Cinco años después...
Una niña rubia se encontraba jugando en una habitación color rosa.
Ella estaba sentada en la alfombra, con varias tazas de té, y un kwami rojo muy familiar estaba sentada a su lado.
«¡Hija! Tu tía Kagami ha venido de visita» gritó una voz masculina desde la otra habitación.
Eso pareció sacar a la niña de su imaginación. Ella dejó las tazas de té en la alfombra, y tomó a la kwami de manera cuidadosa y se alejó saltando alegremente.
«¡Sí! La tía Kagami» chilló la niña, y se acercó hacia la escalera, pero antes de que bajara, un hombre rubio la tomó de la cintura.
«¡Cuidado gatita! Sabes que es peligroso bajar sola las escaleras» murmuró con una sonrisa siempre dulce.
Ella sólo asintió con mucha emoción.
«Ayúdame por favor papi, quiero ver a la tía Kagami» ella hizo un puchero.
El rubio no pudo evitar reír.
«Tranquila, que para eso vine» la colocó sobre su cuello, ambos reían.
Ya abajo, estaba una Kagami más adulta, con una gran sonrisa.
Emma se bajó de su papá, para acercarse emocionada a la mujer.
«¡Tía Kagami! ¿Ha venido Nozomu contigo?» preguntó la pequeña rubia arrugando la nariz con impaciencia.
Los adultos rieron ante la actitud de Emma. Y es que no era un secreto para ambos el gran cariño que Emma le tenía al pequeño Nozomu Couffaine.
«Sí, está bajando algunas cosas con su papá» dijo ella suavemente.
«¡Vino tío Luka! Soy tan feliz» la niña corrió hacia la puerta transparente que daba al patio.
Y ahí lo vió.
A un pequeño pelinegro, que traía una pequeña bolsa en una mano y en la otra traía una pelota.
Y su padre venía detrás trayendo cosas más pesadas.
«¡Nozomu!» gritó Emma, antes de saltar para abrazar al pelinegro, quién al instante se sonrojó porque los tres adultos los estaban mirando.
«Hola Emma» balbuceó él.
«¡Soy tan feliz! Ahora sólo falta un par de personas para hacer este día más perfecto» murmuró Emma.
Y como si sus plegarias hubieran sido oídas, en ese instante se abrió el portón principal. Y por ahí entraron su mamá Marinette junto a su abuela Emilié.
Ambas habían ido a comprar algo a la tienda, mientras su papá cocinaba.
«¡Mami! ¡Abuelita!» la pequeña rubia corrió a abrazar a las recién llegadas.
La pequeña Emma Dupain-Agreste era una dulzura y sus padres la aman mucho.
Adrien y Marinette no pudieron evitar cruzar miradas cargadas del mismo pensamiento.
«Somos tan afortunados»
«Adrien... El Miraculous de la polilla ha vuelto a ser activado.
No sabemos quién lo tiene»murmuró una angustiada kwami roja.
El rubio la miró en estado de shock.
«¿Estás segura? ¿No lo tienen los guardianes» El rubio preguntó buscando una explicación desesperadamente.
La pequeña kwami negó con tristeza.
«El broche nunca llegó al poder de los guardianes, hace mucho tiempo se volvió a perder» admitió avergonzada la roja.
El rubio agarró varios mechones de su cabello con frustración.
«¡No puede ser posible! ¿Y no puedes buscar a otras personas?» intentó persuadir el chico, con la voz tentativa.
La kwami se veía muy decaída.
«Lo siento mucho, pero no. El problema es que esta nueva villana es más poderosa que Hawk Moth, así que necesitamos a personas lo suficientemente experimentadas. »
El rubio quedó en silencio. Se veía muy afligido. ¡Y es que no era para menos! Había un nuevo villano en París luego de tanto tiempo y lo peor de todo es que ellos de nuevo debían encargarse.
Su hija y su esposa eran sus mayores prioridades en la vida.
«¿No puedo ser sólo yo? Mister Bug» sugirió. Pero la kwami volvió a negar.
«Lo siento mucho, pero debe ser un equilibrio, Marinette fué una increíble mariquita, así como tú fuiste un increíble Chat Noir. Los necesitamos a ambos»
Adrien recordó con rencor lo mucho que los Miraculous le habían quitado en la vida.
Primero a su madre,luego a su padre (indirectamente) porque Gabriel se obsesionó con el poder. Y no le importó a quién destruía para lograr lo que quería. Y luego su esposa...
Marinette sufrió tantos años de tener que reprimir sus sentimientos, de tener que fingir que no era humana sólo para no akumatizarse...
Pero sin embargo, el mal era inevitable. Y ahora él tenía más cosas que perder.
Su amada esposa y amada hija.
Él no se permitiría perderlas.
Entonces decidió hablarlo con el amor de su vida.
«Muy pronto obtendré mi venganza, y te arruinaré Marinette Dupain-Cheng.
Y Adrien Agreste será mío » la voz femenina estaba cargada de odio.
Cientas de mariposas estaban colocadas en la oscuridad, volando sin imaginar el fin para el cuál serían usadas
