Capítulo 28: Todo para ganar

Albus se sentó en el suelo, agotado. Gotas de sudor le caían por la frente, deslizándose por su rostro sonrosado, consecuencia del esfuerzo físico. A su lado, Nina respiraba de forma entrecortada, tratando de recuperar el aire. Su rostro también estaba cubierto de perlas de sudor, pero lucía una sonrisa triunfante en los labios. Los ojos violetas de ella se encontraron con Albus, y la sonrisa se acentuó.

—Eres impresionante, Nina —le confesó Potter. Nina se sonrojó aún más ante el comentario.

—Tengo un excelente entrenador —bromeó ella, mientras que tomaba una de las botellas de agua y bebía un largo sorbo de agua.

—Yo no soy tu entrenador… Soy tu compañero de entrenamiento —le corrigió Albus.

Y era verdad. Si bien Albus era dos años mayor que Nina, la muchacha era verdaderamente talentosa, capaz de seguirle el paso sin dificultades. Al principio, durante los primeros encuentros, Potter intentaba controlar sus ataques, y se cuidadoso al momento de batirse a duelo con la joven Raven. Pero pronto cayó en cuenta de que aquello no era necesario. Ella no necesitaba que tuviese contemplaciones. Nina disfrutaba del desafío. No tenía miedo a equivocarse, o a perder. Y si bien la mayoría de las veces Albus terminaba derrotándola, lo cierto era que conforme pasaban las semanas, la victoria se le volvía más y más dificultosa. Nina aprendía rápido, y progresaba a pasos abismales. Y Potter encontraba fascinante verla pelear. Había una elegancia en sus movimientos, una gracilidad en su forma de batirse a duelo. Era como ver a una bailarina.

—¿Quieres agua? —le ofreció la chica, sacándolo de sus pensamientos.

—Si, gracias. —aceptó Potter. Nina se extendió entonces para acercarle la botella, y una expresión de dolor surcó su rostro. — ¿Qué sucede?

—No es nada—se apuró a responder ella. Albus alzó las cejas, instándola a hablar—. Creo que ese último hechizo me lastimó un poco el brazo.

—Déjame ver—le pidió el morocho. Nina se arremangó la túnica, dejando al descubierto un corte profundo en su antebrazo. —No debes pasar por alto estas heridas, Nina. —la regañó.

—No pensé que fuese algo grave —se defendió ella. Albus frunció el entrecejo, mientras que buscaba su varita.

—Si esto te sucede durante un duelo tienes que saber cómo resolverlo, o de lo contrario no podrás seguir peleando como corresponde y perderás —insistió al respecto Potter. Luego, apuntando con su varita hacia el brazo de la muchacha pronunció el hechizo— Vulnus Sanitatem — e inmediatamente el corte en el brazo comenzó a cerrarse, dejando una suave cicatriz—. Es un hechizo simple de sanación.

—Gracias. Lo recordaré —le aseguró ella, seria.

—Ahora pásame el agua, ¿quieres? Estoy deshidratado… Me has hecho sudar hoy —bromeó Potter. Nina rió mientras le terminaba de entregar la botella.

—Pero no pude derrotarte —se quejó ella. Albus se encogió de hombros, bebiendo prácticamente toda la botella de un solo saque.

—Pero vas a derrotar a tus contrincantes en el Torneo. Y eso es lo que importa —señaló Albus.

—Tú también lo harás —afirmó ella, sin vacilación. Albus frunció levemente el entrecejo, pero Nina lo notó. Durante las últimas semanas entrenando con él, Raven había aprendido que aquella era una expresión que el muchacho adoptaba cuando se encontraba preocupado. —¿Estás nervioso por mañana? —se atrevió a preguntar.

—Un poco… La chica contra la cual tengo que pelear, Sasha, pues… Creo que es muy buena —confesó Albus. Era la primera vez que decía aquello en voz alta. Pero Nina le inspiraba ese nivel de confianza. Con ella sentía que podía decir aquellas cosas sin que la joven lo interpretara como una debilidad.

—Tú eres mejor —aseguró Raven, desestimando la situación. Albus rió con cierta amargura.

—Nunca la has visto pelear —le señaló él. Ella simplemente se encogió de hombros.

—No necesito verla para saber que tú eres mejor —insistió Nina con una sonrisa cómplice.

Albus se lo agradeció silenciosamente. Sabía que las palabras de Nina no eran simplemente halagos vacíos. Ella no intentaba hacerlo sentir mejor consigo mismo. Nina hablaba poco, pero cuando lo hacía, era con una sinceridad violenta. Y si Nina decía que él era el mejor, entonces verdaderamente lo pensaba.

—Vamos a repasar algunos hechizos de curación, ¿quieres? —propuso Potter, mientras se levantaba y buscaba algunos libros en la biblioteca.

Ambos se sentaron en la mesa, recopilando los encantamientos que encontraban más útiles. Albus seleccionó uno que era útil para reducir fracturas, otro que devolvía a la normalidad alguna parte del cuerpo que pudiese estar paralizada o congelada, y otro que producía un ungüento frío capaz de calmar quemaduras. Nina, por su parte, extrajo de su libro un hechizo capaz de extraer del cuerpo prácticamente todos los venenos existentes. Albus se encontraba en ese momento intentando de descifrar cómo realizar ese hechizo, ya que era uno muy avanzado para ellos.

—¿Y qué tal se encuentran el resto? ¿Listos para mañana? —rompió el silencio Raven. Albus suspiró mientras que sonreía, sin sacar la mirada del libro de Sanación.

—Pues… Rose está terrible. Es un nudo de nervios. Realmente me preocupa que tenga un colapso nervioso en cualquier momento. En cuanto a Hedda, ella es difícil de interpretar. No dice mucho, pero creo que también está un poco preocupada —le respondió Potter, concentrado en la lectura del hechizo antivenenos.

—¿Y Tessa? —le recordó Nina con sutileza.

—Oh, claro… Tess también pelea mañana —Albus cayó en cuenta, levemente avergonzado.

—¿Has hablado con ella hoy? —le preguntó Raven, lanzándole una mirada significativa.

—Estuvimos juntos durante el entrenamiento con el profesor White, pero no hubo tiempo para conversar… —comenzó a excusarse Albus. Nina soltó un suave suspiro y lo miró fijamente, sus ojos violetas taladrándole.

—Albus… Tessa y Circe no se están hablando desde la pelea que tuvieron tras la Ceremonia de Apertura. Creo que deberías hablar con ella, ya sabes, hacerla sentir acompañada —le sugirió la joven chica de Gryffindor.

Albus se sintió terrible al escuchar eso. Sabía que Tessa se había enfadado con Circe por lo sucedido aquella noche, pero no era consciente de que fuese tan grave. Una vez más, había estado tan ocupado en sus propios asuntos que había pasado por alto algo tan importante.

—Diablos… Yo… —comenzó a decir, pero no tenía ninguna excusa para completar la frase. —¿Qué hora es? ¿Crees que aún esté despierta? —se le ocurrió repentinamente.

—Es tarde, Albus. Ya debe estar en la Sala común de Ravenclaw…—le respondió Nina, encogiéndose de hombros.

Repentinamente, una idea se le vino a la cabeza. Tomó su mochila del suelo con cierta torpeza, y comenzó a revolver entre los libros y demás objetos hasta dar con aquello que estaba buscando.

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas—pronunció Potter, mientras tocaba con su varita el trozo de pergamino frente a él. Inmediatamente, el Mapa del Merodeador se mostró frente a él.

—Por todos los demonios, ¿qué es eso? —preguntó la voz sorprendida de Nina a su lado.

—Un mapa de Hogwarts —respondió Albus evasivamente. Notó que la chica se disponía a hacer más preguntas, así que se adelantó a responderle— Es una larga historia, y prometo contártela en otra ocasión, pero ahora… Necesito encontrar a Tessa en el Mapa —la interrumpió antes de que ella pudiese siquiera formular la pregunta.

Como si el Mapa estuviese escuchándolo, el punto con el nombre de Tessa Nott resaltó entre el resto, mostrándose en una de las aulas del cuarto piso. Lucy Weasley estaba con ella.

—Debo irme —se disculpó Potter con la chica de ojos violetas.

Nina simplemente le sonrió y le hizo un gesto con la mano, indicándole que se fuese. Albus le devolvió la sonrisa, y cargándose la mochila al hombro, abandonó la Sala de Menesteres camino al cuarto piso. Llevaba el Mapa en su mano, y a medida que corría, lo usaba para guiarse. Así logró llegar hasta el cuarto piso en pocos minutos, y cruzó la puerta de la habitación donde se encontraban Tessa y Lucy sin golpear.

Agitado, permaneció unos segundos en el marco de la misma, tratando de recuperar el aliento. Tessa y Lucy lo observaban desconcertadas. Ambas se encontraban en lugares opuestos de la sala, varitas en mano. Estaban entrenando.

—¿Albus? —habló finalmente Tessa, sorprendida—. ¿Qué haces aquí?

—Hola… —respondió Potter, sonrojándose. Repentinamente, caía en cuenta de que había ido hasta allí sin pensarlo. Y ahora, no sabía exactamente qué decir.

—Creo que yo iré a descansar —se excusó Lucy rápidamente al comprender que aquello se estaba convirtiendo en una cuestión de pareja—. Suerte mañana, muchachos —agregó luego, y abandonó el lugar antes de que cualquiera de los dos pudiese responder.

—Estaba entrenando, Albus —se quejó Tessa por la interrupción, señalando hacia el lugar vacío donde minutos antes había estado Lucy.

—Puedes entrenar conmigo —propuso Potter, torciendo una sonrisa de lado. Tras unos segundos, Tessa finalmente cedió, sonriendo.

—No, ya estoy cansada —confesó ella, mientras que se sentaba en el marco de una de las ventanas del salón. —¿Vas a decirme por qué estás aquí? —insistió nuevamente, aunque en un tono más conciliador.

—Me enteré que tú y Circe siguen peleadas —lanzó Albus sin rodeos, caminando hasta quedar frente a ella. Tessa desvió la mirada.

—No es nada —mintió la chica de Ravenclaw.

—Ella es tu mejor amiga, Tess —le recordó él, acariciándole el cabello con suavidad. Nott entrecerró los ojos al sentir el tacto con Albus.

—No quiero hablar de eso, Albus —le pidió, apoyando su rostro contra el pecho de Potter.

—De acuerdo. ¿De qué quieres hablar? —aceptó él, abrazándola.

—Nada… Simplemente quiero estar así conmigo —le pidió ella, devolviéndole el abrazo.

Albus sintió el perfume que brotaba de sus cabellos inundarle las fosas nasales. Ese aroma a océano y verano. Fresco y despreocupado. Inspiró profundo, llenando sus pulmones. Y mientras que soltaba el aire, le plantó un beso en la coronilla, con ternura. Tessa sonrió.

—Gracias —le susurró mientras lo abrazaba con más fuerza.


La mañana siguiente, Albus despertó temprano, como de costumbre. Se sorprendió al salir de su cama y encontrarse con que Scorpius también se encontraba despierto.

—Qué raro encontrarte despierto tan temprano —bromeó Potter, mientras se vestían.

—No creíste que iba a dejarte solo hoy, ¿no? —se respondió Scorpius, guiñándole un ojos.

Ambos muchachos abandonaron la habitación para encontrarse con Hedda Le Blanc. La chica se hallaba sentada en uno de los sillones frente a la chimenea. Sacudía su varita apuntando hacia las brasas que todavía crepitaban en la misma. Albus observó como su amiga conjuraba figuras de fuego y humo de distintos animales que saltaban entre la leña, lanzando chispas en su camino.

—¿Acaso dormiste algo? —inquirió Malfoy, preocupado.

—Muy poco —confesó ella, su mirada fija en el fuego—. ¿Ustedes? ¿Descansaron?

—Muy poco— respondió también Albus.

Tras su encuentro con Tessa, Potter había regresado entrada la noche a su habitación. Había permanecido durante varias horas en la cama, repasando mentalmente hechizos y contra maleficios, hasta que finalmente, había caído rendido ante el sueño.

—No son los únicos… Jane y Balthazar también madrugaron —señaló Scorpius con la cabeza en dirección a donde se encontraban los dos Candidatos de Salem. La muchacha lucía tan nerviosa como ellos, pero Balt parecía tranquilo. Reía ante los comentarios que le hacían otros alumnos de Salem, y participaba animadamente de las conversaciones.

—¡Suerte chicos! —comentaron unas voces al pasar junto a Albus y Hedda. Eran alumnos de segundo año. Albus reconoció a Allegra Finnigan entre ellos. Y a medida que la gente cruzaba la sala y los veía, más saludos fueron surgiendo. Albus nunca se había sentido tan aceptado en Slytherin como aquella mañana.

Los tres de Slytherin bajaron a desayunar, donde se encontraron con sus amigos de Gryffindor. Como era de esperar, Rose se encontraba inmersa en una pila de libros. Pasaba las hojas a velocidades impresionantes, repasando todo lo que podía. Ni siquiera levantó la cabeza de los libros cuando Albus, Hedda y Scorpius se sentaron junto a ellos.

—¿Ha comido algo? —preguntó Scorpius en voz baja, lanzándole una mirada preocupada.

—No… Pero te recomiendo que no le hables… De hecho, no la mires, mastiques fuerte cerca de ella, y si puedes, no respires tampoco. Está muy poco tolerante hoy —bromeó Lysander, mientras sonreía.

—Puedo oírte, ¿sabes? —le espetó Weasley, sin siquiera mirarlo. Scammander sonrió nervioso y se pasó un dedo por el cuello, fingiendo que se trataba de una navaja. —No es gracioso —estalló Rose, cerrando el libro frente a ella—. ¿Son conscientes de que yo seré la primera en pelear hoy? ¡La primera! Saqué el número uno —habló, su voz alcanzando un timbre extremadamente agudo.

—Vaya, es la primera vez que la escucho quejarse por ser la primera —Malfoy le susurró a Potter sarcásticamente. Pero se aseguró de que su comentario fuese lo suficientemente bajo como para que Rose no pudiese escucharlo.

—Suficiente —exclamó en ese momento Elektra, mientras agarraba la pila de libros y la sacaba de la mesa, dejándola en el suelo—. Ya te sabes esos libros de memoria, pero si no comes algo, vas a desmayarte antes de empezar el duelo. Así que come algo —le ordenó la rubia. Rose frunció el entrecejo, pero aceptó. Tomó una de las galletas frente a ella, y le dio un mordisco de mala gana. Elektra sonrió satisfecha.

El Gran Salón se encontraba nuevamente repleto de alumnos, todos vestidos para la ocasión con los colores de sus respectivas casas. Había varias banderas y carteles, con los nombres de los candidatos. Cerca de ellos, los amigos de Nyles Jordan sostenían un muñeco inmenso con forma de león, que al abrir su boca aullaba el nombre de Jordan, seguido de la palabra CAMPEÓN. Nyles lucía entre agradecido y avergonzado por el gesto de sus amigos.

Nyles Jordan era posiblemente uno de los Candidatos más prometedores de cuarto año. Albus esperaba con ansias verlo batirse a duelo. Era un muchacho habilidoso y, durante los duelos de selección y los entrenamientos con el profesor White, había demostrado ser sumamente ingenioso a la hora de batirse a duelo. Esa mañana, durante la primera Ronda, Nyles se enfrentaría nada menos que a Balthazar Jackson, el muchacho de Salem con quien Albus había entablado un buen vínculo.

—Señor Potter, Señorita Le Blanc, Señorita Weasley y señor Jordan… ¿Podrían hacerme el favor de acompañarme? —anunció la voz de Thomas White en ese instante.

Junto a él ya se encontraban Griffin Boot, Mila Cavenger, Yara Caldwell y Keith Nox, candidatos de Ravenclaw y Hufflepuff. Albus notó que Neville Longbottom se encontraba reuniendo a los Candidatos de Tercer Año de Hogwarts. Reconoció el cabello negro de Tessa entre ellos, y sonrió.

En silencio, marcharon todos hacia el exterior del Salón, acompañados por aplausos y gritos de aliento del resto de los alumnos. Thomas los guió por los jardines de Hogwarts, acompañado por Neville. Ambos marchaban unos pasos por delante del resto, pero aún así, Albus logró escuchar parte de la conversación entre ambos.

—¿Y cómo se encuentra Hannah? —le preguntaba Thomas White con una sonrisa repleta de sincera felicidad. El rostro de Neville pareció iluminarse al recordar a su mujer.

—Mucho mejor… Ya ha pasado la etapa de las náuseas matutinas, aunque ahora se queja de que le cuesta mantenerse en pie sin perder el equilibrio por la panza, y que sus pies se hinchan demasiado rápido —le contó Longbottom riéndose.

—Imagino que no debe ser fácil cargar con una persona dentro de tu vientre —bromeó Thomas—.¿Ya saben si es nena o nene?

—No, hemos decidido esperar —le contó Neville.

—¿Y han pensado algún nombre? —insistió Thomas.

—Hemos llegado al acuerdo que si es un niño yo decidiré el nombre, y si es una niña, ella lo decidirá —le explicó el profesor de Herbología—. Si es varón… He pensado en llamarlo Frank, ya sabes, en honor a mi padre… —confesó, un rubor subiendo a sus mejillas.

—¿Y si es una niña?

—La última vez que la visité, Hannah aún no se había decidido al respecto —le contó Neville, y Albus pudo leer cierta melancolía en sus palabras.

—Debe ser difícil tenerla lejos en este momento —le reconoció White, pronunciando sus palabras en un tono tan bajo que Albus casi no logra escucharlas.

—Es lo mejor. Hogsmeade ya no era seguro para ella, menos ahora que está embarazada —reconoció Neville, pero aún así, se podía leer el dolor en su mirada.

Albus escuchó aquellas últimas palabras atónito. Neville y su mujer, Hannah, habían vivido en Hogsmeade desde que Longbottom fue convocado como profesor de Hogwarts. Pero ahora las palabras del profesor Longbottom parecían contradecirlo. Hannah había sido trasladada. Neville parecía pensar que Hogsmeade no era un lugar seguro. Y si Neville pensaba eso… ¿entonces también su padre?. ¿Era posible que Harry Potter considerara a Hogwarts y al pueblo de Hogsmeade como posibles blancos de ataque para la Rebelión de los Magos? Tenía sentido… Ambos eran lugares emblemáticos. Eran parte del corazón del mundo mágico de Inglaterra. Un golpe allí sería devastador. Neville parecía convencido de que Hannah se encontraba en un lugar seguro… ¿estaría acaso bajo la protección de La Orden del Fénix? Y si era así, ¿dónde era ese lugar?

La conversación se vio interrumpida cuando llegaron ante la tienda de campaña donde se preparaban los Candidatos antes de ingresar al campo de duelo. Thomas sacudió su varita para correr las telas y abrir la entrada. Uno a uno, todos fueron entrando al interior de la misma.

La última vez que Albus había estado allí había sido el día de Apertura. Pero la sensación de nerviosismo era la misma, o incluso peor. En pocos minutos, saldrían afuera y se batirían a duelo. Al final de la jornada, solo 8 alumnos de cuarto año quedarían en carrera por el título de Merlín.

—¡BIENVENIDOS A TODOS A OTRA MARAVILLOSA MAÑANA DEL TORNEO DE MERLIN! HOY SE BATIRAN A DUELO LOS CANDIDATOS DE CUARTO Y TERCER AÑO. HAY MUCHAS EXPECTATIVAS SOBRE ESTOS DUELOS, Y PARECE QUE LAS APUESTAS CLANDESTINAS SEÑALAN COMO FAVORITOS A… —se escuchó la voz de Lorcan Scammander, fuera de la carpa.

—¡SCAMMANDER, CONTRÓLESE! —le gritó la voz de Minerva McGonagall, furiosa.

—LO SIENTO MUCHO, DIRECTORA. POR SUPUESTO QUE DESDE AQUÍ NO APOYAMOS LAS APUESTAS CLANDESTINAS, AUNQUE SI TUVIÉSEMOS QUE APOSTAR POR ALGUIEN…

—SCAMMANDER, UNA MAS Y LE JURO QUE NUNCA MÁS EN SU VIDA VOLVERÁ A TOCAR UN MICRÓFONO —le advirtió la directora.

—¿QUIÉN NECESITA APOSTAR, NO? NI QUE MI PRINCIPAL FUENTE DE INGRESOS DENTRO DE HOGWARTS FUESEN LAS APUESTAS —agregó Lorcan, provocando risas entre el público. Albus sonrió al escucharlo, divertido. Lorcan tenía ese talento. Era sumamente entretenido escucharlo. —AHORA SÍ, TODOS LISTOS PARA RECIBIR A LOS VISITANTES, LOS CANDIDATOS DE SALEM. UN FUERTE APLAUSO PARA ELLOS —anunció la entrada de sus contrincantes. Las gradas estallaron en aplausos mientras que los candidatos entraban al campo y se ubicaban en sus respectivas sillas, a la espera de su turno para pelear. —Y NO CONTENGAN SUS APLAUSOS AHORA PARA LOS CANDIDATOS DE HOGWARTS —agregó luego. Thomas les hizo un gesto a todos para que avanzaran, y en fila, entraron al campo.

Una vez más, el lugar se encontraba repleto. Albus volvió a sentirse abrumado por los aplausos, silbidos y destellos de luces que brotaban de entre las gradas para explotar en el cielo, iluminando en distintos colores en conmemoración a las diferentes casas. Cada uno de los candidatos ocupó su respectiva silla, marcadas con un número, de 1 al 8, señalando el orden en que se batirían a duelo. Albus ocupaba el anteúltimo lugar. Rose se encontraba sentada en la primera silla, jugueteando nerviosamente con su cabello. Hedda estaba sentada en la silla junto a él, ocupando el número 6.

La profesora Gemma Woodgate hizo entonces su entrada al campo de duelo, y el silencio invadió el lugar. Con un movimiento de mano, llamó a Jane Stuart y a Rose Weasley, las primeras en pelear aquella mañana. Albus sintió que el corazón se le comprimía en el pecho mientras veía a su prima favorita caminar hacia el centro del campo.

Pero Rose Weasley caminaba en ese momento con determinación y la frente en alto. Los nervios que se habían apoderado de ella durante los días previos parecían haberse esfumado, y en su lugar, habían dejado a una joven muchacha de pisada firme y mirada intimidante.

La profesora Woodgate les indicó que se ubicaran en sus respectivos lugares y, una vez más, chispas blancas brotaron de su varita, dando inicio al duelo.

Durante la siguiente media hora Albus se vio absorto en uno de los duelos más divertidos que había observado en mucho tiempo. Tanto Rose como Jane eran dos fuerzas poderosas. Sus ataques eran realizados con seguridad y firmeza, sin vacilación. Y sus defensas eran fuertes y resistentes. Donde alguna comenzaba a sacar un poco de ventaja, la otra rápidamente respondía acortando la diferencia.

Pero Rose Weasley era sin duda le mejor alumna de su clase, y sumamente observadora. Había notado la tendencia que tenía Jane a usar hechizos de luz… fuertes, luminosos, de fuego. Sin duda, esa era su fortaleza. Lo cual le había dado a Rose un nuevo plan de ataque: llevar a su contrincante hacia su zona de debilidad. Si fuego era lo que le gustaba, entonces fuego tendría.

Y así, durante los siguientes ataques, Weasley se dedicó a bombardear, literalmente, a su contrincante. Un hechizo de fuego detrás del otro era lanzado contra la joven Stuart. Y Rose sonrió al comprender que había estado en lo correcto: la debilidad de Jane eran los hechizos extintores. Rose comprendió que esa era su oportunidad de ganar, y comenzó a lanzar hechizos cada vez más potentes, poniendo a prueba también sus propios límites.

Lentamente, Weasley comenzó a ganar ventaja. Jane convocaba hechizos de agua y demás contra hechizos extintores, pero la potencia de los ataques de Rose los superaba sin dificultad. Hasta que finalmente, ya no pudo detenerlo.

El último hechizo de luz de Rose perforó sin dificultad el escudo que Jane había provocado. Todos los presentes, Albus incluido, contuvieron el aliento cuando el escudo de Stuart se quebró en cientos de pequeños cristales. Jane salió lanzada hacia atrás, como si una onda expansiva producida por la explosión la hubiese alcanzado. Rose sacudió una vez más su varita, arrebatándole finalmente la varita a su contrincante.

Albus saltó en su silla de la emoción. A su lado, Hedda aplaudía mientras que gritaba el nombre de su amiga. El estadio completo festejaba la victoria de Rose Weasley. Y la pelirroja sonreía, extasiada.

La siguiente batalla resultó en una victoria para el Instituto de Salem, dejando fuera de competencia, para sorpresa de Albus, a Griffin Boot, Candidato de Ravenclaw. Había sido una pelea corta, y Potter estaba convencido que Boot se había dejado dominar por los nervios.

Y luego fue el turno de Balthazar Jackson y Nyles Jordan. Albus había estado convencido de que Nyles ganaría su primer duelo sin dificultades, pues se trataba de uno de los mejores duelistas de su año. Pero se había equivocado.

De bajo perfil, y actitud tranquila, Balthazar Jackson había pasado inadvertido bajo en radar de Hogwarts. Pero una vez que estuvo sobre el campo de batalla, Potter encontró imposible sacarle la mirada de encima. Lo observó pelear hipnotizado. En cierta forma, le recordaba a su hermano James, pues era temerario e imprevisible al atacar. Pero mucho más agresivo. Tras unos cuarenta minutos de hechizos potentes y creativos, Jackson finalmente se quedó con la victoria, descalificando a Nyles Jordan.

—Quién lo hubiese dicho… Jackson es impresionante —susurró Hedda a su lado, mientras aplaudían cordialmente su victoria. El muchacho rubio aceptó los aplausos con humildad, y volvió rápidamente hacia su lugar en las gradas.

A partir de allí fue como si los alumnos de Salem hubiesen tomado coraje, pues los siguientes dos duelos resultaron en nuevas victorias para sus candidatos, quedando descalificados Mila Cavenger y Yara Caldwell.

Y entonces, cuando parecía que Salem arrasaría con los duelos de Cuarto Año, fue el turno de Hedda Le Blanc. Impasible, la muchacha camino hasta el campo de batalla. Albus la observó, pálida y tranquila, mientras aguardaba la señal de la profesora Woodgate y nuevamente experimentó un nudo en la garganta producto de los nervios.

Pero lo que sucedió a continuación fue simplemente hermoso. Hedda parecía bailar en el campo de duelo. Se movía con una gracilidad sobrecogedora, casi hechizante. Sus pies se desplazaban con facilidad sobre el suelo, casi como si flotase. Y sus ataques eran rápidos y ágiles, demasiado veloces para que su contrincante pudiese anticiparse. Tan solo veinte minutos más tarde, Hedda había arrasado con el alumno de Salem. Albus estaba simplemente deslumbrado, una parte de él deseando que el duelo hubiese durado más solo para poder deleitarse con la forma en que peleaba su amiga.

Había estado tan entretenido observando pelear a Hedda que no había caído en cuenta de que él era el siguiente en batirse a duelo. Fue recién cuando escuchó su nombre pronunciado por la voz amplificada de Lorcan Scammander que volvió a caer en la realidad.

Sintió que las piernas le temblaban levemente cuando se puso de pie. Respiró hondo, tranquilizándose. No había nada de qué preocuparse. Había entrenado hasta el cansancio, y era verdaderamente bueno en lo que hacía. Se había enfrentado a cosas peores en la vida y había sobrevivido. ¡Habían intentado matarlo dos veces! Nada podía compararse a eso. Riendo internamente ante la ironía, caminó hacia el campo de duelo.

Observó que Sasha Hill caminaba también hacia el centro del campo, la determinación grabada en su mirada. La profesora Woodgate los convocó a que se acercaran.

—Señor Potter, usted empezará en el extremo norte del campo. Señorita Hill, usted lo hará en el extremo sur. Esperarán mi señal para comenzar, ¿entendido? —les indicó la delgada mujer. Tanto Albus como Sasha asintieron—. Que sea un duelo limpio, Candidatos —les pidió.

—Buena suerte, Potter —le habló repentinamente Sasha, extendiéndole una mano enguantada.

Albus la observó sorprendido ante el gesto, pero aceptó el saludo. Extendió su mano, y estrechó la mano de su contrincante. Sintió que algo se le clavaba en la palma de la mano al contacto con el guante, como si se tratase de una astilla. Cuando Sasha finalmente le liberó la mano, Potter notó que, efectivamente, tenía una especie de partícula clavada en la mano. La arrancó sin dificultad mientras se encaminaba hacia su lugar en la parte norte del campo y la arrojó a un costado sin darle importancia.

Gemma Woodgate esperó a que ambos estuviesen en sus respectivos lugares, y entonces, alzó su varita y lanzó la señal al cielo.

Albus lanzó su primer hechizo sin vacilar. Sasha sacudió su varita logrando desviarlo, y sonrió con cierta malicia. Sacudiendo su mano, lanzó contra Albus su propio ataque.

Atabraquim —exclamó la voz segura de Sasha.

Protergo— respondió Albus, y una barrera invisible se alzó inmediatamente frente a él, provocando que el hechizo de Sasha se disolviese al contacto. —Aquamenti —contraatacó Potter.

Impervius —se protegió Sasha con un hechizo que cubría su cuerpo, haciendo que el agua la rodease pero no pudiese tocarla.

Glaseo— insistió Potter, apuntando hacia los pies de la muchacha. El agua que se encontraba acumulada a su alrededor rápidamente se congeló bajo sus pies, atrapándolos. La señorita Hill se encontraba petrificada en el suelo, sus pies cubiertos de hielo.

Albus se dispuso a levantar su mano una vez más para lanzar el hechizo que lograría desarmarla cuando comprendió que algo andaba mal. Repentinamente, su mano se sentía entumecida. Bajó su mirada hacia la misma, confundido, y entonces, notó que su visión comenzaba a volverse borrosa. Sacudió la cabeza, intentando aclarar su visión, pero aquello solo consiguió hacerle perder levemente el equilibrio. Cayó sobre una de sus rodillas, desconcertado, mientras intentaba recuperar la compostura.

Flagarte —escuchó la voz de Sasha, a metros de distancia. Levantó levemente la cabeza e hizo un esfuerzo por enfocar. La muchacha estaba convocando una delgada llama de fuego para cortar el hielo y así liberarse.

Albus hizo un esfuerzo por ponerse de pie, y nuevamente perdió el equilibrio, cayendo una vez más sobre sus rodillas. Sus piernas se sentían como gelatina, incapaces de sostenerlo en pie. "¿Qué diablos me está pasando?" se preguntó mentalmente.

Escuchó el chasquido producido por su contrincante cuando finalmente logró liberarse del hielo, y el terror lo invadió. Iba a derrotarlo. Un sudor frío comenzó a correr por su rostro. Debía hacer algo rápido para detenerla, para evitar que Hill pudiese llegar hasta él y desarmarlo.

Torquentem via —exclamó Albus, haciendo un esfuerzo por sostener su varita, y rogando que funcionase.

El suelo del campo de Duelo tembló bajo sus pies. Y entonces, múltiples paredes de piedra comenzaron a levantarse ante él, interponiéndose entre Sasha y Albus, trazando un laberinto. Pasa su sorpresa, escuchó que Sasha se reía.

Bombarda —empezó a exclamar la muchacha, haciendo explotar la pared de piedra más cercana a ella, sólo para descubrir que la misma se regeneraba al instante. —Oh… Eres bueno, Potter —susurró la chica, una sonrisa torcida dibujada en su rostro. Y tomando la varita con firmeza, se introdujo en el laberinto, dispuesta a encontrarlo.

Mientras tanto, Albus se apoyaba en las paredes para ponerse de pie y moverse, intentando alejarse todo lo posible de Sasha. Sabía que aquel era un buen hechizo, destinado a mantenerlo escondido de sus enemigos. Había leído al respecto del mismo en un libro de Magia de Defensa Avanzada, y sabía que en manos de magos experimentados y poderosos, ese hechizo era capaz de materializar un laberinto intrincado e imposible, capaz de mantener a sus enemigos atrapados durante horas. Pero lamentablemente Albus era consciente que su nivel de magia no estaba a la altura de algo así, y su hechizo duraría solo unos pocos minutos, y luego se desintegraría completamente. Potter debía encontrar la manera de recuperarse antes de que eso sucediese, o no lograría derrotar a Hill.

—Vamos, Albus… Piensa, piensa —se repitió a sí mismo en voz baja, mientras se reclinaba contra una de las paredes para recuperar fuerzas.

Cada paso que daba se sentía más dificultoso que el anterior. Era como si su cuerpo lentamente estuviese perdiendo su fuerza, como si un hechizo debilitador o paralizante lo hubiese alcanzado. Pero eso era simplemente imposible, porque Albus había logrado detener sin inconvenientes todos los ataques de su contrincante. Sasha no había logrado siquiera rozarlo…

Y entonces, aterrado, lo comprendió. Su mirada viajó rápidamente hacia su mano, donde todavía se podía distinguir la diminuta lesión que aquella astilla le había provocado cuando había estrechado la mano de su contrincante. Las palabras de Jane Stuart resonaron entonces en su mente: Ella hará lo que sea para ganar. Y entonces, lo supo. Sasha Hill lo había envenenado.

Rennervarte —pronunció Potter, apuntando con la varita sobre su mano herida. El hechizo le provocó un leve cosquilleo en cuanto tocó su cuerpo. Albus separarse de la pared y mantenerse en pie por sí solo, pero trastabilló una vez más. No había funcionado. —Demonios —insultó, apoyándose una vez más en la pared, mientras que continuaba revolviendo en su memoria, intentando dar con algún contra hechizo capaz de ayudarlo. Pero todos los hechizos de curación que tenía en su arsenal parecían inútiles ante aquello. Detrás de él, la pared de piedra que había invocado comenzaba a deshacerse lentamente.

Repentinamente recordó a su amiga Nina Raven, y la sesión de entrenamiento que habían tenido el día anterior, en la Sala de Menesteres. Nina había encontrado un hechizo capaz de extraer todo tipo de veneno del cuerpo. Pero Albus lo había considerado demasiado complejo como para poder aprenderlo en ese momento, y luego había partido a encontrarse con Tessa, dejando el hechizo olvidado.

Respiró profundo, convencido de que aquello era una completa locura. Iba a auto administrarse un hechizo que nunca antes había practicado. Era consciente de eso podía salir verdaderamente mal. Pero era la mejor chance que tenía.

Venenum Remedium —exclamó mientras apuntaba nuevamente con su varita hacia su mano.

E inmediatamente sintió un dolor punzante atravesarle la mano. Tuvo que morderse el labio y hacer un fuerte esfuerzo por no gritar de dolor, pero perdió completamente el equilibrio, cayendo al suelo ruidosamente.

A pocos metros de él, Sasha escuchó el estruendo provocado por el cuerpo de Potter al chocar contra el suelo, y se lanzó a toda prisa en su dirección. A su alrededor, las paredes del laberinto comenzaban a desarmarse, como si se trataran de un castillo de arena azotado por un el agua. Lentamente, el hechizo de Albus se desvanecía.

¡Expelliarmus! — Albus escuchó la voz triunfante de Sasha pronunciar el hechizo en su dirección. Instintivamente, rodó por el suelo, esquivando el hechizo de desarme.

Comprendió instantemente que su hechizo de sanación había funcionado, al menos parcialmente. Había recuperado algo de sus fuerzas. Sonriendo, volvió a ponerse de pie. No estaba dispuesto a dejar que Sasha lo desarmara, menos mientras se encontraba en el suelo. Miró a su contrincante, desafiante. Sasha lucía aturdida, como si no comprendiera lo que estaba sucediendo. La sonrisa burlona de la muchacha se había desvanecido, dejando paso a una expresión de desprecio.

Incarcero—pronunció Potter, enfurecido.

Sasha alzó su propia varita en un intento de detener el ataque. Las cadenas de Albus chocaron a mitad de camino contra un haz de luz blanca proveniente de la varita de Hill. Pero las cadenas parecieron absorber la luz sin dificultad, avanzando con ferocidad hacia su contrincante, aferrándola de las piernas y haciéndola trastabillar. La muchacha se apresuró a intentar liberarse, pero ya era tarde.

Expelliarmus —pronunció Albus, y la varita de su contrincante salió despedida de su mano.

Y una vez más, todo el estadio estalló en aplausos y vítores, mientras que la voz de Lorcan Scammander se alzaba por sobre la multitud anunciando los resultados del duelo. Albus, sin embargo, sintió que su visión volvía a nublarse, y lentamente, dejó de escuchar lo que decían a su alrededor. Todo se volvió negro en segundos.


Cap 28 UP!

Espero que disfruten mucho de este capítulo, porque fue sin duda un desafío escribirlo. Es muy dificil traducir en palabras un duelo, y espero haberlo plasmado de forma agradable a la lectura. Ojala ustedes puedan verlo en sus mentes como yo lo imaginé mientras lo escribía.

Responderé reviews en la próxima entrega! Lo prometo. Espero no se enojen.

Sepan que todas sus preguntas, dudas, inquietudes son más que bien recibidas. Así como también cualquier crítica que deseen hacer.

Gracias por leerme.

Nos vemos.

G.