo desde una perspectiva distinta.

Y es que, por primera vez desde que hubieran empezado las pesadillas (segunda realmente, si contaba la de Derek) no hacía frente a los momentos posteriores, estando completamente solo.

Tal vez por ello se encontró más tranquilo de lo esperado, y eso que había descubierto nuevos detalles bastante inquietantes. Pero por encima de ello, viéndose a salvo en brazos de su padre, oyendo el leve ronquido del hombre a meros centímetros de él; pensó con detenimiento en la pesadilla.

Intentó recordar y concentrarse en todos los detalles que había presenciado, y trató de sacarles un significado.

Porque todavía no sabia qué era lo que estaba ocurriendo. No sabía por qué soñaba siempre con lo mismo, ni qué significado tenía el ahogarse estando paralizado y con una sombra encima de él.

Sólo tenía claro una cosa: que eso cada vez se parecía menos a una pesadilla.

Ese fue el motivo por el que al día siguiente, en cuanto su padre se marchó a trabajar, Stiles cogió la directa hacia la casa de Scott.

Todavía no le había visto desde que volvió de Nueva York, y ya iba siendo hora de hacerle una visita.

Eso, y de tener una conversación largamente pospuesta.

Fue el propio Scott quien abrió la casa. Y tras varios segundos de cierta confusión al verle allí y con el brazo escayolado, su amigo le abrazó como si llevaran meses sin verse, en vez de tan sólo una semana. Pero, la verdad, casi era más lo primero.

- Veo que encontraste a Derek – fue lo primero que dijo Scott nada más romper el abrazo.

- ¿Qué?

- Apestas a él – bromeó mientras volvía a su habitación, con Stiles pisándole los pies – Espero que no fuera muy borde contigo cuando apareciste por sorpresa.

Stiles se quedó petrificado.

Lo cierto es que estuvo a punto de tener un infarto, creyendo que Scott era capaz de saber que se había acostado con Derek. Aquello no era algo de lo que quería hablar en ese momento, la verdad. Y si era con Scott, a ser preferible nunca.

Pero cuando su amigo no añadió nada más, se encontró con que era ahora o nunca.

Porque si Scott hubiera dicho eso mismo antes de haber ido a Nueva York, Stiles habría reaccionado hecho un basilisco, echándole en cara que tratara con tan poco respeto a Derek después de todo lo que había hecho por ellos, y acusándole de que fue por su culpa que Derek decidió marcharse de Beacon.

Pero ahora que había estado allí y que había hablado con él, sabía que no podía seguir pensándolo. Porque ahora sabía la verdad: que Derek nunca se marchó por culpa de los demás, sino porque se consideraba indigno de estar allí, después de todo lo que había ocurrido.

Por eso, comprendió cuán estúpido había sido al echar en cara a su amigo lo que había pasado. Y de acuerdo. Puede que Scott tampoco es que hubiera ayudado mucho al respecto, encerrándose en su pesimismo y en su nueva posición de Alfa, y no queriendo saber nada del resto del mundo. Pero ahora que veía las cosas desde una perspectiva más global, y sobre todo ahora que sabía que estaba ocurriendo algo más importante, tenía que ponerle remedio.

- Scott – dijo con calma, colocándose en el centro de la habitación mientras su amigo se sentaba en la cama – Necesito que me escuches atentamente, ¿vale?

- Vale – respondió con dudas, al ver el gesto tan serio que tenía Stiles.

- Quiero que me hagas un gran favor. Pero es muy importante.

- Ok.

- Necesito que saques la cabeza de tu culo de una puta vez.

Scott miró a su amigo con los ojos muy abiertos, y luego a todos lados… Era una cámara oculta ¿verdad? ¿En serio le había dicho lo que creía que le había dicho?

- ¿Qué?

- Mira. Sé que lo estás pasando mal con todo lo de Allison y Isaac – dijo más calmado, sentándose en la silla de ruedas del escritorio y acercándose a Scott - Y que es una putada que te rompan el corazón, y más cuando resulta que acabas de convertirte en un Alfa de nivel dos y todavía no sabes muy bien cómo funcionan las cosas.

- ¿Alfa de nivel dos?

- ¡Qué! Me niego a llamarte "Alfa verdadero" ¿Tienes idea de lo ridículo y cursi que suena? – hizo un aspaviento que consiguió arrancarle una sonrisa a su amigo – El caso es que nada de eso importa. Ni lo del Alfa, ni lo de Allison ni nada. Porque, por si no te has dado cuenta, la vida sigue – se acordó de lo que le dijo su padre durante el viaje de vuelta, e interiormente sonrió – Y siempre va a haber cosas que nos descoloquen y nos hagan daño, pero por encima de todo eso, ¿sabes lo que siempre va a estar ahí?

Scott negó, todavía sin palabras por el discurso que Stiles le estaba soltando.

- Tus amigos, Scott – habló más despacio – En concreto cierto amigo que es más un hermano, y que sabes que nunca te va a dejar. Que por muchas chicas que te rompan el corazón, siempre va a estar ahí para recoger los pedazos.

- Ya lo sé – respondió al fin el chico, con la voz afectada por la emoción.

- ¿En serio? – preguntó con dudas – Porque, por si no te has dado cuenta, en los últimos cinco meses apenas hemos hablado. Has dejado el equipo y estás todo el día con Deaton… Es como si, ahora que las cosas están relajadas y no tenemos a una manada de Alfas ni seres mágicos intentando matarnos, te hubieras olvidado de mí.

- Eso… - iba a negar, pero la mirada fija de Stiles le obligó a parar – Lo siento.

- Oye – se sentó en la cama para estar lo más cerca posible de su amigo. Nunca había soportado que pusiera esa carita de cachorro apaleado – Sé que estás intentando ser un buen Alfa, porque crees que eso es lo único que tienes ahora. Pero jamás podrás ser un buen Alfa si no tienes cerca a tu manada. Si no confías en ella… Y si no te preocupas por ella.

- Lo sé.

- Y, por si no te has dado cuenta, yo soy el miembro más antiguo de tu manada. ¡Si incluso formaba parte de tu equipo antes de que te hubieras convertido en Alfa!

Scott sonrió a su amigo, y le dio un leve puñetazo en el muslo. Porque aquel era un momento importante e íntimo, pero ya habían superado su cupo de abrazos por día. Así que aquel gesto de compañerismo tendría que ser suficiente.

- Te prometo que no volveré a olvidarme de ti.

- ¿Y que me vas a ayudar? – alzó una ceja a lo Derek, pero que en su caso no quedó tan sexy.

- Por supuesto – entornó entonces los ojos, extrañado - ¿Tienes algún problema?

- Que si tengo algún problema – trató de reír - Dios. No sé ni por dónde empezar.

Stiles se llevó las manos a la cabeza, un tanto abrumado, pero entonces se dio cuenta de que Scott no se había movido del sitio. Y que, por el modo tan fijo en que le estaba mirando, no parecía que tuviera intención de hacerlo.

Así que le soltó el lote completo.

Le habló de las pesadillas que no había dejado de tener desde que se metieron en aquella dichosa bañera. Del estado de nervios en el que siempre estaba. De la sensación que tenía de que algo malo iba a ocurrir. Y de lo que Deaton había dicho sobre que, al haber hecho aquello del agua para encontrar al Nemeton, les acercaría más a la oscuridad.

Y cuando Scott le dijo que él no había tenido nada de eso: ni pesadillas, ni sensaciones extrañas, y que por lo que sabía Allison tampoco; la calma que había conseguido recuperar Stiles por un par minutos, se fue a la mierda.

- Creo que voy a morir – fue lo único que dijo Stiles.