Nuevo Capitulo *-*

ADVERTENCIA:

La personalidad de los personajes serán Ooc si no les gusta, ¿Qué esperan para salir de la página? no están obligados a leer algo que no les gusta.

La historia Tendrá mucho Romance y Humor. Se tocarán muchos temas sobre celebridades que quizás conozcan, así que si escuchan el nombre de un actor o cantante reconocido no se preocupen es muy importante para el Drama. Ah y pues claro que tendrá su parte erótica y sensual entre los protagonista.

Esta historia es una adaptación, por lo tanto ninguno de los personajes me pertenecen. Sin más que decir, espero y disfruten la lectura.


27. Juegos y Travesuras en el Paraíso.


La llegada de los niños a casa de Sasuke estuvo acompañada de una gran algarabía, sobre todo cuando vieron tres relucientes bicicletas esperándolos, una verde y dos rojas. Los gemelos se lanzaron a montar en ellas, mientras Hanabi sonreía y le guiñaba un ojo a Sasuke, un gesto que a este le llenó el corazón. Ella debía esperar a estar recuperada del todo antes de hacer ejercicio, pero sabía que la utilizaría.

Aquel sitio era impresionantemente grande y tener dos piscinas, una interior y otra exterior, a los niños los revolucionó. Y aunque al principio los gemelos se sintieron acobardados, pasados los primeros días ya se movían por allí como en su salsa y hasta Hanabi se animó a inspeccionar la vivienda.

La niña se recuperaba a pasos agigantados y verla tan animada emocionaba a Hinata.

Varias noches después, cuando acostaron a los niños, Sasuke y Hinata entraron en su habitación y, mientras se besaban con pasión, sin que hubieran llegado a la cama, oyeron preguntar:—Mamita, ¿duermes con Sasuke?

Pasión enfríada. Se separaron rápidamente y vieron que Hanabi estaba en la puerta.

Hinata enrojeció un poco.

—Sí, cariño. Sasuke y yo nos queremos y dormimos juntos.

—Qué pecadoraaaaaaaaaaa.

Él soltó una carcajada. Sin duda la niña era muy graciosa en sus comentarios.

—No, cielo, no soy una pecadora. Él y yo nos queremos y…

—Pero, mamita, los novios solo se besan y se meten mano, pero no duermen juntos.

—Wepaaaa —se mofó Sasuke. La pequeña Hanabi era tremenda.

Hinata iba a responder cuando él la interrumpió.

—Hanabi, los novios de hoy en día a veces duermen juntos y esta es una de esas veces. ¿Te molesta que lo hagamos?

Ella los miró y, ladeó la cabeza.

—No, si luego te casas con ella. No quiero que sea una pendeja.

—¡Hanabi! —la regañó Hinata.

—Pensaremos eso de la boda —contestó Sasuke divertido— y ahora, ¡a tu cama, señorita!

—¿Os vais a casar?

—¡Hanabi, basta y a! —intervino Hinata.

—Pero si lo ha dicho Sasuke. ¡Os vais a casar!

Él se puso a su altura para que lo mirara.

—Ve ahora mismo a la cama, ¿entendido?

Hanabi, encantada con la noticia, sonrió, se dio la vuelta y se marchó.

—Recuérdeme que mañana ponga un cerrojo aquí —comentó Sasuke.

—Oye, respecto a lo de la boda yo… —empezó Hinata avergonzada.

Pero Sasuke no la dejó acabar. La metió en el cuarto de baño, cerró la puerta y,

apoyándola en ella, murmuró: —Me vuelves loco, ¡pendeja!

Hinata soltó una carcajada y, deseosa de él, se olvidó de todo y lo besó.


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Al día siguiente, Sasuke, mandó poner un cerrojo en su habitación.

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Los días pasaron y Akamaru también llegó a la casa. Cuando Aki, la perra, lo vio, se tiró literalmente sobre él y este, encantado, sucumbió a sus grandes encantos.

Pero los niños eran unos trastos y no paraban.

Una tarde, Hinata encontró a los dos pequeños metidos en el jacuzzi de Sasuke, con el agua saliendo por el borde de la bañera, y se quiso morir al ver lo que habían hecho. Angustiada, no podía quitarles la vista de encima. Aquella casa era un continuo peligro, no para ellos, sino para la propia casa.

Al final, tras varios días evitando el desastre, Hiashi, que jugaba con una pelota, le dio una patada y la estrelló directamente contra una lámpara de cristal, la cual cayó al suelo y se hizo añicos.

—Hiashi —lo regañó Hanabi, que estaba sentada en el salón, pintando—. Ya la has liado.

Al oír el ruido de cristales, Hinata, que estaba con Sasuke preparando la cena, pues era la noche libre de Shizune, corrió hacia el salón. Al entrar vio a los pequeños ante la lámpara rota.

—Os he dicho mil veces que en el salón no se juega a pelota.

—Ha sido Hiashi —señaló Hizashi.

—No, tonto, has sido tú —mintió Hiashi con su lengua entera.

Hizashi, enfadado, lo empujó y Hanabi, que lo había visto todo y sabía la verdad, gruñó molesta, sin levantarse del sillón.

—Mamá, ha sido Hiashi, ¡será mentiroso el niño!

Sasuke los contempló sin abrir la boca y Hinata, enfadada, fue a buscar el recogedor.

—Siento mucho lo de la lámpara —Le dijo al pasar.

—Tranquila, no pasa nada, cielo, se compra otra y solucionado. Y, por cierto, creo que necesitamos ayuda.

—¿Ayuda? ¿Qué clase de ayuda? —preguntó ella y añadió—: ¡Hizashi, devuélvele el cochecito a Hiashi!

—Necesitamos que alguien cuide de los niños mientras nosotros estamos preparando la cena, como en este momento. Ya no tienes a Kiba y a Shino en la casa de al lado y … ¡ahhhh! —Un golpe en la entrepierna lo hizo doblarse en dos.

—Mamacita, ¡en todo el huevamen! —Soltó Hanabi.

Hizashi había lanzado el cochecito de Hiashi, que había impactado donde Hanabi indicaba. Asustada, Hinata soltó la escoba y corrió a auxiliarlo.

—¿Estás bien?

Sasuke asintió.

—Dame un segundo —Susurró dolorido.

Horrorizada, miró a sus hijos, que en ese momento se estaban peleando.

—Chicos, parad. Parad.

Pero ellos no hicieron caso y continuaron con su batalla particular, tirándose por el suelo. Hinata los separó enseguida. Con apenas cinco años, Hiashi y Hizashi eran muy brutos cuando se pegaban y Sasuke se sentó junto a Hanabi, que los observaba en silencio.

—¿Entiendes por qué digo que necesitamos ayuda?

Hinata, más tranquila al ver que se había recuperado del golpe, miró de nuevo a sus hijos.

—A la pared de pensar, ¡ya!

—¿Tenemos pared de pensar? —preguntó Sasuke.

—Es un método que usan en colegio para que se tranquilicen tras haberse portado mal —respondió ella—. ¡Hiashi! —le advirtió, al ver que le tiraba del pelo a su hermano y que el otro chillaba.

Los separó rápidamente y los coloco a ambos de cara a la pared.

—¡A pensar en lo que habéis hecho mal! Y que ninguno se mueva de ahí hasta que yo lo diga.

Los críos comenzaron a darse patadas de nuevo y ella los volvió a separar. Sasuke recordó lo que él había vivido con sus hermanos y sabía que o Hinata se ponía seria o no pararían.

—¿Estos dos siempre son así? —preguntó. Ella asintió y él, intentando sonreír, dijo, mientras cogía el cochecito que estaba en el suelo—: ¡Qué divertido!

Hinata maldijo para sus adentros y supo que no era sincero. Solo había que ver su cejo fruncido para entender que aquello le molestaba. Minutos después, una vez restablecida la calma, propuso a los niños ir a bañarse. Eso los relajaría.

Pero el baño fue otra guerra difícil de ganar y Sasuke decidió quitarse de en medio. Si se quedaba, los regañaría y ese no sería un buen comienzo con ellos.

Agotada, Hinata les dio de cenar tras el baño y cuando subió a abrir las camas, se quedó alucinada al ver el pasillo pintarrajeado. Enfadada, se dio la vuelta y gritó desde la escalera:

—¡Hiashi, sube aquí ahora mismo!

Era increíble. ¿Cuándo había podido hacer aquello?

El pequeño, acompañado por Hizashi y Sasuke, comenzó a subir la escalera y al

ver la cara de su madre, se paró.

—Mami, yo no he ponido los dibujos de la paded.

Hinata reprimió una sonrisa. Debía mostrarse seria, a pesar de la gracia que le había hecho lo que Hiashi había dicho.

—¿Ha pintado la pared? —preguntó Sasuke.

Hinata asintió.

—Yo no quedía, fue la pintuda —Se defendió el pequeño.

Hanabi, que también subió, miró al pequeño.

—Híjoleee. Maldito niño chingón. Tan bello como perverso.

—Wepaaaaa, habló la reina del culebrón —rió Sasuke, divertido al escucharla.

—¡Hanabi! Cuántas veces te tengo que decir que no se habla así, y menos a tus hermanos —la regañó Hinata.

Pero Sasuke soltó una carcajada y, cogiendo a Hizashi y a Hiashi, uno bajo cada brazo, ordenó tras mirar a Hanabi : —¡Todos a la cama!

Cuando consiguieron que los tres niños se durmieran, entraron a su habitación.

—Lo siento. Siento lo de la lámpara, tu golpe, la pared y la forma de hablar de Hanabi.

Él la miró divertido.

—¿No crees que eres demasiado blanda con ellos?

—Tienes razón. Pero es tan poco el tiempo que paso con ellos, que cuando estoy no quiero ser una mamá gruñona.

—Itachi, Shisui y yo éramos mil veces peores que Hizashi y Hiashi. Y mi madre, cuando no estaba de gira, que eran pocas veces, se pasaba el día regañándonos y te aseguro que nunca nos lo tomamos a mal. Aunque éramos niños, sabíamos lo que estaba bien y lo que no, porque ella nos lo hacía saber. Creo que tú deberías hacérselo saber también a ellos.

Hinata lo pensó, pero cuando fue a responder, Sasuke sonrió y la cogió en brazos.

—Vamos a la cama, ¡pendeja! Pagarás por todo lo que esos demonios hicieron.

Tras echar el pestillo de la puerta murmuró con voz ronca:—Voy a desnudarte y a hacerte el amor.

Hinata sonrió. Nada le apetecía más. Pero miró el pestillo.

—Aunque cuando acabemos, abriremos la puerta, ¿vale?

Sasuke asintió y, sin alejarse de ella ni un milímetro, la fue acariciando despacio, muy despacio, mientras iba depositando tiernos besos en su cuello. Hinata jadeó. Sin decir nada, Sasuke la desnudó y, con una urgencia que la volvió loca, se desnudó él. Luego, cogiéndola de la mano, la llevó hasta la cama, se sentó, la hizo sentar a su lado.

—¿Te atreves a jugar conmigo? —Pregunto mientras jugaba con su pezón.

Ella soltó una carcajada.

—¿A qué quieres jugar?

Divertido, Sasuke se levantó, fue hasta su armario, cogió una corbata y, volvió a su lado.

—A muchas cosas, entre otras, a atarte y a poseerte.

Oír eso la calentó aún más.

—Juguemos.

Sasuke dejó la corbata sobre la cama y se sentó de nuevo junto a ella. Sin tocarla, le recorrió el cuerpo con la vista.

—Estoy hambriento.

—Acércate, yo saciaré tu hambre —susurró Hinata.

Loco de excitación, Sasuke chupó y succionó sus pezones, hasta que la sintió temblar.

—Sigo hambriento de ti —confesó.

Extasiada y anhelante, ella se tumbó en la cama.

—Entonces, puedes continuar con tu festín.

Sasuke sonrió. Le encantaba ver cómo se le ofrecía, pero cuando fue a moverse, Hinata lo paró.

—Yo también tengo hambre de ti —dijo.

Con una sonrisa traviesa, Sasuke se subió a la cama y, tras ponerse sobre Hinata en sentido inverso, acercó la boca a su sexo y, al sentir la calidez de sus labios sobre su pene, Gruño.

—Oh, sí…

Hinata comenzó a lamer el duro miembro, terso y suave. Le encantaba sentir cómo Sasuke se estremecía cada vez que ella pasaba la lengua por el prepucio. Y él, presa del deseo, le introducía su lengua en ella una y otra vez.

Durante varios minutos se dedicaron a saborear aquellas partes del cuerpo del otro que tanto les gustaban, hasta que Sasuke sacó su pene de la boca de ella y, dándose la vuelta, cogió la corbata.

—Me muero por poseerte.

Mirándola a los ojos, le rodeó las muñecas con la tela y la ató al cabecero de la cama. Hinata gimió y se excitó aún más y Sasuke, en silencio, le abrió las piernas. Sin apartar la vista ni un segundo, la penetró lentamente hasta que, con un movimiento seco, ella lo hizo entrar por completo en su interior.

Al principio él se movió despacio, pero luego, poco a poco, sus arremetidas se aceleraron, se volvieron más rápidas y profundas.

Hinata se mordió los labios para no gritar. Nunca había hecho el amor con las manos atadas, y no poder tocarlo y sentir que estaba dominada por él la volvió loca. Sasuke la penetró una y otra vez, mientras el vello del cuerpo se le erizaba al verla tan entregada.

—¿Te gusta?

Hinata asintió, no podía hablar, y Sasuke le cogió las piernas y se las puso sobre los hombros y la hizo suya una y otra y otra vez, hasta que la sintió temblar bajo su cuerpo. De un tirón, le desató las manos y ella, enloquecida, le rodeó el cuello con los brazos, pegándose a él.

Después, bajó las manos por su espalda hasta llegar a los glúteos, que apretó, animándolo a profundizar más, hasta que sus movimientos se volvieron tan secos y contundentes que ambos gritaron de placer y alcanzaron juntos un increíble orgasmo que los dejó exhaustos, felices y dispuestos a más.

Tras una noche de amor y de pasión en la que dieron rienda suelta a su fantasía y sus deseos, Sasuke se despertó por la mañana y se encontró a Hiashi dormido en la cabecera de la cama y a Hizashi acostado entre los dos.

Se levantó sonriendo y se metió en la ducha. Hinata, que se había hecho la dormida, se levantó también de la cama y uno a uno llevó a los pequeños a sus habitaciones.

Cuando Sasuke salió de la ducha, preguntó sorprendido:—¿Dónde están los traviesos?

—En sus camas.

Acercándose a ella, la besó en los labios.

—Habrá que quitarles esa manía. Demasiada gente en nuestra cama y yo aquí solo te quiero para mí.

Hinata sonrió y no dijo nada. Aquello iba a ser complicado.

—Hoy vais a comer con Kiba y Shino, ¿verdad?

—Sí. Primero tengo que ir al hospital con Hanabi para una revisión y he quedado allí con ellos. Luego iremos a comernos una hamburguesa a Sunset Boulevard.

—Llévate uno de los coches que hay en el garaje.

—No. No… gracias.

—¿Por qué no? —preguntó él extrañado.

—Porque adoro a Rojo, mi Volkswagen rojo, y además no quiero llamar la atención.

—Hina, estás conmigo y nadie te va a hacer daño.

—Lo sé. Es solo que no quiero que nadie me vea en un buen coche.

Sasuke resopló. El miedo que tenía a ser reconocida por su ex no tenía fundamento.

—Cógelo, Hinata. No va a pasar nada. Por favor, confía en mí —Insistió.

Finalmente, y sin oponer demasiada resistencia, acepto.

—Por cierto, compré tres sillas de seguridad por Internet y llegaron ayer. Una para cada niño. Y antes de que digas nada, las tuyas estaban muy usadas y necesitábamos unas nuevas. Y, por cierto, Hanabi también tiene que usar una. No mide lo necesario para ir sin ella.

—¿En serio has hecho eso? —preguntó Hinata mirándolo emocionada.

—Sí. Lo busqué en Google. Y ve olvidándote de utilizar tu chatarra teniendo mis coches.

—Eh… ¡cuidadito con lo que dices de Rojo!

Sasuke la miró divertido. Su vida con ella era mil veces mejor de lo que nunca había imaginado, a pesar del agobio que en ocasiones representaban los niños. Por ello, sin dudarlo, se acercó hasta una de las mesillas y, tras coger algo, se acerco.

—Ven aquí, cielo. Tú y yo estamos bien, ¿verdad?

—Sí —contestó gustosa.

—¿Eres feliz conmigo?

—Sí. Ya lo sabes.

Y, abriendo la mano, preguntó, enseñándole lo que guardaba en ella.

—¿Aceptarás ahora la llave de mi corazón?

—¿En serio? —contestó ella, mirándolo sonriente.

—Totalmente en serio.

—¿Me entregas la llave de tu corazón?

Sasuke la besó enamorado.

—Te entrego mi vida, preciosa. Toda mi vida.

Emocionada por lo romántico que era siempre con ella, lo besó con pasión.

Sasuke era un ser excepcional y cuando sus labios se separaron, sin dejar de mirarlo a los ojos, se quitó la cadena de oro blanco que Azuma le había regalado y, tras colgar la llave, se la dio a Sasuke.

—¿Me la pones?

Contento por lo fácil que estaba siendo todo esa vez, él le colocó la cadena rápidamente alrededor del cuello, aseguró el cierre y, cuando Hinata se dio la vuelta, la beso dulcemente.

—Te quiero como nunca pensé que podría querer a un hombre —Confesó Hinata sobre sus labios.

—Y yo estoy feliz de que me quieras tanto como yo a ti.

De nuevo sus bocas se buscaron y disfrutaron sin límites de aquella cercanía, hasta que se separaron.

—Hoy no vendré al mediodía, cielo. Tengo una comida de trabajo y un día muy liado. Pero cuando vuelva, tú y yo celebraremos que…

—¡Celebraremos el «Para siempre» ! —rió ella.

Mientras la besaba de nuevo, murmuró mimoso: —Para siempre.

Se besaron con pasión.

—Esperaré ansiosa tu regreso.

—Joder.. —susurró—. No me beses así o al final me quitaré la corbata, te amarraré las manos y de nuevo te haré mía sin piedad.

—Quítate la corbata ahora mismo —Se mofó Hinata tras escucharlo.

Entre risas, besos y achuchones bajaron a la cocina. La casa aún estaba en silencio, los niños dormían, y, después de desayunar juntos, Sasuke fue a echar mano de las llaves de su coche al mueblecito de la entrada, pero no las encontró.

—Cariño, ¿has cogido tú las llaves de mi coche?

Hinata negó con la cabeza y los dos las buscaron durante un rato, hasta que ella se paró y, llevándose las manos a la cabeza, murmuró: —¡Ay, Diosito!

—¿Qué ocurre? —Preguntó Sasuke al ver su gesto.

Sin responder, subió los escalones como una bala. Si las llaves estaban donde se imaginaba, Hizashi podía habérselas clavado durante la noche.

Sasuke entró con ella en la habitación de los niños y cuando vio que iba hacia Hizashi y le comenzaba a hurgar en el calzoncillo, la miró extrañado.

—¿Se puede saber qué haces?

Hinata encontró las llaves y sonrió aliviada al ver que no se las había clavado; así que las sacó de los calzoncillos del niño.

—Aquí las tienes. Por cierto, aromatizadas.

Horrorizado, Sasuke las miró ¿Qué hacían sus llaves en los calzoncillos de Hizashi?

Dando un paso atrás, se negó a cogerlas y Hinata corrió a limpiarlas con la camiseta. Una vez salieron de la habitación, suspiró.

—A la reina de la telenovela que dice que tienes los ojos como una noche sin extrellas ya la conoces y al grafitero y pedorro de Hiashi también. Pero has de saber que Hizashi, además de obstruir cualquier ranura que vea en cualquier aparato electrónico, se mete todo lo que encuentra en los calzoncillos.

Sasuke la miró incrédulo.

—Hoy mismo buscaré una interna. Necesitamos ayuda.

Y luego no pudo evitar soltar una carcajada. Sin duda, con ella la vida tenía otro color.

Una vez se despertaron los niños, Hinata regañó a Hizashi. Le hizo entender que se podía haber lastimado con las llaves, pero cuando a este se le llenaron los ojos de lágrimas, suavizó la voz.

—¿Lo volverás a hacer?

Entonces el crío dijo que no con la cabeza y Hinata lo abrazó y finalmente ambos sonrieron. No podía enfadarse con ellos. Era una blanda.

Después de desayunar se encaminaron hacia el garaje. Cuando abrió la puerta y vieron todos los coches y motos que Sasuke tenía allí aparcados, Hanabi soltó un silbido.

—Sin duda, mamita, Sasuke es el novio que siempre hemos querido —Sentenció.

Divertida por el comentario de la pequeña, Hinata vio un Toyota 4 Runner y dijo mirando las cajas de las nuevas sillas:—Échales un ojo a tus hermanos mientras coloco las sillas.

Los niños comenzaron a correr por el jardín con los perros. Cuando Hinata acabó, los montó en el coche, les ajustó los cinturones de las sillas y se marchó hacia el hospital, consciente de que había iniciado una nueva vida.


Notas Finales:

Mucha miel ¬¬ lo sé, pero se lo merecen.

¡Les invito a visitar mi perfil, Tengo una nueva historia que espero y les guste!

Se llama: ¡Hagamos un Trío!

Hinata Hyuga tiene todo lo que siempre deseo; La aprobación de su padre, el cariño de su primo y el amor del chico que le gusta Naruto Uzumaki, Su relación es perfecta, pero una noche el rubio la sorprende con una propuesta un tanto descabellada, hacer un trío, y con nadie más que Sasuke Uchiha el hombre que una vez fue su prometido.

Es un: SasuHinaNaru... ¡Al comienzo! saben que soy fiel al SasuHina *~*

Espero y le den una oportunidad..

Les mando un abrazo anticoronavirus ¡Cuídense! Sa-Yo-Na-Ra ^-^