Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Latidos

Tres semanas sin dormir lo suficiente.

Era un jodido zombie a estas alturas de mi vida.

Me arrastré por la cama al escuchar los primeros quejidos de una de mis hijas. Ellas ahora dormían en nuestra habitación, decidimos que podrían dormir en sus cunas portátiles que cada una tenía junto a la pared. Fue la manera más sencilla que encontramos para estar al pendiente de sus necesidades. Aunque Bella en un principio se opuso, al cabo de unos cuantos besos calientes terminó reflexionando que tenía razón.

― Buenos días, princesas ―saludé a mis cuatro niñas, todas tenían sus ojos abiertos mirándome risueñas, al unísono comenzaron con balbuceos salivosos―. Un día entenderán que los domingos se duerme hasta tarde, deberían de comprender de una vez, pero es cosa que tomaré mi tiempo para explicar con calma.

Estaban hambrientas porque dos de ellas chupaban sus pequeños puños con desesperación. A sus cuatro meses se volvieron demandantes, así que sus horarios para dormir y alimentarse no se podían alterar.

Cargué a Eileen y Arienne que eran quienes más comían y las llevé a la cama.

Con su cabello despeinado y apenas parpadeando Bella soltó un bostezo sentándose en la cama para descubrir sus pechos, estiró sus brazos a mí.

― Hola, pulguitas ―besó sonoramente sus mejillas y después a mí―. ¿Cómo estás hoy, gruñón?

Su pregunta me hizo juntar las cejas haciéndole sonreír mientras se concentraba en amamantar a las niñas. Regresé de nuevo a las cunitas y sostuve en mis brazos a Daphne y Grace para volver a tumbar mi cuerpo de nuevo en el colchón con mis bebés sobre mi estómago.

― ¿Cómo quieres que esté?, cuando no me has dejado tocarte.

Suspiró.

― No es que no quiera ―dijo―; solo no hemos encontrado el momento oportuno.

Bella tenía razón. Estas semanas fueron un completo caos lleno de aprendizaje para nosotros. Si bien no teníamos suficiente tiempo libre para poder intimar al menos existían besos salvajes, caricias furtivas y promesas silenciosas que un día cumpliremos.

Prueba de ello era su pierna izquierda frotándose con toda la intención de rozar mi ingle.

― Te amo ―susurró, le di un guiño deslizando mi dedo por su labio inferior el cual mordió suavemente.

Me gustaban estos momentos de nosotros seis tumbados en la cama. A veces acurrucados con nuestras bebés en medio de nosotros u otras veces de esta forma; con Bella dando pecho y yo manteniendo a dos de mis chicas sobre mi tórax.

― Me gustaría salir con las niñas. Ellas no han tenido ninguna otra salida que no sea al pediatra, ¿por qué no salimos a caminar? ―sugirió animada sin dejar de amamantar a las bebés―. Tal vez, el parque sea buena idea.

Grace cerró de nuevo sus ojos empezando a dormir. En tanto la baba de Daphne se escurría sobre mi pecho.

― Me parece perfecto, estoy ansioso porque llegue la tarde ―respondí limpiando el hilo de baba de Daphne.

Bella rodó los ojos.

Ella sabía que decía la verdad. Estaría todo el día con mi gesto desesperado hasta estar en el parque.

Sonreí gratamente emocionado por vivir la experiencia del primer paseo con las niñas. Tal vez James tenía razón y me estaba haciendo un viejo aburrido que solo puedo mantener temas de conversación acerca de mi faceta de padre.

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Todo estaba en los pequeños detalles, esos que pocas veces provocan interés como una simple caminata en un parque bajo el atardecer.

Sacudí mi cabeza sin ocultar mi sonrisa. Hace dos años atrás no hubiese podido nunca imaginarme a mí mismo empujando un cochecito de bebé, y no cualquier cochecito, sino uno doble mientras Bella se encarga de otro igual.

― Parece que lo hemos logrado ―dijo Bella después de soltar un gran suspiro de alivio al terminar nuestra segunda vuelta, se veía satisfecha y llena de orgullo mirando a las bebés emocionadas amando sus puños que no sacaban de sus bocas―. Edward, nunca te he preguntado si eres feliz. Te veo todo el tiempo ilusionado cuando se trata algo relacionado con las chicas, sin embargo siempre ronda en mi cabeza, ¿cuán verdad es tu felicidad? No malinterpretes mi pregunta, sé que eres feliz con nosotras, simplemente, me refiero a que todo es sencillo a lo que estabas acostumbrado.

Comprendí su curiosidad.

La detuve llevando un salvaje rizo de su cabello que molestaba sus ojos y lo puse debajo de su gorra rosa, elevó su mirada y me sonrió agradecida. Volvimos a nuestro andar por las veredas del parque lleno de personas haciendo diferentes actividades. Entretanto algunos niños se divertían en su mundo infantil en el área de juegos.

Yo quería ver a mis pulgas correr también, soñaba con su felicidad e imaginaba distintos escenarios para nosotros. Pero en todos y cada uno de esos escenarios estábamos juntos.

― No quisiera estar en ninguna otra parte que no sea donde están ustedes. El lugar es lo de menos. Soy jodidamente feliz si están conmigo.

Me miró de soslayo sin dejar de empujar el cochecito. Reí porque sabía que ella estaba feliz y sin poder contener mis ganas dejé un pellizco en su trasero para impulsar sus ganas de caminar más deprisa.

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Después de pasar medio día en una sala de audiencia mi apetito era implacable. Estacione frente al restaurante que solíamos asistir, el cual queda ubicado a unos bloques antes de llegar al despacho. No hubo problema con pedir una mesa, los camareros nos conocían y nos distinguían como clientes frecuentes.

― No volveré a asistir a ninguna audiencia con ustedes ―acusó Gabrielle― estuve bostezando las 5 horas seguidas. Fue terrible, cómo hacen para no caer dormidos en ese instante.

McCarty y yo nos miramos sin decir nada. Ambos habíamos hecho sufrir a Gabrielle a propósito con tal de molestar.

Estás semanas nos habíamos hecho muy unidos. La chica era buena aprendiz, atenta, siempre ayudando en lo que su capacidad le permitía. Su carácter reservado se volvió un tanto social, no mucho, pero al menos se permitía conversar. Por supuesto, siempre que James no estuviera presente, ambos no se soportaban y no eran capaces de disimular el disgusto que les ocasiona estar juntos.

― ¿Qué pasó con aquellas misteriosas cartas?

Mi sonrisa desapareció ante la pregunta de McCarty. Que sacara el tema a colación me incomodaba por el hecho de que las malditas cartas no habían parado de llegar desde que recibí la primera. No quería llegar a ser un tipo paranoico como Bella decía que me portaba, siendo que ella muchas veces minimizaba los hechos llamando como un simple acosador bromista.

― Todo sigue igual ―respondí entre dientes― las cartas siguen llegando al buzón de la oficina cada maldito lunes.

Gabrielle no levantó su vista del plato y McCarty abrió sus ojos sorprendido.

― ¿Quién crees que pueda ser? ―preguntó interesado él― ¿sospechas de alguien en particular?

― Alice. He tratado de localizarla, pero cambió de domicilio y no hay nadie que me sepa decir de ella, es como si se la hubiera tragado la tierra.

― Tranquilo, Edward ―alentó McCarty― esa mujer no logrará hacerle daño a tu familia. Bella ni las niñas están solas.

El saber que Bella no estaba sola me daba cierta paz. Cada vez que ella tenía que salir con algún posible cliente para sus ventas relacionados con su trabajo Charlie siempre era su acompañante y en algunos casos lo hacía yo, o James. Pero por ningún motivo iba a sola a ningún lado, había sido mi condición para mantener mi tranqiilidad a raya.

Empezamos a comer en completo silencio y con hambre voraz. Todo parecía estar bien hasta que las risotadas de Victoria nos distrajeron, ella se acercó a nuestra mesa saludando a su amiga de esa forma tan efusiva que tenía de ser, noté cómo McCarty se devoraba con la mirada la figura de la pelirroja, no fue difícil deducir que le gustaba más de lo que se disponía a admitir.

― ¡Buen provecho! ―chilló, como si estuviéramos a metros de distancia y no frente a nosotros. Por supuesto que también me dedicó una mirada de asco antes seguir conversando con Gabrielle, no había notado que venía acompañada de su flamante amigo Eric quien saludó con una mueca de enfado al darse cuenta que estaba yo entre los presentes―. Iremos a un nuevo club esta noche, ya invité a James y dijo que sí, ¿vamos o qué?

Gabrielle murmuró algo solo para su amiga.

― Yo sí voy ―se apuntó McCarty. Victoria sin pensar eligió una silla, sentándose al lado de éste mientras Eric permanecía de pie charlando con Gabrielle.

― Parece que tu cerebro no sirve para otra cosa que no sea fiestas y borracheras.

Mis palabras captaron la atención de la pelirroja quien echó su esponjoso cabello rizado para su hombro izquierdo, despejando su pálido rostro. Sus ojos azules transmitían cierta rabia al saber que me estaba burlando de ella.

― Nadie te está invitando a ti, anciano ―increpó― es una pena que mi amiga esté contigo, terminarás por amargar su vida. Bella es joven deberías dejarla que vaya con nosotros y tú puedes cuidar de las pulgas, esa parte te sale muy bien.

Sonreí dejando la servilleta sobre la mesa y froté mis sienes. Necesitaba paciencia para soportar a esta mujer.

― Bella no irá a ningún club. A menos que vaya conmigo ―le dije claro.

― Eres un maldito amargado ―continuó Victoria―, ella necesita divertirse un poco, ¿qué tiene de malo que vaya conmigo?

― Nosotros no tenemos tiempo para perderlo en clubes. Lo único que queremos es dormir bien una sola noche ―repliqué.

― ¿Por qué no vamos todos? ―sugirió Gabrielle con su amable sonrisa―. Ustedes pueden ir un rato. Anímate, Edward, estoy segura que harás muy feliz a Bella con una salida a bailar.

La mueca de desagrado continuaba en la cara de Eric. Si estaba creyendo que mi mujer iría a un club con ellos estaba equivocado, no iría sola.

― ¿Dónde es?

Mi sola pregunta provocó chillidos en ambas mujeres.

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Seguía pensando que el vestido color plateado era muy corto y provocativo. Pero verlo enfundado en el cuerpo de mi mujer, era la gloria.

Al entrar al tumultuoso, psicodélico lugar, lleno de luces neón y con un ruido escandaloso que ensordeció mis oídos al instante, quise tirar la mano de Bella y arrastrarla hasta el loft.

Y no lo hice por el hecho que ella mantenía su rostro maravillado ante el ambiente extravagante.

― ¡Aquí estamos! ―gritó James al encontrarnos entre tanto alboroto, nos puso un collar de neón sobre nuestros cuellos y tomando la mano de Bella nos guió hasta unas escaleras que se escondían en el fondo―. ¡Llegaron los tortolos! ―anunció.

Victoria fue la primera en lanzarse sobre Bella. No entendía la necesidad de usar sus plataformas con la estatura que tenía, era suficiente para que mi mujer fuese su bastón. La arrastró con ella a las butacas verde neón, allí también estaba Gabrielle que al igual que la pelirroja traían un maquillaje que provocaba miedo de tanta pintura negra que llevaban en los ojos. De inmediato empezaron a secretearse entre ellas y fue momento de echar un vistazo a los demás.

McCarty estaba bebiendo lo que parecía whisky en un vaso de cristal, me hizo una seña que me uniera a ellos. James bebía trago tras trago y Eric, ¡qué demonios hacía él aquí? Él estaba fumando y su vista estaba sobre Bella, me acerqué situándome en medio y tapando su estupenda vista de las piernas de mi mujer.

― ¿Cuánto tiempo pueden quedarse? ―indagó James pidiendo fuego con el cigarro de Eric.

Bella y yo habíamos decidido que estaríamos fuera por dos horas como máximo. Aunque Esme y Renee habían insistido en que no había porqué preocuparnos, ya que las bebés dormían y mientras sus botellas de leche y pañal limpio estuvieran a la orden, todo estaría bien.

Bella insistió en decir que no debíamos abusar de nuestras madres.

― Solo un par de horas ―respondí, algo sorprendido por la posible amistad surgida entre James y Eric.

― Anda, bebe una copa ―ofreció McCarty, tomé el vaso sin decir nada, no me apetecía beber en estos momentos.

La presencia de Eric se volvió irrelevante a los minutos cuando nos centramos en conversaciones jurídicas y él tuvo que quedarse al margen. Todo lo contrario con James que prefería unirse tan solo para preguntar a cada minuto de qué hablábamos. Las chicas se unieron a nosotros al cabo de los minutos haciéndonos cambiar de tema y hablar ellas sobre lo egocéntrico del lugar, fue en eso que Victoria se fue a bailar con Eric haciendo miserable a McCarty que por su rostro amargado todos nos dimos cuenta cual era la razón, éste al sentirse descubierto se fue directo a la barra y Bella y yo decidimos también bailar dejando a Gabrielle con mi amigo que estaban más callados que de costumbre, siendo en James una total novedad.

― ¿No sientes raro estar aquí? ―preguntó Bella en un grito, ni siquiera estábamos bailando, ella se restregaba en mí mientras yo no podía quitar mis manos de sus caderas.

― Hmm, sí, aunque también me gusta estar así contigo ―sujeté su rostro con una mano y besé su boca con hambre y necesidad. Respondiendo de inmediato abrió su boca permitiendo a mi lengua adentrarse y explorar con júbilo. Fue mucha mi necesidad que busqué el rincón más oscuro para seguir basándonos con pasión, dejando a mis dedos hacer lo suyo bajo la falda de Bella.

― ¡Busquen un hotel! ―escuché a Victoria chillar.

Nos separamos aun con nuestras respiraciones jadeantes Bella escondió su rostro en mi pecho por un par de segundos.

― Vamos con nuestros amigos... ―llevándome de nuevo al área vip anduvimos entre el gentío con sus locos adornos neón.

James y Gabrielle continuaban en la misma posición cada uno en un extremo y sin tener ningún contacto. Entonces Bella se llevó a su amiga hacia la esquina del sofá para conversar entre ellas.

― ¿Por qué no intentas ser más amable con Gabrielle? No es tan callada como crees, es buena persona, me agrada.

James me vio de reojo y negó.

― Ella no muestra interés en hablarme, no tengo porque ser yo quien tenga que rogar por unas cuantas palabras.

― No será que te gusta.

― Para nada. ¡No me gustan las mujeres aburridas!

Esto último lo dijo con intención de ser escuchado por ella. La rubia no mencionó nada haciéndose espacio en medio de Bella y Victoria. McCarty volvió con otra botella y sirvió tragos para todos, menos a mi mujer.

Fue después de la segunda copa de whisky que el lugar se me hizo interesante. Bella estaba junto a mí con su mano recorriendo mi muslo, aún con la tela del pantalón estorbando, el calor que irradiaba su piel era suficiente para provocar llevarla a un mejor lugar.

― ¿Por qué no nos vamos? ―sugerí, mordiendo su lóbulo. Ella emocionada se sentó en mi regazo y envolvió sus manos en mi cuello, besándome.

― Está bien. Solo trae una botella de agua para mí, así podemos despedirnos de nuestros amigos sin que sospechen que nos iremos antes de lo acordado.

La inste para moverse de mi regazo. Ella sonrió sentándose en su lugar cruzando sus hermosas piernas, mordí mi labio y me deleité al devorarla con mis ojos. Me fui en busca de agua.

La barra estaba atascada de gente y supe que tardaría en regresar con Bella. En verdad estaba impaciente por irnos, bien podría comprar un botellín de agua en cualquier establecimiento.

― Hola, guapo… ―una voz sensual que yo conocía bien susurró en mi oído, me bastó solo un segundo darme la vuelta y ver la provocativa figura de Tanya frente a mí.

Sonrió coqueta al percatarse de mi escrutinio. Su vestido blanco y ceñido, cubría apenas lo necesario.

Ella sabía lo que alguna vez provocó con su presencia, sin embargo, eso estaba muy lejos de volver a pasar.

― Qué gusto encontrarnos de nuevo, Edward.

Se acercó besando la comisura de mis labios, obligándome a retroceder.

― ¿¡Qué mierda haces aquí!?

Parpadeó con una sonrisa.

― Lo mismo que todos, me divierto.

Entonces todo tuvo sentido.

Tanya era la causante de las malditas cartas. Lleno de rabia sacudí su brazo llevándola contra su voluntad fuera del club.

Ella me las pagaría...


¡Hola! Parece que el pasado no puede dejar en paz a Edward. Él se empeña en hacer todo bien y la vida le pone montones de trabas. ¿Cómo creen qué reaccione Bella? Creo, adiós noche en el loft.

Muchísimas gracias por cada favorito, alertas y reviews que me dejan.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: (Guest): capítulo 21, eso dijiste la última vez. Veronica: y quizás sea una de ellas. Geraldine: esperemos que Bella no reaccione tan mal. Elizabeth Marie Cullen: en un principio quería dejar como pareja a James y Victoria pero son tan iguales que no sé. (Guest): últimamente se me hace tarde para publicar. Vanesa: no puede decirte. PaolaValencia: es exactamente así. Jade HSos: bueno no sabemos si es Alice pero quien apareció fue Tanya. ALBANIDIA: no sabemos. Dulce Carolina: haha. Lily: gracias. Flor Mcarty: mm, no. Iza: oh, no. torrespera172: pues vamos averiguar muy pronto. jenni317: yo también espero que Edward no se confíe. LittlePieceOfMyMind: aquí te traje un poco más de Victoria. Daniela: parece que no tendrán oportunidad de irse al loft. Lizdayanna: es cierto, todo se complica. Diannita Robles: oh me encantó esa parte. Ximena: no sabemos. debynoe12: pobre Eric nadie lo quiere. Adriu: Saludos hasta Ecuador. Pameva: y de pura casualidad a Alice se la trago la tierra. Antonella Masen: si, es cierto. Andre22-twi: es verdad, ninguna captó. Lidia: igual a mí. mrs puff: Hola! Lili Cullen-Swan: James no parece tragarse sus palabras, aún. cavendano13: quieren fastidiar, pero no sabemos quein es. Ana: en serio? Rocio: me encanta esa idea.

¡Gracias totales por leer!