Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .

Capítulo 28. Más anónimos.

Muy temprano por la mañana Margarita había dejado la correspondencia sobre el escritorio de Albert, éste había estado revisando unos contratos con George, estaban tomando un pequeño descanso cuando recordó que no había leído aún el correo de ese día. Se encontraban platicando cuando tomó uno de los sobres y al notar que no poseía remitente lo abrió para leerlo. Su cara fue de evidente preocupación. Entonces el francés le preguntó.

—¿Sucede algo importante William?. ¿De qué se trata?

Albert se encontraba descansando en la silla de su escritorio, entonces bastante molesto estiró la mano despectivamente para entregarle el papel a George y le dijo.

—Mira lo que me escribió esa mujer.

Entonces George comenzó a leer una nota que decía.

Estás a tiempo de tomar una buena elección sin consecuencias. Sabes bien que siempre te recibiré con gusto en mi lecho como tantas noches lo hice.

Decídete ya.

La cara de George era de asombro. Pero con la seriedad que le caracterizaba le contestó tranquilamente al rubio.

—Esa mujer está loca William, ya no sabe qué hacer para llamar tu atención.

Entonces parándose de su escritorio y caminando hacia el ventanal mientras se llevaba las dos manos a la cabeza en señal de frustración le contestó.

—¡No sé en qué momento me fui a meter con esa desgraciada mujer George!. ¡Está loca!. No dudo que pueda hacerle daño a Candy, si no es que ya está a punto de hacerlo. Tú sabes que la tiene vigilada. Eso no es normal y en esa nota me lo está dejando muy claro. Quiere que regrese con ella para que no le pase nada a mi pequeña.

—Tranquilízate muchacho tenemos demasiada seguridad sobre la señorita, nada malo le puede pasar.

—Ya sé eso George, pero no dejo de estar intranquilo. Quisiera que desapareciera o que se buscara a otro hombre con el cual obsesionarse, pero que ya nos deje en paz. Sabes que casi he tenido que imponerle a Candy que cargue un arma y aunque le he dicho que es pequeña y le di mil características que la demeritan finalmente es un arma George. Siento horrible que tenga que andar con una pistola en el bolso porque una loca anda por ahí sabrá Dios que intenciones.

El moreno tratando de calmar un poco a su muchacho le dijo algunas palabras.

—No podemos hacer más por el momento William así que de nada te sirve estresarte. Sabes que no la puedo mandar a apresar porque aunque sabemos que ella escribió ese anónimo no podemos comprobar su acoso. Pero en cuanto se descuide y haga algo aunque sea en contra de la señorita Candy vamos a poder encerrarla y si esto sucede te aseguro que nuestros guardaespaldas darán su vida con tal de protegerla, así que no tiene por qué pasarle algo más allá de un terrible susto.

Albert se dirigió al bar para prepararse un escoses para relajarse un poco y después de que el ambarino líquido le hizo un poco de efecto de pues de un generoso trago le contestó.

—Eso espero George, porque soy capaz de matarla si le pone un dedo encima a mi princesa.

—No digas esas cosas muchacho, ya verás que en cuanto se descuide la encerraremos o la mandaremos al psiquiátrico, lo que tú decidas.

—Es lo que más quisiera, que la encierren en un manicomio George y que de ahí no salga nunca para que ya no pueda hacerle daño a nadie, no solo a nosotros. Pero de cualquier manera te pido por favor que guardes ese anónimo, espero nos pueda servir más adelante como prueba.

En otra parte de Chicago Candy y Jonathan salían del quirófano. El médico era un excelente cirujano y pionero en la reconstrucción facial con bebes que padecían "Labio Leporino". Candy jamás había asistido en un proceso semejante y realmente se había preocupado al mirar al pequeñito con ese diagnóstico, pero al finalizar las tres horas de operación todo salió bien y el pediatra le aseguró que aunque le quedara una cicatriz de por vida podría hacer su vida normal, así que esto la tranquilizó por completo. Iban caminando por uno de los pasillos del gran hospital cuando el moreno le dijo.

—Candy ¿podrías regalarme unos minutos?. Necesito platicar contigo. –Dijo seriamente, cosa que desconcertó un poco a la rubia dado el carácter siempre alegre del médico, pero pensó que se debía a que se encontraba cansado por la cirugía—

—Claro Jonathan. –Contestó ella amablemente—

—Vamos entonces. Te invito a sentarte en el jardín para platicar mejor.

Siguieron caminando y cuando llegaron a una de las amplias bancas tomaron asiento.

—Pues bien Jonathan tú dirás.

Entonces el moreno hizo acopio de todas sus fuerzas, pues nunca había hecho algo similar, así que mirándola con esos impresionantes ojos grises, respiró hondo y le habló a la rubia.

—Candy. Perdona mi atrevimiento, pero ya no puedo retenerlo por más tiempo y siento que si no te lo digo ahora voy a explotar.

Entonces tomó una de las delicadas manos de Candy y le dijo suavemente.

—Estoy enamorado de ti, sé que vas a decirme que apenas nos conocemos, pero desde el primer día en que nos tropezamos en aquel corredor quedé rendido ante tus hermosos ojos y con el trato diario me he dado cuenta de todas las virtudes que tienes y perdón, pero me enamore como un loco de ti, de tu cálida sonrisa que llena cada uno de mis días en este hospital, de tu generosidad, de tu compasión, de tu ternura al cargar a cada bebé en tus brazos, de tu belleza, de tus rizos y de tus hermosas pecas. Sé que ya has regresado con Andrew pero todavía no hacen un compromiso oficial, aún estás a tiempo de reconsiderarlo princesa, piensa que si él te lastimó en un pasado puede hacerlo de nuevo en un futuro. Yo te ofrezco mi corazón, te daré mi vida entera para hacerte feliz y no lastimarte nunca, lo que me pidas te lo daré, serás mi único y verdadero amor, mi compañera de vida, a mi lado tendrás al amigo, al confidente, al amor para toda la eternidad hasta que mi cuerpo que desaparezca de la faz de la Tierra y más. Solo te pido una oportunidad para demostrártelo.

En ese momento Candy soltó su mano y se levantó de la banca. Iba a retirarse unos cuantos pasos cuando sintió como Jonathan la tomó por el brazo e inmediatamente la encerró en un abrazo en lo que acercaba su rostro para besarla. A Candy no le dio tiempo de retirarse cuando el guapo moreno ya le estaba robando un beso. Eso le recordó a cierto ingles que se había atrevido a hacer lo mismo algunos años atrás y como reaccionó en aquel entonces le prometió una certera cachetada al médico. Entonces más que molesta le contestó.

—¡Pero que te piensas Jonathan!. ¡Yo no te he dado pie para que te tomes tal atrevimiento!. ¡Estoy comprometida!. ¡No es de caballeros eso que acabas de hacer! –Dijo mientras lo miraba furiosa como si sus esmeraldas encendidas sacaran fuego—

El médico sabía que no había actuado correctamente, pero al ver que se retiraba no pudo contenerse y en su desesperación la besó, sabía que podía ser la única oportunidad que tendría de probar esos hermosos labios rojos, pero la reacción de ella no era lo que esperaba, muy en el fondo tenía la esperanza de que estuviera indecisa de su regreso con Andrew, pero al parecer estaba equivocado. Entonces al verse perdido le dijo.

—Discúlpame Candy sé que no debí hacerlo, pero realmente estoy loco por ti y pensé que podrías estar confundida con tu compromiso y que podrías darme una oportunidad, pero ahora entiendo perfectamente que no es así.

Candy trató de calmarse lo más que pudo, respiró unas cuantas veces y cuando pudo articular las palabras adecuadas se volvió a sentar para hablar con él.

—Jonathan olvidemos lo que pasó, pero efectivamente como dices, tú no puedes estar enamorado de mi, no dudo que pueda si acaso gustarte, pero "amor", eso no creo que lo sientas, recién nos conocemos y aunque nos llevamos muy bien es muy pronto para que aceptes un sentimiento tan profundo como ese. Tú eres un buen hombre, también estás lleno de virtudes, de cualidades y de un temperamento muy agradable, pero yo no puedo darte la oportunidad que pides porque mi corazón le pertenece a Albert, yo lo amo desde hace mucho tiempo y no estoy confundida con nuestro compromiso. Perdona que te digas estas palabas que sé te dolerán, pero yo lo amo profundamente y pronto nos casaremos, así que no te lastimes más amigo, abre tus ojos y tu corazón, verás que la persona indicada para ti está allá afuera y quizá no la encuentras porque no te lo permites, pero cuando lo hagas sé que serás muy feliz. –Dijo mientras lo miraba compasivamente—

A Jonathan no le quedó más remedio que aceptar su derrota y aunque por dentro sentía que el corazón le dolía, no permitió que la rubia notara su tristeza. Entonces con el mejor semblante que encontró le contestó.

—Ojalá tengas razón Candy y gracias por perdonar mi atrevimiento. Espero que seas muy feliz con Andrew y que no me prives de tu amistad.

—No lo haré Jonathan, podemos seguir siendo amigos.

Siguieron con su jornada de trabajo, las horas siguieron pasando y llegó el tiempo de su salida. Al guapo doctor le dio mucha pena pedirle a la rubia que lo acompañara a la salida, además de que por alguna razón no la había visto cerca del checador. Entonces decidió salir rumbo a su automóvil para regresar a su casa. Candy por su parte se había quedado unos minutos más, ya que un joven camillero que recién había entrado como voluntario se encontraba perdido y le había pedido ayuda, no sabía por donde dirigirse para llegar a "cuidados intensivos" y la amble enfermera accedió a llevarlo hasta aquel lugar, aunque con esto había retrasado un poco su salida. Mientras tanto afuera, pero cerca del hospital, dos hombres de Nicolette se encontraban escondidos por donde se estaba estacionado el automóvil del médico al que embaucarían en el supuesto robo que se llevaría acabo dentro de unos cuantos minutos, pero su asombro fue grande al observar que el reloj marcaba las dos de la tarde y con el salía el galeno pero no había ni sombra de mujer que participaría con ellos en la farsa. Tendrían que avisar a la señorita Lobel sobre el cambio de planes porque el moreno se hallaba en su vehículo y ya no habría forma de comprometerlo. Dentro del hospital, Candy iba de regreso a su locker para tomar su bolso y nuevamente cuando lo abrió otra nota cayó al piso, de inmediato la rubia frunció el ceño, ya que le parecía increíble que en el mismo día recibiera dos anónimos de aquella mujer, pensaba que tendría que contarle sobre eso a su rubio en cuanto lo viera, pero por lo pronto recogió la nota y comenzó a leerla.

Estoy al pendiente de cada uno de tus pasos. Pronto ya no serás un estorbo. Estas más cerca de perderlo de lo que crees porque el jamás ha dejado de ser mío y aunque no dudo que le has de calentar las noches, solamente para eso le sirves. Espero que puedas resistir que te toque cuando bien sabes que está pensando en mi.

Maldita enfermera.

Candy dio un gran suspiró, pero con la actitud más normal que pudo guardó la nota junto con la otra que recibió en la mañana dentro de su bolso. Ya no sentía tan descabellada la idea de Albert de cargar "aquello" con ella, comenzaba a pensar que realmente esa mujer podría hacerle algo en cualquier momento y que sus anónimos eran más que una simple advertencia. Después de guardarla, pasó por el checador y se encaminó por el corredor para encontrarse con su rubio amor. Mientras caminaba observó a lo lejos que ya había llegado por ella. Estaba tan guapo como siempre y pensó si existiría algún día del año que ese hombre no se viera tan atractivo. Vestía formal, con el mismo traje azul marino con el que lo vio en la mañana pero no dejaba de admirar que lo veía más guapo que unas horas antes ya que se había retirado la corbata y traía un aspecto más relajado, con sus rubios cabellos ligeramente despeinados por el viento al manejar y aquellas gafas que le daban un aire increíblemente seductor junto con aquella sonrisa ladeada. Sabía que la estaba observando descaradamente y cuando bajó discretamente sus lentes para regalarle una por demás atrevida mirada Candy sintió que le temblaron las piernas, tragó seco porque instantáneamente recordó todo lo que habían hecho la noche anterior y sus atrevidas caricias de esa misma mañana, pero moría por ese hombre, estaba completamente enamorada de él y así la fuera a recoger todos los días, sentiría exactamente lo mismo cada que lo viera. Aquellos rubios compartían los mismos pensamientos. Albert estaba ansioso por verla pero esperó paciente hasta que finalmente llegó hasta donde él se encontraba, la había observado desde que empezó a caminar por aquel terriblemente largo corredor, se miraba preciosa, su blanco uniforme la hacía parecer un verdadero ángel, su ángel. Cuando estuvieron frente a frente tomó delicadamente su mano para besarla mientras la saludaba.

—Hola pequeña, te ves hermosa. –Dijo galante—

Candy se sonrojó inmediatamente pero le contestó.

—Bert como dices eso si traigo puesto solo mi uniforme.

—Pareces un precioso ángel rubio princesa.

—Pues tú te ves muy buen mozo con ese aire desenfadado, además con esas gafas oscuras siempre me pareciste atractivo. –Dijo coqueta—

Entonces Albert no pudo evitar rodearla por la cintura mientras le decía con su aterciopelada voz.

—¿Siempre te parecí atractivo…?

Candy con toda la franqueza que poseía le respondió.

—Sí, desde que te volví a encontrar esa noche en Londres sin tu barba pude darme cuenta de que eras muy guapo Bert.

—Yo también pude darme cuenta ese día que te habías convertido en una hermosa señorita amor.

Candy no pudo contenerse y lo abrazó. Ese era su lugar seguro en el mundo, entre sus brazos. Albert la rodeo en un amoroso abrazo. Quien los observara podía fácilmente darse cuenta del amor que aquel par de rubios se profesaba. Después de unos minutos se separaron. Cuando iban de camino Candy decidió contarle sobre las notas que había recibido. Entonces armándose de valor comenzó.

—Bert… necesito comentarte algo.

—Dime pequeña –Dijo con su mirada fija en el camino—

—Hoy me dejaron dos notas en mi locker. No tenían remitente pero sé que son de ella.

Albert frunció el ceño y apretó ligeramente el volante mientras buscaba un lugar donde estacionarse. Cuando lo hubo encontrado le dijo seriamente.

—Enséñamelas pequeña.

Candy se las entregó y cuando terminó de leerlas un evidentemente molesto Albert habló.

—¡Esa maldita mujer!¡No puedo tolerar que te trate así!. Debo hablar con ella.

Entonces Candy calmadamente le dijo.

—No creo que sea lo correcto Bert, eso es lo que ella quiere, busca separarnos y me preocupa que pueda hacerte algo cuando te vea.

—Princesa no quiero que pienses que yo aún siento algo por ella porque eso no es así. –Dijo mientras la miraba un tanto consternado con sus preciosos ojos—

—No amor, yo sé que no la amas. Ella esta trastornada, cree que te ama pero está obsesionada contigo y pretende que yo dude de tus sentimientos hacia mi, pero eso no va a suceder, estoy completamente segura de tu amor y ni todos los anónimos del mundo me podrían hacer cambiar de opinión, pero no quiero que te expongas al encontrarte con ella, por favor prométeme que no lo harás.

Albert pasó por milésima vez su mano por su cabello, dio un gran respiro y le contestó.

—Te lo prometo pequeña, pero guardaré estos anónimos junto con el que me llegó a la oficina. Mañana se los entregaré a George. –Dijo mientras ponía los pequeños papeles en su saco y retomaba el rumbo a la mansión.—

Ahora fue el turno de Candy de sorprenderse.

—¿También a ti te mando uno?. ¿Qué te dijo?.

—Me dijo que estaba a tiempo de volver con ella. Pero está mal de la cabeza.

—Deberíamos encontrar la manera de mandarla a un psiquiátrico amor. –Dijo preocupada por la seguridad de ambos—

—Eso sería lo mejor amor, pero hay que encontrarle una falla para poder comprobarle todo. Por cierto, aquí está el informe que me pediste de los custodios que tienes. –Comentó al tiempo que tomaba un sobre de la parte de atrás del carro—

—Muchas gracias amor –Dijo mientras tomaba el sobre entre sus manos—

Candy no sabía cómo tomaría Albert lo que estaba por contarle, pero no quería que hubiera secretos entre los dos y necesitaba decirle lo de Jonathan, así que volvió a armarse de valor y le dijo suavemente.

—Todavía hay otro pendiente que debo comentarte Bert.

—¿Qué pasó pequeña?. No me asustes.

—Bueno hace un rato Jonathan me confesó que tiene sentimientos hacia mi.

En ese momento Albert detuvo el automóvil en seco y Candy tuvo que agarrarse del asiento para no resbalar. Entonces volteo a verlo y notó su mirada bastante turbada. Estaba serio y se mordía ligeramente un labio, pudo observar que estaba haciendo todo lo posible por controlarse, se quedó quieto unos segundos, en silencio, pero después le dijo a la rubia mientras se pasaba la mano por la cara.

—Ya sabía yo que ese "doctorcito" no iba a quedarse tan tranquilo al vernos juntos. ¿Qué fue lo que te dijo?

Era la primera vez que Candy observaba a Albert lleno de coraje por los celos, pero tenía que continuar.

—Pues me dijo que se había enamorado de mi, pero yo le contesté que entre nosotros no podía haber nada porque mi corazón te pertenece a ti, que te he amado desde hace mucho y que pronto nos casaremos, pero que esperaba que encontrara a la persona que lo hiciera realmente feliz.

Albert seguía con su mirada fija al frente, no quería preguntarle, porque estaba más que seguro de la respuesta que obtendría pero aquello salió de su boca sin que pudiera contenerlo.

—¿Eso fue todo…?

A Candy se le subieron todos los colores al rostro, pero era mejor que se enterara por ella. Nunca se sabe hasta dónde pueden llegar los chismes, finalmente le robó el beso en pleno jardín del hospital.

—Me robó un beso… —Dijo firmemente—

Albert sintió en ese momento que le hervía la sangre, sólo de imaginar que ese dichoso doctor hubiera puesto las manos encima de su pequeña lo llenaba de celos, le carcomía el alma y sentía que de tanto calor que tenía en el cuerpo iba a explotar. Entonces se pasaron nuevamente las manos por sus cabellos para tratar de calmarse un poco y habló.

—¿Y tú que hiciste?— Cuestionó secamente—

—Lo abofeteé. ¿Qué otra cosa querías que hiciera Albert? –Dijo tranquilamente—

Entonces Albert volteó a ver las esmeraldas de Candy y una paz lentamente invadió su cuerpo, él se estaba muriendo de celos por alguien a quien su pequeña ya había puesto en su lugar y comprendió que no debía molestarse porque podría pensar que era con ella y no era el caso, aunque de haber tenido de frente al odioso galeno no hubiera dudado ni un segundo en romperle toda la cara de niño bonito que se cargaba.

—Discúlpame pequeña…

—¿Por qué amor?

—Por hablarte de esta manera. Tú no tienes la culpa, pero es que de sólo imaginármelo me entraron unos irracionales celos, no tienes idea pequeña, de locura… ¿Podrías perdonarme…? –Dijo con una mirada llena de amor y ligeramente cristalizada—

Candy al verlo así, se acercó más hacia él. Rozó con su pequeña mano su cara para tranquilizarlo y luego lo besó lentamente, acariciando sus labios con toda la ternura que poseía, cobijándolo entre sus brazos y entregándole en ese beso la seguridad de que nada podía separarlos nuevamente. Cuando se separó de él le respondió.

—No tengo nada que perdonarte amor, pero necesito que comprendas que nadie podrá separarnos a menos que nosotros lo permitamos.

Albert la estrechó entre sus brazos, le dio un tierno beso sobre su cabeza y se separó de ella. Mientras arrancaba nuevamente el automóvil para ponerlo en marcha tomó una de sus manos, la besó y luego le dijo decididamente.

—Tienes razón pequeña, no permitiré que nadie me aleje de ti. Pero ten por seguro que en cuanto vea a Jonathan le voy a romper la cara. –Dijo mientras retomaban el camino a la mansión.—

No muy lejos de ahí Nicoltte se encontraba en su propiedad, estaba realmente furiosa con el reporte que le daban sus hombres. No podía creer que la "cascos ligeros" de Annie Britter no se hubiera presentado, pero de Stephany Nicolette Lobel nadie se burlaba, así que en ese mismo instante despachó a uno de sus sirvientes para que entregara en la mansión Andrew un sobre que contenía las copias de las fotografías que delataban el romance de la morena con un caballero, pensaba con maldad que si no pretendía ayudarla por lo menos se encargaría de botarle su teatrito de "dama de sociedad" y entregarle las pruebas suficientes a su noviecito para repudiarla.

Por su parte Annie se encontraba en su casa, aprovechando el momento perfecto ya que no había nadie en la residencia pues su mamá había salido a tomar el té a casa de una amiga, entonces mandó a llamar a un médico para que la revisara y salir de dudas respecto a su posible embarazo. Tenía todas las esperanzas puestas en eso. Cuando el hombre llegó lo llevaron directamente a la habitación de la ojiazul.

—Buenas tardes señorita Britter –Dijo amablemente el educado médico—

—Buenas tardes.

—Me han dicho que requiere de mis servicios. ¿Podría decirme que dolor le aqueja señorita?

Entonces la morena mirando al doctor despectivamente y tan altiva como era le dijo.

—Es por demás decirle que éste encuentro queda en total privacidad, nunca existió y que sus servicios serán muy bien pagados más que nada por su silencio.

Al galeno no le quedó más que aceptar. Ya imaginaba por donde iba el rumbo de la consulta, no por nada tenía tantos años de experiencia médica y en su trayecto había tenido que lidiar muchas veces con este tipo de "problemas" con las que se hacían llamar "señoritas de sociedad", así que se dirigió a la morena para decirle.

—Pierda cuidado señorita, de mi boca no saldrá ningún comentario –Dijo tajantemente—

—Me parece correcto que estemos de acuerdo. La razón por la que lo mandé a llamar es porque tengo la sospecha de estar embarazada.

Entonces el médico comenzó a realizar las preguntas correspondientes en cuanto a su periodo y la regularidad del mismo, así como algunas cuestiones de sintomatología, después procedió a examinarla y al hacerlo pudo notar su vientre ligeramente hinchado, al igual que sus pernas y pies. Cuando terminó se dirigió a la señorita Britter para decirle.

—Si lo que le preocupaba era estar embarazada señorita puede tener la tranquilidad de que eso no es así. Usted está completamente bien, pero por lo que me cuenta su periodo no es del todo regular, entonces puede tener un ligero retraso, no necesariamente tiene que llevar una menstruación de 28 días exactos y si ha estado sometida a algún tipo de estrés eso ayuda a que sea más irregular. Pero por la hinchazón de sus extremidades y su vientre puedo tener razones para pensar que está reteniendo líquidos y en cualquier momento puede venir su periodo, además de que no ha presentado ningún síntoma típico de las mujeres embarazadas de los que le he mencionado. Así que usted goza de perfecta salud.

Esas palabras taladraron en el frio corazón de Annie Britter, no porque ella anhelara ser madre, sino porque con èsto estaba casi segura de perder la posibilidad chantajear a Cameron con un hijo para que se casara con ella. Regresó de sus pensamientos cuando el doctor le habló.

—¿Se encuentra bien señorita?

Entonces Annie retomó su actitud déspota, se acercó a su bolso de donde sacó algunos billetes y dirigiéndose al amable médico le dijo.

—Tome. Con eso creo que será más que suficiente para pagar por su silencio, pero que no le quepa la menor duda de que si abre la boca respecto a esto, me encargaré de arruinarle la carrera.

Cuando el médico abandonó la mansión de los Britter una decepcionada Annie se encontraba sentada en la orilla de su cama, pensando. Estaba por demás malhumorada, la verdad era que se había encaprichado con Cameron y aunque Archibald era más guapo nunca le había puesto una mano encima, en cambio Cameron era totalmente apasionado en cada uno de sus encuentros, además de que era soltero y millonario, pero por más que ella le insinuaba que deberían formalizar su relación el caballero no accedía. En definitiva no lo amaba pero gozaba mucho con él y la rodeaba de todo cuanto lujo se le antojara, pero sin algo tan importante como un hijo para poder acorralarlo terminaría por perderlo, ya que él no mostraba interés porque rompiera su compromiso aun sabiendo perfectamente que estaba prometida con Archibald, ya que aunque jamás lo mencionaron, todo Chicago se había enterado al momento en que los periódicos abordaron la noticia de su fiesta de compromiso. Entonces con un tono de fastidio dijo.

—Qué horror…tendré que conformarme con ser la "Señora Cornwell" y aceptar las migajas de Archibald. No será difícil fingir mi virginidad con él, siempre ha sido tan ingenuo que no duda nunca de mis palabras, además he leído de algunos trucos para que me crea fácilmente. Ojalá por lo menos sea un buen amante…aunque dudo que iguale a Cameron.

En esos momentos a bordo del Mauritania, un melancólico Archi se encontraba recargado en el barandal del barco, tenía su mirada fija en el horizonte, escuchaba absorto el golpeteo de las olas mientras sostenía una copa de escoses entre sus manos. Entonces al recordarla una traicionera lágrima rodó por su mejilla, pero la limpió rápidamente con su mano mientras pensaba:

"¿Por qué Annie…? ¿Por qué fuiste capaz de hacerme algo así…?. ¿Por qué te denigras?. Si no me amabas hubiera sido mejor que me lo dijeras, yo habría podido entenderte y te hubiese regresado tu libertad. Sé que yo tampoco te amé realmente, pero si aprendí a quererte mucho y jamás te lastimaría de esta forma. Siento que no te conozco, que probablemente nunca lo hice".

Continuará…