Capítulo 58

Leopard at des Artistes

— No seas pesada, Quinn. No te voy a contar nada.

— Pero ¿qué más te da?

— ¿Cómo que qué más me da? No voy contando los problemas de mis pacientes.

— ¿Pacientes? Vamos San, si ni siquiera ejerces.

— ¡Basta Quinn! No voy a contarte lo que hemos hablado en terapia, ¿Ok? Si quieres te cuento todas y cada una de las razones por las que me parece que tienes un serio problema mental.

— ¿Yo? ¿Qué problema tengo yo?

— Haberte enamorado de Berry, eso es un serio trastorno digno de estudio.

— Ok. Vamos, olvídalo y sal, el taxi debe de estar esperándonos.

— Si me vuelves a preguntar por eso, me marcho ¿De acuerdo?

No fue necesario responder para Quinn, que con la mirada que mantenía y el gesto de frustración en su rostro, daba por acabada la ardua tarea de averiguar qué es lo que habían hablado Santana y Rachel durante las casi tres horas de conversación que las mantuvo ocupadas durante la mañana. Y a ella alejada de su casa, compartiendo almuerzo con Kate y Emily.

Ahora, en aquel instante, ambas salían del edificio dispuestas a disfrutar de una tranquila cena en un restaurante, y probablemente un par de copas en algún bar cercano. Si Quinn pensaba que trasladar a su amiga hasta Nueva York para pasar parte del tiempo con Rachel iba a satisfacerla, evidentemente estaba equivocada y daba muestras de no conocer a su amiga. Pero como sí la conocía, sabía perfectamente que una buena manera de agradecerle aquel detalle de liberar su fin de semana para acudir hasta allí, era invitándola a disfrutar de la noche neoyorkina.

— Al 1 de West 66th—indicó Quinn tras acceder al taxi que ya las esperaba en la calle.

— ¿Leopard at des Artistes? —preguntó el hombre con un extraño acento.

— Eh sí. Exacto—respondía Quinn tras ver como aquel taxista conocía el restaurante que había elegido.

— ¿Se llama así? —cuestionó Santana un tanto extrañada.

— Sí, te va a encantar. Es un sitio espectacular, está lleno de obras de arte y es muy íntimo.

— ¿Muy íntimo? —sonreía traviesa—¿Me explicas que has pensado para esta noche? —bromeó.

— No seas idiota.

— Rubia, entiendo que tu despertar lésbico haga te que te mueras de ganas por estar con una mujer como yo—susurró—, pero te recuerdo que no me gustas.

— ¿Puedes dejar de decir tonterías? —recriminó tras ser testigo de una fugaz mirada del taxista a través del espejo retrovisor, y que fue producto de la curiosidad del morboso comentario de su amiga.

—Que susceptible estás—volvía a bromear—. Espero que después elijas un lugar divertido para tomarnos algo y bailar. Por tu culpa Nueva York me empieza a parecer aburrido.

— ¿Me puedes explicar que te hice yo para que me trates así? Llevas toda la tarde acribillándome—hizo una pausa—. Ya es suficiente ¿No?

— ¿Aún me lo preguntas? Estoy aquí por algo que sabes perfectamente que no me gusta, así que te aguantas. Tengo que desquitarme contigo.

— Eres insoportable. De verdad, ahora entiendo por qué estás sola.

— Mejor sola que con Berry.

— Shhh—le pegó un pequeño codazo mientras le amenazaba con la mirada.

— ¿Qué? —susurró.

— No vuelvas a mencionarla—respondía en voz baja tras asegurarse de que el taxista estaba más atento al partido de baloncesto que retransmitían por la radio, que de su conversación.

— Ok, la llamaré…Hobbit. Sí, creo que de esa forma nadie sabrá de quien…

—¡Basta! —volvía a dejarle un pequeño golpe en el brazo— Deja de buscarle nombres. Simplemente no la menciones y ya.

— Quién te ha visto y quién te ve, rubia. No eres la misma. Has vuelto de Londres completamente gilipollas, y ahora parece que estás drogada o hechizada. A saber. Quizás la Hobbit haya hecho algún pacto de esos con el diablo, y te tenga…

No le prestaba atención. Quinn optó por focalizar su mirada hacia el exterior y tratar de ignorar los envenenados comentarios de Santana que no intentaban más que provocarla, aunque en el fondo sabía que lo hacía por pura diversión.

— Hey ¿Me estás escuchando? —le exigió.

— No, no te estoy escuchando porque cada vez que abres la boca me haces daño ¿Entiendes? Acéptalo de una jodida vez. La quiero—susurró volviendo la mirada hacia la ventana ante la incrédula mirada de Santana, que dibujando una media sonrisa imitaba el mismo gesto de su amiga, y optaba por entretenerse con los coches que pasaban a su lado en aquel trayecto que ya las metía de lleno en plena glorieta de Columbus, y las dirigía hacia West Central Park, desde donde ya podía visualizar el apartamento de Rachel. Aunque ella no sabía que en aquel enorme edificio, junto al Hotel Trump, estaba el hogar de la morena. Solo Quinn lo sabía y por inercia, no dudó en desviar la vista desde su ventana para buscar a través del lado que ocupaba Santana, un pequeño hueco desde donde visualizar la entrada de aquel edificio.

Fue un gesto rápido, por pura inercia y sin sentido más que el de recordar que allí, en aquel bloque de pisos vivía la chica por la que se acababa de enfadar con Santana. Sin embargo, aquel gesto le sirvió para algo más que lanzar una simple mirada.

— ¡Para! —exclamó rápidamente—¡Pare aquí por favor! —se dirigió al taxista.

— ¿Cómo dice señorita?

—Que pare aquí, por favor—suplicó sin apartar la mirada de la entrada del edificio—. Pare ya.

— ¿Qué pasa Quinn?

— Pero señorita, ésta no es la 66th—informó el taxista que, tras sortear varios coches, ocupaba el carril reservado para los taxis.

— Lo sé. Pero necesito que pare aquí, y lo haga de una vez—espetó con seriedad.

— Ok — respondía el hombre sin mucho tiempo para debatir. Lentamente y sin entorpecer al resto del tráfico, el taxi se detenía junto al arcén que daba directamente a la zona oeste de Central Park, y permitía que ambas se bajasen del mismo tras abonar la corta carrera que habían realizado. Todo ello ante la extraña mirada de Santana, que no entendía nada.

— ¿Me puedes explicar qué hacemos aquí? —cuestionó de nuevo ya en el exterior —¿Vamos a otro restaurante?

— No, mira allí—señaló hacia la entrada del edificio—¿Ves a esos tipos?

— Eh sí. Parecen fotógrafos ¿No?

— Así es—respondía sin apartar la mirada de la entrada.

— ¿Y? Quinn, estamos en Nueva York, es normal encontrarte fotógrafos esperando en las puertas de sitios importantes. Seguro que ahí dentro hay alguien conocido y…

— Rachel—susurró.

— ¿Qué?

— Rachel vive ahí y esta noche va a salir a cenar con Brody—susurró—. Acaba de llegar de Florida para estar unos días aquí, y quiere explicarle toda la situación nueva.

— ¿Rachel vive ahí? —preguntó al tiempo que alzaba la mirada hacia el imponente edificio—Joder con el Hobbit.

— Ya te dije que vivía en un penthouse.

— Sí, pero una cosa es oírlo y otra cosa es verlo—respondía aún sin apartar la mirada de la fachada.

— Vamos, tenemos que avisarla.

— ¿Cómo? ¿Quieres ir a su casa ahora?

— Sí, esos fotógrafos estarán esperando a Brody, y si salen juntos, sacarán rumores.

— No fastidies Quinn. Es problema suyo.

— Es mi novia—espetó volviendo a mirarla con dureza—. Si no quieres venir, pues quédate aquí. Ahora vuelvo—se adelantó varios pasos.

— ¿Y por qué no la llamas por teléfono y se lo dices?... Quinn, Hey, espera—caminó tras ella—. Hey, ¿qué te pasa?

— Estoy harta de que siempre me lleves la contraria.

— Te estoy dando una opción. Llámala por teléfono y le dices lo que hay en su puerta.

— No, no la voy a llamar. Voy a subir, y se lo voy a decir a ellos directamente.

— Dios de mi vida— masculló persiguiéndola—. Estás enamorada de verdad— soltó, pero Quinn no volvió a mirarla, hasta que cruzaron la calle y no tuvo más remedio que hacerlo.

— ¿Qué haces? —cuestionó Quinn tras ver como Santana ya le adelantaba y se acercaba a los fotógrafos con decisión.

—¿No quieres salvar al hobbit? Pues vamos ¿A qué esperas? Cuánto antes acabemos con esto, antes estaré cenando—espetó.cc

No lo dudó. Quinn volvía a reanudar el paso y acortaba distancias con su amiga, que, sin perder la firmeza, se abría paso entre lo fotógrafos que esperaban en la puerta del edificio.

— Buenas noches Srta. Fabray—saludó el portero que, al verla llegar, no tardó en abrir la puerta y permitirles el paso a ambas.

— Joder con el hobbit—balbuceó Santana al ver el hall de entrada del edificio—¿De verdad se gana tanto dinero con el teatro?

— Vamos — inquirió Quinn obligándola a que entrara en el ascensor.

— Oye… Y ¿estás segura de que Rachel sigue aquí? ¿Y si ya se ha marchado y estamos haciendo el imbécil?

— ¡Vaya! —exclamó sorprendida—¿La has llamado Rachel, no enana, ni hobbit, ni rata? Menuda sorpresa—espetó con sarcasmo.

— No, si al final resulta que te va a gustar que siga diciéndote cosas contra ella—respondía Santana con ironía—¿Por qué no me respondes?

— Rachel no sale hasta que Emily no esté dormida, y debe de estar en ello ahora—respondía tras mirar su teléfono.

— Dios… Sigo sin entender por qué no le has llamado para decirle lo de los paparazis en vez de subir —cuestionó molesta.

— Si fuera al contrario, si en vez de Rachel fuese Britt ¿Qué habrías hecho? — le replicó— ¿Llamarla o subir?

— No estamos hablando de mí—respondía Santana desviando la mirada, sabiendo que se había quedado sin excusas para rebatirle.

— Pues eso—murmuró Quinn dándose por satisfecha, justo cuando el ascensor se detenía—. Vamos, hemos llegado.

— ¿Es la última planta?

— Es un penthouse ¿Dónde quieres que esté? —respondía adentrándose ya en el pasillo que la llevaba el apartamento.

No fue Rachel, ni Kate sino Brody el que acudía a su llamada un tanto sorprendido.

— ¡Quinn! —exclamó sonriente—¿Qué tal? ¿Cómo estás?

— Hola Brody—respondía también sonriente mientras le regalaba un abrazo a modo de saludo.

— Me alegro de verte—murmuraba el chico—. Vamos pasa… ¿Has quedado con Rachel? — añadió lanzando una mirada sobre Santana.

— No, no. He venido solo por unos minutos. Mira, ella es Santana López ¿No sé si la recuerdas? —señaló a su amiga, que se mantenía en un segundo plano observando la escena.

— Eh… Creo que sí. Nos hemos visto un par de veces ¿No es cierto? —le dijo ofreciéndole la mano para saludarla. Gesto que Santana devolvió, aunque la sonrisa en su rostro fuese totalmente forzada.

— Sí, creo que sí—respondía—. Aunque me temo que yo te recuerdo mucho mejor. Has estado casi un mes ocupando media fachada del edificio que hay frente a mi casa en Miami.

— ¿Ah sí?

—Sí, menos mal que ya lo cambiaron por otra imagen—bromeó—. No es que me molestase tener que contemplar tus abdominales cada mañana, pero por algún extraño motivo, prefiero la imagen que hay ahora de Emma Stone—sonrió.

— Tranquila. Yo también prefiero a la señorita Stone—respondía divertido. — Es mi compañera de reparto en la peli que estoy grabando. — Le dijo regalándole un pequeño guiño de ojos.

— ¡Quinn! —exclamó Kate que accedía al hall de entrada con Emily de la mano.

— Hola, hey hormiguita—saludó sonriente a la pequeña, que apenas tardó un par de segundos en soltarse de la mano de la pelirroja y correr hacia ella. A quien se aferró con fuerzas.

Santana observaba la escena y se sorprendía. — ¿Hormiguita? — susurró, y Brody la miró de reojo tras escucharla.

— A mí no me preguntes, es cosas de ellas. — Le dijo y Santana volvió a centrarse en la escena que mostraba su amiga. Y la pequeña de Emily Charlotte, con su pijama de estrellitas y las famosas pantuflas de cerditos de las que le había hablado Rachel aquella misma mañana.

— Mira cielo—murmuró Quinn—. Ella es Santana es nuestra amiga ¿Quieres darle un beso?

— Quinn, no creo que…

Fue absurdo. Santana no pudo terminar de rechazar la propuesta de Quinn. Tras ver como la pequeña se dirigía hacia ella con una enorme sonrisa, con aquellos hoyuelos marcándose sobre sus labios, y sin dudarlo la obligó a que descendiera hasta su altura para recibir ese beso que Quinn le había pedido.

—Hola—susurró con dulzura. ¿Cómo no hacerlo en aquella situación? El pequeño y casi imperceptible beso que Emily dejó en su mejilla, destruyó por completo el mal humor.

— A Kate ya la conoces — añadió Quinn, sabiendo que Santana empezaba titubear tras el gesto de la pequeña.

— Sí, ya la conozco—balbuceó Santana—¿Cómo estás?

— Muy bien. Me alegro de volverte a ver—respondía la pelirroja con algo de temor. Seguía teniéndole miedo a Santana, a pesar de haberla conocido aquella misma tarde cuando Rachel terminó con su sesión. Para ella, Santana seguía siendo la malhumorada chica que aceptó su llamada el día de noche vieja, cuando Rachel la obligó a llamarla.

— ¿Dónde está Rachel? —preguntó Quinn tras el saludo de ambas.

— Está en su habitación, terminando de peinarse o vestirse —informó Brody, que ya las invitaba a pasar hasta el salón principal—¿Qué ocurre? Me dijo que ibais a salir hoy ¿No es cierto?

— Sí. De hecho, íbamos hacia el restaurante donde vamos a cenar—explicó Quinn—, pero al pasar por la puerta he visto que estaba lleno de fotógrafos, y he pensado que quizás os gustaría saberlo antes de salir, porque vosotros también vais a cenar ¿No es cierto?

— ¡No me lo puedo creer! —exclamó—¿Cómo saben que estoy aquí? Cuando he llegado no había nadie.

— Pues no lo sé, pero te aseguro que están ahí y dudo que esperen a alguien que no seas tú.

— Joder, joder… ¿Y cómo diablos me deshago de ellos ahora?

— Pues no lo sé, pero veo que he hecho bien en venir.

— Sí, Quinn. Ya sabes que a Rachel no le hace gracia que nos encuentren en sitios públicos. Me temo que nos acaban de fastidiar el plan.

— ¿Qué? No pienses en eso. ¿Puedo subir a hablar con ella? —preguntó Quinn tras lanzar varias miradas hacia el piso superior.

— Claro—respondía Brody—. No me tienes que pedir permiso, Quinn. Ésta es tú casa.

— Bueno ya, pero… — balbuceó con algo de nerviosismo. Evidentemente aún no se había acostumbrado a tomar esas decisiones en el hogar de la morena, y menos aún, con la presencia del chico y de Kate—Ok, subo—reaccionó lanzando una rápida mirada sobre Santana, que aún trataba de asimilar que aquel espectacular piso era de Rachel—. Ahora vuelvo.

No recibió reproche alguno de su amiga, y sin dudas se decidió a ascender por las escaleras que la llevaban hasta el piso superior, justo donde estaban situadas las habitaciones.

No había pérdida alguna en aquel pasillo que ya reconocía perfectamente. Ni siquiera tuvo que llamar a la puerta de la habitación. Estaba entreabierta.

— ¿Rachel? —susurró abriéndola con delicadeza, pero no obtuvo respuesta alguna—¿Rachel? —alzó un poco la voz tras ver como no había nadie en la estancia, pero sí escuchaba ruido en el interior del baño.

Rachel se observaba en el espejo y miraba de reojo hacia la puerta tras escuchar aquella segunda llamada.

— ¿Quinn? —susurró segundos antes de ver como aquella misma puerta comenzaba a abrirse y la rubia aparecía tras ella, tratando de averiguar si podía entrar o no—¡Hey! ¿Qué haces aquí?

— ¿Puedo entrar?

— Claro, claro—se acercó rápidamente hasta la puerta, protegiéndose con el albornoz que cubría su cuerpo.

— Perdona si te he interrumpido.

— ¿Qué haces aquí? —volvía a cuestionar segundos antes de dejarle un rápido y cariñoso beso en los labios—Creía que estabas con Santana.

— Y lo estoy—aclaró—. De hecho, está abajo con Kate, Brody y Em.

— ¿Abajo? ¿Y qué hacéis aquí? ¿Sucede algo?

— Nada grave, pero he creído necesario hacéroslo saber.

— ¿Qué pasa Quinn?

— Fotógrafos, tiene paparazis en la puerta esperando a que salgáis Brody y tú—explicó—. Santana y yo íbamos en taxi y los hemos visto, pensé que sería buena idea que lo supieras por si no querías que os viesen juntos.

— ¡Dios! ¿Cómo saben que está aquí? No lo comprendo, ha venido andando, prácticamente camuflado hace apenas dos horas ¿Cómo lo saben?

— No lo sé, cielo, pero ya sabes cómo son y Brody es famoso. No puede hacer nada.

— Ya ¡mierda! —se lamentó al tiempo que volvía a retomar su lugar frente el espejo— No quiero pasar por eso hoy. No me apetece tener otra semana de rumores estúpidos, ni tampoco tener que salir escondida. Le diré que cenamos aquí, en casa.

— No, Rachel. No hagas eso.

— Quinn, de veras, no necesito sermones ahora. Una cosa es que yo quiera hacer cosas normales, como una persona normal, y otra tener que aguantar a esos paparazis atosigándome el único día que he decidido salir a cenar con él… Íbamos a ir al restaurante de un amigo en común, solo porque íbamos a estar más tranquilos. No, no quiero…

— Precisamente por eso. Vas a salir a despejarte un poco, vais a un restaurante en el que nadie os va a molestar. No puedes cancelar el plan por unos cuantos fotógrafos.

— ¿Y qué quieres que haga?

— Bueno, podemos buscar un plan. De hecho, se me ha ocurrido uno mientras subía.

— ¿Un plan? ¿Qué plan? ¿Salir con pelucas y gafas de sol?

— No, ni hablar—susurró acercándose—. Estás preciosa como para salir camuflada.

— No, es que no pienso salir. Ni camuflada ni sin camuflar.

— Rachel… No hagas que me enfade.

— ¿Qué hacemos, Quinn? De veras, no te haces una idea de lo que es estar en boca de todos por rumores cada vez que nos ven juntos. La última vez, incluso mi padre se pensó que me había prometido con Brody.

— Escúchame, tengo el plan, ya te lo he dicho. ¿Me dejas que te lo explique?

— Ok, adelante…— Le dijo justo cuando el nudo en el cinturón de su albornoz se deshacía, y a punto estaba de dejarla prácticamente desnuda frente a Quinn —. Lo siento— se excusó casi tan rápido como volvió a anudarlo en su cintura.

— Ok, si pretendías desconcentrarme, lo has conseguido— bromeó Quinn conteniendo la sonrisa—. Acabo de olvidar de qué estábamos hablando.

— Del plan, Quinn, del plan para salir de aquí sin que esos fotógrafos nos vean juntos.

—Cierto, cierto. Ok, podemos despistarles. Santana y yo también íbamos a cenar así que yo puedo salir con Brody para distraer a los fotógrafos, y luego salís vosotras dos cuando probablemente ya se hayan ido. Lo demás es coser y cantar. Quedamos en el mismo lugar y listo, después cada uno que vaya a su restaurante.

— Oh…

— ¿Qué te parece?

—Pues, es buena idea, pero tú sales perjudicada—hizo una pausa—.No, da igual nos quedamos en casa. No quiero que tengas problemas.

— ¿Yo? Vamos Rachel, en esta ciudad aún no me conocen. Ya salí a cenar con Brody una vez y nos ignoraron. De hecho, creo que es la primera vez que a él lo ignoran.

— ¿Y Santana? ¿Va a aceptar salir conmigo?

—Si quiere bien, y si no pues salís por separado—espetó sonriente acercándose a ella—¿Te he dicho que estás muy guapa?

— No sé si va a dar resultado—espetó sin prestar atención al halago de la rubia.

— Claro que dará resultado. En una hora Brody y tú estaréis cenando tranquilamente en ese restaurante al que espero me lleves algún día, sin problemas y sin paparazis ¿Ok?

— Pues… Ok… Ok. Está bien.

— Genial. Así me gusta— le dijo tomando un pequeño mechón de su pelo con el que empezó a jugar—. Estás jodidamente hermosa, Rachel— añadió.

— Eh Quinn—susurró buscando su mirada, ignorando de nuevo el acercamiento—.Ya sé que una buena opción sería que nos fuésemos a cenar los cuatro, pero tengo que hablar con Brody y tiene que ser a solas ¿Lo entiendes?

— Claro, no te estoy diciendo que nos vayamos los cuatro, cielo. Solo quiero que salgáis de aquí sin problemas.

— ¿Lo entiendes?

— Por supuesto. Supongo que tendréis de muchas cosas que hablar. Además, dudo que eso si lo acepte Santana. Está insoportable.

— ¿Por? ¿Qué le sucede? —se mostró curiosa.

— Nada, yo creo que no termina de asimilar que me haya enamorado de ti—sonreía traviesa—. De hecho, creo que está celosa.

— ¿Celosa? ¿De mí ¿Piensa que le he quitado a su amiga?

— No—respondía Quinn rápidamente—. Lo que tiene son celos de que yo esté disfrutando contigo—susurró deslizado su dedo por el cuello del albornoz—. Tiene envidia de saber que me vuelves loca.

— ¿Cómo va a tener envidia de eso? No soy nadie como para que me tenga celos.

Un gesto. Un rápido y atrevido gesto de Quinn consiguió dejar sin palabras a Rachel, que veía como su chica se tomaba la libertad de descender hasta el cinturón, y deshacer el nudo que ella misma acababa de atar.

— ¿Qué haces? —preguntó confusa.

—¿Cómo no va a tener celos si ve que mi chica es espectacular? —susurró sin apartar la mirada de su cuerpo prácticamente desnudo—¿Cómo no va a estar celosa por algo así? —volvía a hablar al tiempo que deslizaba sus manos alrededor de la cintura, y se acercaba vertiginosamente hasta sus labios—. Yo me volvería loca si ella estuviese contigo. No podría soportarlo.

— Quinn — dejó escapar con apenas un hilo de voz justo antes de recibir los labios de la rubia sobre los suyos.

Tuvo que anclarse al lavabo para evitar caer, por culpa del temblor de piernas que le provocó aquel beso de Quinn. Y no solo era el beso, también eran sus manos perdidas debajo de aquel albornoz, adueñándose de su piel, dejando caricias sobre cintura, caderas e incluso sobre su trasero. Y que conseguían hacerla desear más y más.

—¿Seguro que solo has venido a avisarme de los paparazis? —murmuró Rachel.

— No—sonreía traviesa sin apartarse de sus labios—. También he subido para recargarme con tus besos. Y es una lástima que nos estén esperando abajo.

— ¿Por? ¿Qué ibas a hacer?

— No dejarte salir de esta habitación, nunca.

— ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tan…?

— Porque voy a pasar dos días sin poder dormir contigo—interrumpía divertida—¿Te parece poco tiempo como para no necesitarte?

— Me encanta que me necesites. Yo también te necesito.

— Rachel, no me tientes, por favor. No lo hagas, porque no respondo de mí en este instante y…

— ¿Y qué, Fabray? ¿Qué vas a hacer si sabes que nos están esperando?

Se mordió el labio. Quinn realizó aquel gesto como muestra de la frustración que le producía haber llegado a esa situación, y ver como Rachel se tomaba la libertad de tentar su suerte, no solo con palabras, sino que también lo hacía mostrando su cuerpo como anzuelo.

— Joder, Rachel…—susurró Quinn volviendo a ocupar sus labios.

— ¿De verdad estas tan excitada?

— No te haces una idea. Pero no es que yo esté excitada, es más lo que te haría en este momento— susurró perdiéndose de nuevo en su cuerpo.

— ¿Y qué hacemos? ¿Te vas a ir así, en ese estado?

— Pues si no me queda más remedio…

— ¿Lo solucionamos? —cuestionó Rachel atrevida, que sin pensarlo lanzó una mirada hacia la cama tras el hueco de la puerta entre abierta del baño.

— ¿Serías capaz?

— Ponme a prueba—respondía sin perder el deseo en su mirada, que la incitaba a cometer aquella pequeña locura ajena a lo que sucedía en la planta baja. Una locura que Quinn estaba dispuesta a llevar a cabo, y que no tardó en comenzar con un simple y efectivo gesto, tomar entre sus brazos a la chica y obligarla a que las piernas rodeasen su cintura para poder trasladarla hasta la cama, donde la dejó caer ya sin el albornoz del que se había desprendido en el corto trayecto. Fue directa, tan directa que Rachel supo que iba a ser capaz de lograrlo en tiempo récord. Le basto ver como decidía perderse en su cuerpo después de besar sus labios, y descender directamente hasta sus caderas mientras tiraba de sus braguitas, para saber que estaba perdida.

Un beso. Un simple beso entre sus piernas, logrando que lanzara el primero de los gemidos, fue lo que se llevó de ella. Un solo beso porque, como siempre, cada vez que ambas deseaban algo en algún lugar, una interrupción destruía el momento.

Si rápido logró desprenderse de sus braguitas, más rápido las recuperó para colocárselas tras escuchar dos pequeños golpes en la puerta.

— ¡Rachel! ¡Quinn! —espetó Brody.

— Mierda—susurró Rachel, que logró volver a cubrirse con el albornoz, mientras Quinn, relamiéndose los labios, trataba de ordenar su pelo—Que oportuno ¡pasa! —balbuceó tras asegurarse que estaba perfectamente cubierta y Quinn ya había recuperado la compostura, o al menos lo intentaba.

— Hey oye ¿Te ha contado Quinn lo de los…?

— Sí, sí me lo ha dicho.

— Ok ¿Y qué vamos a hacer? ¿Salimos o…?

— Sí, Quinn me ha dado una buena idea. Tú vas a salir con Quinn y yo lo haré con Santana o sola, así les haremos perder la pista.

— Oh… Bien —murmuró extrañado al ver el gesto serio de Rachel y el nerviosismo que aquejaba a Quinn, que junto a la cama no dejaba de tocarse el pelo—. Kate justamente ha dicho algo parecido.

— Pues eso es lo que vamos a hacer, para… Para eso ha subido Quinn, para decírmelo— se excusó — ¿Verdad?

— Sí, así es—respondía rápidamente la rubia.

— Ok, pues ¿Cuánto tardas? —preguntó al ver que aún no estaba vestida.

— Diez minutos.

— Vale perfecto. Eh Quinn, Emily no consiente irse a dormir si no te ve ¿Puedes venir?

— Claro, por supuesto. Voy enseguida.

— Bien, pues me voy—espetó aún con la confusión en su rostro. Una confusión que poco a poco iba convirtiéndose en sonrisa traviesa — Oye, ¿he interrumpido algo importante?

— Qué? No, claro que no— replicó Rachel.

— ¿Seguro?

— Brody, vamos, ve con Em— le dijo evitando lo que ya intuía que iba a suceder. Y el chico acató rápidamente su orden. No sin antes regalarle una nueva sonrisa traviesa.

— ¿Crees que se ha dado cuenta de algo? —preguntó Quinn tras verlo desaparecer.

— Seguro—respondía Rachel—Si no, no habría preguntado eso…

— Mierda ¡dios! ¿Ves? No puedes tentarme así, al final termino cometiendo locuras—recriminó.

— Hey, no me eches la culpa a mí. Eres tú la que ha empezado desabrochando mi cinturón, y jugando con mi pelo…

— Pero eres tú la que no para de insinuarse, mostrándome esa ropa interior tan jodidamente sexy, y tu cuerpo, que ya sabes que… ¡Oh dios!, ¡basta!

— ¡Quinn! —exclamó divertida.

— ¡Basta! Me vuelves loca, lo siento. No puedo evitarlo. Te veo y me apetece comerte entera. ¿Qué? No me mires así.

— Menos mal que eras la capitana del club del celibato—bromeó conteniendo la risa.

El dedo índice de la rubia apuntando hacia ella, y una mirada amenazadora fueron suficientes razones de silencio para Rachel, que rápidamente acabó con la risa y bajó la mirada con un divertido gesto.

— Te espero abajo — musitó Quinn con una infantil actitud que volvía a provocar la sonrisa en Rachel, pero ésta ya no fue testigo de tal hecho tras abandonar rápidamente la habitación.

Por supuesto, aquella amenaza no era más que una divertida broma para acabar con la tensión sexual que se había adueñado de ella, y de cómo Rachel la estaba utilizando para divertirse.

Alguien la estaba esperando en la habitación contigua, y tenía que cambiar la mentalidad rápidamente.

Emily mantenía los ojos abiertos mientras su padre esperaba sentado a su lado para verla dormir, algo que la niña trataba de evitar con todas sus fuerzas para poder despedirse de Quinn. Un beso en la frente y un par de caricias le bastaron para conseguir lo que Brody no había podido. Emily no tardó ni un par de minutos en caer vencida por el sueño gracias a ella, y Brody se llenó de curiosidad al contemplar la escena.

Y no menos curiosa fue la escena que se encontraron al regresar al salón principal, y ver a Santana sentada en el sofá, manteniendo lo que parecía ser una divertida conversación con Kate. Al menos eso es lo que reflejaba la risa continua que dejaba escapar la pelirroja.

— ¿Por qué has tardado tanto? —cuestionó Santana al ver que al fin Quinn daba señales de vida.

— Estaba con Emily—se excusó.

— Emily hace dos minutos que subió con él ¿Qué has estado haciendo antes? —volvía a preguntar dibujando una traviesa sonrisa.

No respondió.

Quinn sabía que Santana estaba tratando de molestarla de alguna forma, y aquella pregunta era perfecta para ponerla nerviosa.

— Brody—la ignoró—, si queremos despistar a los fotógrafos, será mejor que nos marchemos nosotros antes ¿No?

— Sí. De hecho, deberíamos irnos ya—respondía.

— Ok. Santana, voy a salir con él antes, hemos pensado que así…

— Me hago una idea de lo que has pensado— la interrumpió alzando la ceja.

— Ok ¿Te vas con Rachel o sola? —fue directa.

— Tú vete y llévate a esos paparazis contigo, que yo me encargo de Berry—recapacitó tras notar las curiosas miradas tanto de Brody como de Kate.

— Ok ¿Nos marchamos? —Quinn buscó a Brody, que ya se había colocado el abrigo y se mostraba dispuesto, justo en el mismo instante en el que Rachel hacía acto de presencia en las escaleras y los descubría.

— ¿Os marcháis ya?

— Sí, así es cielo—respondía Quinn.

— El taxi que íbamos a utilizar tú y yo estará aquí en menos de diez minutos ¿Ok? Quinn y yo tomaremos otro. Acompañaré a Quinn hasta su restaurante, y tú me esperas en él. Por cierto, no paguéis los taxis, yo me encargo. ¿Ok? — Dijo lanzando una mirada a las tres.

— Perfecto—murmuró Rachel al llegar hasta el salón.

— Estás preciosa—susurró Quinn acercándose a su chica de nuevo, sin preocupación alguna por lo que pudiesen decir los demás. No fue consciente de cómo Brody, Kate y Santana la observaban embelesados por la dulzura con la que se dirigía a Rachel, y cómo ésta sonreía sin pudor, sin miedo, completamente agradecida, no solo por el halago sino por el gesto de sacarla de aquella odiosa situación de tener que lidiar con paparazis.

Todos, incluida Santana, fueron testigos directos de cómo Quinn conseguía sacar lo mejor de Rachel. De cómo hacía que las cosas fuesen más sencillas para ella y su pequeña familia. Y todos, incluida Santana, supieron que aquello, aquella extraña relación que jamás imaginaron, era perfecta para ambas.

— Tú también lo estás—respondía Rachel regalándole un pequeño beso sobre los labios.

— Ok, dejad de hacer eso, que me vais a poner celoso—interrumpía Brody—.Vamos Quinn, no podemos perder más tiempo.

Solo un suspiro se atrevió a dejar la rubia como respuesta mientras se alejaba de Rachel, y lanzaba una mirada hacia Santana, pidiéndole o casi suplicándole que no hiciese nada que pudiese estropear aquel plan.

No estaba por la labor de hacerlo, pensó Santana, que tras ver como Quinn y Brody abandonaban el hogar, se quedaba a solas con Kate y Rachel.

Apenas hubo palabras entre ambas, básicamente por el miedo que sentía la morena a estropear lo que tan bien había quedado durante la mañana.

Las buenas sensaciones tras las horas de conversación que mantuvieron aún estaban presentes en ella, y no quería que lo que ahora estaban a punto de llevar a cabo, terminase por destruirlo.

Santana parecía pensar lo mismo, o quizás empezaba a sentir empatía por Rachel.

Entrar en su vida, a pesar de hacerlo como psicóloga, le dio la oportunidad de poder calmar aquel odio que sentía hacia ella, aunque solo fuera por compasión.

— ¿Quieres tomar algo mientras? —cuestionó Rachel.

— No—fue escueta.

— Ok — murmuró tomando asiento frente a ella.

Había terminado de arreglarse y tras observar cómo su hija estaba perfectamente dormida, regresó al salón para esperar a que el taxi llegase a buscarlas. Algo que sucedió apenas cinco minutos más tarde.

— Kate ya sabes, llámame para lo que sea—se despedía de la pelirroja.

— Sí, no te preocupes y diviértete.

— Te veo luego.

— Adiós. Cuídate Santana—miró a latina, que a ella sí, le regaló una sonrisa. Una sonrisa que se esfumó justo en el instante en el que se colaban en el ascensor, y volvían a quedarse completamente a solas.

Si pensaban que estar diez minutos sin apenas dirigirse la palabra en el interior del apartamento era incomodo, fue porque no habían compartido ascensor antes.

A Rachel incluso le costaba respirar tras adentrarse en la cabina con Santana frente a ella, y todo porque sentía que la tensión era tal, que incluso el aire optaba por abandonarlas a su suerte.

— Esperemos que no haya nadie—balbuceó tratando de hacer el descenso más relajado. Fue absurdo, Santana no abrió la boca, simplemente desvió la mirada hacia el panel de botones y permaneció en silencio hasta que llegaron al hall.

Rachel optó por hacer lo mismo. No tenía sentido alguno tratar de suavizar aquella tensión cuando era Santana la que no estaba por la labor de hacerlo. Y tras aguantar aquellos segundos, ambas salieron al exterior dispuestas a esperar al taxi que las iba a llevar a recuperar a sus acompañantes de aquella noche.

Todo estaba despejado en la acera, al menos a simple vista porque en apenas unos segundos, el murmullo y varios flashes les llamaron la atención.

— ¿Qué diablos? —masculló Santana al ver aparecer a varios de aquellos paparazis por la acera, dispuestos a acribillar a fotos a Rachel.

— Dios, siguen aquí—balbuceó la morena tras descubrirlos, buscando por inercia cobijo tras la espalda de Santana —. Y el taxi aún no llega.

—Tranquila—murmuró olvidándose de que no le dirigía la palabra—. Ven conmigo—le dijo alzando su brazo sobre los hombros, obligándola prácticamente a abrazarla mientras cubrían parte de su rostro con la bufanda y el abrigo.

— ¿Qué haces Santana? —cuestionó Rachel incrédula.

— Vamos, si Quinn quiere que Santana López te proteja de esos estúpidos—la miró con decisión—Santana López te protege de esos estúpidos—afianzó más su brazo alrededor de la morena.

Fueron unos segundos o quizás menos, pero Rachel pudo aguantarle la mirada, y por primera vez, después de casi tres años, supo que le había perdonado. Aunque el rencor siguiera en ella.

Y protegiéndola de la inminente llegada de los paparazis, lograron aguantar hasta que el taxi se detenía frente a ellas.

— Al 1 de la 66th, ¡rápido! —Le ordenó Santana al conductor del taxi, que, obedeciendo su petición, aceleró y salió rápidamente dejando atrás el pequeño barullo de fotógrafos.

Rachel la observaba. Aún sentía el olor del perfume de la latina en su propia ropa tras aquel abrazo para pasar desapercibida ante los paparazis, recordándole que había sido real, que Santana había dejado a un lado su orgullo para protegerla, a pesar de que se hubiese excusado con cumplir una petición expresa de Quinn.

Estaba allí, tratando de focalizar su mirada en cualquier cosa que no fuese ella, y deseando acabar lo antes posible con lo que parecía ser un completo suplicio para ella. Pero Rachel no estaba por la labor de permanecer en silencio durante todo el trayecto, aun sabiendo que podía perjudicarla, aun sabiendo que le había dejado claro que no quería mantener conversación alguna con ella a menos que fuese por la terapia. Rachel no pudo callar lo que su corazón estaba gritándole en ese instante.

— Santana—susurró provocando su reacción, logrando que por primera vez desde que se subieron al taxi, la mirase a la cara.

— ¿Qué? —Esgrimió ante el silencio temeroso de Rachel— ¿Qué quieres?

— Gracias.